Oscuridad

·····GUINEVERE······

Gwen se quejó mientras abría lentamente los ojos, parpadeando contras la fuerte luz del sol de mediodía. Alzó la cabeza con cuidado del suelo, aún desorientada, y miró alrededor con confusión. Estaba tendida en una franja de luz, en lo que parecía ser el otro lado de una oscura y húmeda sala del trono. Las telarañas colgaban de los pilares y apolillados tapices, y habían restos de velas apagadas en antiguas y rotas lámparas chanelier.

Se movió lentamente, usando sus brazos para levantarse del suelo, girando en círculo, sacudiendo su cabeza ligeramente para aclararse.

De repente, Gwen lo recordó todo.

"¡Ygranna!" gritó, sintiendo una insoportable desesperación llenándola mientras giraba en círculos –rápidamente notando que estaba sola. "¡Ygranna!¡¿Dónde estás!?"

Su voz resonó ominosamente a través de la cavernosa sala, las últimas sílabas de su llanto reverberando por todo su alrededor. Y entonces sólo hubo silencio.

Guinevere corrió por la habitación hasta la larga puerta del final, sólo para encontrarla cerrada. Sollozó, sus puños colisionando con la inflexible madera, bramando el nombre de su hija –pero aún, sin respuesta.

"No," exhaló, cayendo de rodillas, las lágrimas oscureciendo su visión, sus manos sacudiéndose mientras intentaba débilmente empujar la puerta. "No, no, la llevaré de vuelta," exhaló, "La llevaré de vuelta. ¡La llevaré de vuelta!" sollozaba en serio ahora, el dolor y el arrepentimiento tan fuerte que se sintió paralizada. Morgana tomó a su niña. Gwen había permitido que pasara. "Ygranna," intentó de nuevo, pegando inútilmente la puerta aunque sabía que era en vano. "¿Puedes oírme? Por favor, ¿dónde estás? ¡YGRANNA!"

Su única respuesta era el fantasmal eco e su propia voz, que le respondía con un burlón canto de Anna…Anna…Anna.

······MERLIN······

Mientras él y Arthur bajaban de la espalda de Kilgharrah, Merlin se tomó un momento para girarse y sonreírle. Sabía que el final del dragón estaba cerca. Lo sentía, e incluso si ahora mismo todo su ser estaba sufriendo por encontrar a su hija, vendría el momento en el que lloraría por su viejo amigo.

Kilgharrah asintió solemnemente, y ambos supieron que era un adiós.

Empezó a girarse, pero la voz de Kilgharrah en su cabeza lo detuvo. Él supo al ver de refilón a Arthur y ver su mirada de confusión que no podía oírle esta vez.

Bien hecho, joven mago, porque todo lo que estabas esperando se hiciera verdad.

¿Cómo? Ygranna está todavía con Morgana, pensó Merlin desesperadamente. Una risilla sonó en su mente.

Ah sí, la niña. Un método muy poco convencional de alterar el destino, te concedo eso, pero parece que ha funcionado. El destino de Arthur ha sido confuso para mí por mucho tiempo, y ahora sé por qué. Has impedido su caída, joven mago. Pero ahora el resto es cosa tuya.

Pese a todo lo que estaba pasando, Merlin sintió una profunda sensación de alivio fluir por él cuando oyó la confirmación de lo que el dragón había dicho antes. Que la profecía de la muerte de Arthur había sido evitada, que el nacimiento de Ygranna había cambiado todos sus futuros.

Gracias, Kilgharrah, pensó.

No, joven mago, gracias a ti. Por recordarme que aún se puede encontrar fuerza en los corazones de los hombres. Y amor. Creo que lo había olvidado bastante.

Merlin sonrió, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas. Hasta luego.

Adiós, Merlin. Y buena suerte.

Y Merlin se giró de cara a Arthur, que alzó sus cejas cuestionándole. Merlin asintió, y se movieron, ya sabieno su destino: el viejo y descorazonador castillo que amenazaba ante ellos –y Merlin supo que Ygranna estaba ahí dentro.

······GUINEVERE······

No había forma de salir. Lo intentó todo. Ahora Guinevere se paseaba, como un animal atrapado, junto a su preocupación.

Morgana tenía a su hija.

Gwen sabía que sin importar qué, Morgana forzaría esto, encontraría la forma de coger a Ygranna –pero ese único, pequeño paso, que ella había dado. Aunque sólo fuera por un momento, Guinevere había dudado, y se había preguntado: ¿Qué sí?

Y Morgana había querido que se lo preguntara, que tomara ese paso. La había manipulado, sí, pero ¿por qué? ¿Sí podía haber cogido a Ygranna en cualquier momento, por qué hacerlo así?

¿Por qué estaba Gwen siquiera todavía viva?

Su única esperanza eran Merlin y Arthur. Ellos vendrían por ellas, Gwen lo sabía. O… ellos vendrían por Ygranna, al menos. Ella no quería pensar en el resto –lo más importante era coger a Ygranna, todo lo demás era secundario. Ella esperaba que ellos entendieran esto.

Así estaba tan envuelta en su pánico que no notó nada diferente hasta que la alta y clara voz de una niña rompió el silencio.

"¿Mami?"

Gwen giró en sus talones y jadeó –ahí, fuera de ningún lado, estaba Ygranna. Sólo… ahí parada.

Algo estaba mal.

"¿Mami?" llamó Ygranna de nuevo, estirando una mano. No hizo ningún otro movimiento.

Guinevere estaba peleando contra todos sus instintos naturales de correr hacía su hija. Conocía a Morgana, y los juegos a los que jugaba –no caería en eso otra vez.

"Cariño," llamó ansiosamente, acercándose lentamente. "¿Estás bien?"

"¿Mami?¿Dónde estás?" llamó Ygranna. Parecía…vacía. Errónea.

Gwen tragó. Sólo unos pocos pasos alejada de su hija, se paró. Ygranna la miraba directamente, sus ojos brillando en oro –pero no estaba viendo a Gwen.

"Estoy justo aquí," dijo suavemente Gwen, su voz rompiendo mientras frescas lágrimas llenaban sus ojos. "Ygranna, estoy justo aquí."

"¿Mami?"

Gwen tomó un profundo aliento. La mano de Ygranna aún estaba extendida. Con cuidado, Gwen estiró su propia mano, y tocó la de Ygranna –o lo intentó. Cuando sus manos se encontraron, Gwen pasó a través de la carne de Ygranna como si fuera humo. Su hija ni siquiera se encogió-.

"¿Ygranna, puedes oírme?" susurró Gwen, ya conociendo la respuesta.

No hubo réplica. Ygranna sólo estaba ahí de pie, aún como una estatua. Se veía tan perdida, tan asustada. Tan sola.

Gwen sintió su corazón romperse, y su mano fue a cubrir su boca mientras peleaba por mantener los sollozos rompiendo en su cuerpo. Nunca se había sentido tan inútil.

"¡Morgana!" llamó Gwen. "Morgana, ¡dime que es lo que quieres! Por favor, ¡sólo para esto! ¡Morgana!"

Hubo silencio. Excepto por el lento eco que se alejaba de su propia voz, entonando.

Anna…Anna…Anna.

······ARTHUR······

Arthur tenía un mal sentimiento sobre esto.

Él y Merlin se acercaban a la gran y aparentemente abandonada estructura cautelosamente, Merlin tanteaba por cualquier trampa con su magia…y lejos de encontrar nada.

¿Había Morgana realmente creído que podía esconderse tan efectivamente que ni necesitaba defensas?

De algún modo, conociendo a Morgana, Arthur no lo pensaba.

Aún así, ¿Qué podían hacer ellos? Su hija estaba ahí. Necesitando que la rescatasen.

Y Guinevere. Si aún estaba viva. Arthur tragó, tratando de aclarar su mente. Recordándose su mantra: cada cosa a su tiempo.

Merlin estaba algo adelantado a él, sus manos alargadas, sintiendo las barreras mágicas. Pero giró su cabeza cuando sintió la aflicción de Arthur, sus dorados ojos encontrándose con los de Arthur.

Arthur asintió, y Merlin le dio una apretada sonrisa en respuesta. Preocupado, pero confiado.

"Merlin," susurró Arthur, no seguro de lo que iba a decir hasta que Merlin se paró y se giró completamente a él, sus ojos volviéndose en ese increíble y familiar azul. Justo como los de Ygranna.

Arthur tragó. "Escucha, Merlin… si algo pasa ahí, si hay que elegir…"

"Arthur," dijo Merlin, con tono en advertencia.

"No, Merlin," dijo Arthur, la mano que no mantenía a Excalibur yendo a descansar en el brazo de Merlin, sujetándole. "Debes prometérmelo, llevarás a Ygranna a salvo antes de hacer algo más. ¿Lo entiendes?"

Merlin abrió la boca, entonces la cerró. Luciendo enfadado. "Puedo protegeros a todos, sabes que puedo," dijo finalmente. "Mi magia-"

Arthur sacudió la cabeza. "No, Merlin. Es nuestra hija. No voy a tomar ningún riesgo. Ni tú deberías." No quería que saliera como una amonestación, y cuando Merlin se encogió bajo su toque, ojos ensombrecidos, Arthur suspiró. "Sé que eres poderoso, Merlin. Yo sólo… sólo necesito saber que protegerás a Ygranna, sin importar qué."

Merlin estuvo en silencio por un momento, sus ojos sin encontrarse con los de Arthur y por un momento Arthur pensó que no contestaría.

Cuando lo hizo, su voz era queda pero firme. "Lo haré."

Los ojos de Merlin se encontraron con los de Arthur, y había una promesa ahí. Había ferocidad, tenacidad, y por encima de toda la impactante lealtad, y todo lo que Arthur siempre había amado de Merlin –incluso antes de reconocer esa emoción por lo que era.

Arthur explotó más allá, su mano encerrándose en la nuca de merlin y dirigió al otro hombre en un apasionado beso. Merlin dejó ir una exhalación de sorpresa pero rápidamente respondió al beso, lamiendo su camino en la boca de Arthur y atrayendo su cuerpo más cerca.

Sólo cuando respirar se convirtió en una necesidad absoluta fue cuando se separaron, y Arthur inclinó su cabeza contra la de Merlin, manteniéndole cerca por otro momento.

"tienes que prometerlo tú también," exhaló Merlin, su voz temblorosa.

Arthur no estaba seguro que esperanza tenía él de rescatar a nadie, si Merlin caía y Morgana seguía en pie. Pero no obstante él asintió ferozmente, necesitando ofrecer a Merlin la misma seguridad que él necesitaba. "Por supuesto. Lo prometo."

Lamentablemente, Arthur soltó a Merlin, pero no miró a otro lado. Los ojos de Merlin no dejaron los de Arthur mientras se volvían dorados una vez más, y se continuaron mirando por un largo momento, dándose fuerza el uno al otro.

Mirándolo así, con magia en sus ojos, Arthur sentía cómo si Merlin mirara directamente en su alma. Y cuando Merlin alejó finalmente la mirada, Arthur se sintió un poco vacío.

Pero mientras avanzaban, sentía su resolución reforzarse. Porque Arthur no se estaba enfrentando a esto solo. Tenía a Merlin con él, y siempre lo tendría. Todo estaría bien.

Tenía que estarlo.

·····GUINEVERE······

Cuando al final la puerta chirrió al abrirse, Guinevere se apresuró hacia allí inmediatamente –sólo para ser lanzada atrás por una fuerza invisible. Cayó al suelo, su espalda colisionando dolorosamente con la piedra, pero ella saltó en sus pies inmediatamente, la adrenalina espoleándola.

Cuando Morgana entró, sola, Gwen dejó salir un grito de furia, pero no pudo moverse.

"¿Dónde está?" exclamó Guinevere.

"Relájate," sonrió Morgana –realmente sonriendo, con descaro –"ella está a salvo. Como te he mostrado."

Gwen sacudió la cabeza vehemente. "Me enseñaste un espejismo –una pantomima de mi hija. ¡Quiero verla!"

Morgana encogió los ojos, observando a Gwen con una mirada calculadora por un momento antes de que su cara se rompiera abruptamente en una amplia sonrisa. "Bueno, de acuerdo. Eso fue por lo que te traje aquí, después de todo."

Un chasquido de sus dedos e Ygranna apareció frente a Gwen, sentada en el suelo, sus ojos muy abiertos mientras miraba alrededor. Cuando divisó a su madre, se echó a llorar, y Gwen estaba con ella en el instante en que desaparecieron los vínculos invisibles.

"Ygranna," exhaló Gwen, abrazando a su hija estrechamente, "¿Te ha hecho daño? ¿Estás bien?" separándola para poner la cabeza de su hija entre sus manos, buscando su cara –pero a un lado de la asustada mirada en sus ojos, Ygranna parecía ilesa.

"Estoy….estoy bien," susurró Ygranna, y Gwen dejó salir un suspiro de alivio, abrazando a la niña otra vez.

"¿Ves?" la voz de Morgana vino de algún lugar más allá de ellas, sonando demasiado satisfecha con todo. "¿La he mantenido a salvo?"

La cabeza de Gwen voló hacia ella. "¿Qué?"

Morgana parecía más una niña pequeña, dichosa y orgullosa como si hubiese conseguido algo fabuloso. "Quería probarte que podía cuidarla también, Gwen. Que estará a salvo aquí."

"¿A salvo?" chilló Gwen, tratando de mantener su voz calmada por el beneficio de Ygranna. "Ella nunca estará a salvo contigo."

Si las palabras de Gwen picaron a Morgana, no lo mostró. "Aun así me la trajiste, ¿no es así?"

"Tú me hiciste hacerlo," acusó Gwen, pero no pudo detener su voz del temblor mientras un horrible sentimiento de culpa la invadía. "Me manipulaste."

"Por favor, sólo te di un empujón," dijo Morgana, encogiéndose de hombros. Entonces sus ojos cayeron en Ygranna, que estaba escondiendo su cara en el cuello de Gwen ahora, y el corazón de Gwen estaba listo para explotar.

La sonrisa de Morgana era amplia y aterradora cuando las miró, atrapándolas y haciéndolo sentir como una violación –pero de algún modo Gwen sabía que ella no las dañaría. No hubiese pasado por todo este problema, si esa fuera su meta. ¿No había probado ya cuan absurdamente fáciles habían sido sus propósitos, cegados por la equivocada idea de que Morgana pudiera atreverse a hacer un movimiento tan arriesgado?

Pero incluso sabiendo que no iba a morir, se sentía como si se cerniera en el borde de un abismo con sus brazos apretando fuertemente a Ygranna.

"Ella no estaba muy parlanchina antes," dijo Morgana, acercándose, mirando a Ygranna como si fuera un particularmente delicioso trozo de carne y Morgana no hubiese comido en semanas. "Esperaba que pudieras presentarme ante mi sobrina apropiadamente."

"Mantente lejos de nosotras, Morgana," siseó Gwen, levantándose y alejándose, llevándose a Ygranna con ella. Odiaba su propia debilidad, odiaba que Morgana hubiera encontrado una forma de explotar sus miedos, pero ella no podía permitirse engatusar por una falsa visión de nuevo.

Los ojos de Morgana se encogieron cruelmente. "No me hagas sentir mal ahora, Gwen. Hice esto para ayudarte."

"Oh dios," exhaló Gwen, "¿Tú de verdad crees eso?"

"Es la verdad," dijo Morgana. "Te ofrecí una salida, y la tomaste. Te di una oportunidad."

"¡Una oportunidad!" dijo Gwen, su voz un poco histérica. "Tú me mandaste esos recuerdos, los plantaste en mí. En mi mente."

"Eso no importa, aun son verdad," se encogió Morgana. "Te conozco, Gwen. Conozco tu corazón. Sé como de fácil amas, y lo rápido que das tu propia felicidad para hacer que los sueños de otra gente se hagan realidad. No te voy a dejar hacerlo de nuevo."

Guinevere no tenía que preguntar para saber que Morgana estaba hablando sobre Lancelot, y el hecho de que ella había elegido a Arthur porque Arthur la necesitaba más que Lancelot. Pero eso no importaba ahora.

"Te has sacrificado lo suficiente, Gwen," susurró Morgana, sacudiendo la cabeza tristemente. "Sé lo que piensas de mí. Y tienes todo el derecho de odiarme. Pero estoy tratando de hacer lo correcto. Estoy intentando darte el futuro que Merlin y Arthur te negarán."

Y lo más horrible fue en ese momento, Guinevere supo que Morgana creía realmente en lo que estaba diciendo.

Ante el sonido de los nombres de Merlin y Arthur, Ygranna alzó la cabeza, y sus ojos estaban llenos de lágrimas. "Quiero a mi papi," susurró quebradamente, y Gwen sintió sus propias lágrimas nublarle la visión.

"¿Ves?" susurró Morgana.

Y Gwen lo veía. Lo vio todo, bastante claro. Morgana tenía razón; Ygranna crecería amando a sus padres. ¿Y quién sabía dónde dejaría eso a Gwen?

Pero eso no importaba.

"No es tu elección, Morgana," exhaló, quitando sus ojos de su hija. "Y no es la mía tampoco. No te voy a permitir alejar a Ygranna de su hogar."

El rostro de Morgana se endureció. "Demasiado tarde, Gwen. Si no te has dado cuenta, no estamos más en su hogar. Te la llevaste de allí tú misma."

"Tú me lo hiciste," susurró Gwen.

"Eso no importa ahora. Me has mostrado lo que realmente está en tu corazón, por mucho que intentes negarlo. Y eso era todo lo que necesitaba de ti. Estás aterrorizada por perder a tu hija, Gwen, y no te culpo. Y ellos la alejarán de ti, lo sabes," susurró Morgana, y en sus ojos Gwen vio el mismo encanto, en los ojos torturados de cuando Morgana seguía siendo su Lady Morgana, y se levantaba de uno de sus sueños proféticos, desesperada por hacer creer a Gwen en lo que había visto.

"Mami, ¿de qué está hablando?" exhaló Ygranna, y Gwen cerró los ojos. Por favor, no.

"¿Por qué no le cuentas la verdad, Guinevere?" preguntó Morgana, con voz suave. "Mira a ver si ella aún se aferra a ti una vez que lo sepa. ¿Estás dispuesta a tomar ese riesgo?"

"Por favor," dijo Gwen, odiando su voz rota en la palabra, "por favor, Morgana, es sólo una niña."

"Todos fuimos niños una vez, Gwen. La inocencia acaba. Deberías saberlo mejor que nadie."

¿Pero no se había prometido que sería diferente para Ygranna? ¿No se había prometido que esta niña sería amada de una forma que ninguno de ellos habían visto?

Lo que fuera que Morgana aclamaba que viera, cualquier visión que le hubiese mostrado a Guinevere, Arthur y Merlin amarían a Ygranna. Sabía que lo harían. Lo habían prometido.

"Soy su madre," dijo fieramente. "Esa es la única verdad que necesita."

Para su sorpresa, Morgana sonrió. "Si eso es lo que de verdad crees, Gwen, entonces tu elección será fácil de hacer." Paró, y Guinevere sabía lo que iba a decir antes de que soltara las palabras. "Ygranna es mi familia ahora. Ella está aquí conmigo. Pero tú eres libre de irte. Sólo…" se apagó, girando la cabeza para coger la luz del sol con su rostro, y por un momento Morgana pareció tan pura y hermosa como lo fue una vez. "No quiero romper más familias. Así que espero que te quedes aquí, con nosotras. La educaremos juntas." Paró, sus ojos buscando los de Gwen. "Ellos no te permitirán tenerla. Pero yo sí."

Gwen tragó, sus ojos cayendo en Ygranna, cuyos brazos estaba rodeando las piernas de Gwen ahora, su pelo cubriendo su rostro mientras se aferraba a su madre. En ese momento, Guinevere supo que no había hechizos afectándole. Ni manipulaciones, o encantamientos.

Y supo que Morgana estaba diciendo la verdad.

······ARTHUR·····

Arthur estaba cerca al lado de Merlin cuando entraron al castillo. Una vez dentro, Merlin permaneció parado por un momento, sus ojos cerrados.

Entonces asintió una vez y le hizo un gesto a Arthur para que le siguiera. Arthur lo hizo, alzando la espada frente a él y fijando su mandíbula. A lo que fuera que tuvieran que hacerle frente, lo vencerían. Salvarían a su familia.

Merlin estaba al filo de una gigante puerta que sólo podía dar a la sala del trono del castillo, y Arthur creyó oír voces dentro. Gwen, pensó, tratando de que la esperanza no nublara sus sentidos. Ella podría estar aún viva.

Merlin se giró hacia Arthur otra vez, y sus ojos se volvieron normales. Puso su mano en la puerta, una pregunta silenciosa. ¿Estás listo?

Arthur asintió. Merlin empujó la puerta abierta.

Irrumpiendo en la habitación, Arthur pasó los ojos por la escena inmediatamente. La sala del trono era grande, oscura y abandonada –excepto por las tres personas que se abrazaban al final.

Reconoció a Guinevere de una, con su bata blanca de noche. Ygranna estaba en sus brazos, el pelo rubio capturando rayos de la luna a través de una estrecha ventana y brillando dorado en la penumbra.

Y con ellas estaba Morgana. Su mano estaba alargada, y parecía que estaba acariciando el pelo de Ygranna.

¿Y Guinevere le dejaba?

Los ojos de Arthur se encogieron. ¿Qué estaba pasando?

Habiéndose girado ante el sonido de la puerta abierta, Morgana y Gwen miraban directamente a Arthur y Merlin con iguales miradas de shock en sus rostros. Ygranna miró, con ojos abiertos, pero no dijo una palabra. Probablemente más asustada que aliviada, Arthur notó con un golpe.

"Morgana," llamó, alzando la voz y esperando que su voz no flaqueara. "Deja a Guinevere y a la niña ir. Te prometo que si lo haces, no serás dañada."

La risa de Morgana salió alta y estridente, el sonido rebotando en las paredes. Merlin se movió inquietamente junto a Arthur, pero seguía alerta. Esperando.

"Has venido en vano, querido hermano," bramó Morgana triunfalmente. "Tu hija me pertenece ahora. Ella tendrá ahora dos madres, en lugar de dos padres."

Una aguda inhalación de Merlin fue el único sonido que siguió a la proclamación de Morgana.

"No puedes esperar honestament-" empezó Arthur, después de un momento, pero para su sorpresa, Guinevere le cortó.

"Arthur," llamó, su voz temblorosa. "Arthur, lo siento. Pero me voy a quedar con Morgana. Ella nos mantendrá a salvo, lo prometo."

La boca de Arthur se abrió de golpe. "La has hechizado," exhaló, roto, incluso aunque dudaba de sus propias palabras. "Guinevere nunca me traicionaría de esta manera."

"Traicionarte como tú lo hiciste con ella, ¿quieres decir?" dijo Morgana cruelmente, dando un paso hacia delante, como si protegiera a Gwen e Ygranna con su cuerpo. "Deberías avergonzarte de ti mismo, tratando de hacerme promesas, cuando todos sabemos que no puedes mantenerlas."

Arthur sintió a Merlin moverse junto a él otra vez, y supo cuanto debería estar alterándole –él no tenía los años de entrenamiento de Arthur, no sabía como bloquear sus emociones en la sofocante batalla. Arthur movió su mano libre y esperó que Merlin lo entendiera. Espera. No hagas movimientos precipitados.

"Guinevere sabe que me importa," dijo Arthur, mirando más allá de Morgana para buscar los ojos de Gwen –pero ella evitaba su mirada. "Ambos lo hacemos."

"Y aun así," dijo Morgana, una cruel sonrisa brillando en su boca, "estás aquí ahora, con tu amante a tu lado, listo para quitarle a su hija."

Esta vez, fue Merlin quien respondió. "No más juegos, Morgana. Gwen se viene con nosotros," dijo, su voz sorpresivamente fuerte. "Las dos lo harán."

Los ojos de Morgana se achicaron mientras volaban de Arthur a Merlin. "Ahí es donde te equivocas, Emrys," escupió. "Porque le he mostrado a Guinevere la verdad. Le he mostrado lo que de verdad está en vuestros corazones. Queréis a la niña para vosotros mismos."

"¿Qué?" chilló Merlin, y Arthur se apenó. No caigas por eso, Merlin. "Nosotros nunca-"

"Oh, pero lo haréis," dijo Morgana. "Lo he Visto. Cuando todos sepan sobre el verdadero parentesco de Ygranna, Gwen no será más necesaria. Y creo que ya sabéis todo eso, ¿no es así, Emrys? Sólo aguardando tu momento."

Arthur luchó contra la urgencia de quitar sus ojos de Morgana para ver la reacción de Merlin ante esto. No podía mostrar tal debilidad. Pero él tenía que alcanzarlo, asegurarse de que Merlin no creía nada de esto –incluso sí, desafortunadamente, Gwen lo hacía.

"Gwen, por favor," llamó Merlin después de un momento, sonando roto. "No puedes creer eso, es Morgana."

"Morgana tiene razón, Merlin," respondió Gwen, sonando descorazonadora –pero resuelta, Arthur notó con un hundido sentimiento. "por tantos años, me habéis mentido. Confié en vosotros, esperando que no me dañaríais más de lo que ya lo habíais hecho, pero…" su voz rota. "Morgana nunca me mintió. Y lo siento, pero no puedo perder a Ygranna. Es todo lo que tengo. Seguro que entenderéis que haría de todo para mantenerla a salvo."

Y mientras decía las últimas palabras, los ojos de Guinevere se encontraron con los de Arthur.

Ella asintió, una vez.

Y Arthur lo entendió.

"Merlin, ¡ahora!" gritó Arthur mientras se lanzaba hacia delante. Mientras Morgana alzaba la mano para lanzar un hechizo, Guinevere puso a Ygranna en el suelo y corrió hacia allí, empujando a Morgana y lanzándolas a ambas contra el suelo.

Por la esquina de su ojo, Arthur vio a Merlin moverse, increíblemente rápido, hacia Ygranna, y agradeció a los dioses de que Merlin lo hubiera cogido tan rápido.

En el suelo, Morgana y Gwen estaban ensanchadas en una lucha, Guinevere tratando de mantener las manos de Morgana en el suelo y evitando ser hechizada de nuevo –pero Arthur sabía que sólo tenía un par de segundos antes de que los ojos de Morgana se volvieran dorados y…

Corrió.

Merlin alcanzó a Ygranna justo antes de que Arthur alcanzara a Gwen y Morgana, y por un imposiblemente largo segundo, sus ojos se encontraron con los de Arthur.

¡Vete! Intentó decirle Arthur a Merlin con sus ojos, esperando que le entendiera.

Merlin dudó por un breve momento. Entonces sus ojos se volvieron dorados, y él e Ygranna desaparecieron.

Ese fue el momento en el que Morgana lanzó a Gwen con un grito y se lanzó contra Arthur en su lugar.

······GUINEVERE······

Ygranna está a salvo. Ygranna está a salvo. Ygranna está a salvo.

A Gwen le dolía todo, su cuerpo protestaba, pero se las arregló para levantarse del suelo con pura fuerza de voluntad, con el solo pensamiento de todo lo importante dándole la fuerza.

Había Funcionado. Morgana había bajado la guardia. Merlin se había llevado a Ygranna. Su niña estaría bien.

Se permitió sólo un momento para aterrorizarse por si misma antes de ver a Morgana avanzando hacia Arthur. Él mantenía a Excalibur frente a él pero se estaba apoyando; la mirada en los ojos de Morgana era puramente depredadora.

"Podría matarte dónde estás," siseó Morgana y los ojos de Gwen se abrieron; se esforzó para hacer sus piernas funcionar, para ponerse sobre sus pies, pero no tenía la fuerza suficiente.

"¿Por qué no lo haces?" se mofó Arthur, su voz ronca pero con total confianza. Claramente sintiendo el mismo alivio que Gwen.

Por un momento, Guinevere vio en Arthur todo lo que veía antes, todo de lo que se enamoró.

"¡Morgana!" llamó Gwen, y Morgana se giró hacia ella, con ojos entrecerrados. Gwen luchó contra la urgencia de encogerse; ella estaba en el suelo, indefensa. Pero no importaba, no más.

"Tú," desdeñó Morgana, nada sino odio en sus ojos. "Quería dártelo todo, ¡y me traicionaste! Realmente eres una Pendragon, ¿no?"

Morgana alzó la mano, sus ojos del color del oro fundido.

Los ojos de Guinevere se encontraron con los atemorizados de Arthur, y espero que él entendiera. Ella esperaba, que cuando Ygranna le preguntara, él le dijera que ella había sido valiente.

Esperaba que Ygranna no se resintiera con ella por no haber sido capaz de verla crecer.

"¡NO!" gritó Arthur, cargando hacía allí, con la espada alzada –y mientras el hechizo se formaba en los labios de Morgana, la punta de Excalibur emergía por su pecho. Y por un momento, los ojos de Morgana simplemente estuvieron abiertos, sus ojos buscando los de Gwen. Parecía sorprendida –y extrañamente aliviada.

Morgana sonrió. Gwen jadeó mientras su mente se llenaba de un terrible sonido, casi un grito… pero el sonido se desvaneció, y escuchó la voz de Morgana en su cabeza.

Un regalo final para ti, Guinevere. Así recordarás lo mucho que te amaba.

Y Morgana giró su cabeza, sus ojos aun dorados, y se enfrentó a Arthur.

Incluso mientras caía, el hechizo final de Morgana manó de ella, y Gwen casi pudo ver los rizos de la magia rodeando a un estupefacto Arthur.

Morgana cayó, y Excalibur se deslizó por su cuerpo como un cuchillo deslizándose por mantequilla. Guinevere siguió su caída con los ojos, incapaz de creer lo que estaba viendo –hasta que el fuerte repiqueteo de Excalibur golpeando el suelo la sorprendió, y miró hacia los ojos de Arthur.

Pero Arthur estaba caído en sus rodillas, su respiración dificultada.

No, pensó Guinevere, y se esforzó en levantarse, balanceándose y cayendo sin importarle mientras se precipitaba al lado de Arthur tan rápido como podía, no, no, por favor, Morgana, yo no te pedí esto, pensó desesperadamente, incluso cuando sabía que su voz ya no estaba más allí.

Alcanzó el lado de Arthur después de lo que pareció una eternidad, y agarró sus hombros, tratando de mantenerlo erguido incluso mientras él se recostaba hacía abajo. Sus ojos cerrados ahora, y ella no estaba segura siquiera de si había notado su llegada.

"Arthur," llamó Guinevere, sacudiéndole, negándose a creer lo que estaba pasando. "¡Arthur! Arthur, vuelve conmigo," llamó, "por favor, Arthur, tienes que quedarte. Por Ygranna. Por Merlin." Ella cerró los ojos, tomando un profundo suspiro, pero no podía calmarse; no sabía qué hacer. "Te necesitan. Nosotros te necesitamos," susurró, permitiendo a sus palabras alcanzarle, ayudarle a aguantar.

No sabía cuándo había comenzado a llorar, sólo que su visión estaba empañada por las lágrimas. Arthur estaba tan pesado en sus brazos, y ella estaba tan débil, ella no podía mantenerlo arriba. "Arthur," exhaló nuevamente, tratando de moverle. Pero no hubo respuesta.

Íbamos a ser una familia.

······MERLIN······

Merlin apareció con Ygranna en frente de los caballeros, asustando a los caballos. Percival y Leon corrieron a calmarlos mientras Gwaine corría inmediatamente hacia Merlin, alarma y preocupación sobre su siempre despreocupada actitud.

Merlin tomó un profundo aliento mientras mantenía a Ygranna, disfrutando del hecho de que estaba bien, de que estaba fuera del alcance de Morgana. Besó su frente, tratando de ignorar la forma en la que ella se sacudía en sus brazos, y le dijo que estaba a salvo, que los caballeros la protegerían.

Ygranna sólo se agarró a su cuello y se negaba a dejarlo ir. Merlin tuvo que forzar sus brazos para alejarla y se le rompió el corazón cuando ella dejó ir un gemido angustiado, rogándole que no la dejara. Pero ella estaba a salvo. Él tenía que ir.

Gwaine la cogió en brazos y ella lloró y le apaleó, y él le dijo a Merlin que llevara a su familia a casa, que él protegería a Ygranna con su vida.

Merlin le creyó. Así que se fue.

Había sido capaz de teletransportarse fuera de la sala del trono, claro, ya estando en la presencia de Morgana y además inafectado por los envolventes hechizos. Pero Merlin se sorprendió de que no hubo resistencia mientras alejaba el encantamiento de nuevo –estaba listo para desatar cada trozo de poder que tuviera para llegar allí, incluso si eso significaba perderse a sí mismo en el proceso, pero parecía que no tendría que hacerlo.

Se transportó de vuelta a la sala del trono, listo para enfrentarse a Morgana.

Pero el único sonido que penetraba en el silencio eran los sollozos de Gwen mientras estaba arrodillada junto al cuerpo de Arthur, que yacía inmóvil en el suelo.

Vale, y con este ya sólo quedan dos capítulos para acabar esta magnífica historia.

Quiero agradecer todos los reviews que habéis dejado en este fic, y me alegra mucho ver que está gustando tanto como me gustó a mí la primera vez que lo leí y me hizo querer traducirlo.

Gracias por leer, y disfrutad de la historia de esta fantástica escritora. Creo que subiré los capítulos que faltan durante lo que queda de semana. ;P

Un saludo ;P