Y sin tanta tardanza tenemos nuevo capitulo, se que tarto de traerlos con tiempo pero lo admito el traducir me toca un poco de esfuerzo y tiempo, pero me voy a dejar de tanta palabrería y vamos a bien al capitulo. Este se llama The Bad in Each Other (LO malo en el otro), y la verdad me gusta eso de ver como Matt busca sabotear a Frank mientras este no está en casa, y por su parte Frank haciendo travesias por Hell's Kitchen. Espero que lo disfruten.
En este capitulo Beguile pone una canción y en vista de que creo que hacen mas amena la lectura, la coloco. ¡Espero les guste!
ESTO ES UNA TRADUCCIÓN AUTORIZADA DE LA HISTORIA ORIGINAL "IT TAKES A VILLAGE" DE BEGUILE
Esta historia esta basada en la Serie de Netflix: Marvel's Daredevil, mas específicamente en la SEGUNDA TEMPORADA. Así que CONTIENE SPOILERS ¡Todos advertidos!
Disclaimer: Los personajes, las licencias y conceptos mostrados en esta historia son propiedad de Marvel y sus asociados. Al igual que la idea y la historia son propiedad intelectual de Beguile. Este es un intento novato de traducción con el propósito de entretener
¡Sin mas a leer!
"Habla claro, dijo él,
pero no vio
que él actuaba de esa manera,
y me sostuvo como a una copa.
Me llena y luego me derrama,
en eso yace la duda.
Teníamos los mismos sentimientos
en momentos opuestos."
Feist - The Bad in Each Other.
9. The Bad In Each Other.
Era difícil decir que hora era en el apartamento de Frank, mas Matt pensaba que era de tarde, puesto que cálidos rayos de sol tocaron el dorso de su mano en cuanto tocó el marco de la ventana, y esta vez, del otro lado del edificio. Escuchó a Rina subir las escaleras; sus zapatillas de ballet chocaban con el suelo. Suspiraba y los crujidos de sus hombros decían que había tenido un largo día de trabajo. Ella ni siquiera había cerrado su apartamento antes de que la música comenzara a sonar.
Uno, dos, tres latidos. Cuatro si incluía el suyo propio. Matt trató de buscar el quinto, aquella marcha fúnebre dentro del pecho de Frank Castle, pero no lo encontró "¿Frank?" el apartamento no ocultaba muy bien el sonido. Frank podría ser audible si estuviera cerca. Murdock rastreó entonces el sonido del exterior. La zona de parqueo estaba tranquila. El tráfico estaba como siempre. Frank había dejado el edificio.
No podía creerlo, lo había dejado ir. El sueño se había escabullido de su piel. Hoy las cosas estaban mucho mejor, cognitivamente hablando. Había preguntado a Frank si podía bajar la dosis de sus medicamentos, y el llamado Punisher tan solo le obligó. Matt meditaba más de lo que dormía. Por su parte el dolor constante de su pierna le daba un punto de enfoque fuera de Foggy, Karen y la Policía de New York. Más él no podía recordar el momento en el que Frank se vistió, ni cuando la puerta se cerró, o cuando los seguros fueron puestos. Su cerebro aun seguía algo atontado por el Fentanilo, aunque no era tan malo como los días anteriores; no había quedado fuera de combate por la sedación. Tan solo se había dormido.
Olfateó, buscando el aroma de Frank. El aroma seco y sintético del Kevlar flotaba sobre el escritorio. Sería este el icónico chaleco antibalas del que Matt tanto había escuchado en las noticias, o podría ser uno de los tantos chalecos que el otro tenía en su armario de asesinatos. Lo mismo iba para el abrumador aroma al metal de las armas. El arsenal del llamado Punisher era tan grande que este podría vestirse completamente con armas y aun así Matt se seguiría ahogando en ellas. Y aunque no podía decir para qué fue que el otro había dejado el apartamento, conociéndolo, eso no podía ser bueno.
Aunque existía una evidencia no conclusiva que le indicaba que Frank regresaría. Ya que Matt encontró un vaso con agua junto a un sándwich en la mesa de noche. Junto a ello, pegado con cinta adhesiva a un lado de la mesa, también encontró un estropeado trozo de papel que definitivamente no estaba allí antes. Pasó sus dedos sobre este, descubriendo una serie de agujeros en este. Pequeños baches en la página que su cerebro comenzó a interpretar antes de que diera cuenta de que aquello se suponía que era braille.
-Alsí-. No, aquello no estaba bien: «Salí»
Matt apartó entonces su mano, "Gracias, Frank". Aquello lo aclaraba todo.
Allí fue que apartó su espalda y hombros del catre, tomándose su tiempo por necesidad, mas no por gusto propio. Sus músculos morían por alguna actividad: algún trabajo, un entrenamiento, una pelea. No importaba lo que fuera siempre que no le implicara estar acostado. Matt se acomodó lo mejor que pudo. Sentándose de una forma que no quedara mucho más alto que su pierna. Se percató de que Frank le había dejado de nueva cuenta una jeringa en el alfeizar de la ventana, mas él no quería usarla. Después de todo entre la almohada blanda y un constante mareo, le era imposible sentarse más allá de su pierna.
Las sensaciones eran mucho mas claras cuando se levantó. Más sangre llenaba la extremidad lastimada, y ello le sirvió a Matt para seguir el flujo de sus arterias y así hacer un mapeo de la herida. El corte inicial, de forma horizontal en la parte posterior de su pantorrilla, se había cosido. Apenas y se dio cuenta de que sentía un ardiente dolor bajo su incisión quirúrgica, con una hilera de suturas y músculos cortados que iban justo por debajo de su tobillo hasta llegar a su rodilla. Por dentro todo era un desastre, y Matt podía sentirlo: la hinchazón, la forma en la que sus huesos raspaban a través de la piel, la cual se hallaba deshilachada y de una consistencia similar a la de la carne molida.
Un día mas, se concentró. La doctora vendría dentro de un día mas, y en el momento en el que ella le dijera que ya podría levantarse y moverse, él se iría. Lejos del apartamento de Frank. De vuelta a Hell's Kitchen. Por ahora, tan solo esperaría a que el ardiente dolor se volviera brasas, y que los pulsos de agonía disminuyeran y se apartaran.
Mientras eso pasaba, Murdock se percató de... algo. Difícil de describir con la gran cantidad de vendajes que mantenían su escayola junto a su pierna, mas había un peso sobre su tobillo que no correspondía a nada suyo y que no debería estar allí. Su primer instinto fue el de alcanzarlo, pero su cuerpo no lograba doblarse tanto, no cuando su cabeza daba tantas vueltas. Por lo que usó su pie derecho para empujarlo, chocando con un metal frío y tintineante en el proceso.
Matt se doblo contra su propio cuerpo. "No, no, no..." musitó ignorando el dolor de su pierna y de su cabeza, ese que se hacía mas fuerte a medida que sus manos se sujetaban a la cadena. Siguió uno a uno los eslabones los cuales estaban conectados a una de las cajas de munición gracias a un candado. Y el otro extremo iba de forma similar al tobillo de su pierna rota.
Regresó de vuelta al catre. Respirando en tres ocasiones. Conteniendo la respiración y exhalando después. Luego golpeó con su puño contra la pared en un intento por evitar que este se siguiera cerrando, pero no existía ninguna cantidad de golpes que impidiera que el lugar se encogiera contra sus costillas. Todo el lugar abrumaba sus sentidos de la forma que lo había hecho en la mañana, la distancia entre el mismo y el lugar más distante (donde estaba la cama de Frank, el saco de boxeo, la puerta de la cocina): todo se había ido. Ahora tan solo existían unos pequeños centímetros entre su pierna rota y la caja de municiones.
Como si fuera a moverse de nuevo.
Luego de un poco de autorreflexión, Matt cedió. Okay, como si él fuese a joderse la pierna de nuevo.
Más escepticismo con el que no podía lidiar, y esta vez, ni siquiera era suyo. Aquel escepticismo sonaba como Foggy aclarándose la garganta, olía como un apartamento ensangrentado, a suturas y antiséptico. Escepticismo que hacía temblar a Matt hasta la medula porque él ni siquiera estaba pensando qué pasaría cuando su pierna finalmente sanara (si es que sanaba). Y aquello había sido algo que solo Foggy podría pensar. Escapar del catre no iba a hacer que Frank regresara; no iba a hacer que una persona reviviera. Escapar del catre tan solo lo pondría en riesgo, y si Frank había sido tan serio como para encadenar su pierna, también lo sería para llevarle a la comisaria.
Sin embargo ese era el maldito principio, ese que inquietaba a Matt. ¿Acaso Frank le había encadenado para irse a matar? Bien. Matt no iba a joder su jodida pierna, pero Frank podría estar seguro de que toda esta mierda no iba a quedarse como estaba.
Era extraño estar de vuelta en Hell's Kitchen durante el día. Frank solía trabajar cerca de la media noche, bajo el manto de la oscuridad. Que era la hora en la que sus objetivos solían salir a jugar, Él gustaba que le reconocieran en la noche. En ese maldito segundo en el que esos bastardos veían la calavera en su pecho, o de su experiencia militar cayendo sobre ellos: Ese era el maldito momento en la vida de Frank.
Él no deseaba ser reconocido justo ahora. Mientras la puesta de sol pintaba Hell's Kitchen dentro de un infierno (de colores rojos, amarillos, y naranjas). El cual combinado con el resplandor del Hudson, hacía sentir a Frank bajo la luz de grandes reflectores. Le hacía sentir como si todos estuvieran bajo la luz de los reflectores en esos momentos, pero es que no todos tenían su cara en los diez más buscados del FBI o aparecían cada tanto en las noticias.
Fue por ello que mantuvo su capucha baja, al igual que su cabeza, con los hombros curvados y las manos en los bolsillos. Tan solo llevando una colt y un cuchillo de caza discretamente oculto en el bolsillo de su suéter. Nadie le daba problemas, ni siquiera los policías que estaban en su turno mientras pasaba frente a la iglesia.
Las confesiones iniciaban apenas acababa la misa, por lo tanto la oficina se hallaba cerrada, y el sacerdote de seguro estaba demasiado ocupado como para percatarse de que Frank había allanado la entrada. Mientras los feligreses se deslizaban a sus bancos. Unos cuantos chicos pasaron al trote, con sus ojos enfocados en sus teléfonos. Allí fue que Castle avanzó un par de pasos hacía la puerta. En cuanto el pasillo quedó solo, se giró, bloqueando la puerta de una forma en la que nadie pudiera ver. Girando la perilla y quitando el seguro fácilmente. Luego se deslizó dentro, y la puerta se cerró tras él, de una forma en la que nadie en la iglesia podría saber que él estaba dentro.
El escritorio de la secretaria lucía inmaculado, y todo en la iglesia se veía como de la vieja escuela. Todos los feligreses se hallaban en una libreta de direcciones giratoria. Ello hizo que Frank comenzara a buscar saltando directamente hasta la letra M, luego fue cosa de girar, girar, y girar hasta que ta-dah. La dirección y todo lo demás saltaron a la vista. Tomó todo y lo anotó en un post-it, antes de devolver la libreta hasta el punto en donde estaba. Luego salió de la oficina, fuera de la iglesia y de vuelta a su auto
Las sombras se habían hecho más grandes. A lo cual Frank aparcó en un callejón donde el atardecer ya había caído. Mientras mapeó las posibles salidas: una a cada lado, las que podía abordar con el auto y una serie de laberintos en las calles que podría tomar a pie. Había varias rutas que le podían sacar de apuros si alguien se percataba de que Frank Castle había vuelto. Escapar a pie podría atrasar su horario, pero era lo mejor, al menos esta noche, donde era mejor evadir a la policía de New York que pelear con ella. Porque esta vez el demonio no estaba para tomar las riendas y sacarle de allí.
Dio una vuelta por la manzana, reconociendo el perímetro. El viejo bar de la esquina comenzaba a llenarse. Mientras los clientes que se hallaban desde las primeras horas de la tarde colgaban de los taburetes al igual que el bar ténder que colgaba de la barra, con pura cerveza y licor fuerte. Nada de vinos o cocteles: no en ese lugar. La luz fluorescente comenzó a zumbar en sus oídos en el instante que caminó por su lado, el paisaje digno de un fin del mundo. Aquellos por los que Hell's Kitchen era famoso, aquello tenía sentido mucho mas cuando estaba a la vuelta de la esquina del destino de Frank.
Aquel apartamento poseía una entrada con teclado junto a una pesada y resistente puerta de metal. Maldita sea, el esperaba que la seguridad fuera un poco mas seria que la de un sitio promedio, pero Frank estaba impresionado. Quien iba a pensar que una mierda como esta podía ser costeada con el salario de un defensor público. Por ello resopló dejando de lado la puerta de entrada, observando las paredes y el techo. No había forma de que esa fuera la única entrada. Tenía que haber alguna escalera de incendios o un acceso por el techo que diera hacia la calle, perfecto para un sujeto que entraba y salía todas las noches.
Nada en el techo de aquel edificio le indicaba tal cosa, mas los edificios aledaños proporcionaban un parque de juegos urbano, donde sus escaleras para incendios eran un gimnasio urbano y sus drenajes barras de gimnasia, y los contenedores de basura abiertos que servían para aminorar caídas. Lo ideal para ninjas que buscaban perfeccionar su parkour y sobre calificados justicieros que pretendían ser criaturas sobrenaturales.
Frank terminó su recorrido por el techo, tan solo para descubrir que había una escalera que conducía al maldito tejado al que quería llegar, al otro lado del camino. "A la mierda con esto", refunfuñó, puesto que no tenía tiempo para esta clase de cosas. Aun había una hora entre él y el Bronx luego de que acabara con este asunto. Aun así tomó velocidad antes de correr hasta el final de la cornisa, saltar y aterrizar al otro lado.
Desde allí, Castle se vio abriendo el cerrojo de la puerta. Se adentró en el edificio, esperando encontrarse con una entrada de servicio, pero en realidad se halló en el desván del apartamento de alguien.
El apartamento vacío de alguien, por como sonaban las cosas.
Cuando se aseguró que el lugar estaba vacío, Frank descendió por las escaleras hacia el salón principal. Observó el lugar, aquel sitio un concepto abierto; uno en donde podía observar toda la cocina desde su posición. El dormitorio no tenía una puerta, solo un panel corredizo que lucía como si alguien hubiera caído contra este y nunca lo hubiera reparado. Tampoco había las cosas suficientes como para hacer un desastre, pero aquel lugar le daba al llamado Punisher la impresión de que nadie vivía allí desde hace un tiempo. El inquilino quizá pagaba la renta, sacaba la basura. Pero nadie vivía allí, aquel lugar era tan solo un sitio para estar.
Castle en primer lugar no podía creerse la suerte del chico. O quizás puede que no fuera suerte. Un apartamento con acceso directo al techo podría ser una prioridad. Y mientras un lugar como este con normalidad podría llegar a costar una fortuna, el enorme y luminoso aviso publicitario que llenaba de brillo la sala lo hacía una ganga.
Dio una ojeada a los estantes de libros, aquellos libros parecían vacios en un principio, aunque una mirada más de cerca le permitió corroborar que poseían marcas de braille. También vio una pequeña capa de polvo cubriendo estos; aquello solo era una señal de que la limpieza ya era un rutina muerta. Y aquello tan solo era más evidencia de que aquel apartamento era mas una base de operaciones y no un hogar.
Antes no había sido así. Puesto que la sala tenía muebles suficientes para atender a la visita. El número de platos en la cocina también indicaba que la visita solía venir. Mas aquí no existía esa presencia fantasmal de platos sucios en la mesa o de juguetes tirados por allí luego de jugar, tal y como Frank lo recordaba de su hogar. Aquí no existía esa anticipación de personas que volverían pronto a casa luego de una tarde en el carrusel. A Frank le habían arrebatado a su familia; Red había escogido esta abstinencia. Aun así, el llamado Punisher caminó por el departamento como si se tratase de un cementerio, consciente de los muertos que había bajo tierra.
Lo había dicho antes, y volvió a decirlo, especialmente ahora que estaba en el apartamento del chico. "¿Qué diablos te pasó, Red?".
Frank encontró una mochila de gimnasio y acto seguido la vació. Tampoco es que hubiera mucho al interior, mas allá de unas vendas para las manos, un protector bucal y una toalla. Reemplazó las vendas de manos y dejó las otras cosas en el fondo del armario.
Suéteres, camisetas, ropa interior, calcetines; Castle puso todo dentro de la mochila. Mierda, el chico era pequeño. Probablemente ligero cuando llevaba la armadura puesta, y tan ligero como una pluma cuando estaba con su ropa de civil. Los trajes de dos piezas de Red, le recordaban a Frank los suyos propios, aquellos que había usado en su adolescencia. Aquellas prendas se hallaban prolijamente acomodadas en el armario, con etiquetas en braille sobre estas, pese a que comenzaban a oler de una forma similar al resto de la casa. El varón cerró el armario, dejando que estas siguieran adquiriendo ese aroma. Puesto que Red iba a vivir usando ropa casual durante una temporada, dado que como estaba tendría que cortar la tela para dejar que la cosa que estuviera sosteniendo el hueso roto del chico permaneciera allí hasta que sanara.
El teléfono en la mesa de noche llevaba ya un rato muerto. A lo cual Frank lo tomó junto al cargador. De todas maneras a quién llamaría Red ¿A la policía? De ser así ellos lo interrogarían, y con Fisk movilizándose, el Demonio de Hell's Kitchen no querría estar en custodia. Nah, Frank confiaba en que Red no iba a joder las cosas para ninguno de los dos. Eran las personas desesperadas por encontrar al otro en las que pensaba. Puesto que eventualmente se archivaría un reporte de personas desaparecidas, y si la policía de New York pensaba que estaban siendo hostigados en estos momentos era porque aun no habían visto nada. Lo mejor era darle a Red la oportunidad de ponerse en contacto con la señorita Page y el chico Nelson antes de que las cosas se salieran de control.
En aquel momento Castle tan solo dejó caer la bolsa sobre la cama sin hacer. A punto de irse o por lo menos así era hasta que un brillo anormal fue captado por su mirada. Aquellas sábanas brillaban de una forma casi que antinatural, a lo cual Frank no se resistió y pasó su mano sobre estas "¿Sábanas de seda, Red? Dios..." Si solo la maldita gente lo supiera: Aquel chico delgado, peligroso, el Demonio de Hell's Kitchen, quien tenía el salario de un defensor público (de un recién desempleado defensor público) llegaba a casa a dormir en sábanas de seda. La decadencia sería increíble, en especial porque esto no era parte de la puesta en escena. Aquellas sábanas eran para Red. Bueno, quizás también para alguna novia, mas el pensamiento de que Red tenía novias hace mucho había cambiado en la cabeza del otro. Quizá el saliera con chicas, con mujeres que llegaban a caer entre esas sábanas, pero quienes jamás llegarían a conocer al hombre tras la máscara.
María solía decirlo, solía decir que sabía perfectamente con quien se metía cuando se casó con Frank, y se lo dijo cada día hasta el día en el que murió. Él no le había creído en ese entonces, pero ahora quería creerlo. Quería pensar que nunca existió una máscara entre los dos, quería pensar en que ella no había muerto con preguntas adentrándose en su cuerpo mas profundo que las balas. Tampoco podía imaginar que Red deseaba que las personas murieran con esas mismas dudas, pero estaba seguro de que Red probablemente no estaba pensando en otras personas. Y mucho menos en que estaba pensando en sí mismo.
Sin pensarlo siquiera el llamado Punisher tomó la sábana, y la puso en la bolsa antes de cambiar de opinión.
El baño fue su última parada. Allí Frank tomó el cepillo de dientes, un cepillo para el cabello y una máquina de afeitar eléctrica; luego observó el contenido de la ducha. Allí se cruzó con una botella de champú y una de acondicionador "Red, ¿es enserio? ¡Dios!" Estuvo a punto de tomar la botella de champú, aunque no pudo; al final no pudo. Después de todo las sábanas de seda tenían alguna función practica; el champú y el acondicionador (hipoalergenicos y sin olor), ya cruzaban a línea de lo ridículo. El varón apagó la luz cuestionándose; sábanas de seda y cuidado capilar Premium para un sujeto que atrapaba balas con su cara. Y que además no dejaba entrar a otros a su casa. "No tiene nada de sentido"
Por último tomó unos cuantos libros y los puso en la mochila, antes de cerrar esta y dirigirse escaleras arriba hacía el desván. Abandonó el techo usando esta vez las escaleras y luego llegó al suelo haciendo uso de las salidas de incendio, los marcos de las ventanas, los contenedores de basura cerrados, entre otras cosas. El viento tan solo soplaba en el callejón, señal de que una tormenta se acercaba, y que era probable que las personas permanecieran dentro de sus casas. En ese instante Frank tan solo deseó que aquello incluyera a los chicos de Fisk, puesto que así lo quisiera no tenía tiempo para cazar. Ya que era probable de que Red ya hubiera despertado y se enfadara por el hecho de hallarse atado; incluso en esos instantes llegó a considerar lo peor: Él en verdad se cabrería si Red se rompía la pierna de nuevo.
Sin embargo se detuvo junto al auto apenas y por puro instinto, su cuerpo actuaba mucho antes de que su cerebro pudiera articular que algo o alguien le estaba observando. Castle sin dudarlo revisó el perímetro. El tejado: Limpio. Las escaleras de incendio: vacías. Las ventanas: No se veía a nadie. El callejón: despejado. Y pese a ello tan solo llevó una de sus manos a la Colt por precaución, ya que la sensación de ser observado no le abandonaba. Todos los posibles escondites, estaban despejados, pero no importaba lo oscuro y vacío que estaba todo, Frank sabía que no estaba solo.
No podrían ser los policías. La policía de New York era incapaz de tal sigilo. Frank tampoco podía ver a la señorita Page o al chico Nelson tratando de ocultarse. Quien sea que fuese quien le tenía los ojos encima, era alguien entrenado para ello, entrenados para no emitir ruido alguno. Por unos segundos el llamado Punisher creyó ver algo, un rápido flash de ropas oscuras moviéndose por entre las escaleras de incendios, pero había desaparecido antes de que pudiera corroborarlo, siendo devorado por la noche.
En esos momentos el llamado Punisher tan solo entró al auto, dejando aquella bolsa en el asiento del copiloto. Mientras aquel callejón permanecía silencioso y tranquilo; mas no se fiaba de ello. Por lo que se alejó del lugar lo mas pronto posible, con el motor rugiendo hacia la calle.
Y fue allí en donde lo vio a través de su espejo retrovisor: una sombra que saltaba por encima de los tejados detrás de su auto. Y fue durante un salto entre los edificios que las luces de la calle le permitieron ver también una túnica roja y la empuñadura de un arma antes de que fuera tragado nuevamente por la oscuridad.
Frank pasó entonces la luz roja, tan solo para tomar el carril izquierdo y buscar la intersección, adentrándose entre el denso tráfico. La figura se detuvo quedándose estática en un techo a espaldas del auto que escapaba.
Otra Sombra apareció a poco menos de una calle, mucho mas rápida que la anterior. Frank se saltó de nueva cuenta otra luz roja, para girar hacia la derecha y luego hacer lo mismo hacia la izquierda. El cruce al Hudson era un camino muerto, y no importaba que tan rápidos fueran sus perseguidores, ello no tendrían suficientes energías como para seguirle hasta el Bronx.
Lo suficientemente seguro, la persecución terminó en cuanto Frank cruzó por el Upper West Side. Avanzando hacia el norte, tomando la intersección 95 para regresar al Bronx. Durante todo ese tiempo su mente estuvo acomodando las piezas, porque no solo eran los japoneses que aun permanecían en Hell's Kitchen, sino que estos estaban buscando a Red.
En esos momentos Frank subía las escaleras hacia su apartamento, con las llaves en una de sus manos y la mochila en la otra, completamente preparado para lidiar con la patética cara molesta de Red por la cadena. Quizá las noticias de los centinelas japoneses que merodeaban su apartamento le hicieran callar. Puesto que parecía ser que Red estaba mucho menos enterado de sus actividades que el mismo Castle, por lo cual estaría desesperado por información.
Pero la única ira que le esperaba al interior era la suya propia. En cuanto cerró la puerta tras sus espaldas y le puso el cerrojo; también dejó la mochila sobre su escritorio mientras su cuerpo pasaba de caliente a frio en lo que observaba la habitación, las únicas palabras que salieron de sus labios fueron: "¿Qué carajos hiciste, Red?"
El chico estaba pálido, temblando mientras se apoyaba a los pies del catre. Su pierna se hallaba elevada sobre una de las cajas de munición (esa misma a la que Frank le había encadenado antes de dejar el apartamento); rodeado a su vez de muchas más cajas, todas ellas vacías. A la par que tomaba aire como si estuviera muriendo, luciendo como un alma en pena, pese a todo sus labios se curvaban en una jodida sonrisa ladina, esa que Frank añoraba quitar de su engreído rostro.
En especial cuando Red se dejó caer mucho mas de la pared, hablando casi sin aliento. "Bueno, al menos no jodí mi pierna de nuevo".
Y ¡Tenemos capitulo nueve! Les seré franca lo que mas me gusta de este es el anilisis que hace Frank del propio Matt, quien pensaría que el Big Bad Punisher pudiera ser tan así. ¡Espero sea de su agrado!
Pd: Y es tiempo de preguntar: Con el estreno de la nueva temporada de Jessica Jones ¿Qué tanta expectativa le tienen? Yo por mi parte espero algo interesante al saber mas de los origenes de Jess. Después de todo esta es mi tercera serie favorita de Netflix (por supuesto Daredevil y The Punisher ocupan los primeros lugares)
Me gustaria leerlos en un proximo review.
Nos vemos pronto!
