Los personajes son de Naoko Takeuchi, y es una Adaptación del libro El jefe y yo de Ivonne Lindsay y perdón la trama es una adaptación sin fines de lucro y sin ofender a nadie.
Capitulo 10
A donde quiera que fuera Serena, Darien estaba allí.
Por las noches, la abrazaba fuerte contra el y la acunaba mientras ella lloraba hasta quedarse dormida.
En medio de aquella neblina causada por la perdida de su hermana, Serena sentía la silenciosa presencia de Darien detrás de ella, actuando como escudo y soporte, lo que necesitara en cada momento. Asegurándose de que tenia de todo. Todo menos a Mina. Los funerales habían sido planeados con gran precisión. Incluso Artemis habia estado presente en el breve pero conmovedor funeral junto a la tumba, sumándose al escaso numero de empleados del hospital que pudieron acudir, Serena y Darien.
Serena vagaba sin rumbo por la casa de la isla. Subió al dormitorio y se enrosco en un sillón frente a la ventana que daba hacia el mar. Jamás pensó que volviera a sentirse tan abandonada de nuevo, pero el dolor y el sufrimiento continuaban. La enfermedad de Mina la habia consumido, pero no era nada comparado con el dolor que sentía ahora. Era mejor no amar, no desear ni necesitar a nadie. Era mejor que el bebe que llevaba dentro fuera de Darien, no suyo.
-¿Serena?
Se volvió ante la inusual vacilación en la voz de Darien. Llevaba una caja archivadora bajo el brazo. ¿No esperaría que se pusiera a trabajar ahora? Le habia asegurado que podría retomar sus responsabilidades cuando se sintiera preparada, pero que mientras tanto, Amy estaba haciendo un trabajo brillante.
-Pensé que te gustaría tener esto cerca. Puedes colgarlas por toda la casa, si lo deseas.
Puso la caja sobre su regazo. Dentro, envueltas en capas de papel de seda estaban las fotografías que habían adornado la habitación de Mina, y que reflejaban la historia de su corta vida junta. Lentamente, Serena saco los cuadros uno a uno, y lo puso sobre la mesita de café frente a ella.
-Gracias –susurro
Darien se metió las manos en los bolsillos de los pantalones, moviéndose intranquilo.
-¿Quieres hablar de ella?
-¿Qué hay que hablar? Se ha ido.
El se puso en cuclillas frente a ella, quitándole el cuadro que tenia entre las manos para ponerlo en la mesa junto a los otros, y le rodeo las manos con las suyas. El calor de su piel envolvió sus gélidas manos, calentándolas. Serena intento apartarlas, pero el las asió con fuerza.
-Cuéntame –insistió. Odiaba verla así, tan vacía y despojada de fuego y de vida. Era como si hubiera renunciado a todo. Ya habia hablado extensamente con el tocólogo, preocupado por el efecto que su estado mental podía tener sobre el bebe y, a pesar de las palabras tranquilizadoras del especialista, sentía que tenia que hacer algo para sacarla de ese bloque de hielo en el que se habia encerrado. Saco un pañuelo bordado de su bolsillo, y seco las lagrimas que Serena ni se habia dado cuenta de que habia derramado.
-Su nombre jamás figuro en la lista de contactos de la compañía en caso de emergencia. ¿Por qué?
Serena suspiro y reclino la cabeza sobre el respaldo del sillón, retrocediendo mentalmente en el tiempo a la primera vez que vio a Mina. Era tan injusto que, aparte de ella misma, no hubiera nadie que pudiera recordar como era Mina antes de enfermar. A lo mejor, compartiendo una parte de su pasado, en lugar de guardárselo todo dentro, ayudaría a mantener viva a Mina en la memoria de otra persona. Tomo un profundo suspiro tranquilizador.
-Tenía quince años cuando me acogieron los Aino. Pensaba que serian como todos los demás, que estarían encantados de ayudar hasta que me metiera en mas problemas de los que pudieran soportar, y que entonces se lavarían las manos. Pero no. No cesaron de sacarme de problema tras problema, hasta que Mina, que llevaba con ellos un año, me dijo lo mucho que les dolía a todos, ella incluida, verme intentando destruirme. Jamás lo habia visto desde el punto de vista de otra persona, pero ella me hizo creer que veía algo valioso en mi. Algo que valía la pena conservar. No importaba lo que les hiciera, siguieron a mi lado, hasta que finalmente me empezó a resultar mas fácil complacerles que hacerles rabiar.
-¿Cuándo enfermo? –el medico del hospital le habia explicado en que consistía la enfermedad de Mina y su insidiosa y lenta progresión. Se habia quedado sorprendido al darse cuenta de la carga financiera y emocional que Serena habia llevado sola durante tanto tiempo. Reflejaba una parte de ella que habia sospechado que se escondía tras la superficie retraída que mostraba al resto del mundo. Pero entonces, ¿Por qué habia renunciado a todos los derechos sobre el bebe? Siendo alguien que se habia aferrado tanto a la única persona que habia correspondido su amor, ¿Por qué iba a renunciar a la posibilidad de compartirlo con un hijo propio?
-Empezó a mostrar los primeros signos a los dieciséis. Paso de ser una chica feliz y alegre a tener tremendos cambios de humor, y sus notas en el colegio empezaron a bajar. Al principio, pensé que era culpa mia por ser una mala influencia, o por no ser suficiente apoyo para ella. Pero entonces, nos dimos cuenta de que habia algo mas. Poco a poco, con los años, fuimos perdiéndola. Los Aino hicieron lo que pudieron, aunque era más de lo que económicamente podían permitirse. Poco después de empezar yo a trabajar en el Imperio Chiba ellos murieron en un accidente de coche. A partir de ese momento, yo me encargue de todo lo relacionado con Mina. Pero nunca era suficiente.
Serena se levanto y se quedo de pie frente a la ventana, mirando hacia el jardín que se extendía hasta la pequeña playa privada y la centelleante agua azul.
-¿Sabias que si tienes el gen de Huntington hay un cincuenta por ciento de posibilidades de transmitírselo a tus hijos?
-No, no lo sabia, ¿Es eso lo que te preocupa del bebe? ¿Crees que podrías ser portadora?
-No lo se.
-Era tu hermana de leche, no de sangre. Probablemente esa enfermedad no exista en tu familia.
-Pero ese es el problema –se dio la vuelta para mirarlo con una mirada llena de dolor y miedo-. No lo se. Si no es esa enfermedad, podría ser cualquier otra. ¿Tienes idea de la cantidad de defectos genéticos a los que se enfrenta la gente cada día? No tengo ni idea de donde vengo. Ni siquiera conozco mi verdadero apellido. ¡Me aterroriza traer al mundo a un bebe tan solo para verle sufrir como sufrió Mina!
"Por eso inicio su propio proceso de investigación". De repente, todo cobraba sentido. Estaban hablando de su bebe, de su propia sangre. La idea de traer a la vida a un niño y verlo morir lentamente sin poder hacer nada era ajena a el, pero terrible. No le extrañaba que Serena tuviera tanto miedo y se opusiera tanto a tener hijos después de ver morir a su hermana.
-El bebe estará bien –dijo con decisión. El destino no podía arrancarle a otro niño. Se someterían a todas las pruebas posibles para asegurarse.
Para darle paso a sus palabras, Darien se acerco y apoyo sus manos sobre el cuello de Serena con suavidad, acercándola a el hasta encontrarse cara a cara. Sus ojos todavía estaban empeñados de lágrimas, y una línea surcaba su entrecejo. El se inclino y presiono sus labios contra el pliegue.
-No te preocupes –murmuro-. No os pasara nada a ninguno de los dos. Confía en mí.
-No puedes estar seguro de eso. Nadie puede –su voz tembló con incertidumbre.
-Siempre protejo lo que es mio –apoyo su frente en la suya, y deslizo una mano hasta su abdomen con suavidad-. Y esto es mio.
-Mina era mi vida. ¿No lo entiendes? No se como seguir sin ella. No puedo hacerlo –el dolor patente en su voz le llego al corazón.
-Tienes que seguir adelante. Segundo a segundo… minuto a minuto… día a día. Estas viva y tienes una nueva vida creciendo en tu interior.
-No parece real… no quiero creer que sea real.
-Créelo, Serena. Tu, yo, el bebe… es muy real.
Las palabras no resultaban suficientes. Tenia que hacerla ver, sentir y comprender que distanciarse de aquel bebe era inútil. Inclino la cabeza de nuevo para darle un beso en los labios. El deseo ardía en su interior como el fuego, y rodeo con su brazos la cintura todavía delgada de Serena, atrayéndola hacia el hasta alienar su cuerpo con el suyo y sentir la suavidad de sus senos presionados contra el. Pero no era suficiente. Serena sintió un estremecimiento cuando el la beso, y una sensación de triunfo la invadió al rodearlo con sus brazos y deslizar las manos por su espalda, clavándole los dedos en los hombros mientras el jugaba con su lengua.
El intento desabrochar torpemente los botones de su blusa para sentirla y saborear su cremosa suavidad sin barrera alguna. Una vez abierta la blusa, desabrocho el sujetador y lo empujo hacia arriba, gruñendo de placer cuando sintió el peso de sus senos en sus manos. Froto sus pezones con las palmas de sus manos, y sintió como sus labios temblaban bajo los suyos.
Darien la tomo en brazos y, en un par de pasos cortos, la tumbo sobre la cama. Al colocarse con suavidad entre sus piernas, la falda que llevaba se desplazo hacia las caderas. Habia leído que sus pechos podían estar más sensibles y que podía retraerse de sus caricias.
-Dime que pare si no te gusta –susurro con los labios pegados a uno de sus pezones.
Giro la lengua con suavidad alrededor de la aureola y luego soplo ligeramente. Vio como se endurecía y la piel se le ponía de gallina. Volvió a repetir el mismo movimiento, primero calido y húmedo, y después un aliento fresco y suave, que arrancaba de ella un sonido medio suspiro, medio suplica. Sonrió al pasar a centrar su atención en el otro pezón. Ella se retorció debajo de el, empujando sus caderas contra su erección, y creando en el una sensación de deseo tan intensa, que tuvo que esforzarse para controlarse y disminuir el ritmo.
Pero ella no lo dejo disminuir el ritmo. Le agarro la cabeza con fuerza contra su pecho y apretó sus caderas contra el, ejerciendo cada vez mas presión según el aumentaba la intensidad con que chupaba su dulce cuerpo, hasta que se arqueo con la cabeza echada hacia atrás en señal de suplica. El presiono sus caderas contra las suyas, contra la humedad y el calor que emanaba del vértice de sus piernas.
Antes de perder el control se incorporo y, con gentiliza, deslizo un pulgar por debajo de sus bragas hasta llegar a la suave protuberancia en la que su pulso latía acelerado. Dibujo un circulo con el pulgar a su alrededor, intensificando la presión al tiempo que deceleraba.
Recorrió de nuevo uno de sus pezones con la lengua antes de envolverlo entre sus labios y succionarlo. Sintió las contracciones musculares de su clímax hasta que, agotada, se desplomo sobre el colchón.
Dejando el pezón a un lado, empezó a recorrer con besos su torso hasta llegar al ombligo. Abrió la cremallera de la falda y la deslizo por sus piernas. Le quito las bragas, y dejo caer ambas prendas al suelo. Se arrodillo y se arranco la camisa, haciendo que saltaran los botones con la urgencia de sentir el contacto de su piel. En cuestión de segundos, se habia quitado toda la ropa.
Serena abrió sus labios, y recorrió con la lengua primero el inferior, y luego el superior. Entonces, despacio, se inclino hacia delante y los poso, calientes y húmedos, sobre el. Sintió su reacción en los temblores que luchaba por controlar. Aprisiono sus puños con las manos mientras besaba sus pezones y dejaba un rostro húmedo con la lengua desde su pecho hasta debajo de su ombligo. Sintió una ola de poder, de energía, de vida. Con esfuerzo, se aparto y dejo caer una pierna sobre el borde de la cama. Apoyando su peso en ella, deslizo la otra pierna para apoyarla sobre la suave alfombra del suelo.
-Túmbate –le ordeno. ¿Era suya esa voz ronca y sensual?
Para su sorpresa, el obedeció sin rechistar, y ella volvió a encaramarse a la cama, poniendo una rodilla a cada lado de sus muslos. Vacilo un instante. El noto, y la miro desafiante para que siguiera acariciándole, para que lo dominara como ella quisiera. Sin apartar su mirada de la suya, se arqueo y alzo los brazos para soltarse el pelo que seguía recogido. Su largo y sedoso cabello rubio cayo en cascadas por su espalda, y se inclino hacia delante dejando que los mechones acariciaran el interior de sus muslos y su erección. Agachando la cabeza, tomo un mechón de pelo y lo enrollo suavemente alrededor de su erección y, con cuidado, tiro hacia arriba observando, intrigada, como el pelo se estiraba alrededor de la cabeza antes de resbalar sobre la punta. Lo repitió, sintiéndose más excitada y sensual que nunca.
-¡Basta! –exclamo el, tirando suavemente del pelo de Serena hacia atrás.
-¿Te he hecho daño? –pregunto ella, llena de remordimiento.
-No, pero me esta matando el no estar dentro de ti –rodó sobre si mismo, llevándose a Serena consigo y colocándola bajo su cuerpo-. Ábrete –dijo con voz tosca.
No tuvo que pedirlo dos veces. Serena separo las piernas y elevo las caderas, buscándolo. Cuando la penetro, se retiro suavemente, para volver a sumergirse a fondo. Saturaba su cuerpo con cada zambullida, y su mente, con sensaciones tras sensación. Abrió sus labios, apoderándose de su lengua e imitando el mismo ritmo y movimiento de su cuerpo. El nivel de intenso placer fue en aumento con cada zambullida, acumulándose y acumulándose hasta que Serena se arqueo contra el y se transformo en parte de el. En el punto de máxima satisfacción, Serena sintió el cuerpo de Darien se tenso y, con un impulso final, llego a la cima y se desbordo dentro de su cuerpo. Temblando, se dejo caer sobre ella, entrando en el limbo resultado de su pasión. Serena no sabia que pudiera sentirse tan completa.
El sol de la tarde se filtro por la ventana, bañándolos con una luz dorada y secando el sudor de sus cuerpos. Darien se movió ligeramente, quitando su peso de encima de Serena, y la arropo.
Se le ocurrió en ese momento a Serena que no haría nada contra la voluntad de Darien, dijera lo que dijera, hiciera lo que hiciera. Lo amaba, y ahora, además, llevaba a su bebe dentro. Pero, en lugar del habitual temor que la idea de llevar a un bebe en sus entrañas le causaba, una sensación de calidez y asombro la invadió y, por primera vez, se permitió soñar y preguntarse: ¿Qué aspecto tendrá el bebe?
Se acurruco junto a Darien, deleitándose con el calor y la seguridad que irradiaba. No era tonta, sabia que no duraría. No podía. Pero, por el momento, podía permitirse pretender. Se quedo dormida en sus brazos. Quizás, solo quizás, podría sobrellevar el día de mañana, y el día de después.
Darien se movió, y despacio abrió los ojos. El sol hacia tiempo que se habia puesto, y la habitación estaba a oscuras, iluminaba levemente por la luz de la luna.
Inhalo profundamente, respirando el aroma del cabello de Serena, de su piel, de lo que quedaba de su fervor carnal, y sintió como su cuerpo se excitaba de nuevo.
"Todavía no", se dijo, pero su cuerpo no respondió. Serena habia invadido sus sentidos como un afrodisíaco, alimentando el deseo que habia tratando de doblegar sin éxito desde el momento en que saboreo su cuerpo por primera vez.
Junto a el, Serena dormía profundamente, relajada por primera vez desde que habia llegado a aquel lugar. Necesitaba descansar más. Darien se separo de su cuerpo y se levanto de la cama. Cubrió a Serena con las mantas, y se dirigió de puntillas a la habitación aneja. Cerrando la puerta tras el, encendió las luces antes de ir hacia la ducha y abrir el grifo de agua fría. No podía dejarse llevar por sus instintos otra vez esa noche.
Se metió en la ducha, siseando entre dientes al sentir el agua fría sobre la piel. Necesitaba confinar a Serena a aquella parte de su cerebro en la que la razón controlaba las sensaciones y la lógica dominaba la atracción. Apago el agua. Tenia que volver a trabajar. Pero todavía ansiaba a Serena como un adicto ansia su dosis
CONTINUARA….
Hola chicas perdón por la tardanza en actualizar pero ya estoy de vuelta otra vez para continuar con mis historias y no voy a dejarlas las voy a terminar, gracias por sus comentarios
Es todo por ahora, espero sus reviews.
Y agradezco todos sus reviews a:
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