Holaz! ;D Sé que ha pasado mucho tiempo desde que subí algo de este fic, pero quería decir que no me he olvidado de vosotras/os ^^
En el capítulo anterior dije que lo hice corto para subir más rápido. No, no era una mentira, lo decía de corazón. Pero me sentía agobiada de tantas cosas por escribir/traducir y es cuando pienso que me lo he buscado yo solita :D Gracias por todo, chicas y chicos.
Bueno, la famosa batalla final, mas no el final xD Ya sabéis cómo soy yo y me gusta el drama y la ANGUSTIAAA así que esperad con paciencia y tendréis lo que todas nosotras necesitamos :)
Crepúsculo no es mío, es de SM.
Música:
— Shi-ki, de la banda sonora de Shiki.
— Monster, Skillet.
— Música de System Of A Down en general.
— Stand My Ground, Within Temptation.
Como curiosidad: el nombre del capítulo anterior (Monstruoso) y el de este (Demoníaco) hacen pareja ^^ ¿Sabéis qué representan? Espero que lo adivinéis :3 y si no, lo diré en el próximo cap.
Gilaren/Lindiwen, aquí tienes a Lara, un poquito tarde ya lo sé, pero creo que te dije que esto venía más hacia el final xD
Demoníaco
Una enorme nube de polvo logró tapar durante unos momentos a quien acababa de irrumpir en el lugar. Alguien desconocido, con un olor que ninguno de los vampiros logró identificar. No era humano, no era vampírico, ni siquiera animal. Pero era una mezcla de todo.
Un gruñido gutural llenó el claro helando a las personas en el sitio mientras miraban fijamente al intruso sin parpadear. Cuando se disipó la humareda, se encontraron con un lobo. El pelaje castaño claro con franjas y manchas por aquí y allí de un tono más oscuro; y en el hocico una gran mancha de color marrón caoba. Las fauces abiertas enseñando los feroces dientes y colmillos blancos, listos para desgarrar carne y huesos, e incluso piel de vampiro si se tiene en cuenta que poseía unas dimensiones similares a los licántropos de La Push. ¿Acaso sería otro? Nunca antes lo habían visto por allí. No, no podía ser. Era imposible porque ese lobo también olía a vampiro, en grandes cantidades, como si uno se hubiese restregado con él durante mucho tiempo; pero luego repararon en que el olor era suyo propio y no se le había pegado de nadie.
El lobo los miró a todos fijamente con unos ojos oscuros profundos, llenos de secretos e inteligentes, como una persona, corroborando la teoría de que fuese un licántropo. Gruñó una vez más antes de alzar la cabeza al cielo oscuro y aullar de una forma parecida a la que había hecho Bella unos momentos atrás, demostrando a los más observadores que ese lobo había acudido a una llamada. Bella lo había traído allí.
Avanzó unos metros haciendo ruido con sus enormes patas en medio de un silencio casi sepulcral. Casi, porque al mismo tiempo escuchaban sonidos nauseabundos de carne removiéndose, chapoteos de objetos realmente grandes y goteo incesante de alguna clase de líquido. Cuando vieron de dónde provenían los sonidos se encontraron con las partes destrozadas del cuerpo que alguna vez formó a Bella. Los trozos rodaban y se bañaban en el líquido rojo ya frío que había estado escupiendo, tosiendo y sangrando Bella durante la tortura. Era horrible, asqueroso y a muchos les obligó a apartar la mirada para no vomitar.
El lobo dio un resoplido, que casi sonó a palabras, hacia los restos del cuerpo de la vampira. Buscaron la cabeza para ver alguna reacción, encontrándosela con exactamente la misma expresión desquiciada con la que había caído al charco sanguinolento al romper su prisión verde. Pero sus ojos recuperaron algo de vida y se enfocaron en lo que tenía delante al tiempo en que sus extremidades se movían y contraían músculos libremente.
Entonces, ella sonrió y dijo:
— Ya era hora.- recibió otro gruñido bajo por respuesta. Bella rió, su cabeza lentamente fundiéndose en la sangre como si fuese cera- Creo que debo ponerme a trabajar, ¿no?
En realidad nadie escuchó el final de la frase porque quedó amortiguada por el sonido de hueso y piel. Pero esta vez no se rompía, más bien era el proceso contrario. Ante sus ojos sorprendidos, Bella se fue recomponiendo parte por parte; primero el crujido incesante de los huesos al pegarse los trozos, fundiéndose y regresando a su estructura original; después los órganos y músculos, los trozos flotando a su alrededor como hojas al viento; y finalmente, la piel, subiendo desde los pies y arrastrándose con lentitud como su fuese agua deslizándose silenciosamente sobre una roca.
Ante la mirada de un humano, no se habría movido nadie y un segundo después de haber comenzado el extraño proceso de regeneración el extraño lobo se habría tele transportado entre los cuatro vampiros contra los que había luchado Bella, saltando de un lado a otro a toda velocidad y esquivando aún más rápido que un vampiro. A pesar de tener un cuerpo anormalmente enorme, el animal era capaz de moverse con una agilidad y soltura que competían con las de una bailarina de ballet; pero, por otro lado, sus golpes con las grandes garras y la cola peluda eran comparables con las de un gigante de piedra, capaces de mandar varios metros más allá a cualquier vampiro que golpease.
Era una visión extraña, llegó Isabel a la conclusión en ese momento, el ver cómo ese lobo atacaba a los vampiros, apenas logrando esquivarlos a todos, notándose que no duraría mucho. Era obvio que hacía tiempo, continuó pensando esta vez dirigiendo su vista hacia lo que era su tía que en ese momento ya había recuperado casi toda la piel y sólo su rostro quedaba por formar. Observó sus labios ya arqueados en una sonrisa siniestra formarse, reconstruyéndose desde cero; vio su nariz aparecer a partir del hueso del cráneo, luego viendo el tabique de cartílago y finalmente la nariz en su conjunto; sus globos oculares recomponerse desde trozos en el charco de sangre a sus pies a la vez que cejas y pestañas crecían de nuevo a toda velocidad, al igual que su cabello, el cual con un par de pequeñas brisas que cruzaron el claro ya había regresado a su longitud anterior.
Pero también vio algo más, algo que no estaba segura otros verían con la distracción de la lucha entre el lobo y los otros vampiros. Vio cómo una corriente nueva, algo que no era viento, polvo o trozos de su cuerpo, la comenzaba a rodear mientras terminaba de formarse su cuerpo. En un parpadeo, ya se había convertido en una especie de espiral oscura que la cubría parcialmente al ser tan opaca como un objeto tangible a pesar de poseer un aspecto más bien etéreo. Vio a su vez el líquido rojo que fue su sangre moverse al compás de las "palpitaciones" de la niebla negra, acumulándose de un lado para luego irse al otro, o formar pequeñas olas aquí y allí.
Cuando hubo terminado el proceso, vio cómo Bella se erguía y ampliaba la sonrisa, sus ojos exactamente de la misma manera que antes, cuando había confesado ser un monstruo y reía como una demente. Pero no estaban desenfocados, los mantenía fijos en sus contrincantes, quienes estaban a punto de darle un golpe mortal por la espalda al lobo sin que éste pudiese evitarlo. En lo que duró un latido de corazón, ella ya se había puesto en movimiento y se dirigía hacia la pelea para, probablemente, asistir a su compañero en esa lucha.
Pero ella no corría, sino que flotaba. Parecía volar sin necesidad de mover esas peculiares alas membranosas, flotar a medio metro del suelo; pero cuando la hubo observado unos momentos vio que aquella corriente negra y oscura la seguía rodeando, abrazando y cubriendo su cuerpo de la vista de las personas del lugar y, en el proceso, alzarla del suelo sin esfuerzo. Sin avisar, Bella emitió una especie de aullido pequeño y corto, agudo, que sonó más a un grito humano. El lobo pareció entender el mensaje ya que saltó hacia atrás y corrió hacia un borde del claro artificial antes de detenerse unos momentos y respirar hondo para recuperar las fuerzas. Desde su posición, todos observaron cómo la sangre que estaba en el charco donde estuvo Bella se movía a toda velocidad, esparciéndose por el lugar antes de que nadie pudiese evitarlo y continuaba palpitando al son de un corazón que supuestamente debería estar detenido. Sin afectar a su "vuelo" Bella movió una mano sutilmente y haciendo, al parecer, que su sangre se concentrara en grandes púas que se alzaron hacia el cielo, asimilándose a grandes estalagmitas, atravesando todo lo que encontrara a su paso; es decir, a los cuatro vampiros que no habían terminado de girarse para encarar a la resucitada vampira. Chillaron de dolor al verse atacados tan violentamente, pero permanecieron en su sitio, luchando por recuperarse de las heridas infringidas antes de que la lucha continuase.
— ¡¿Esto es todo lo que puedes ofrecer, Bella?!- escucharon el grito de Matteus mientras se erguía en medio de la sangre del suelo, agarrándose un brazo lleno de cortadas e ignorando el agujero de su hombro. Pronto vieron la carne regenerarse con lentitud.
— Aún no lo has visto todo, Matteus- contestó ella en medio de su torbellino azabache.- Por cierto, ¿por qué no terminamos ya con la farsa? Aquello que debería estar vivo debe estarlo.
— ¿A qué te refieres?- dijo él aparentando inocencia. Ni Bella ni su sobrina se lo creyó.
— Lo sabes bien, Matteus- hizo una pausa y permitió que la niebla negra la descendiera, poniendo sus pies en medio de la sangre roja sin que pareciese importarle el que se ensuciara.- Y tú también, Claire...- algunos en el lugar ahogaron un jadeo- ¿O más bien debería llamarte Clarisse? - alargó un brazo hacia el lugar donde Edward permanecía sujetando con fuerza el cuerpo de la chica muerta logrando que toda la atención se fijara en ellos.
— Ya da igual, Clarisse. Levántate- soltó el vampiro enemigo con un gruñido.
Asombrados, todos vieron cómo la chica se erguía lentamente mientras abría sus ojos. Ya no eran marrones, sino rojos carmesí; tampoco eran amables o tímidos, eran los ojos de una asesina, de un vampiro. Ella sonreía sin alegría a pesar de estar deshaciéndose del agarre sorprendido de Edward, quien no comprendía lo que ocurría ni se esforzaba en mantenerla a su lado.
— ¿Claire?- susurró a la figura de pie frente a él. Ella ni se giró para contestar.
— No me llamo ni siquiera Claire, estúpido- dijo ampliando la sonrisa-. No me puedo creer que hayas sido tan fácil de engañar, Edward. Un par de palabras bonitas y que fuese tu cantante y ya te tenía en un puño- se rió con sorna.- Todos los Cullen sois una panda de payasos sin conciencia- dijo torciendo el gesto con algo de asco sin girarse todavía, observando fijamente a Bella mientras pronunciaba esas palabras.
— ¿Qué...?- consiguió decir él.
— Mi nombre es Clarisse Petrova, tengo más de trescientos años y no soy humana- dijo. Mientras hablaba su aspecto iba cambiando. De un cabello castaño color caoba brillante como el que tenía Bella, fue decolorándose hasta llegar al rubio platino, blanco para aquellos con peor visión en la noche; sus facciones fueron regresando a las originales, propias de la zona de Europa del este más que América, la piel volviéndose más y más blanca con el paso de los segundos, llegando al tono de la piel de vampiro. Cuando la transformación se detuvo, frente a ellos ya no estaba Claire, la humana, sino que estaba Clarisse, un vampiro en toda su gloria con el traje de Reina todavía puesto y un agujero a la altura del corazón, aunque tampoco parecía importarle.
— Te estábamos esperando- le sonrió Bella-. Ahora,- continuó- ya puede continuar la fiesta.
No supieron qué vino primero, si el lobo, el ataque de Bella o la repentina llamarada de las manos de Clarisse, pero de repente todo estaba en movimiento de nuevo. Así había sido toda la batalla: todo se detiene y se pone en movimiento de nuevo en lo que dura un parpadeo. Pero esta parte de la batalla no era igual a la anterior; además de contar con el apoyo de una persona más en cada facción, ahora los poderes estaban presentes. Chun-Li pensaba que Bella había perdido la capacidad de utilizarlos, pero en realidad parecía que se los estaba guardando para después, para este momento. No sólo podía invocar los elementos de la nada, también movía la corriente de su propia sangre con la mente como quien controla un mando a distancia. Todo se movía fluidamente al son de sus pensamientos, de modo que si por un lado ella estaba luchando a bolas de fuego con Clarisse y Ana a la vez, hacía un escudo a su espalda con la misma tierra, como formando una pared, y lograba atravesar a Rémi con las agujas carmesí.
Pero no sólo era ella quien realizaba esos asombrosos movimientos. El lobo también era capaz de hacer más cosas que desgarrar carne de vampiro con los atemorizantes colmillos o las enormes patas peludas. Pronto vieron cómo el viento se arremolinaba a su alrededor y lo protegía de los ataques, escudándolo de las balas o de las agujas de metal que Lillie lanzaba. Vieron la tierra resquebrajarse y volverse como arcilla para luego formar columnas a voluntad del lobo, alzándolo hacia el cielo sin esfuerzo y sin que eso entorpeciera los movimientos fluidos y medidos del animal.
Era como una danza. Un baile mortal.
Bella seguía atacando. Seguía luchando. Tenía que continuar, aunque estuviese que se moría en ese mismo momento. No podía rendirse, no se podía permitir morir en ese momento. Tenía que avanzar. ¿Por qué? Todavía no le había quedado muy claro. ¿Por qué seguía adelante? Esa era una cuestión que le rondaba por la mente una y otra vez en ese momento, ahora que estaba luchando por algo más que su vida contra esos vampiros. Pero realmente esa pregunta ya no le era importante. Ya no poseía voluntad para responderla. Ya no poseía la vida necesaria para decidir si seguir o no. Su vida y todo lo que había más allá de eso ya no le pertenecía; y eso era algo que ya no le asustaba. Más bien, lo aceptaba.
Ante ella estuvo Clarisse, sonriente. Y ella también sonrió, satisfecha. Por fin la tenía frente a ella, al alcance de la mano. Aquella persona que había provocado directamente tanto dolor en su familia, la que los había puesto en su contra exitosamente, la que la había apartado de su familia. Quería hacerle tantas cosas... Torturarla hasta que gritara por la muerte para después asesinarla tan lentamente como le fuese posible, hacerle vivir los más terribles momentos de la historia sin que apartara los ojos... ¡Oh! ¡Tantas cosas que podía, pero no debía!
Bella estiró los dedos de la mano derecha sin apartar la mirada de los ojos rubíes de la vampira. En su mente podía todavía sentir la batalla a su alrededor; las barreras que repelían a los enemigos, las agujas de su sangre que controlaba con otra porción de su mente, la corriente negra que la protegía de los ataques que pasaban la primera línea de su defensa; pero sus ojos sólo se podían concentrar en Clarisse. Su mundo era a la vez ella y todo lo que no era ella, fundiéndose en una sensación extraña.
Ella también la miraba, y sabía lo que iba a pasar.
Cargaron la una contra la otra a la vez, midiéndose y comprobando quién era la más fuerte de las dos. Atacaron con todas sus fuerza a la vez, un mismo golpe capaz de matar a la otra. Se separaron la una de la otra y permanecieron de pie, expectantes, esperando a ver cuál de las dos caía al suelo sin vida. Pero Bella no necesitaba esperar mucho, porque cuando se giró para ver a Clarisse, ella ya estaba en el suelo, petrificada. Pero ella sabía que continuaba con vida.
Como si a su alrededor no estuviese un torbellino de gruñidos, ataques de energía y luces residuales de la batalla, la vampira avanzó hacia el cuerpo de la otra y la alzó por los cabellos. Se dirigió fuera de los muros que había creado para protegerse hasta quedar frente a Matteus, que se recuperaba de un golpe del lobo. Alzó a Clarisse, todavía petrificada, y sonrió mientras levantaba la otra mano con garras afiladas. Él la miraba con el ceño fruncido mientras observaba a la vampira ser descuartizada sin que un sólo grito saliese de sus labios, como si ya estuviese muerta. Pronto, los trozos cayeron al suelo y se desintegraron hasta convertirse en ceniza.
— Sorprendente, ¿verdad?- dijo Bella antes de dar un salto hacia atrás para caer encima de Rémi que estaba a punto de darle un golpe en la cabeza al lobo.
— Muérete ya, Bella- respondió Matteus haciendo aparecer una especie de látigo que disolvía todo lo que tocaba a su paso.
Ella se mantenía concentraba en la lucha. Ya estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones porque había entrenado durante muchos años, midiéndose física y mentalmente, buscando sus propios límites. Buscaba cuántos golpes era capaz de aguantar, cuántas cosas era capaz de ver a la vez, cuántos poderes lograba controlar a la vez o en cuántas partes era capaz de dividir su atención sin que nada se le escapase. Luchaba y luchaba por superarse a sí misma sin que en realidad supiese para qué.
Bueno, ahora ya lo sabía. Todo aquello era para este momento.
Sentía su mente y cuerpo arder del esfuerzo extremo al que era sometida. Escudos, la tierra y el fuego, vigilar los ataques de sus enemigos... Todo aquello a la vez. Además, echaba un ojo de vez en cuando a su compañera de batalla sólo para comprobar que se las ingeniaba bien para salir victoriosa. Había hecho bien en elegirla a ella para esto. No le tenía miedo a la muerte, porque ya había muerto un par de veces; era fuerte, poderosa e inteligente; había vivido batallas parecidas a ésta y sabía cómo trabajar en equipo con ella.
Regresó su atención hacia Lillie esta vez, quien con sus cadenas le hacía la vida imposible a su aliada y amiga. Sonrió. Alargó un brazo hacia ella y estiró la mano, la palma hacia arriba, como señalándola con todos los dedos, y se concentró. Rémi se dio cuenta de lo que Bella pretendía mientras intentaba romper una de las barreras en las que lo había encerrado unos segundos atrás, como una cúpula transparente, para ir a ayudar a su amiga. Gritó con todas sus fuerzas, pero nadie le escuchó. Atónito tuvo que observar cómo la tierra obedecía el mandato de la vampira y se alzaba con fuerza cuando Bella dobló sus dedos hacia arriba. Asustada, Lillie se dio cuenta demasiado tarde de que estaba atrapada en medio de una cárcel de tierra que no podía romper. Invocó sus ramas espinosas de nuevo, envolviendo la esfera de tierra solidificándose a toda velocidad y luchando para que no pudiera cerrarse por completo y sellarla dentro, pero por las hendiduras que se iban haciendo cada vez menos pudo ver la sonrisa satisfecha de la vampira que la estaba matando y la mirada de desaprobación y decepción de la persona que la había entrenado para esto y que la había metido en esa pelea. Ni siquiera se esforzó en gritar. Ya estaba muerta, desde el primer momento estaban todos muertos. Y se había dado cuenta demasiado tarde.
Ana observó el polvillo en que se convirtió su compañera de batalla caer desde la altura de la esfera de tierra con la mirada insondable. Sin dirigirle una segunda mirada a la esfera, levantó sus armas y continuó disparando a la vampira y al animal, a quienes les era más fácil esquivar sus ataques debido a que ahora había dos enemigos menos. La española miró de reojo a Rémi, quien había logrado hacerle unas grietas a la barrera que le impedía moverse; así que decidió ayudarle y apuntó una de sus miniguns hacia la cúpula transparente sin avisarle de lo que iba a hacer. Disparó un par de veces sin descuidar su objetivo principal: el lobo.
Tras haber roto por fin la barrera, el vampiro corrió a ayudar a Matteus en su lucha contra la vampira Bella. Intentó tomarla por sorpresa, pero antes de que pudiese tocarla siquiera sufrió la embestida con todas sus fuerzas del lobo. Cayeron rodando los dos al suelo, pero Rémi se las ingenió para poder darle en el hocico al animal y lanzarlo a varios metros más allá. Este volvió a la carga, encontrándose con el mismo resultado una y otra vez: era lanzado hacia atrás.
Bella miraba la batalla de reojo sin poder ir a socorrerla ya que estaba demasiado ocupada enfrentándose contra aquel vampiro, Matteus. Era uno difícil de tratar. Era demasiado fuerte, haciéndole a Bella preguntarse por qué no se había mostrado todavía. ¿Acaso pensaba que todavía lo verían como a un héroe? ¿Por qué no mostraba todo su potencial? Entonces la idea le vino rápidamente como un rayo. Él estaba esperando.
Bella se giró para observar a su compañera de equipo y observó cómo se bandeaba contra Rémi y Ana a la vez; luego volvió su vista a los ojos de Matteus. Y vio que él supo lo que estaba pensando. Y él sonrió.
— Ah, vaya... Creo que se ha descubierto el pastel- dijo sin tristeza o pesar alguno.
— ¿Qué pretendes?- dijo ella deteniendo sus agujas de hielo con una llamarada alta.- ¿Por qué esperas?
— El infierno sobre la Tierra- dijo con satisfacción-. Dentro de mí está aquello contra lo que has luchado todo este tiempo, Bella. Pero ya es demasiado tarde.
— No si yo puedo impedirlo.
Entonces ella dio un salto hacia atrás para aterrizar encima de una columna de tierra residual que el lobo había creado antes, silbó poniendo dos dedos en la boca y esperó a que el animal se deshiciera de sus contrincantes para llegar a su lado, creando otra columna. Se miraron un momento a los ojos y asintieron, comprendiendo lo que se decían. Bella cerró los ojos, concentrándose mientras hacía tiempo para terminar una barrera transparente que cubriese al lobo y a ella. No sabían para qué se concentraba tanto o para qué cerraba los ojos, pero todo aquello quedó atrás cuando vieron movimiento en el lobo. Atónitos los del lugar observaron cómo el lobo se ponía a dos patas, quedando a la altura actual de Bella; después escucharon una sucesión de crujidos desagradables al oído, similares a la rotura de huesos y piel que hicieron a los Cullen y a los Siete recordar el momento en que Bella se transformó en lo que era ahora. Poco a poco la transformación se iba completando desvelando brazos, piernas y un rostro sin hocico; un cuerpo indiscutiblemente humano. Pero entonces se dieron cuenta de que no era un lobo, sino una loba.
Ante ellos estaban de pie la criatura en la que Bella se había convertido, con las alas plegadas y el rostro con una expresión concentrada, y a su lado una mujer de aspecto salvaje, pero humana al fin y al cabo. Una licántropo. Pero entonces, ¿Por qué era pálida y no de tez morena como los quileutes? ¿Y quién era esa mujer tan extraña?
No tuvieron tiempo para poder contestar a esas preguntas porque entonces un rumor en la distancia alertó primero a vampiros y luego a humanos. Escucharon con atención intentando pensar qué era eso, pero la respuesta se contestó por si sola cuando de la nada una gran masa de agua se divisó a unos metros del lugar. Algunos gritaron de terror ante esa visión. Otros miraba a Bella, su rostro todavía con los ojos cerrados, y supieron que fue ella quien había "invocado" esa ola gigante, pero se preguntaban el porqué. ¿Acaso querría matarlos a todos? Pero cuando el agua apenas tocaba la superficie de la barrera, ésta repelía el líquido y lo desviaba hacia otro lado como si fuese una roca en el camino de un río. Las cúpulas inamovibles los mantenían vivos bajo esa cantidad de agua que iba a velocidades mortíferas para un humano; aunque no sólo eso los mantenía con vida, cayó en la cuenta Isabel, porque dentro de esas barreras el aire no se acababa ni se viciaba como ocurriría en una cápsula submarina. Era como si estuviesen al aire libre.
Por otro lado, Matteus, Rémi y Ana, que quedaban con vida, vieron la ola venir aunque no se movieron. Se alinearon a unos cuantos metros de distancia y alzaron los brazos, aparentemente formando una gran barrera de fuego para impedir el paso del agua, que funcionó en un primero momento, causando grandes cantidades de vapor, pero inexorablemente fueron absorbidos por la vorágine y la fuerza de la ola. Nadaron para luchar contra la fuerza del agua, pero cuanto más se movían, era como su unas manos los aprisionaran con más fuerza para aplastarlos.
Asombrados, todos observaron los cuerpos de las dos chicas emerger del agua a toda velocidad, siendo lanzadas hacia arriba con potencia, y haciendo piruetas en el aire para caer de pie encima del agua como su fuese una alfombra líquida, rodeadas por aquella neblina negra que ocultaba parcialmente sus cuerpos desnudos (aunque ella no tenían ningún pudor, al parecer). Alzaron las manos y comenzaron a realizar movimientos tranquilos y controlados, como de Tai-chi, a la vez y con una sincronización digna de reloj suizo. Pronto vieron cómo las corrientes se amoldaban para formar el cuerpo de una mujer que, con sus manos, aplastaba al trío y los aprisionaba con fuerza.
Era tarea fácil ver todo desde su posición debajo del agua, seguros dentro de las cúpulas.
Hubo un sonido como de una explosión y de un momento a otro, todo el agua se había desvanecido en miles de partículas que ascendieron hacia el cielo para formar nubes de tormenta. En medio del claro estaban solamente Ana y Matteus frente al dúo femenino. Se miraron los unos a los otros, unos con rabia, otros con ira controlada. Y cayeron en la cuenta de que faltaba un vampiro en esa imagen, Rémi, pero su ausencia se explicaba por sí sola.
— Es el fin, Matteus- dijo Bella con tranquilidad- No tienes a dónde ir, a dónde escapar. Se te acaban los recursos y las personas para utilizar de escudo. ¿Crees que no me he dado cuenta de cómo desvías mis ataques hacia ellos?- escucharon el jadeo ahogado de la española ante tal revelación.
— No le escuches- dijo el vampiro a su compañera de batalla.
— Sí, no escuches a la loca.- le siguió Bella la corriente- Total, vas a morir de todos modos. Realmente me sorprende que hayas sobrevivido tanto tiempo, con lo pequeña que te veías hace nada. Tan alegre y servicial...- susurró con voz melancólica. La loba sonrió ligeramente, burlona.
— ¿Qué pretendes? ¿Volverla contra mí, acaso?- dijo Matteus sin creerlo de verdad.- No puedes, han hecho un juramento que no pueden romper.
— Ya lo sé- dijo Bella-, pero yo no quiero eso. Digamos que quiero que vengas aquí y me des un abrazo- soltó alegremente. El otro alzó una ceja.
— Sigue soñando...
— Pero como sé que no lo vas a hacer, iré yo- lo cortó ya avanzando hacia él. Todos se sorprendieron ante la afirmación y lo surreal de la situación en la que estaban. Solamente pudieron quedarse quietos para observar cómo Bella caminaba hacia el otro vampiro con una sonrisa en el rostro, aquella sonrisa desquiciada a la que se estaban acostumbrando, pasaba los brazos alrededor del cuello del vampiro y le susurraba algo al oído que nadie pudo percibir.
"Dentro de una hora y siete minutos, exactamente, estarás muerto... Y yo con vida*"
Entonces escucharon un grito agudo y buscaron la procedencia, resultando ser la vampiresa española quien estaba en los brazos de la loba, con una expresión de sorpresa en la cara y que poco a poco se iba convirtiendo en cenizas. La mujer loba la observó unos segundos desaparecer antes de girar la cabeza hacia Bella, quien estaba a su lado todavía abrazando al vampiro sorprendido, y sonreír cómplice. Ella saltó hacia atrás a la vez que Bella, dejando a un vampiro solo en medio de un claro artificial.
Ah, cayeron todos en la cuenta, aquello sólo era una maniobra de distracción para matar al último compañero de equipo de Matteus y crear un objetivo fácil...
— Te odio...- escucharon la voz del vampiro en un murmullo bajo, pero que todos pudieron escuchar a cualquier distancia. Todo estaba en silencio.- Realmente te aborrezco con todo mi ser... ¡Bella! - alzó la cabeza y observaron sus ojos rojos como la sangre brillar con toda su fuerza alimentados por la rabia- ¡Estoy harto de ti! ¡De ti y de tus intromisiones en mi vida! ¡En mi historia! ¡Esto no debería haber pasado!- gritó de improviso haciendo a los humanos encogerse de la potencia.- ¡Tú deberías haber muerto y yo tenía que ser el Rey!
— Así es, muéstrate como realmente eres... ¡Matteus!- le dijo Bella desde la otra punta, y fue como el detonante.
— Te odio... ¡Te odio!... ¡TE ODIO!
Y ante todo el mundo observaron cómo las cenizas que se habían estado mezclando con la tierra del suelo y los escombros comenzaban a arrastrarse de un lado a otro formando un remolino alrededor del centro del claro artificial y de Matteus. El vampiro en cuestión alzó los brazos hacia el cielo y abrió los ojos mostrando el rojo más potente, brillante y mortal que nadie había visto nunca antes de curvar los labios hacia arriba en una macabra sonrisa enseñando todos los dientes y cómo estos se iban afilando y creando una dentadura lejos de la humana y acercándose más a la de un animal del calibre de un tiburón, pero con ojos rojos. Las cenizas comenzaron a rodearlo, pero él mantenía la mirada fija en Bella, mostrando todo el odio que escondía en su interior anteriormente, dejándolo salir en todo su esplendor y asustando a las personas al pensar qué pasaría si todo aquel odio, rabia y desprecio estuviese destinado a ellos y no a la vampira del otro lado del claro. Ella le mantenía la mirada con firmeza, inamovible, y con una sonrisa satisfecha en los labios y los ojos decididos.
Con un gruñido potente, el vampiro permitió que aquellas cenizas pertenecientes a sus antiguos compañeros de batalla penetrasen en su cuerpo por ojos, nariz y boca, fundiéndose con él y transformándolo, revelando su propio ser.
— Adelante, Matteus...- murmuró Bella, pero todos pudieron escucharla.- He estado esperando mucho tiempo para verte así.
Sus orejas se volvieron puntiagudas y alargadas, como las de Bella; de su espalda vieron salir un esqueleto de alas que poco a poco se iba cubriendo de una piel membranosa y todos creyeron que sus alas iban a ser como las de la otra vampira, pero cuando se echó hacia atrás para rugir con fuerza y rabia, aleteó violentamente sus alas y a estas le fueron creciendo con rapidez unas plumas negras como la noche más oscura y sin luna, negras azabache.
Matteus regresó su cabeza hacia delante mientras se elevaba un par de metros de suelo y fijó sus ojos carmesí en la figura de la vampira que tanto parecía aborrecer, pero entonces se giró hacia la loba que acompañaba a Bella y extendió una mano envuelta en aquellas cenizas mezcladas con la tierra y polvo de los escombros, todavía transformándose. Sin que nadie pudiese evitarlo o visto, el vampiro había lanzado una especie de ráfaga o rayo de aquella extraña mezcla hacia la loba, que fue tomada por sorpresa.
— Tramposo- dijo Bella agitando la mano y desviando el ataque sin casi inmutarse a tiempo de que la loba pudiese esquivarlo casi todo. Aún así, ella fue lanzada hacia atrás bastantes metros y rodó de forma dolorosa en medio de una nube de polvo resultado de la violenta ráfaga, pero se levantó casi inmediatamente sólo para sostener un brazo sangrante y cambiar el peso hacia el pie que no le doliese. Ella gruñó guturalmente, como un animal, y Bella le contestó en el mismo idioma que parecían sonidos salidos de sus gargantas más que las bocas. La loba se quedó donde estaba.
— Muérete- le dijo Matteus, pero su voz era distinta. Sonaba ronca y más grave, con un tono extraño y fuera de este mundo, con varias capas de sonido o como si dos voces hablasen a la vez: la que usaba antes más una nueva y más tenebrosa.
— Ya lo he hecho- le sonrió Bella antes de echar a correr hacia el otro, quien todavía no parecía haber terminado la transformación. Pero a Bella no le importó, fue hacia arriba de un potente salto y se lanzó hacia el vampiro que más bien parecía un demonio con las garras hacia delante y una sonrisa macabra en el rostro junto a una mirada desquiciada.
Y desaparecieron.
No, más bien comenzaron a moverse de una manera que nadie era capaz de detectar dónde estaban o qué estaban haciendo. Sabían que se estaban moviendo porque las cosas caían, había resplandores o porque la tierra temblaba cuando uno caía al suelo. Era una sensación total de claustrofobia saber que ellos estaban ahí, pero no los podían ver o percibir, sólo sentir la fuerza de sus energías y ataques. La tierra tembló una vez más y los escudos que los protegían temblaron casi imperceptiblemente, sólo los más observadores lograron notarlo. Hubo un resplandor enorme que casi los deja ciegos antes de que percibieran el olor a quemado y oyesen los gritos de alguno de los dos, pero no supieron determinar quién porque era un sonido demasiado parecido a un rugido animal.
¿Quién ganaba? ¿Quién iba perdiendo? Eran cuestiones que se hicieron una y otra vez, sin poder llegar a responderlas. Aunque tampoco querían responderla, pensó Anabelle mirando los rostros preocupados y algo asustados de todos los que estaban en el lugar. ¿De parte de quién se iban a poner? ¿Del monstruo demente, pero que parecía luchar fervientemente por una causa concreta? ¿O del vampiro que les prometió la salvación pero que les había mentido descaradamente? No, nadie quería pensar que habían sido engañados en sus narices o que preferían a una asesina sin corazón.
Un estruendo la sacó de sus ensimismamientos y dirigió su atención hacia el campo de batalla a varios metros del borde del campo de fuerza de su grupo. Allí estaba aquel vampiro-demonio completamente transformado, resoplando y con la mirada fija en Bella, quien estaba mirándolo con el ceño fruncido e ignorando aparentemente la sangre que corría desde su hombro atravesado por una especie de daga negra. Matteus presentaba ahora un cuerpo más parecido al de Bella, grande y alto, más de dos metros de altura, y con los músculos más grandes y resaltados. Las alas habían aumentado de tamaño y, estando extendidas, daban la sensación de poder cubrir y tapar la mismísima luna con sus plumas negras azabache; y de su parte de atrás ahora salía una cola desnuda como la que ondeaba detrás del cuerpo de Bella como una serpiente cascabel. Sus manos ya no parecían humanas ni de lejos, ahora predominaba el pelo oscuro como su cabello y las garras animalescas que encajaban a la perfección con su aspecto demoníaco.
Pero quizá lo más impresionante, más que los colmillos exageradamente prominentes, eran los dos enormes cuernos curvados hacia atrás, como de toro realmente grande, que salían de entre sus cabellos y acaban en una punta afilada y mortífera.
Casi a la vez que Bella, hizo aparecer entre sus garras un arma blanca. La suya era una guadaña negra como la noche sin luna que soltaba una especie de humo oscuro por los bordes irregulares y destilaba una horrible sensación de ahogo a todos aunque estuviesen detrás de una cúpula y a bastantes metros de ellos. Bella sacó una alabarda de doble hoja, negra como la noche, pero compacta y brillante, reflejando los brillos que provenían de la débil luz de las estrellas.
Se miraron a los ojos, resoplando y buscando más aire del que podían conseguir, midiendo las acciones del otro con ojo crítico y acostumbrado a las peleas. El viento apenas se atrevía a interponerse en la batalla decisiva que acontecía ante ellos, arremolinándose en torno a los dos combatientes silenciosamente. La tensión empeoraba a cada segundo que pasaba, las manos de Bella y Matteus apretando más fuerte sus respectivas armas mortíferas, mirándose fijamente a los ojos y el ceño fruncido. Bella movió ligeramente un pie y sus músculos se prepararon para saltar hacia el otro vampiro; Matteus movió un poco las alas, dejando caer un par de plumas.
Entonces se lanzaron el uno contra el otro, las hojas de sus armas por delante, atravesando el claro artificial (inundado y lleno de sangre) a tanta velocidad que parecían flotar. Plumas negras, gruñidos, rugidos y el estruendo de los choques los acompañaron en el duelo. No importaban los demás, no había nadie más que ellos en el claro, todo aquello fuera de su línea de visión era irrelevante; sólo estaba el otro y sus garras, su cola, sus mortíferos colmillos y su mente complicada y llena de trampas. Porque no se enfrentaban a muerte únicamente con las armas y los poderes físicos, ya que a la par que las chispas resultantes del choque de aceros azabache en sus mentes luchaban por entrar y hacer estragos en el interior del contrincante; utilizaban sus propias armas, aquellas con las que habían estado conviviendo y con las que habían entrenado día a día sin descanso, sólo para ese momento. Armas mentales, tretas invisibles para romper las capas de escudos y laberintos que serían la perdición de un novato.
Muérete ya, le dijo el vampiro demoníaco en la mente cuando hubo roto la primera barrera.
— ¡Nunca!- gritó con sus cuerdas vocales deteniendo una embestida que vino con mucha fuerza. Sus ojos brillaron un momento y las pupilas de rajaron mientras ella gruñía y empujaba con todas sus fuerzas, mandando al vampiro lejos. Su alabarda desapareció.
— ¿Se te acaban los recursos, Bella?- preguntó Matteus con esa extraña voz que eran dos a la vez. Hizo esfumarse su guadaña, fundiéndola de nuevo con su cuerpo y abrió las alas con orgullo. Bella le imitó.
Ahora ella alzó las manos, relámpagos en ellas y muerte en sus ojos, fijos en Matteus. Él ni se inmutó cuando ella le lanzó aquel resplandor de miles de voltios, capaces de matar en el acto a un ejército de vampiros neófitos. Alzó una garra del revés y lo lanzó hacia un lado como ella había hecho antes con su ráfaga, el rostro con una expresión aburrida mientras el ataque rebotaba contra el escudo del público, el cual ni siquiera se resquebrajó.
— Me toca- dijo el vampiro demoníaco alzando la otra mano y enseñando los colmillos amenazadoramente. No tenía por qué cerrar los ojos para concentrarse en lo que estuviese haciendo.
Hubo un pequeño terremoto, seguido de otro y otro más. ¿Qué estaba pasando? Pero las respuestas llegaron al observar cómo una grieta enorme se abría en el terreno, acompañada de otras dos más, formando un círculo casi perfecto. Pronto, un gran trozo de tierra se fue separando de la corteza terrestre y alzándose, primero con lentitud, pero luego a toda velocidad, sobre sus cabezas y tapando cualquier luz proveniente de las estrellas. La sonrisa de medio lado permanecía en el rostro del vampiro, los dientes brillantes.
Bella igualmente se movió, apretando los puños y apoyándose mejor en sus dos pies antes de cerrar los ojos y concentrarse para contraatacar. Ni siquiera miró la enorme roca del tamaño de una isla pequeña encima de su cabeza cuando de sus manos fue materializando una especie de largas hileras de alambres con púas, como de las que se utilizan para delimitar terrenos en el campo y evitar que escapen los animales, pero parecían oxidados y hacían ruido cada vez que se doblaban y retorcían. Todavía sin abrir los ojos, Bella se reacomodó en el borde del enorme cráter que había dejado la roca y lanzó a toda velocidad sus alambres, rodeando la roca y atravesándola en varios puntos, debilitando su fuerza cuando la tiró hacia la Tierra y creando grietas por toda su extensión.
Por fin bajó sus manos con un resoplido cansado cuando logró partir la roca en otras de menor tamaño y menos imponentes que la anterior. Abrió sus orbes carmesí y miró con una sonrisa en los labios al otro vampiro mientras atrapaba casi inconscientemente las rocas medianas con los mismos alambres y los lanzaba hacia Matteus, quien frunció el ceño y los destruía incluso antes de que lo rozaran.
Se miraron a los ojos fijamente, concentrando sus energías en esta vez la lucha mental. Pero los demás espectadores pudieron ver esta vez. Observaron sus energías, sus auras, materializarse sin necesidad de poseer un poder psíquico, y lo que vieron los dejó mudos. Eran enormes acumulaciones de... nubes de color negro, o más bien una especie de neblina, que formaban olas y olas de poder, expandiéndose por todo el lugar y más allá, ahogándolos y asfixiándolos a la vez que llenándolos de energías. Realmente no sabrían decir cuál era mayor o cuál era más poderosa, porque se retorcían y plegaban de la misma forma, una y otra vez, impidiendo que llegasen a una forma concreta.
Aquellas nubes oscuras y tenebrosas no eran puras. No eran alegres, no eran buenas; llenas de dolor y rabia, cada una luchaba por sobreponerse a la otra y resplandeciendo de vez en cuando como si fuesen unas nubes de tormenta llenas de electricidad.
Un rugido los sacó en sus ensoñaciones y los devolvió a la realidad, dándose cuenta de que estaban siendo controlados sin realmente saber quién había sido. Cuando pudieron recuperar la consciencia, se habían movido y algunos estaban a un paso de salir de los escudos, un pie levantado rozando el borde. Alguno de los vampiros quería sacarlos de allí por algún motivo que desconocían. ¿Quién?
— ¡Mirad!- soltó alguien dentro del público señalando los escombros en el campo de batalla que habían permanecido. Se iban rompiendo en trozos más pequeños y desintegrándose con velocidad, víctimas de lo que fuera que estuviesen haciendo aquellos vampiros y desapareciendo en miles de partículas invisibles a simple vista.
Eso querían hacer con ellos.
Otro rugido y vieron una figura en medio de la neblina negra avanzar hacia la otra, pero no podían identificar cuál era por lo opaco de sus auras. ¿Bella? ¿Matteus? Realmente no había distinción entre ellos. Eran altos, tenían alas, garras y colmillos prominentes; ambos eran monstruos con forma humanoide y los ojos rojos como brasas ardiendo, mortales y sangrientos. ¿Dónde había diferencia? ¿Eran realmente distintos?
Pero no sólo era en su aspecto, continuó pensando Anabelle luchando por ver más allá de esa niebla azabache. Ambos luchaban a muerte, ambos habían asesinado a sangre fría, ambos poseían un alma oscura como la noche, manchada de sentimientos negativos. Ambos poseían, aparentemente, los mismos poderes y destrezas mentales, fuerzas igualadas y entrenamientos similares.
¿Dónde acababa uno y dónde comenzaba el otro?
— No,- dijo Mary en voz alta, pero en apenas un susurro suave- no son iguales. Míralos mejor.
Y eso hicieron ellos Siete, forzando la vista... Pero entonces se acordaron de que tenían por qué usar esos ojos imperfectos. Podían usar otros mejores. Parpadearon a la vez y sus ojos brillaron de otro color, filtrando la neblina negra que eran las auras y vieron mejor a esas criaturas aladas en medio del claro. Matteus enseñaba los colmillos de una forma casi animalesca, los ojos brillantes como nunca los había visto, y las pupilas rajadas como las de un gato. Parecía pronunciar algo, pero sus oídos defectuosos no los dejaron oír.
Bella fruncía el ceño y tenía los ojos cerrados, los puños apretados y en tensión, al igual que sus dientes firmemente cerrados y juntos unos con otros, sin llegar a romperse. Su cola estaba cortada y, sangrante, continuaba moviéndose con lentitud en la parte posterior de la vampira.
Ah. Sí que había diferencias. Él tenía cuernos, sus alas eran de plumas negras y estaba parcialmente cubierto de pelo, solamente la parte inferior de su cuerpo. Ella tenía alas membranosas, su cola rota y estaba completamente desnuda, llena de cicatrices (las mismas de siempre) y cubierta de sangre, su propia sangre. Sangre que provenía de un corazón palpitante y cálido, ¿no?
No eran lo mismo. Y querían convencerse de ello, al menos en lo que a sus conciencias se refiere.
— ¡Oh!- dijo Bella con su voz ronca- Lo he encontrado-sonrió mostrando los dientes a propósito.- Por fin.
— ¡No te atrev...!- chilló abriendo los ojos Matteus y cortándose en medio de la oración.
Y la neblina se contrajo sobre sí misma tan rápido que solamente vieron un destello y ésta había desaparecido a sus ojos, quedando Bella y el vampiro inmovilizado en medio del claro. Bella caminó en medio del más absoluto silencio y bajo las miradas de todos en el lugar, unas sorprendidas, otras temerosas, otras horrorizadas o preocupadas, pero la que más peso tenía era la potente mirada roja carmesí, más roja que la sangre, de Matteus.
Bella llegó a donde él estaba y lo tomó del brazo para acercarlo a ella y mirar más de cerca sus ojos. Rojo con rojo. Muerte con muerte. Odio con odio. Ella le sonrió.
— Te tengo- susurró y alargó una mano para acariciar su rostro contraído en una expresión de odio que a ella no le afectaba. Bella bajó y se dirigió al cuello, palpando apenas unas marcas de mordidas que habían allí, para después dirigirse a una de las alas negras y cerrando los dedos entorno a la base con fuerza.- Voy a matarte- pareció responder a algo que nadie más pudo escuchar con una sonrisa.
Sin que nadie tuviese tiempo de reaccionar ella ya había arrancado el ala sin inmutarse de la sangre que salió, salpicándola a ella ligeramente antes de disolverse en el aire. Un humo negro se fue colando por la herida recién abierta y se elevó varios metros, haciendo formas de personas y objetos antes de subir hasta las nubes.
El vampiro no gritó. Permanecía paralizado.
Bella tomo la otra ala y repitió el proceso canturreando alguna melodía sin sentido, pero Matteus pareció sorprenderse al escucharla. Frunció apenas el ceño y apretó los labios con fuerza mientras imágenes de todo tipo salían con velocidad de su ser, recuerdos encerrados en lo más profundo de su mente; mostrándole a todo el mundo un enorme castillo de piedra, bailes llenos de gente con ropas vaporosas y adornos por doquier, grandes banquetes digno de reyes y un trono cubierto de joyas y oro.
La visión desapareció al tiempo que el cuerpo de Matteus era liberado y se desplomaba hacia el suelo, derrotado. Puso su cabeza entre sus manos y se mantuvo allí unos segundos que parecieron horas, todo bajo la atenta mirada de todos en el sitio y los ojos rubíes de Bella, quien permanecía inexpresiva todo el proceso.
— No es posible... No es posible...- repetía una y otra vez-. Tenías que ser tú de todas las personas.
— Era lo que tenía que pasar.
— Tenía que ser ahora, de todos los que podrías elegir. Ahora que estaba a punto de conseguirlo...
— Yo no elegí el momento y lo sabes.
— Tenías que quitármelo todo justo cuando lo tenía entre mis manos.- alzó el rostro hacia ella y la miró con ojos veces.
— Los Vulturis son unos inoportunos- ella sonrió. Matteus devolvió una sonrisa cansada.
— Pero, ¿sabes una cosa? No vas a ganar- le mantuvo la mirada mientras hablaba, sin inmutarse del humillo negro que comenzó a expulsar como si estuviese quemándose. A Bella se le oscureció la mirada.
— No...- él sonrió macabramente y cerró los ojos, pulverizándose en miles de partículas humeantes que subían al cielo con velocidad.
El escudo que protegía a los presentes cayó, y sintieron por primera vez el ambiente pesado y maloliente, una mezcla de agua, tierra, metal y olor a quemado. Los humanos sintieron su cuerpo pesar toneladas en vez de kilos, lanzándolos hacia el suelo sorprendidos a la vez que algunos vampiros se vieron arqueados por alguna fuerza invisible.
Y Bella se quedó allí de pie, con un brazo roto y sangrante, sucia y llena de golpes y heridas que no cerraban, llenas de ácido por los bordes. Miraba el humo negro alzarse y mezclarse con las nubes negras y creando una tormenta hasta donde alcanzara la vista. No tenía que mirar dos veces para saber que habían truenos y relámpagos, indicando la pronta aparición de los rayos, de momento lejanos.
La tierra tembló con el primer golpe de un potente rayo que dejó el ambiente cargado y lleno de chispas. No hubo que esperar a los gritos y chillidos de las personas o al siguiente temblor de la tierra el sonido de algo quebrándose. Otro rayo y todos corrían de un lado a otro, desesperados por buscar un lugar seguro, otros gritando porque alguien había sido alcanzado por el rayo, otros dando órdenes para organizarse.
Isabel miró todo el movimiento que hubo de repente después de una quietud tan extrema como la de la batalla de antes, sorprendida. Inmóvil, miró a un lado para encontrarse el cuerpo inmóvil de Junior y sus ojos cerrados para siempre, a los Cullen con los ojos bien abiertos y helados en su sitio mientras miraban hacia ninguna parte en particular. ¿Qué les pasaba? ¿Por qué parecían tan sorprendidos y horrorizados? Hasta hace un momento lo único que veía en ellos era odio y rabia hacia la figura quieta en el centro del cráter y ahora la miraban sorprendidos como si fuese la primera vez que la viesen así...
Isabel abrió los ojos y giró la cabeza con violencia para observar el lugar donde estuvo Matteus por última vez, ahora una enorme grieta en la tierra en su lugar. ¿Los habría controlado? ¿Cómo? No había tenido contacto con ellos hasta el día anterior...
Sobresaltada, sintió cómo algo caliente la rozaba antes de caer al suelo haciendo mucho ruido. Al mirar lo que era, resultó ser un... ¿Meteorito? Una piedra del tamaño de un puño envuelto en llamas que había caído desde el cielo. Otros comenzaron a caer y las personas luchaban por esquivarlas. Isabel miró el lugar una vez más, consciente de que todo estaba moviéndose a toda velocidad y frenéticamente, pero para sus ojos iban a cámara lenta. Podía oír los gritos de los Siete, quienes buscaban protegerlos a todos, pero no los escuchaba. Podía sentir su respiración acelerada, pero lo único que registraba era otra más controlada y taciturna, acompañada de un latido suave de corazón, proveniente de la vampira alada del cráter.
Algo hizo cosquillas en su nariz. Alzó una mano ausentemente sin saber con qué se encontraría allí, tocando lo que le había caído en el rostro y poniéndolo al nivel de sus ojos para ver qué era. Ceniza. Caliente y gris, bajaba lentamente de los cielos como si fuesen pétalos de rosas acompañadas de rayos y meteoritos cada vez más grandes. A lo lejos se veían más nubes grises con más rayos y más fuego cayendo del cielo; se escuchaba el estruendo de la tierra rompiéndose y de volcanes en erupción, las voces de la gente gritar. Sabía que esta catástrofe se estaba reproduciendo a la vez por todo el mundo, como si hubiese llegado el mismísimo infierno a la Tierra.
¿Se nota mucho que me he basado en Evil Jin de la serie de videojuegos Tekken para el aspecto demoníaco de Matteus? Espero que no xDDD Pero que sepáis que lo he hecho xD
Y sí, si habéis jugado al Prototype sabréis que lo de las púas lo saqué de allí :3 Imaginad algo por el estilo a Alex Mercer y entraréis en una parte del funcionamiento de mi cabecita xD
Y lo del látigo de ácido, sí, es de Sesshoumaru, de Inuyasha. No tengo iamginación, sólo combino ideas xD Simplemente espero que no se vea muy forzado...
¿Merece Reviews?
