Regresé con un nuevo capítulo. Tal como prometí este capítulo tendrá mucho Adrinette y además será emocional dado que ambos estarán muy sumidos en sensaciones que van y vienen. Espero les guste. Saludos a todos.
-10-
Remembranza.
—¿Eres amigo de Chlóe, no?
—¿Por qué todos me preguntan eso?
—Chico, si quieres hacer amigos debes decirle la verdad.
—Quería decirte, que en realidad estaba tratando de quitar la goma de mascar, lo juro. Todo esto es nuevo para mí, nunca antes había estado en una escuela. Hasta mañana…
—S-Sí, eh, a-dios… eh…
—¿Cómo te fue hoy, Adrien? ¿Hiciste amigos?
—Sí, hice dos. Un chico que se llama Nino y una amiga… Marinette.
—Marinette… - ahí estaba de nuevo. Era la primera cosa que decía tras despertar. ¿Marinette? ¿Por qué Marinette? ¿Quién era ella en primer lugar? Ah, ya lo recordaba. Marinette Dupain-Cheng fue su amiga. Si su memoria no fallaba, se trataba de una joven de complexión delgada, de cabello negro azabache, ojos azules y linda cara. Oh, sí, claro que la recordaba. Pero junto a su recuerdo venía algo muy doloroso, cuestión por la cual quería olvidarla en primer lugar.
Marinette era un nombre que fungía mucho significado para él. Más de lo que le gustaría admitir. Ni siquiera su nombre propio le era tan importante. Adrien era un nombre que hacía mucho tiempo había dejado de resonar en su mente. Pero el de su amiga, jamás. No había ni un solo día que no lo recordara por lo menos una vez. ¿Sería que en realidad se sentía culpable de haberla asesinado? Definitivamente eso trastornaría a cualquiera.
Marinette había marcado un antes y después de su estancia en el proyecto MTR. Cuando escapó aquella noche no creyó que llegaría tan lejos, de hecho, suponía que terminarían por matarlo a tiros por la espalda, cosa que no estaba muy errónea, mas logró escapar y llegar a un lugar "seguro". Encontrar a la chica fue sumamente grato, tanto que no retuvo sus lágrimas y permitió que su felicidad le inundara. Hizo todo lo posible por protegerla, prefería negarla a dejar que Xiao le lastimase, aunque eso no funcionó. Todo había pasado muy rápido y su convicción por protegerla se fue directo al carajo cuando Xiao le mostró que era más bestia que hombre.
Desde aquel entonces decidió que ya no valía la pena continuar luchando. Dejó que los técnicos, los enfermeros y los médicos hicieran con que quisieran con él. En los últimos tres años le habían enseñado a esquivar, a defenderse con y sin transformación, por lo que sus avances eran impresionantes. Actualmente era más bien un robot al servicio de Xiao que otra cosa. También se portaba dócil y no agredía a nadie, a no ser que estuviera transformado.
Las celdas se habían vuelto más silenciosos, si es que eso era posible. No hablaba con nadie. Si antes sostenía pequeñas conversaciones con antiguos compañeros como Tao, ahora sólo se enfocaba en descansar apartado del bullicio.
Aún conservaba parte de su humanidad, pero se sentía tan deprimido que deseaba no tenerla. Ser humano lastimaba, se decía a sí mismo, ¿Valdría la pena tener libre albedrío? Antes y después de cada sesión de entrenamiento se preguntaba hasta qué punto seguiría siendo humano. Ciertamente ya no veía la diferencia entre ellos y los animales. Después de todo siempre estaban encerrados, torturados y estudiados.
Su vida se había roto tantas veces que ya no entendía cuál era el propósito de esta.
—Buenos días, 314. – Adrien dio un respingo cuando escuchó la voz de Xiao al otro lado de la celda. Le miró de soslayo y se levantó. Camino hasta quedar frente a frente. —Hoy tenemos algo muy especial por hacer. – no dijo nada, su mirada era tan fría como el cielo. —¿Cooperarás, no es así? – Adrien asintió, ¿Qué otra opción le quedaba? —Así me gusta, 314, eres un buen muchacho. – por un momento pensó que Xiao le tocaría la cabeza como a un perro, pero no lo hizo.
Un soldado extendió unas esposas y Adrien respondió servicial. Le encadenaron y escoltaron. Observó de reojo a los demás sujetos, todos estaban aislados en sus propios mundos, no les interesaba quien entraba ni quien salía, así eran las cosas últimamente.
Lo llevaron al coliseo. Había pensado que querían ponerlo a correr o algo en la pista de obstáculos, como siempre, pero no fue así. Lo colocaron a solas en la sala intermedia y espero a que le quitaran las esposas. Una vez hecho eso, la reja cedió para que entrara al dicho lugar. Accedió con los ojos cerrados, pues conocía de memoria el sitio.
—Sujeto de prueba 314CN, clasificación C, inicia protocolo de entrenamiento Catus. – dijo una voz a lo lejos, Adrien respiró, ahí iban de nuevo. La música del Himno a la Alegría sonó fuerte en sus oídos y todas sus emociones se dispararon irremediablemente. Siempre que escuchaba las jubilosas notas de Beethoven su cuerpo se contorsionaba en emociones negativas. Bastante irónico a decir verdad. Un grito vino acompañado de su cambio mental.
Con el paso del tiempo los investigadores llamarían a este proceso como un cambio de personalidad múltiple asociado a un episodio maniaco. Adrien dejaba de ser aquel muchacho tan amable y gentil para convertirse en un ser humano con complejo de felino. Xiao y compañía le reconocía como fases, siendo la cero un humano normal, la fase I un teriántropo, es decir, un humano cuyo proceso conversivo se estancaba a la mitad y creía que sólo la mitad de su cuerpo cambiaba al de ser un animal, pero el resto seguía intacto, hasta finalizar con la fase II, en la cual el sujeto finalizaba la transformación mental siendo un zoántropo consumado. Así mismo, existía la clasificación de agresividad.
Un sujeto de prueba que durante la fase II se comportaba temeroso, dócil y débil se le clasificaba como A, ellos no eran los ideales para una pelea, pero se les podía usar para reconocimiento o servicios domésticos. Un sujeto clase B eran agresivos pero no demasiado. Ellos se comportaban pacientes y se quejaban con gruñidos, pero si eran provocados o se les indicaba, atacarían sin problema. Los clase C eran meramente agresivos al momento de entrar en segunda fase, ellos atacaban sin mediarse y eran también fácilmente inducidos para volverse zoántropos. Estaban finalmente la clase D, ellos eran humanos que casi todo el tiempo perduraban como animales. Su comportamiento no fluctuaba con la inducción, sino que casi todo el tiempo se comportaban como criaturas y por tanto, eran muy peligrosos, pues sus emociones eran tanto volátiles como difíciles de controlar a no ser que se les tuviera muy bien entrenados.
Adrien era un clase C, por tal motivo, se le consideraba peligroso en inducción y debido a ello habían amaestrado al muchacho a responder a la voz de su amo siempre que éste le llamase, incluso si su comportamiento estaba en su modo más agresivo, debía obedecer; el implante había hecho esto posible.
—Quieto. – profirió Xiao por el altavoz. Adrien gruñía similar a un ronroneo, su cuerpo estaba tenso y tonificado. —No te moverás hasta que yo te diga, 314. Quédate de pie. – rezongó en un soplido, pero a pesar de esto no se movió. Xiao miró hacia el otro lado del coliseo, su otro sujeto de prueba ya estaba listo. Con una radio que le colocaron en el oído, comenzó a dictar su gatillo.
—Lucky Charm. – dijo Xiao con monotonía, su sujeto se tensó y emitió un pequeño suspiro, su mirada se centró al frente con peligrosidad.
—Et Parere. –respondió.
—Adelante, 122, del otro lado estará tu compañero de entrenamiento. – ella avanzó al momento que le permitieron entrar en la celda.
Los dos cuerpos se encontraron frente a frente. La tensión estaba en el aire. Suen miró junto a su jefe el encuentro.
—¿Cree que es lo más seguro, General?
—Es el momento perfecto para ponerlos a prueba.
—¿Pero qué tal si lo que el maestro dijo es verdad? Si es así, sólo habrá desperdiciado a los excelentes sujetos de prueba.
—Sou Jin ya no existe, Suen. – Xiao le miró de soslayo. —Por lo tanto lo que haya dicho dejó de tener importancia. 314CN y 122LB comparten un pasado, si puedo lograr que estos sujetos de prueba tan bien entrenados cooperen entre ellos, habré superado mis límites y la siguiente fase de mi plan se habrá completado.
—¿Entonces eso es sólo una prueba?
—Así es.
—¿No cree que es arriesgada?
—Todo en esta vida implica riesgos, Suen. – Xiao alzó una ceja. —¿Qué te preocupa?
—Pues… -las palabras de Sou Jin seguían taladrando su mente. —Que ellos se maten entre sí. ¿Qué tal si su humanidad está tan rota que no puedan sentir empatía?
—Entonces yo seré esa empatía. –Xiao tomó el micrófono. —Iniciando protocolo de entrenamiento Coccinella. – Marinette dio un paso al frente, Adrien gruñó, podía olfatearla a pesar de la distancia. —122, tu oponente será el sujeto 314, las instancias del ejercicio es inmovilizar, no lesionar ni matar, ¿Está claro? – ella asintió. —314, tu objetivo es detener, no lesionar o matar. – Adrien gruñó en respuesta. —Comiencen.
Ninguno se movió. Se observaron a lo lejos. Adrien fue quien hizo algo, pues se movió improvisadamente, rodeando a Marinette, acechándola como una auténtica pantera. Generalmente su temperamento como sujeto de prueba era más rudo. Solía lanzarse a la primera oportunidad cuando le indicaban su objetivo, pero en este caso, quizá porque era la primera vez que Xiao le pedía que "inmovilizara" un oponente, se lo estaba tomando con calma.
Marinette por su parte permaneció quieta, sin quitarle la vista de encima. Sus puños estaban hacia abajo pero su espalda estaba tan tensa como una roca. Xiao observaba atentamente lo que ellos tenían para mostrar y decidió que no iba a intervenir, no importase que tan tentador fuera. Quería ver que tan fieles podían ser a sus órdenes, si llegaban a lesionarse obtendrían un castigo.
Adrien estaba cada vez más cerca. Se movía de un lado a otro, pavoneándose con confianza, analizando a su presa, buscando debilidades. Entonces atacó. Todo su cuerpo, crecido, musculoso y lleno de adrenalina dio paso a su salvajismo cuando la tuvo a menos de cien metros. Era un hombre ágil e intimidante, pero no para Marinette, no ahora que estaba siendo presa de un estado de inmersión que, paradójicamente, sacaba lo mejor de ella.
El muchacho atacó estirando sus manos contra ella y ésta, rápida como una gacela, giró en un gracioso movimiento de bailarina, la masa de Adrien pasó cerca pero no la tocó, su aviada le jugó para mal cuando se fue contra el suelo. No obstante, tan fuerte como era, se detuvo y emuló una posición de cuatro patas, se lanzó a su cintura en una tacleada y Marinette saltó estirando perfectamente sus manos hacia arriba, despojándole de la oportunidad. Teniéndole en desventaja ella arremetió.
Trepó a su espalda y coló sus piernas contra sus caderas, un brazo por debajo de su barbilla y un candado sujetándose la muñeca como una palanca. Iba a sofocarle para que se desmayara y estiraría su columna hacia atrás con su propio peso para dejarlo improvisto de movimientos bruscos.
—Brillante. – comentó Xiao.
Adrien retozó con ella encima. Al tenerla sujeta de la cadera con sus piernas no se la sacaría tan fácil, así que usó su propia fuerza. En un arranque violento, metió una mano en el triángulo que alcanzaba a formarse entre su codo y su cuello, su otra mano voló hasta su cabello y le tomó de la base del cuero cabelludo. Haló con fuerza, suficiente como para arrancarle el pelo, pero Marinette no se dejó vencer, apretó todos sus músculos y encajó más su brazo. Forcejearon un poco más y fue Adrien quien triunfó en fuerza. Deshizo el agarre de su codo y la tomó rápidamente del antebrazo, tiró tan poderosamente que la liberó de su agarre. Le dio una vuelta completa y su espalda cayó contra el piso.
El aire salió de sus pulmones, pero se recuperó rápido. 314 se abalanzó para cubrirla con su cuerpo, y ella se inmiscuyó entre la abertura de sus piernas, le pateó la barbilla y desvió la atención del muchacho. Una vez libre y de nuevo detrás de él, intentó hacer lo mismo, mas el joven se volvió con astucia y la tomó de las manos. Se entrelazaron en una lucha de fuerza, que obviamente el chico consiguió ganar.
Le dio un empujón y la hizo perder el equilibrio, cayó sobre ella pero la mujer tenía otra cosa en mente. Dobló su brazo y encajó el codo en el esternón de Adrien. Unió sus rodillas en su estómago hasta que sus plantas dieron contra su musculatura abdominal. Él era pesado, pero su capacidad de lucha estaba amplificada por los mismo efectos del entrenamiento, el rubio la sujetó de los hombros, clavando sus uñas crecidas y dedos gruesos, pero no le importó el dolor o si le hacía moretones, Marinette consiguió impulsar el cuerpo de Agreste sobre su propio punto gravitatorio y lo lanzó a un lado, liberándose.
Rodó para que no pudiera tomarla y se apresuró a correr para buscar un arma y así luchar en mejores condiciones. El verla huir le causó una sensación de desesperación predatoria. Rugió toscamente y se alzó. Estaba por llegar a ella a pocas zancadas, pero fue engañado. Marinette frenó y se agachó, su garra pasó a pocos milímetros de su cabeza, mas no la tocó. Al tener otra vez la delantera enredó sus tobillos con los del muchacho, haciéndole tropezar.
Su estómago dio contra el suelo pero no su pecho, pues cayó sobre las palmas de sus manos. Ella se apresuró, saltó sobre sí y le aplastó con el impulso de su salto. Lo tomó por sorpresa y al verlo, se atrevió a meter las manos por debajo de su cuello y con sus piernas hacer un contrapeso hacia la tierra. Consiguió que de nuevo, Adrien hiperextendiera su mandíbula y su espalda se doblara de forma antinatural, no obstante y si hubiese sido una batalla más justa ella habría triunfado.
El muchacho tenía más peso y músculos que ella. Se levantó del suelo y se lanzó contra sus espaldas, la aplastó para su ingenuidad y terminó por sacarle el aire de los pulmones. Cuando la sintió aflojar el agarre se volteó para morderle el cuello, más fue detenido por una orden llana.
—¡No! – resonó la voz de Xiao en los altavoces, Adrien se paralizó. Eso fue aprovechado por Marinette, se escabulló entre su agarre y se arrastró fuera de él. Adrien sacudió su cabeza, recuperando el hilo de su batalla y se atrevió a embestirla cuando la vio dándole la espalda.
Marinette se giró con rapidez y le dio senda patada en la cara. Fue tan potente que lo tumbó y cuando ella se fue contra él en una kata bien ensayada de lucha cuerpo a cuerpo, el instinto inducido del chico lo posesionó. Furioso por el golpe, retrocedió para esquivar sus otras patadas. En una ocasión, Marinette se resbaló un poco y fue el mejor momento para atraparla. Se lanzó sobre ella cuan locomotora, la tomó de la cintura y capturó uno de sus brazos en el aire. Fue un ataque directo, la aplastó nuevamente contra el suelo. Inmovilizó sus piernas enredándolas con las suyas, ahuecó sus manos con las propias y la obligó a quedarse quieta, aprovechó el momento, iba a atacar su cuello de nuevo y sus dientes rozaron la piel de su garganta cuando una corriente potente le lastimó entero.
Adrien alzó la cabeza y gritó de dolor, su grito parecía un aullido entremezclado con una alarido humano. Como estaban juntos la electricidad pasó a la chica y ella también se sacudió en un gemido desesperado.
Xiao había actuado rápido, de haberle dejado, muy probablemente Adrien le hubiese cercenado la garganta. Después de la descarga ambos se quedaron quietos. Aunque seguían aferrados el uno al otro, sus nociones no parecían tan violentas como al principio.
—Creo que la descarga eliminó su ira. – comentó Suen, admirado de cómo habían estado tan cerca de luchar tal y como Xiao les había ordenado.
Prontamente y tras unos segundos, Marinette se recuperó primero. Comenzó a forcejear bajo su cuerpo y Adrien, tenso retomó la iniciativa de sólo inmovilizarla. Sus rostros estaban muy cerca y sus ojos, cargados de locura se veían rabiosos mientras luchaban por el dominio.
Estuvieron así algunos minutos y luego, poco a poco, dejaron a pelear. Llegó un momento en el que ambos parecían fatigados y sus cuerpos, ya un poco más relajados, dieron paso a una recuperación psíquica común que se establecía posterior a su evento maniático.
El aliento de Adrien bañó el rostro de Marinette. No hablaba pero se le veía con el rostro arrugado por la ansiedad. Sus fuerzas se mermaron, el estado había pasado. De pronto, nada existía a su alrededor, sólo el latido de sus corazones y el vaivén de su respiración.
—Será mejor que los separemos. – pidió Xiao e indicó los soldados y enfermeros hacer lo suyo.
Pero, ajenos a todo el procedimiento, los jóvenes se vieron atrapados en los ojos del contrario. El tiempo se congeló entre ambos. Sus respiraciones entremezcladas junto al olor de sus cuerpos cautivó al muchacho, como si estuviera despertando de un sueño para llegar a otro. A pesar de que la ira fue remplazada por angustia, Marinette no se sintió asustada como siempre pasaba después de regresar de ser autómata. Adrien por su parte, estaba maravillado.
Atrapado en el azul claro de los ojos de Marinette, sintió que su corazón intentaba salírsele del pecho e irse muy lejos. Sus verdes, cuando fanales peridotos, parpadearon lágrimas y dejaron a la chica aún más confundida que al principio. Lentamente separó sus brazos y soltó los de ella, alzó un poco su cuerpo y para sorpresa de todos, los pasó alrededor de la espalda de ella. Hundió su rostro entre su cuello y hombro. La chica sintió la tibieza de sus lágrimas y los espasmos de su pecho al gimotear.
—Qué alegría… -le escuchó susurrar en un idioma que, aunque no supo identificar de primeras, le pareció estrictamente familiar. —Es sólo un sueño… - dijo a su oído. —Sólo un sueño. – le apretujó más fuerte y expulsó el aire de sus pulmones.
No entendía qué pasaba, no era capaz de reconocer al muchacho ni la situación tan curiosa en la que se había enrollado. Espero y escuchó, pues no tenía fuerzas para movérselo de encima.
—Mari… - susurró en su oreja, ella parpadeó, esa palabra le sonaba de alguna parte. —Mi querida Marinette… - gimió mientras sorbía su nariz. —Sabes que yo jamás te lastimaría, ¿Verdad? Nunca fue mi intención hacerte daño. No podría seguir viviendo si lo hiciera otra vez… - sollozó y untó su mejilla contra la suya, apretándole con fervor. —Es un sueño, sólo apareces en mis sueños… Por eso estoy feliz. En los sueños no puedo lastimarte. – su corazón palpitó a prisa. Sus palabras comenzaban a llenarle de angustia su pecho. No sabía por qué, no tenía ni la más mínima idea de qué sucedía, pero lloró.
Gruesas gotas de agua se escaparon sin que llegara a expresar algo más en su rictus. Estaba por corresponder su abrazo cuando los apartaron.
—Aléjate de ella, 314. – dijo un enfermero, tomándole de los hombros y separándole. —Suéltala. – ordenó autoritario y éste obedeció por inercia. La dejó libre, no sin antes dedicarle una nostálgica mirada.
Lo esposaron y arrastraron para que caminara, pero él, renuente, volteaba a cada instante que podía hacia ella, para no perderla de vista.
—De pie, 122. – dijo un soldado, la alzaron sin problemas, ella no se quejó. Sus ojos azules estaban fijos en el muchacho que con parsimonia desaparecía de su vista. Estaba en shock. No se movía, no decía nada, tampoco correspondía a las órdenes. Alguien lo interpretó como un ataque de pánico o un episodio depresivo, casos que solían darle después de las conversiones, así que trajeron una camilla, la sujetaron a ésta y la llevaron a su habitación.
—Salió mejor de lo que esperaba. – profesó Xiao, mientras veía como los alejaban del campo.
—314 casi la mata. – puntualizó Suen.
—Es cuestión de práctica, dentro de unos meses serán imparables.
—Espero que sí, señor. – el médico desvió su vista hasta Marinette, quien desaparecía en la camilla tirada por los enfermeros.
La llevaron a su cuarto y la depositaron en su cama, sin amarres. La mujer no correspondió en nada, seguía sumida en un completo mutismo y sus ojos, aún tenían lágrimas tibias. Una de sus manos acarició su hombro, en donde prevalecía la humedad de las lágrimas del muchacho. Todavía le sentía sobre ella, lo cálido de su cuerpo y lo torpe de sus palabras.
Por alguna razón reconocía el idioma, si es que era uno. Lo podía saborear, incluso tenía pensamientos en dicha lengua. ¿Por qué? ¿Por qué al escucharle se sintió terriblemente abrumada? ¿Qué eran todas esas sensaciones que se apoderaban de su corazón? De pronto se sintió temerosa, desesperada, furiosa y al poco, tan cansada como si hubiese corrido un maratón.
¿Quién era ese joven? ¿Por qué sus palabras le causaban tal opresión en su pecho? ¡¿Por qué no podía dejar de llorar?!
Hipó una y otra vez, descargando su frustración y dolor físico, debido a las caídas durante los derribos. Rememoró sus manos alrededor de su espalda, su tacto, sus ojos, el color de su cabello, su agarre… Estaba segura que lo había sentido antes, que ya le conocía, ¿Pero de dónde?
—Él es tan adorable… tan perfecto, tan, tan…
—¿Él?
—¡Sí, tan él!
Marinette dio un respingo. ¿Acaso se había quedado dormida? ¿O sólo descansó los ojos un momento? Era difícil saberlo dada la oscuridad de la habitación. ¿De quién era esa voz? No era suya, entonces, por qué recordaba la voz de una mujer joven en su cabeza. ¿Se habría vuelto definitivamente loca? No es como si fuese difícil que eso pasara.
—¡Ugh, detesto cuando es así de molesta!
—Ya sabes cómo es ella…
—Sí pero, a… no le gusta y es tan amable que debe soportarla.
—Es un buen chico, eso seguro. Te enamoraste de un caballero.
—… No digas esas cosas, me apenas.
Volvía a abrir los ojos. ¿Qué había sido eso? ¿De quiénes eran esas voces? ¿Por qué no era capaz de darles forma? Su pecho se removió inquieto, algo le estaba quitando el aire, era una oleada dolorosa y terrible, sintió la necesidad de llorar para dejarla ir. Apretó tan fuerte como pudo los ojos.
—Tenías quince años cuando nos conocimos. Nosotros estábamos en la misma clase…
—Marinette, mi querida Marinette… Cuanto tiempo.
—Adrien. – el nombre salió de su boca antes de que abriera los ojos. Continuaba encerrada en aquella inmensa oscuridad pero ello sería el menor de sus problemas. Tenía algo en su mente, un nombre que revoloteaba como una mariposa. Adrien, no sabía exactamente a quién pertenecía pero lo sentía muy familiar. —Marinette… - repitió el segundo nombre que había aparecido en su cabeza. De ese sí que no tenía idea. Le sonaba de alguna parte, pero no sabía a quién pertenecía o bajo qué idea tenía que asociarlo.
El muchacho lo había dicho antes, en medio de sus delirios, él lo mencionó, pero entonces estaba tan abatida que no supo relacionarlo. Marinette se encogió de hombros mentalmente, fuese de quien fuese ese nombre no le interesaba más que el de Adrien. Su mente tintineaba cada vez que lo pronunciaba. Sabía que poseía mucho significado y su cabeza la llevó a asociarlo con el chico una y otra vez.
—Su nombre es Adrien. – dijo en voz baja, para que sólo ella pudiera escucharlo. Sintió un impresionante calor en sus mejillas y sorpresivamente una necesidad implícita de llorar cada vez que lo pronunciaba. —Adrien… - volvió a decirlo, sintiendo cada movimiento de su lengua al pronunciarlo. Comenzó a llorar. Conocía el nombre y sentía que significaba enormemente para ella. Vaya que sí.
La puerta de su celda se abrió y Suen entró con una estela de luz precediéndole. Tuvo que cerrar los ojos para que no le lastimara.
—¿Qué sucede, 122? – el joven médico apreció sus ojos enrojecidos. —¿Aún sigues en pánico? – ella no respondió, ni siquiera se levantó de su cama. —Es hora de tu rutina de ejercicios, andando. – las ordenes se habían vuelto más fáciles de asimilar con el tiempo. Marinette se levantó lentamente y esperó a que fuera esposada, cosa que no tardó mucho en suceder.
Cuando el aire de la pista de obstáculos le acarició la cara respiró profundamente. Iba a correr mucho ese día, pero fuera de preocuparse por lograr la carrera lo más rápido posible, cada vez que daba un paso, saltaba o se agachaba su mente repetía hasta el cansancio el mismo nombre: Adrien.
…
Para cuando Adrien abrió los ojos sintió que todas sus emociones se disparaban en un remolino violento. Estaba recostado en su celda, como era lo normal, tenía todas sus sábanas revueltas, el olor a óxido y moho, así como la oscuridad inmensidad de las celdas.
Había soñado, era claro. No podía tener más explicaciones acerca de tan vivida experiencia. Marinette ya no existía, eso no lo dudaba, él mismo se había encargo de asesinarla, cuestión que le hería profundamente y tan arraigado era su trauma que tenía que conservar de forma clara y agobiante todas sus facciones y expresiones.
No era inusual que la recordara, eso lo tenía claro. Lo malo era cuando soñaba cosas tan reales como en esta ocasión. Incluso sentía dolorido su cuerpo, como si hubiese peleado con ella o le hubiesen electrocutado.
No le gustaba sentirse así, tan vulnerable y herido. Había aprendido que si se mostraba decaído o débil no dudarían en lastimarle, por lo que el anonimato y el automatismo se habían convertido en la mejor defensa para su estancia en el proyecto MTR, pero, ¿Qué hacer cuando sus emociones eran llevadas al extremo? ¿Cómo sobrevivir cuando su corazón estaba tan fragmentado?
Se inclinó sobre la cama y se enroscó sobre su cuerpo. Necesitaba olvidar, dormirse otra vez o algo. Le lastimaba el estar consciente en el mundo exterior, por que significaba recordad y tragarse una profunda tristeza. Ojala no hubiese tenido ese sueño con Marinette. El nombre de su amiga era lo único que sobrevivía en su mente a través de los años y para bien o para mal, era un recordatorio de que en algún momento de su vida él fue humano, feliz e infeliz al mismo tiempo. Feliz por que Marinette le recordaba cuando era un adolescente y disfrutaba de una vida plena, e infeliz, porque la chica significaba la ruptura de su espíritu. La había estrangulado siendo víctima del control de Xiao, así que, cada vez que pronunciaba su nombre le invadía una gran tristeza y culpabilidad.
La puerta de su celda se abrió y fuera ya estaban los mismos soldados de siempre. Le esperaban, como siempre, para hacer sus ejercicios. No replicó cuando le encadenaron y le guiaron por las instalaciones. Es más, se sintió agradecido, una vez que se exprimiera a sí mismo podría caer profundamente dormido y dejar de pensar en su amiga.
…
—Buenos días…
—Bu-Buenos días… Adrien.
—¿Te encuentras bien? Te escuchas un poco congestionada.
—E-Estos bien, sí, todo… súper…
—Si te sientes mal, considera la necesidad de ir a descansar. Puedo pedirle a Gorila que te lleve a casa, si lo deseas…
—Gracias… Eres muy amable.
—Somos amigos… Y los amigos hacen lo que sea por sus amigos…
De nuevo, había soñado con Adrien. Aunque sus sueños más bien parecían los retazos de una película, las imágenes eran muy claras como para decir que se lo estaba inventando. Ciertamente ya había tenido esa clase de sueños, éstos habían comenzado a ser muy frecuentes desde hacía una semana.
Marinette rodó sobre su propio cuerpo para descansar sobre su costado. No tenía idea de qué hora podría ser, pero ciertamente el sueño se le había escapado. Eso le disgustaba, pues admitía que desde hacía unos días había añorado dormir para soñar con aquel muchacho de ojos verdes y cabellos dorados. Suspiró para llamar la calma una vez más e intentar quedarse dormida, mas la puerta se abrió repentinamente, entrando los enfermeros por ella. No se movió, sólo espero a ver qué querían.
—Ven con nosotros, 122. – le mostraron las esposas y ella se enderezó. La sujetaron y colocaron los grilletes. Le levantaron por debajo de las axilas y la hicieron seguirles. Hacía mucho tiempo que se había dejado de preguntar lo que harían con ella. No era una sorpresa, la llevaban a una pista, la explotaban con ejercicio físico o bien, la sumergían durante horas en la sala de hipnoterapia.
Pero en esta ocasión no fueron ninguna de las dos.
La llevaron a una celda, la cual estaba dividida por un cristal blindado con agujeros para facilitar el conducto de aire. Nunca antes había visto esa habitación. Estaba totalmente blanca, con dos puertas que iban en ambos extremos del cuarto en donde podía apreciar que alguien caminaba del otro lado, dado las sombras que se colaban por la rendija inferior de la puerta.
—Buenos días, 122. – su espalda se tensó al identificar la voz de Xiao. Se volteó silenciosa para verlo de frente. Los enfermeros la sujetaron más fuerte, impidiendo que le atacase como solían hacer a veces los zoántropos en sus malos ratos.
El psiquiatra la inspeccionó con atención y frunció el ceño, Suen estaba a su lado.
—¿Qué sucede, 122? ¿Has estado llorando? – no lo decía en son de burla, más bien se le veía molesto por este hecho.
—Últimamente llora. –puntualizó Suen, con timidez.
—¿Por qué? – gruñó el general. Si bien los ojos de Marinette no tenían lágrimas sí se le veían inflamados, indicativos del llanto.
—No estoy seguro. – tragó saliva. —Puedo aumentar las sesiones de las terapias de inmersión, eso podría mermar cualquier rastro de personificación.
—122. – esta vez Xiao se dirigió a ella de forma más personal. —¿Por qué tienes ganas de llorar? – ella no le respondió, lo usual. —Dime, 122, ¿Algo va mal en tu mente? – se acercó considerablemente a ella y la tomó de los hombros, generalmente no los tocaba, pero hizo una excepción, Marinette se estremeció completamente. —Olvida el ejercicio de hoy, quiero que permanezca encerrada en el cuarto de hipnoterapia todo el día, vamos a suprimir lo que sea que esté induciendo el llanto.
—Está bien. – Suen pidió a los enfermeros que se la llevaran. —¿Qué haremos con 314?
—¿Él también llora? – la actitud de Xiao detonaba su frustración.
—No llora, pero se le ha notado inquieto por las mañanas. – informó Suen.
—Ya veo. – el general dio media vuelta.
En la última semana había intentado de todo para crear un equipo entre sus sujetos de prueba. Hacía un mes, en una de sus misiones en solitario 1214LN un zoántropo de características de león, había regresado gravemente herido. Había estado en peligro de muerte durante entonces, siempre internado a la sala de hospital. El hecho había mortificado a Xiao y más con las palabras de Sou Jin en su mente, quien le había dicho que los zoántropos no eran capaces de trabajar en conjunto.
Ya se había planteado esta idea, el de unirlos en equipos para que así las misiones fueran menos peligrosas, pero no pudo conseguirlo. A excepción de la demostración entre 122 y 314, ninguno de los otros sujetos pareció poder ignorar sus instintos de pelea y no arremeter con verdaderas intenciones de asesinarse.
Adrien había intentado dos veces matar a Marinette mordiéndole la garganta, pero esas no eran nada en comparación con sus compatriotas. Los otros sujetos intentaron al menos veinte veces el matarse el uno al otro. Siendo incapaces de ignorar sus instintos implantados, Xiao tuvo que electrocutarlos más de una vez para mantenerlos a raya. Sin duda, los únicos positivos en la prueba habían sido 122 y 314, pero la cuestión era que temía que la interacción entre ambos despertara sentimientos. Sabía que compartían historia, así que, el dato de que la chica llorase y el muchacho se inquietara le llamaba la atención.
Debía sumergirlos cada vez más para que se volvieran dóciles y no emocionales.
—Pon a 314 en terapia de inmersión también. Vamos a acallar su euforia y una vez que se muestre tranquilo, continuaremos.
—Como diga, General. – Suen se retiró de ahí con mucho trabajo por hacer.
…
Esa mañana Marinette no sintió absolutamente nada. No había tristeza, fatiga, enojo, nada. Al parecer estaba anestesia o algo por el estilo, porque se sentía igual que todos los días y los enfermeros notaron su cambio de humor. No había soñado con Adrien o el pasado. Tenía una expresión tan seria como cuando era un autómata.
Xiao se vio complacido, la misma notificación le había sido dada respecto a 314. Los dos sujetos de prueba estaban de nuevo sumergidos a su merced. El ejercicio podía proseguir.
Cuando los dos experimentos arribaron a la sala blanca, como le decían, estaban muy tranquilos. La seguridad no era menor, pero sí se respiraba un aire diferente.
—Iniciaremos tu conversión, 122. – dijo Xiao. El Himno de San Juan bautista sonó en una pista de audio que él traía en un dispositivo pequeño, cuando las frases terminaron Xiao activó el gatillo. —Lucky Charm.
—Et Parere. –la mujer se convertía en maquina una vez más.
—Quinten sus esposas. – le obedecieron. —Entra a la habitación, 122. – ella asintió. Cerraron la puerta detrás de ella.
Poco después por el otro extremo entró Adrien, él tenía el rostro serio, pero no decía ni una palabra. La Oda a la Alegría sonó de alguna parte detrás de la puerta, se cerró cuando la pieza terminó, pero para entonces sus facciones relajadas se convirtieron en ardor puro. Furioso por la música soltó un rugido franco combinado con su voz humana. No había más que cámaras en la sala, por lo que Xiao no podía ordenarles.
Tan sólo estaban ellos y la pared de cristal que los separaba. 314 fue quien reaccionó primero. Su movimiento inicial fue correr hasta Marinette, quien permanecía inmóvil dado que no había recibido más órdenes de Xiao. El cuerpo de Adrien dio contra la pared de cristal en un golpe sordo. El impacto estremeció el arco de la pared transparente pero no la rompió.
Con los puños cerrados e impulso necesario le dio otro embate y gritó al otro lado. Indómito como un animal salvaje, Adrien se removió de esquina a esquina dando vueltas y gruñéndole a la mujer al otro lado. Tomó impulso y se dio contra la pared, haciendo ruido, pero sin romperla. En todo momento Marinette permaneció indiferente. Eso pareció enfurecer más al muchacho, quien usando las uñas, los pies y los hombros se impactó cuantas veces pudo contra la pared.
Por los agujeros que permitían el paso al aire se colaba el sonido de sus gritos y gruñidos. Cansado de no obtener respuesta de ella y por su peligrosidad, el muchacho pasó caminado alrededor de ella, acechándola sin poder tocarla, cuan animal enjaulado.
—No se ve muy sociable.
—Eso sólo lo hacemos para que se acostumbres a ver el uno al otro. Si algo aprendí de los enfrentamientos pasados es que necesitamos acoplarlos poco a poco. – explicó Xiao. —Estaba estudiándoles, concluí que necesitan tiempo para conocerse en sus estados de prueba. 314 es agresivo siempre, a pesar de que le ordene no matarla ya vimos que me desobedeció, así que pensé que sería mejor si les obligábamos a verse durante su inducción, los animales suelen responder a ello; terminan por acostumbrarse.
—¿Qué tal de 122, señor? Ella no se moverá hasta que no le diga que hacer.
—No es ella quien me preocupa, sino 314. Todos los zoántropos son agresivos con los demás a no ser que se les esté ordenando constantemente. Necesito que 314 se acostumbre a ella pero sin que llegue a ver un verdadero contacto. – Xiao lucía tenso. —Ya vi cómo reaccionó 314 al tenerla entre sus brazos, evitaré que se toquen lo más posible y apostaré a que se limitarán sólo a trabajar el uno con el otro. Una vez que 314 sea tolerante con 122 sin necesidad de la corrección por electricidad, podemos ponerlos a entrenar juntos.
—¿Pero no se tocarán cuando empiecen a entrenar?
—Los dos deberán permanecer dentro de sus estados experimentales. Tal y como educamos a 122, estarán tan inmersos en otro plano mental que no serán consientes de ellos, sólo de las indicaciones. – el plan de Xiao sonaba rebuscado, pero tenía cierta razón.
Lo que buscaba es que el animal en Adrien aceptara a Marinette y una vez que ambos sujetos se acostumbrasen a ver normal al otro durante su conversión, serían más fáciles de manejar para los propósitos de Xiao. Así ambos trabajarían en conjunto pero sin la necesidad de ponerse emocionales cada que se vieran, pues estaba consciente de que, dada su interacción previa, podrían recuperar la memoria. Era apostar mucho por algo tan ambiguo, pero Xiao confiaba en que así sería, Marinette era una prueba viviente de que podía manipular la mente humana a su antojo… que aunque tuviera fallos, lo era en su mayoría posible.
Y mientras Xiao planeaba hazañas impresionantes la interacción entre Adrien y Marinette no era del todo amable. El chico continuaba en la misma actitud. Por otro lado, la mujer sólo se limitaba a verle arremeter contra el vidrio y parpadear. Ya tenían varios minutos así, casi una hora y no había cambios.
Evidentemente Adrien comenzaba a cansarse de tanta fuerza bruta, pues dejó de golpearse contra el cristal desde hacía un buen rato. Continuaba caminando en círculos, pero ya no gruñía. El silencio se apoderaba de la escena ante todo. Finalmente, en lo que parecía una carrera contra el reloj, el tiempo cobró su tributo. Marinette parpadeó un poco más de la cuenta, su ensimismamiento desaparecía lentamente.
Cuando fue consiente de ella lo primero que llamó su atención fue al 314 que caminaba de un lado a otro. Se le veía agitado y aguerrido. No se movió, pero sí mostró expresiones faciales, el hombre gato gruñó y le mostró sus dientes al verla reaccionar. Se le acercó totalmente hasta posarse contra la barrera. Sus manos se aferraron a la superficie y arrugó los dedos como si fueran garras.
Pegó tanto el rostro que su cara se aplastó contra el cristal, como si quisiera fundirse con él. Marinette no respondió a sus actos, sólo le miró. Poco a poco su mirada cargada de ira se desvaneció. Tras cerrar los ojos y abrirlos otra vez una mirada confusa atravesó a ambos. Se había recuperado de su episodio maniaco. Al no detectar agresividad en su perfil ella se sintió un poco más confianzuda.
Avanzó un paso y él retrocedió uno.
—¿Deberíamos ir por ellos? – preguntó Suen, pero Xiao estaba atento a ver cómo reaccionaban.
—Espera…
Ahora era Marinette quien se acercaba a la pared mientras que era Adrien quien se alejaba. Era un temor mesclado con curiosidad. La chica se topó en la misma situación que Adrien, apegando su frente contra el frio material que los separaba. El muchacho, viéndola en paz, tragó saliva y visiblemente nervioso prosiguió a acercarse lentamente.
Todo era instintivo. Los dos no parecían reconocerse más allá de ser sólo seres humanos atrapados en un laberinto. Por sus expresiones se veía que parecían aliviados de encontrarse con otro cerca de ellos después de sufrir la conversión. Era un consuelo, ya que generalmente estaban solos y se tenían a ellos mismos para reconfortarse, cuestión que no les hacía escapar de su triste realidad.
Adrien recargó su cabeza sobre el mismo sitio en el que estaba recargada Marinette. En respuesta refleja y con curiosidad, los dos elevaron sus manos. Sus dedos se encontraron con los del otro y se unieron al igual que sus frentes. Si el vidrio no estuviera entre ellos, podrían tocarse libremente.
Ambos tenían los ojos abiertos, perdiéndose el uno en el otro. Entonces y sin pretenderlo demasiado, Adrien habló, Marinette no pudo escucharlo porque lo dijo en voz sumamente baja, pero sí leyó sus labios. La chica no sonrió precisamente, pero se mostró una mueca de empatía, ella asintió y respondió en el mismo idioma en el cual le había hecho la pregunta.
—Suficiente, sepárenlos. – ordenó Xiao. Las puertas se abrieron para cada uno y los tomaron con las mismas precauciones con las que los habían traído ahí en primer lugar.
Se echaron una última mirada antes de desaparecer por los pasillos. La emoción continuaba en ellos y la promesa muda de volverse a ver junto a la esperanza.
Esa noche no hubo lágrimas, tampoco sueños, sólo recuerdos y una petición que, extrañamente, les sumergió en una inesperada comunión.
Sé mi amiga…
Sí…
…
Remembranza: Imagen o conjunto de imágenes de hechos o situaciones pasados que quedan en la mente.
Continuará…
En sí, Marinette no recuerda muy bien su propia esencia. Ella se ve ajena a sí misma, pero sí es capaz de recordar a Adrien, al menos parte de él y lo relaciones con su pasado, por lo que le reconforta. Por otro lado y como ven, Adrien sí que recuerda a Marinette, pero tal y como le pasa a ella, después de las conversiones tiende a estar confuso, por lo que no reconoce entre la realidad y la fantasía, aún así, podemos ver que Adrien está más consciente de lo que podríamos imaginar.
La cuestión entre ellos se irá resolviendo de tanto en tanto. Ahora que ya vimos que sí son capaces de reconocerse, al menos de forma primitiva, tal vez exista una esperanza, ¿No lo creen?
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
