Reencuentro
Año 992, Diciembre
Hogsmeade
Godric se encuentra en su pequeña academia, enseñando a un grupo de niños pequeños a evadir hechizos. La mayoría aún no ha recibido su varita, y los pocos que la tienen jamás han logrado usarla. Su maestro les insiste que se requiere paciencia.
Ha comprado un local, cinco años atrás. Es solo un salón y no entran muchas personas en él. Pero lo utiliza únicamente cuando llueve en el pueblo. Ese es el caso en esos momentos.
La puerta se abre de golpe y solo se ve la silueta de un hombre alto y delgado. Algunos niños gritan del susto y dos niñas de apresuran a abrazarse, temblando de miedo. Cuando el hombre da un paso delante, su rostro queda iluminado por las velas.
-¡Salazar Slytherin!-exclama el maestro, mostrando su mejor sonrisa.
-Godric Gryffindor-responde este, inclinando un poco su cabeza en señal de saludo. Parece un hombre frío, pero cuando Godric se acerca a él para rodearlo con sus brazos, el recién llegado le devuelve el abrazo.
-¡Tantos años! ¡Y cuántas cosas han pasado desde entonces!-el maestro lo mira a la cara unos segundos-. ¡Pero si sigues igual!-parece no poder contener su emoción-. Pasa, pasa. Y ponte cómodo. La clase ya está por terminar.
Salazar se queda en un rincón mientras los niños siguen lanzando hechizos imaginarios. De vez en cuando, recibe una mirada asustada de alguno de ellos. Cuando los alumnos comienzan a retirarse, Godric se acerca a él.
-Tenía entendido que jamás volverías a este pueblo-recuerda.
-Así es-responde Salazar-. Pero es un asunto de fuerza mayor.
-¿Y de qué se trata, si es que puedo saberlo?-inquiere su amigo.
-Verás, en realidad, he venido a buscarte.
Godric sonríe con incredulidad.
-Me siento halagado-ironiza, convencido de que eso no es todo, pero sin querer presionarlo para que diga más.
-He venido a ofrecerme como maestro para tu academia-explica Salazar.
Sus palabras son recibidas con asombro. Godric levanta ambas cejas.
-¿Hablas enserio?-quiere asegurarse.
-Jamás he hablado más enserio en mi vida-asegura el otro-. Quiero enseñar. Y no se me ha ocurrido mejor lugar que junto a ti para hacerlo.
-De acuerdo-dice el maestro-. Bien…-lo piensa unos segundos y sonríe-. En realidad, has llegado justo a tiempo.
Como no da más explicaciones, Salazar se ve obligado a preguntar:
-¿A qué te refieres?
Godric sigue sonriendo cuando responde.
-Bueno…-hace una pausa, para aumentar el suspenso-. Estoy pensando en formar una escuela de magia. Sí, ya me cansé de dar clases bajo un árbol. Quiero hacer algo a lo grande. Entrenar profesores y así tener muchos alumnos. Pero claro-suspira-, un hombre solo no puede levantar un castillo, ¿verdad?
-¿Un castillo?-repite Salazar.
-Sí, uno gigante-dice Godric con tono soñador-. Quiero tener cientos y cientos de alumnos. Quiero que sea la escuela de magia más conocida de todos los tiempos. Quiero enseñar a lo grande.
