Disclaimer:Los personajes de CCS no me pertenecen son propiedad de Clamp, la historia tampoco me pertenece es propiedad de Sherrilyn Kenyon, espero disfruten este capitulo.


Shen se bajó lentamente del regazo de su madre y rodeó la mesa para que todos los hombres le cogieran por turnos un rato. Cuando llegó a Eriol se quedó parado y se acercó a ella.

—Tienes una cara de dibujo como mi papá tiene algunas veces.

Las mejillas le ardieron y eso la hizo volver a ser el foco del escrutinio de los lobos.

El lobo al otro lado de Keegan suspiró pesadamente.

—Joder, mujer, deja de poner cara de pánico cada vez que te miramos. No te vamos a tumbar de espaldas y a… —se paró al mirar a Shen. —hacerte lo que piensas que vamos a hacerte. Sí, ya sé lo que piensas. Y no, no les hacemos esas cosas a las mujeres.

Sakura cogió a Shen de los brazos de Eriol. Le dio un rollito para que se lo comiera mientras dirigía su atención hacia Tomoyo.

—Ya sé que no conoces las costumbres katagarias. Cuando una mujer está… —se detuvo y miró al niño antes de continuar—...en tu condición, es ella la que selecciona al macho que quiere. Si no puede decidirse, entonces los machos luchan y normalmente, ella elige al vencedor y si no la satisface, elige a otro. Pero la elección es siempre de la mujer. Los machos entregan su vida y su lealtad a sus mujeres. Puesto que su supervivencia depende de su habilidad para procrear, lo llevan grabado en su propio ser.

Cuando Sakura empezó a levantarse, Keegan cogió a Shen de su regazo.

—¿Necesitas algo? —le preguntó.

—Sólo voy al baño, cariño. —le dio unos golpecitos en el brazo mientras salía.

Tomoyo miró a Eriol mientras él ignoraba su presencia.

¿Era por eso por lo que no la había tocado nunca? Pensando en el pasado, recordó cómo siempre había sido más respetuoso que Wang con su madre, su hermana y con ella. Siempre preocupado por ellas y por su bienestar. Si necesitaban algo, él siempre estaba allí.

—¿Por qué me has traído aquí? —le preguntó.

Se tragó la comida antes de contestar.

—Quiero saber qué arma es esa.

La atención de todo el mundo se enfocó en ella y se le pusieron de punta todos los pelos del cuerpo. Estaban preparados para atacar y ella lo tenía crudo tratando de controlar el pánico.

—Ya hemos tenido esta discusión. —dijo por entre los dientes apretados. Puedes torturarme todo lo que quieras pero no voy a decírtelo.

Shaoran se rió.

—Los Katagarios no torturan… matan.

Dos de los lobos más mayores se pusieron en pie.

—¿Entonces la matamos? —preguntaron al unísono con una chispa de emoción en la voz.

—No. —dijo Eriol. —Tiene mi protección.

—Ah. —el más joven de los que habían hablado recogió su plato y lo llevó a la cocina.

Sakura volvió a la mesa y sentó en su silla.

Uno por uno, todos los hombres salieron excepto Shaoran, Eriol, Yamazaki y Shen.

—¿Qué pasa con Touya? —preguntó Eriol.

Yamazaki le dio vueltas al vino en el vaso, algo que le pareció muy humano a Tomoyo.

—Él y Spinel están rastreando a Wang.

—Espero que no le maten antes que yo.

—Es tu hermano. —le recordó Tomoyo.

Eriol le lanzó una mirada violenta.

—Deja que te explique algo, nena. Cuando Yamazaki y Shiefa descubrieron que Shaoran era humano, le protegieron de nuestro padre. Cuando estaba herido o durmiendo, hacían turnos vigilándole en su forma humana para asegurarse de que nadie descubriera su secreto. En el instante en que Wang descubrió que yo era un lobo, llamó a la gente para que me mataran. Creo que debería devolverle el favor multiplicado por diez. Por lo menos, él es un hombre adulto, no un adolescente que no tiene forma de protegerse a sí mismo de guerreros más fuertes y mayores.

—También tiene un arma que no es muy justa. Creo que deberíamos quitársela y…—Yamazaki se detuvo y miró a Shen. —y metérsela en un sitio verdaderamente desagradable.

La mirada de Eriol no dejó la suya.

—Me gustaría metérsela por el mismo sitio por el que quería meterme el atizador al rojo.

Tomoyo meneó la cabeza ante tal brutalidad.

—Todos vosotros sois conscientes de que retenerme aquí es una declaración de guerra.

Eriol arqueó una ceja.

—¿Qué me dices?

—Sois lobos que estáis reteniendo a un miembro de la patria.

Shaoran resopló.

—Y yo soy el Regis de tu patria. Ausente, es cierto, pero soy la cabeza de los Lykos Arcadios Li. Y, como tal, estas bajo mi mando. Declarar la guerra a Eriol a su manada requeriría un edicto mío, que nunca te daré.

—¿Así pues, condonas su conducta?

—Por primera vez en nuestra relación y por aterrador que parezca… sí. Y como Regis quiero saber qué arma es esa que utilizasteis con el león. Si te niegas a contestarme esto acabará en juicio y creo que ya sabes el castigo que exigirán los miembros Katagarios del consejo.

La vida. Pero no antes de ser brutalizada. Cuando el Regis, especialmente el que gobierna tu patria, te pide algo, estás obligado a dárselo.

Nunca había odiado la ley más que en este momento.

—Lo llamamos el Pulso.

Eriol la miró ceñudo.

—¿Y qué coño es eso?

—Envía pequeñas cargas eléctricas. No tantas como para hacer que cambien constantemente de forma pero lo bastante como para que nos atrape en nuestra forma básica.

Sakura suspiró.

—Como el collar que llevas.

Asintió.

—Sólo que el Pulso es permanente.

Yamazaki sacudió la cabeza.

—No puede ser. Si funciona con impulsos eléctricos, tiene que tener una pila.

—Utiliza la química corporal para recargarse.

Shaoran parecía enfermo al pensar en eso.

—¿Se puede extraer?

—Es demasiado pequeña para que pueda verse. No hay orificio de entrada y no hay forma de encontrarla una vez que está dentro del cuerpo.

Yamazaki asintió.

—Es lo mismo que dijo Carson.

Sakura hizo una mueca de disgusto.

—¿Quién ha podido inventar una cosa así?

—Una pantera en el 3062. —dijo Tomoyo con un suspiro. —Ahora las está vendiendo al mejor postor.

—¿Por qué? —preguntó Shaoran. —No necesitamos tanto el dinero.

Eriol le clavó una mirada rabiosa.

—Estás pensando como uno de nosotros, Shaoran. La pantera es Arcadia. Piensa como humano por un momento. La avaricia es su dios.

Tomoyo estaba empezando a entender las diferencias.

Shaoran miró a Eriol.

—Deberías llevarla a ver al león al Santuario. Preséntale a su compañera que ya no puede comunicarse con él. O mejor, preséntale a sus hijos que ya nunca podrán saber cuánto les quería su padre. Que nunca oirán el sonido de su voz diciéndoles lo orgulloso que está de ellos. Que nunca les advertirá del peligro. La verdad, habéis hecho un gran trabajo. No podría sentirme más orgulloso de vuestra brutalidad.

Tomoyo se negó a dejarse intimidar. Sabía la verdad.

—Los animales no se comportan así.

Eriol se atragantó con la comida antes de lanzarle una mirada envenenada.

—Claro. ¿Nunca te he dicho algo así, verdad? —Se levantó y se limpió la boca. —¿Sabes qué? Me pongo enfermo de mirarte. Recuerdo a una niña que solía ser capaz de preocuparse por los demás. Que les daba a los demás el beneficio de la duda antes de atacarles. Pero obviamente, está muerta. Te quiero fuera de aquí antes de que termines por destrozar los pocos buenos recuerdos que conservo de esa niña.

Le arrancó el collar del cuello y salió de la habitación.

Tomoyo permaneció sentada, asombrada, incapaz de creer lo que acababa de suceder.

Era libre.

—¿Tío Erriol? —Shen miró a su madre. —¿Por qué está Erriol furioso, mami?

—Han herido sus sentimientos, pero se pondrá bien.

Shaoran buscó la mirada desconcertada de Tomoyo.

—Eres libre de marcharte. Y te aviso. Los leones están buscando sangre. El tipo al que derribasteis… su hermano es Paris Sebastienne y matasteis a su hermano pequeño. Por regla general, los animales no se centran mucho en la venganza pero sí en proteger a sus familias. Les atacasteis sin mediar provocación y pretenden hacer una carnicería con vosotros cuando os encuentren para evitar que le hagáis lo mismo a más miembros de su Pride. Sois su presa. Buena suerte.

Tomoyo tragó con fuerza llena de pánico.

—Pero yo no les disparé.

Yamazaki se encogió de hombros despreocupadamente.

—Son animales. No les importa quién apretó el gatillo. Cazan por el olfato y tu olor estaba por todo Jack. Que tengas una buena vida, bomboncito. Al menos durante unas pocas horas.

Tomoyo soltó el aliento temblorosa ante el morboso pronóstico. A pesar de lo mucho que le odiaba, sabía que tenía razón. No llegaría muy lejos y lo cierto era que no podía hacer nada. Era parte de todo esto. Voluntariamente.

No había forma de cambiar el pasado. Como no había forma de evitar que los leones la mataran. No se atendrían a razones y, ciertamente, si alguien le hubiera hecho algo así a sus seres queridos, tampoco lo habría perdonado. Esto era lo que se merecía por formar parte del brillante plan de Wang. Lucharía, pero no huiría. No estaba en su naturaleza. Si ese era su destino, lo afrontaría con dignidad.

Pero no quería morir sin al menos, decirle a una persona que lo sentía.

Excusándose, se desvaneció de la mesa hasta el dormitorio de Eriol.

Lo que se encontró allí la dejó completamente pasmada.