Nunca habían estado tan aterrados durante sus vidas. Adelle lloraba. Aprile y Walter se entristecían. Euclyde se enfureció. Los otros once jugadores temían. Los mobs simplemente observaban molestos.
Un dragón y un grupo de endermen les rodeaba.
-¿Qué... ? ¿Tanto les baja la moral? ¡Era un simple mocoso!- dijo el jefe del Fin, aún muy cansado, puesto que estaba desprovisto de cristales regeneradores.
Ningún jugador quiso hablar palabra alguna. Estaban acorralados. De hecho, temían empujarse entre ellos de tan poco espacio que tenían porque estaban al borde del abismo.
-Me dan pena, me... me dan... Incluso creo que podría dejar a algunos de ustedes vivos...
-¡Retrocede! ¡Deja de sembrar el mal... !- soltó Euclyde. El dragón reconoció su voz.
-Vaya... Ohoho, vaya, vaya, vaya, sí que te gusta sufrir, muchacho. ¿No era tu voz la que se escuchaba fuera de mis dimensiones el día en el que ese penoso puñado de jugadores vinieron a cazarme a hierro? ¿Eras tú?
Euclyde gruñó. El dragón sonrió ampliamente. Había caído.
-Debo darte las gracias- prosiguió-. Esa vez me cené a tus amigos y ahora me has traído a un grupo más grande, variado y selecto a morir en mis fauces. De verdad sabes cómo complacer a tu amo.
-¡Calla infeliz!- le gritó Euclyde. Estaba sintiendo una culpa terrible, que era lo que el monstruo alado buscaba.
El dragón comenzó a reir.
-Puede que me prestes un excelente servicio a domicilio, pero tienes unos modales de muerte. Pero no te preocupes, no estoy enfadado ni nada. De hecho, voy a dejar que seas el único que salga vivo de ésta: activaré el respawneo para ti y luego te mataré. Te pisaré del modo más inhumano y terrible imaginable y posible, para que vuelvas allá afuera y vivas arrastrándote con el peso de tu conciencia y con la pena de las almas de tus compañeros. Voy a spawnearte hordas y hordas de hostilidad. Tu vida será miseria- se burló. A este punto el dragón había dado unos pasos más, y el grupo estaba al borde de su muerte. Euclyde cerró los ojos, esperando morir en manos de aquella monstruosidad, pensando en un destierro en el overworld sin gloria si resultaba vivo de aquella matanza. Ya habían muerto sus viejos amigos, y ahora se le había escapado el justo, el leñador solitario, Michael.
Pero eso era lo que creía. A lo lejos se oyó un golpe, como algo cayendo o aterrizando a piso. El sonido vino a hacer eco en todo el lugar, seguido de una vibrante flecha que dio de lleno en la cabeza del dragón.
-¿¡Pero cómo es que... !?- dijo volteando a ver. Michael se erguía muy malherido, pero aún victorioso, destellando un aura púrpura.
-Es que no puedo estar simplemente ahí y soportar a los malditos que siembran la injusticia como tú... -dijo. El dragón enceguecido quiso arremeter contra él, pero en el momento en el que dejó al grupo de lado recibió el golpe de gracia por parte de Euclyde, quien no había tenido el valor de batallar hasta ahora, momento en el que veía a Michael allí, vivo. Aunque aún tenía miedo.
Pero ahora finalmente todo había llegado a su conclusión. La enorme bestia se retorció de dolor, comenzó a rugir y a vociferar como nunca lo había hecho jamás. Destelló un impresionante y creciente haz de luz mientras su cuerpo se desintegraba lenta y dolorosamente. Entonces el terreno cedió en un sector y se armó un extraño portal arriba, y una interesante fuente de piedra del fondo y antorchas, y en su cima spawneó un huevo negro con nula coloración o brillo.
Una lluvia de orbes cayó sobre los que estaban absortos ante la espectacular caída del dragón.
-¿Cómo lo hiciste para sobrevivir...? ¿De dónde... ?- comenzó a trabarse Euclyde sin poder creer que Michael estuviera alli junto a ellos de pie.
-Pues...- respondió Michael-, resulta que aún conservaba un par de perlas ender cuando caía, y... bueno, entonces lancé una esperando... y...
Euclyde soltó una risotada.
-¡Jajajaja! ¡Ven acá imbécil!
Y en un abrazo sincero se reunieron todos. Jugadores y criaturas, antes hostiles, se juntaron y rieron de alegría. Quisieron llevarse el huevo del dragón y convertirlo en trofeo, y vaya que les costó. Cada vez que alguien intentaba hacerse con él, éste se teletransportaba. Estuvieron minutos hasta que Walter lo obtuvo y, preguntándose si el dragón era acaso hembra mientras todos se reían de él, se lo entregó a Euclyde por ser el propiciador del espadazo que acabó con el terror del mundo.
Cuando salieron por el portal, cada uno de ellos comenzó a escuchar voces en su propio idioma natal, puesto que los jugadores eran de todas las regiones posibles. Cada quien escuchaba una historia distinta. Era una larguísima y misteriosa conversación entre dos entidades desconocidas. Para sorpresa de todos fueron separados: cada persona y cada mob reapareció en su respectivo último punto de spawneo. Michael se levantó en su casa, con la pared aún rota y siendo de noche. Corrió de prisa a la cueva donde Walter y él habían sido emboscados para intentar hallar desesperado el sitio en el que había hallado esos bloques de carbón y cráneos de creepers. Aprile le esperaba allí.
-Hola, Michael...
Michael, aliviado, sonrió.
Desde ese día en adelante a la humanidad en general se le empezó a hacer más fácil pelear contra las olas de hostilidad que aún no retrocedían y llenaban cada sector oscuro que no iluminaban. La gente perdió la maldición de morir eternamente, pudiendo respawnear de nuevo, rumor que comenzó a extenderse hasta los rincones más alejados y despoblados del mundo, en cada idioma posible, junto con la hazaña que un grupo de jugadores provenientes del pueblo de la ruptura de zombies había logrado. Matar al Gran dragón ender. A estos se les concedió una ceremoniosa condecoración seguida de una alegre fiesta, donde se escuchaban temas como Dog y Strad.
La fiestecita duró toda la noche. Quisieron curar al zombie, quien resultó ser nada más que un zombie simple. A cada uno de los mobs se le adjudicó una etiqueta para evitar el despawneo en ellos. A esqueleto y zombie se les fue obsequiado un flamante casco de diamante con protección al fuego.
Nuestros tres jóvenes, alejados del resto, se sentaron en unas escaleras mientras aún era oscuro y retomaron sus minimalistas vidas.
-¿Saben? Es un verdadero alivio para mí tenerles aquí de vuelta. Los quiero- dijo Michael en un abrazo. Los chicos lo encontraron muy tierno.
-Es cierto- dijo Adelle-, no saben lo confundida que estuve cuando era zombie y lo mucho que les extrañé. Sabía que me faltaba algo, y no podía decir qué era. Es más que suponible el que ustedes también me hayan extrañado, pero ya estoy aquí, de vuelta...
-Es cierto- le respondió Michael con la calidez de personas unidas por una fraternidad eterna-, ahora que estamos reunidos, no nos debemos preocupar por nada. Puede sonarles a cliché, pero la perspectiva que teníamos de las cosas, el mirar hacia adelante y forjarnos futuro definitivamente ya no será lo mismo. No más sobreesfuerzo, no más miedo a la muerte y no más luchas innecesarias.
En esto asintieron Walter y Adelle.
-Sí, al fin tranquilidad... Ya tuve suficiente con los mobs- dijo Walter, temeroso de costumbre. El esqueleto, quien iba pasando, le respondió:
-Vuelve a decir eso.
Era natural, todos comenzaron a reír, probablemente muy fuerte. Estaban cerca de una de las puertas de los enormes muros y los centinelas estaban de fiesta por ahí, puesto que la noche era aún joven.
Por eso Adelle fue levantada repentinamente del suelo en el que estaban sentados por un zombie, con el que acabó en tres espadazos. Al parecer al zombie atraído por el bullicio también le dieron ganas de festejar. Adelle quería lidiar con el creeper que venía detrás, pero Michael, alegremente le apartó.
-Adelle, déjame este a mí.
En realidad estaban todos alegres por la fiesta, pero los que estaban cerca de las puertas celebrando detuvieron su festejo curiosos al ver a esos mobs siendo frenados por los chicos. Michael atacó con la primera espada con la que se le ocurrió coger de su inventario, una espada verde que quién sabe de dónde la había sacado, y luego de un simple golpe débil el creeper comenzó a toser y a convulsionar en el piso. Echaba espuma oscura y siniestramente verde por su boca, retorciéndose hasta que murió.
La fiesta fue detenida por completo. Todos estaban helados.
Claramente el creeper había caído envenenado por un golpe de espada. Naturalmente ni los aldeanos ancianos ni los jugadores creían ni recordaban esto posible. Michael observó detenidamente la espada, y notó que tenía una forma completamente diferente. Todas las espadas que había conocido anteriormente en su vida tenían exactamente el mismo diseño a excepción de ésta. Era ligeramente de menor tamaño, mayor peso, filo aserrado, verde ponzoña y olía a hocico de araña. Michael estaba asustado.
-¿Qué es esto?
Un dragón y un grupo de endermen les rodeaba.
-¿Qué... ? ¿Tanto les baja la moral? ¡Era un simple mocoso!- dijo el jefe del Fin, aún muy cansado, puesto que estaba desprovisto de cristales regeneradores.
Ningún jugador quiso hablar palabra alguna. Estaban acorralados. De hecho, temían empujarse entre ellos de tan poco espacio que tenían porque estaban al borde del abismo.
-Me dan pena, me... me dan... Incluso creo que podría dejar a algunos de ustedes vivos...
-¡Retrocede! ¡Deja de sembrar el mal... !- soltó Euclyde. El dragón reconoció su voz.
-Vaya... Ohoho, vaya, vaya, vaya, sí que te gusta sufrir, muchacho. ¿No era tu voz la que se escuchaba fuera de mis dimensiones el día en el que ese penoso puñado de jugadores vinieron a cazarme a hierro? ¿Eras tú?
Euclyde gruñó. El dragón sonrió ampliamente. Había caído.
-Debo darte las gracias- prosiguió-. Esa vez me cené a tus amigos y ahora me has traído a un grupo más grande, variado y selecto a morir en mis fauces. De verdad sabes cómo complacer a tu amo.
-¡Calla infeliz!- le gritó Euclyde. Estaba sintiendo una culpa terrible, que era lo que el monstruo alado buscaba.
El dragón comenzó a reir.
-Puede que me prestes un excelente servicio a domicilio, pero tienes unos modales de muerte. Pero no te preocupes, no estoy enfadado ni nada. De hecho, voy a dejar que seas el único que salga vivo de ésta: activaré el respawneo para ti y luego te mataré. Te pisaré del modo más inhumano y terrible imaginable y posible, para que vuelvas allá afuera y vivas arrastrándote con el peso de tu conciencia y con la pena de las almas de tus compañeros. Voy a spawnearte hordas y hordas de hostilidad. Tu vida será miseria- se burló. A este punto el dragón había dado unos pasos más, y el grupo estaba al borde de su muerte. Euclyde cerró los ojos, esperando morir en manos de aquella monstruosidad, pensando en un destierro en el overworld sin gloria si resultaba vivo de aquella matanza. Ya habían muerto sus viejos amigos, y ahora se le había escapado el justo, el leñador solitario, Michael.
Pero eso era lo que creía. A lo lejos se oyó un golpe, como algo cayendo o aterrizando a piso. El sonido vino a hacer eco en todo el lugar, seguido de una vibrante flecha que dio de lleno en la cabeza del dragón.
-¿¡Pero cómo es que... !?- dijo volteando a ver. Michael se erguía muy malherido, pero aún victorioso, destellando un aura púrpura.
-Es que no puedo estar simplemente ahí y soportar a los malditos que siembran la injusticia como tú... -dijo. El dragón enceguecido quiso arremeter contra él, pero en el momento en el que dejó al grupo de lado recibió el golpe de gracia por parte de Euclyde, quien no había tenido el valor de batallar hasta ahora, momento en el que veía a Michael allí, vivo. Aunque aún tenía miedo.
Pero ahora finalmente todo había llegado a su conclusión. La enorme bestia se retorció de dolor, comenzó a rugir y a vociferar como nunca lo había hecho jamás. Destelló un impresionante y creciente haz de luz mientras su cuerpo se desintegraba lenta y dolorosamente. Entonces el terreno cedió en un sector y se armó un extraño portal arriba, y una interesante fuente de piedra del fondo y antorchas, y en su cima spawneó un huevo negro con nula coloración o brillo.
Una lluvia de orbes cayó sobre los que estaban absortos ante la espectacular caída del dragón.
-¿Cómo lo hiciste para sobrevivir...? ¿De dónde... ?- comenzó a trabarse Euclyde sin poder creer que Michael estuviera alli junto a ellos de pie.
-Pues...- respondió Michael-, resulta que aún conservaba un par de perlas ender cuando caía, y... bueno, entonces lancé una esperando... y...
Euclyde soltó una risotada.
-¡Jajajaja! ¡Ven acá imbécil!
Y en un abrazo sincero se reunieron todos. Jugadores y criaturas, antes hostiles, se juntaron y rieron de alegría. Quisieron llevarse el huevo del dragón y convertirlo en trofeo, y vaya que les costó. Cada vez que alguien intentaba hacerse con él, éste se teletransportaba. Estuvieron minutos hasta que Walter lo obtuvo y, preguntándose si el dragón era acaso hembra mientras todos se reían de él, se lo entregó a Euclyde por ser el propiciador del espadazo que acabó con el terror del mundo.
Cuando salieron por el portal, cada uno de ellos comenzó a escuchar voces en su propio idioma natal, puesto que los jugadores eran de todas las regiones posibles. Cada quien escuchaba una historia distinta. Era una larguísima y misteriosa conversación entre dos entidades desconocidas. Para sorpresa de todos fueron separados: cada persona y cada mob reapareció en su respectivo último punto de spawneo. Michael se levantó en su casa, con la pared aún rota y siendo de noche. Corrió de prisa a la cueva donde Walter y él habían sido emboscados para intentar hallar desesperado el sitio en el que había hallado esos bloques de carbón y cráneos de creepers. Aprile le esperaba allí.
-Hola, Michael...
Michael, aliviado, sonrió.
Desde ese día en adelante a la humanidad en general se le empezó a hacer más fácil pelear contra las olas de hostilidad que aún no retrocedían y llenaban cada sector oscuro que no iluminaban. La gente perdió la maldición de morir eternamente, pudiendo respawnear de nuevo, rumor que comenzó a extenderse hasta los rincones más alejados y despoblados del mundo, en cada idioma posible, junto con la hazaña que un grupo de jugadores provenientes del pueblo de la ruptura de zombies había logrado. Matar al Gran dragón ender. A estos se les concedió una ceremoniosa condecoración seguida de una alegre fiesta, donde se escuchaban temas como Dog y Strad.
La fiestecita duró toda la noche. Quisieron curar al zombie, quien resultó ser nada más que un zombie simple. A cada uno de los mobs se le adjudicó una etiqueta para evitar el despawneo en ellos. A esqueleto y zombie se les fue obsequiado un flamante casco de diamante con protección al fuego.
Nuestros tres jóvenes, alejados del resto, se sentaron en unas escaleras mientras aún era oscuro y retomaron sus minimalistas vidas.
-¿Saben? Es un verdadero alivio para mí tenerles aquí de vuelta. Los quiero- dijo Michael en un abrazo. Los chicos lo encontraron muy tierno.
-Es cierto- dijo Adelle-, no saben lo confundida que estuve cuando era zombie y lo mucho que les extrañé. Sabía que me faltaba algo, y no podía decir qué era. Es más que suponible el que ustedes también me hayan extrañado, pero ya estoy aquí, de vuelta...
-Es cierto- le respondió Michael con la calidez de personas unidas por una fraternidad eterna-, ahora que estamos reunidos, no nos debemos preocupar por nada. Puede sonarles a cliché, pero la perspectiva que teníamos de las cosas, el mirar hacia adelante y forjarnos futuro definitivamente ya no será lo mismo. No más sobreesfuerzo, no más miedo a la muerte y no más luchas innecesarias.
En esto asintieron Walter y Adelle.
-Sí, al fin tranquilidad... Ya tuve suficiente con los mobs- dijo Walter, temeroso de costumbre. El esqueleto, quien iba pasando, le respondió:
-Vuelve a decir eso.
Era natural, todos comenzaron a reír, probablemente muy fuerte. Estaban cerca de una de las puertas de los enormes muros y los centinelas estaban de fiesta por ahí, puesto que la noche era aún joven.
Por eso Adelle fue levantada repentinamente del suelo en el que estaban sentados por un zombie, con el que acabó en tres espadazos. Al parecer al zombie atraído por el bullicio también le dieron ganas de festejar. Adelle quería lidiar con el creeper que venía detrás, pero Michael, alegremente le apartó.
-Adelle, déjame este a mí.
En realidad estaban todos alegres por la fiesta, pero los que estaban cerca de las puertas celebrando detuvieron su festejo curiosos al ver a esos mobs siendo frenados por los chicos. Michael atacó con la primera espada con la que se le ocurrió coger de su inventario, una espada verde que quién sabe de dónde la había sacado, y luego de un simple golpe débil el creeper comenzó a toser y a convulsionar en el piso. Echaba espuma oscura y siniestramente verde por su boca, retorciéndose hasta que murió.
La fiesta fue detenida por completo. Todos estaban helados.
Claramente el creeper había caído envenenado por un golpe de espada. Naturalmente ni los aldeanos ancianos ni los jugadores creían ni recordaban esto posible. Michael observó detenidamente la espada, y notó que tenía una forma completamente diferente. Todas las espadas que había conocido anteriormente en su vida tenían exactamente el mismo diseño a excepción de ésta. Era ligeramente de menor tamaño, mayor peso, filo aserrado, verde ponzoña y olía a hocico de araña. Michael estaba asustado.
-¿Qué es esto?
Gracias por seguir la serie :D ¡Segunda parte en producción incoming!
