Capítulo X
La melodía de mi alma
Una extraña sensación la embargaba, mientras experimentaba la idea de estar volando por el aire. Las manos de InuYasha la sostenían, y a pesar de que el paisaje, con sus montañas y el verde, marrón y dorado de sus árboles, que se mezclaban en diferentes tonalidades, se desplazaba a su lado a una velocidad superior a la de cualquier humano. Kagome no tenía miedo, al contrario, la seguridad que advertía incluso la sorprendía. El aire le acariciaba el rostro, enfriándose en el avance. La tarde comenzaba poco a poco a oscurecerse en el horizonte. El sol que antes los cubriera con su cálidez, se despedía hasta un nuevo encuentro. Y de pronto el viaje cesó.
- Seguiremos a paso normal – dijo InuYasha, sin más, en tanto dejaba a Kagome apoyarse en la superficie agreste en la que se encontraban.
La muchacha miró a su alrededor y solo pudo encontrar árboles, arbustos grandes y pequeños, montañas. Agudizó el oído, todo lo que le era posible, pero no captaba sonidos que le indicaran que hubiera civilización cerca. Por primera vez, en todo el viaje, sintió frió y sus manos frotaron sus antebrazos semidesnudos. El sol iba dejando un rastro anaranjado, que se combinaba hermosamente, con las nubes, entrelazando largos listones violetas, celestes y rosas. InuYasha avanzó.
- Vamos, sígueme – lo escuchó, y como tantas otras veces, sus palabras eran órdenes, que Kagome se sentía en la obligación de acatar.
Avanzó tras los pasos de él, que no parecía cansado. Kagome sintió como sus mejillas se acaloraban al pensar en que su cuerpo si acusaba el cansancio del viaje, y quien había cargado con ella, no parecía resentido en lo más mínimo.
- Mi cuerpo es más resistente que el tuyo – se apresuró a aclarar InuYasha en ese momento. Kagome primero arrugó el ceño y luego comprendió.
- Deja de leerme el pensamiento – le exigió, dejando que la molestia que aquello le ocasionaba se evidenciara. En respuesta escuchó una breve risa, que casi parecía una burla, lo que la hizo enfadar más aún.
- Pues no me lo permitas – la apremió él. Era una ventaja poder leer sus pensamientos, pero necesitaba que ella se fortaleciera. Sabía muy bien que aquello era un arma de doble filo para él, pero debía ser así, no estaba del todo seguro, de lo que podrían encontrar más adelante. Y tenía el presentimiento de que los poderes que ella pudiera utilizar, serían de gran ayuda.
- No sé hacerlo…- respondió ella, usando un tono que a InuYasha le resultó incluso algo aniñado, como si de una pequeña mimada se tratara.
Sus pasos iban, un par de metros por delante de los de ella. Que parecía esforzarse para subir la pequeña cuesta por la que ascendían, para llegar a un tramo del camino provisto de algunos árboles, que InuYasha presumía, les servirían de refugio por esa noche.
- Tienes que esforzarte… - continuó con la conversación, poniendo atención en los sonidos que habían alrededor. Quería estar seguro que se encontrarían a salvo de cualquier peligro.
- Te digo que no puedo – habló Kagome, elevando el tono de su voz, poniendo toda su intención en aclarar lo mucho que le costaba solo imaginar en bloquear sus pensamientos. Lo vió girarse y tuvo que detener en secó su avance, para no chocar con él. Incluso la parte superior de su tronco se movió hacía atrás levemente ante la cercanía de InuYasha.
- Tú puedes. – le dijo, sin alzar la voz, pero con una fuerza, que Kagome pudo sentir sus palabras haciendo eco dentro de su pecho.
El sol, del que ya no se veía más que la escaza luz que destellaba en el horizonte en medio de las nubes, era un marco perfecto para el cabello oscuro que él lucía. Aquél brillo que la hechizara durante las horas de soledad en las que asistía a la cripta dónde InuYasha permaneció encerrado por tanto tiempo. Parecía adquirir tonalidade anaranjadas y rojizas. La brisa que comenzaba a soplar, elevaba con suavidad algunas hebras de cabello y Kagome no pudo evitar imaginarlo moviéndose como si se tratara de llamas de fuego.
Las piernas se le aflojaron entonces, y una sensación de vació en el estómago, se le instaló. La boca se le llenó de saliva y solo entonces recordó que no había probado bocado desde la mañana. Durante la caminata que ella e InuYasha tuvieron, hasta la puerta de la tienda en la que trabajaba. Una barra de cereal caramelizado, era todo lo que había comido.
InuYasha abrió los ojos sorprendido, cuando la vió tambalearse, notando como una pálidez alarmante le cubria el rostro. Comprendió que debían buscar un sitio donde descansar y algo con qué alimentarse.
- Vamos. – le ordenó, mientras tomaba una de las manos de ella y avanzaba. La conversación sobre su capacidades debía quedar pendiente, hasta que sus estómagos estuvieran llenos.
Kagome no pudo evitar ser conciente de la cálidez de la mano que cercaba la suya. No podía evitar sentir que el corazón le latía con más fuerza ahora que él la conducía. Sus pulmones parecían no poder llenarse de aire, respiraba con dificultad, como si sus fosas nasales se cerraran por segundos. Abrió la boca en búsqueda de una bocanada de aire, pero lo único que consiguió fue obligarse a tragar la saliva que había generado a causa del hambre. Su estómago ya no lo resistió, una sensación de debilidad se apoderó de su cuerpo por completo y ya no era capaz de mantenerse en pie. Sintió que oscilaba, sus pies parecían estar sobre una superficie blanda y poco estable. Fue conciente de cómo se deslizaba la correa que sostenía la maleta con su violín, sobre su hombro e intentó detener la caída de este, cuando la mano que antes sostuviera la suya, avandonaba su lugar, para sostenerla por la cintura.
InuYasha fue conciente de la debilidad de Kagome, cuando su corazón pareció acelerarse´El agarre que mantenía de su mano, le iba indicando el palpitar de éste. En cuanto sintió la sangre dispararse por el torrente sanguíneo, se giró hacía Kagome, que ya no era capaz de mantenerse en pie. La asió por la cintura, pegándola a su cuerpo, su mano libre, contuvo en el aire, la maleta pequeña que conservaba aquél instrumento que ella tanto atesoraba. La sintió blanda entre sus brazos, indefensa, con la piel blanca de su pecho y cuello, expuestos para él. Ahora era capaz de percibir la alocada carrera de su propio corazón. Se colgó al hombro la maleta con el violín y la cargó en brazos. La sentía ligera, suave, tibia.
Husmeó con la nariz el aire que parecía almacenarce en medio de los árboles del bosque que comenzaba a cercarlos. InuYasha daba cada paso alertando sus sentidos, esperando ser capaz de percibir cualquier perturbación a su alrededor. La luz del día los iba abandonando poco a poco. Las ramas de los añosos árboles se cerraban sobre sus cabezas, bloqueando la escasa luz. InuYasha decidió que era momento de detenerse. Contempló el lugar a su alrededor y pudo ver algunos metros más adelante, a su derecha, el espacio que se formaba a los pies de uno de los enormes guardianes de este bosque. Dejó a Kagome con cuidado apoyada en el tronco. Desenvolvió la manta que cargara durante el viaje, y la acomo de modo que la muchacha quedara sentada sobre ella. Mientras la arropaba con la gruesa manta, Kagome abrió levemente los ojos, tragó saliva sintiéndose algo extraviada, su ceño formó una arruga entre las cejas. InuYasha la observó un instante, sin poder definir lo que esta chiquilla le producía. Solo sabía que se sentía responsable por ella.
Se puso de pie decidido a conseguir alimento y algo para encender un fuego. La noche no estaba especialmente fría, pero él sabía por experiencia que aquello cambiaría. Dio un primer paso lejos del árbol y sintió como la mano de Kagome sujetaba la suya. La miró, algo sorprendido ante aquella sensación inexperada. Y su rostro se relajó cuando la vió ahí, arropada con la manta, solitaria, extraviada. No pudo evitar recordar a la muchacha que días antes acudiera al sepulcro donde había estado por siglos, solo para acompañarse de él. Su mirada se suavizó y se inclinó para descorrer una hebra de cabello femenino, que amenazaba con caer sobre uno de sus ojos.
- Shhh… tranquila, volveré pronto.- dijo, intentando calmarla, notó como la garganta de ella se movía inquieta al tragar saliva.
InuYasha le soltó la mano y tomó la maleta con el violín de Kagome y su bolso, poniendo ambas cosas al alcance de ella.
- Tus cosas estan aquí… – baciló un momento antes de continuar - ¿tocarías algo más tarde? – le preguntó sin estar demasiado seguro de si buscaba tranquilizarla a ella, o disfrutar él de la música que había lograqdo calmar su espiritu prisionera por tanto tiempo.
Kagome lo miró, sorprendiéndose al principio por la petición, para luego intentar que los músculos de su rostro le obedecieran y formaran algo arecido a una sonrisa. InuYasha se quedó observando aqule gesto de sus labios, que se elevaron levemente desde la comisura formando algo parecido a una sonrisa. No supo por qué, y no deseo cuestinarse más, pero aquello le había echo feliz.
- Volveré enseguida. – dijo él con seguridad, de pie junto a ella.
Kagome lo vió retroceder un par de pasos y elevar su mano derecha, formando un semi círculo con ella en el aire, y entonces una barrera de energía, que ella fue capaz de ver, se cerró a su alrededor. El hizó un gesto con su cabeza, como asintiendo, seguro que conforme con lo que acababa de hacer, la miró directo a los ojos, por un par de segundos, y luego lo vió desaparecer en medio del bosque. Kagome extendió la mano en busca dela maleta del violín, la abrió y saco desde dentro su amado instrumento, se lo pegó al pecho y dejó que su cabeza descansara en el tronco frió del ´qrbol que la resguardaba, pensando en qué melodía podía interpretar para él más tarde.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Un fuego discreto bailaba ante ellos, algunas piezas de carne, de una liebre, se mantenían calientes sobre unas piedras alrededor de las llamas, Kagome estaba terminando su tercera ración, InuYasha había terminado con lo suyo hacía un momento. Una botella de plástico, que aún conservaba la etiqueta de su antiguo contenido, permanecía a medio llenar, con el agua que habían transportado en ella. Kagome bebía ahora en un vaso también de plástico, de color violeta, con el que se cepillaba los dientes en casa de Urasue.
InuYasha permanecía con la mirada puesta en el fuego, lo iba alimentando poco a poco, lo suficiente para que se mantuviera encendido y para que la escasa madera seca que pudo recolectar alcanzara hasta la mañana. Kagome sacó de su bolsillo un pañuelo, con el que se limpio los dedos y la boca. Mirando de reojo a InuYasha, que permanecía observando las llamas anaranjadas bailar. Se preguntaba que había en la mente de aquél hombre. Pensó en Kikyo, la dueña de el libro que ahora viajaba en su bolso. Movió la cabeza hacia su izquierda para mirar el bolso, que permanecía junto al violín. Recordó entonces la petición que le hiciera InuYasha horas atrás.
Extendió su mano hasta el instrumento, que ahora descansaba sobre la maleta que lo transportaba. La noche era calma, el cielo estaba semi cubierto por nubes que se abrían por momentos permitiendo que las estrellas parpadearan con su luz. La luna debía de esconderse tras la montañas. No estaba muy segura del lugar en el que se encontraban. Pero en ese momento le pareció el mejor lugar del mundo.
Acomodó el violín sobre su hombro, casi sobre la clavícula, su cuello hizo aquel movimiento habitual, el arco en su mano derecha, los dedos de la izquierda, sobre las cuerdas. Y la música, que comenzó a sonar limpia, calma.
She may be the face i can't forget
Ella quizás el rostro que no puedo olvidar
the trace of pleasure or regret
el resto de satisfacción o dolor
maybe my treasure or the prize i have to pay
quizás mi tesoro o el precio que tengo que pagar
she may be the song that summer sings
ella quizás la cancion que el verano canta
maybe the children autumn brings
quizás el niño que el otoño trae
maybe a hundred different things
quizás cientos de cosas mas
within the measure of a day
dentro de un dia
Kagome pudo notar como él se giraba para mirarla. Su estómago amenazó con tensarse al percibir su interés.
She may be the beauty or the beast
ella quizás la bella o la bestia
maybe the famine or the feast
quizás el hambre o el festin
may turn each day into a heaven or a hell
quizás cambia cada dia de cielo a infierno
she may be the mirror of my dreams
ella quizás el espejo de mis sueños
a smile reflected in a stream
una sonrisa reflejada en un riachuelo
she may not be what she may seem
ella quizás no es lo que aparenta
inside her shell...
debajo de su caparazon...
La miró acariciando las cuerdas de su instrumento con aquella varilla. La posición de su cabeza le permitía ver solo un lado de su rostro, decorado por la luz de la fogata.
She, who always seems so happy in a crowd
ella, la que siempre luce muy feliz entre la muchedumbre
whose eyes can be so private and so proud
cuyos ojos pueden ser tan privados y tan orgullosos
no one's allowed to see them when they cry
nadie esta permitido a verlos cuando lloran
Sabía que tenía su atención, pero intentó concentrarse en la música, no quería fallar, por que de alguna manera sentía que al ir acariciando las cuerdas de su violín, iba de agún modo acariciando el alma de aquel hombre que permanecía ahí a su lado. Dando escasas muestras de sus sentimientos.
she maybe the love that cannot hope to last
ella quizás el amor que no puede esperar a lo ultimo
may come to leap from shadows in the past
quizás el salto de las sombras del pasado
what i remember 'till the day i die
que recordaré antes del dia en que muera
Mientras la observaba tocar, sentía como si las notas salidas de aquél instrumento fueran suavizando algo en su interior. Durante siglos, sellado en aquella cripta que olía a tierra húmeda, se juró no volver a alimentar un alma humana en su interior. Sin embargo ella, con su interpretación, había sido lo único dulce que había experimentado. Y muy a su pesar, le agradaba.
She maybe the reason i survive
ella quizás la razón por la que sobrevivo
the why and wherefore kind of life
el porque y el por tanto del tipo de vida
the one i care for through the rough and ready years
una preocupacion atravéz del pasar de los años
Se concentró en la música, recordando la letra de aquella melodía, y se dejó transportar a un mundo donde ambos estaban libres de un pasado doloroso, donde él no tenía una tarea pendiente y ella no tenía fantasmas que la persiguieran. Cerró los ojos y se dejo arrastrar por el hermoso sentimiento que albergaba esa canción, y lo mucho que soñó con que alguién, alguna vez sintiera aquello por ella.
Me, i'll take the laughter and your tears
yo, yo tomaré la risa o la lágrima
and make them all my souvenirs
y lo haré a los dos mi souvenirs
and when she goes i've got to be
y cuando ella se valla, voy a ver que
the meaning of my life is
el significado de mi vida es
she...she
ella...ella
oh, she...
oh, ella...
Una lágrima cayó por su mejilla cuando tocó la última nota, sintió como iba helándose sobre su piel, deslizándose ayudada por una segunda que seguía el camino dejado por su predecesora. El toque suave de los dedos de InuYasha al recoger su sentimientos, la hizo abrir los ojos. No había percibido hasta entonces su cercanía. Todo su ser se había volcado en la melodía que interpretara.
- Precioso… Kagome…
Le escuchó susurrar a centímetros de ella y el corazón le dio un salto frenético, era la primera vez que le escuchaba decir su nombre. La primera. Las lágrimas se avalanzaron por sus mejillas, como una cascada, desbordando todo lo que había en su interior. Quería refugiarse entre sus brazos. Y el espacio entre ambos era tan escaso, si tan solo supiera que él sería capaz de contenerla a ella, de abrazarla, solo abrazarla y entregarle el cariño que ahora pedía a gritos.
- Por favor… - suplicó entre sollozos mientras se arrojaba al pecho de InuYasha.
Quería agradecerle por entregarle aquella música tan hermosa. Capaz de calmar en su interior los demonios que lo acompañaban. Se acercó a ella con suavidad, buscando escuchar mejor, quizás. O tal vez solo buscaba su proximidad. Vió como las lágrimas caían por sus mejillas, junto al útimo compás de la melodía, que parecía haber quedado flotando en el aire. Su mano se acercó a aquella minúscula gota, que parecía crecer en compañía de más lágrimas. Le agradeció, del mejor modo que pudo, diciéndole lo hermoso que había sido para él oírla interpretar. Y sin saber por que, experimentó la necesidad inquietante de pronunciar su nombre… Kagome…
Y de pronto la escucho susurrar una súplica, que se reflejaba en sus ojos inundados. Una leve brisa le acarició el rostro, cuando ella se hundió en su pecho. Con ambas manos por medio de ambos. Como buscando protección. Buscando consuelo a una soledad que él comprendía tan bien. Sus fuertes brazos se cerraron en torno a ella. Uno posado sobre la espalda delicada, el otro hundido en el cabello oscuro de Kagome. Y de pronto, sin esperarlo, un beso se poso sobre la cabeza de la muchacha, que sollozó y se apretujó aún más contra su pecho.
- Tranquila… - le dijo, intentando reconfortarla – yo te protegeré.
Aquella declaración resonó en su mente, trayendo consigo el recuerdo de una la única vez en que le había prometido su protección a alguién.
Su mandíbula se tensó, los músculos de su cuello y sus brazos también. Pero la cálidez de aquella muchacha, que ahora lo rodeaba con sus propios brazos, frotando entre lágrimas su mejilla contra su pecho, abriendo levemente la camisa que él vestía y rozándo de ese modo su piel. Le despertaba una ternura que jamás había sentido.
Un nuevo beso se posó sobre el cabello de Kagome, y algunas hebras parecían acariciarle a InuYasha la mejilla. Miró hacía el cielo, la única compañía que tenían era la fogata que arrojaba de tanto en tanto pequeñas chispas. InuYasha respiró profundamente el frió aire y se sintió por primera vez, después de casi cinco siglos… en paz…
Continuará…
Perdón, perdón, perdón, perdón…
Tengo la teoría que una historia se compone de ciertos puntos que son los que guían a quién la escribe. Algo así como "de uno, llegó a dos, de dos a tres, de tres a cuatro". Hay momentos donde pasamos entre uno y dos, por uno y medio, o uno tres cuartos, y esas son las partes que realmente cuesta escribir, "el camino para llegar a…". Casi siempre es en esos puentes donde me quedo pegada, por que hay que crear nuevos pequeños puntos, cosas que desarrollen la historia. En fin. Creo que ya he podido tomarle el hilo de nuevo a la historia, por que entre semana santa, y cumpleaños varios, citas con el médico por una faringitis que me anda trayendo medio mal genio. No terminaba de escribir este capítulo.
Besitos a todos los que leen…jamás pierdo la esperanza, que exista algún varón que lea. Muchísisimas gracias por escribir, y espero poder merecerme aún, a pesar del retraso, sus reviews, que son mi sueldo. Como le dije a una amiga, al menos los reviews no se incorporan a la declaración de impuestos…jejeje…
Abrazos de oso, y todo lo que les pueda dejar como muestra de cariño y agradecimiento.
Siempre en amor.
Anyara
P.D.: La canción es "She" de Elvis Costello… para quién quiera bajarla.
