Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, lamentablemente ( O afortunadamente, como lo quieran ver).
Actualicé! Aún en contra de la voluntad de Puce, actualicé! Sin revisar, sin chequear, apenas le cambié un poquito el formato acá en los documentos. Salvaje, recién terminado.
Así que disfruten (o no), el capítulo porque es el último.
~0~
Estúpido, Rogue se sentía estúpido. Había sido débil, debería haberlo rechazado como siempre en vez de permitir que lo besara. Porque sí, era lo bastante honesto consigo mismo como para reconocer que se había dejado llevar por la situación. Pero, se había sentido tan bien en ese momento que casi podía creer que de verdad podría haber algo entre ambos.
Por supuesto, había recuperado el juicio en cuanto lo sintió sonreír y se había sentido igual que ahora, como un imbécil. Lo único que no conseguía entender era la insistencia que el rubio había mostrado después. ¿Acaso nada era suficiente para él? ¿Qué es lo que esperaba conseguir al final?
De todas formas, estaba demasiado molesto como para detenerse a pensarlo. Y lo peor era que ni siquiera molesto con él, estaba molesto consigo mismo, por su debilidad, y por haber perdido el control y terminar gritando en medio de la calle. No era algo de lo que estuviera orgulloso.
Aún así, suponía que lo sucedido la noche anterior no haría más que darle alas, y se preparó para lo peor apenas comenzó el día. Sin embargo, todas sus clases e incluso la hora de almuerzo pasaron sin novedades.
Decidido a considerarlo una conquista, Rogue se fue a trabajar, en espera de la rutinaria visita diaria, aunque un poco inseguro de cómo reaccionar a ella. Cada vez que sonaban las campanillas de la puerta de entrada, se tensaba y no podía evitar mirar hacia ella, esperando encontrar los ojos azules que lo perseguían a todos lados. Todas y cada una de esas veces se equivocó.
Cuando llegó la hora de cierre y Sting no había aparecido, ya no estaba seguro de que pensar. Tal vez había pasado algo y no tuvo tiempo de pasarse a molestar. Mejor para Rogue, no era como si le importara lo que pudiera pasarle. Él sólo quería que lo dejara en paz.
~0~
~0~
Una semana más tarde, todavía sin haber visto ni la sombra del rubio, seguía repitiéndose lo mismo. Intentar convencerse a sí mismo era una forma de acallar las voces, tanto de culpabilidad como de preocupación. Porque, una cosa era que no se hubiera aparecido en su trabajo, pero su ausencia dentro de la universidad también había sido notoria y no sólo para él. Después de todo, Sting siempre había sido popular entre los alumnos y la situación en que se habían visto involucrados en los últimos meses no había hecho si no incrementar aquella atención.
Tal vez… tal vez era sólo que no había coincidido o que Sting lo había estado evitando. Era una opción, por supuesto, pero era raro. Primero, porque Rogue sabía que tenían más de una clase en el mismo edificio, en horarios parecidos, y segundo, porque había escuchado de pasada más de algún comentario sobre su ausencia.
En cierto modo, sabía que debería alegrarse. ¿Acaso no era eso lo que quería? ¿No que llevaba meses insistiendo que lo mejor que podía pasarle era no ver a Sting nunca más? Era inmensamente egoísta de su parte el siguiera insinuar que podía cambiar de opinión.
La discusión interna lo había tenido distraído por la mayor parte de la semana y, aunque había intentado que no se le notara, no era algo que pudiera ocultarle a su mejor amiga. Durante la mañana del viernes, en un pequeño espacio libre entre clases, Yukino por fin se decidió a preguntarle que era lo que pasaba.
– ¿Rogue? ¿Pasó algo? Llevas toda la semana actuando raro – Rogue se lo había esperado, pero eso no hacía más fácil responder la pregunta. Ante su falta de respuesta, Yukino continuó – ¿Tiene algo que ver con que Sting no ha aparecido estos días?
– No… Bueno, tal vez – La chica guardó silencio, esperando a que continuara y, aunque una parte de Rogue no quería hablar del tema, también sentía que no podría guardárselo por mucho más, así que terminó por resignarse y responder – Tuvimos una…. Uh… Discusión… sí, eso, el otro día.
– ¿Una discusión?
– Sí, eso.
– ¿En serio? Pensé que se estaban llevando mejor. Desde que va a la cafetería que no te quejas de él. Hasta parecías de mejor ánimo, y eso que teníamos exámenes.
Rogue la miró molesto, dispuesto a reclamar por la sarta de mentiras que dejaban sus labios pero ella le devolvió la mirada arqueando las cejas y Rogue se sintió incapaz de responder nada, optando por desviar la mirada hacia el suelo donde estaba sentado. Un silencio se hizo entre ambos, hasta que Yukino preguntó otra vez.
– ¿Y entonces? ¿Sobre que discutieron?
– No es importante – Respondió Rogue, cruzando los brazos.
– Rogue…
– Me besó, ¿de acuerdo? Y… más o menos lo dejé, pero después le dije que ya no quería seguirle el juego y que no necesitaba continuar fingiendo.
– ¡¿Qué?!
– Sí, bueno, también le dije que la única forma en que le creería las buenas intenciones sería que desapareciera para siempre…
– ¡¿Qué?!
– Y… ¿no lo he visto desde entonces?
– Ay, Rogue… Pero… ¿Por qué? ¿Por qué le dijiste eso?
– ¿Por qué es verdad?
– ¡No es verdad! ¡Sabes que no lo es!
– No puedo estar seguro de nada.
– Rogue, ya tuvimos esta conversación. Lo que pasó al principio no estuvo bien de su parte, pero tú sabías en lo que te metías y aún así te dejaste llevar. ¡Y no me vengas con lo del alcohol como excusa! Entiendo que te molestaras con él, pero, ¡ya han pasado meses! Te pidió perdón más de una vez y no tiene ninguna razón para insistir contigo después de todo este tiempo. Y, además, te gusta pasar tiempo con él, ¡y no me digas que no! Si no, no le hubieras dado una oportunidad. No te he dicho nada porque pensé que ibas a poder verlo tú solo, pero, en serio, te quiere. ¿Por qué le dijiste eso?
Las palabras de Yukino no hicieron más que acrecentar la culpa que Rogue ya sentía, hasta que, por fin, algo pareció romperse en su interior.
– ¡Ya sé! ¡Lo arruiné, lo arruiné todo! Sabía que lo hice, pero pensé que volvería y sería como que nada pasó, pero no hizo y… y no sé. No sé que hacer – Quizás era un gesto infantil, pero entre la vergüenza y la culpa, Rogue quería hacerse pequeño y terminó por llevar las rodillas hacia su pecho y abrazarlas. – ¿Qué se supone que haga ahora?
Yukino suspiró antes de responderle.
– Pedirle disculpas, al menos por lo de la última vez.
– ¿Y luego?
– No sé – Dijo la chica, poniendo una mano sobre su hombro – Pero tendrías que empezar por eso, y luego ver que pasa.
– ¿Y cómo voy a disculparme si no sé dónde está? – Yukino sonrió ante la pregunta, algo que hizo sospechar a Rogue.
– Creo que tengo una idea sobre eso.
~0~
~0~
Rogue era, en general, bastante orgulloso. Era consciente de eso e intentaba no dejarse llevar por su orgullo, pero no podía evitar caer de vez en cuando. Así habían empezado todos los problemas después de todo.
La situación que tenía ante sí no hacía si no golpearle donde más le dolía a su dignidad, pero era la única alternativa que tenía, si es que quería arreglar las cosas. Ya que no sabía nada de Sting, ni su número, ni su dirección, ni siquiera si había alguna otra razón por la que no fuera a clases, tenía que intentar conseguir alguna información. Y, la única fuente que tenía, como Yukino había señalado, eran sus amigos. Así que, no le quedaba más que tragarse su orgullo e intentar hablar con Rufus Lohre.
Rogue no recordaba por qué se llevaban mal. Ni siquiera sabía si había alguna razón de verdad. Lo único que sabía es que al chico él no le caía bien y que, por consiguiente, él tampoco lo soportaba. Ahora que lo pensaba, tal vez esa era una de las razones por la que había terminado en esa desastrosa situación. De todas formas, no tenía tiempo para distraerse porque justo lo había visto aparecer y tenía una misión que cumplir. Se apresuró a cruzarse en su camino y detenerlo, antes de lo perdiera de vista.
– Lohre, tengo que hablar contigo – El otro no parecía en absoluto sorprendido por su aparición, lo que puso en alerta a Rogue. Si estaba preparado no eran buenas noticias.
– Por alguna razón, me imaginé que aparecerías, Cheney. Pero no tengo nada que hablar contigo, así que no pierdas tu tiempo.
– Es importante – Insistió Rogue, tratando de no perder la paciencia.
– ¿Qué podrías tener que decirme tú a mí que fuera importante?
– Es… Es sobre Sting.
–¿Ah sí?
– Necesito… necesito saber dónde está.
– ¿Para qué? Creo que ya quedó todo claro entre ustedes.
– Necesito hablar con él.
– Ya dijiste suficiente Cheney. Más de una vez. El único que no ha querido escuchar es Sting, pero creo que esta vez hasta un tonto como él fue capaz de entender el mensaje.
– No es… No es cierto. Necesito hablar con él. Es un malentendido. ¿No puedes darme su teléfono o algo?
– ¿Un malentendido? Me parece que aquí no hay ningún malentendido. Siempre ha sido evidente que, por más que Sting insistiera, no tenías ningún interés en ningún tipo de relación con él. Admito que al comienzo fue medianamente divertido verle perder la poca dignidad que tenía, pero ya ni siquiera es gracioso, es patético. Fuiste y le diste alas, por alguna absurda razón, sólo para escupirle en la cara después. Aunque tal vez es lo mejor, así puede que se convenza de que no vale la pena esforzarse tanto. Así que no, no voy a decirte nada sobre él. Y ya vete, que tengo cosas más importantes que hacer.
Rogue empuñó las manos, furioso, pero no dijo nada y se fue. Primero, porque ya le había quedado claro que no iba a conseguir nada insistiendo y, segundo, porque no pudo evitar pensar que tal vez Rufus tenía razón. Así pues, no le quedó más alternativa que retirarse derrotado.
~0~
FIN
~0~
~0~
N/A: No, mentira falsa alarma. Soy lo peor(?) Ahora me voy a hiatus(?) Bueno, no, tengo cosas que hacer xD Pero, aquí tenemos un plot twist de que en realidad todo fue culpa de Rufus todo este tiempo(?) Volvimos al angst. Todos mis fics terminan con angst pero, aaaah, en fin. En lo personal, me gusta llamar a este capítulo TodosSomosYukino.
