Mi tesoro: Tu confianza

¡Splash! Una bella carcajada llegó a los oídos de Beka, la de Yuri.

— ¡Pequeño mocoso! — Exclamó Mila siguiendo a Yuri, quien de inmediato corrió tras el kazajo.

Las vacaciones de verano habían llegado con su impotente sol ardiente. La playa se llenaba de familias, niños, jóvenes… y jóvenes niños; como lo parecían ahora Mila y Yuri, quienes habían empezado a jugar a tirarse la pelota en el agua pero ahora habían terminado jugueteándose a quién tiraba de bruces al agua con el pelotazo más fuerte. Yuri había dado justo en el blanco y la pelirroja había terminado empapada.

—No, yo no tengo nada qu-… — Pero el pobre kazajo no tuvo tiempo cuando su amiga de adrede le lanzó la pelota tirándolo a él ahora al agua. Yuri siguió corriendo y soltando risotadas, se había alejado de su novio antes de que le salpicara agua.

Pero de pronto notó la mirada sombría del kazajo y la macabra sonrisa de la chica. Salió corriendo apenas cuando unos chapotazos más y ambos lograron derribarlo y lanzarlo al agua. Se paró como gato engrifado de la fría agua y levantó las manos a modo de paz contra sus adversarios.

—Está bien, está bien — sintió la nariz picarle y un estornudo seguido de éste.

Mila fue a corretear esta vez a Isabella unos metros más allá, interrumpiendo el momento romántico de JJ con ella.

—Salud, ¿estás bien? — sintió la mirada culpable del kazajo sobre él, preocupado.

—Estoy bien. — le sonrió al que ahora era su novio.

Cuando salió del agua se sentó sobre su toalla bajo el quitasol, Yuri tenía encima la chaqueta de Beka, le quedaba un poco grande pero el mayor había insistido en que se la pusiera ya que no quería que se enfermara. Yuri suspiró, a veces Otabek era demasiado aprensivo con él… y le encantaba aquello. Que fuera tan atento.

Desde su posición veía a Beka y a JJ conversar algo más profundo en el mar. Escuchó unos cuchicheos de unas chicas en la orilla cuando éstos comenzaron a salir, las miró estudiándolas; eran delgadas y sus cuerpos finamente moldeados, además de tener bastante busto. "zorras" pensó para sus adentros.

—Pareces un gatito celoso — le dijo de pronto una voz situándose a su lado. Era Isabella. Le frunció el ceño, por lo poco que la conocía sabía bien que era muy parecida a su novio… "¿Es que Beka no tiene amigos más… normales?" se volvió a decir mentalmente.

—No estoy celoso — dijo simplemente — además también están mirando a tu novio.

—Ah, pero yo soy mejor que esas arpías, JJ nunca me cambiaría — Y bueno, no pudo negárselo. Isabella era bella, además también poseía un físico envidiable y más atractivo que esas chicas.

—Sigue diciéndote eso, bruja — le sacó la lengua, pero la respuesta de la azabache lo dejó descolocado.

— ¿Y si Beka te cambia por un par de delanteras mejores? — apuntó su pecho plano y se paró en dirección directa a su novio corriendo nuevamente al agua.

… Beka no podía cambiarlo por una mujer, se decía mentalmente, ¿por qué? "bueno… porque Beka es Beka" era su argumento débil, además de aceptar que él era mucho mejor que una mujer. Lo pensó un rato hasta que la crisis llegó a él: Una mujer también podía tener la misma flexibilidad que él, además de mucho más por donde poder agarrar, a diferencia él era simplemente de constitución delgada y casi sin nada de grasita, ¿Era posible que al kazajo le gustasen más rellenitas? ¡Pero él no quería engordar como lo hacía el cerdo de Yuuri cada vez que llegaba el invierno!

—Yuri — pegó un salto en donde estaba. Había estado divagando demasiado. — ¿Te sientes mal? — Hablando (o pensando) en el Rey de Roma justamente…

—Sí… — asintió serio, de pronto cayó con que había respondido mal — Ah, n-no, digo no, estoy bien, me sient… — estornudó justo, probando su mentira. Definitivamente tomaría un resfriado, maldición.

Fue nuevamente cuidado por el mayor siendo llevado hacia los vestidores de la playa para que se pudiera cambiar la ropa húmeda. Dentro del camarín había un espejo de cuerpo completo, vio un poco dudoso su cuerpo, realmente era un poco delgado a comparación de Otabek, quien era un hombre hecho y derecho con un cuerpazo casi increíble. "¿Sólo un poco delgado?" se burló su mente de él. Rió con amargura y gracia, realmente hasta tenía curvas.

— ¿Beka? — preguntó mientras comenzaba a secar su cuerpo. El kazajo debía estar esperándolo afuera.

— ¿Sí? — escuchó su voz distraída.

— ¿Te gustaría que comiera más? — Escuchó por unos momentos el silencio de su pareja, así que continuó — Digo… ¿no te sientes inconforme conmigo? … U-uhm… no, esa no es la pregunta — musitó indeciso, sentía que estaba cagando la pregunta más de la cuenta y el silencio de su pareja no ayudaba.

— ¿Qué quieres decir? — su voz se sintió más cerca.

—… — pensó unos segundos la respuesta mientras se secaba el cabello torpemente — ¿no sientes que el cuerpo de una mujer es mejor… que el mío?

El silencio se profundizó de una manera casi penetrante e incómoda. Yuri quedó estático por unos segundos, Otabek al otro lado de la puerta meditaba lo que estaba ocurriendo.

—Ábreme la puerta, Yuri — su voz se sintió como una orden que debía acatar sí o sí. Sintió los vellos de su nuca erizarse.

—Me-me estoy vistiendo — tomó la toalla que tenía en sus manos y la apretó contra su pecho, estaba sólo en short pero de todos modos e impulsado por quién sabe qué o quizá la dura voz del mayor, abrió el pestillo despacio. — ¿B-Beka? — El kazajo entró y volvió a cerrar la puerta tras de sí. Al voltear hacia Yuri lo acorraló de espaldas al espejo. Su mirada se clavó en los verdosos contrarios.

— ¿Por qué me estás diciendo esto? — sintió su aliento demasiado cerca de sus labios y aquello sólo lo hizo temblar.

—Yo n-no lo sé — agachó la mirada. — Quizá pensé que no era suficiente para ti… — sintió el calor subírsele al rostro.

—Yuri — dijo rozando sus labios con su oído. — Tu cuerpo es bellísimo — sintió una delicada caricia en su cintura y apretó más la toalla entre sus manos, seguramente estaba hecho un tomate.

—P-Pero…

—Y no sólo tu cuerpo, todo en ti es precioso — le tomó de la nuca y le obligó a mirarle a los ojos. —No vuelvas a decir algo despreciativo hacia ti mismo, no me gusta. El Yura frente a mí no lo cambiaría por nada del mundo, eres algo muy preciado para mí.

—Beka… — la mirada decisiva de los castaños ojos de Otabek le derritieron.

Juntó sus labios en un beso profundo que el rubio recibió gustoso. Un pequeño escalofrío le recorrió cuando sintió la piel fría de sus brazos desnudos ser acariciados por la calidez del kazajo. Terminó por soltar lejos la toalla con tal de sentir ese calor. Podría ahogarse en los brazos de Beka y jamás cansarse, devorarle la boca y nunca saciarse.

—Nmgh — gimió despacito, sonando más como un quejido cuando el mayor rozó la piel bajo su ombligo levemente húmeda. Se separó de inmediato notando lo que sus propios labios soltaron y se avergonzó, Otabek le miró con los ojos abiertos para seguido sonreír.

—Lo siento.

Negó, pero de inmediato recuperó su confianza. De a poco los besos comenzaron a ser cada vez más profundos y desesperados, llegando incluso a la molestia de tener que separarse para poder respirar.

Cuando la ropa de Otabek de a poco comenzaba a ser desparramada por el necesitado gatito entre sus brazos, los gemidos del mismo comenzaron a resonar débilmente, siendo cubiertos por sus manos para no ser descubiertos haciendo… esas cosas dentro de un camarín. Lo racional de la verdad, de que estaban en un sector público, poco y nada les importaba, aquel momento eran sólo ellos; Beka quería amar el cuerpo contrario y Yura no se lo iba a impedir. Dejando marcas en su cuello y pegándose por la creciente excitación, el kazajo finalmente logró desnudar por completo al hada rusa, se relamió observando unos segundos aquellas curvas tan perfectas y delineadas del cuerpo frente a él; realmente Yuri superaba con creces el cuerpo de una mujer, le adora a él y sólo a él, ¿Cómo pudo siquiera sentirse inseguro? Para Otabek, cada complejo e imperfección de Yuri, era una perfección nata y belleza pura para sus ojos.

— ¿Dejarás de mirarme así? — de pronto esa voz juguetona le trajo a la realidad, notó de que a pesar de haberlo dicho risueño, también estaba avergonzado, había notado la mirada embobada del mayor dedicada a su cuerpo.

— ¿Estás seguro? — Se detuvo un poco.

El chico rodó los ojos fastidiado — ¿Estás imbécil como para parar ahora? — sonrió tenue. Ese era el Yuri que le gustaba.

—La princesita no puede esperar, ya veo — se burló mientras desabrochaba su bragueta.

— ¿A quién llamas pr…? — Su vista se pegó en la nueva piel descubierta del mayor. Además de sentir su cara arder sintió la fascinación de… — Era verdad… y yo que creí que Mila me estaba tomando el pelo… — En la pelvis de Beka, a un costado, no muy diminuta y visible yacía una marquita con forma de corazón.

—Esa tipa… — Otabek sintió vergüenza porque la chica le comentara algo así a su novio, pero eso se esfumó cuando sintió a Yuri tocar la marca de nacimiento ensimismado. — Yuri, estamos en otra cosa, amor.

Rió bajito, llamando su atención, y cuando lo tuvo en frente; la sonrisa más preciosa del mundo de un ángel estaba encarnada en el rostro del rubio quien le miraba entre feliz y avergonzado.

—Te quiero, Beka. — musitó bajito.

—También yo, Yura. Mucho.

Volvieron a unir sus labios con cariño, con amor, con confianza. Aquel día Beka hizo suyo a Yuri de todas las formas que halló posible a su temprana edad, para hacerlo sentir seguro, querido y amado. Se había ganado su confianza, total y completamente, podían sentir de parte de cada uno la compatibilidad y confianza tanto amistosa como amorosa, aprendieron a conocerse en todos los sentidos y lo más importante: aceptar al contrario sin olvidar los detalles que los hacían únicos a los ojos del otro.

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—Se demoraron bastante, les guardamos algo para comer, es hora de irnos — JJ les estiró una bolsa con refrescos y comida chatarra. Iba de la mano con Isabella.

Beka llevaba en la espalda a Yuri, quien iba con su mochila animal print al hombro y bien agarrado del cuello del mayor, cabeceando a ratos por el cansancio que le había producido la playa… y otras cosas. Beka le había dicho que estaba bien si quería dormir un rato antes de llegar, pero se negó restregando su nariz cariñosamente contra la nuca del kazajo.

— ¿La pasaron bien? — preguntó Mila, dejando adelantar a la otra pareja que iban riendo y tomándose selfies. Yuri la miró de reojo y la mirada acusadora de la pelirroja le hizo caer en cuenta de inmediato de sus sospechas. — Se demoraron muuuuucho en los vestidores.

—Yuri no podía quitarse la ropa mojada. — había contestado su novio, serio, fingiendo tranquilidad.

—Y entonces por eso lo llevas cargado. — asintió la chica mirando al rubio sonriente.

—Muérete, vieja fea. — le sacó la lengua frunciendo el ceño, pero inevitablemente su sonrojo delataba algo más. La verdad, era que le había quedado doliendo también la espalda baja por haber sido empotrado contra la pared prácticamente. La chica rió emocionada, dando saltitos, Otabek no pudo ocultar una sonrisa delatora que sólo la emocionó más.

— ¡Qué bien, qué bien! — Decía entre orgullosa y feliz — ¿Cuándo vienen los mini Yuris y mini Bekas?

—T-Tú, idiota, ¡te voy a…! — hizo el ademán de bajarse de la espalda del kazajo pero una puntadita en su espalda le impidió hacerlo. Reprimió un quejido en su garganta y desvió la vista.

—Yura, no te muevas tanto. — le advirtió el que hacía de caballito.

Cuando Mila por fin los dejó solos, diciendo tonterías de que quería ser la madrina de sus hijos o la dama de honor en su boda y cosas así, ambos suspiraron y volvieron al aire armonioso y cariñoso que se demostraban en los momentos que tenían en su intimidad a solas.

— ¿Quieres tener hijos, Beka? — preguntó de pronto avergonzado. Odiaba que siempre Mila e Isabella le dejaran las dudas metidas en la cabeza.

El chico rió — Contigo, podría ser… Hijos gato, serían maravillosos. ¿Les enseñarías a cantar? — Yuri soltó una risita.

—No seas tonto — seguía riendo a carcajadas, de alguna manera más que avergonzado se sintió enternecido imaginándose a ambos rodeados de pequeños gatitos maullando en son de do-re-mi-fa-sol.

Era de suponer que Yuri al día siguiente había amanecido resfriado, con fiebre y además adolorido corporalmente. Otabek se ofreció a cuidarlo todo el día mientras Nikolai trabajaba, además de ser así también al caso contrario; ya que Yuri le había pegado un poco el resfriado a su novio. Se cuidarían mutuamente.

De ahora en adelante, ya no estaban solos. Se tenían el uno al otro.

No podrían romper su confianza, su lazo tan fuerte.

Ya nunca más la soledad se tornearía en la sombra de Yuri, todo por Otabek, quien protegería aquel valor entregado a él como su más sagrado tesoro.


Holi, ay, ay, ay que me da algo *feels ¡¿VIERON EL VÍDEO PROMOCIONAL DE WELCOME TO THE MADNESS CON YURI Y BEKA?! ¡LA GATA SE NOS VOLVIÓ EN UNA GATA EN CELO! ¡JURO QUE GRITÉ EN MEDIO DE LA CLASE CUANDO LO VI! ¿¡ES QUE VIERON CÓMO SE ABRÍA DE PIERNAS, VIERON CUANDO SE LE SUBIÓ TOOODA LA CAMISA?! ¿¡VIERON A OTABEK DISPARARLE AL CORA Y COMO LA GATA SE DESCONTROLA?! SKDUHSDJKHCFSDJKHSDJKSD ay, ay, pero ya, ufff, papu Otabek, papu Gatita, sí, mantendré la compostura sdkhfksd

Me siento feliz de terminar esta historia que nació en mis días de verano askjhf más con este final feliz, ¿les he dicho que amo los finales felices? Pues ahora se los digo: ¡Amo los finales felices!

Con esto terminamos 'Fluorescent Adolescent, ¡Pero, HE, alto ahí! una nueva historia saldrá tras esta :v sí, porque ya la tengo en borradores kdjffjj

Los amo mucho, mucho! Gracias por seguir 'Fluorescent Adolescent junto a mí!

¡Larga vida el Otario!

(Es que enserio, aún grito recordando a Yura y Beka con Welcome to the Madness XDDD)