El Código Negro.
Capitulo 10: Un vampiro en peligro.
Su respiración era agitada. Los parpados le pesaban. El calor iba aumentando conforme avanzaba y el montón de ropa que llevaba puesta no le ayudaba porque le provocaba una molesta picazón por todos lados, lo que también lo llevaba a la idea de querer despojarse de su sudadera para que el calor disminuyera algo, pero el problema era que el sol lo mataría en el mismo instante en que su piel tuviera contacto con el sol. No tenía otra opción más que seguir su camino soportando el hecho de que las plantas de sus pies estuvieran adoloridas de tanto caminar y correr. Podía levitar y cruzar el desierto entero flotando, claro, si no tuviera un brazo en mal estado, poca energía y una mente que estaba empezando a traicionarlo. Y por si fuera poco, ya estaba sintiendo la ansiedad en su boca de probar la sangre se le estaba dificultando otra vez en controlar, lo que lo llevaba a una probada obligatoria de sangre cuando ocurría eso, y peor aún, no había un solo ser vivo más que su novia y él a kilómetros a la redonda. No había sangre de la que pudiera alimentarse y temía por la vida de la humana si llegaba a perder la cordura y la atacaba para chuparle cada gota de sangre que en ella hubiera, y el bien le había dicho, pedido y ordenado que no le importara nada, que no lo pensara dos veces antes de defenderse como era su derecho si se encontraba en peligro de ataque.
Tendría que controlarse mucho para no hacerle daño a su novia. Durante lo que habían avanzado en el camino estuvo chupando el color rojo de algunas fresas para calmar su tentación, cosa por la cual Fionna se dio cuenta y pregunto el porqué de su acto, a lo que Marshall mintió diciendo que era porque tenía hambre. Y la mentira no era del todo mentira, en efecto el vampiro tenía hambre y sed, pero su cuerpo no se satisfacerla nada más con quitarle el color rojo a unas cuantas fresa; o era sangre, o no era nada.
De un momento a otro las piernas se le flaquearon y Marshall se dejo caer a la tierra caliente, agrietada y dura del desierto. Esto asusto a la humana y al instante corrió a donde se encontraba su novio, quien agonizaba en la tierra caliente con la respiración agitada y la mirada posada en la nada.
-¡Marshall! ¡Marshall!- Gritaba ella, arrodillándose al lado del muchacho- ¿Qué tienes? ¿Te duele algo?
-No- Le dijo el chico, mientras ella lo inclinaba hacia arriba hasta dejarlo sentado a su lado- Es que estoy un poco mareado por el calor, eso es todo.
-Te dije que debíamos esperar hasta en la noche para que fuera más seguro ¿¡Porque nunca escuchas lo que te dicen!?
-En verdad no es nada grave. Quería recostarme para recuperar fuerzas- Se excuso, de mala manera.
-¡Oh, por Glob, Marshall! No esperaras que me crea esa, ¿verdad? Porque de todas las excusas que me has dicho, esta es de tus peores jugadas, viejo.
-Pues no podemos hacer nada ahora que estamos a kilometro y medio del bosque. No nos falta mucho para llegar a la montaña y entre más rápido sigamos más rápido llegaremos allá.
Dicho eso, volvió a ponerse de pie, pero al momento de dar el primer paso, su pie izquierdo se falseo y una vez más cayó al piso, pero esta vez quedo arrodillado y soportaba el peso de su cuerpo con la mano de su brazo sano.
-Ay, no, Marshall, creo que voy a tener que cargarte- Comento la humana.
-No es necesario. Puedo levantarme, gatear si es necesario- Dijo el chico, terco en que él podía solo.
-¡Pero si apenas puedes respirar!- Exclamo- No, Marshall Lee, voy a cargarte lo que queda del camino y tu no podrás hacer nada para evitarlo.
Así lo hizo.
Con cuidado, Fionna pasó el brazo sano de su novio por detrás de su cuello y le pidió que se aferrara bien a ella, cosa que Marshall obedeció a regañadientes. Acto seguido, ella reunió la fuerza necesaria y tomo una pierna del chico para después impulsarse hacia adelante, logrando ponerse en pie con Marshall ya acomodado sobre su espalda. Este, por su parte, se sentía algo avergonzado al saber que su novia tenía que llevarlo el resto del camino a la montaña, cosa que generalmente iba al revés; él tenía que cargarla a ella, no ella a él.
-¿Por qué tan callado?- Pregunto Fionna una vez que empezaron a caminar y el vampiro se noto algo serio.
-Por nada- Respondió este, desviando la mirada hacia otro lado.
-¿Te apena que tu chica tenga que llevarte cargando en su espalda hasta una montaña?- Pregunto, en tono de burla.
-No- Pues la verdad era que si, y eso se notaba gracias a sus mejillas sonrojadas y a la indignación en su tono de voz.
-Sí, yo creo que si- Contradijo esta, de la misma manera burlesca.
-No es cierto.
-Sí lo es.
-Que no.
-Que sí.
-¡Oh, no voy a ponerme a discutir contigo por algo como esto!
-No tiene nada de malo que una chica intente ayudar a un chico con tus problemas, Marshall. Eres un vampiro, así que tus problemas están justificados.
-Si… Justificados- Repitió, acomodando su mentón en el hombro de Fionna, quien parecía cargarlo sin problemas.
-Puedes dormir un rato si quieres. Llevas más tiempo que yo despierto y se nota que estas cansado.
-No quiero ser una molestia.
-Tranquilo. No me molesta, en serio. Además falta muy poco para llegar a donde queremos y pues creo que te urge un descanso.
-Gracias, lindura- Y entonces le dio un beso en la mejilla, sonrojando un poco a la aventurera- Te debo una.
Nada más acomodo su cabeza en el hombro de ella como si fuera una almohada Marshall Lee cayó dormido sobre este dejando que Fionna siguiera sola el resto del camino por el desierto. En verdad le daba lástima verlo así, tan indefenso, débil y cansado, empezando a mostrar todo eso que el Rey de los Vampiros no había mostrado cuando ella lo conoció. Dirigió su mirada a donde estaba el muchacho encontrándose con su vampiro dormido, sintiendo como su respiración calentaba su oreja. Se veía muy tierno así, pacifico, sin nada de qué preocuparse, sin el estrés que vio en él cuando recibieron la carta de amenaza por parte de la Orden de los Vampiros, sin esa expresión agonizante a causa del calor infernal del desierto.
Fionna no tardo mucho en llegar a la montaña que habían visto desde la salida del bosque. Era muy alta y la piedra de la que estaba hecha era de un café mezclado con tonos rojizos en los cuales, y no a una altura muy grande, encontró un hueco bastante grande en la roca de la montaña que sin duda alguna era la cueva en donde podrían descansar hasta que la noche llegara. Se acerco más a las paredes de la montaña y, asegurándose de que Marshall estuviera bien aferrado a ella, empezó a escalar la montaña ayudada de unos huecos más pequeños y piedras salidas en la piedra. Estuvo por caer al confundir una sombra con un hueco, pero logro aferrarse a las paredes de la montaña antes que esto pasara y se rompiera el cuello con Marshall aun en su espalda. Dio un suspiro y continúo escalando hasta que llego a la superficie plana en donde se hallaba la cueva, en la cual entro uno segundos después de haber llegado a la entrada.
Bajo al vampiro con cuidado de su espalda y lo recostó en la parte más profunda de la pequeña cueva. Le quito el gorro de la sudadera junto con los guantes de color negro en sus manos para que ya no sufriera de tanto calor y más tarde le acaricio el rostro con algo de sudor que todavía lo caracterizaba como dormido. Le retiro también la vieja y desgastada mochila gris con la que había cargado en todo lo que llevaban del viaje y se la puso como almohada detrás de la cabeza para que no despertara con dolor en el cuello cuando abriera los ojos. Termino por quitarle la molesta Guitarra-Hacha que también llevaba a cuestas en la espalda y la recargo cerca del joven para que este no se asustara si no la veía en cuanto despertara.
-Fionna…- Comenzó a murmurar su nombre cerrando con fuerza sus parpados- Fionna… ¡Fionna!... ¡Fionna! ¡FIONNA! ¡FIONNA!
Asustada, la aludida se inclino un poco al vampiro y puso una mano en su mejilla logrando que Marshall se calmara y volviera a dormir tranquilo.
-Estaba teniendo un mal sueño- Murmuro, pasando de acariciar la mejilla del vampiro a su largo cabello negro. Rió ante el recuerdo del Príncipe Gumball diciéndole a Marshall, o más bien ordenándole, que se cortara el cabello urgentemente, cosa que su novio respondió asustándolo de manera que este salió corriendo como alma que lleva el diablo a su habitación.
Pero a ella le gustaba el estilo de su novio. No lo tenía tan largo como lo tenía ella, pero le llegaba más abajo del cuello y algunos mechones a veces le tapaban los ojos, pero Marshall odiaba que acercaran unas tijeras a su cabellera. La última vez que Gumball quiso cortárselo cuando este estaba dormido término colgado de un pie desde la punta más alta del árbol más alto que Lee encontró, sin contar con el ojo morado que este mismo le dio de recuerdo.
De repente el Rey Vampiro comenzó a abrir poco a poco los ojos y se encontró con que ya no estaba siendo cargado por su humana en medio del desierto, sino que ahora estaba recostado en un suelo fresco, duro, pero fresco, y al frente se encontraba una especie de entrada circular en la que se veía un cielo azul donde el sol iluminaba el desierto a todo lo que daba. Sintió algo debajo de la cabeza y al voltear se dio cuenta que se trataba de la mochila en la que llevaba su equipaje puesta como almohada, seguramente un detalle de su hermosa novia. Esta se percato del despertar de su chico y al instante se acerco más a él, diciéndole:
-¿Cómo te encuentras, Marshy?- Le pregunto, preocupada.
-Mejor- Respondió- Ya no estoy tan mareado como antes y creo que recupere un poco de energía ¿Tu como estas?
-Bien. No me quejo. Oye, hace un rato me asustaste, Marshall, gritabas mi nombre como loco y no podías parar.
-Ah… ¿En serio?- Fionna asintió- Fue solo un mal sueño. Nada de qué preocuparse, los sueños no pueden hacernos daño.
-Si no quieres hablar de eso, entenderé. Se lo que se siente- Con esto Fionna se refería a la noche en la que tuvo el sueño donde Marshall Lee moría en manos de Alabaster y, por miedo en no encontrarlo en la Casa del Árbol, le pidió dormir con él.
-Fi, ¿por qué no te recuestas aquí conmigo? Todavía nos queda mucho tiempo para que llegue la noche y no tenemos nada que hacer.
-Creo que tienes razón. Me hace falta mi sueño de belleza- Dijo, quitándose la mochila y poniéndola en el suelo para después acostarse sobre esta cerca del joven.
-No necesitas un sueño de belleza, lindura- Murmuro en su oído de modo seductor- Tu eres bella tal como eres, mi conejita hermosa.
-Marshall…
Y al oír su nombre, el aludido no pudo resistirse a besar a la chica, no como las veces en las que la había besado anteriormente, sino de una manera más pasional, se podría decir, un beso pausado que los llenaba de alegría y deseaban que nunca acabara. Ella se dejo llevar por el ritmo de su amado pasándole una mano por el cuello volviendo a acariciar el cabello de Marshall, quien se separo un poco de Fionna para dejarla tomar un poco de aire, pero sin esperárselo, el vampiro de repente fue jalado del cuello de su sudadera por su novia que siguió besándolo como si quisiera que eso nunca terminara. Y gustoso, el vampiro siguió haciendo su trabajo acariciando el rostro de la humana al mismo tiempo en que ella hacía lo mismo con el cabello de él.
Ninguno de los dos quería que eso terminara, y a pesar de que tenían que separarse para tomar oxigeno, un segundo después regresaban a lo suyo manteniendo el ritmo del otro. Las mejillas de Fionna estaban brutal y preciosamente sonrojadas y a Marshall a penas se le notaba el sonrojo en el rostro, pero si fuera humano en esos momentos, su cara estaría igual o peor que la de su queridísima humana.
-Como te amo- Susurro Marshall después de haberse separado de ella para dejarla tomar aire.
-Yo también te amo mucho, Marshall- Le dijo- Eres la persona más dulce y divertida que eh conocido en mi vida.
-Y tú la chica más bella que mis demoniacos ojos hayan visto… Te amo- Volvió a decirle mientras besaba su frente, mejillas, parpados, nariz y por último, boca.
-Eres el mejor, Marshall. El mejor amigo. El mejor compañero. El mejor hermano… El mejor novio- Le decía al tiempo en que se recargaba en el pecho del vampiro, abrazándolo- Cuando estaba enamorada de Gumball, siempre terminaba llorando en tus brazos, lo recuerdo bien, je, je. Tú me consolabas y me hacías reír con tus ocurrencias de vampiro… Y… cuando conocí al Príncipe Flama, debo confesar que me olvide de ti por unos días, ¿te acuerdas?
-Sí. No fuiste a verme en un mes entero. Me dejaste olvidado como perro.
-Perdón- Se disculpo ella, escondiendo más su rostro en el pecho de él- Cuando termine con Flama creí que no encontraría a nadie más a quien poder amar. Hasta me puse una ley para mí misma de "cero noviazgos" pero, cuando desapareciste por cuatro semanas y apenas llegaba a verte… no se qué paso. Creo que llegue a enamorarme de ti al estar preocupada, y también porque ya hacía rato que sentía… atracción por ti por lo bueno que eres conmigo y porque siempre estabas si te necesitaba.
-Me vas a hacer llorar, Fi- Comento Marshall con los ojos cristalizados.
-No lo hagas porque también me harás llorar a mi- Agrego la humana dejando escapar unas risillas- Marshall…
-¿Si?
Antes de seguir, Fionna dio un ligero bostezo y después dijo:
-Tengo sueño- Dijo ella, sintiendo como los parpados empezaban a pesarle.
-Oh, pues… habrá que dormir para que no se nos haga muy de noche- Y entonces separo a la humana un poco de su cuerpo y, con su brazo sano, la puso sobre sus piernas y ella volvió a acomodarse en su pecho, no sin antes decir:
-Hasta la noche…- Dijo para luego caer dormida entre los brazos del chico.
-Descansa, conejita. Descansa…
Tenía tan cerca a la humana, tan cerca que podía sentir y escuchar el sonido de su corazón latiendo, bombeando deliciosa sangre por todo su cuerpo humano. Sus colmillos no estaban tan lejos de su cuello y solo necesitaba bajar un poco su cabeza a la altura correcta y encajar sus colmillos, pero pronto se olvido de esa idea sacudiéndose la cabeza. La respiración de ella era cálida, tibia, y le daba una sensación agradable al vampiro, quien se mantuvo recargado en la pared mirando la entrada deseando una y otra vez que el desierto en el que estaban no fuera otra cosa más que una ilusión, un truco barato puesto por la Orden de los Vampiros y quien quiera que fuera su demente líder.
Glob, ¿pero cómo había llegado hasta ahí?
Al principio estaba feliz en Aaa yendo de aventuras con Fionna cuando llegaba la noche, ¿y cómo era posible, que al siguiente minuto se encontrara en un desierto peligrando por su vida y la de su novia? Él no tenía la culpa de matar a Alabaster. Ese sujeto quería quedarse con todo lo que le pertenecía y todavía, el muy iluso, creía que le daría la Nocheosfera como si fueran amigos de toda la vida regalándose algo el día de su reencuentro.
Suspiro. Necesitaba descansar. Dejar de pensar. Meditar un poco y olvidarse de los problemas que lo agobiaban. Reacomodo su mochila detrás de su cabeza con cuidado de despertar a Fionna y cerró los ojos, sumiéndose en el sueño placentero.
…
"-Marshall… Marshall…
Alguien lo llamaba.
-Despierta, Marshall. Corres peligro, tienes que despertar e irte lo más rápido que puedas del desierto.
Esa voz… Ya la había escuchado antes. Pero no era de nadie que él conociera. Ni de Fionna, ni de Gumball, de su madre, ni de nadie más… ¿Quién lo llamaba?
-Dime quien eres- Exigió saber el Rey Vampiro, que no podía ver nada en esos momentos. Practicamente estaba llevando a cabo una conversación en medio de un oscuro vacio... Una nada infinita.
-No hay tiempo. Tienes que despertarte, despertar a Fionna e irte con ella hasta salir de este desierto. De quedarte aquí, morirás.
-¿Por qué confiar en ti? Ni siquiera sé quién eres.
-Eso es porque tu memoria fue borrada cuando todavía eras un niño. Fácilmente me reconocerías aunque no me vieras, pero eso no importa ahora.
-Entonces… si tan cercano soy a ti, dime quien eres. Cuál es tu nombre.
Pero antes de que le respondieran, de repente un destello cegador apareció de la nada y la escena cambio por completo pasando de ser un paisaje por completo oscuro a uno parecido al de una ciudad devastada y en ruinas. Pero esperen un momento… Marshall conocía esa ciudad, y le parecía increíble que después de tantos años su mente todavía pudiera procesar tales recuerdos; esa había sido una de las ciudades que más había afectado la radiación durante la Guerra de los Champiñones hace mil años atrás, y a consecuencia de las terribles mutaciones que esta provoco, el gobierno solicito a un ejército para destruir a toda criatura mutada que encontraran y a la ciudad también. Y justamente eso estaba pasando en su recuerdo; por todos lados se veían tanques de guerra y soldados armados entrando y saliendo de la ciudad sin contar con los aturdidores sonidos de los disparos de las armas y de los tanques de guerra que eran los encargados de derribar los edificios donde posiblemente hubiera más radiación, así que en esos momentos la ciudad no era más que ruinas con sus monumentos hechos polvo.
Camino un poco entre los escombros de la ciudad recordando todo el sufrimiento que vio durante esos días. Y casualmente, en medio de su exploración, se vio a sí mismo, corriendo a todo lo que le permitían dar las piernas con una expresión de pánico, la mochila –no tan vieja en ese entonces- que había traído para el viaje colgando de su espalda, los pantalones rotos de las rodillas y la cara sucia por el polvo y el sudor. Era humano en ese entonces, y por algo estaba corriendo.
-¡Auxilio!- Se oyó gritar a sí mismo- ¿¡Hay alguien aquí!? ¡CONTESTEN!
Estaba desesperado. Gritaba al cielo con la esperanza de que los soldados lo escucharan y lo ayudaran a salir de ahí, pero nadie llegaba. Y justo en ese momento, su yo del pasado volteo hacia atrás y, con miedo, fue retrocediendo un par de pasos y corrió otra vez directo a donde estaba él mirando la escena. El Marshall del pasado no se detuvo y el vampiro creyó que ambos chocarían, pero en lugar de eso, su otro yo lo atravesó y siguió corriendo asustado por la ciudad, gritando por ayuda.
Miro hacia atrás por el camino que había seguido su yo del pasado y se encontró con la razón de su miedo. No a lo lejos venia una horda de mutantes parecidos a los que la Reina Helada y él se encontraron cuando ella buscaba sopa de pollo para curarlo de su fiebre y que ahora venían persiguiéndolo. No se movió, se quedo de pie en medio de la calle mientras los mutantes lo atravesaban como su recuerdo lo atravesó a él.
-¿Por qué?- Dijo en voz baja y luego alzo la vista- ¡Padre! ¡Dime tu porque! ¿¡Porque paso todo esto!? ¿¡Porque me paso todo esto!?... Dime algo… ¡Háblame que soy tu hijo! ¡Quiero respuestas, Algul, y las quiero ahora!
Silencio. Marshall rio irónicamente y siguió quejándose con el viento.
-¿Sabes?... No sé porque Hanna dice que puedo hablar contigo cuando tengo problemas… ¡NUNCA ME ESCUCHAS! Jamás me has ayudado y dudo mucho que lo hagas ahora que me metí en un problemón de lo peor.
Nada todavía.
-¡Quiero saber que necesitas! ¡Qué quieres para que me crea las palabras de tu esposa!- Silencio, aun- ¡DI ALGO, PUES!... Algo… Lo que sea.
Los mutantes terminaron su travesía y dejaron de atravesarlo, ignorando que él estaba ahí, pues ese solo era un recuerdo de su dramática historia.
-Esto no tiene caso. Parezco un loco hablando con el viento, y gracias a Glob nadie puede verme ni escucharme ¡Algo que TÚ haces!
Marshall Lee guardo silencio un rato, haciendo lo posible por no estresarse tanto.
-Algul, voy a decirte algo que nunca imagine tener que decirte, aunque no te viera… Pero dudo mucho, que en verdad me hayas querido como a un hijo.
Y entonces, después de escuchar unos disparos y un grito desgarrador, todo despareció…
…...
El muchacho abrió los ojos de golpe cuando el recuerdo de la ciudad en ruinas lo dejo en paz. Fionna aun estaba dormida sobre él y no pareció haber notado su repentino movimiento al despertarse, cosa que en parte agradeció porque su novia se veía hermosa estando dormida. Miro a la entrada de la cueva donde habían terminado por quedarse a dormir y sonrió cuando vio un cielo oscuro y estrellado, ideal para seguir con su viaje a la Orden de los Vampiros. Inmediatamente, Lee sacudió suavemente a Fionna del hombro llamándola por su nombre para que despertara más pronto, y a regañadientes, la humana despertó volteando arriba aun adormilada y viendo de manera interrogante al muchacho.
-¿Y ahora qué?- Pregunto Fionna, aun dormida.
-Ya hay que irnos, Fi- Respondió y la aventurera dirigió su vista todavía borrosa a la entrada de la cueva, encontrando que ya era de noche.
-Cinco minutos más- Pidió, tumbado su cabeza otra vez en Marshall, quien rodando los ojos y dando un suspiro retiro suavemente a la chica de sí, busco algo en su mochila y un minuto después Fionna había sido mojada por el contenido de una botella de agua que consiguió despertarla… de mal humor.
-¡OYE!- Le grito a Marshall, ardiendo de coraje- ¡SOLO TENIAS QUE PEDIRMELO Y YA! NO HABÍA NECESIDAD DE ARROJARME EL OCEANO ENTERO A LA CARA ¡LA PROXIMA VEZ QUE VUELVAS A HACER ESO NO LO PENSARE DOS VECES ANTES DE GOLPEARTE, MARSHALL LEE.
-Me en canta cuando te enojas. Te pones tan tierna, conejita- Dijo, ignorando los regaños de su novia.
-Oh, ya cállate y vámonos que tenemos prisa- Y entonces cogió su mochila, asegurándose de que no se le olvidaba nada.
Fue entonces que Marshall cayó en la cuenta de que en verdad la había hecho enojar.
-Lamento lo del agua, -decía mientras se colgaba la Guitarra-Hacha en la espalda y también la mochila- es que no encontraba como despertarte.
-¿Un simple "levántate, por favor", no era suficiente?- Exclamo, indignada y chorreando agua por doquier.
-Creí que te parecería divertido- Ella lo miro con cara de Si, claro ¿Cómo no?- Pero re considerándolo un poco…
-Ya no digas nada, Marshall- Interrumpió ella mientras se exprimía el cabello del cual cayeron varias gotas de agua- En realidad, se me hacia raro que no salieras con una de tus bromas, eh. Por un momento creí que te habías enfermado –Hizo una pequeña pausa y después continuo-… y por supuesto espero que no suceda.
-Te preocupas demasiado, Fionnita. Tu solo deja que esto fluya y cuando menos lo esperes, tú y yo estaremos de nuevo en casa.
La heroína le sonrió y el vampiro se acerco a ella, dándole un tierno beso en los labios.
-Eh… Mejor vámonos antes de que se nos haga más tarde.
-¿Marshall, crees que podemos cruzar todo un desierto, en una sola noche?
-Sí, ¿Por qué no? Sera divertido, así como pasó con los zombis y el bosque. Una aventura nocturna, como las que teníamos en Aaa.
-No dije que era imposible llegar, que no lo lograríamos aunque la suerte estuviera de nuestro lado. Digo que… tal vez, solo tal vez, algo pueda pasar. La noche no es tan larga como el día, y a medio día tendríamos que encontrar una cueva como esta para que no te pase nada ¿Qué tal si no encontramos cueva? Morirías y yo no quiero perderte, Marshall- Sus ojos empezaban a cristalizarse y su labio inferior temblaba un poco-… no lo soportaría.
-¡Pues deja de pensar en eso! ¿Te digo porque? ¡Porque tu galán ya se siente mejor, y cruzaremos este desierto volando a toda velocidad! ¿Si? No me detendré por nada- Dijo, decidido.
-¿Pero y tu brazo?
Marshall entonces cayó en cuenta de que su brazo derecho aun seguía en mal estado y que no podría cargar a Fionna durante todo el camino de esa manera.
-Oh… Dame un minuto.
Sin decir nada el chico tomo la muñeca de su brazo derecho y, antes de hacer lo que estaba por hacer le dijo a Fionna que tal vez sería mejor que cerrara los ojos, y considerando lo que le cruzaba la cabeza al joven esta se dio media vuelta y cerró los ojos. Marshall, por su parte, observo como mantenía su mano aferrada a su muñeca e inhalo aire para no arrepentirse de lo que estaba por hacer; al siguiente segundo, el Rey Vampiro tiro con violencia de su brazo y se alcanzo a escuchar como los huesos de este tronaban y el leve grito de dolor del vampiro, quien se recargo en una pared de la cueva, respirando agitado por lo que acababa de hacer. Luego de que todo pasara, Fionna volteo hacia atrás encontrándose con la escena de su novio respirando agitando, pero mirando feliz su brazo ahora arreglado con el cual la saludo para enseñarle que ahora si todo estaba bien.
-Estás loco- Comento ella, sonriente.
-Pero soy tu loco- Y le dio un beso en la mejilla- Hermosa dama, su carruaje espera- Agrego, apoyándose en el suelo con una rodilla y con el otro pie, indicándole a su chica que subiera a su espalda.
-Gracias, caballero- Dijo al tiempo en que acomodaba sus piernas en los costados de Lee y recargaba su mentón en un hombro de él, evitando que su cara pudiera rosar con el filo de la Guitarra-Hacha.
-¿Lista?- Fionna se aferro a la camisa de él y después asintió- ¡A volar!
Con un impulso por parte de su pie, tanto Fionna como Marshall Lee salieron disparados hacia afuera de la cueva, volando en la dirección donde se suponía que terminaba el desierto a la gran velocidad que tenia Marshall, quien parecía que era impulsado por un jet-pack sobrecargado. Tanta era la potencia, que Fionna se veía obligada a agarrar con más fuerza la camisa del vampiro al mismo tiempo en que sostenía su gorro para que el viento no se lo llevara. A Marshall Lee, por su parte, no le interesaba mucho la velocidad a la que iba o si lo detenía una patrulla aérea por ir demasiado rápido –que por supuesto dudaba que hubiera una en el desierto-, pero hacia ya mucho tiempo que no volaba como ahora que no lo pensó dos veces antes de medir el "kilometraje". Se sentía bien, libre, sin el estrés de un sol luminoso que pudiera matarlo con el más mínimo contacto. Y a esa velocidad que iba no tardarían mucho en ver el punto de salida del desierto. Sonrió en el momento en que miro hacia atrás y noto que la montaña donde se habían alojado ya no se veía desde ese punto, pues se habían ahorrado buena parte del viaje flotando.
-¡MARSHALL, TEN CUIDADO!- Grito Fionna. El soberano de Nocheosfera entonces dirigió la vista al frente y los ojos se le pusieron en blanco cuando se percato de que estaban a punto de estrellarse con una montaña.
-¡Agárrate, Fi!
Justo en el momento en que dijo eso, el muchacho se impulso más arriba quedando a un pelo de gato de haber impactado con la piedra rojiza de la montaña. El impulso fue tan fuerte que Marshall apenas pudo llegar a detenerse en el aire dándoles una vista más amplia del desierto la cual les dio una idea de lo que podrían tardar aproximadamente. Una o dos horas, tal vez, si Marshall lograba mantener esa velocidad.
-¿Lo hacemos ya?- Le pregunto Leonardo a Andrea, quienes habían estado siguiendo a Fionna y Marshall desde que estos se detuvieron a descansar en la cueva.
-Hay que esperar un poco más. La velocidad de Marshall Lee es bastante y recuerda que solo tenemos un tiro- Respondió ella, enseñándole una pistola con laser que sostenía en sus manos.
-Pero no se está moviendo. Es el momento preciso para…
-No- Interrumpió de manera brusca- Tenemos que hacerlo mientras este avanzando. Recuerda que mientras más confíe el pájaro en sus alas, más fuerte será la caída.
-¿Qué no es mientras más grande el enemigo más dura la caída?- Intento corregir Leo.
-¡En este caso no aplica y no se me ocurría otra cosa!- Se altero la vampiresa.
-Entonces tendremos que seguirlos durante más tiempo.
-No forzosamente. Quiero que lleguen a un punto en especial del desierto. Ahí podremos derribar a nuestro monarca.
-¿Sabes? A veces pienso que eres algo sádico… Eso me encanta.
Andrea levanto una ceja mirando a Leonardo en señal de interrogación. Al parecer el calor del desierto había afectado un poco la cabeza de su compañero.
-Claro. Leo, concéntrate en lo que te debes de concentrar, viejo- Luego saco una jeringuilla llena de un líquido amarillento de la carrillera donde guardaba las balas y bombas de humo. Abrió un pequeño compartimiento de la pistola y metió ahí la jeringuilla para después cerrarlo.
-Exactamente, ¿en donde esta ese lugarcito tuyo del que tanto hablas?
-Como a tres o cuatro kilómetros de aquí. No tardaremos mucho si nos transportamos haya y esperamos a Lee y a la humana.
-¿Qué hay ahí que nos pueda asegurar que el Rey de los Vampiros desaparezca de esta vida?
-Tú solo haz lo que yo te diga,- Le extendió una mano-… y no preguntes nada.
Leonardo tomo la mano de su compañera y automáticamente, ambos desaparecieron de la nada, transportándose al lugar mencionado por Andrea.
…
Marshall y Fionna seguían volando por el aire pero ahora a una velocidad más lenta ya que el Rey Vampiro se había cansado a mitad del camino y se había visto obligado a disminuir el paso, pues de haber seguido con la velocidad anterior su cuerpo hubiera perdido energía y tendrían que caminar el resto del camino a pie hasta que Lee recuperara sus fuerzas. Pero por ahora, todo marchaba bien, y gracias a las horas que habían dormido en la cueva en la que se resguardaron, ninguno de los dos se sentía cansado ni débil, y solo se concentraban en salir del desierto antes de que saliera el sol, pero tanto Marshall como Fionna sabían que para eso faltaba mucho tiempo. La aventurera en esos instantes estaba perdida mirando el duro y agrietado suelo del mortífero desierto y Marshall, por su parte, solo contemplaba el paisaje nocturno frente a él pensando una y otra vez en el sueño que tuvo en la cueva, en el recuerdo tan extraño y a la vez sin sentido, en la voz que le hablo y le dijo que lo conocía, y en lo que le grito a su fallecido padre acerca de su duda sobre si en verdad lo quiso tanto como todos le decían que lo había querido. Y es que, en verdad, en sus mil años de vida, había escuchado a su padre decirle algo.
No muy a lo lejos, Marshall diviso una montaña, pero conforme más se fue acercando en dirección a esta veía que no era una sola montaña, si no varias de estas reunidas en forma de circunferencia, con diferentes tamaños y formas abstractas.
-Oye, Fi, -La aludida atendió a su llamado- mira eso.
Ella obedeció y se encontró con la misma escena de las montañas reunidas en circunferencia.
-Vaya. Es una graciosa formación, pero dudo mucho que el viento las haya puesto así.
-O tal vez solo fue obra de nuestra incomprendida naturaleza. Quien sabe- Dijo, encogiéndose de hombros.
-No lo sé. Montañas reunidas en forma de círculo a mitad del desierto no me parece que sea nada bueno, Marshall. Algo malo podría pasarnos si nos acercamos.
-Entonces no hay que arriesgarnos. Pasare por encima y así no habrá necesidad de correr ningún riesgo.
-De acuerdo- Susurro Fionna, recargando su mentón de nuevo en el hombro del vampiro.
Cerca de las montañas se encontraba Leo, sentado de cuclillas en la cima de una de las montañas, viendo por unos binoculares como se acercaban sus presas por el aire mientras Andrea esperaba alguna orden del espía, quien poco después le dijo que se preparara y está se deslizo hacia abajo, ocultándose detrás de la montaña para esperar a que Leonardo le diera la siguiente señal por medio de unos comunicadores pequeños que tenían en los oídos.
-¿Estas lista?- Pregunto el chico a través del comunicador.
-Yo nací lista- Respondió Andrea encendiendo el laser con el que le apuntaría a Marshall para asegurarse de haber dado en el blanco.
-Espera mi señal. Espera mi señal- Repetía el vampiro al mismo tiempo en que se escuchaban los sonidos de unas piedras cayendo puesto que estaba bajando de la montaña para que ni la humana ni Marshall Lee los vieran- Espera… Espera… Y- De repente el suspendo predomino en el ambiente. Andrea estaba impaciente por esperar la señal y miraba al cielo, esperando encontrarse con el asesino de Alabaster Skull, pero no veía nada… Y de repente llego el momento-… ¡ahora!
Justo en el momento en que Leonardo exclamo lo anterior aparecieron Marshall Lee y Fionna volando por encima de las montañas. Andrea sonrió al encontrar el blanco demasiado fácil y apunto la pistola directamente al costado de Marshall Lee, en donde se pudo ver el pequeño punto de ataque. La vampiresa no espero un segundo más y tiro del gatillo de la pistola mandando a volar a toda velocidad la jeringuilla que esta contenía, la cual se incrusto en la costilla del joven causando que este soltara un alarido y se detuviera en seco en el aire al mismo tiempo en que el contenido amarillento de la jeringuilla se introducía dentro de él haciendo que el paisaje se le tornara borroso y la respiración volviera a hacérsele agitada.
-¡Marshall! ¿Qué tienes? ¿Te paso algo?- Escuchaba a lo lejos, pero él no podía responder.
Miro a todos lados, desesperado, pero no encontraba nada más que desierto y, perdiendo por fin su consciencia, cayó del aire directamente al centro del círculo que formaban las montañas…
¡Hola de nuevo, gente! Riux regreso, y con ella el decimo capitulo de… Ahh, ya para que les digo, ya lo saben.
Con suerte podre adivinar que deben de estarse preguntando que le implantaron a Marshall, y bueno, para que no se queden con la duda, solo les dire que es una sustancia creada por el Maestro, muy letal por cierto, y le dio ordenes a Leo y Andrea de que se lo inyectaran a Marshall Lee sin que este se diera cuenta. Ah y con respecto a las montañas formadas en circulo, eso si no podrán saberlo hasta el capitulo que sigue. Por otro lado, siento mucho la tardanza pero es que eh tenido ciertas cosas que hacer y pues, bueno, uno tiene su vida. Ok, llego la hora de los agradecimientos:
Miles de gracias y abrazos a Ariana (bienvenida, por cierto), Paqs (lamento no haberte respondido antes, pero te enviare un mensaje pronto, es que eh tenido cosas que hacer) Blackoctubre, Yoshii Lee y Pitufifavi (Bienvenida tu también). Y bueno, creo que esto es todo por un capitulo. Nos vemos en el siguiente. Adios y dejen un Review.
Riux, Chaitooo.
P.d- Si me dejan un Review, Marshall y Marceline iran a tocarles una cancion de mi parte.
