YOSSU! Acabo de terminar de escribir este capítulo, así que aquí os lo traigo. ADVIERTO de que aquí empieza a haber material. Sí, material. Aunque no es nada del otro mundo, es un pequeño trozo de carne para las que están hambrientas de yaoi. Muy pequeño. Ya me contaréis.

AGRADEZCO INFINITAMENTE a AlexLopezGua, Marth-a-Lowell, LordTaco, Romanien, Isuam, Zeldi-chan y kazumi-sama97 por sus hermosos reviews!

Y ahora, a leer!


Reconozco que fue gracioso ver la cara de shock de Ike pasar en menos de un segundo a la cara de dolor más lograda que había visto nunca. Me lo quité de encima, triunfal, y le dejé a un lado en el suelo.

- He ganado.

Me levanté y miré a mi "víctima", retorciéndose de dolor en el suelo. Sonreí. Después me giré hacia Lucario, quien me observaba como si no se creyera lo que acababa de pasar. Y entonces caí en la cuenta de lo que acababa de hacer. Las mejillas se me calentaron. ¿En qué narices estaría yo pensando...?

- ¡ARGH!- gritó Ike.- ¡¿Pero qué demonios?!

No sabía qué decir. ¿Acababa de besar al gorila inepto?

- Marth, ¿qué...?- empezó Lucario.

No le di tiempo a acabar la frase. Me fui corriendo. Me daba miedo lo que acababa de pasar, pero más miedo me daba la reacción de Ike cuando pudiera moverse de nuevo. Salí escopeteado del gimnasio, chocando con algunos que entraban, sin detenerme. Mientras corría por el pasillo, escuché un fuerte golpe y unos pasos apresurados detrás de mí. Aquello sólo me hizo acelerar.

- ¡MARTH!¡VUELVE AQUÍ!

Hice oídos sordos, aunque fue difícil ya que hasta las paredes retumbaron con el grito del loco que me perseguía, corriendo de forma extraña, claro. Entré a nuestra habitación, cerrando la puerta y me metí en el baño, cerrando con cerrojo. Tras eso retrocedí hasta notar la pared contraria a la puerta contra mi espalda.

Escuché la puerta de la habitación abrirse de golpe y a Ike entrar. Luego, silencio. Aquello me puso nervioso. Unos instantes después, escuché sus pasos, lentos, por la estancia.

- Maaarth~

Gah. Aquel tono no me gustaba.

- ¿Dónde se ha metido el pequeño Marthy~?

Vale, ahora empezaba a mosquearme.

- ¿Dónde está nuestra dulce y hermosa princesita~?

La madre que lo parió.

- ¿Tal vez esté arreglando sus cabellos en el baño?- su tono era cada vez más irritante.- ¿O quizás se está maquillando?

Aguanta Marth...

- ¿Quiere que le ayude con el colorete, princesa?

No lo hagas...

- ¿Qué tal si le alargo las pestañas...?

- ¡Cierra el pico, pedazo de idiota!- grité, quitando el pestillo y abriendo la puerta.

Mi error. Ike entró violentamente, empujándome hasta quedar contra la pared. Y me besó, sin decir nada más. Me besó tal y como había entrado, bruscamente. No me daba tiempo para replicar. Las rodillas me flojeaban y notaba la cara ardiendo. Esta vez no hice nada cuando su lengua entró en mi boca. Más bien, no pude hacerlo.

- … Si tú empiezas, entonces no hay problema, ¿verdad?- me susurró al oído.

Jadeé. Aproveché ese instante para intentar apartarlo, lo cual acabó con los dos cayendo a la bañera. Encendí la ducha por acto reflejo y le empapé con agua fría, esperando que se alejara. Pero en lugar de eso se pegó más a mí, sujetándome las muñecas contra el frío metal. La ducha nos empapaba, pero no tenía frío. El cuerpo de Ike irradiaba calor como un calefactor, además de que me protegía de la caída del agua. Siguió besándome tras reírse un poco al caernos. Yo ya no sabía qué hacer. Él tampoco me dejaba pensar. Simplemente me dediqué a mover las piernas intentando, en vano, que se quitara de encima. Sentí su lengua recorriéndome la boca y enredándose con la mía en una lucha salvaje. Su cuerpo presionaba el mío y en algún momento dejó de sujetarme con una de sus manos para bajarla a mi cintura, haciéndome soltar un ruido que jamás había hecho antes. Él se rió. Yo me notaba ardiendo. La situación me parecía demasiado extraña.

- Reconozco que el agua es una buena idea, pero vayamos a un lugar más cómodo- susurró Ike de nuevo en mi oído, acariciándome el pelo.

- Ike... para...- le pedí, aprovechando que había dejado mi boca libre.

Con eso conseguí que me mirara. Puede que en muchas películas, en este tipo de escenas, un "para" significara "sigue por favor, y sé más rudo"; bien, pues no era mi caso. Realmente quería que se detuviera. Tras mirarme a los ojos unos instantes, creo que lo comprendió.

- … De acuerdo- dijo, apartándose de mí y saliendo de la ducha.

Suspiré, apagando el agua. Él me tendió la mano para ayudarme a salir, y yo la acepté. El golpe me había aturdido un poco.

- ¿Estás bien?

Confieso que no estaba incómodo. De hecho, probablemente no habría hecho nada por parar, en condiciones normales, claro. Pero me había hecho daño al caer. Y... no estaba mentalmente preparado para algo así. Aquella relación de amor-odio con Ike me estaba volviendo loco.

- Me he hecho daño- dije, frotándome la cabeza con la mano.- Eres un bestia.

- Pfff... La verdad, no tengo ni idea de lo que acaba de pasar aquí.

Aquello me cabreó. Yo comiéndome la cabeza, y él simplemente "no tenía ni idea de lo que acababa de pasar". Entré en el modo "odio".

- ¡Pues yo menos, pedazo de imbécil!- le grité.- ¡¿Te parece normal entrar así y hacer eso?!¡Así, a las bravas!

Le sorprendí, lo vi en su cara. Esos cambios de humor iban a acabar conmigo un día.

- ¿Ahora te quejas?- preguntó.

- ¡Joder, antes no me dejabas!- le chillé, agarrándole de la capa y zarandeándolo.- ¡Con suerte pude respirar!

Suspiró, apartándome sin aparente esfuerzo.

- De verdad que no te entiendo- dijo, encogiéndose de hombros.

- No necesito que me entiendas, idiota- murmuré, saliendo del baño.

Ike me detuvo poniéndome la mano en el hombro.

- Escucha, no quiero que pienses mal- dijo, serio.- No estoy bromeando, ni con el beso del otro día, ni con esto. Voy muy en serio.

Le miré con los ojos bastante abiertos. Él miró hacia abajo.

- Y parece que tú estás de acuerdo- comentó.

Sorprendido, miré yo también.

- Soy comprensivo y esperaré a que estés listo- dijo, antes de pasar a mi lado y salir, empapado, al pasillo, cerrando la puerta de la habitación.

Yo me quedé unos instantes asimilando lo que me acababa de decir, mirando mis pantalones. Después de que se me calmara, me sequé y me cambié de ropa, mientras seguía pensando en ello.

Suspiré, tumbándome en mi cama. No supe nada más de Ike aquella tarde. Pasado un rato, decidí salir a investigar. Aquello también me ayudaría a despejarme.

Al principio estaba un poco perdido por los pasillos, pero pronto me ubiqué. Me dirigí al pasillo del cristal y observé desde un extremo. Localicé las cámaras y me di cuenta de que se movían siguiendo el movimiento del pasillo. Es decir, si alguien pasaba, las cámaras seguían su recorrido hasta que salía de su campo de visión.

Había dos cámaras, una en cada extremo del pasillo. Parecía que no había punto ciego. Pero no iba a darme por vencido tan fácilmente. Necesitaba algo con lo que experimentar, y ese algo apareció como caído del cielo. Sentí algo en la pierna y me giré.

- Oh, eres tú- saludé.- Hola, Meta Knight.

Dos ojos amarillos me miraban desde detrás de una máscara plateada. Hizo un leve movimiento, que provocó que su capa ondeara. Lo tomé como un saludo por su parte. Me agaché a su lado.

- ¿Qué haces aquí, pequeño?- pregunté.

El biorobot levantó sus brazos y los agitó, como si fuera un niño. Yo me reí.

- ¿Me ayudarías en una cosa, Meta?- pregunté.

La bolita con alas asintió.

- Necesito que andes hasta el otro lado del pasillo y vuelvas.

Meta Knight caminó tal y como le había pedido, mientras yo observaba el comportamiento de las cámaras. La que estaba al otro lado del pasillo no le vio hasta que cruzó aproximadamente la mitad del pasillo. Me di cuenta de que en ese punto, la que estaba al lado mío había dejado de detectar a Meta.

- ¡Meta, espera!- exclamé.

La bolita se giró hacia mí.

- Ven hacia mí, muy, muy despacio- pedí.

Meta Knight me hizo caso. Aquel biorrobot me encantaba; si conseguía salir de ahí, me lo llevaría con nosotros.

La bolita avanzaba despacio. Esperé hasta que llegó el momento que esperaba. La cámara que le estaba siguiendo dejó de hacerlo, mientras que la otra todavía no le había detectado.

- ¡Genial, Meta!- exclamé.- ¡Haz una marca en el suelo!

Meta Knight rayó el suelo justo donde estaba. Aquello sería suficiente. Tras hacerlo, volvió conmigo; yo le cogí y le abracé, saltando. Estaba realmente emocionado.

Había encontrado el punto ciego.


Y hasta aquí el capítulo de la semana! Espero que os haya gustado!

Realmente no sabía cuál iba a ser la reacción de Ike hasta que empecé a escribir. De hecho, me he sorprendido de hacerla así. Me dije: "tienes que hacer algo por tus lectoras/es!", y bueno, esto es lo que he hecho.

Espero vuestros comentarios diciéndome qué os ha parecido!

Ciaossu!