Un capítulo más ;) espero que os guste cómo va avanzando la historia.

Muchas gracias por vuestros comentarios y por leer la historia!


Capítulo 10:

Aparco mi viejo Crown Victoria junto al único vehículo que hay en ese pequeño parking, y observo mi imagen en el espejo retrovisor antes de salir del coche. Llevo mi pelo recogido en una coleta, y escondo mis ojos tras unas gafas de sol. Solo intento pasar un poco desapercibida, parecer una más de las personas que van a perderse en la soledad de la montaña. Es por eso que he decidido vestirme con unos simples leggins, una sudadera, y unas zapatillas deportivas.

Escondo mi pistola en el bolso, y salgo del vehículo. No creo que nadie sepa que estamos aquí, al menos no de momento, pero tampoco pienso correr el riesgo de llamar la atención. De hecho, preferiría no salir a ninguna parte. Esto es solo una necesidad, he tenido que bajar al pueblo más cercano ya que la comida empezaba a escasear, y yo necesitaba algunos productos de higiene.

En cuanto entro en la pequeña tienda, siento los ojos de la dependienta fijos en mí. Aunque tampoco es tan extraño, pienso, pues soy la única clienta y tampoco creo que tengan demasiados a lo largo del día. Cojo una pequeña cesta e intento hacerme lo antes posible con todo lo que necesito.

-¿Pasando unos días en la montaña? – pregunta la dependienta en cuanto me acerco para que me cobre.

-Sí – respondo, sonriendo, esperando que no haga demasiadas preguntas – No viene mal alejarse un poco de la ciudad.

-No viene demasiada gente últimamente, parece que cada vez nos acostumbramos más a los edificios y al ruido – Asiento, dándole la razón - ¿Ha venido usted acompañada de su familia?

Por unos segundos observo a la mujer alarmada, hasta que me doy cuenta que lo que ha llamado su atención ha sido una caja de cereales con dibujos de Frozen, para niños, que llevo en la cesta.

-No, esto… en realidad, me gustan este tipo de cereales, yo…

-Oh, no te preocupes, cada uno tenemos nuestros gustos – dice encogiéndose de hombros.

Me cobra el resto de cosas en silencio y yo lo agradezco.

-Ten cuidado – me advierte antes de marcharme – No es muy habitual que pasen cosas por aquí, pero nunca es seguro que una mujer esté sola en un lugar alejado como son estas montañas.

-No, no estoy sola – le explico rápidamente – mi… marido ha venido conmigo.

Prefiero que sepa que estoy con alguien más a que piense que estoy sola y diga algo a alguno de sus clientes. Es mejor eso a que alguien nos moleste.

-Oh, en ese caso, no debería dejarte bajar sola al pueblo – dice ella amablemente.

-Lo tendré en cuenta, gracias – le digo después de pagar la compra.

Salgo del lugar lo antes posible y me encamino al coche, sintiendo las primeras gotas de lluvia sobre mi cabeza. Observo el cielo una vez que estoy en el coche, a través del cristal, parece que se avecina una gran tormenta.

Pongo en marcha el vehículo y, media hora después llego a la pequeña cabaña en la que nos estamos hospedando.

Cuando abro la puerta me encuentro a Castle bajando las escaleras. Tras unos días moviéndose lo menos posible, parece que comienza a recuperarse, a pesar de que la herida sigue ahí y tiene que tener cuidado.

-Emily se acaba de quedar dormida – me informa en cuanto me ve.

-¿Qué tal se ha portado, te las has arreglado bien con ella? – le pregunto yo, caminando con las bolsas hasta la cocina.

-¿Por qué no iba a hacerlo? No es la primera vez que me quedo con ella a solas – dice él, no molesto, pero sí algo sorprendido por mi pregunta.

-No quería decir eso, pero… ahora es diferente – le explico – tu herida…

-Estoy bien – dice, ofreciéndome una mirada tranquilizadora – Y Emily se ha portado muy bien.

Le sonrío, satisfecha de saber eso, y continúo sacando la compra de las bolsas. Mientras tanto, él se dirige a la sala de estar y enciende la chimenea. A pesar de que no hace demasiado frío, la lluvia ha hecho que refresque un poco.

Me masajeo la sien y respiro, aliviada de poder descansar un rato, sentándome en el suelo junto a la chimenea, apoyando mi espalda en el sofá. El calor que desprende el fuego hace que el momento sea más reconfortante.

-Parece que la tormenta va a durar hasta mañana – dice Castle, sentándose a mi lado tras comprobar el tiempo en la aplicación de su iPhone.

Observo su cercanía y guardo silencio, observando el fuego. Es extraño estar conviviendo de nuevo con Castle, y todavía no he conseguido aclarar mis sentimientos después de su confesión. Saber que nunca me fue infiel… que todo lo que hizo fue por protegernos… solo hace que mi cabeza sea un mar de dudas y que no sepa qué hacer al respecto.

Sé que siento cosas por él, pero durante estos dos años han pasado muchas cosas. No sé cómo sería volver con él ahora, no podemos simplemente actuar como si nada de esto hubiese pasado. Y para colmo está el desliz que tuvimos hace un par de semanas… ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? Suspiro.

-¿Estás bien? – de pronto la mano de Castle rozando mi brazo me sacan de mis pensamientos.

Observo su mano por unos segundos, para después observarlo a él. De nuevo está demasiado cerca, tan cerca que el calor que desprende su cuerpo es peor que el del fuego que tenemos delante.

-¿Qué vamos a hacer, Castle?

-¿Te refieres a…?

-Nosotros – finalizo la frase por él, volviendo mi mirada al fuego.

Nunca he sabido el por qué, pero el fuego tiene ese algo especial que hace que te hipnotices mientras lo observas.

-Podríamos… intentarlo de nuevo – dice él, acariciando ahora mi brazo.

-No sé si saldría bien – Admito que me aterroriza intentarlo y no poder confiar en él nunca más.

-Nunca lo sabremos si no nos damos una oportunidad, ¿no?

-Han sido dos largos años – digo, ahora mirándole – Creía que me habías sido infiel, que eras un idiota, un capullo, un egocéntrico… Y resulta que no era así.

-Un poco idiota sí que fui – admite él, riendo.

-Sí – digo yo, sonriendo también. Aunque de pronto me vuelvo seria – Estaba a punto de casarme con otra persona.

-¿Estabas enamorada de él? – me pregunta con cautela. Supongo que para él no es agradable hablar de Josh.

Sacudo mi cabeza, suspirando.

-Nunca lo estuve – Él parece respirar aliviado – Sentí cosas por él, pero nunca... Nunca tan fuerte como lo que sentí por ti.

Ahora soy yo quien respira aliviada tras confesarle eso.

-Precisamente por eso, Kate, lo nuestro es demasiado fuerte como para dejarlo escapar.

-Necesito tiempo – le digo – Necesito aclarar mis pensamientos.

-¿Podemos… ir poco a poco? Sin presiones.

Yo asiento, al mismo tiempo que un nudo de nervios se forma en mi estómago. Nos estamos dando una oportunidad.

Los dos guardamos silencio durante unos minutos, perdidos en nuestros propios pensamientos, disfrutando del momento y del calor que desprende el fuego, hasta que me muevo, incómoda, sintiendo un dolor punzante en la espalda.

Castle me observa con cierto deje de preocupación.

-Tu hija no deja de patalearme por la noche – le explico.

Además, pienso, la cama es demasiado pequeña para las dos, y Emily siempre se ha movido demasiado por la noche.

-Podrías venir a dormir conmigo.

-Castle…

-Dormir – aclara, de repente – Lo prometo. Deberías descansar bien, estás haciendo demasiado trabajo con todo lo del caso…

Ya, pienso yo, como si para él su prioridad fuese que yo descanse. Intento esconder la sonrisa que trata con escapar de mis labios.

De pronto él se levanta y se sienta en el sillón, colocándose exactamente en el lugar en el que estoy yo, quedando así mi espalda entre sus dos piernas.

-Castle, ¿qué haces? – pregunto, sintiéndome algo incómoda de repente, sin tan siquiera moverme.

-Intentar hacerte sentir mejor – explica, comenzando a masajear mis hombros.

A pesar de que la razón me dice que lo aparte, el alivio que me proporciona en mi adolorida espalda hace que simplemente cierre los ojos y guarde silencio.

-Esto… podría… sería más fácil si tú…

De nuevo trato de contener la sonrisa que amenaza con aparecer en mis labios al ver lo nervioso que se ha puesto. Sé lo que está tratando de decir, sin embargo no sé si debería dejarle que lo haga.

-Es solo un masaje – aclara.

Lo observo por unos segundos, encontrando un rostro totalmente inocente en su cara. Y simplemente asiento.

Vuelvo la cara para que no pueda ver mis mejillas sonrojadas, y llevo mis manos hasta la parte baja de mi camiseta, agarrándola y levantándola hasta sacarla por mi cabeza y hombros. Siento cómo mis manos tiemblan levemente, al sentirme la mirada de Castle sobre mí, llevando simplemente un sujetador negro de encaje. Ni siquiera en nuestro pequeño desliz estaba "tan" desnuda.

Se levanta del sofá, haciendo que me sienta más nerviosa todavía, y con cuidado me mueve hasta quedar él sobre mi espalda. Agacho la cabeza para indicarle que empiece cuanto antes y él parece comprender la incomodidad de la situación.

Mi cuerpo se estremece ante el contacto de sus gruesas manos sobre mi piel. Reacción que no pasa desapercibida para él, que pronto comienza a masajear mi piel con más seguridad.

No creo que esto sea parte del masaje para aliviar mi dolor, pero le dejo que continúe cuando baja sus manos hasta la parte baja de mi espalda, masajeando esa zona con delicadeza.

Acaricia mi cintura con delicadeza, haciendo diferentes formas después con sus dedos sobre mi piel. No puedo evitar inclinar mi cabeza hacia atrás ante el pequeño placer que me produce sentirlo de esa manera, aunque me doy cuenta de que nos estamos precipitando cuando siento su nariz en mi cuello, su respiración haciéndome cosquillas…

Sonrío sin remedio, pero lo freno rápidamente, levantándome de allí.

-Gracias por el masaje – digo, en apenas un susurro.

Él me sonríe desde el suelo, casi puedo ver sus ojos iluminados de felicidad. Y lo cierto es que yo también me siento así, por eso precisamente no quiero que nos precipitemos. Necesito que llevemos esto con tiempo, aclarar mis sentimientos con respecto a todo lo que ha ocurrido…

Recojo mi camiseta del suelo y me la coloco de nuevo, caminando a continuación hacia la cocina.


Observo, desde la esquina del sofá, cómo Castle acaricia el pelo de nuestra hija con delicadeza, tratando de hacerle unas perfectas trenzas. Mientras tanto, Emily espera pacientemente a que termine, con una sonrisa en el rostro.

No es que vayamos a ir a ninguna parte, pero ya que no podemos salir a jugar fuera, le ha pedido a su padre que le haga trenzas. Y, aunque yo pensaba que iba a ser todo un espectáculo, lo cierto es que ha mejorado bastante su técnica.

-¿Te gusta? – le pregunta él, tras terminar, mientras Emily se observa a sí misma en un pequeño espejo de bolsillo que le he prestado.

-Si, ahora es tu turno papi, te voy a hacer unas coletas.

No puedo evitar reír en voz baja al ver la cara de circunstancia de Castle.

-¿Por qué no peinas a mamá? Ella tiene el pelo más largo.

-Pero mami ya tiene una coleta, yo quiero peinarte a ti – insiste ella, subiéndose en el sofá y colocándose tras la espalda de Castle, sin darle la oportunidad de rechistar.

Él me mira con una cara divertida y yo me encojo de hombros, observando divertida la situación.

-Auch – se queja Castle cuando Emily comienza a trabajar en su pelo.

-Si no te he hecho daño – dice ella con gracia, alzando una mano.

-Papi es un quejica – añado yo.

-Si, es un quejica – ríe ella.

Tras unas cuantas quejas por parte de él, Emily termina de hacerle dos diminutas coletas a cada lado de la cabeza.

Yo comienzo a reír al ver el aspecto de Castle, y Emily baja corriendo del sofá para verlo de frente, provocándole un ataque de risa que hace que los tres estemos un buen rato riéndonos, ya no solo por el aspecto de él, sino por las carcajadas de nuestra pequeña.

El día acaba con Emily tratando escapar de mis cosquillas por toda la cabaña, ambas agotadas, y Castle recogiendo los platos de la cena.

Finalmente cojo a Emily en brazos y nos acercamos hasta donde está Castle, quien le da un beso en la mejilla y le da las buenas noches.

-Recuerda mi oferta – me dice, guiñándome un ojo.

-Buenas noches Castle – es lo que le respondo yo antes de darme la vuelta y caminar hacia las escaleras.

Creo que dormir juntos sería demasiado precipitado, así que aunque Emily siga pateándome por las noches, de momento seguiré durmiendo con ella.


Resoplo cuando, tras varios aspavientos en el aire, mi cuerpo golpea contra el suelo. Entreabro los ojos, despertando por completo debido al golpe, y me levanto, sorprendida de ver cómo, después de haberme echado de la cama a patadas, Emily siga inmersa en un profundo sueño.

Sacudo la cabeza y la arropo bien, observando la cara angelical que tiene mientras duerme. Siempre me ha parecido especialmente adorable verla dormir.

La dejo allí durmiendo y salgo del dormitorio. Intento ser silenciosa, aunque el ruido del viejo suelo de madera crujir bajo mis pasos me delata. Abro la puerta del dormitorio de Castle con sigilo, esperando que esté dormido, y me acerco hasta la cama, recostándome en el lado vacío.

-Has venido – dice en un susurro, con la voz ronca.

Tuerzo el labio al comprobar que todavía está despierto, pero me acuesto igualmente.

-No ha sido decisión propia – explico – Tu hija me ha empujado de la cama.

-¿Te ha tirado al suelo? – pregunta, divertido.

-No tiene gracia.

-Me alegra que lo haya hecho.

-Ya… pues tú en tu lado y yo en el mío – le advierto.

-Mhm – murmura.

-Lo digo en serio – digo yo, alzando la cabeza para mirarlo. La luz de la luna que se filtra por las ventanas me permite ver cómo su labio se tuerce en una leve sonrisa, manteniendo los ojos cerrados.

Me recuesto en la almohada e intento volver a conciliar el sueño. Aunque estando allí, con Castle tan cerca, otro tipo de pensamientos aparecen en mi mente. Y no solamente sucios pensamientos.

-Durante estos dos años – digo, después de un rato de silencio, aclarándome la garganta - ¿Hubo alguien más?

-¿Qué? – dice él, entreabriendo sus ojos y alzando su cabeza para poder mirarme.

Cojo aire, antes de volver a formular la pregunta.

-Durante estos dos años… ¿estuviste con alguien más?

-Llevo dos años de completa sequía, a excepción de mí mismo – dice él.

La mirada que le lanzo debe ser suficiente para indicarle que no es momento de bromear.

-No, no hubo nadie.

Yo me muerdo el labio y me recuesto sobre mi brazo.

-Nunca me divorcié de ti, no podía ponerte los cuernos. Me sentiría horrible si lo hubiese hecho – explica.

Sus palabras, sin embargo, hacen que sea yo quien se sienta así. Suspiro y me doy la vuelta, no enfadada con él, pero sí conmigo misma.

-Ey, no quería decir eso – dice, aproximándose a mí – Me refería a que contigo – intenta arregarlo – jamás te hubiese podido hacer eso a ti.

-Pero yo lo hice y me siento horrible por ello.

-Yo no me arrepiento de lo que pasó – dice, refiriéndose a nuestro desliz.

-No es justo que digas eso – le digo – No… Debimos haber hecho las cosas de otra forma, no sabes la culpabilidad que siento por haber traicionado a Josh, él no se merecía esto.

-Tampoco se merecía estar con alguien que está enamorada de otra persona.

En estos momentos siento ganas de patearlo y al mismo tiempo besarlo, porque, siendo honesta, tiene toda la razón, pero a pesar de eso… sigue siendo injusto con Josh.

-Lo que pasó, pasó, Kate. No fue planeado, nos dejamos llevar por la necesidad y los sentimientos.

Asiento en silencio, coincidiendo en eso con él.

-No era agradable verte con él de todas formas, aunque me lo tuviese merecido – dice, volviendo a recostarse en su lado de la cama.

Pienso en cómo debe haber sido para él eso. Yo pensaba que se lo tenía merecido, en el fondo, pero después de saber que simplemente nos dejó ir para protegernos…

Sin embargo yo sí me alegro de saber que él si me fue fiel durante todo este tiempo.

-Descansa – dice en un susurro, alargando su mano hasta agarrar la mía.

-Castle – le digo, en tono de advertencia.

-¿Qué pasa, no puedo cogerle la mano a mi mujer? Te recuerdo que seguimos casados.

-Buenas noches – le digo yo, soltándome de su agarre, sin poder evitar soltar una pequeña sonrisa.