¡Hola, hola! De nueva cuenta regreso con el capi núm. 10. Espero que sea de su agrado.
¡Feliz Día de las Madres! si hay alguna por aquí.
Kuroshitsuji le pertenece a Yana-sama y la historia a mi.
Mas notas al final, ¡disfruten la lectura!
Kuroshitsuji, historia alterna.
Cap. 10 Ese Mayordomo, ¿Puede Morir?
-¿Eres tú, Ciel?- La pregunta quedó al aire.
Afuera del enorme castillo de estilo medieval la obscuridad comenzaba a hacerse presente debido a que los colores anaranjados y tornasoles eran cada vez menos visibles.
Dentro del conocido convento se encontraban Sebastián Michaelis y Grell Sutcliff, las monjas quienes no se les despegaban ni un momento les indicaron que debían quedar completamente expuestos para poder hacer la purificación, solo se cubrirían con unas enormes mantas como lo habían hecho los jóvenes anteriores y para que una vez que terminaran de desvestirse, llevar a cabo el evento.
Ambos se miraron entre sí y luego fruncieron el entrecejo atisbando con enojo a las religiosas las cuales ni se inmutaron ante tal acción.
Después de eso Grell se volvió con Sebastián y le regaló una libidinosa sonrisa, esté ultimo puso su mano en su cara y suspiró con enfado, "definitivamente ese shinigami nunca cambiaría" pensaba para sus adentros.
Una vez que recuperó la compostura, se giró hacia las novicias –haré lo que ustedes digan, solo que necesito estar a solas- mencionó Sebastián, precisaba actuar rápido, la noche había caído ya y tenía que averiguar qué era lo que ocultaban detrás de esa puerta.
Las religiosas por suerte entendieron el mensaje y salieron de la habitación dejando solos tanto a demonio como a shinigami.
Grell no perdería una oportunidad tan valiosa como esta y rápidamente comenzó a quitarse su gabardina de manera sensual.
Sebastián volteó a mirarle y frunció el ceño – ¿Qué cree que hace?– Le preguntó enfadado y conteniéndose las enormes ganas que tenía de golpearlo.
-Preparándome para la purificación Sebas-chan- respondió con un toque coquetón mientras le guiñaba el ojo y lanzaba un beso al aire.
El mayordomo entrelazó los dedos de su mano derecha sobre sus finos cabellos azabaches y dio un largo suspiro –sabe que, me voy- dijo impaciente mientras abría una ventana dispuesto a marcharse.
El shinigami corrió detrás de él mientras se acomodaba nuevamente su gabardina – ¡espera Sebas-chan!– Pero Sebastián ya se había retirado, el pelirrojo siguió corriendo tratando en vano de igualarle el paso.
Después de atravesar todo el convento, Sebastián ignorando por completo al Dios de la muerte se acercó con sigilo hacia la enorme puerta que yacía al final del extenso pasillo, trató de girar la perilla pero esta tenía seguro, así que terminó forzándola.
Los rechinidos que provocaba la puerta al ser abierta puso al mayordomo en alerta, volteó a mirar al pelirrojo que justo acababa de alcanzarlo – cuide que no venga nadie – le susurró, el pelirrojo asintió y tomó una posición como si estuviese en guardía.
El demonio siguió con su labor, una vez que entreabrió ambos se adentraron, cerrando el portón tras de sí, la habitación estaba en completa obscuridad sin embargo se alcanzaba a distinguir que era espaciosa.
Grell caminó lento cuidando de no caer cuando – ¡Auch!– tropezó con una caja mal acomodada.
El mayordomo buscó al shinigami en la obscuridad – ¡Shh!– para callarlo porque estaba haciendo demasiado ruido.
-Me dolió, Sebas-chan- respondió entretanto se sobaba su pie.
Sebastián nuevamente ignorando a la parca roja comenzó a buscar algún interruptor para iluminar la habitación, sentía curiosidad por saber que había allí, ese cuarto olía perfectamente a opio combinado con algo más.
Por otro lado Grell estaba igual, como no conocía el lugar también se dio a la tarea de buscar el botón de encendido pero sin querer volvió a tropezar -¡AHH! Gritó al momento de atravesar y caer por una puerta que se abrió cuando trastabilló cerrándose de nueva cuenta.
-¿Señor Grell?- Preguntó Sebastián al escuchar el escándalo que provocó entretanto lo buscaba.
Se acercó hacia donde escuchó al pelirrojo y palpó la pared con sus manos, sin embargo no encontró nada.
Estaba tan sumido buscando cuando de pronto, las luces se encendieron iluminando hasta el más recóndito rincón.
-¡Yo sabía que no debíamos confiar en usted!- exclamó una de las monjas que los habían asistido y que se encontraba justo en la entrada de la puerta junto con otros religiosos más incluyendo el maestro quien a pesar de que ocultaba el rostro con su túnica claramente se podía ver que estaba molesto.
Sebastián al verse descubierto solo mostró su típica sonrisa, no tenía caso seguir buscando a Grell era más que obvio que había atravesado un pasadizo o algo así.
Mientras tanto, en el enorme castillo.
El joven conde estaba completamente paralizado porque sus padres lo miraban con detenimiento, su cuerpo no respondía había muchas cosas que quería decirles sin embargo ahí estaba, completamente en pie y sin poder mover ni un solo de sus músculos.
Sus progenitores vestían igual que en la fotografía con sus ropas rasgadas y seguían atados de pies a cabeza, al igual que en su sueño el niño podía ver culpa y otras emociones más reflejadas en sus miradas.
-Sí, ¡si eres mi pequeño Ciel!- Afirmó Rachel Phantomhive entre sollozos y con la voz quebradiza parecía como si tuviese mucho tiempo sin hablar.
El menor abrió los ojos como platos al reconocer la lexia de quien se supone que era su madre, sentía que su pecho explotaría debido a todos los sentimientos encontrados que estaba sintiendo en ese instante.
No podía negar que se moría de ganas por abrazarles y como no hacerlo había ansiado esta situación desde mucho antes de saber que estaban con vida, sin embargo su cuerpo aun permanecía estático.
-Cof, cof- comenzó a toser debido a que aún continuaba empapado por culpa de la extraña mujer y para colmo la humedad del lugar no le ayudaba en nada, lo único que le faltaba es que esos momentos le comenzara a dar un ataque de asma.
- Ciel, estas mojado – Mencionó Rachel con una evidente cara de preocupación y derramando algunas lágrimas, aun no podía creer que su niño se encontrara frente a ella.
El menor miró fijamente a su madre – eso no importa- le respondió de la manera tranquila, por alguna razón no quería que su 'madre' se preocupara por él, ya tenía 13 años y debía demostrarles cuan autosuficiente era para su edad.
Poco a poco se fue acercando hacia ambos, Vincent quien no se veía muy bien físicamente no dejaba de mirar al joven conde, sobretodo la madurez que irradiaba Ciel, era muy notorio el cambio que había sufrido su hijo y no era para menos al haber terminado en un lugar con ese.
El menor sentía la penetrante mirada de su antecesor sobre sí y no podía evitar sentirse intimidado, una vez cerca se puso en cuclillas quedando frente a ellos.
-Mi Ciel, cuanto haz crecido- articuló la ojiazul quien lloraba de la emoción al tener tan cerca a su único retoño, se moría de ganas de abrazarlo pero sus manos fuertemente atadas se lo impedían.
Ciel estaba nervioso, no sabía qué hacer en ese instante, una encrucijada atravesaba su pecho, si los abrazaba lo más probable es que terminara llorando junto con ellos y si no lo hacía tal vez pensarían que ya no les quería, abrió los ojos como platos y no pudo evitar sorprenderse a sí mismo, "¿desde cuándo le importaba lo que pensaran ellos?" Sacudió su cabeza esperando poder deshacerse de tales pensamientos y después volteó a mirar a su padre, era cierto que él le debía muchas explicaciones, iba a reclamarle pero –cof, cof- su tos lo sacó de sus raciocinios.
-Tu asma- manifestó la mujer sumamente preocupada al recordar las recaídas que solía tener el conde en su infancia.
El menor se volvió hacia con ella mirándola fijamente a sus orbes azules que eran exactamente iguales a los de él –creo que este no es el momento para hablar de mi asma- hizo una pausa esperando no haber sido muy brusco al hablar –hace unos meses me enteré de su existencia y desde entonces no he dejado de buscarles- les decía sosteniéndoles la mirada a los dos.
Ambos no pudieron evitar mostrarse asombrados su muerte había sido planeada y ahora -¿Co… como fue que te enteraste?- al fin habló Vincent aunque le costó trabajo hacerlo.
-Eso no importa- Mencionó el menor aun mirándoles determinantemente, no le veía el caso perder el tiempo hablando sobre ello sabía de antemano que las explicaciones vendrían después.
-Te amamos, nunca lo olvides- Expresó la mujer con la voz quebradiza a punto de romper en llanto.
Esas palabras embarullaron al menor por completo que no tuvo otra opción más que desviar su mirada porque no se percató en que momento había comenzado a llorar, "maldición" pensó para sus adentros no quería que lo miraran en ese estado, con su mano izquierda frotó sus orbes azuladas cuidando de no dejar ver el sello del contrato que sostenía con Sebastián.
Su madre no pudo contenerse más y finalmente rompió en llanto – ¡perdónanos Ciel!- el enorme nudo que tenía en la garganta apenas le permitía hablar –nunca fue nuestra intención que tuvieses que pasar por todo esto- terminó de decir mientras recargaba su cabeza en el pecho de su hijo el cual no pudo evitar sorprenderse al sentir a la única mujer que amaba sobre sí.
Avergonzado desvió la mirada y fue cuando vio claramente que Vincent también estallaría en llanto, sin embargo este se abstenía de hacerlo, Ciel había vuelto a plañir al sentir las lágrimas de su progenitora sobre su camisón e hizo algo que ni el mismo esperaba hacer.
Abrazó a su madre y recargó su cabeza sobre la de ella cerrando sus azulinos ojos dejándose llevar por el tris.
Así estuvieron durante unos instantes sin embargo a ambos les pareció una eternidad, después de que el menor levantara su cabeza separándose de Rachel, respiro hondamente –lo único que importa ahora, es encontrar la manera de salir de aquí- mencionó con toda seguridad ya que aún necesitaba demostrarles que era autosuficiente.
Rachel ya reincorporada y Vincent se miraron más que sorprendidos al ver como Ciel había cambiado su semblante a pesar de que seguía sollozando.
-No hay tiempo para nosotros, sin embargo tú tienes que hacer todo lo posible por salir de aquí- mencionó Vincent preocupado y a la vez desesperado.
-¡No pienso irme sin ustedes!- Articuló Ciel, justo en ese entonces el portón era nuevamente abierto.
Los tres voltearon a mirar.
-Se te acabó el tiempo- Manifestó la mujer cruzada de brazos y recargada desde el marco de la puerta.
-¡No, no se lo lleve!- Suplicó Rachel con los ojos llorosos mientras trataba de zafarse de las cadenas con las cuales permanecía atada.
-¿Tu y cuantos más me vas a detener?- Retó la fémina justo al momento se adentraba y tomaba a Ciel de sus finos cabellos para arrastrarlo con ella.
Tanto Rachel como Vincent sintieron que el mundo se les venía encima al mirar cómo era tratado el menor -¡suéltalo! Imploraba la ojiazul entre lágrimas mientras que el hombre sentía hervir la sangre, esa estúpida maltrataba a su hijo y el no podía hacer nada para impedirlo.
Ciel a pesar de ser arrastrado de sus cabellos no mostraba signos de dolor, no quería que lo miraran sufrir, en realidad le importaba mucho lo que ellos pensaran sobre sí puesto que ya no era ese niño débil que ellos criaron, no, ese niño murió el día que forjó el contrato con Sebastián Michaelis su demonio-mayordomo, es por eso que no le daría el gusto a esa mujer de verle derrotado o abatido.
No permitiría que nadie más aparte de sus progenitores y Sebastián lo avizoraran en ese estado.
La mujer al percatarse de que el menor no se quejaba por el trato recibido, de los mismos cabellos que lo sujetaba, lo puso en pie con brusquedad –te crees muy valiente ¿no es así?- le declaró con una lúgubre sonrisa.
Ciel sonrió sarcástico mientras asentía, la fémina se enfureció por completo pues no toleraría que un chiquillo como lo era este se burlara de ella – ¡pues ya verás!- Exclamó al instante que lo soltaba y pateaba fuertemente en su estómago siendo arrojado afuera de la prisión donde se encontraban sus padres.
-¡CIEL! Exclamaron al mismo tiempo ambos progenitores y claramente preocupados tratándose de quitar las ataduras.
-¡Hahahaha! Ustedes ya no son de utilidad- Dicho esto, la mujer se marchó cerrando la puerta tras de sí.
Mientras tanto Grell había sido enviado a una especie de pasadizo secreto.
-¡Sebas-chan! Preguntaba al aire y golpeando la pared por donde atravesó, no podía ver nada debido a que el lugar estaba completamente obscuro, con ambas manos palpaba el muro buscando la salida.
Caminaba lento y pausado cuando de pronto – ¡Ahh! Cayo rodando por unos extensos escalones.
Cuando finalmente dejó de caer – ¡Ahh! ¿Cómo es posible que una dama como yo se encuentre en estas condiciones?- Gritaba haciendo una rabieta sumamente infantil y puesto que nadie respondió, se puso de pie emprendiendo su marcha hacia donde se divisaba un poco de luz.
Una vez que llegó pudo percatarse de que efectivamente se encontraba en un pasadizo secreto o algo así, el cual parecía bastante extenso.
En vista de que no podía regresar por donde vino se dio a la tarea de seguir hasta el final emprendiendo su marcha a paso forzado ya que no tenía ganas de caminar.
Entretanto Sebastián se encontraba rodeado de monjes, apenas unos momentos había sentido una gran debilidad por parte de su amo, no entendía que pasaba primero miedo ahora debilidad "¿Qué le ocurría a su joven señor?" sin duda eso lo tenía muy desconcertado, pensó en defenderse para ir en su búsqueda pero el sello del contrato seguía impidiéndoselo, resignado optó por dejarse atrapar ya que tal vez de esa manera podría descubrir que se traían entre manos esos monjes.
Tomó una posición sumamente erguida acto seguido cerró sus ojos y mostró una falsa sonrisa.
Dos monjes de edad promedio tomaron del antebrazo al mayordomo mientras otro le ponía un vendaje en sus ojos obligándolo a caminar posteriormente lo sacaron de allí para llevarlo a una celda de contención.
Transitaban por un extenso pasaje, de eso podía percatarse bien puesto que tenían rato andando y el recorrido no parecía tener fin, un largo rato después escuchó el crujir de una puerta, al parecer esta era de metal debido al ruido que producía.
Lo adentraron contra su voluntad, sintió como era encadenado a la fría y húmeda pared, Sebastián esbozó su típica sonrisa sin embargo se permitió hacer, eso era lo mejor en estos momentos porque una vez que se encontrara solo no dudaría en escapar de allí para ir en busca de su joven amo.
Grell finalmente había llegado al final del corredizo que apenas si permanecía alumbrado divisó una puerta y la atravesó dando hacia otro pasillo el cual contenía muchas puertas hacia los costados y una al final, particularmente esta le llamó la atención ya que habían manchas de sangre en los alrededores caminó tomó la manija y se adentró a la enorme habitación la cual estaba tapizada de manchas de sangre por doquier sin contar el putrefacto olor que emitía, miro una enorme mesa al centro y a los alrededores habían algunas jaulas definitivamente lo que hacían ahí no era nada bueno.
-¡Maldito!- apenas alcanzó a escuchar el pelirrojo.
Buscó por donde venía la voz al parecer de una mujer, siguió mirando hasta que divisó un portón al otro extremo de la habitación.
Corrió apresurado no entendía por qué pero eso no fue inconveniente para que siguiera corriendo, una vez que llegó tomo la perilla y esta cedió rápidamente dejando ver la escena que había en la habitación contigua.
-¡Maldito! ¡Por tu culpa mi amo dejó de mirarme!- era más que obvio que la mujer estaba cegada por la rabia, pateaba fuertemente a alguien pero no lograba ver a quien debido a que se encontraba en el suelo y aparte que una mesa también se lo impedía, se acercó sin decir nada, la desconocida ni siquiera se había percatado de su presencia por estar tan sumida en lo que hacía.
Una vez cerca, bien dicen que la curiosidad mató al gato y para Grell esa no fue la excepción.
La fémina de ojos violetas tomó del cuello al menor todo golpeado y que además escupía sangre, lo levanto de tal manera que sus pies no tocaban suelo alguno apretando fuertemente la garganta, no le importaba si su amo se enfadaría con ella, ya sabría cómo sobrellevarlo más adelante.
-¡Vas a morir!- le gritó con la voz cargada de odio apretó el cuello del chico casi al punto de hacerlo añicos.
-¡Ciel!- se escuchó dentro de una de las tantas puertas que había alrededor.
Otro capi mas que finaliza, espero que haya sido de su agrado, si lo fue, regalenme un review please :)
También espero que les haya gustado el emotivo encuentro de Ciel con sus progenitores, aunque estaba conmovido siempre procuró no dejar ver el sello del contrato, el abrazo que le dio a su mami, eso era algo que no tenía contemplado sin embargo y ya que la fecha lo a merita jaja
Como siempre Grell haciendo de las suyas, y Sebby ya no sabe que hacer su amo lo tiene en una encrucijada XD
Agradezco por !1000¡ sus review's para ser honesta no esperaba recibir tantos, se los agradezco de verdad sobre todo a Nana19, Sakurita-chan y Perrible quienes siguen esta historia desde sus inicios.
También agradezco de todo corazón a todas mis lindas lectoras que se unieron durante el transcurso.
Bien hasta aquí llegué porque debo ir a festejar mi día jaja si hay por aquí alguna mamá que lee fanfics aparte de mi, les deseo mucha felicidad y si no felicito a mis queridas lectoras por ser unas ¡mamacitas¡ jaja hablando en el buen sentido de la palabra claro está XD
Bye, bye!
