Primera parte del ultimo episodio…

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"Demonios"

…Los demonios son seres despiadados. Ángeles parte del ejército de Dios hace milenios atrás. Quizás desde el principio de la creación. No les importa la especie humana. Los llamados hijos de Dios. Seres egoístas. Llenos de odio. Siempre piensan que fueron ellos los primeros en llegar. Los primeros creados por Dios. Envidian al ser humano. Por su libertad. La capacidad que tienen para hacer los que les plazca. Para luego pagar las consecuencias. Por eso los llenan de tentaciones. Porque al final los humanos debido a su falta de conocimiento son seres estupidos. Infantiles. Preocupados por lo material. Sin saber que no pertenecen a la dimensión en la que se encuentran. Que duraran años insignificantes. Años que para Dios no significan nada debido a que el tiempo no existe para este.

…Nunca se sabe cuando un demonio atacara. Nunca se sabe cuando regresaran. Buscando almas. Buscando venganza. Deseando la total destrucción de la humanidad. Así cuando los demonios invaden la tierra de los duques lo hacen sin ningún motivo específico. Nublan el cielo con sus cuerpos negros, rostros desfigurados, ojos rojizos, dientes afilados y separados dispuestos a masacrar cualquier humano que tengan en frente. No faltan sus enormes alas de murciélago. Armaduras al estilo romano. Y algunos armados con espadas y escudos de sus tiempos de ángeles. Quien diría que seres tan horripilantes fueron una vez emisarios de paz y amor. Porque la mayoría desciende de la rebelión existente en contra de Dios. Llevan entonces desde el comienzo de la humanidad reservando ese odio. Ese único rencor deseoso de venganza. Nunca vienen organizados. Solo lo hicieron una vez y ahora que su líder fue encarcelado en un lugar peor que el mismo infierno, desde entonces los demonios que atacan la tierra de los duques, representan una amenaza pero no un temor que ponga en total peligro la existencia o estilo de vida hasta el presente…

…Leonardo recupero su sentido normal. Todavía se sentía agobiado por extrañas sensaciones. Muy dentro de si mismo sabía que sus hijos corrían peligro. Eso no era todo. Le acompañaba este raro presentimiento. Como si le faltara algo por ver. Como si algo más estuviera por ocurrir. Lo sentía en el viento. Seguir una tradición cada vez que llegaba a este lugar lo obligaba a notar algunos cambios. El no sabía la manera correcta de explicarlos. Tampoco que alguna vez se hubiera tomado el tiempo en hacerlo. Lo tildarían de loco.

Incluso el brillo del sol era diferente. Tal si el ambiente estuviera dando una advertencia a su manera. Entonces vio una larga manada de pájaros volando mientras hacían peculiares ruidos. No eran cantos normales. No aparentaban estar volando con tanta prisa cotidianamente. A la distancia los aullidos de perros y otros animales domésticos. Era tanto el sonido que causaba que diferenciarlos era sencillo. De pronto Leonardo se sintió inseguro. Un escalofrió le corrió por todo el cuerpo que le puso la piel de gallina. Estaba convencido de que algo pasaría en cualquier instante. A pesar de esa constante inseguridad que sentía se mantenía en el mismo lugar. Percatándose de los cambios en los alrededores. Quería ser el primer espectador. No quería perderse nada.

Un fuerte temblor repentino hizo que por poco perdiera el balance. El temblor de tierra dejaba grietas en los muros y este parecía no tener fin. Leonardo creía saber de que se trataba todo esto. Empezó a ver figuras en el cielo. Primero contó una veintena. Luego fueron multiplicándose cada vez más a una velocidad increíble. Hasta el punto de cubrir el sol y nublar el día como si fuera un día de lluvia. La hermosura del día no duraría por mucho. Nubes negras hicieron acto de presencia tapando el sol oscureciéndolo todo. En cuestión de minutos las miles de figuras que volaban haciendo ruidos grotescos y escalofriantes se camuflageaban con las nubes. Añadiéndose mas tarde relámpagos y truenos de un volumen alto y ensordecedor. Lo suficiente para estremecer los oídos y obligar a tapárselos casi por instinto.

-Demonios…

Flechas con fuego empezaron a surcar por los aires buscando capturar a uno de los invasores. Ya estaban preparados por si algo como esto ocurría. Sin embargo era muy raro que demonios tuvieran tanto poder. Para cambiar el aspecto del día y causar tantos cambios climatológicos. Por consiguiente era fácil darse cuenta que estos no eran los demonios a los cuales los soldados de esta tierra estaban acostumbrados. Campanas empezaron a escucharse por todos lados. Así como trompetas de aviso. Gritos de gente a la distancia y miles de demonios seguían saliendo sin nadie darse cuenta. Leonardo pudo darse cuenta de la trampa. Ahí parado donde estaba sin temerle a estas criaturas (o al menos eso parecía) notaba como la visibilidad se hacia cada vez mas pobre. Sobre las casas, las murallas de la fortaleza y demás sectores de la población, especialmente el cielo; una densa neblina negra cubría todo con notable rapidez. Silenciosa y asesina las distracciones eran tantas para darse cuenta de este acontecimiento. Y aunque se dieran cuenta no existía mucho que pudieran hacer.

La neblina expedía un fuerte olor a azufre. Salía de las mismas calderas del infierno. Los temblores continuaban y fracturas en la tierra seguían apareciendo. Por estas salía la neblina que en realidad era al parecer un humo misterioso que provenía de las profundidades. Al pasar muy cerca del cuerpo se sentía un cambio en la temperatura. Como si se estuviera debajo de un sol de verano en pleno medio día. Usando sus habilidades de controlar el viento Leonardo creo un escudo para que la neblina estuviera a distancia. Era una trampa mortal. La confusión causada por el súbito ataque, la falta de visibilidad y los demonios atacando por todos lados y para colmo el calor sofocante que al entrar en conjunto con el esfuerzo realizado por el individuo en cuestión, lo cansaría mas rápido, le quitaría las habilidades de pensar claramente…lo llevaría a la desesperación. No estos no eran demonios normales. Alguien los estaba controlando. Leonardo corrió hacia adentro del castillo. O básicamente floto usando sus habilidades y creando una corriente de aire en sus pies.

Cuando se estaba acercando a la puerta por reflejos miro hacia arriba rápidamente para percatarse de una figura negra que descendía con una lanza en mano, lanzándosela con inhumana velocidad. Como en sus tiempos de juventud Leonardo dio una voltereta hacia atrás evadiendo el proyectil, pasando la escalera y cayendo en la pasto nuevamente con suavidad. Estaba desarmado. Pero los sentía muy cerca. La neblina cada vez nublándole más la visión. El esfuerzo que realizaba porque esta no lo arropara. El esfuerzo que llevaba a cabo la neblina queriendo cubrirlo. Hizo el intento de ingresar nuevamente al castillo. Pero esto solo fue un pensamiento. Porque lanzas venían de todos lados y el las esquivaba, sintiendo un demonio que se aproximaba por su espalda y tomando una de las lanzas de de color plata que se incrustaban en la tierra. Recibió al atacante con la lanza, sintiendo como esta se clavaba en su pecho y por el impulso con el cual volaba la bestia Leonardo se vio impulsado hacia atrás. Cayendo el demonio casi encima del, Leonardo sabia que bajo cualquier contexto debia evitar que esto ocurriera. La sangre de un demonio podría ser mortífera. Casi acida al entrar en contacto con la piel de un humano. De cualquier forma tuvo que soltar la lanza maldiciéndose por la mala idea de tomar una. Se había quemado sus manos.

Sonidos por todos lados. Casi lo dejaba sordo. El olor a azufre cada vez más intenso. El calor que aumentaba cada vez mas lo hacia sudar a chorros. Lo obligaba a buscar oxigeno. Respiraba agitadamente y sin darse cuenta sus movimientos eran más lentos. El escudo que había creado a su alrededor se debilitaba y la neblina parecía tener vida propia. Cada vez que hacia lo posible por desprenderse de esta, sentía como esta lo sujetaba, lo cubría cada vez mas, mientras el entre brincos y demonios, utilizaba su habilidad para que esta se alejara. Le diera cierto respiro y a la vez visibilidad. Porque ahora se basaba en el entrenamiento que le había salvado la vida de joven. El entrenamiento que jamás se olvida. Pero los años no perdonan. No obstante el no perdería la cabeza y no se dejaría vencer de esta manera tan estupida.

Su desesperación no era por no saber como escapar. Era el temor de que un demonio de estos le hiciera daño a su nieto. Era tan solo un niño que nunca había visitado estas tierras. Tremenda experiencia. Debia estar seguro de que Sebastián el niño revoltoso que tanto el criticaba estuviera bien. Era su prioridad y por consiguiente no seguiría perdiendo el tiempo con estos seres y su nueva estrategia. Leonardo junto sus puños apareciendo un aura amarilla brillante en estos luego los separo, extendiendo ambas manos hacia los lados que creo una reacción instantánea. Toda la neblina se alejo de el repentinamente por la fuerza contenida en las corrientes de aire y al mismo tiempo los demonios que lo atacaban salieron disparados fuera de control lejos de el. Incluso algunas de las lanzas clavadas en la tierra se vieron volando.

Sentía dolores a través de todo su cuerpo. Pero por unos minutos tuvo capacidad de respirar. Fue un ligero momento de descuido suficiente para que Leonardo sintiera una fuerte corriente de aire en su pecho que lo impactaba como si le hubieran propinado un brusco golpe. Lo dejo sin aire y lo lanzo hacia atrás tumbándolo al suelo boca arriba. Se quedo aturdido por unos segundos. Sentía una precensia conocida. Pero le costo trabajo creerse que este estuviera con vida. Según se levantaba y veía lo que tenia en frente de el…ahora si estaba desesperado… sencillamente no podía ser posible…

Un corpulento hombre de algunos diez pies de estatura. Con cuerpo gris, pelo blanco, rostro desfigurado. Un ojo de color rojo otro de azul. Vestía una extraña armadura ajustada a su cuerpo. Con una inmensa hacha en su mano izquierda. Su respiración era como un ronquido. Sencillamente atemorizante con rostro de asesino. Leonardo todavía no podía creérselo.

-¡Tu…!. ¡Tu no puedes estar vivo!.

El hombre bestia no estaba presente en ese lugar para tener una reunión y hablar de viejos tiempos los cuales al parecer existieron. Corrió hacia Leonardo con una rapidez fuera de lo común. Usaba su inmensa hacha como si esta no pesara nada. A Leonardo se le hacia muy difícil esquivar sus ataques. Uno le paso muy cerca de la cabeza y solo escuchaba el sonido del hacha al pasar cerca de su escudo de viento. Impacto al hombre con una corriente de aire en el abdomen. Eso hubiera sacado de carrera a cualquier otro combatiente. Pero este hombre solo se quedo parado observándolo fijamente a los ojos para luego usar el mismo truco de Leonardo casi sin que este pudiera darse cuenta. Cualquier intento de evasión no funcionaria ahora. Leonardo yacía en el suelo para luego escupir sangre por la herida interna recibida en el área de la barriga. Aun así insistía en levantarse. Pero sintió como fue envuelto en la neblina negra dejando solo su cabeza descubierta. La neblina lo acercaba flotando hacia el corpulento hombre. Leonardo podía sentir su respiración sobre su rostro. De pronto el hombre hablo con una voz infernal. Casi como un animal. La potente voz retumbaba en los oídos de Leonardo.

-¿Cómo se siente?.

Leonardo no respondió. Debia buscar una manera de escapar. En ningún momento se le ocurrió que alguien vendría a socorrerlo. Nunca se basaba en esas esperanzas. La única que se preocupaba por saber como estaba, la única que conocia sus estados de animo y a la cual lastimo centenares de veces ahora ya no estaba. Hace tiempo que Leonardo no se sentía tan inservible y sobre todo…solo…

-¡¿Cómo se siente?!. Pregunto el hombre bestia nuevamente.

-¡Te regresare al infierno maldita bestia!. Le reinposto Leonardo de manera desafiante. ¡Debí asegurarme de que estuvieras muerto!.

El rostro del hombre se vio mas enfurecido de lo normal.

-Y ¿dime…como matas a un Alotropus que tu creaste?.

-¡Maldito seas!. ¡Maldito seas tu y tu madre que debe estarse quemando en las pailas del infierno!...¡¿O acaso la trajiste contigo pedazo de mierda?!.

-He esperado mucho tiempo por este momento…padre…

-¡No soy tu padre mal nacido!...

-¡¿Cómo no pudiste salvarme prefieres negarme?!...mereces irte al lugar que me mandaste…

-Perdóname si no te doy la bendición pero no creo que te sirva de mucho…

La neblina cubrió su rostro. Sentía como el olor a azufre entraba por su nariz luego llegaba a su garganta. Lo asfixiaba. Por reflejo se retorcía. Por reflejos y por la falta de oxigeno tocia. Una tos seca. Desesperada. Perdía el conocimiento. Le pasaba la vida por la mente. Le pasaban los errores. Le pasaba su familia. Le pasaba…Sydney…lo que hubiera dado porque la historia fuera de otra manera. Por no ver a su hijo sufrir por la mujer que amaba. Podría pedir perdón…pero ya era demasiado tarde. De pronto perdió el conocimiento. Sintió su cuerpo más ligero. Perdido en un sueño donde todo era oscuro. No sentía miedo. Tampoco recordaba muchas cosas. No sufría. No sentía que engañaba. Que era tiempo de decir la verdad. Su cuerpo se quedo inerte. Sin hacer movimiento. La neblina lo desenvolvió y el cuerpo cayó al suelo. El hombre lo observo por unos segundos para luego poner su atención en el inmenso castillo. Todos los demonios se dirigieron a este. Y Leonardo fue dejado solo. Irónicamente no tenía manera de enfrentar a las dos cosas que más temía…la muerte y la soledad…

"Invasión"

Desde las tierras costeras de Ishbal hasta las misteriosas montañas de Drakovia donde la gente de esos lugares no interactuaba muy a menudo con el resto de la civilización. Desde el solitario y respetado desierto de Gerudo, hasta la región central de Caprica la metrópoli del comercio y la fundada democracia. En todos los rincones de la tierra de los duques, existía un conflicto. Uno que apareció repentinamente. Todo el cielo estaba negro. La visibilidad era casi nula. Antorchas iluminaban pobremente y para colmo empezó a llover. Una lluvia torrencial, mezclada con fuertes ráfagas de viento. Difícil mantenerse en pie. Demonios atacan desde el aire. Se alineaban en gigantescos ejércitos que rodeaban murallas y con bestias de guerra salidas del mismísimo infierno, las derrumbaban como si fueran de madera. Murallas que habían resistido tantas invasiones antes, ahora caían a merced de esta fuerza invasora.

Los soldados defensores no tenían mucho tiempo para organizarse. Con tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo. Todo esto mezclado con el miedo y la desesperación. Por lo general una invasión lograba apreciarse requería tiempo para organizarse. Sin embargo estos demonios, miles de ellos, salieron del infierno en cuestión de horas y continuaban en una ola de destrucción que nadie podría imaginarse posible. Lo único que quedaba era hacer lo posible por llevar a la población a un lugar seguro. Viejos túneles preparados hace siglos atrás. Muchos de ellos por falta de uso y mantenimiento se vieron derrumbados, con acceso imposibilitado. Ejemplo de esto fue la región de Constanza.

Mujeres, niños y ancianos no tuvieron oportunidad de escapar. Los soldados hicieron lo posible por sostener la ciudad. Hicieron lo posible por proteger a sus seres queridos que se encontraban entre los refugiados en la mayoría de los casos. Pero siendo atacados desde el aire, y rodeados por tierra de demonios que los superaban en número, fuerza y organización no se necesitaba ser un adivino para que se supiera cual seria su destino. En cuestión de horas la ciudad de Constanza, conocida como la ciudad del conocimiento donde residían las universidades manjares de la filosofía estaba en llamas. Edificios con siglos de antigüedad derrumbados. Bibliotecas con valiosos libros y documentos que narraban la historia de la humanidad entre otras cosas, ahora conseguían una ultima morada entre el fuego reduciéndose a cenizas. La muerte se podía ver en cada rincón. La sangre inundaba las aceras, y el suelo de piedra y adoquines. Caballos corrían como salvajes incluyendo otros animales domésticos. Ni siquiera ellos se salvaban. Porque los demonios los devoraban vivos como llegaron a hacer con algunos humanos. Todo por el placer de verlos sufrir. Los gritos de guerra, de agonía, los llantos desesperados, voces que clamaban continuar la lucha, otras la retirada se fueron extinguiendo. Al final solo quedaban los crujidos salvajes de los demonios y sus bestias voladoras y las gigantes que derrumbaron las murallas de Constanza con facilidad. El fuego en la ciudad de Constanza era lo único notable a millas de distancia. El humo se mezclaba con la oscuridad anormal del día convertido en noche.

Los muelles de Ishbal consumiéndose por el fuego. En medio del combate, trabajadores hacían lo posible por apagar los incendios. Pero las bestias voladoras de los demonios los iniciaban nuevamente. Centenares de barcos militares se enfrentaron a la fuerza invasora en alta mar. Los esfuerzos sin embargo demostraron ser infructuosos. A pesar de su valentía no existía mucho que pudieran hacer. Hombres se lanzaban al agua, la cual misteriosamente se torno en un agresivo océano con enormes olas que no dejaban que un hombre se mantuviera a flote por mucho tiempo, por más experto nadador que fuera. Las murallas de Ishbal resistieron con valentía. Igualmente sus guerreros. El orgulloso rey de Ishbal un veterano de guerras y de que su ciudad fuera rodeada por un ejército que triplicara el suyo se negaba a abandonar la ciudad. Mucho menos a rendirse. Con esa misma necedad no buscaba la manera de evacuar la ciudad y salvar con esto a los civiles. El rey de Ishbal los obligaba a luchar. Los motivaba poniéndose en la línea del peligro. Luchando contra los demonios junto a sus soldados. La población en vez de verse atemorizada lo acompañaba con gritos de aprobación ofreciendo sus vidas por su ciudad. Por su derecho a vivir. Una vez expulsaron a los demonios de sus tierras. Estaban seguros de que con la ayuda de Dios lo podrían hacer de nuevo. Pero la ayuda no parecía venir en ningún momento…

Mientras la ciudad costera de Ishbal resistía valientemente y Constanza ya se veía reducida básicamente a cenizas, el inmenso ejército endemoniado se movilizaba rápidamente con la misma fortaleza. Ahora ponían sus ojos en las regiones montañosas divididas en dos partes. Al noroeste la peligrosa montaña con un volcán inactivo por siglos. Era esta la vivienda de los Goron. Hombres con cuerpos constituidos en piedra (literalmente hablando), quienes vivían en paz con el resto de la civilización y se relacionaban para intercambios comerciales únicamente. De nacimiento crecían como humanos comunes de piel oscura en su mayoría. Con el paso de los años sus cuerpos empezaban a transformarse gradualmente hasta el estado de verse como si fueran de piedra. Teniendo una piel resistente a casi cualquier cosa, incluso a las temperaturas mas altas. Cuenta la leyenda que fueron los Goron quienes detuvieron la furia del volcán y la bestia que residía en su interior. Por eso desde tiempos inmemorables han hecho de esta región su hogar, combinándolo con ritos místicos y muchas tradiciones desconocidas por el resto del mundo.

Hasta allí llegaron las gigantescas bestias voladoras quienes llevaban a demonios como jinetes. Eran miles. Lanzando fuego contra los Goron. Agarrándolos con sus enormes garras tirándolos contra desfiladeros o hacia el vacío. Lo menos que hacían sin embargo era hacerles algún daño significativo a estos hombres y mujeres de colosales cuerpos de piedra. En cuanto se organizaron le dieron la pelea a los demonios que venían armados con espadas las cuales se partían al chocar con la piel de piedra de los Goron. La colosal fortaleza de los Goron los ayudaba a agarrar a esas bestias molestosas de por si con aspecto de dragón y sin embargo mucho mas repugnantes, para golpearlas fuertemente hasta asesinarlas o dejarlas incapacitadas para el combate. Ráfagas de demonios seguían en continuo ataque, pero los Goron defendían su hogar de una manera increíble. Demonios salían expulsados al vacío o sencillamente los usaban como proyectiles contra los que se acercaban volando. Se dice que los Goron no le temen a nada…excepto a una cosa…

Un repentino y fuerte temblor capto la atención de los Goron. Miraron hacia arriba y vieron humo mezclado con magma salir del volcán. Eso no había ocurrido hace mucho tiempo y ellos que vivían como quien dice dentro del volcán, sabían que este no reaccionaria de esta manera al menos que…

Lava y rocas salieron expulsados por el volcán cayendo donde estaban los Goron, obligándolos a ocultarse sin preocuparse mucho por tales reacciones. El último niño del clan heredero del líder conocido como Aragón, había sido puesto a salvo hasta que estuviera listo cuando todavía era un infante. Pero si la magma que salía del volcán alcanzaba las aldeas aledañas a la montaña y el caudaloso río Julver una de las fuentes principales de agua potable seria una catástrofe de inmensidad incalculable.

Era notable la presencia de Aragón. Su corpulento cuerpo y estatura superaba a la de los demás que lo acompañaban. Tuvo tiempo de mirar para todos lados. Ningún miembro de su clan parecía estar herido. Tampoco cansado. Parecían listos para el combate que comenzó de pronto. Se notaban ansiosos. Cansados de tanto tiempo de paz. Aragón noto también que el clan pudo darse cuenta de la trampa. Estos demonios solo requerían tiempo y fueron usados como distracción. El verdadero enemigo se despertaba.

De pronto se escucho un crujido que estremeció la montaña completa. Seguido de un fuerte temblor que ocasionaba derrumbes por todos lados. Más tarde otra fuerte erupción mayor que las anteriores. Se deslumbraba una enorme figura de lava que emergía del volcán. Se puso en el tope del volcán, midiendo más de cien pies de altura. Continuaba el volcán en completa erupción mientras esta gigante criatura se confundía entre la lava que emergía del mismo. Pero sus fulminantes ojos amarillos eran inconfundibles. Miro a todos los Goron por debajo de el y pareció reconocerlos inmediatamente. Especialmente a quien sobresalía en apariencia y tamaño. El Goron conocido como Aragón le traía recuerdos a esta criatura de escasa inteligencia, la cual desconocía por completo cuando tiempo había permanecido en su hibernación forzada. Acordándose solo de algo. Quien había provocado la misma.

-Albatross…

Fueron las únicas palabras que logro susurrar Aragón. Albatross como era conocido por los Goron y el nombre de el monstruo de lava legendario había despertado. Nadie podía descifrarlo todavía. Siendo esa la menor preocupación en esos momentos. Mientras Albatross empezó a usar su poder sobre la lava emergente del fuego contra los Goron estos usaron su habilidad de desplazarse con rapidez sobre la tierra convirtiéndose en grandes piedras redondas que empezaron a rodar subiendo hacia el tope de la montaña para enfrentarse a la criatura. Pero su ascenso se vio detenido por la fuerza de la lava de Albatross. También la criatura los tomaba de la tierra encerrándolos entre sus gigantescas manos desintegrándolos al no poder resistir la temperatura de Albatross. A Aragón solo le quedaba escuchar los gritos y ver como miembros de su clan iban desapareciendo. De cualquier forma sabia que estos los seguirían hasta el final y la furia de Albatross no podía quedarse impune. Destruiría todo a su paso como lo hizo una vez hace mucho tiempo. Si el tan solo tuviera el conocimiento o el secreto para detener a esta criatura. Por ahora los pocos que quedaban del clan Goron siguieron la nueva estrategia improvisada de su líder. Sabían de por si que lo mas seguro tendrían que sacrificar sus vidas. Este combate hasta la muerte con Albatross podría llevar la raza Goron al exterminio…

Conservando la distancia los demonios en sus bestias voladoras observaban con rostros inexpresivos. Más bien furiosos. La destrucción de los Goron y la monstruosidad de Albatros parecían satisfacerlos grandemente. Un personaje peculiar estaba al frente del ejército volador. Era una mujer. Vestida de negro. Cubriendo su rostro con una túnica roja. Era de piel blanca. Sus manos tocaron con macabra ternura a la bestia voladora que correspondió el cariño mostrado con un débil crujido. Los ojos marrones de la mujer mostraron una rabia desmerecida hacia un punto distante el cual dentro de si estaba muy ansiosa por alcanzar. Drakovia…

Al noreste se encuentras las peligrosas y frías montañas de Drakovia. Intentar escalarlas es una empresa casi suicida. La gente de Drakovia aparte de ser muy orgullosa no acepta muchas visitas así que por lo general atacaban primero, hacían preguntas después. Sin embargo a pesar de la altura en la que se encontraban y el difícil acceso a su amurallada ciudad, el palacio de Vilgraden diseñado por el controversial duque de Drakovia se vio atacado por el endemoniado ejercito. La neblina también llego a este lugar, así también como el calor sofocante a lo que los Drakovianos no estaban acostumbrados. Hogar de los jinetes de dragones, los soldados de Drakovia compartían una legendaria conexión con estos. Lanzando sus llamaradas de fuego que chocaban contra las murallas como proyectiles de cañones, millares de demonios vinieron desde el aire no perdonando ninguna vida humana. Los habitantes se defendieron valientemente. El grupo de jinetes en sus dragones hicieron lo propio. Utilizando sus habilidades mágicas dotadas gracias a los dragones se enfrentaron al enorme ejército invasor, Casi sin visibilidad posible. No obstante eran demasiados y uno a uno los jinetes símbolos de fortaleza, orgullo y honor de Drakovia…iban pereciendo.

No pasaría mucho tiempo para que el palacio de Vilgraden quedara expuesto. La población reinada por el caos y la desesperación finalmente los arropara. El pueblo no tenia a muchos lugares donde esconderse. Quizás porque no era costumbre de ellos escapar del enemigo. Mientras las pocas aldeas, las cosechas y demás sectores del pueblo ardían en llamas o en ruinas, el palacio lucia imponente. Con todos sus defensores aglomerados para una ultima defensa contra el imponente enemigo. Las puertas del palacio se abrieron rápidamente para los refugiados. Sin embargo volvieron a cerrarse poco tiempo después para evitar la entrada de los demonios.

Con casi todos los jinetes derribados los pocos que quedaban se vieron obligados a defender el palacio aunque dentro de si mismos no veían la razón lógica para hacerlo. Si en sus entrenamientos le hubieran enseñado a pensar por si mismos y no a seguir ordenes como siempre de seguro habrían optado por la rendición. Pero el solo pensamiento era uno inconcebible. ¿Cómo los legendarios guerreros de Drakovia se rendirían frente a los demonios?. Drakovia nunca se rendía frente al combate. Primero muertos. Esas mismas palabras eran las de Diomedes.

Vestido con su ligera armadura plateada, les rendía palabras de apoyo y guerra a los defensores del palacio. Sus rostros se veían asustados. Frustrados. Todavía con capacidad de aguantar las espadas en sus manos. No eran muchos. Quizás menos de trescientos hombres y algunos diez jinetes con sus dragones. Diomedes era el líder de estos. Algunos con heridas leves de combate. Otros con sangre de amigos o ellos mismos visible por su armadura y vestimenta de tonalidad oscura.

Diomedes no era la excepción. Su dragón llamado Char fue herido y por la conexión que ambos compartían podía sentir el dolor de este. Diomedes recibió una lanza en su hombro derecho que gracias a la ayuda de un poco de magia pudo curarse levemente. Sin embargo no podía levantar el brazo como antes y cada vez que lo alzaba a medias para defenderse el dolor era uno casi insoportable. Pero los tiempos ameritaban estos sacrificios.

Su sobrino ya crecido Francis apareció de pronto. Tenía el rostro de lunático de siempre. Cualquiera que no lo conociera se daría cuenta a la distancia que le faltaba un tornillo. Con una armadura parecida a la de su tío, Francis se reía solo. Casi a carcajadas. Le encantaban las guerras. Le encantaba la sangre. Por mas morboso que esto sonara. Aunque toda Drakovia estuviera perdiendo. Aunque la familia de tantas generaciones se viera exterminada. Para el todo esto era increíble. Un sueño hecho realidad. Quizás fue la primera vez que Diomedes se dio cuenta de algo que ya sabia de antemano. El animo de este muchacho era un detalle que el deseaba que todos sus soldados tuvieran. Pero también deseaba que fuera más realistico. No perdiera la mente obligándolo a realizar estupideces. ¿Y porque Diomedes debia ser mas realistico?. Su familia, incluyéndose sus dos hijos y el tercero que venia en camino, sus hermanos, su adorada esposa estaban dentro del palacio. Dispuestos a defenderlo. Su abuela Leonor. La persona de mayor edad dentro de descendencia completa de los Henríquez. Ella de seguro tendría una respuesta para todo lo que estaba ocurriendo. Porque en otras ocasiones lo había hecho. Fueron muchas las batallas que terminaron con la victoria por los drakovianos gracias a Leonor.

En la armadura de Francis se notaban varias marcas de espadas que pasaron muy cerca y hasta lanzas. Era un completo asesino. Sin embargo parte de su rostro se veía quemado. Se acerco demasiado a la sangre de los demonios o quizás alguna otra estupidez realizada por este. Diomedes tuvo que aguantarlo para llevarlo aparte y decirle:

-Escúchame bien…no pelearas con nosotros.

-¡¿De que hablas tío?!. Pregunto Francis gritando. ¡Soy tu mejor guerrero!. ¡El mejor con la espada!. ¡El mejor jinete de dragones!.

-El mejor jinete de dragones murió hace algunas horas. Y si podrás ser mi mejor guerrero. Pero se te olvida que también eres el más estupido.

Francis se vio ofendido por esas palabras. Hasta el punto de querer pelear con su propio tío. Saco su espada pero Diomedes lo detuvo con un fuerte y rápido golpe en el rostro que lo tumbo al suelo. Uno que todavía nadie le había logrado propinarle. Quizás el tío lo conocia mejor que nadie, puesto a que el mismo lo había entrenado.

-Escúchame bien…toda nuestra familia, toda nuestra vida, toda nuestra historia y herencia esta en ese palacio. Yo no puedo estar en dos lugares a la vez y si yo fracaso quiero que estés al frente y defiendas hasta el final. Ya envíe emisarios pidiendo ayuda. (Mira al oscuro cielo lleno de combatientes y flechas envueltas en fuego) Ya era hora de que regresaran. (Levanta a Francis) Así que has lo que te pido es una orden…

Francis se levanto por primera vez serio. Posiblemente su demencia la usaba para no aceptar la realidad. Por primera vez sin embargo su tío se la hizo recordar. Las cosas debían estar muy malas para que Drakovia la civilización con eterna enemistad hacia los otros decidiera pedir ayuda. ¿Quién se la ofrecería?. Sin en muchas otras ocasiones se le pidió ayuda a los jinetes de Drakovia y solo se movían o combatían por dinero. Grandes y exorbitantes sumas de dinero.

Guardo su espada. Se llevo su puño al corazón he hizo una leve reverencia. Le dio una última mirada a su tío. Para luego dar la espalda y dirigirse de nuevo hacia el palacio. El inmenso dragón de tonalidad roja Char se acerco a Diomedes. Le advirtió sobre la presencia de las bestias voladoras y una presencia que había sentido antes pero no con ese tipo de energía tan poderosa y maligna. Diomedes no le preocupo mucho lo segundo. Así se monto en su dragón seguido por los demás jinetes. Dejo asignado los puestos para los soldados defensores de las puertas principales del castillo. Pensó en sus hijos y esposa. Por vez primera pensó en toda su familia. Incluso en el molestoso de su tío Leonardo a quien esperaba ver en la reunión familiar. Pensó en sus primos. Los gemelos, Raiza y Sandy. Todos eran importantes para el ahora. Cosa que nunca fue capaz de decirles. Más bien resultaba más sencillo hacerles la vida imposible. Con un nudo en su garganta, con la mano temblorosa que empuñaba su espada. Con una sensación en su pecho de que seria la última vez que vería todo esto…Diomedes se elevo al cielo. A una velocidad increíble. Utilizando la visibilidad de su dragón quien tampoco podía ver mucho. Así los segundos se volvieron horas interminables. Mientras el y sus jinetes realizaban la ultima ofensiva. Contra un ejército increíble y totalmente inesperado. Que no les dio tiempo a prepararse. Las primeras llamaradas de fuego. Las primeras flechas que apenas logro esquivar y escuchaba como estas rompían el aire cuando pasaban muy cerca de este. Los primeros demonios voladores a quien derrumbo con sus habilidades y conocimientos mágicos. Y entre tanta neblina por fin pudo verlos…

Su corazón le dio un vuelco y el junto a sus diez jinetes se detuvieron. Fue lo único que se les ocurrió ante la sorpresa. Nunca habían visto algo parecido. Posiblemente lo habían imaginado en la peor de sus pesadillas. Pero nunca llegado a la conclusión de que lo verían hecho realidad. Hasta donde se perdía la vista, millares de bestias voladoras. Cada una con su jinete y demonios listos para el combate, igualmente detenidos frente a los pocos adversarios. Los sonidos que causaban eran ensordecedores. Era tanta la maldad que Diomedes podía percibir que hasta nublaba su mente de pensamientos malignos. De lo que le harían a su pueblo y al resto de la civilización perteneciente a estas tierras. Millones de lanzas salieron a su encuentro instantáneamente.

Le toco reaccionar rápidamente utilizando toda la magia disponible en si mismo para desviar las que lo impactarían directamente. Envió rápidas órdenes a los jinetes. Advirtiéndoles que se mantuvieran juntos. Que separados serian un blanco fácil. Pero la lluvia de lanzas ponía nervioso a cualquiera y antes de que estos pudieran escucharlo cada uno tomo por su lado. Diomedes intento alcanzarlos mentalmente para comunicarles sus órdenes. No obstante el tenia otras cosas por las cuales preocuparse también.

Entre maniobras evasivas y una valiente resistencia al enemigo, la realidad vista desde el principio es que eran demasiados. De ninguna forma los jinetes de Drakovia serian capaces de montar una ofensiva ante tal situación. Así que Diomedes y sus jinetes solo se motivaban a resistir hasta más no poder. Hasta el último suspiro. Sentía la adrenalina correr por todo su cuerpo. La conexión y la energía brindada por su dragón. ¿Cuánto tiempo esta duraría?. Lo suficiente suponía…¿lo suficiente para que?. La población refugiada se encontraba en el palacio y en otros rincones de Drakovia esperando la gloriosa señal de victoria sobre el enemigo. La ola de bestias y demonios retaba los sentidos de Diomedes. Pasaron apenas minutos para que los primeros tres jinetes fueran eliminados y este no pudiera sentir su energía mas. Luego los demás fueron pereciendo como un efecto domino. Valientemente cabe decir. Su energía sin embargo pudo ser utilizada en otra forma. No desperdiciada de esta manera. Entre las nubes y sobre estas Diomedes pudo sentirse rodeado. Abruptamente solo. Su dragón Char busco un espacio abierto en el aire. Evadiendo a las bestias voladoras que hacían lo posible por derribarlo, morderlo y hasta le lanzaban llamaradas de fuego que rozaron a jinete y dragón ya en incontables ocasiones.

Realizaba Diomedes algo que nunca pensó posible en su vida. El intento de huir. ¿A dónde?. No sabía. Muchas ideas inútiles pasaban por su mente. Ninguna con algo preciso. Alguna estrategia definida de a donde debia dirigirse. Todavía se resistía a la idea de pensar que Drakovia caería. Los emisarios que fueron en busca de una desesperada ayuda no llegaban con ninguna respuesta. Seguramente fueron interceptados a medio camino. A quien engañaba. De seguro nadie desearía brindarles una mano de ayuda. Desde hace mucho tiempo tenían muchos enemigos. ¿O será la propia paranoia de los años, las viejas tradiciones o las creencias de superioridad lo que los hacia creer que existían enemigos en todos lados?. Era extraño que le diera con pensar en cosas como esas ahora. Más extraño que entre todas las cosas que ocurrían a su alrededor, la desesperación que lo acompañaba mezclado con la completa indesición y un sentimiento de soledad increíble, pensamientos del pasado aparecieran en su mente. Pensamientos de si las desiciones que habían tomado eran las correctas. ¿Por qué pensaba en estas cosas?. ¿Por qué no podía sacárselo de su mente?. ¿Acaso era su manera de arrepentirse de sus acciones?.

Dicen que un hombre siempre le teme a algo. Dicen que un hombre gana su inspiración al ver un acontecimiento o un ser que cambia su vida. Nunca luchamos sin un propósito. No luchamos sin un motivo. Todo hombre tiene guardado dentro de si mismo lo mas anhelado. Lo que le da a su vida un completo significado. Puede ser una venganza. Quizás las ansias de riqueza material exorbitantes. O seguramente la mirada de la persona amada. Una mirada de la cual ningún hombre que la encuentra logra escapar fácilmente. Dejar de mirar es un martirio. No tenerla por mucho tiempo es un suplicio. El fruto de ese amor significado de hijos. Una familia le brinda paz a un hombre. No todos pueden entenderlo. Esa tranquilidad que existe nadie más puede brindarla. ¿Así que porque correr?. Diomedes solo pensaba en su familia. En los ojos marrones, expresivos, hipnotizadores de su esposa. La amo desde la primera vez que la vio a la distancia. Desde la primera vez que sus miradas chocaron posiblemente por accidente o por cosas del destino. La mirada de sus dos hijos pequeños. Inocente sin problemas. Ningún tipo de preocupación que no fuera la de jugar todo el tiempo. Tanto les faltaba por aprender. ¿Qué pensarían del mundo cuando se dieran cuenta lo difícil que era vivir en el?. ¿Así que para que correr?. Si lo más adorado podría perderse de cualquier manera. Por vez primera Diomedes el líder de los jinetes de Drakovia no sabia que hacer. Su dragón sentía su confusión y quiso ofrecerle opciones a su jinete. Servirle era su misión y morir a su lado el destino más probable bajo tales circunstancias.

Rodeado de las bestias voladoras y llevando sus habilidades al máximo no paso mucho tiempo para que Char fuera impactado directamente en varias ocasiones por esferas de energía de color púrpura, las cuales aparecieron como quien dice repentinamente.

Diomedes pudo sentir el intenso dolor que padecía Char. Se soltó de las riendas de su dragón y se mantuvo agarrado por los cinturones de las piernas. Char hacia maniobras fuera de control mientras Diomedes no sintiéndose bien parecía no estar acostumbrado a tales movimientos, luchando por no perder el conocimiento. Char se recobro después de unos segundos con gran esfuerzo. Sin embargo las bestias voladoras estaban sobre el en ocasiones alcanzándolo y mordiendo su cuello y otras partes del cuerpo. Lanzas se clavaron por secciones de su cuerpo debilitándolo aun más. Dio la batalla sin sentido hasta que una de sus alas recibió una llamarada de fuego que inutilizo completamente la misma. Ahora si jinete y dragón caían al vacío sin ofrecerle ningún tipo de resistencia a la gravedad.

El sufrimiento de Char era más allá de lo insoportable. Todavía sin embargo le quedaba cierta lucha deseando proteger a su jinete a como diera lugar. Las agresiones sin embargo eran constantes y Diomedes debido a la conexión mente, espíritu sostenida con su dragón no pudo resistir más y quedo inconciente. Perdió toda noción del tiempo. Todo sentimiento de extremo miedo. Sus piernas se soltaron con suavidad mientras Char ya no podía hacer nada más. Su muerte era segura. Su destino estaba sellado. Diomedes se desprendió flotando libremente. Adquiriendo velocidad. Por debajo de ellos la ciudad de Drakovia siendo destruida. Sin ninguna esperanza de salvación. Las últimas esperanzas acabadas.

Char llego a tierra estrepitosamente. Termino estrellándose contra uno de los peñascos muy cerca de la cima de la red de montañas que formaba Drakovia. Levanto gran cantidad de polvo y luego siguió rodando por algunos segundos hasta que encontró terreno ligeramente estable. Diomedes irónicamente fue sostenido por dos demonios. Inconciente como estaba los demonios lo llevaron frente a la mujer quien parecía ser la líder de todos ellos. Sus ojos marrones se posaron sobre el decaído he indefenso Diomedes. Las manos le temblaron y la furia que emanaba de la mirada decía más que las palabras. A los demonios solo les faltaba la orden. Interpretaron el silencio de la mujer a su conveniencia y cuando estuvieron a punto de ejecutar a Diomedes esta los detuvo.

-Lo quiero vivo. Exclamo su femenina pero autoritaria voz. Al igual que a todos los Henríquez. Los quiero vivos. Háganlos sufrir lo suficiente para que deseen estar muertos. Pero no los maten. Terminemos lo que empezamos…

De esta manera el inmenso grupo de demonios y bestias voladoras liderado por esta mujer, descendieron a toda velocidad a lo que ella deseaba conquistar mas que nada. El palacio de Vilgraden. Allí tendría un encuentro que ella había esperado mucho tiempo…

"Puertas"

…Los soldados Drakovianos defendían lo imposible. Encuartelados dentro del palacio de Vilgraden escuchaban como las inmensas puertas eran golpeadas por los invasores. Se alumbraban con antorchas. Sudaban a chorros. Por los mismos nervios. También debido a la extraña ola de calor que invadía toda Drakovia. La mayoría fueron heridos de alguna forma. Pero eran capaces de mantener la pelea. Al frente de esta pequeña resistencia que no superaba los trescientos hombres estaba Francis. Estaba ansioso, sonriente, con cara de demente. Todavía imaginándose que esta seria una gloriosa victoria para Drakovia. Una que pasaría a los libros de historia y seria recordada por las generaciones venideras. Finalmente las puertas colapsaron. Una nube negra penetro de pronto cegando he intoxicando a todos. Entre la confusión los soldados gritaban. La llama de sus antorchas se vio apagada. En la oscuridad se escuchaban los gritos de agonía. Los demonios atacaban ocultos bajo la neblina viéndose solo sus siluetas, quizás demasiado tarde para querer hacer algo. Francis vociferaba órdenes sin sentido. Lanzaba espadazos al aire sin obtener reacción. Tocia casi sin aire. Perdía sus fuerzas cada vez más. Hasta que recibió un fuerte golpe en el rostro, combinado con uno en el estomago. Una extraña fuerza inutilizo todo su cuerpo y siguió recibiendo golpes mas bien por el abuso de verlo indefenso. Con el rostro lleno de hematomas y expulsando sangre por su nariz y boca, Francis todavía gritaba de ira no dispuesto a humillarse frente a los invasores. Sus soldados fueron asesinados rápidamente. El sin embargo tendría un destino diferente.

Casi inconciente Francis guardo silencio. No tenia ni fuerzas para hablar. De esta manera la neblina se disipo lentamente y este tirado en el suelo como estaba, tuvo la oportunidad de observar lentamente los alrededores. Era un panorama desolador. La masacre había sido sin piedad. Ninguno de sus hombres, todos conocidos por el como excelentes soldados había sobrevivido. ¿Por qué insistían en torturarlo de esta manera?. ¿Por qué el no tuvo la misma suerte de los demás?. Pudo observar a los demonios preparados para terminar con su vida. Sin embargo no lo hacían. Todos miraron hacia la puerta. Donde Francis pudo conseguir su respuesta.

Una figura caminaba lentamente. Una mujer con una túnica roja de baja estatura. Francis sintió una rara sensación. Lo consumió el miedo. Todavía sin embargo no podía creérselo. Hasta que no la tuvo de frente y vio sus ojos nuevamente. Hasta que los gritos de esta no regresaron a su memoria y sus suplicas eran una tortura que la conciencia le brindaba cada vez que tenia oportunidad. No fue hasta que se quedo perdido en su mirada y la vio sonreír que acepto a quien tenia enfrente. Entro por la misma puerta que lo hizo hace mucho tiempo. Con similar majestuosidad. Pero no con el mismo rechazo. Quizás por vergüenza o porque no se le ocurría otra cosa, Francis bajo la cabeza. Dejo de mirar. Entre todo el dolor que sentía, los recuerdos, la conciencia eran los mas fuertes. Los que casi no podía soportar. No obstante no podía hacer nada para quitárselos de adentro de si mismo. Sintió los pasos. La sintió cada vez mas cerca. Y de pronto escucho su voz.

-Hola mi amor…

El mismo saludo que recibía cada vez que regresaba de algún largo viaje o había durado mucho tiempo sin verla. Igual era la voz. Inconfundible. No se atrevió a mirarla. La mujer se le paro enfrente observándolo tirado he indefenso. Como una vez ella estuvo. Todavía recordaba muy bien. Ella suplicando y el de manera imponente con el consentimiento del resto de su familia…sellaron su destino y también la de la vida que llevaba en su vientre.

-Te extrañe muchísimo durante todo este tiempo que estuve sin verte…(con una voz cariñosa tan fingida que superaba lo cínico) No sabes cuanta falta me hiciste…

-¡Cállate!. Grito Francis de pronto notándose atormentado.

La mujer empezó a reírse. De una manera tan cruel. Casi inhumana. Cualquiera diría que disfrutaba esto sobremanera. Se arrodillo frente a Francis. Quiso tocarle el rostro. El se resistió al principio. Pero en la condiciones que estaba físicamente, sacrificio le costo gritar de la manera en que lo hizo. Se vio obligado a mirarla a los ojos. Notando todo su odio.

-No entiendo porque te duele tanto volver a verme Francis. Te veías muy feliz cuando llego mi final. No se te notaba ni una sombra de piedad. Misericordia…ni tan siquiera un poco de cargo de conciencia.

-No sabes por lo que pase. Exclamo Francis casi susurrando y con la voz quebrantada.

-Te equivocas tesoro. Tú eres el que no sabes por lo que yo pase. Pero no te preocupes…te haré recordarlo de una manera simple. Dolorosa de por si…pero simple.

-Tus problemas son conmigo…si has realizado todo esto…aquí me tienes…completamente a tu merced.

La mujer se puso de pie nuevamente y camino despacio alrededor de Francis. Observaba las maravillas interiores del palacio. Las gigantescas columnas de piedra color gris. Los vitrales y antiguos cuadros de algún miembro de la familia. Era cierto que quería destruirlo todo. Podía sentir a los demás Henríquez escondiéndose en algún rincón.

-No seria suficiente contigo. Más gente debe pagar. Especialmente los que me trajeron a esta maldita familia…no tu no eres nadie… sin tu maldita familia. ¿Dónde están?. ¿Por qué no han aparecido a criticar o ha brindar sus indiscutibles opiniones?. ¿No me digas que tienen miedo?.

-¡Ningún Henríquez le teme a tus demonios!...¡Ningún Henríquez le puede tener miedo a una persona tan insignificante como tu!...¡Ya veras…veras como te venceremos…pasaremos a la historia...como debe ser…la gloria Drakoviana…!...

Las palabras sin sentido de Francis se vieron detenidas abruptamente. Rodeado completamente por la densa neblina se vio obligado por esta a ponerse de pie. Luego le sujeto la cabeza combinada con el rostro. De una manera propicia para que este quedara mirando de nuevo a la mujer. Esta se le acerco nuevamente con la misma sonrisa malévola de antes. Le beso la frente con ternura. De la misma manera que lo hacia cada vez que el se retiraba a algún largo viaje o dejaría de verlo durante todo el día.

-Siempre hablaste demasiado amor mío. Cuando en realidad nunca pudiste sobreponerte a la muerte de tu padre. Tanto abuso. Tanta actitud de fortaleza. Solo era para ocultar lo que realmente ocultaba tu corazón…o se te olvida que fui la única que te vio llorar en las noches. La única que sabe el pequeño niño que reside en tu interior. Dame la oportunidad de cumplir la promesa que te hice una vez ¿puedes recordar?. Te prometí que mas nunca sufrirías mientras estuvieras a mi lado. Es tiempo de que cumpla mi promesa.

Le acaricio el rostro con ambas manos. Se acerco despacio y ternura a los labios de Francis. Esta ya no oponía resistencia. Mucho menos hablaba. Parecía como hipnotizado. Nunca quizás podría resistirse a esta mujer. Solo pudo pronunciar algo antes de que esta lo besara.

-Alba…

Se infundieron en un apasionado beso. En el cual la mujer lucia estar muy envuelta. Pero Francis parecía estar en sufrimiento. Sus ojos se volvieron completamente negros. Algo raro salía de la boca de la mujer entrando por la boca de Francis. El joven ya no tenía control de su cuerpo. Mucho menos de su alma. Ahora estaba a merced de lo que le dijera esta mujer. Dentro de si mismo las palabras que circulaban una y otra vez:

-Así comienza la igual equivalencia…tu unión conmigo comienza con una marca…

Una cruz invertida rodeada por una estrella apareció en la frente de Francis. Este grito de dolor pues le dibujaba una marca humeante que le quemaba la piel.

-Considérate maldito hijo de Dios.

La mujer se separo de Francis. La niebla dejo de rodearlo. Su rostro se veía inexpresivo. Guardando gran resemblanza con la de los demonios presentes en este momento. La cruz invertida humeante en su frente. La mujer volvió a acariciarlo.

-Dime amor mío…¿Dónde se esconde el resto de tu familia?.

"La cima"

Las escaleras no tenían final. Las había subido centenares de veces y recordaba que de pequeña odiaba este largo ascenso. Generalmente sin embargo cuando le tocaba subir a encontrarse con su dragón, el ascenso nunca le llego a pesar. Hasta ahora. Estas escaleras en espiral con poca luz, alumbrados por lámparas en su mayoría apagadas solo aumentaba su ansiedad. No era el tipo de persona con miedo a la oscuridad. Pero los recientes eventos que presencio atemorizaban a cualquiera. En varias ocasiones estuvo a punto de tropezar. Seguía sin embargo el paso acelerado de su madre. La hacia sentir que todo dependía de ella. Claro en su mente ver a Drakovia completamente perdida no cabía en su imaginación. No obstante ver a su madre completamente asustada no era algo a lo que tampoco ella se sintiera acostumbrada.

Con sus quince años recientemente cumplidos Kryzia se preparaba para un largo viaje en su dragón. Quizás la mas importante misión de su vida. Mientras su tío Diomedes peleaba por Drakovia, ella ni se imaginaba la magnitud del ejército que invadía la ciudad. Por alguna razón sentía que su madre le decía menos de lo debido. Ella vestida con su ligera armadura de piel blanca, ojos verdes y atlética figura. Sudaba a chorros mientras cargaba a uno de sus primos el hijo mayor de tres años de Diomedes quien llevaba su mismo nombre. Su madre Niurka le repetía lo mismo una y otra vez. Ella misma cargaba a la hija menor de su hermano Diomedes quien no dejaba de llorar y pedir a su madre. Su nombre era Estefanía.

-Tus hermanos te esperan en la cima. Le decía Niurka mientras corrían. Ambos partirán lejos de aquí y haré lo posible por cubrir su retirada. Escúchame bien no te detengas por nada. Consigue un lugar seguro…intenta llegar a las cercanías de Gerudo sin adentrarte en el desierto o la pasaras mal. Te perderás instantáneamente. El desierto no aprecia a los intrusos. Menos a los Drakovianos.

-Hablas del desierto como si tuviera vida madre.

-No sabes nada y sin embargo te mando a hacer tanto…no me interrumpas. Es importante que sepas lo que vas hacer. Volaras bajo todo el tiempo. Te mantendrás escondida el tiempo que sea necesario. Cuando sientas que las cosas se han calmado un poco, vuela al bosque de Yag Neeg y busca a Mitsurugi Akame.

-¿Cómo se supone que encuentre a ese hombre madre?. Pregunto Kryzia confundida y jadeando por el ligero cansancio que empezaba a sentir pero sin detenerse. Nunca he entrado al bosque de Yag Neeg. Si llegar a Drakovia es difícil y prohibido quien sabe lo que se esconde en ese bosque.

-¿No crees que si yo pudiera lo hiciera yo misma Kryzia?. Los dragones serán tu guía. Debes ser fuerte Kryzia. La última vez que vi a Mitsurugi apenas yo era una niña. Pero descuida. La muerte no puede alcanzarlo. El sabrá que hacer…

Ese último comentario de Niurka fue dicho casi en voz baja. Era obvio que tenía cierta duda acerca de sus acciones. ¿Cómo mandaría a su hija en tan difícil misión a un territorio presuntamente prohibido y misterioso?. ¿Acaso Niurka había perdido la cordura?. Era esto lo que pensaba con cada nuevo paso que daba. Le buscaba la lógica a todo este arriesgado plan. Quizás para convencerse de que Kryzia aparte de ser la mejor opción, lograría el objetivo. La verdad sin embargo es que no existía nadie más disponible. La joven mente de Kryzia todavía no estaba entrenada para sentir la presencia de los demás. Pero Niurka si podía hacerlo y hace apenas unos minutos se dio cuenta que su hija de quince años era la última jinete de dragones con suficiente edad para llevar a cabo una respetable pelea. Era ella la heredera, porque ni siquiera a su hermano Dio medes podía sentir.

Los ruidos del exterior parecieron normalizarse por unos minutos. Kryzia espero lo mejor. Seguramente los soldados Drakovianos detuvieron a los invasores. Posiblemente su tío junto con Francis había ganado la batalla y ella no tenia que realizar ninguna difícil misión. Todo esto entonces pasaría a ser una experiencia de la cual ella se aseguraría se prepararía mejor en caso de que ocurriera en el futuro. Pero si fuera así como Kryzia pensaba, su madre no seguirá corriendo. Estefanía no seguiría llorando. Y al llegar a la cima de la torre y encontrarse con esa colosal puerta negra de metal, la cual solo se abrió cuando Niurka dijo unas palabras y puso su mano sobre esta, el intenso olor a azufre no continuaría y la neblina que instantáneamente paso por la puerta que se abría por primera vez seguramente en siglos tampoco existiría.

La visibilidad era reducida como era de esperarse. Una ligera brisa calida y que al mismo tiempo dificultaba la respiración llego a los que salían por la puerta. La cima era un lado escondido en la parte trasera del palacio de Vilgraden. Nunca fue visto como una ruta de escape. Por el contrario era el lugar por donde aterrizaban los jinetes de dragones ya hace mucho tiempo. Niurka recordaba que esta ruta había tenido otros usos posteriores. Ninguno de importancia relevante. Era un peñasco con gran altitud. Donde la ventolera en otras ocasiones dificultaba mantenerse en pie. Sin embargo esta vez el lugar parecía tan irreal. Casi desconocido por Niurka. En secreto solía escaparse a este lugar. Donde en ocasiones hacia un frío que rayaba en lo insoportable. La vista no obstante era hermosa. Inexistente en cualquier otro lugar. Por lo menos Niurka nunca la había visto en otro sitio. La tranquilidad. La conexión que se sentía con lo sobrenatural. El peñasco tenía un fin. La única manera de salir de este lugar era volando. Llegar al fondo estaba fuera de cualquier contexto o prueba.

A cierta distancia dos dragones se distinguían. Parados en sus cuatro patas y sus alas guardadas listos para el largo viaje lucían desesperados. Quienes esperaban también. Los dos hermanos menores de Kryzia Carlos y Marcos. El primero era delgado de diez años. Piel blanca ojos marrones y rostro de inocencia. Tenia una armadura azul con una espada que el no sabia usar muy bien todavía. Marcos por otro lado era un poco mas obeso de pelo negro y ojos del mismo color. Su armadura era negra y no disimulaba en lo absoluto el terror que sentía. Tocia de vez en cuando al no poder respirar bien ante tales circunstancias. Al no poder ver Marcos estuvo a punto de sacar su reducida espada. Carlos lo detuvo inmediatamente. Abrazaron a su madre casi al mismo tiempo. Otra descabellada idea de Niurka. Si confiar en Kryzia era esperar un milagro que podía esperar de sus dos hijos que apenas empezaban su entrenamiento. Niurka puso a Estefanía a cargo de Marcos.

-Deben irse inmediatamente. Exclamo Niurka sintiendo que se acababa el tiempo.

-Pensé…pensé que irías con nosotros. Dijo Marcos con timidez y sin mirar a su madre directamente.

Niurka se acerco al joven Marcos. Le toco el rostro con ternura para levantarle la mirada. Noto sus ojos a punto del llanto. Seria esta la primera vez que relativamente se separaría de su madre.

-Que más quisiera yo Marquitos. Estaré con ustedes muy pronto. Además los dragones no aguantarían por mucho tiempo tanto peso sobre ellos. Tampoco que exista suficiente espacio.

-Entonces me quedare contigo. Agrego Marcos con una actitud valiente casi fingida pero de cualquier forma admirada por su madre. Quizás…pueda ayudarte en algo. A detener a los invasores. Nos enseñan que los Drakovianos no se rinden. Que los Drakovianos pelean hasta el final…nunca se retiran…

-Marcos. Volvió a decir Niurka conmovida. Esta no es una retirada. Quien te enseño que nunca reagrupamos nuestras fuerzas para atacar después es un idiota. Ahora mismo este no es lugar para ustedes. Tu y tus hermanos tienen una difícil misión…¿entiendes?. Quiero…deseo que se cuiden los unos a los otros. No se separen. No peleen entre ustedes. Siempre unidos. Quiero que escuches a tu hermana y la ayudes en todo lo que puedas. Especialmente a ayudar a los más pequeños.

-Pero madre…

-¡No se hable mas!. Grito Kryzia de pronto callando a Marcos y aproximándose a uno de los dragones de color oscuro que se agacho inmediatamente para recibirla con el pequeño Diomedes en brazos. ¡Debemos irnos!. (Kryzia mira a su madre con seriedad quizás para ocultar la tristeza que sentía) No te fallaremos madre.

Carlos se mostró seco. Se monto junto a Kryzia en la parte trasera del ampliado sillón para múltiples pasajeros. Niurka no podía culparlo. Marcos se disponía a seguir discutiendo hasta que Kryzia lo mando a callar abruptamente. Refunfuñando se monto en el dragón color azul oscuro. Cargaba a la intranquila Estefanía no acostumbrada a tales viajes. Niurka les demostró fortaleza en su desición. Muy adentro de si misma sin embargo solo deseaba abrazarlos. Decirles cuanto los quería. Ella no estaba segura de si volvería a verlos. Las probabilidades eran mínimas. Ellos representaban el futuro. Si cualquier esperanza de supervivencia quedaba todavía, residía en ellos. Niurka no podía abandonar a su familia. Los que quedaban. No por juramentos. Tampoco por orgullo. Sencillamente porque no podía. Le toco ver a los relativamente jóvenes dragones elevarse con elegancia. Le transmitieron un mensaje a su mente.

-Protegeremos a tus hijos con nuestras vidas. Los llevaremos a su destino…regresaremos por ustedes.

-Si es que queda algo por rescatar. Inquirió Niurka mentalmente.

-No pierdas la esperanza…

De pronto la conmovedora escena se vio interrumpida. La relativa paz que existía fue reemplazada por sonidos endemoniados que venían desde las nubes negras. Los dragones se alejaron rápidamente perdiéndose entre las nubes. Sabían el rumbo a tomar con los ojos cerrados. Volarían a baja altura y se perderían entre los desfiladeros que formaban una especie de laberinto conocidos solo por los más expertos jinetes drakovianos. Niurka pudo escuchar los gritos distantes de Marcos. Habían sus hijos apreciado lo que se avecinaba desde el aire sin tener mucho por hacer. Los dragones no se veían obligados a obedecer a Marcos mucho menos a sus hermanos. Su única obligación. La orden estricta dada por Niurka era la de protegerlos a ellos. Sin importar lo que a ella o a cualquiera del resto de la familia le pasara. Así que tuvieron que suprimir sus impulsos de ayudarla y como quien dice ignorarla.

Demonios la rodearon inmediatamente viéndose esta indefensa. Un persona conocida por ella apareció por la puerta. Fue difícil distinguirla al principio. Pensó que este había venido en su ayuda. Reconoció inmediatamente la marca en su frente.

-Francis…¿Qué te han hecho?.

El cambiado Francis con su espada ensangrentada en su mano izquierda. Sus ojos completamente negros. Su piel pálida de tonalidad semi oscura. Su manera de respirar agitada y feroz. Estaba poseído. Si era un personaje peligroso tan solo imaginárselo de esta manera estremecía a Niurka. Corrió hacia ella acompañado de un grito despavorido. Su espada rozaba a Niurka. Esta la evadía con dificultad. Maldecía no tener otra habilidad que no fuera la de presentir el peligro. ¿De que le servia esa estupidez ahora?. Sin duda Dios o a quien quiera que se le asignara esto de dar habilidades era un personaje cruel con un grato sentido del humor. Su vestido se vio rasgado en varias ocasiones. Niurka cada vez continuaba dando pasos hacia atrás, sabiendo que pronto se acercaría al borde del desfiladero. No tenía muchas opciones. Francis no la dejaba moverse a ningún lado. Finalmente su pie izquierdo se quedo sin pisar nada. Los demonios observaban a distancia. También las bestias voladoras. Todo esto lucia como un espectáculo de gladiadores.

-¡Francis debes luchar contra ese poder!. ¡No dejes que te posea!. ¡Escúchame soy tu tía!. ¡Francis por favor entra en razón!.

-¡Púdrete desgraciada!. ¡Me gusta este poder, me hace sentir, sentir…libre…no tengo que seguir ordenes…puedo dejarlo salir…todo mi odio…no estoy loco…no estoy loco…!.

"Caída de los Henríquez"

La espada muy cerca. Casi podía sentirla clavándose sobre ella. El rostro de Francis diciéndole que su demora solo significaba que luchaba contra ese impulso de querer asesinarla. Que algo de el todavía la reconocía. Todavía podría existir esperanza. En medio de la desesperación no queda estrategia viable. Solo los deseos de sobrevivir. Las manos de Niurka temblaban. Se le dibujo una sonrisa fingida la cual ella sabia no era la mejor. Lágrimas sinceras como hace tiempo no recordaba haber derramado aparecieron en sus ojos. Toco con suavidad la punta de la espada. Francis le grito para que se alejara. Le siguió gritando, insultando, incluso llego a escupirla. Pero Niurka siguió moviendo sus manos lentamente por los filos de la espada hasta llegar a sus manos. Las acaricio con la ternura y la suavidad de una madre. Lo miraba fijamente a los ojos para luego llegar a su rostro. Francis la observaba desconcertado, confundido. Con un obvio dilema en su mente.

No dejaba de escuchar voces endemoniadas en su mente. Imagines de tiempos pasados pasaban una y otra vez como una película. Recordándole de todas las cosas que su familia le había hecho. Las cosas que perdió. Lo que le toco sacrificar todo por el supuesto honor de la familia. Por otro lado esta mujer lo cuido en muchas ocasiones. Seco sus lágrimas y estuvo presente más que su propia madre en ocasiones.

-¡Malditas voces!...¡Nunca me van a dominar!...

Francis empujo fuertemente a Niurka. Esta cayó al pedregoso suelo muy cerca del borde del desfiladero. Francis viro la espada y se la clavo sin pensarlo en su barriga. Se escucho un grito de horror de Niurka. Al levantarse, Francis solo afincaba mas la espada liberando un leve grito ahogado. Se arrodillo notando como su vida se esfumaba. Sombras negras salían por su boca. Los demonios salían con lentitud apreciados por Niurka. Francis cayó de lado. Con un charco de sangre lentamente formándose. Niurka corrió a socorrerlo. Nada podía hacer. Solo llorar. Ver como al muchacho que alimento y cargo tantas veces de pequeño moría en sus brazos.

-Aguanta Francis. No te me vallas. No me dejes. Tú siempre has sido tan fuerte.

-No…no me mientas. Exclamo Francis con forzada voz y escupiendo sangre por su boca. Per…perdóname…

-Francis…Francis…

Los ojos de su sobrino se vieron desorbitados. Miraron a un punto distante. Un leve suspiro y luego la total relajación de su cuerpo. Allí envuelta en sangre, rodeada de demonios invasores, Niurka lloraba. Por la muerte. Por la tragedia. Porque nunca se imagino que pasaría algo como esto. Porque sabía que posiblemente seria la próxima. Entonces sintió la presencia conocida pero que se negaba a aceptar desde hace tiempo que fuera posible. Una bestia voladora aterrizo al lado de ella. Andaba con una túnica roja. Se bajo con gran calma y camino hacia Niurka. Esta la observo envuelta en lágrimas. Pensó en tomar la espada, pero la recién llegada leyó su pensamiento:

-No desperdicies tus energías mujer. No vale la pena.

-Tu…no puede ser posible…tu…tu estas…

-¿Muerta?.

La mujer se quito la capucha mostrando su rostro. Había esperado mucho tiempo para ver la cara llena de sorpresa de los Henríquez.

-¿Por qué nos has hecho esto?. Francis…se suponía que fuera tu esposo…

-¿Y todavía te atreves a preguntar?. A verdad…que a ti siempre te da amnesia o cuando pasan las cosas solo miras para el lado y te haces la sorda.

-Alba…¿Qué clase de demonio se ha apoderado de ti?.

La mujer conocida como Alba le toco reírse cínicamente frente a la sufrida y quebrantada Niurka.

-Eso es lo interesante…ninguno.

La tierra empezó a estremecerse. Gigantescas piedras aparecieron de la nada impactando a los demonios con certera puntería. Gritos chirriantes cargados con una onda sonica los hacían salir disparados al desfiladero. Las bestias incluyendo a sus jinetes no podían contener tales gritos por mucho tiempo y perdían el control desesperándose. Tiempo propicio para que esferas de energía de color amarillo brillante aparecieran impactándolas fuertemente. Lo suficiente para mandarlas al fondo del desfiladero. Alba se quedo en el medio de todo esto. Como si estuviera esperando que algo como esto ocurriera. Dos imponentes dragones aterrizaron con fortaleza. Eran ambos de piel negra y de un tamaño superior a lo normal. Andaban con armaduras sobre ellos dispuestos a la pelea. Rodearon a Alba y a la bestia voladora de esta, que frente a ellos parecía un pequeñuelo. Hasta esta se vio atemorizada. De los dragones bajaron varias personas rápidamente.

Una mujer anciana vestida de negro con un báculo brillante. De abundante pelo blanco y experiencia determinada. Era la de mayor edad. La respetada Leonor. Junto a ella su hija de pelo rubio con canas visibles y ondas eléctricas saliendo de sus manos. La seguía muy de cerca. Del otro dragón bajo Keila quien todavía no había visto el desdichado final de su hijo. La seguía su hermana llamada Santa. Vestidas ambas de negro.

-Alba. Dijo Leonor con seriedad. Ya no mas destrucción. Tu venganza es conmigo con nosotros.

-¡Francis!.

Keila corrió hacia su hijo. Le grito despavorida su nombre. Lo sacudió y después interpreto en la mirada de su hermana Niurka lo que había pasado. No pudo controlarse. Ella no era de esas de estar llorando demasiado. Alba debia pagar. Leonor no obstante contuvo su sed de venganza. Keila se vio paralizada de pronto. Le gritaba a su abuela que la soltara.

-¿Por qué no le haces caso oh sabia anciana?. Pregunto Alba rodeada. ¿No es acaso para eso lo que viniste?. Me ahorraste el trabajo de irte a buscar.

-Nunca fuiste digna de nuestra familia. De llevar nuestro apellido.

-Debiste pensar eso antes de llevarme por la fuerza de mi hogar.

-No eras mas que una simple esclava…muy tarde supongo descubrimos ese detalle.

Leonor apunto su báculo brillante hacia Alba.

-Por tu bien y si quieres todavía alguna clemencia de mi parte ríndete ahora mismo.

-Termina lo que empezaste vieja estupida. Yo de mi parte…no descansare hasta tener a todos los Henríquez y matarlos a todos uno por uno…nada personal…solo venganza…

Ni el asombroso poder de Leonor. Mucho menos las fuerza electrica de Ramona su hija. Tampoco la telekinesis de Keila o los gritos sonicos de Santa. Ni hablar de los dragones. Nada pudo detener a Alba. Las sombras o la neblina la protegian a la perfección y aunque la pelea multiple duro mucho tiempo, esta se movia y se desvanecia frente a los ojos atonitos de sus adversarias. Una a una fueron vencidas envueltas en la neblina que no las liberaba hasta que por fin las llevo a la inconciencia. Leonor fue la ultima en caer. El brillo de su baculo termino por opacarse cuando esta finalmente se vio cubiera por la neblina endemoniada que intento detener.

-¡No podras con nosotros!. ¡No podras…!...

No se escucho nada mas de sus labios. Sus cuerpos flotaban sostenidos por la neblina. Niurka tomo la espada atacando frontalmente a Alba. Esta solo evadio el ataque y abofetio a Niurka fuertemente tumbandola al suelo.

-¿Sabes cual sera el peor castigo para ti?. Pregunto Alba con malevola voz. Ver como torturo a tu familia y conocer que no puedes hacer nada al respecto…

Mas demonios aparecieron rapidamente. Se llevaron a Niurka junto a los demas. El cuerpo de Francis…fue tirado al fondo del desfiladero bajo ordenes de Alba. Ya no tenia uso para ella y su alma estaba en otro lugar. Un demonio se arrodillo frente a ella para decirle:

-La invasión a los Gerudo esta lista mi reina.

-No. Exclamo Alba quedamente. Dejaremos a los Gerudo por ahora. No tengo nada en contra de ellos. Al contrario. Puedo expresar cierta gratitud.

-Los guerreros de Gerudo no son normales. Carecen del orgullo de un Drakoviano o las ganas de pelear hasta la muerte como un Ishbal. Vivir en el desierto los vuelve perfectos adversarios. Le recomiendo que no les de oportunidad.

-¿Qué amenaza puede representar los Gerudo para mi?.

-Ellos quizás no. Pero los Henríquez de Gerudo…si.

-A ellos es a los que quiero ver. Específicamente a alguien muy especial para mí. Esta invasión los obligara a atacarme. Esta invasión lo obligara a venir. Entonces cuando eso ocurra…podré verlo…podré ver sus ojos nuevamente…

-¿De que esta hablando?.

Alba golpeo al demonio que conservo su silencio por unos segundos para luego decir:

-Disculpe mi insolencia. Nunca debí cuestionar su autoridad.

-Que bueno que lo reconozcas. Por ahora diviértete con los humanos que encuentres.

-¿Qué hay con los jovenzuelos que escaparon?.

-Déjalos ir. No duraran mucho de cualquier forma. Pronto habrán mas guerras. Por ahora disfrutemos de nuestras victorias y las mujeres humanas que han secuestrado para la raza nueva que se aproxima. La raza que conquistara la tierra de los duques y de paso el resto de la humanidad…

Gritos de júbilo se escucharon por todos lados. Los demonios había conquistado parcialmente toda la tierra de los duques. Parecía que nadie se les opondría y sus únicos adversarios no serian lo suficientemente aptos para detener a Alba. ¿Quién esta misteriosa mujer con tanto odio?. ¿Quién es ella para controlar a los demonios del infierno?. ¿Por qué no termina su sed de venganza y conquista extendiéndose a Gerudo?. Una cosa si era cierta. Los Gerudo no debían ser subestimados y la resistencia contra ella…ya empezaba a organizarse…

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