Capítulo 10

Cena con Mortífagos

Hermione justo había dejado la tetera sobre la mesa, cuando escuchó el crujido de la madera de la escalera. Se acomodó el cabello y alisó su ropa con la mano, resistiendo hasta el último momento el levantar las barreras en su mente. Había estado practicando, así que sabía que ahora eran más fuertes. Podía mantenerlas por unas buenas cuatro horas, pero dudaba que esta situación, le sirvieran de algo.

Cuando escuchó los golpecitos, exhaló y sacó su varita para quitar las protecciones mágicas. Abrió la puerta y se hizo a un lado, con expresión seria.

"Gracias por venir."

Albus Dumbledore se detuvo en el umbral de la puerta con expresión complacida. "Gracias por invitarme, Srta. Granger."

El anciano entró y miró el interior del diminuto departamento con interés. "Ha hecho de este lugar un bello hogar, Srta. Granger. Entiendo el por qué es importante para usted."

Ella lo miró con sospecha, preguntándose si se estaba burlando de ella, pero el viejo negó con la cabeza.

"Estoy siendo sincero."

"Entonces, le agradezco el cumplido." Replicó ella. Señaló un plato lleno de galletas que se encontraba sobre la mesa. "¿Nos sentamos?"

Hermione sirvió las tazas y acercó la leche y el azúcar hasta el director. Mientras él se servía su té, ella se volvió a sentar. "Hablemos claro, ¿de acuerdo? ¿Por qué lanzó a Lily hacia Severus de esa manera? ¿Y qué parte no entendió usted cuando le dije que no quería involucrarme en el meollo del asunto? Pensé que había leído mi diario, ¿No leyó la parte en la que todas sus innecesarias intervenciones complican mas el asunto?"

En lugar de sentirse ofendido, el director solo la miraba con esos ojos brillantes. "Así que de verdad se preocupa por él...bueno, me alegra."

"Mis sentimientos por él no es lo que importa en este momento. Lo que quiero decir..."

Dumbledore la cortó. "Por el contrario Srta. Granger. Sus sentimientos por él son lo mas importante del asunto." Puso las manos sobre la mesa. "Creo que estás mas que consciente de lo importante que un recurso como Severus es para este conflicto."

"¡Lo dice como si no fuera un ser humano!" Ladró la chica.

Dumbledore negó con la cabeza. "No confunda mi pragmatismo con indiferencia. El peso de este conflicto recaerá sobre varias espaldas, y yo soy el máximo responsable de sus vidas. De todas ellas. No puedo permitirme atar mis sentimientos, pero eso no quiere decir que sea totalmente inmune. Me preocupa Severus como me preocupa Sirius. Es por eso que insté a la Sra. Potter para que renovara la amistad."

Hermione le puso mala cara. "¿Y eso como sigue? ¿Acaso tiene usted idea de lo mucho que pudo lastimarlo?"

El viejo sacudió la cabeza y la perforó con la mirada. "Srta. Granger, fue por lo que usted dijo que Severus cambió de bando. Sin embargo, no fue un cambio voluntario, ¿o si? Lo acorraló y se jugó las vidas de por lo menos una docena de personas para que él pudiera acercarse a la luz. Y lo hizo. Sin embargo, no es lo mismo ser forzado a abrazar una causa que abrazarla voluntariamente. La lealtad de Severus estaba afirmada en su instinto de supervivencia, no nuestra causa. Necesitaba que tuviera la capacidad de pelear y que pudiera entender lo que estaba en juego. Como usted misma, de manera tan elocuente, expresó su deseo de permanecer fuera de los eventos, me pareció oportuno que renovara su amistad con Lily y eso ayudara a anclar su conciencia. Severus necesita desesperadamente que alguien refleje su valía, y pensé que eso ayudaría a reconstruir su amor propio."

"Bueno, se equivocó." Saltó ella. "Lily empezó a jugar esos jueguitos mentales con él desde el inicio. Eso pudo dañar seriamente a su 'herramienta'."

El director se puso serio y se acarició la barba. Así lo hizo. Esa no fue mi intención, ni pensé que sería capaz de tal comportamiento. Le remarqué varias veces la necesidad de Severus por un amigo, alguien que lo escuchara, alguien que pudiera entender la presión en la que está viviendo. En ese aspecto, falló espectacularmente. No sabía lo que había sucedido hasta la otra mañana, cuando Severus regresó de su reunión con el Señor Oscuro. Hablé con Remus sobre el tema. No te preocupes, es un hombre muy discreto. Remus piensa que la Sra. Potter ha estado sufriendo algunos problemas con su autoestima desde su embarazo. Al parecer, no pude haber tenido peor puntería. Fue un cálculo muy poco afortunado."

Hermione cerró los ojos, tratando de vencer la furia que la invadía. Bebió un sorbo de té en un intento de calmarse, para luego decir: "Y después de darse cuenta de eso, que había hecho un cálculo desafortunado, de inmediato lo lanzó hacia mi. ¿Jugando a dios otra vez?"

Dumbledore inclinó la cabeza hacia ella. "Severus se lanzó solo hacia usted., Srta. Granger. Y por lo que entiendo, tan solo por leer entre líneas, usted estaba justo en el lugar correcto para atraparlo. ¿Estoy equivocado al asumir que Severus le dio motivo suficiente para preocuparse de algo en este conflicto? Si me equivoco, entonces no sé por cuál razón estoy siendo reprendido."

Maldiciendo por lo bajo, la chica se puso de pie de un salto y fue por mas té. "Ya tengo la cabeza bien llena de preocupaciones Director."

"Si, pero ninguna de esas preocupaciones representan personas en peligro en este tiempo. Solo una persona. Y él la necesita...como usted lo necesita a él."

Hermione le lanzó una mirada furiosa, pero el viejo alzó una mano. "Leí su diario, Srta. Granger. Lo leí de principio a fin. Es usted una muy fuerte y capaz jovencita. Independiente y valiente." Alzó una mano y la movió hacia ella. "Y ahora, esta joven frente a mi es una pobre sombra de la mujer del diario. Usted le dijo a la Sala que viene y va que necesitaba sanarse a sí misma, y la sala la dejó caer a los pies de Severus. . De cualquier modo, en los seis meses que ha estado aquí, ha hecho muy poco para reclamar quien verdaderamente es usted."

"¡Eso no es cierto!"

"¿No? Dígame, ¿qué habría pensado Harry Potter sobre usted siendo apenas la asistente de un apotecario? ¿Cuál sería su reacción al saber que se esconde usted en su departamento de una habitación mientras la guerra se desarrolla con una nueva melodía?"

La castaña arrojó su taza de té. "¡No tiene ningún derecho a juzgarme!"

"No la estoy juzgando Srta. Granger. Me preocupo por usted. No quiere formar parte de esta guerra, pero solo se ha alejado poco mas de cien yardas del lugar en que cayó. ¿Por qué? ¿Por qué se quedó en Hogsmeade? No hay nada para usted aquí, así que, ¿para qué quedarse?"

Ella cruzó los brazos, sin poder responder. En lugar de eso, se quedó mirando con cara de enojada, la deshilachada alfombra, pensando en si tenía algo con que arreglarla.

"Srta. Granger, es mi esperanza que al ayudar a Severus, se ayude a usted misma. Salvar a esas personas por las que se preocupa en este momento, le dará significado a la pérdida de las personas de su propio tiempo. No puede funcionar basado en la culpa. Fue una dolorosa decisión el enviar lejos a sus padres, pero no fue una decisión desacertada. Debe aprender a perdonarse a usted misma y debe reaprender a tener fe en sus decisiones propias."

Dumbledore se puso de pie y acomodó la silla. "Piénselo. Si de verdad no quiere formar parte de esto, aceptaré su elección. Encontraré alguna otra forma de ayudar al Profesor Snape."

Un gruñido comenzó a formarse en la garganta de Hermione. "Y ahora me pone contra la pared. Que buena manera de dejarme decidir sin presiones."

El viejo la miró con expresión triste. "Pero no estás sola. Severus si lo estuvo."

"Es usted un bastardo."

Dumbledore se acercó mas a la puerta y puso la mano en la perilla. "La guerra está llena de bastardos, jovencita. Y usted, mas que nadie, entiende que esto es una guerra."

Movió la mano en la dirección de la mesa. "Gracias por el té. Estuvo delicioso."

En cuanto el viejo se largó, la chica alzó las protecciones de su casa para luego sentarse a la mesa y llorar por un buen rato.

Hermione abrió sus cajones y rebuscó entre su magra colección de ropa. Le tomó solo un momento encontrar lo que buscaba. Con un satisfecho "¡Te tengo!" Sacó el vestido que había usado la noche de la Gala de Hogwarts, la misma noche en la que había terminado viajando en el tiempo. Lo depositó sobre la cama e hizo una mueca de disgusto. No solo se había arrugado terriblemente, también estaba un poco desaliñado. La verdad es que no se había esforzado para nada cuando lo adquirió. Estaba hecho de un suave satén rosa viejo, con una capa de antiguo encaje, de cuello alto y mangas largas. No era horrible, pero se veía como si fuera...poco inspirado...

La chica frunció los labios y trató de visualizar algo que pudiera impresionar a un grupo de snobs de sangre pura, que pudiera refregarle en la cara a esa pelirroja desgraciada y que hiciera que los ojos de Severus se cayeran de su cara.

Habían pasado dos semanas desde que se habían besado y la joven castaña sentía mariposas en el vientre, que revoloteaban con fuerza cada vez que pensaba en ese beso. Ciertamente, su primer beso con Ron había sido maravilloso, técnicamente hablando, ya que él tenía experiencia en eso de andar besuqueándose. Sin embargo, el beso que compartió con Severus fue mágico. Esa increíble mezcla de timidez y seriedad casi hace que se le derrita el cuerpo.

Solo una semana mas y podría verlo otra vez. Ver con sus propios ojos que estaba vivo y bien, sin tener que recurrir a los chismes que escuchaba de sus estudiantes cuando iban a la tienda y se quejaban de él. Pero lo mas importante, podría descubrir si él había estado pensando en ella como ella en él.

Estrechó los ojos y se concentró en el vestido. La idea de socializar con Mortífagos le causaba náuseas, pero si ayudaba a Severus, entonces el tener que vestirse y actuar era un precio muy bajo que pagar. Un precio bajo, pero con una gran carga de ansiedad. Ya era bastante malo que odiara tener que vestirse toda bonita en un día cualquiera, para que ahora también tuviera que arreglárselas para causar una buena impresión en un grupo de personas patentemente malvadas. Eso la ponía muy incómoda y la mera idea de tener que hacerlo la dejaba con ganas de meterse debajo de su cama y permanecer allí por tiempo indefinido.

Exhaló pesadamente. Observó el vestido con los ojos estrechos. Primero, cambió el color a negro. Arrugó la nariz y le devolvió el color original. Muy fúnebre. En su cabeza puso una imagen de la Sra. Malfoy y luego agregó la imagen de Bellatrix, estudiando el contraste entre las dos. Tenía la sensación que la respuesta que necesitaba, yacía en algún punto entre la princesa de hielo y la puta psicópata. Con un calculador brillo en los ojos, cambió el color nuevamente, esta vez de un color verde menta pálido, con un trémulo brillo. Asintiendo, movió su varita una vez mas y cambió el color del encaje a negro. Como eran los ochenta, añadió algunas cuentas brillantes. Dio un paso atrás y suspiró complacida con el resultado.

Y ahora, a ver qué hacer con el escote y luego a ver cómo combinaba los zapatos.

EL día veintiuno encontró a Hermione en una vorágine de actividad femenina que por lo general, ella misma hubiera considerado vacía si la que la llevara a cabo fuera, dios la bendiga, Lavender Brown, donde fuera que estuviera en aquel momento. Los años que pasó observándola con mediano horror, habían dejad a Hermione boquiabierta al verse ella misma en medio de semejante arsenal estético.

Su temor y preocupación sobre esa noche, estaba mayormente localizado en con casi preciso pánico. Convirtió el terror en obsesión, al tiempo que se peinaba, se exfoliaba y se pintaba las uñas, todo antes del desayuno. Desenredaba, enrulaba, peinaba para aquí y peinaba para allá, antes de la cena. Pintaba, delineaba, ponía rubor mientras se bebía rápidamente una taza de té. Al final, se puso el vestido quirúrgicamente creado por ella misma.

Luego de transformar la puerta del baño en un espejo, contempló los resultados.

Un alto cuello victoriano hecho de encaje negro, adornado con cuentas negras que rodeaban el cuello hasta que descendían para descansar en el escote, dejando los hombros cubiertos y una enervante cantidad de busto al descubierto. Un tenue volado de encaje, también negro, comenzaba en la curva de sus hombros y se deslizaba hacia abajo, para unirse a las cuentas negras que reposaban al final del escote, que resultaba impresionante debido a los muy bien colocados hechizos que no solo levantaban y daban forma a su busto, si no que también ocultaban las terribles cicatrices. El negro resaltaba la palidez de la piel expuesta, pero ella prefería llamar 'cremosa' a la piel, en lugar de pálida. La cintura encorsetada daba inicio a una simple falda que caía hasta los dedos de los pies, con una simple línea en la parte trasera. El encaje se hacía mas sencillo a medida que descendía hasta que solo se veía una suave línea negra, como de tela de araña, sobre el verde menta satinado de las orillas. Unos negros anillos, delicadamente trabajados, adornaban sus manos, arracadas haciendo juego, hechos a partir de tapas de botellas, añadieron un delicado y refinado toque.

Su cabello estaba parcialmente levantado, mantenido en su lugar mediante cientos de hechizos y adornado con dos peinetas decorativas. Gracias a l consejo de una chica muggle con la que se encontró en una tienda, y los hechizos que había aprendido escuchando a Lavender, los bucles en su cabello se veían mejor definidos y mejorados, cayendo suavemente sobre su espalda impresionantemente. Y era impresionante porque se las había arreglado para hacerlo ella misma, no porque se viera especialmente sobrecogedor.

No era un mal fraude, si tenía que ser sincera consigo misma. Sin embargo, si alguien dijera 'finite' cerca de ella, su mejor curso de acción sería morir rápidamente.

Un toque de brillo en los labios y Cenicienta estaría lista para el baile.

"Solo déjate los zapatos puestos, ¿me oyes?" Le ordenó la chica a su propio reflejo en el espejo. Frunciendo los labios, volvió a hablar consigo misma. "Pensándolo mejor..." Fue hasta un estante en donde descansaba un gran frasco. Con un gesto de disgusto, se bebió el contenido en tres veces, temblando descontroladamente en cuanto se tragó el último sorbo.

"Mas vale que esto valga la pena." Murmuró.

Tomó su mejor capa, hechizada para verse negra para la ocasión, y se encaminó hacia la puerta.

Se detuvo justo frente a la entrada del castillo. Hermione observó hacia las puertas, brillantemente iluminadas y a los invitados que llegaban, sintiéndose nerviosa y excitada. Mas nerviosa que excitada. La confianza en si misma que había tenido hasta unos momentos atrás, se había fugado en algún punto entre la puerta de Hogwarts y Hogsmeade, en cuanto uno de los hechizos que se había puesto encima falló y se encontró con los pies envueltos en las sandalias de satén, llenos de fango. Se las arregló para salvar la situación, pero su confianza quedó gravemente herida.

No podía hacerlo.

Todo aquello no era mas que un fraude. ¿Qué tal si sucedía algo en medio de la pista de baile? Se pondría en ridícula, avergonzaría a Severus y echaría el plan de Dumbledore por la borda. No tendría que haber llegado tan lejos. Había dejado que su competitividad sacara lo peor de ella. NO había habido nada malo en su vestido, en como era antes. El rosa viejo era el mejor color para ella. O por lo menos, eso había dicho Madame Malkin, y ya dejaba ver demasiada piel del torso.

Si ese hechizo también fallaba, prácticamente todas sus cicatrices quedarían al descubierto...y entonces vendrían las preguntas.

Los nervios le ganaron y la obligaron a comenzar a dar pasos hacia atrás, pero cada paso que daba, la llenaban de un dejo de pérdida. Con ganas de experimentar, dio un paso mas y el dolor se hizo mas fuerte. Se detuvo y tomó aire.

Severus estaba dentro.

El solo pensar en dejarlo solo allí, esperando por ella, le retorció el corazón.

Estaba atrapada.

No tenía mas opción mas que entrar y arriesgarlo todo, porque la idea de no verlo le resultaba insoportable.

Alzó la barbilla y se unió a un grupo de personas que había descendido de un carruaje tirado por Thestrals, entrando al castillo justo detrás de ellos.

Había un grupo de estudiantes de séptimo en la puerta, recibiendo los abrigos. Hermione vacilaba en la puerta, alzándose en la punta de los dedos de sus pies y mirando sobre el hombro esperando ver a su hombre. A medida que la fila avanzaba, ella miraba hacia aquí y allá sin resultado. Había elegido uso zapatos bajos, porque sabía que tendría que caminar el sendero desde la villa hasta el castillo, así que no podía ver nada. Finalmente, fue su turno para entrar, se quitó la capa y se la entregó al pequeño Ravenclaw que esperaba para recibirla.

Pasó por el borde de la multitud y se dirigió hacia las escaleras, esperando poder ver algo. En lugar de eso, encontró a Severus. Estaba tres escalones arriba, y movía la cabeza de lado a lado, obviamente buscándola a ella.. El corazón de la castaña latió salvajemente en cuanto lo vio. Se veía espléndido. Se había puesto una capa negra, con gruesas costuras de seda negra en los puños y las solapas, que brillaban cuando él se movía. Una chaqueta de seda lavada, también negra, un cravat blanco nieve, y unos pantalones nuevos, con una impecable línea de las rodillas a los pies, completaban el cuadro. Las prendas lo hacían verse noble. Incluso su cabello se veía maravilloso. Todavía se lo notaba muy fino, pero no lo llevaba como si fuera un estropajo mojado, ocultándole el rostro. Se veía suave y daba ganas de acariciarlo. Se lo veía casi con estilo.

Y Hermione se encontró a sí misma sonriendo como una tonta mientras el corazón se hinchaba de gozo hasta casi explotarle.

Se acercó un poco y aguardó a que él la notara. Los ojos de Severus la miraron una, dos veces. La tercera vez que pasó la vista, regresó de inmediato con los ojos muy abiertos y la mandíbula colgando. Ella se mordió el labio y le obsequió una tímida sonrisa, poniéndose mas nerviosa al ver el asombro en la mirada de Severus Snape.

"¿Demasiado?"

El joven parpadeó y se deslizó hasta donde ella se encontraba y la tomó. "Demasiado para los ojos de los mortales." Dijo con galantería. Los ojos de Severus se deslizaban sobre los pechos de Hermione y cuando resultó demasiado obvio, los dos se ruborizaron.

"Hermione, te ves increíblemente hermosa."

Ella cerró los ojos y saboreó el momento, sabiendo que estaba ya mas allá del punto sin retorno. Abrió los ojos y le sonrió con picardía. "Bien. Entonces la misión número uno ha sido completada."

"Aguarda un momento." Dijo él, tomándola del brazo y guiándola hacia un salón de clases vacío. Puso un muffliato en la habitación y aseguró la puerta antes de volverse a mirarla, con el rostro serio y lleno de propósito. "Dime mas sobre esas misiones tuyas. ¿Cuántas mas tienes?"

Ella sonrió y alisó una imaginaria arruga en su vestido. "Solo tengo tres. La primera era sorprenderte. La segunda es impresionar a tus amigos y no avergonzarte."

Severus ladró una carcajada. "Como si pudieras." Dijo el joven, todavía sonando asombrado.

"Podría avergonzarte si alguno de mis hechizos falla." Respondió ella. Todo esto es ficción. Siete horas de arreglos, hechizos y transfiguraciones. Uno de mis hechizos se vino abajo cuando venía hacia aquí y casi huyo hacia mi casa, llorando. ¡Me he convertido en Lavender Brown! Ya sé que no entiendes nada ahora, pero créeme, eso no es bueno."

Severus sacó su varita y Hermione sintió la vibración de la magia de él, deslizándose sobre su cuerpo. "Muy bien. Tu hechizos han sido asegurados y así seguirán hasta que termine el hechizo. ¿Mejor? Bueno, ahora, ¿cuál es el tercer punto en tu agenda?"

Ella arrugó la carita. "No creo que te guste el tercero."

"Dime." Presionó él con preocupación.

"Quiero que Lily se ponga verde de envidia."

Él se quedó muy quieto, pero la preocupación en su mirada se transformó en algo parecido a una calculada codicia con un dejo de orgullo.

"¿Ah, si...? Bueno, no me permitas detenerte. Ya le cause una mirada de asombro cuando me vio. Si te ve a mi lado, su cabeza explotará."

Hermione se rió. "Te ves asombroso." Dijo la chica. "¿Y qué le hiciste a tu cabello?"

El joven se sonrojó tanto que parecía que su cabeza iba a estallar por el exceso de sangre. "Lo hechicé. Estaba tratando de hacer algo con él, porque no quería avergonzarte. Intenté con pociones, pero no funcionaron, ¿sabes? Como sea, después de un ensayo y el horroroso error que resultó, me las arreglé para al menos hacer que se viera limpio por mas de cinco minutos."

"¿Horroroso error?"

Severus cerró los ojos. "Hace dos días me las arreglé para dejarme todo el cabello parado como puercoespín. No podía cancelar el hechizo. Me hice el enfermo y me escondí en mi habitación hasta la noche, hasta que el jodido hechizo se terminó."

Ella se cubrió la boca y se aguantó las ganas de echarse a reír.

"¿Es muy evidente? Lo puedo cancelar."

Hermione sonrió. "No me molesta cómo se ve habitualmente, pero debo admitir que te ves muy bien. Confía en alguien que tiene muchos hechizos colocados en el cabello."

Él se rió pero su rostro se puso serio casi de inmediato. "Bueno, pongámonos serios por un momento. Tienes que recordar que has sido obliviada, así que no reconoces a Bella ni a Lucius. Creo que el mejor curso de acción es ser tú misma todo lo que puedas, la verdad es siempre el mejor lugar para ocultarse. Yo jugaría un poco con hacerme el inocente, si no te incomoda hacerlo. Eso les fascina. Se siente obligados a destruir la inocencia. Sabrás que estás haciendo un buen trabajo si tratan de alejarte de mí. Es como un deporte entre ellos, y uno que preferiría que no juegues, al menos no en mi presencia. Se supone que eres oriunda de Canadá, lo siento, fue lo primero que me vino a la cabeza, así que tendrás que explicar tu acento."

"Ya tengo una historia preparada, y el Director me envió una genealogía para que pudiera guiarme."

"Qué chica tan lista." La sonrisa que Severus le dedicó a Hermione, hizo que sus rodillas temblaran. "Otra cosa que conviene que sepas es que Black aún sospecha de mis motivos. Si causa una escena, las cosas se pondrán feas muy rápido. No tendré mas opción que seguir actuando como solía hacerlo. Los otros tienen órdenes de mantenerlo alejado de mi, pero es posible que te vea a ti como un objetivo fácil. Creo que es mejor si te mantienes alejada de él."

"¡Por dios! ¿No podemos enviarlo a América hasta que todo esto termine?"

"Ya quisiera...por ahora, solo evítalo, por mi salud mental, ¿quieres?"

"No será problema."

"Bien. Ahora, nuestra misión es hacer que nos inviten a, ya sea, la mansión Malfoy o la Mansión Lestrange. De preferencia, ambas, y con buena fortuna, para este fin de semana. Necesitamos acceso a las casas de ambos para buscar los últimos horrorcruxes, la copa de Hufflepuff y el diario de Tom Riddle. Ni siquiera podemos estar seguros que estén en esos lugares, pero los otros ya no tienen donde buscar. Y hay complicaciones con la idea de dejarme buscando solo. Dumbledore pensó que tú serías capaz de reconocer los objetos y que podrías confirmar si lo que encontramos es el objeto correcto, además de hacer que mi cobertura se vea mas plausible. Es que solo las parejas son invitadas a esos eventos. ¿Crees que podrás manejarlo? Entenderé si no puedes. No creo que sea un lugar cómodo ara ti, en vistas de tu pasado."

"Estaré bien." Contestó ella con falsa calma. La sola idea de tener que volver a la mansión de los Malfoy, o peor, tener que pasar un fin de semana con Bellatrix, la ponía enferma de miedo.

"Bueno. Una última cosa. Mientras estamos aquí, necesitaré pedirte dos recuerdos tuyos. Hemos sido capaces de destruir los demás horrorcruxes, pero no queremos que se den cuenta hasta que los tengamos todos, así que queremos hacer réplicas para los últimos dos, que serán puestos en lugar de los originales, y tenemos que hacerlo rápido para poder estar listos para este fin de semana. El único problema es que no sabemos, no tenemos idea, de cómo se ven. Estábamos esperando que nos pudieras mostrar."

"¡Qué idea brillante!"

"Eso creo. Se le ocurrió a la señora Longbottom." Hundió las manos en sus bolsillos y sacó dos frascos pequeños. "Necesito mostrarte cómo extraer un recuerdo."

"Ya sé como se hace." Replicó la castaña.

Las cejas de Severus se dispararon hacia arriba. "Brillante. Siempre tan llena de sorpresas. Entonces, cuando estés lista."

Hermione respiró profundo y cerró los ojos, trayendo a la superficie los recuerdos de Harry mostrándole el diario. En cuanto tuvo una imagen clara, alzó la varita y la colocó en la sien, retirando una delgada hebra plateada de su mente. Severus retiró el tapón de uno de los frasquitos y la sostuvo para que ella pudiera llenarlo con el recuerdo.

La copa era mucho mas fácil. Eso había sido mas reciente y ella misma la había destruido.

En cuanto hubo terminado, Severus guardó los recuerdos en uno de los infinitos bolsillos que tenía escondidos.

Miró a la chica con preocupación. "¿Te sientes bien? Algunas personas quedan con dolor de cabeza."

"Estoy bien." Replicó ella con una sonrisa.

Él le sonrió también con orgullo. "Bien. Ahora, tenemos que hacer una entrada exitosa."

"¿Qué es lo que un Slytherin considera una 'entrada exitosa'?"

Los ojos del joven Snape brillaron. "Entrar como si fuéramos los dueños del lugar sería lo mas normal, , pero creo que no tengo suficiente rango como para hacer eso, todavía no. Todo es cuestión de cómo te perciben los demás. Creo que si entramos mostrando total indiferencia hacia todos estaremos bien, para empezar."

"Creo que lo entiendo."

Severus se volvió y ofreció su brazo a Hermione, pero ella sacudió la cabeza y entrelazó los dedos con los de él. "Percepciones dijiste. Si entro de tu brazo, me veo como una cita. Si entramos de la mano, me veo como tu novia. Y eso es lo que queremos que ellos piensen, ¿no?"

Los ojos de Severus llameaban con orgullo mientras cancelaba los hechizos que había puesto en la habitación y la guiaba hacia la puerta. Ella iba prácticamente danzando a su lado mientras se encaminaban hacia el corredor y las escaleras.

Juntos, entraron al salón de baile como si fueran los dueños del mundo.

El Gran Salón estaba adornado con guirnaldas y velas y linternas. Unos prístinos manteles blancos cubrían las mesas redondas, dispuestas a lo largo de las paredes con unos centros de mesa hechos de pino y ciruelas azucaradas, además habían esculturas de hielo representando a las mascotas de cada casa.

Severus se dirigió hacia una mesa adornada con unas serpientes enroscadas y Hermione mantenía una expresión placentera y excitada en rostro todo el tiempo. Él estaba a punto de presentarla con las otras parejas cuando escuchó una voz muy distintiva se alzó entre las otras que formaban el murmullo del lugar.

"¡Oh, mira Lucius! ¡Snape trajo a la niña bonita! Raby, tienes que conocerla. ¡Es encantadora! ¡Snape! Ven, ¡siéntate con nosotros" Hay lugar para los dos aquí. A los Carrow no les molestará, ¿verdad, queridos? No, si saben cuál es su lugar."

Hermione miró a Bellatrix Lestrange, que le hacía señas frenéticamente para que se sentara en la silla junto a la suya. Snape asintió a modo de disculpas a la gente que estaba en la otra mesa y guió a Hermione hacia la próxima mesa de Slytherin. La pobre chica hizo un esfuerzo supremo para que su terror no fuera tan evidente y fue recompensada con una caricia del pulgar de Severus en su mano.

"Buenas noches." Saludó el joven con estricta formalidad mientras retiraba una silla para la joven castaña. "Todos se ven muy bien."

"Preséntanos Snape." Dijo un hombre muy guapo desde el otro lado de la mesa.

"Hermione, este es Rabastan Lestrange y su acompañante, Perinne Parkinson. También están Lucius y Narcissa Malfoy, y Bellatrix y Rudolphus Lestrange. Permítanme presentarles a mi novia, la Srta. Hermione Granger."

"Novia. No me extraña, entonces, que te hayas puesto tan atrevido últimamente." Dijo Bellatrix con indulgente aprobación, y a Hermione no le pasó inadvertido el dejo de advertencia que iba acompañando al comentario. "Te dije que valía la pena el esfuerzo, ¿verdad?"

"En efecto, lo hiciste. Siempre estoy dispuesto a escuchar un buen consejo."

Hermione ladeó la cabeza hacia un lado mientras tomaba asiento. "Mis disculpas, ¿nos conocemos?"

"¿Ves? ¡Te dije que era adorable!" Rió Bella con ese graznido que pasaba por risa y que hacía que Hermione sintiera frío en la espalda. "No, no. No nos conocemos. Sin embargo, alguna vez te vi en Hogsmeade. Una noche. Digamos que me causaste una muy buena impresión. Tal vez pude haber empujado a nuestro Severus en tu dirección."

Hermione puso la mejor sonrisa que pudo. "Estoy muy feliz que lo hayas hecho."

Rabastan se inclinó sobre la mesa y le dedicó una mirada lasciva. "¿Y cómo fue que conociste a nuestro Maestro Pocionista?"

La chica se ruborizó. "Es un poco vergonzoso, la verdad. Me caí cuando iba en camino desde el trabajo hacia casa, una tarde. Creo que fue un hechizo. Me torcí un brazo con mucha fuerza. Y de pronto, allí estaba él, ayudándome a subir las escaleras de mi casa." Miró a Severus con adoración. "El galante caballero al rescate." Se volvió para mirar a Rabastan y le sonrió. "El resto es historia, como se suele decir."

"¿Y ya lo conocías?" Preguntó Narcissa con una complacida, aunque superior, sonrisa.

"Oh, sabía que trabajaba en la escuela. El negocio en el que trabajo se encarga de sus pedidos. Pero no nos habíamos presentado formalmente hasta que me rescató."

"Cuéntanos sobre ti." Dijo Lucius con los ojos helados que casi tapaban la amable sonrisa.

La inquisición había comenzado oficialmente.

"Por tu acento, ¿puedo presumir que eres de Londres?"

"Lo soy. Crecí aquí aunque nos mudamos a Canadá cuando tenía unos diez años. Mi padre falleció y mi madre tenía parte de su familia allí. Regresé a principios del verano."

"¿Y qué fue lo que te hizo regresar?" Lucius otra vez.

"Bueno..." Aquí Hermione comenzó a juguetear con la platería. "Nunca disfruté demasiado vivir en Canadá. Todo era tan..." Movió una mano en el aire con frustración. "Es difícil de describir la verdad. ¿Informal? Es un bello país, pero no puedo decir que disfruté mis años allá. De cualquier manera, pasé años ahorrando dinero para poder regresar, así que cuando mi madre comenzó a salir con un hombre muggle..." Se permitió un suave estremecimiento. "Me fui."

"¿Y quiénes son tus familiares?" Esta vez fue Rudolphus Lestrange el que preguntó. "No conozco el apellido Granger."

"Los Granger siempre fueron una familia pequeña. La madre de mi padre era una Borage y la madre una Gamp. Creo que mi otra abuela era Longbottom, aunque es posible que esté mezclando las generaciones. Me desorienté un poco al mudarme a Canadá y perder contacto con la única familiar viva del lado de mi padre, una tía muy anciana. Escuché por ahí que se mudó a Francia. Del lado de mi madre, ella era una Prewitt, su madre era una Filch. Y luego creo que hay McMillans, Blacks y Crouches."

"¿Black dijiste?" Preguntó Bellatrix. "¡Podríamos ser primas!"

"Bella, querida," Comenzó a decir Rabastan. "Todos los sangre pura son primos de algún otro..." Se volvió para mirar a Hermione. "¿Y cómo has encontrado las cosas por aquí, ahora que has regresado al viejo terruño? Veo que no has perdido el acento."

Ella arrugó la nariz. "Se burlaban mucho de mi acento y eso solo hizo que quisiera conservarlo mas y mas. Soy un poco cabeza dura en ese sentido. Lamentablemente, algunas cositas cambiaron un poco, pero solo necesité un par de semanas para ponerme en forma. Y por como han resultado las cosas..." Miró a Severus y le sonrió cálidamente. "Estoy muy feliz."

"Oh, ¡qué románticos!" Dijo la Srta. Parkinson, dando a entender lo contrario.

Hermione ignoró el verdadero sentido del comentario. "Eso creo."

"Cuéntame Hermione," dijo Narcissa. "¿Dónde encontraste un vestido tan hermoso? Porque quiero el nombre de la modista."

"Si, cuenta." Añadió Bella. "A mí también me gusta."

"Y este es nuestro propio milagro de Navidad." Comentó Lucius con humor. "Un vestido que le gusta a las dos hermanas Black."

Se rieron bastante del asunto y Hermione encogió los hombros un poco intimidada.

"Me temo que el ser solo la asistente de un boticario no deja mucho dinero para vestidos. En realidad, lo diseñé yo misma."

"¿En serio?" Narcissa la miró otra vez con ojos fríos y calculadores y Hermione tuvo que resistir las ganas de temblar. "Tus habilidades se están desperdiciando en una botica, querida. Deberías tener tu propio negocio. Tienes un muy buen ojo para el estilo."

Hermione le sonrió con sinceridad y gratitud. "Tomaré eso como una gran cumplido, viniendo de muna mujer con tan obvio buen gusto."

Narcissa le sonrió sinceramente y su rostro se transformó en una auténtica beldad. "Tienes razón Bella. Es encantadora. Debemos reunirnos alguna vez y charlar sobre esos diseños tuyos."

Y así como así, la chica supo que estaba dentro. Severus presionó su pierna contra la de ella, y Hermione enredó su pie alrededor del tobillo de él.

"Me encantaría." Mintió la castaña, tomando nota mental de comenzar a preparar algunos diseños.

Apareció una botella de champagne sobre la mesa y Rabastan se apresuró a servir las copas. "¡Finalmente!" Dijo el hombre. "Llegaron las burbujas. Luego viene el discurso y luego ¡comemos!"

Descorchó la botella con la varita mientras su pareja alzaba su copa, pero la primera copa que fue servida fue la de Hermione, mirándola directamente, con una expresión cargada de significado.

Y Hermione entrelazó su otro pie alrededor del tobillo de Severus.

"¡Ooofff!" Dijo Bellatrix, dejando a un lado su servilleta y alcanzando su copa de vino. "No puedo probar un bocado mas."

"Siempre comes demasiado." Dijo su hermana. "Y tus modales son atroces."

Bella graznó. "Estás celosa porque no tengo que cuidar mi figura, mientras que tú tienes que comer como pajarito para que Lucius no se dé cuenta da libra extra que ganaste en el embarazo.!

"Yo tampoco tengo que cuidarme." Intervino Perinne Parkinson.

"A nadie le importa querida." Replicó Rabastan.

"Damas," comenzó a decir Lucius con práctica. "¿Podemos disfrutar de una velada sin tener que escuchar constantes comentarios femeninos sobre pérdida de peso, ropa o peinados?"

Bellatrix se volvió hacia su cuñado y lo miró fijo, haciendo una pausa antes de volver a hablar. "No. Lo que me recuerda." Se volvió para mirar a Hermione. "¿Cómo lograste que tu cabello se vea tan bien? Tienes que contarme."

Hermione soltó una risita. Era fácil fingir con tres copas de champagne encima. "Es todo acondicionador. La hidratación es la clave con cabellos como los nuestro. Eso y una aceite muy, muy suave. Después de eso, me declaro culpable de haber usado uno o dos hechizos."

Lucius rodó los ojos. "Snape, por favor, ayúdanos. Saca a la chica a bailar antes que Bella comience a preguntarle por las fórmulas."

"Será un placer." Dijo el joven, poniéndose de pie y retirando la silla de Hermione con suavidad. "¿Vamos?"

"Me encantaría." Respondió ella casi sin aliento, poniendo su mano sobre la de él.

La guió hasta la pista de baile y, una vez allí, la estrechó entre sus brazos- "Estuviste magnífica." Dijo Severus con suavidad.

"Estaba aterrorizada." Admitió Hermione.

"Pues no se notó. De hecho, se estaban divirtiendo mucho con la tierna corderita que vino a sentarse entre los lobos. Definitivamente, los has intrigado."

"Veo que he intrigado a uno mas que a los demás. ¿Cómo debo manejar eso?"

Severus puso mala cara. "No lo harás. Tienen la desafortunada tendencia a compartir sus juguetes. Le dejaré bien en claro que no me interesan esas cosas. Hasta que tenga oportunidad de hablar con él, solo actúa no receptiva."

"Eso no será nada difícil."

La canción terminó y ellos se detuvieron para aplaudir. Cuando una nueva canción comenzó, Severus la estrechó nuevamente. "Espero que no te importe. A su modo, he sido ordenado que me alejara de la mesa para que pudieran hablar."

"¿Importarme? Te aseguro que me gusta mucho mas estar aquí, bailando contigo, que allí, sentada con ellos."

Él se rió y la hizo girar.

"¡Oh!" Susurró ella. "Allí están Molly y Arthur Weasley. ¡Qué jóvenes se ven!"

"¿Los conoces?" Preguntó él con curiosidad.

Ella hizo un gesto. "Solía salir con su nuevo bebé. Te conté sobre Ron, ¿recuerdas?"

La sonrisa de Severus se desvaneció. "Desafortunadamente."

"No te pongas así."

"No lo nombres,"

"¿Estás celoso?"

"¿Y qué si lo estoy?"

"Entonces creo que no estamos parejos. Tú estás celoso de un infante, pero yo tengo que lidiar con una muy intimidante hermosa mujer."

"Olvídala."

"¿Puedes tú?"

"¿Cuándo te estoy viendo a ti? ¡Qué fácil!"

Hermione parpadeó varias veces y luego le regaló la mas brillante sonrisa. "Usted, Sr. Snape, es un romántico escondido."

"¿Lo soy?"

Ella se rió y él solo sonrió y la hizo girar una vez mas. Con una suave sonrisa, ella comentó. "¿Sabes a quién mas estoy comenzando a olvidar?"

"¿A quién?"

"A ti. El otro tú. Esta versión de ti ha enterrado a la otra."

Él se puso serio. "Espero que no te importe."

"¿Por qué habría de importarme?"

Severus alzó los hombros. A veces, cuando hablas de él, temo que te guste mas de lo que te gusto yo."

Hermione no pudo evitar reír. "Nunca tuve idea de lo maravilloso que era hasta que estuvo muerto. Antes de eso, él me aterrorizaba. Prefiero mucho mas, estar contigo."

Él le sonrió con calidez. "Bien. A mi también me gusta estar contigo."

Ella se sonrojó y su corazón comenzó a latir con mas fuerza. "¿Podré verte mas de ti durante el verano?"

"Eso depende del Director y de cómo van las cosas. Hablando del diablo. Allí viene. Esta es mi oportunidad de darle tus recuerdos."

Ella se puso seria mientras se detenían. "Si no te importa, iré a polvearme la nariz."

"¿Sucede algo malo?" Pregunto el con el ceño fruncido.

Hermione sintió el suave empujoncito de la mente de Severus intentando entrar en la suya y golpeando las paredes oclumánticas. Rodó los ojos. "No. No sucede nada. Y si tratas de invadir mi privacidad otra vez, me voy a enojar mucho."

Él se sonrojó y apretó los labios. "Solo estaba preocupado."

"Preocupado, está bien. Fisgonear, no está bien. Tienes que aceptar mi palabra, como el resto de los mortales."

"Tienes razón. Es solo que..." Alzó la mirada y maldijo por lo bajo. "Ahí viene. Ve. No te tardes." Terminó diciendo, con una sonrisita. "Por cierto, tu nariz es perfecta."

Ella se sonrojó y le obsequió la mas deliciosamente atrevida sonrisa antes de soltar su mano y encaminarse hacia la salida del Gran Comedor.

Los baños ubicados en el Hall de entrada habían sido convertidos en los lavabos de damas para la ocasión y estaba abarrotado de mujeres que se revisaban el maquillaje y hechizos en los espejos. Hermione misma se acercó y se puso de puntitas para arreglarse antes de entrar en uno de los cubículos.

La conversación y las risitas bajó de tono al disiparse un grupo de mujeres que salió del lugar. Solo quedaban dos voces y Hermione no se había molestado en prestar atención sino hasta que escuchó un nombre.

"Lily, la verdad, No comprendo por qué estás tan enfadada."

"No lo estoy. Es solo que pienso que es un poco triste. Quiero decir, ¿a quién quiere engañar?"

"¿Por qué te importa tanto a quién traiga Snape? ¡Por favor! ¿No has visto con quiénes se ha ido a sentar? Seguro que es alguna putita de Slytherin."

"¡Lo sé! Pero, ¿viste cómo se comporta con ella? ¡Es como si nunca hubiera visto a una chica en su vida! Está actuando como un idiota descerebrado. Y ella, ¿de dónde salió? Nunca la había visto antes de esta noche. Obviamente, lo está usando para meterse en los círculos mas internos."

"¿Y qué? Probablemente Snape ya sea uno de ellos. Es un idiota. ¿Por qué te importa tanto quién lo exprime?"

Hubo una larga pausa y luego el sonido de los retretes al desagotar. Las voces de las dos mujeres se acercaron a los lavabos.

"Iré a hablar con él." Sentenció Lily.

"¿Y para qué mierdas querrías hacer eso? En serio Lily, ¿qué pensaría James si de pronto empiezas a conversar con Snape en medio del baile Solo vas a causar problemas. Déjalo, ¿quieres? Ahora ven conmigo. Tienes que ayudarme a encontrar a Sirius para llevarlo a casa que ya está muy borracho."

Hermione descargó el retrete otra vez para marcar territorio y salió del cubículo, acribillando a Lily con la mirada. Las dos mujeres frente al espejo se quedaron heladas mientras la castaña se acercaba al lavabo y se lavaba las manos. Alzó la cabeza y miró a Lily directo a los ojos, a través del espejo, sonriendo con malicia al ver lo muy pálida que se ponía la pelirroja.

La otra mujer tomó a Lily de la manga y comenzó a tironearla hacia la puerta. "Ignórala. Vámonos de aquí."

Lily miró a Hermione por encima de su hombro, con una expresión de absoluta mortificación. "Yo..." Las palabras murieron en su garganta al ver la furia con la que Hermione la miraba. El rostro de la pelirroja se puso todavía mas pálido, mientras su amiga la arrastraba fuera del baño.

Hermione no estaba tan furiosa como para no ver el evidente remordimiento , pero estaba lo suficientemente enojada como para que le importara. Se miró al espejo y sacudió la cabeza de lado a lado. La vida, definitivamente, era muy rara y los eventos se estaban desarrollando de manera retorcida. Estaba intercambiando secretos sobre el cabello con Bellatrix Lestrange y actuando casi irracionalmente territorial con la madre de Harry.

Exhalando con pura confusión, regresó al baile para encontrar a Severus. Desde el principio, él había sido la razón por la cual ella se había quedado. Con todo lo que estaba ocurriendo esa noche, le pareció que no sería buena idea el dejarlo solo.

N/T: Bueno niñas y niños, me he demorado nuevamente a pesar de haber dicho que no volvería a hacerlo, pero la vida me baja los humos a cachetazos, la muy jodida.

A ver, veamos cómo está el panorama. Mmmmmm...Bella sigue siendo una loca, aunque me encanta, Rabastan Lestrange le está tirando los perros a Hermione, aún estando su pareja presente, Lucius y Rudolphus no dejan de interrogar a la pobre castaña, Black ya está borracho, (¿de verdad ese idiota piensa luchar contra el Señor Tenebroso? ¿Así como está? ¡Bah! ¡Qué remedio!), y Lily sigue actuando como la imbécil que es. ¿Ahora se acuerda de su 'amigo'? Es una de esas pendejas que cuando tienen un juguete en la mano, lo dejan tirado, pero cuando lo pierden, lo quieren de regreso...¡Cuánto la detesto!

Ah, muchas gracias por todos los reviews, los nuevos alertas y la paciencia que me tienen. Espero no demorar tanto con el próximo capítulo. Ya estamos a mitad de la historia y ahora es cuando las cosas se ponen buenas...jejejeeeee...el próximo capítulo les va a gustar mucho...o al menos, eso espero.

¡Muchas gracias por seguir acompañándome en esta locura!

¡Hasta el próximo capítulo!