Era medianoche, Armin no podía evitar preocuparse, ahora estaba a kilómetros de distancia de Jean, estaba a kilómetros de distancia de todos, atrapado y asustado, con su mente cerrada a nuevas ideas y no entendía el por qué, trataba de calmarse pero no podía. Hace tan poco había sido tan feliz y ahora estaba tan confundido que no entendía nada, se sentía como la vez que se enfrentó a los titanes como soldado por primera vez en Trost, no recordaba, no tenía conciencia, pero el nombre de Jean se repetía en su mente una y otra vez.
Hace dos semanas…
-Armin ¿Ya estás despierto?- Jean lo despertó pegándole con un papel hecho rollo en la cara.
-¿Eh?- Armin le miró confundido, sentía el cuerpo realmente cansado.
Jean se sentó a su lado, quería ser considerado, pero en la legión de reconocimiento ni en ningún lado del ejército se era considerado con los soldados y menos con esta clase de cosas. –Ya amaneció, tienes que levantarte…
Armin miró hacia la pequeña ventana de la casa y efectivamente, ya comenzaba a salir el sol. –Si, ya voy… solo dame un momento.
Jean solo lo miró afirmando y se marchó de la habitación con una toalla en la espalda, tal vez se iba a duchar, aún llevaba en sus manos el rollo de papel que había usado para despertar a Armin.
El amor no te da la vida, luchar sí.
Tres semanas antes…
Jean entró a la habitación con una expresión de cansancio en su rostro. Hace poco se enteraron que cuando se mudaran tendrían que custodiar a Eren y por ende, dormir en la misma habitación que él, y lo que más le cargaba a Jean era el hecho de saber que tendría que respirar el mismo oxígeno que ese idiota durante las noches. Cosa que le dijo a Armin mientras se acomodaba.
A Armin le causó gracia, pero pensó que eso simplemente no era algo nuevo y que más bien era normal, y que por ahora era mejor de ese modo, así todos estarían tranquilos actuando de manera estúpida mientras las órdenes de Erwin llegaban.
Sin embargo, las órdenes de Erwin llegaron a la noche siguiente y entonces Armin y Jean se vieron envueltos en situaciones demasiado incómodas, fueron incapaces de estar tranquilos, sobre todo porque Armin había sido manoseado y Jean no estaba feliz con el asunto, Armin tampoco, pero nadie tenía el derecho de replicar porque simplemente la vida era así y no todo era color rosa siempre.
Las semanas transcurrieron y el escuadrón de Levi se vio obligado a mudarse cada tanto, huyendo y escondiéndose. Y aunque el trabajo que les había tocado no era para nada fácil, que a veces tenían que hacer cosas que no eran de su agrado, que la moral de cada miembro del escuadrón de reconocimiento estaba entrando en crisis, Armin y Jean se acercaban cada vez más, Armin cada día estaba más lejos de Eren y Mikasa, hasta un punto en el que ya no parecían los mejores amigos, sino compañeros de escuadrón con historias sobre el pasado para contar.
Entre apuros y pasos calculados para liberar a la humanidad, una nueva mudanza fue anunciada, pero esta vez no sería para todos, esta vez sería solo para unos cuantos. El objetivo siempre fue custodiar a Eren y a Historia, pero ahora ellos estaban secuestrados y debían poner en marcha una nueva estrategia. Entonces se les anunció que iban a estar separados, Jean se quedaría con Levi y Armin iría con Hanji y Erwin… lo tenso del asunto es que cabía la posibilidad de que uno de los equipos se vería en aprietos y deberían entrar en batalla, y no una batalla que necesariamente iban a ganar… Y justo un día antes de que Armin tuviera trasladarse, algo sucedió.
Todo comienza con palabras.
Transcurrieron las tres semanas, los morrales con la ropa estaban listos, esta era la última noche que pasarían juntos, Armin estaba sentado en su cama leyendo con la iluminación de apenas una lamparita de aceite que sostenía con sus manos algunos documentos no muy importantes, pero bastante influyentes que Hanji quería debatir con él al día siguiente.
Jean estaba tratando de dormir, pero había una inquietud en su corazón y debía sacarla o probablemente se iba a arrepentir, una parte de su mente rogaba porque esa sensación fuera falsa, pero la otra parte sabía que era la realidad y que si no actuaba hoy, mañana ya no habría ningún chance para reponer lo que no se atrevió a hacer hoy; sin más lugar para las dudas en su mente y con todo su valor reunido, se levantó de la cama. Armin lo miró al notar el movimiento aún a través de la oscuridad.
–Oye ¿A dónde vas? ¿Al baño? –No quería quedarse solo, al menos no esa noche.
Jean no le contestó hasta que estaba parado enfrente de él. –He venido a tu cama.
Armin lo miró confundido sin entender, pero no se perturbó y siguió leyendo sus documentos. Tal vez habría entendido lo que Jean quería hacer si no hubiera estado tan metido en su lectura.
Sintió como la lámpara era removida de sus manos y puesta a los pies de la cama, y justo cuando estaba a punto de reclamarle a Jean su comportamiento, sintió como le quitaba los documentos y los ponía sobre una pequeña mesa que había en la habitación, ahí Armin entendió.
–¿J-Jean?
Pero Jean no dijo nada y solo comenzó a besarlo, un beso que fue apasionado desde el principio hasta el final y que dejó a Armin temblando como gelatina, tal y como la primera vez que se habían besado y como la veces en las que Armin lo observaba cuando las cosas no estaban bien definidas entre ellos. Sin embargo, aún había algo que no habían hecho, hablar las cosas con palabras claras y no con acciones.
–Armin… Me gustas. –Armin abrió los ojos como platos, Jean estaba actuando raro y eso lo perturbaba, esta era la primera vez que Jean admitía algo como eso en voz alta de una forma tan seria y verdadera con una mirada tan fija. Cuando eran cadetes, todos sabían que Jean amaba a Mikasa, él nunca lo ocultó, y cuando parecía haberla superado, todos sabían que era demasiado cercano a Marco, pero si ellos habían intercambiado confesiones de amor, era un secreto que se quedó entre los dos. Y estaba esa vez en la que Jean le había dicho "Me gustas… O eso creo". Pero fue en un tono dubitativo y había añadido el "creo" al final; pero ahora lo decía con seguridad y sinceridad.
–¿Eh? –Eso fue todo lo que alcanzó a responder, estaba demasiado sorprendido por la cantidad de emociones que recorrían su cuerpo, mente y alma en ese momento. No entendía por qué había un arremolinamiento de sentimientos ahí dentro.
Después de un rato de silencio y un pequeño sonrojo en el rostro de Jean, optó por gritarle: –¡No finjas que no me oyes! ¡Te he dicho que me gustas! No sé cómo le has hecho, pero eres demasiado lindo como para no amarte.
–¿Amarme? –El tono de Armin fue de completa confusión ¿Amarlo? ¿Jean lo amaba?
Se hartó, no iba a seguir con esa confesión, le daba vergüenza porque Armin era inteligente y él se sentía como un idiota que se estaba desnudando. Así que pensó era momento de desnudar a Armin. –¿Tu no sientes lo mismo?
Armin abrió más los ojos, en realidad era normal que le preguntara, pero de alguna manera la mente de Armin estaba revuelta y no lograba pensar claro, sin embargo, su boca se movió por sí sola. –S-siempre… siempre me has gustado…
Esta vez fue Jean el que lo miró sorprendido… ¿A qué se refería con siempre? Miró a Armin a los ojos para preguntarle, pero no pudo encontrar su mirada y en cambio, lo miró temblando en su lugar con el rostro completamente rojo. En ese momento, Jean perdió toda noción de la realidad.
Empujó a Armin de espaldas contra la cama y se colocó encima para besarlo, comenzó con un beso casto y luego lo profundizó dando una pequeña lamida a sus labios para instar a Armin a abrir la boca. Cuando su lengua pudo entrar, saboreó cada parte posible, cada pequeña parte de esa cavidad cálida y húmeda que intentaba seguir el ritmo de la suya.
El corazón de Armin estaba a mil, no era la primera vez que se besaba con Jean de esa manera, pero en esta ocasión parecía que algo era diferente, y eso lo ponía completamente nervioso, mucho más nervioso de lo que había estado nunca antes en su vida. Y vaya que había estado nervioso antes.
Ambos estaban usando el pijama, así que a Jean no le costó nada descubrir el torso de Armin y hacer el primer contacto piel con piel de la noche. Acarició el abdomen que apenas lograba distinguir con la suave luz de la lamparita que estaba situada a los pies de la cama y besó las tetillas que sobresalían del fornido y suave cuerpo pálido debajo del suyo. Armin apretó el rostro sintiendo algo de vergüenza que en realidad ya no era propia de él con todas las noches que vivía fantaseando sobre cosas como esta y las otras veces en las que Jean le había tocado superficialmente.
Jean lamió desde el obligo hasta el pecho de Armin, y luego de eso, se quitó la parte de arriba de su pijama. Tomó la mano de Armin y lo levantó para que ambos quedaran de rodillas, Jean abrazó a Armin y los dos pudieron sentir el calor de otro directamente por primera vez. Armin se vio obligado a cerras los ojos y tratar de tranquilizar su acelerada respiración. Jean soltó el abrazó y sostuvo con delicadeza el rostro de Armin, lo besó de nuevo, su lengua entró directamente a la boca del rubio para juguetear ahí dentro y bailar con esa pequeña lengua que se volvía loca por seguir a la suya.
Cuando el besó terminó, Jean se acercó al oído de Armin y le susurró: –Hoy estamos besando como expertos ¿eh? –luego de decirlo soltó una pequeña risa provocando que la piel de Armin se erizara y su cuerpo se estremeciera por completo.
–Jean… – fue todo lo que logró decir antes de que su boca fuera atrapada de nuevo por los labios de Jean. Pasaron largos minutos besándose, era un beso tras otro, y ambos podían sentir como el calor de sus torsos aumentaba conforme el tiempo pasaba, sus rostros ardían y sus entrepiernas estaban bien despiertas y dispuestas.
Sin pudor alguno, Jean toco la entrepierna de Armin, él por puro reflejo puso su mano sobre la mano de Jean y eso provocó que dejara de besarle para reírse. –no toques mi mano, tócame a mí. –Le dijo con un tono descarado pero amable. Armin enrojeció, y dudando un poco acerco su mano, hasta que por fin pudo sentir la dureza que Jean escondía debajo del pantalón del pijama.
Cuando la ropa comenzó a estorbar las intenciones de sus manos, se la quitaron, quedando completamente desnudos el uno enfrente del otro. Armin se sentía expuesto, pero por alguna razón eso estaba bien, y luego de tragar saliva y dejar que Jean lo observara por unos minutos… La vergüenza se fue.
Ni siquiera pudo levantar la mirada porque de inmediato se encontró con su espalda contra la cama y Jean colocado en medio de sus piernas besando su cuello, hombros y orejas con hambre y deseo. Armin sentía como si Jean se lo estuviera comiendo y de alguna forma eso lo hacía Arder desde lo más profundo de su ser.
–ngh… –fue el primer gemido que Armin dejó salir desde su garganta cuando Jean lamió su vientre y dejó un chupetón en algún punto sensible. Sentía como si su cuerpo se pusiera más sensitivo con el correr de los minutos.
Luego de dar un beso en "Las bolsitas reproductivas" de Armin, Jean lamió el largo de su pene, haciendo que sus piernas se tensaran y que su cuerpo se contrajera por el placer.
–¡No! –le gritó con la vergüenza de regreso al notar la forma en la que su cuerpo había reaccionado al estímulo.
Jean le sonrió con tranquilidad y le pidió que se calmara. Con las mejillas al rojo vivo Armin cedió.
Y justo cuando pensaba que nunca en su vida podría estar más avergonzado, sintió como un dedo de Jean acariciaba su cavidad trasera… su cuerpo entero se tensó, eran sensaciones emocionales y físicas completamente desconocidas, él no sabía cómo se sentía utilizar esa parte como instrumento para el sexo.
El dedo lo penetró y Armin arrugó su expresión por la incomodidad, no parecía que iba a ser algo placentero para nada, pero sus pensamientos se aturdieron cuando el dedo se removió en sus entrañas.
–Jean…
–Armin, tranquilo, no te haré daño, no tienes por qué estar tan temeroso
–pero…
–Cálmate ¿Si? ¿Por mí? –Armin le miró con un sufrimiento suplicante, pero al final respiró profundo y trató de dejarse llevar.
Aunque era una sensación no muy agradable, las lamidas de Jean a su pene lo distraían por completo.
Cuando la incomodidad comenzaba a desaparecer de su interior, un nuevo dedo entró, este estaba más húmedo que el primero y Armin se preguntó el por qué, sin pensarlo miró hacia abajo, donde toda la acción se estaba llevando a cabo, y se encontró con su miembro derramando gota a gota un líquido blanco.
Estaba tan perdido en el placer y con la cordura tan lejos de su mente que no había notado cuanto tiempo había pasado y que probablemente en cuestión de minutos estaría en la cima del climax. Su cuerpo comenzaba a temblar por la cantidad de sensaciones diferentes que golpeaban su cuerpo y a veces era incapaz de retener su voz. Trataba de hacerlo porque era de noche y solo una pared de madera los dividía de algunos soldados.
Los minutos pasaron y Armin sentía su vientre hormiguear, hacía intentos fallidos de detener los espasmos de su cuerpo y de no ceder al placer, Jean había introducido un tercer dedo y lo único que Armin sabía era que su cavidad trasera se sentía como estirada.
Luego de tratar de expandir los tres dedos en su interior, Jean los sacó, trayendo consigo un pequeño hilo de humedad que los mantenía unidos a su entrada. El corazón de Armin cayó bajo efectos de taquicardia, pues ya sabía lo que venía a continuación.
Con delicadeza, Jean cambió la posición recostando la cabeza de Armin sobre una almohada y colocando otra debajo de sus caderas, Armin trató de colaborar abriendo sus piernas y rodeando la espalda de Jean.
–Respira hondo y no pienses en nada –Armin lo miró con preocupación, pero trató de obedecer a Jean y no pensar en nada, así que cerró los ojos e inhaló tanto aire como pudo. Todo el valor que había reunido para dejarse hacer antes, se vio desmoronado cuando algo sumamente caliente y duro comenzó a invadir las paredes de su interior.
Jean lo había preparado tan bien, que no le costó nada entrar y el proceso no fue para nada lento, y aunque Armin se sentía invadido y con una fuerte presión en sus adentros, no le dolía… solo era muy extraño.
Por alguna desconocida razón, Jean no comenzaba a moverse y Armin ya estaba sudando de ansiedad, tener algo caliente y estático ahí dentro le resultaba muy incómodo, y si Jean no lo sacaba, iba a volverse loco.
Cuando la desesperación dominó su cuerpo, su instinto lo llevó a mover las caderas, pero su movimiento fue muy torpe y lo único que hizo fue incomodar la posición. Jean le miró a los ojos y luego le sonrió, lo acomodó de nuevo y empujó sus piernas hacia atrás, Armin tragó gordo, ahora era el momento de satisfacer su curiosidad respondiendo a una pregunta que había rondado por su mente desde el momento en el que el deseo carnal fue impuesto en su cuerpo, la respuesta a como se sentía hacer el amor.
–¡Ah! –No pudo evitarlo, el gemido salió de la nada cuando sintió como Jean abandonaba su interior y arremetía contra él con todo su cuerpo inmediatamente después, no sabía cómo describirlo, pero era algo que definitivamente no se comparaba con nada.
El cuerpo de Jean se empujaba contra el suyo con todo su peso, en Armin estaba el pensamiento de "me voy a partir en dos", pero aunque esperaba por el dolor que siempre se hacía presente en las "primeras veces", este nunca llegó. Su cuerpo era embestido una y otra vez, pero en lugar de doler, una sensación extraña de placer crecía desde dentro y lo derretía poco a poco.
No pasó mucho tiempo antes de que las embestidas se hicieran más rápidas y fuertes, y con cada una, Armin sentía que Jean empujaba más a fondo, como si tocara sus partes más profundas.
–¡Aaaahh! –¿Esa voz era suya? Sonaba demasiado aguda para pertenecerle y por primera vez en su vida, Armin se encontraba completamente incapaz de razonar, algo dentro de él había sido tocado, pero no tenía idea de qué era.
–Así que ahí está… –dijo Jean, su respiración estaba agitada, y de vez en cuando jadeaba, pero trataba de mantenerse callado por las mismas razones que Armin, aunque para él era un poco más fácil, pues ya tenía un poco de experiencia y estaba llevando las cosas con cuanta calma su autocontrol le permitía. Sin embargo, tenía ganas de empujar a Armin en ese punto cuantas veces fuese posible para oírle gritar.
–¿Ahí… está qué? –los ojos de Armin se humedecieron en lágrimas de placer, sus manos se aferraban a las sábanas tanto como podían, pero a veces le resultaba simplemente imposible retener su voz.
–Ahí esta ese punto sensible que como ves… ¡ngh!… –Armin había apretado su interior y sin querer lo había hecho gemir, interrumpiéndolo. –Ah, joder. Me vas a pagar esa.
–¿Eh? –Armin lo miró con sorpresa, pero inmediatamente después, Jean comenzó a embestirlo sin piedad. Por puro reflejo, Armin agarró una prenda de ropa que estaba al lado de su cabeza y la mordió, sus brazos rodearon la espalda de Jean y le clavó las uñas, algunas habían logrado perforar la piel, pero Armin no estaba dispuesto soltarse.
–Argh… –Jean apretó su expresión, pero más que por el dolor de su espalda, era por el mero placer que Armin le provocaba al ponerse tan alterado y apretar tanto los músculos de sus entrañas, miraba la espalda del chico debajo suya arquearse, miraba su cuerpo retorcerse y observaba ese lindo rostro cubierto de lágrimas y sudor.
Sin que ninguno de los dos lo pensara, llegaron al climax casi al mismo tiempo, no fueron capaces de escuchar el gemido tan alto que habían dejado escapar y ninguno se dio cuenta del orgasmo del otro.
Ambos habían experimentado un "Hacer el amor" muy diferente de lo que pensaban, había sido tranquilo, bonito, placentero y sobretodo, les había dejado una sensación de llenura para sus corazones.
¡Adivinen quien recuperó la inspiración y viene más inspirada que nunca! (?)
Cómo me costó retomar esta historia porque olvidé mi idea original, pero bueno, mi cerebrito me dio otra idea con la que estoy complacida. El próximo capítulo será el final, espero les guste, si no, pues ni modo.
¿Saben que originalmente esta historia iba a ser un oneshoot? no sé como terminó teniendo 10 capítulos, pero esa es la razón de que la trama sea tan simple. En fin ¡Nos leemos!
PD: es la primera vez en mi vida que escribo hard sin incluir sadomasoquismo, violencia, incesto, pedofilia o violación, así que me sabrán disculpar.
