ANGUSTIA

"Akane…"

Repitió esperando la respuesta detrás del auricular. Era ella. No sabía como lo había descubierto pero podía apostar lo poco que le impedía no intentar suicidarse en los últimos días a que era ella, con toda seguridad.

-¿Cómo estás?-

-Estoy bien.- Respondió con un gutural sonido, dejándole ver a él que se encontraba en una crisis fuerte. Era ella sin embargo. La chica que le estrelló la mesa en la cabeza apenas a unas horas de haberlo conocido, la muñeca que guardo en su pecho por interminables horas…

-Me alegro. – Le respondió aceleradamente, dándose cuenta de que ya no había mucho que decir. Después guardo silencio.

Habia caminado tres horas y llegó a esa vieja tienda lleno de fango y convertido en mujer. Todo solo para estar ahí… parado como un idiota en el único viejo teléfono que existía a tantísimos kilómetros a la redondo, y escuchar una o dos palabras de ella. Se asustaba de darse cuenta de cuánto era su amor por ella.


"Ranma… Es Ranma". Se dijo a sí misma, incrédula y temblorosa.

Había pasado el día anterior buscando un solo dato que le permitiera comunicarse con él.

¿Existen los milagros? Porque este parecía uno. Un hermoso, refrescante y aliviador milagro. Un beso de Dios… Un regalo hermoso.

"Estoy bien." Le respondió como autómata al no saber que más decir.

De pronto recordó la urgencia de todos por decirle lo de su padre, que seguramente Ranma le llamaba de algún medio difícil de conseguir y podía cortar la llamada en cualquier momento, que estaban perdiendo precioso tiempo.

-Ranma… - Respiro hondo y, recordando su urgencia de nuevo, se apuro a terminar la frase- Es tu padre.

-¿Papá?-

-Está en el hospital. Está muy delicado. Debes… -No se atrevió a continuar la frase. No quería pedirle que regresara, no ella. No era la indicada para pedirle que regresara.

-¿Qué le pasó a mi padre?- La ladina voz de la pelirroja sonó alterada. Akane no había caído en cuenta de que estaba en su forma de mujer. – Akane, dime….


El corte del sonido indicador de estar haciendo una llamada y el abismal silencio fue toda respuesta después de casi un minuto. La pequeña pelirroja dio golpeteos en el aparato con vanas esperanzas de recuperar la llamada, mientras al otro lado del mar Akane escuchaba el incesante sonido anunciando el fin de la llamada.

-¡Ahhh , maldita sea! – Gritó desesperado en su propio idioma mientras el tendero, aun molesto por tener que limpiar su piso, le señalaba la salida.

-¡Necesito llamar! –Le gritó mientras le señalaba las monedas abandonadas en el mostrador. El tendero las tomó y las puso en las manos de la chica negando insistentemente con la cabeza.

-¡No sirve!- Ranma apenas pudo entender la frase.

-¡Necesito llamar!- Giró su cabeza buscando otro aparato inútilmente. –Necesito teléfono.-trato de hacerse entender en lo poco del idioma que manejaba.

-En la ciudad.- Le dijo impaciente el hombrecillo tratando de hacerse entender brevemente.

Ranma salió dejando tras de sí al tendero tratando de regresarle el resto de las monedas. No le prestó atención.

Caminando lentamente, pensó en la situación. Lo que le había dicho Akane parecía muy serio. ¿Y si su viejo estaba a punto de morir? Ella parecía muy apurada por decírselo, debía ser serio. La ciudad estaba a cuatro o cinco horas más de camino a pié y ya estaba cansado. Tenía que regresar a la aldea y conseguir los medios para regresar a Japón.

Y así aligeró de nuevo su paso, sintiendo que su corazón saldría por su boca. Era toda una mezcla de sensaciones la que lo movía ligero como el viento. Aliviado de que ella no le hubiese reprochado o insultado, pero a la vez dolido porque su interés era algo distinto al amor que habían compartido. Expectante…y feliz de tener un pretexto para verla de nuevo, aunque él mismo no quisiera aceptarlo. Y por último, preocupado por su padre, quien al parecer no estaba bien, y aunque no era precisamente el padre ejemplar al que se le debe toda reverencia, era el único que tenía.


"¡Ranma, Ranma! – El grito de Akane se escuchó en toda la casa y sus hermanas pronto estaban en el pasillo observándola, asustadas.-Colgó… -

-Ranma… ¿era Ranma?- Preguntó Nabiki con los ojos inflamados y un gesto de incredulidad. Enseguida le arrebató la bocina a su hermana menor. -¿Bueno?.-

-Colgó.- Dijo Akane desconsolada, recargando su cuerpo en un frágil marco de madera que formaba parte de su casa.-Le dije que su padre estaba mal y creo que escuchó. No estoy segura… creo. Yo…

-No te presiones Akane. Conociendo a Ranma, de seguro él tratará de ponerse en contacto de nuevo. – Le dijo Kasumi.- Es una gran suerte que se haya comunicado ahora. -

-Pues eso si quien sabe. –Dijo Nabiki con su aire de seguridad de siempre – Las cosas han cambiado mucho, ahora es un hombre casado, en una comunidad donde las mujeres mandan y, para rematar, su "esposita está embarazada". –

-Pues por lo menos ya estará enterado de que algo pasa.- El gesto de Nabiki había calado en Akane, como siempre, y esta trató de encarar el comentario mordaz – Si ahora ya nada de lo que le pase a sus padres le interesa, en su conciencia lo llevará. Ese ya no es mi asunto. –

-Aja… si. Asi es… a ti ya nada de lo que tenga que ver con Ranma te interesa, ¿no, hermanita? Después de todo la próxima semana serás la señora de Yamada.- Nabiki se retiró a dormir de nuevo dejando a una pensativa Akane reincorporándose y sin poder ocultar su inquietud.

Kasumi le miró fijamente sin moverse del pasillo. Estaba sin duda alterada y eso le preocupaba. Su boda sería dentro de una semana. Su apresurado cambio de vida, de planes…

-Akane. –Le dijo con la voz más queda que podía tener.

-¿Qué pasa?-

-El no hubiera llamado si no le interesara nada de lo que pasa aquí. De lo que pasa con su familia o contigo. – Sonrió tenuemente, como ella sabía hacerlo tanto –

Akane solo sonrió y ambas regresaron a sus habitaciones. Kasumi sabía que su hermana menor amaba a Ranma tanto como cuando estaban comprometidos o más. Sabía perfectamente que anidar un sentimiento así le estaba destrozando la existencia y que su comentario, a la larga, solo la ayudaría a hundirse más en su depresión. Pero, aun con todo eso, no podía dejar de decirlo, no se lo permitía a sí misma. Kasumi sabía que el amor de verdad no debe callarse, ni evadirse. Kasumi, más que nadie, lo sabía.

Kasumi sabía que esa llamada era como un manantial de agua fresca en medio del desierto para su sedienta hermana menor.


La voz de Ranma llamándola la despertó. Si bien las amazonas despertaban temprano, todavía faltaba al menos un par de horas para que eso pasara. Cuando terminó de frotar sus ojos lo pudo ver por fin. Estaba guardando cosas en su viejo bolso, totalmente mojado, con los pies llenos de fango, vestido para salir al bosque y, más extraño aun, en su forma de mujer.

-Algo le pasó al viejo, tengo que ir a Japón. –

Ella analizó rápidamente la situación. Faltaba más de una hora para que el sol saliera. ¿Cómo es que Ranma tenía esa información?

-Ranma tener mal sueño. Aun sol no salir. –

-No es un sueño. Y necesito que decidas ya si vas a acompañarme o te quedarás.-

-¿Cómo saber eso? – Frunció el ceño con desconfianza.

-Llamé por teléfono a Japón… - Le dijo él, dubitativo. – Quería hablar con mamá.

-¿Teléfono? ¿Dónde hay teléfono?-Ella se puso de pié. No le creía nada. -¿Qué le pasa a padre?-

-No lo sé… solo sé que está mal. Fui a conseguir un teléfono a Kin Lu. –

-¿Por qué? Ranma estar en casa, con esposa… ¿Por qué llamar a casa de chica violenta?- Lo miró de pies a cabeza y frunció el ceño – Además en media noche. Abandonar a esposa para viajar a pueblo vecino.-

–Llamé para saber cómo estaba mamá. Llevo varias noches soñando con ella. Anoche no podía dormir. –Mintió.

-Mientes… ¡Ser trampa para volver a Japón!-

-No miento. –Le respondió con toda seguridad mientras cerraba la bolsa donde había puesto un poco de ropa.

- ¿Chica violenta lo dijo?-Ella pareció comprender algo de repente.

-No. Me lo dijo tío Soun. – Miró la cara de su esposa y supo que no la convencería pronto. Lo menos que necesitaba era una escena de celos o reclamos. Ella respiró hondo. Le tomó un minuto pensar varias cosas.

-No sentir bien aún. Tener que caminar varias horas para llegar a tren.-

El la miró con angustia. Para él era mucho más conveniente llevarla para evitar más problemas con la vieja momia. Sin embargo no tenía más de cinco días de haber perdido a su criatura. Aun lucía pálida y, aunque no se encontraba mal, tampoco era recomendable que hiciera tal esfuerzo.

Vió a la chica levantarse y sacar bajo un viejo mueble de madera una pequeña caja con incrustaciones doradas, tomó un broche para pelo que estaba encima del mueble y, de un solo movimiento la abrió, usándolo. Ranma, desde su ángulo no pudo ver el contenido exacto del objeto, pero ella sacó un par de monedas doradas y las extendió en su mano hacia él.

-No llegar a ningún lado sin dinero.-Le dijo a su marido anonadado que solo la miraba con sorpresa y ella movió su mano para apurarlo a que las tomara.- Tomar y cambiarlas en la ciudad por dinero chino. Ser suficiente para viaje y comida.-

-No puedo aceptar. Yo puedo llegar por mis propios medios estoy en buena condición y… –

-Soy esposa. Esposa joketsuzoku ayuda a marido siempre que puede. Además llegar a Japón en pie ser muy tardado, si padre está enfermo debes llegar pronto. – Tomó la mano de Ranma que permanecia cerrada en un puño y la forzó a destenderse colocando el regalo en ella y cerrándola de nuevo.

El chico la miró sorprendido. No atinó a decir palabra.

-Yo avisar a abuela y matriarcas de tu apuro. Las leyes de aldea dicen que yo tener que seguirte si tú tienes que cuidar a padres, pero yo aun no puedo. Si tardar más de lo previsto, yo alcanzarte después.-


Soun había permanecido durante toda la noche cuidando a su amigo en la habitación del hospital. Nodoka, quien se había negado a retirarse para dormir en la casa Tendo, estaba dormida, cubierta con una cobija que algún buen samaritano había dejado encima del sillón donde descansaba. Abrió los ojos y se dio cuenta de que ya habían avanzado las primeras horas de la mañana.

Permaneció en silencio un rato, tratando de despertar sus sentidos. Observaba la puerta de la habitación, donde todo parecía tranquilo. Tan absorta estaba en sus pensamientos, que le tomó por sorpresa la mano masculina que toco su hombro.

-Muy buenos días señora.- Nodoka solo atinó a asentir con la cabeza y soltar una leve sonrisa al ver al nuevo prometido de Akane.- Nabiki y Akane se encuentran en camino porque dentro de media hora nos vamos a reunir con el médico que ha llevado el caso de su esposo. El nos dirá las opciones que se pueden tomar.-

La señora solo asintió lentamente y le dio una sonrisa forzada. El joven médico entró en la habitación y pronto Soun y él salieron avisando que se ausentarían por un rato.

Ella entró en el cuarto. Respiró fuertemente el olor a alcohol casi imperceptible para ella, ya. Observó en un extremo de la habitación su olvidada katana. La había dejado ahí desde el primer diá en que había estado al pendiente de su marido y la olvidó por completo, como había olvidado en los últimos días todo aquello que formaba parte tan integra de su vida.

Se sentó en el pequeño banco a un lado de él y acercó su cabeza mientras con una mano acariciaba la de su marido. Cerró sus ojos y comenzó a hablar lo más despacio que podía.

-No esperaba que esto pasara tan pronto, ¿sabes? Creí que tendría marido para algunos años más. Sin embargo es el destino, y contra él, poco podemos hacer. – Sus ojos se empañaron y trago fuerte para seguir hablando después de derramar una sola lagrima. –Lamento que nuestro Ranma no esté aquí para despedirte. Creo que todo pudo haber ido mejor si me hubieras dejado enseñarle a nuestro hijo algunas cosas más importantes que dar patadas y aguantar golpes. Si me hubieras dejado enseñarlo a ser feliz, a valorar a una mujer, a respetar. –

Sus labios callaron y solo observaba el rostro inmóvil de su esposo. Ella comprendía, en lo más profundo de su corazón, que él no sobreviviría. Lo amaba, era casi todo lo que le quedaba, pero era una mujer inteligente y realista… y trataba de ser fuerte.

-No es el momento para reprocharte nada. La mitad de la culpa es mía por permitirte quitarme el papel más importante que tiene una madre en la vida de un hijo. –Pareció entender algo y sonrió irónica- Claro que tengo la culpa. ¡Mira que dejarte al cuidado de un bebé, conociéndote!-Su voz se calmó de nuevo y acercó más su rostro al oído de Genma, segura de que él podía escucharle. – Te prometo hoy, como la más digna esposa Saotome, que dedicaré el resto de mi vida a buscar resarcir un poco el daño que le hemos hecho a nuestro hijo. Que le ayudaré a ser feliz con lo que ha obtenido hasta hoy y si en algún momento de su vida puede revertir parte de lo que ha hecho, yo misma ofrendare mi existencia para ayudarle a lograrlo. Yo te prometo, mi querido esposo, que a Ranma jamás le volverá a faltar una madre. –

Y lloró. Lloró como nunca se lo había permitido a sí misma. Ella, una mujer de carácter, de lucha. Lloró porque sabía que su ofrecimiento era muy difícil de cumplir en la situación actual, porque no sabía si podría y sería otra de tantas promesas rotas. Pero a la vez regocijándose, porque con eso le daba sentido a lo que quedaba de su existencia. Empujó su rostro enrojecido entre el cuello de lo que quedaba de su marido y pudo sentir que aun despedía calor.

-Puedes partir ir en paz, mi Genma- Y se quedó recargada en él por mucho rato.


-¿Lo dejaste ir? ¡Lo dejaste ir!- Cologne solto una carcajada que sonaba diabólicamente enfermiza.- Bisnieta, yo creo que algún golpe del pasado te ha vuelto idiota en los últimos días.-

-Su padre está enfermo. –

-¿Y cómo lo sabe? ¿Eh?- Le acercó intimidadoramente el rostro casi chocando con el de ella. – Lo sabe porque nunca dejo de tener contacto con Akane… mientras tú dormías él hablaba con ella. ¡Viajaba durante más de dos horas y hablaba con ella!-

-El es mi esposo, bisabuela. Nada de lo que haga afecta el compromiso conmigo. –

-Nooo… ¡Claro que no! ¡Solo eres el hazmerreír de la aldea porque todo mundo se da cuenta de que él no respeta nuestras leyes, que las usa para limpiarse el culo con ellas!-Shampoo frunció el ceño enfadada por la situación. Ese tipo de enfrentamientos con ella eran a diario. Más que Ranma, ella misma estaba cansada ya de la situación.-Todo, en todo tengo que estar yo… No puedo dedicarme a mis deberes un día entero porque debo estar al pendiente de tu maridito mientras tú coqueteas con el pato cegatón.-

Shampoo hizo un gesto de terrible descontento mientras se movia hacia su armario y sacaba un bolso grande donde comenzó a poner cosas de su propiedad. No tenia más opción que seguir a Ranma, una vez más.

-Ranma es el marido mas fuerte de las joketsuzoku, gana todas los combates de este y los pueblos vecinos. Todas me envidian por tener el marido más atractivo y fuerte. Ha permanecido aquí, de cualquier forma y no hay manera de que me haya sido infiel, no al menos con Akane. No sé que más quieres abuela, no sé que más esperas de él o de mí. –


Nabiki miró de soslayo a su padre, bastante extrañada de no verlo estallar en su llanto exagerado habitual. Iban caminando por el enorme pasillo del hospital, ella y su padre, unos tres pasos atrás, Akane caminaba pausadamente del brazo de Nodoka.

El neurólogo que había analizado el caso de Genma les había hablado. Palabras que poco entendían, salvo Koji que los había acompañado. En resumen, la condición de Genma era causada por un derrame sanguíneo en el cerebro, cuyas razones podían ser muy variadas. Quizá un golpe recibido en el pasado, quizá una condición congénita, quizá un coagulo causado por alguna otra razón. El caso es que no había mucho que hacer, salvo esperar. Se les dijo que si sobrevivía, muy probablemente no volvería a ser el de antes, que lo más probable es que sufriera la pérdida de sus capacidades motoras.

Un tanto de impotencia se adueñó de ellos al saber que, si se hubiera actuado a tiempo, mucho de esto se hubiera podido remediar o evitar. Desgraciadamente Genma fue encontrado en un parque, aparentemente dormido, antes de que la familia pudiera dar con él seis días después. Pensaban que él había estado entrenando, como era su costumbre, o quizá ejercitándose mientras comenzó a sentirse mal y quedó tendido en el césped. En unos cuantos días todo había cambiado demasiado.

Akane solo podía pensar en Ranma. En su pequeño dialogo con él. No quizo decir nada a los mayores para no darle falsas esperanzas; en cambio ella si daba rienda suelta a las suyas de que estuviera en camino.

Y es que Nodoka ya había comunicado su decisión a los médicos. No tenía intención de postergar lo inevitable ni forzar a Genma a vivir una vida poco digna para un guerrero como él. Pidió que de inmediato interrumpieran cualquier acción para conservarlo vivo y no consintió el uso de equipo que atrasara su muerte en caso de una crisis.

La menor de las Tendo no se atrevió a decir nada. Solo admiró en silencio la decisión de esa mujer y pensó que de seguro ella hubiera hecho algo muy distinto. Se sintió cobarde y egoísta por un momento. Sin duda ella y Nodoka no estaban hechas de la misma arcilla.


El típico chillido de la plancha al vaciar la mezcla de sus típicos okonomiyakis llenaba el lugar una y otra vez. Ukyo se encontraba especialmente atareada esa mañana, quizá porque era lunes. Quizá porque su exquisito toque ya había cobrado bastante fama por el área.

Ella no lucia ni feliz ni triste, solo ocupada. Asi había sido su vida desde hacía algunos meses. Ocupada. Sin ilusión, sin mucho que le devolviera su antigua jovialidad. Solo levantarse por las mañanas, hacer las compras pertinentes para su pequeño negocio, limpiar, preparar mezclas, ingredientes, atender, terminar…

Recordaba exactamente una mañana en que despertó con un sentimiento de frustración. Más aun de la que ya tenía. No podía superar lo que había pasado con Ran-chan. Se sentía ridícula y tonta por ello, pero no podía. Como a cualquier tonto de pueblo, a Ranma se le podía engatusar y la maldita china lo había hecho, siempre un paso adelante.

Ella, Ukyo, jamás había contemplado esa idea, contra sus principios y su propio concepto de lo que está bien y está mal. ¿Acaso brindar su amistad a Akane y, en el fondo, regocijarse por no ser la única que sufre con el asunto era bueno? Ukyo se sentía una traidora, al mismo tiempo que una tonta e inevitablemente la gran perdedora.

Recientemente había corrido a Konatsu. Decidió que ya había tenido suficiente de él y su exagerada sumisión. Además que su excéntrica personalidad estaba dando para malos entendidos en el barrio. También eso le había causado un poco de depresión, pues se había vuelto más fría y egoísta últimamente, frente a su propio entendimiento y sin poder hacer mucho para evitarlo. Se estaba amargando, pues.

Las constantes pláticas con el doctor Yamada le servían de terapia. En un principio refrescantes, el tiempo pasaba rápido cuando el agradable hombre le escuchaba y siempre tenía las palabras oportunas para hacerla sentir mejor.

Aunque eso últimamente estaba cambiando. Desde que se había comprometido con Akane, para ser más exacta. El siguió siendo el mismo, sin duda mejor, quizá, porque estaba radiante y feliz. El problema era ella misma. Ella estaba cayendo de nuevo en la misma rutina. Esa maldita rutina de ser…

Trataba de no pensar en eso. Superar. después de todo ya no era la pequeña niña que se enamoró de Ranma. Era una mujer, una mujer fuerte, autosuficiente y guapa. Aunque a veces se sintiera tan sola y tan desdichada y tan fea.

El teléfono del local sonó y lo tomó con cierta distracción, haciendo maniobras con sus manos y sosteniéndolo con sus hombros y cabeza.

-U-chan Okonomiyaki, a sus ordenes –

-Hola Uchan. –La conocida voz sonó pausada y tranquila, con cierto gusto asomando en su tono. -Soy Ranma. ¿Cómo has estado?-

La cocinera abrió la boca y no pudo darse cuenta cuanto tiempo pasó en que extropeara los okonomiyakis golpeándolos nerviosamente con la pala, batiéndolos mucho más de lo necesario. Finalmente pudo reaccionar.

-¡Ranma! –Subió su voz un poco -¿Pero qué pasa contigo? Te casas con la china esa y te olvidas de que tienes familia y amigos acá –

-Lo sé Ukyo, lo siento. ¿Sabes que pasa con mi papá? – Ukyo suspiró, cerrando los ojos y supo que lo que venía no sería fácil.

-¡Ay, Ran-chan!- Su voz sonó pesarosa y tomó aire para empezar a hablar.

CONTINUARÁ...

Hola.

De nuevo quiero agradecer que sigan esta humilde historia y todos sus reviews y el tiempo que dedican a leerla. A todos y cada uno de ustedes mil gracias por tener la paciencia de esperar tanto tiempo.

Les hago un par de aclaraciones sobre la redacción de mi historia.

1. Para los que no recuerdan que pasó exactamente con Genma, es que no lo había explicado hasta este capítulo. Quien ha leído antes mis historias (principalmente las largas, como Deuda de Honor), sabe que contar una acción e ir desmenuzando las causas mas adelante en la historia es parte de mi estilo, que a veces se vuelve un poco pesado de entender para algunos, pero ni modo, asi soy yo. :P Algo muy parecido pasa con el compromiso apresurado de Akane, el cual explicaré en los próximos capítulos.

2. Shampoo a veces habla mal y a veces bien, porque estando en China utiliza mucho su propio idioma, cuando esto pasa, escribo sus diálogos en perfecto español. Cuando habla en japonés lo habla incorrectamente.

3. En este capítulo hago un poco de referencia a una causa de muerte muy común, de la que poco o nada sé pero me parece la más adecuada para describir lo que pasa con Genma. Si alguien puede percatarse de tales errores, les pido que me tengan paciencia porque soy completamente ignorante de medicina y aunque traté de informarme minimamente para escribir esto, muy probablemente esté cometiendo errores garrafales.

A partir de esto, todas las dudas que tengan, comentarios, tomatazos, regalos, etc. A reviews por faviurs :D