¡Hola!

Un nuevo capítulo, espero que lo disfruteís, he hecho unos ajustes, y vamos a empezar ya con las subtramas. Más información en cada capítulo. Vosotras iréis averiguando cosas, que algunos de los protagonistas aún no saben.

Muchas gracias por los reviews. Sois geniales. Alexa SixT, no pude contestarte por PM, pero lo hago por aquí, un placer saber que te gusta tanto, y aquí tienes la actualización. Un beso enorme.

Disclaimer: Nada de Harry Potter me pertenece, solo juego con los personajes para pasar un buen rato.

Capítulo 10.

Ser una inefable, tenía su lado bueno, por supuesto que lo tenía. Pero también tenía sus lados malos.

Uno de ellos, era que, en cuestiones amorosas, te veías limitado. Muy limitado. No podrías tener una relación estable y llena de confianza. Básicamente, no podías confiar nada relacionado con tu trabajo, y dado que este ocupaba gran parte de tu día, siempre se convertía en un problema.

Cuando Cassie entró en el Departamento de Misterios, algunos de sus compañeros le advirtieron. Y ella, como chica lista, decidió que el mejor modo de tener algo de romance en su vida, era a través del mundo muggle. Así que ella se dedicó a conocer aquel mundo.

Uno de esos chicos, era una mezcla ciertamente extraña. Era adorable, cariñoso y muy romántico, al menos lo era con ella, porque su físico era el de un matón, pero un matón muy chungo. Siempre le decía que era una muñequita de porcelana, y que le daba miedo que algún día alguien la hiciera daño, porque daba la impresión de que se rompería en mil pedazos.

Ella solía sonreírle y callarle a besos. No era conveniente que el chico supiera que, con un simple movimiento de su varita, podía mandar a volar a cualquier idiota que se acercara a ella con intenciones de dañarla.

Fue por eso que cuando el chico la llevó un día a ver una de sus clases de boxeo en el gimnasio, ella quedó fascinada, esa forma de pelear le resultó de lo más interesante. Debía resultar catártico. Todas tus frustraciones volaban, le dijo una vez el chico. Ella quiso aprender. Le pareció una buena idea, después de todo, si alguien lograba pillarla con la guardia baja y quitarle su varita, sería conveniente saber defenderse a lo muggle.

Nunca había agradecido tanto esas clases impartidas por uno de sus ex.

Ahora apostada en la entrada de la casa de su hermano, hirviendo de frustración y rabia, no espero a que John la saludara, con un grito de guerra rasgando su garganta, arremetió contra él, le dio un derechazo que le hizo tambalearse.

-¡Cabrón!-logró tirarle al suelo barriendo con su pierna las de él-¡desgraciado!-sus ojos le hacían saber a cualquiera que la viera que ella estaba desquiciada en ese preciso momento-¡te mataré!

Kingsley pareció salir de su estupor y decidió intervenir. Tuvo que usar todas sus fuerzas para agarrar a ese pequeño terremoto que era su protegida.

Aguantó estoicamente los golpes recibidos por las patadas que estaba lanzando Cassie, que estaba desesperada por soltarse.

-¡Déjame Kingsley!-aulló echa una fiera.

-De eso nada-contestó el guardando la calma-no lo haré hasta que no te calmes.

Ella comenzó a abrir y cerrar sus puños, y empezó a respirar profundamente. Kingsley tenía razón, debía calmarse. Poco a poco y con los ojos cerrados, fue relajándose, hasta el punto que su cuerpo quedó casi laxo entre los brazos del auror.

-Creo que ya está-giró su rostro hacia él para que viera la verdad en sus ojos.

El asintió inseguro, y la soltó poco a poco.

-Me quedo dentro-dijo el hombre-no voy a arriesgarme a que acabes matando a alguien.

Eso logró sacar una sonrisa sincera en la chica, una que pareció iluminar todo.

-No te preocupes-dijo mirando de reojo a su hermano, que se había sentado apoyándose en la pared de la entrada-es mi hermano. Ya sabes…-le dio un guiño-problemas familiares no resueltos. Preferiría tener intimidad para hablar de estos temas.

El pareció entender la delicadeza de la situación y tras un leve apretón en el hombro de la chica señaló la puerta de la calle con su cabeza.

Dándole la intimidad que deseaba el salió de la casa.

Cassie, ignorando la mirada de reproche de su hermano, pasó de largo a su lado, y se dirigió al salón, se sentó en único sillón individual, y recostó su espalda, cruzando sus piernas. Esperó pacientemente a que su hermano llegara y se sentara en el sofá frente a ella.

-Bien-dijo ella-creo que debemos hablar.

-¿Ahora quieres hablar?-contestó con ironía John-has venido como una salvaje y me has atacado.

Ella tan solo se encogió de hombros y miró sus uñas de manera distraída. No iba a desperdiciar tiempo pidiendo perdón por algo que de lo que no se arrepentía.

-Has renunciado a ser el cabeza de familia-lo dijo con la misma frialdad que se había colado en su rostro- ¿sabes cuáles han sido las consecuencias de tus acciones?

-Lo he hecho a petición de Helena, ella no quiere que yo vuelva al Mundo Mágico-trató de no cruzar su mirada con la de su hermana, y fijó su vista en algún punto sobre el hombro de ella-fue la única manera que vi de mantenerla contenta y tranquila en ese aspecto.

-Helena-gruñó Cassie- ¿en serio?, eres estúpido.

-No te metas en algo que no te concierne-le replicó.

- ¿Qué no me concierne? -dijo con el rencor plagando cada una de sus palabras-ya veo, supongo que tampoco concierne a tu hija, ¿no?

-Ella sabrá entenderlo- sus ojos seguían sin enfocar los de su hermana.

- ¿Cómo puedes ser tan ruin? -se exasperó-no solo la has mantenido en la ignorancia durante toda su vida, y para más colmo no has hablado con ella de tus razones para ello-le miró con todo el odio que sentía en ese momento hacia él en sus ojos-sino que además, acabas de realizar un acto de egoísmo del tamaño de Gran Bretaña, cuyas consecuencias van a recaer sobre ella.

Él esta vez sí que se dignó a mirarla con algo parecido al arrepentimiento en sus facciones.

- ¿Vas a hablar con ella sobre esto? -le espetó-¿o vas a dejarla sola en el camino que se está abriendo a sus pies?

-Te tiene a ti, ¿no? -dijo él convencido-tú podrás explicarle mejor las cosas.

-No tienes vergüenza. Me das asco-el veneno pujaba por salir de su boca en forma de palabras-No te bastó, ¿verdad?-y no quiso ni pudo controlarlo-siempre has sido un egoísta, al que poco le han importado los demás. Solo tú, y tus intereses-John volvió a mirarla con la vergüenza escrita en su cara-primero fue con mamá.

-Mamá murió por tu culpa-escupió el, interrumpiéndola-si tu no hubieras venido a este mundo ella no habría empeorado tanto en salud, y hoy estaría viva.

-No eres más que un niño malcriado-dijo con dolor-siempre lo has sido. Sabes que yo no pedí nacer, nadie lo hace. Fueron nuestros padres, y ella en última estancia los que decidieron seguir adelante con el embarazo-respiró hondo para darse paciencia-es increíble, tú nos abandonaste, sabías que mamá tenía los días contados, ¿qué te habría costado esperar?-negó con la cabeza-¿sabes?, no importa. Lo hiciste. Dejaste a papá tratando de encontrar algo que la permitiera seguir con vida, y a mí, una niña pequeña sin el apoyo de su hermano-le miró con rencor-¿sabes que tuve que ser yo la que se encargara de cuidar de nuestro padre durante los siguientes meses?, él no era capaz de salir de su habitación, se pasaba las horas dormitando y llorando sobre las prendas de nuestra madre, suplicando porque se la devolvieran. Siguió haciéndolo durante todas las noches, hasta el mismo día de su muerte, el creía que yo no lo sabía-las lágrimas picaban en sus ojos.

-Haber dejado que se consumiera en su miseria-dijo el con asco-siempre fue débil, mamá due la fuerte, él siempre dejándose manejar por ese vejo loco, que lo único que buscaba era…

-No te diferencias mucho de él, ¿verdad? -le cortó- tú, y solo tú, has dejado todo en manos de tu hija, una joven, que, aunque brillante, no tiene ni idea de lo que se le viene encima. Siempre huyendo, ¿no?, siempre evadiendo las culpas y las responsabilidades-dijo pensando en una de las muchas meteduras de pata de su hermano- ¿le has hablado a Helena de ellos?, doy por hecho que a Hermione no, pero, tal vez deberías haber sido sincero con ellas en este tema en concreto.

-No te metas-dijo mordiendo cada una de sus palabras.

- ¿Qué pasará cuando se planten frente a la casa de tu hija? - ella siguió, ignorando las amenazas veladas de su hermano- ¿qué pasará cuando ese muchacho toque su puerta?

- ¡Cállate! -le gritó poniéndose en pie- ¡Cállate!

-Creías que huyendo del problema dejaría de existir, ¿no? -una pequeña sonrisa de insana satisfacción se asomó a los labios de Cassie- siempre tendrás las sombras de tus errores persiguiéndote, allá a donde vayas-le dijo saboreando cada una de las palabras-te perseguirán.

John parecía haber entrado en un estado de pánico silencioso. Sus manos parecían más blancas de lo normal, debido a lo fuerte que estaba apretando sus puños, su boca estaba desencajada, abierta. Su respiración parecía salir a marchas forzadas. Sus ojos estaban tan abiertos que parecían poder salirse de sus órbitas.

Cassie le contempló impávida.

-Dejemos eso de lado-dijo tranquila-ahora hablaremos de tu única hija-se inclinó lo sufieciente a él para darle un par de palmaditas en la espalda-Hermione, recibió la visita de la banshee familiar-dijo sonriendo-teniendo en cuenta que tanto tú, como yo seguimos con vida, y que tu hija, no pudo ser muy explícita por carta-sus ojos se estrecharon llegando a parecer dos rendijas-supongo, y solo puedo hacer eso, suponer, que esa visita ha sido la de presentación.

- ¿Qué? -John pareció salir de ese estado de pánico silencioso.

- Hermione-dijo ella hablándole como quien le habla a un niño pequeño- ha recibido la visita de cortesía de la banshee familiar.

-Eso no es posible-dijo él.

-Veo que no has sido nunca muy aplicado en estos asuntos-le comentó-verás, el último Cabeza de familia, fue nuestro padre. Que era el que recibía las visitas de esa condenada banshee. Tú habrías sido el siguiente, pero antes de permitir su presentación a ti, renunciaste a ser el nuevo Cabeza de Familia, por lo que, a efectos prácticos, dado que tu línea de sangre es la que prima, has pasado esa responsabilidad a tu hija.

-Pero ella…-el trató de encontrar alguna forma de excusarse.

-John-su nombre fue dicho con amargura-ella es mayor de edad, ha cumplido los diecisiete.

-No-dijo él tratando de ahuyentar las lágrimas.

-Has condenado a tu propia hija-le espetó implacable ella-ruega a Merlín y Morgana, porque el hecho de que me declarara su tutora legal en el Mundo Mágico, haga que ella aún pueda ser protegida de los errores de nuestro padre-respiró hondo y le miró con aprehensión-y de los tuyos, John. También de los tuyos.

El hombre se llevó las manos a la cabeza y comenzó a andar de un lado a otro de la habitación, tratando de serenarse. Miró a su hermana en un par de ocasiones buscando algún tipo de apoyo, pero ella tan solo estaba ahí sentada, como si fuera dueña de esa casa, y mirándole como si fuera un insecto especialmente molesto.

-Tiene que haber una solución-dijo él, mirando a la pared.

-No lo sé-dijo ella con total neutralidad en su tono-si soy sincera, una parte de mí, se regodea en más absoluta de las felicidades al verte así, hundido de mierda hasta el cuello, apunto de explotarle en la cara-dijo ufana-pero otra, se lamenta por los daños que le vas a causar a mi sobrina, incluso a los daños que vas a causarle a la insulsa de tu mujer-ella le miró con algo de malicia-nunca tuviste buen gusto con las mujeres.

-¿Qué vamos a hacer?-le preguntó afligido.

Ella se encogió de hombros indolente. Quería disfrutar un poco más de la agonía de su hermano.

-Con respecto a la banshee-suspiró y bajó su mirada-no hay nada que se pueda hacer, ella va a visitar a Hermione, cada vez que un miembro de la familia, o alguien cercano a ella o nosotros muera, o vaya a morir. No me preocupa tanto eso, si no los motivos por los que se le ha presentado. Ella es aún muy joven, ha crecido en un mundo muy distinto al que realmente pertenece. No conoce las costumbres, no sabe nada. Además de lo que implica su nueva posición con respecto a las alianzas mágicas de nuestro padre, y tu pequeño y sucio secreto.

-Debemos protegerla-John parecía horrorizado.

-¿Qué es lo que más te preocupa John?-inquirió ella-¿Las alianzas o que descubra que tiene un hermano?

Él la miró con el terror escrito en la cara y entonces supo, que él seguía siendo ese gusano egoísta, que sólo se preocupaba por sí mismo, y la imagen que los demás tuvieran de él.

- ¿Y Helena? -preguntó ella curiosa-¿dónde está?

- ¿A ti que te importa?

-Tu hija, ha tenido una visita de la banshee familiar-le explicó como a los tontos- no sabemos si ha sido sólo la de presentación al nuevo Cabeza de Familia…

-Está en la consulta-dijo él- ¿crees que deberíamos ir a ver qué tal va todo por allí?

-No-dijo Cassie-creo que tú deberías ir por allí, y ver qué tal va todo. Y tal vez dejar de ser un calzonazos y llevar una varita, para defenderos. Por si acaso, no vaya a ser…

-De acuerdo-la cortó John, no queriendo seguir escuchando-iré ahora mismo. Tal vez deberías marcharte ya.

Ella tan solo asintió y se levantó con gracia y agilidad. Se dispuso a ir a la puerta, y en cuanto estaba a punto de tocar la manilla de la puerta de la calle escuchó que su hermano la llamaba.

-La casa-le explicó-ya están todos los papeles arreglados y firmados. Es tuya. Solo tienes que pasarte por allí y darle tu toque personal.

-Gracias-contestó ella mientras salía afuera.

Kingsley la esperaba con sus brazos cruzados, y mirando hacia el frente, como buen auror que era, atento a todo lo que ocurría a su alrededor.

-¿Ya ha terminado la reunión familiar?-preguntó con un pequeño deje de burla en su voz, aunque sus facciones permanecían siendo serias, ella pudo notar la broma en su tono-no os parecéis nada, tu hermano y tú sois totalmente diferentes.

-Él ha salido a la familia de mi padre-dijo ella con indiferencia encogiendo sus hombros-y yo a la de mi madre.

-No solo lo digo por el físico-dijo él haciendo referencia al arrojo y valentía de la pequeña mujer que tenía enfrente.

-Yo tampoco-le comunicó ella mientras se cogía del brazo del hombre-mi madre siempre fue la más valiente, y la más fuerte.

Después de ese comentario, ambos se desaparecieron, dejando tras de sí solo la estela del viento que habían provocado con esa acción.


Cassie no paraba de mirar el reloj muggle que tenía frente a su escritorio. No era que ella se hubiera aprendido aposta los horarios de su hermano y su cuñada, es solo que tras unas semanas vivivendo en su casa, se había hecho a la rutina de ese par.

Los dedos de su mano izquierda no paraban de jugar con su varita, mientras que los de la derecha no dejaban de tamborilear la superficie de su mesa.

Kingsley la miraba algo extrañado, esa mujer no era de las que desperdiciaban el tiempo. Se preguntaba que podía tenerla en ese estado.

-¿Qué tan bueno eres en tú trabajo?-le preguntó de la nada Cassie, aún mirando fijamente el reloj.

-El mejor-dijo él muy seguro.

-Hoy no voy a volver a mi residencia temporal, a menos de momento-le informó-tengo algo que hacer antes.

-Debo acompañarte entonces-dijo él, sin un atisbo de emoción en su voz.

-Si tienes algo que hacer-le replicó ella-no tienes por qué venir. Es un asunto personal.

-Estoy obligado a permanecer junto a tí hasta que estés en lugar seguro.

Ella tan solo asintió, no queriendo decirle que hoy por hoy no había ningún lugar seguro.

-Esta bién-se levantó y fue hasta donde se encontraba él-vamos, tenemos mucho que hacer.


La oscuridad ya se había adueñado de la calle, las luces que permanecían aún encendidas eran las de unos pocos comercios que cerraban algo más tarde, pero estas también comenzaban a apagarse. Podían ver como las dependientas de algunas de esas tiendas salían, y echaban el cierre. Eran jóvenes y probablemente tenían intenciones de salir, después de todo era viernes. Cassie suspiró y envidió en cierta manera esa despreocupación que emanaban. Llevaban más de media hora apostados en la acera de enfrente de la consulta de odontología de su hermano y cuñada. Y a primera vista, todo parecía ir bien.

Tal vez sólo había sido una falsa alarma. Tal vez su instinto se había equivocado.

Iba a decirle a Kingsley que ya podían irse, cuando fue él mismo el que sin siquiera dirigirle la palabra, la agarró del brazo y le señaló unas sombras que parecían descender del cielo.

El pulso de Cassie se aceleró, y su corazón pareció saltarse un par de latidos.

Se mordió fuertemente el labio, casi consiguiendo hacerlo sangrar.

Miró a Kingsley, que sin siquiera pronunciar palabra había creado un patronus. Una esfera de luz, que salió disparada en alguna dirección. Ella no se fijó. Solo tenía ojos para esas sombras, que se habían materializado en forma de personas, con capas negras, y máscaras blancas y plateadas cubriendo sus rostros.

-Tenemos que ir allí-dijo ella-debemos aparecernos dentro, y ayudarles.

-No podemos aparecernos delante de muggles-le advirtió él.

-No hay-negó ella-solo quedan mi hermano y su mujer, estarán recogiendo y organizando la clínica.

Sin esperar una sola protesta más del auror, le cogió por el codo y lo desapareció junto a ella.

Cayeron en una de las salas de espera de la clínica, cuyas luces ya estaban apagadas, pudieron ver que su hermano salía de una consulta a otra llevando material ya esterilizado.

-John-susurró Cassie-¡John!-probó algo más fuerte.

John dejó caer por el susto el material al suelo. Y miró a su hermana con ojos como platos.

-Helena-le dijo sin apenas alzar la voz. Él le señaló la consulta de la que había salido.

Cassie salió disparada hacia allí, arrastrando a Kingsley con ella. Helena casi muere del susto al darse la vuelta y encontrarse con ese hombre de dos metros y aspecto amenazante frente a ella. Antes de que si quiera pudiera gritar, Cassie la tapó la boca, y la señaló hacía la entrada de la clínica, pidiéndole silencio con el dedo índice sobre sus labios.

- ¿Qué está pasando? -se aventuró a preguntar su hermano.

-Mortífagos-le dijo su hermana, para acto seguido dirigirse a Kingsley-Sácala de aquí. Ella no tiene como protegerse.

-No puedo irme sin ti-se negó.

-Vas a irte de aquí- le amenazó-ahora mismo, te vas a llevar a esta mujer, la vas a poner a salvo, y vas a volver a echarnos una mano, o te maldeciré tan fuerte, que no sabrás de dónde te vino el golpe-su mirada adquirió un brillo peligroso- ¿entendiste?

Kingsley tan solo pudo levantar sus manos en signo de rendición, y con una sonrisa en su boca, cogió a Helena entre sus brazos y se desapareció.

- ¿Vamos a morir? -preguntó John.

-Nadie va a morir-le dijo ella-no podemos dejar sola a Hermione.

Fue cuando lo notó, habían levantado las salas anti-apariciones alrededor de la clínica. Ella miró con aprehensión a su hermano. Él llevaba demasiado tiempo sin batirse en duelo. Estaba sola.

-Solo tenemos una oportunidad-le dijo-tenemos que salir por esa puerta, antes de que ellos entren, o estamos en serios problemas. Esto se convertirá en una ratonera-le dio un par de palmadas consoladoras en el hombro a John-vamos, mantén tu varita bien sujeta.

Cassie no era tonta, sabía que Kingsley había mandado un patronus pidiendo ayuda, y esperaba que llegara pronto. Con una determinación que no sabía que existía en ella, fue la primera en salir de la clínica. Con su túnica abierta y preparada con su varita bien sujeta en su mano izquierda.

Y se desató el infierno.

N.A.:Bueno, hasta aquí el capítulo, decidme que os parece. Intentaré subir lo antes posible, lo cual puede significar, que dentro de unas horitas tengáis un nuevo capítulo.

Un beso enorme.

B. .