SURAN ; Heartbeat


HINATA

Es tremendamente guapo y huele tremendamente bien. No sabría identificar el olor, pero sé que es un aroma masculino que volvería loca a cualquier mujer, huele a hombre limpio y atrayente, huele a millones de dólares también. ¿Su piel tendrá el mismo olor? ¡Maldición! no debería fantasear sobre el aroma de mi jefe y mucho menos cuando aparento que tengo pene y no vagina.

Los huesos de mis flacuchos y helados dedos ya no hacen ese sonido al tronarlos, y aún no puedo tranquilizarme. Pongo las manos entre mis piernas y las presiono con fuerza... me pregunto si los hombres pueden hacer esto, porque supongo que debe ser incómodo. No quiero que mi futuro esposo piense que lo tengo pequeño.

¡No te salgas del tema, Hinata!

Me sermoneó mentalmente, apretando los labios y sin perder la vista del respaldo del asiento delantero.

Han pasado veinte minutos desde que subimos a la camioneta y no he apartado los ojos de ese respaldo porque no quiero ver a Naruto, lo último que deseo es que su hermosura e inmaculada perfección me haga cometer una estupidez. Ese hombre me pone muy nerviosa, siento que estoy al borde del desmayo simplemente con su olor y el leve calor que irradia de su cuerpo, estoy segura de que si lo miro a su bello y divino rostro pondré automáticamente la cara de boba, y eso es algo que un hombre no debe hacer, o por lo menos mi hermano no haría.

De reojo puedo ver que estira su fuerte brazo con ese traje que se ciñe a su musculatura y lo hace ver tan perfecto en todos los aspectos... No puede ser que esté tan acalorada dentro de un auto con la temperatura exageradamente baja.

Y para acabarla, mi estómago ruge como si no hubiese comido en dos días... ah, sí, es que no he comido en dos días.

Me hago la sorda a la huelga de mis tripas hambrientas, y al parecer nadie en el auto lo escuchó, o eso quiero creer. Hasta que sonaron una vez más, gritándome desde el interior, exigiéndome comida o se comerían una a la otra. Malditas perri-tripas hambrientas.

—¿Tienes hambre?

Oh, demonios, se ha dado cuenta.

Sujeto mi estómago con fuerza, apaciguando los sonidos vergonzosos.

—N-No, estoy bien —digo sin darle la cara, concentrada en la bonita forma del respaldo del auto de narcotraficante.

¡Dios mío! ¡¿Quieren callarse?! Es como si trajera un animal salvaje allí adentro, peleándose con otro animal más salvaje por un pedazo de carne. ¡Pero que afán de mi cuerpo querer hacerme quedar en ridículo frente a mi hombre que no sabe que es mi hombre!

—Tu cuerpo dice lo contrario. Podemos comprar algo para que comas. No quiero matarte de hambre.

—No, no, estoy bien —Me inclino un poco hacia el frente—. Ya casi llegamos, es a la vuelta.

Regreso a mi lugar y la mirada a donde pertenece.

La verdad es que, aparte de lo bien que huele Naruto, estoy nerviosa por Chiyo. Ella siempre me confunde con Neji, no entiendo por qué, entonces si me ve vestida de niño ¿me dirá Hinata? Realmente espero que suceda lo contrario.

En cuanto el auto se detiene salgo apurada, me tropiezo con la guarnición de concreto pero como una chica con dignidad finjo que no ocurrió nada. Corro hacia la abuela Chiyo que como de costumbre está sentada en su poltrona en el porche.

Naruto me sigue pero cierro la puerta de la verja antes, esperando que capte la indirecta, esa de que no me siga y que mejor espere en su auto-narcotraficante.

—Hola, abuela —digo temerosa.

—Hola, Neji. Que gusto verte, ya nos tenías abandonados.

La abrazo fuerte dándole las gracias al oído por no echarme de cabeza, aunque ella no sepa que me ha salvado la vida.

—Abuela, me metí en otro problema, tengo que conseguir el álbum de Ella & Luis, ¿usted podría ser mi hada madrina una vez más y prestarme uno de los muchos que tiene?

—Claro, mi niño. Busca en la caja que está en el refrigerador, una que dice macetero, ahí toma lo que necesites.

Entro corriendo hasta llegar a la cocina, abro la nevera y efectivamente allí está lo que necesito, debajo de unas cajas llenas de tierra y algunas ropas de ella... No lo sé, yo tampoco entiendo.

Me toma un tiempo revisar uno por uno hasta encontrar el que quiero. Lo tomo admirándolo antes, como si fuera un preciado tesoro, y eso es, un tesoro que me va a salvar la vida y mi empleo.

—¡Lo encontré! —salgo apresurada de la casa. Me detengo, por poco me voy de espaldas cuando encuentro a Naruto hablando con la abuela. Actúo como si no me diese miedo esa situación—. La abuela tenía muchos, me costó encontrar el que quería, pero aquí está.

Veo la emoción creciendo en el rostro de Naruto. Ver esa carita preciosa y perfecta tan contenta hace que sonría y que me sienta feliz.

—No puedo aceptar esto —sonrió y niego con la cabeza cuando intenta devolverlo—. No, esto está autografiado y obsequiado a la señora. Sería una grosería de mi parte si lo tomo.

—Pero la abuela tiene más.

Y no miento, la abuela Chiyo tiene un montón de esos álbumes, unos autografiados otros no.

—No, lo siento. Es muy amable de tu parte, pero no. Así déjalo, la intención es lo que cuenta.

—Tómalo, mi niño. Te hará bien. Si no lo aceptar me sentiré ofendida.

Dirijo nuevamente mi mirada hacia Naruto después de que la abuela diera su punto de vista.

—Bien, lo acepto. Se lo agradezco, señora, y a ti Neji.

Me cruzo de brazos triunfante, observando la placidez de Naruto con el rostro en alto, porque esa felicidad es debido a mí... en teoría fue mi culpa hacerlo enojar hace rato, pero lo he arreglado y eso es lo cuenta. Dime, futuro marido, ¿Cuántas chicas habían hecho algo tan lindo para ti antes? ¿Ninguna? ¿Yo solamente? Sí, eso supuse.

—Estás pensando en voz alta otra vez, cariño. —Abro los ojos grande. Siento una corriente eléctrica por mi cuerpo cuando Chiyo lo dice. Oh. Por. Dios—. Estoy bromeando, mi niño. Él no te escuchó.

Río forzosamente porque... ¿qué?

—¿Quieres que te lleve a tu casa? —me pregunta Naruto.

¿Cómo le explico que vivo al lado? ¡No, de ninguna forma se puede enterar! No debo arriesgarme a que me descubra.

—No, me voy a quedar con la abuela un rato. Más tarde puedo tomar un taxi.

Entrecierra los ojos y yo no puedo evitar desviar la mirada. Presiento que presiente que miento. Ángel de la guarda, sé que he abusado mucho de ti últimamente y debes estar cansado pero por favor, sácame de esta.

Nico nico ni, nico nico nico nico, nico ni

Doy un respingo cuando suena mi teléfono con ese impertinente timbre que tendré que cambiar. Permanezco quieta, como si no lo estuviese escuchando... sí, cómo no.

—¿No vas a contestar?

—Eh... ¡Ah, sí! —Saco el teléfono mientras suena y veo en la pantalla, en el nombre del contacto, "estúpido ex"—. Es Sasuke... —digo con desagrado. ¿Y ahora qué quiere? Cuelgo y lo vuelvo a guardar—. Más tarde le regreso la llamada.

—Bien. Entonces, te veo mañana en mi casa. ¿Puedes llegar a las ocho a.m.?

—¡Sí! Ahí estaré. Hasta mañana. —me despido mientras lo veo partir.

Me dejo caer en el suelo del pórtico, con los brazos abiertos y las piernas dobladas sobre el último de los tres escalones. Me quito los anteojos, cubro mis ojos con el brazo y suspiro.

Es terriblemente complicado, comenzando por que soy mala mintiendo, y segundo porque mi jefe me ha gustado demasiado. Debería ser ilegal ser tan guapo.

Si me soy sincera, dudo que pueda seguir fingiendo ser alguien que no soy. Me siento terrible al mentirle a una persona que, fuera de ese mal carácter esporádico, es muy bueno. Yo soy la mala, la que hace las cosas mal. Una parte me dice que detenga todo ahora que es luego, pero la otra parte dice que no haga caso a los valores que Neji me inculcó desde niña y siga mintiendo... la vida de mi hermano depende de eso, ¿no?

—Te gusta el pequeño Naruto, ¿no es así?

Destapó un solo ojo y miro a la abuela sonreír mientras se balancea.

—Claro que no... ¿cómo sabe su nombre?

—El pino es sabio, porque no sea presidente no quiere decir que no pueda ser gurú.

¿Qué? No entiendo.

—Sí, me quedó clarísimo. —Vuelvo a cubrir mi rostro—. A veces envidio tu pequeño mundo, abuela. Al primer indicio de problema puede escapar de la realidad.

—El señor pollo opina lo contrario. Te dejo bañándote, hijo, iré a cepillarme el vello de los brazos. Ten cuidado, ahí viene el catrín.

Escucho crujir la poltrona cuando la abuela se levanta, da sus pasos arrastrados hasta que escucho que cierra la puerta... y pone la aldaba. ¡Excelente! Me ha dejado afuera otra vez.

Unos segundos después escucho la voz del diablo. Lo que faltaba.

—¿Por qué no respondes mis llamadas?

No digo nada. Permanezco en la misma posición.

—Hablo en serio, Hinata. Deja de actuar como una niña.

Listo. Tocó el botón mágico.

—Estaba con mi nuevo jefe, no pude responder porque sería una grosería. Además tú siempre haces que quiera gritarte y no podía hacerlo en frente de él. ¿Comprendes?

—¿Qué hacía Naruto aquí?

Me siento y lo miró con hastío. ¿Cuál es su problema?

—¿Quieres saber? Te lo diré. Me trajo porque accidentalmente rompí su LP favorito cuando me puso a limpiar su oficina, se molestó tanto que estuvo a punto de despedirme, pero entonces recordé que la abuela tenía el mismo LP. Le dije que podía arreglar lo que mi torpeza hizo y él dijo que iba a confiar en mí. Llegamos y entonces le di el LP, y ya está, se fue.

Sasuke no dice nada, se queda viéndome con una ceja alzada y esa expresión de asquerosa superioridad que siempre ha tenido.

Asiente, poniendo sus ojos en otra cosa que no sea yo.

—¿Comiste algo? —dice, con su voz un poco más suave.

Mis tripas rugen de nuevo y con la misma intensidad de antes, tal vez más. Bajo el rostro sin responder, muerdo mi labio por dentro imaginado un enorme pedazo de pizza en mis manos. Por supuesto que tengo hambre, pero también es verdad que del sujeto presente no quiero nada. Suficiente ha hecho por mí, me niego a deberle más favores.

Los dos volteamos cuando una motocicleta se estaciona en la entrada.

—¿Neji Hyuga? —pregunta el tipo con la gorra naranja y el chaleco amarillo leyendo una nota.

Me levanto sacudiendo el polvo de mi trasero. Veo de lejos el logotipo de una pizzería en el cajón que lleva atrás.

—Sí, ¿qué se le ofrece?

El hombre va a la parte posterior de la moto y saca dos enormes cajas de pizza.

—Son para usted y la señora de la casa. Las manda el señor Uzumaki.

Mi boca se abre espontáneamente. Sin pensarlo corro para recibirlas antes de que Sasuke diga algo y me arruine el momento.

—Gracias... —le digo, casi llorando—. ¿Cuánto le debo?

—Nada, el señor ya las pagó. Con permiso.

—Propio —digo sonriendo. Regreso hasta el pórtico donde sigue Sasuke. No quiero verle la odiosa expresión que tenga en la cara, me enfoco únicamente en poner las cajas en la mesita y abrirlas.

Prometo que estoy a punto de sollozar. Es como ver la perfección... es como ver a Naruto hecho comida. Y lo mejor; ¡es de mi ingrediente favorito!

Me doy cuenta de que tiene queso extra cuando tomo una esponjosa y caliente rebanada y la levanto, el queso se estira alto y mis papilas gustativas gritan de emoción, mis glándulas salivales están trabajando a tope. Aspiro su delicioso aroma antes de llevarme el primer bocado a la boca, huele a perfecta exquisitez culinaria.

La muerdo y, siento que por un momento pude pisar el cielo. Me duelen mis mejillas por el exceso de saliva como nunca antes había sentido.

Estuve a punto de llorar. Tenía tanto tiempo que no comía algo tan delicioso.

—¡Oh mi Dios! —Si Naruto me gustaba, ahora lo amo.

—¿Estás llorando? —Bueno, quizá no pude aguantar.

Naruto no tiene idea, pero me ha hecho la mujer más feliz de la tierra.

{...}

Estoy en el séptimo sueño, soñando con mi perfecto y guapísimo jefe completamente desnudo, mostrándome ese cuerpo divinamente esculpido que oculta debajo de la ropa de marca. Está cubriendo su parte privada con una —cabe destacar, enorme— rebanada triangular de la placentera pizza que comí esa tarde.

—Cómetela toda, mi amor —me dice con esa voz altamente generadora de lubricación vaginal y erección pezonal.

Está por levantar el trozo de pizza cuando...

Nico nico ni, nico nico nico nico, nico ni

¡No! ¡Tienes que ser una broma! ¡Justo en la mejor parte!

—Quién se atreve a interrumpir mi preciso sueño.

Tanteo entre la cama hasta que encuentro el teléfono, y sin ver quién llama contesto.

—Hmm... ¿Diga?

—¿Neji? —¡Esa voz! ¡Debo seguir soñando!

Me siento de golpe en la cama tallándome un ojo. Enciendo la lámpara que está encima del buró haciendo tiempo para pensar en que responder.

—No. Soy su hermana. Neji salió y dejó su teléfono... —¡Maldición! Espero que no se dé cuenta de mi tartamudeo—. ¿Se le ofrece algo? ¿Quiere dejarle un mensaje?

—No importa. Disculpa las molestias. Buenas noches.

—¡No, espere! —Estiro la mano hacia adelante, como si pudiera verme... idiota—. Si hay algo que necesite, veré que puedo hacer...

—No es nada —Lo escucho suspirar. Sonrió al imaginarlo desde la otra línea. Su tono de voz suena exactamente a mi fantasía hecha sueño—. Sólo quería, ahm... Preguntarle si, mañana puede llegar más temprano.

—Sí, claro que sí. Yo le digo. Si necesita algo más no dude en llamarme —¿y si...?—. Mi nombre es Hinata.

—Hinata.

Mi corazón se acelera, mi pecho duele, siento que mi piel se hace de gallina cuando dijo mi nombre.

—Gracias —me dijo por última vez antes de colgar.

Aviento el teléfono cuando me dejo caer de espaldas, conteniendo mis ganas de regresar la llamada y quedarme toda la madrugada charlando con él.

No estoy segura de sí fue un error lo que acabo de hacer.

Decirle mi nombre, afirmar que es una chica la que respondió... ¿estuvo bien?

Aunque, me dio una idea brillante pero al mismo tiempo muy descabelladamente deshonesta.

¿Y si... le presento a mi hermana gemela Hinata?

Como sea, lo voy a pensar con calma. En este momento, me urge regresar a mi maravilloso sueño.

—Ahora sí, Naruto, enséñame tu pepperoni.