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* Lean con atención pues no lo repetiré: La serie DEFINITIVAMENTE NO es mía.

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Sweet child of mine

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Despertar fue deprimente para Mamori esa mañana. No por que le molestara que el amanecer la encontrara con la suave respiración de su novio chocando con su cuello, uno de sus brazos como almohada y el otro ligeramente posado en su cadera.

Esa parte era maravillosa, mucho, pero el saber que esa mañana su rutina seria diferente no era tan agradable como debería. El deshacerse de sus obligaciones maternas no le causaba el más mínimo alivio.

Ese día no alimentaria, bañaría ni vestiría a su adorable muñequita y ese era un pensamiento deprimente, suspiro y con mucho cuidado de no despertar a Yoichi se levanto de la cama, hizo una mueca amarga al ver que aun usaba su uniforme del día anterior y miro con tristeza las arrugas en la tela.

Paso largos minutos bajo él chorro de agua caliente relajándose e intentando olvidar su mal humor, ella sabia que antes de Hikari era feliz y estaba satisfecha con su vida. En teoría debería poder volver a vivir esa vida ahora que la muñeca ya no estaba, pero el problema principal residía en que ya no recordaba cual era su vida antes de Hikari.

Esbozo una triste sonrisa mientras cerraba los ojos y dejaba que al agua caliente se llevara la espuma con aroma a vainilla de su shampoo, tan solo pensar que su vida estaría marcada en un antes, durante y después de su hija plastificada le resultaba tan extraño.

Salio de la ducha agradeciendo al cielo por que era sábado, en esos momentos al ver su cara en el espejo notaba sus ojos hinchados e inyectados de sangre, su tez cenicienta y su expresión de abatimiento. Suspiro por que al menos nadie más que Yoichi la vería en semejante estado.

Le resultaba cuando menos curioso que no le molestara que su novio la viera en ese patético estado tan lejos de una belleza perfecta pero sabia que a él le importaba por quien era y no por como se veía.

Tampoco era tonta, sabía que la apariencia importaba, después de todo Yoichi era hombre y una linda cara junto a un cuerpo bien proporcionado era algo que desde luego le gustaba pero no creía que la amara solo por eso. Él no era tan superficial gracias al cielo.

Se vistió con una vieja playera de su novio, una muy cómoda y amplia como para andar por la casa sin preocupaciones y un par de pantalones cortos, se miro en el espejo y la ducha caliente le había ayudado bastante, estaba menos pálida y al menos su pelo no era un lío como un nido de pájaros en lugar de cabello.

Al volver a la habitación tomo el cajón que había sido la cuna improvisada para su hija y saco el cojín que había sido su colchón por tres meses y regreso todo a su lugar sintiéndose un poco triste aun. Resignándose e intentando olvidarse de sus pensamientos deprimentes decidió preparar el desayuno.

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No podía recordar cuando fue la última vez que durmió toda una noche completa, se sentía completamente descansado pero al mismo tiempo sentía que algo faltaba aun que no lograba comprender el que con la mente somnolienta como estaba en ese momento.

Se dio la vuelta en la cama escapando de los jodidos rayos del sol cuando noto que estaba solo en la cama y el delicioso aroma de panqueques de arándano flotando en el aire.

Ese aroma le recordaba su infancia temprana y solo dos personas lograban que sus entrañas se contrajeran de impaciencia por comer los panqueques tan solo con el aroma, su madre y su maldita novia.

Salio de la cama tambaleándose adormilado y camino a la cocina siguiendo el aroma delicioso. Al llegar aun medio dormido se dio cuenta de que su maldita novia estaba de pie frente a la estufa usando su playera negra favorita.

Bostezo ligeramente llamando su atención y la vio sonreírle mientras se sentaba impaciente, vio un vaso lleno de jugo de naranja y los cubiertos ya listos en la mesa, se sentó y su maldita novia coloco un plato lleno de panqueques cubiertos con crema batida y mermelada de arándano.

Sonrío un poco al comer el primer bocado y si no fuera por que lo llamaban demonio el juraría que había tocado las puertas del jodido cielo mientras masticaba. Segundos después cuando su atención no era por completo de sus amados panqueques vio a su maldita novia sentarse frente a él y comenzar a comer también.

Desayunaron en silencio, uno de esos silencios cómodos que te hacen sentir en casa y cuando terminaron él camino directo a la ducha y ella a lavar los platos. Era una rutina matutina con la que ambos eran felices, a ella le encantaba cocinar para él por que sabia que él odiaba hacerlo y para Yoichi era agradable tener a alguien preocupándose por el, obviamente jamás, de verdad jamás lo admitiría pero le encantaba.

Los magníficos panqueques eran un plus…

Al ser sábado tenían entrenamiento hasta el día siguiente por la mañana y podían pasar todo el día en casa haciendo nada. No es que se quejaran, después de todo aun extrañaban a Hikari.

Mamori continuaba esperando escuchar su llanto de un momento a otro y Yoichi en cuanto había despertado lo suficiente había buscado a eso por habitación antes de darse cuenta que el día anterior la habían devuelto.

Ninguno lo diría, cada uno por sus motivos pero no sabrían que hacer sin su hija fuera de casa ese día, ella se sentiría extraña sin sostener a su hija y él no podría ocultar armas en el cochecito.

Sin duda alguna extrañaría ese jodido cochecito… y él porta bebe también.

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Hola chicas y chicos si es que hay alguno por aquí…

Este es otro mini capitulo lo subo hoy por que estaré bastante liada toda esta semana y dudo poder hacer un capitulo mas largo hasta finales de la próxima semana.

Además hoy es mi cumpleaños y estoy de buen humor por eso decidí publicar algo aun que fuera pequeño para ustedes…

Ojala les guste y paciencia ya vendrá el final pero para eso aun quedan unos capítulos mas… esta no es una historia muy larga pero ya tengo en mente la siguiente.

Atte

Patzy