Disclaimer: Pokémon no me pertenece.


A pesar de sus decisiones

.

Misty nunca había sido de las que se arrepentían de una decisión una vez que la hubo tomado.

Es por eso que aún siguió junto a Ash cuando las cosas se ponían difíciles y el camino se volvía oscuro y sinuoso. Porque había decidido acompañarlo, es que se quedó junto a él aun cuando Brock decidió tomar un rumbo distinto, aun cuando un futuro prometedor le esperaba en casa como estrella de los espectáculos acuáticos, y aun cuando ella misma se sentía cansada y asustada de lo que les deparaba más adelante el camino. Porque ella había decidido acompañarlo en su viaje.

Fue por lo mismo que lo eligió a él en lugar de a Rudy cuando el líder de gimnasio le pidió quedarse en su exótica isla y criar juntos a la pequeña Mary, porque a pesar de toda la estabilidad, cariño y felicidad que el chico pudiera ofrecerle, ella siempre preferiría a Ash por sobre todas las cosas. Porque había decidido amarlo hasta el último día de su vida.

Y lo siguió amando cuando tomó la decisión de volver al gimnasio y reemplazar a sus hermanas en esa tarea. Porque no iba a dejar de estar enamorada de él sólo porque se dedicara a sus labores de líder en la quietud y tranquilidad de Ciudad Cerulean, mientras que él seguía con su viaje por el mundo, por eso se atrevió a rechazar todas las propuestas de noviazgo que había recibido a lo largo de los años, porque ella seguía firme en su decisión de esperar a Ash hasta que volviera a aparecer por la puerta de su gimnasio como el primer día.

Nunca antes se había cuestionado ninguna de las decisiones que hubiera tomado y que hubiesen generado un cambio importante en su vida. Ni seguir a Ash, ni ser líder de gimnasio, ni amar a su mejor amigo, habían sido jamás algo de lo que haya tenido que arrepentirse jamás. Y seguía firme en cada una de aquellas decisiones lo que cada una de ellas significaba.

Pero ahora, a Misty le sabía como un trago amargo, porque de pronto parecía que se estaba retractando de su decisión. Porque parecía que ellas se estaban volviendo un impedimento para seguir con su vida. Y eso a Misty no le agradaba en lo más mínimo.

Negó con la cabeza una y otra vez. No. No podía seguir pensando de esa manera. Debía ser firme y seguir con lo que se había propuesto al salir de casa y caminar a Pueblo Paleta con las piernas temblorosas y la ansiedad a flor de piel.

Desde que el nieto del profesor Oak la visitó en el gimnasio hace unos meses, la vida de Misty se había convertido en un auténtico sube y bajas. Nada, desde ese día, podía considerarse como normal, y mucho menos desde que Ash volvió a casa después de tanto tiempo.

Ash definitivamente hacía que todo su mundo se volteara de cabeza. Siempre lo había hecho y ella nunca había podido evitarlo por más veces que lo hubiese intentado. Le resultaba difícil negarse a cualquier cosa que él se empeñara en hacer, y por muy mala idea que le pareciese, once de diez veces terminaba por acompañarlo. Siempre pensó que se debía a que confiaba demasiado en él como para contradecirlo, otra parte de ella pensaba que se debía a su carácter infantil y voluble de ese entonces.

Pero entonces, ¿qué había cambiado? Porque diez años después se encontraba ahí, preguntándose seriamente si debía hacer o no lo que él le sugirió. Ya no podía usar como excusa su dependencia a Ash o su falta de experiencia. Sea por el motivo que fuera, ella estaba confundida e insegura. Y culpaba de todo a Ash, porque él, como siempre, llegaba y boicoteaba todos sus intentos de llevar una vida sin él, rondando por sus pensamientos, ya que si no lo hacía a través de sus recuerdos, aparecía el Ash Ketchum de carne y hueso a producir ese extraño efecto en ella frente a sus narices.

Suspiró y siguió caminando. No quedaba mucho camino hasta Pueblo Paleta.

Ya era suficiente de pensar en qué es lo que pensaría Ash Ketchum al respecto. Creyó haberlo superado hace meses, de veras que sí, y por eso decidió salir a cenar con Gary esa noche; porque se merecía continuar con su vida. Con o sin Ash Ketchum. Y por un tiempo le pareció que lo habían logrado, claro, hasta que todo su progreso se fue directo al tarro de la basura con la llegada del eterno candidato a Maestro Pokémon y se vio obligada a volver al punto de partida. Sino es que peor, porque ahora no sólo tenía que lidiar con la confesión de Ash, sino que también con la de Gary.

La sola idea hizo que en su cara se dibujara una expresión acomplejada. Nunca pasó por su cabeza la posibilidad de que Gary Oak, el eterno rival de su otrora mejor amigo, pudiese guardar esos sentimientos hacia ella, ¡y peor aún! Se sorprendió a sí misma incapaz de rechazarlo inmediatamente. A él, a quien le pareció tan solo un niño arrogante y sin gracia cuyo único mérito era ser el nieto del afamado y carismático profesor Oak.

Pero ahora no era así. El paso del tiempo había hecho maravillas con ese pequeño niño fanfarrón, y no solo en cuanto a su apariencia, sino que también con su personalidad. Le gustaba Gary: había demostrado ser un hombre maduro y amable, honesto, cariñoso y…

Se sintió sonrojar.

Pueblo Paleta estaba a la vuelta de la esquina. Estaba a tan solo un par de kilómetros del peor momento de su vida.

No era la primera vez que recibía una confesión. ¡Por favor, había recibido cientos! Pero ninguno de ellos había sido tan difícil de rechazar como eso.

Las imágenes de su sueño volvían a aparecer frente a sus ojos. Las ideas revoltosas de su cabeza se habían apaciguado medianamente cuando reconoció la silueta que se arrojaba al agua tras ella para sacarla a la superficie. No debió de sorprenderse al descubrirlo. Él jamás la hubiera dejado hundirse sin remedio.

Sonrió. A ella le pareció una sonrisa tonta y bobalicona de chiquilla enamorada, y procuró borrar esa expresión de su rostro antes de pararse frente a la puerta que le traía recuerdos agridulces desde que era una niña.

Respiró profundo. Intentando juntar la fuerza y la valentía suficiente para lo que venía después. Tocó la puerta con los nudillos y antes de dos segundos alguien abrió la puerta, como si estuvieran pasando por enfrente justo en ese momento, lo que a ella le pareció una desafortunada coincidencia, pues no le dio tiempo de volver a respirar antes de entrar.

—Mist— anunció el dueño de casa, sin poder ocultar su genuina sorpresa—, qué gusto verte aquí.

—Hola, Ash—intentó la mejor sonrisa que pudo—, ¿puedo pasar? Hay algo sobre lo que quiero hablarte.


Por el estado en que se encontraba en ese momento, Gary podía decir con toda propiedad que nunca se había sentido peor.

Desde que puso un pie fuera de la casa de Misty esa mañana, que se había sumido en un profundo letargo depresivo que en esos momentos lo tenía tendido a lo largo sobre el sofá de su pequeña sala de estar. Miraba un punto perdido en el techo como si hubiese algo tremendamente interesante en él.

¡Qué tonto había sido! Mira que llegar a fijarse en la única chica que jamás se fijaría en él. Porque Misty era la única de la cual enamorarse representaba una imposibilidad natural. Ella estaba enamorada de Ash. Siempre lo había estado. Y se sintió un completo estúpido al pretender que en unos pocos meses ella se olvidara de su viejo amor de la infancia y mirara en su dirección.

Gruñó molesto y con amargura.

Nunca tuvo oportunidad alguna. Había miles de cosas en las que superaba a Ash desde que podía recordar, pero al parecer nada de eso era suficiente como para competir con Ash por Misty.

De pronto, sintió un golpe en la puerta que le llamó la atención y le hizo sacar la vista momentáneamente de esa figura en el techo de madera que parecía un pequeño Tedyursa con las orejas demasiado grandes, para dirigirla hacia ella. Se irguió sobre sí mismo guardando completo silencio y aguardando a que el sonido de golpeteo se repitiera. Pasado un largo minuto en que nada sucedió, volvió a recostarse.

Quizás era tan solo su imaginación. Cerró los ojos, dispuesto a quedarse ahí por un buen rato más. Y lo habría hecho de no ser por un nuevo golpeteo tímido que se oyó esta vez con mayor claridad, esta vez acompañado de un murmullo melodioso:

—Gary, soy yo…debemos hablar—Misty.

Solo entonces él se irguió de golpe, sorprendido de lo que estaba oyendo, ¿sería cierto? ¿O quizás era alguna cruel ilusión de su subconsciente jugándole una broma? Ignorando el ligero mareo que lo invadió al levantarse tan rápido, se dirigió a la puerta, tambaleante, para abrirla. Pero algo lo detuvo justo cuando iba a girar el picaporte.

Una sensación de miedo inexplicable lo invadió hasta la médula. Su corazón latía con fuerza y sentía que era capaz de oírlo con total claridad. ¿Podría oírlo Misty allá afuera? Él habría podido apostar a que sí. Su mano comenzó a temblar sobre la perilla, incapaz de sujetarla con la fuerza suficiente como para girarla y abrir la puerta.

Fuera, sintió un murmullo. Misty comenzaba a hablar desde el otro lado de la puerta cerrada y él sintió que su corazón se detuvo.

—Yo, herm…sé que probablemente estés molesto conmigo, Gary. Yo puedo entenderlo—balbuceó ella—. Si de verdad no quieres verme, yo… me iré ahora.

Hubo un silencio. Él seguía con la mano alrededor de la perilla sin poder girarlo.

—Pero antes de irme, quisiera que supieras que acabo de hablar con Ash—sintió que algo dentro de él se rompía lentament— y vengo a decirte que lo he rechazado.

El investigador abrió los ojos de par en par, sorprendido a más no poder. ¿Qué es lo que había dicho? ¿Que había rechazado a Ash? No. Lo más seguro era que hubiese oído mal, porque de haber escuchado correctamente, eso significaba que ella no le había preferido por sobre él mismo. ¿Es decir que lo estaba eligiendo a él por sobre Ash? ¡Por favor, qué disparates estaba pensando!

De pronto, nada de eso importó cuando vio a Misty por la mirilla de la puerta girar sobre sus talones y comenzar a caminar en sentido contrario. Verla alejándose de él fue más de lo que pudo soportar. Reunió fuerzas de flaqueza de quién sabe dónde para sujetar la perilla y girarla, y cuando hubo abierto la puerta y ver el exterior: a Misty dándole la espalda, no pudo hacer nada más que llamarla con voz ahogada por su nombre.

—Misty—ella se dio la vuelta para mirarlo, sorprendida—, no te vayas.

La aludida sonrió melancólicamente, como si le doliera en el alma haber tenido que dar la cara y enfrentarlo, como si lo único que quisiera en ese momento fuera huir y guardarse las explicaciones que sabía que él estaba esperando con el alma en un hilo. Pero ya era tarde, porque ya había abierto la boca y él había abierto la puerta, y en ese momento en que el sucesor de Oak le miró con los ojos llenos de sorpresa y expectación, ella supo que no había marcha atrás.

—Dime que no estás bromeando—le advirtió con un tono de voz más bien severo. No estaba seguro de poder soportar una broma como ésa.

Ella asintió, casi con vergüenza.

Gary solo dejó escapar un pequeño bufido, como si de pronto hubiese descubierto una verdad innegable y evidente que estuvo siempre frente a sus ojos. Se llevó la mano a la cabeza y la hundió en su caótico cabello castaño.

—¿Puede saberse por qué?

La voz de Gary intentaba ocultar todo su estado de nerviosismo.

Ella pareció titubear. Como si dudara realmente de la razón que la llevó a tomar la decisión de decirle que no por primera vez a Ash Ketchum, cuando en realidad la estuvo pensando seriamente. Bajó la mirada con timidez.

Tener a Misty frente a él lo ponía nervioso y francamente el hecho de que se mantuviera tanto rato en silencio no ayudaba a controlar su ansiedad. Terminó de pasarse la mano por el pelo y se rascó la nuca, frustrado. ¿Es que no pensaba decir nada? Suspiró.

—Hey—llamó su atención con el propósito de distender el ambiente, demasiado denso hasta para él—, si no quieres decírmelo, no es necesario que lo hagas.

Por supuesto, eso lo decía de la boca para afuera, porque él en realidad se moría de ganas de saber qué es lo que la había motivado a darle calabazas a Ashy-boy. Pero verla de pie ahí, con la mirada gacha y acomplejada, hacía que sus defensas cayeran, que sus energías se concentraran en hacer que Misty se sintiera lo menos incómoda posible, muy a pesar de lo que él estuviera sintiendo en ese momento.

Pero su paciencia y su corazón no iban a aguantar para siempre. Tenía un límite al que nunca antes había tenido que llegar; nunca había tenido que poner a prueba sus propios límites –salvo aquella noche que hubiese preferido borrar de sus recuerdos-. Pero Misty los había alcanzado y eso le ponía las emociones a flor de piel.

Se dispuso a entrar nuevamente a la casa, presa de un ataque de nervios que prefería no manifestar frente a ella. Giró mediamente sobre sus talones y metió la nariz al interior cuando ella, de manera sorpresiva y contra todo aviso, corrió el escaso metro y medio que la separaba de él y le tomó el brazo para evitar que se marchara.

Él se detuvo en pleno andar. Abrió los ojos con sorpresa y sintió que su corazón se detuvo por segunda vez. Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra para darse la vuelta y mirarla desde arriba. Ella lo miró suplicante unas pulgadas más debajo de su hombro, mientras le tomaba por el brazo a la altura del codo, sujetándose a él casi con urgencia. Sus ojos centellearon.

Gary balbuceó sin saber exactamente cómo reaccionar. Ella le sostuvo la mirada. Tragó con pesadez cuando sintió que se le secaba la garganta.

—Gary, yo rechacé a Ash porque no lo amo.

Su mirada era firme y determinada, entonces, tal como había hecho otras veces, se paró sobre las puntitas de sus pies, sujetándose del hombro del chico y acercándose a su rostro, pero a diferencia de otras veces, lo que hizo fue colocar sus labios sobre los de él, con decisión, sin titubear.

Él no reaccionó. No pudo hacerlo, y de haber podido, no estaba muy seguro de haber querido hacerlo.

¿Era real? ¿No era acaso una maldita y cruel ilusión provocada por el deseo de su subconsciente? Puso una mano sobre el hombro de la pelirroja, verificando que realmente hubiese una chica frente a él y que ésta de verdad se tratara de Misty.

Ella se separó, mirándolo directo a los ojos con un fuerte rubor que delataba su vergüenza. El chico la tomó por los hombros.

—No juegues conmigo, mujer—le medio advirtió y medio pidió, desviando la mirada.

—¿¡Por quién me tomas, Gary Oak!?—le espetó con furia la chica tras su último comentario.

Arceus, las cosas habían sido lo suficientemente complicadas en sí mismas, sí, podía entenderlo, pero eso ya era el colmo. ¡Hombres!

—¿Por qué otra razón estaría aquí si no fuera cierto? —unas pequeñas lágrimas quisieron salir de sus ojos de la pura frustración y Gary se arrepintió de inmediato de haber abierto la boca—. Esto es tu culpa, en primer lugar; de no haber aparecido en mi gimnasio con esos aires de grandeza que cargas las 24 horas del día, no me habría enamorado de ti. Porque a pesar de ser un odioso, fanfarrón y sabelotodo, no puedo sacarte de mi cabeza, incluso cuando Ash volvió a casa.

Entonces las lágrimas comenzaron a correr sin que ella pudiera hacer nada para detenerlas. Se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar como una niña pequeña.

Si antes se sentía mal, ahora Gary se sentía diez veces peor. Mira que hacer llorar a Misty, la chica más sensible, voluble y hermosa que había conocido jamás. Sonrió de medio lado, como con resignación. La rodeó con sus brazos, cobijándola en su pecho y apoyando su barbilla sobre su cabeza, como aquella vez en casa de los Ketchum, y la dejó llorar con libertad.

En ese instante, Gary pensó que al fin podía dejar de competir por tonterías, porque su mayor y más grande aspiración lo había preferido a él por sobre todas las cosas. Incluso por sobre Ash Ketchum.

.


Revisado: Martes 11 de julio de 2017