El miércoles la reunión mundial acabó al medio día; mientras los países más nerviosos y apurados se amontonaban en la gran puerta de entrada del recinto, otros pocos se mantenían dentro de la sala de reuniones charlando con otros países, haciendo tiempo para no tener que unirse a ese bullicio de naciones, como era el caso de Islandia y Liechtenstein, el último esperaba a su hermana mayor, quien arreglaba algunos asuntos con otros países.
Una vez, la mayoría de los países se retiró, Islandia se levantó y comenzó a arreglar unos papeles antes de que se retirara.
— ¡Hey Ice~! —Se escuchó la suave, alegre e inocente voz de la finesa que se aproximaba a la albina con el mismo ánimo que transmitía su voz—. Nor, Suu y yo iremos a tomar algo, ¿Quieres venir con nosotras? —La rubia se apresuró a aclarar antes de que la albina abriera su boca para contestar—: ¡No será alcohol, lo juro! —Concluyó con una leve risilla. El rostro de la finesa se iluminó por un rayo de sol que entró por uno de los ventanales e Islandia solo atinó a contemplar tan sorprendente suceso, ¿Por qué siempre parece un ángel? Se preguntó.
— No puedo hoy, Fin —Respondió en cuanto salió de su pequeño trance, que por suerte no duró mucho—. Ya tengo planes... —Murmuró.
— Oh... —La desilusión invadió su rostro, pero casi al instante recuperó su alegría— ¡Bueno, cuídate! —Se acercó a la isleña y besó su mejilla en un acto de despedida antes de darse vuelta y caminar a paso ligero—. ¡Espérame Nor! —Logró escuchar a lo lejos mientras se quedaba de pie observando en dirección a la puerta, por donde se fue la finesa.
Guardó los pocos papeles que tenía en uno de los bolsillos de su chaqueta marrón y caminó hasta la salida, pero una voz hizo que se detuviera por unos breves instantes. La enérgica voz de Dinamarca se escuchó en toda la sala, la llamaba por su nombre hasta llegar a su lado, donde le dedicó una sonrisa y un nervioso "Hola Ice".
— Dan. —Saludó igualmente Islandia mientras enderezaba su espalda, siguiendo con su camino, si daba unas cinco zancadas llegaría a la puerta, pero a ella no le agradaban los movimientos exagerados.
— ¿Podemos hablar?
— Ah, veras —Soltó un suspiro—, tengo planes ahora mismo. Podemos hablar más tarde o mañana...
Su voz perdió fuerzas a cada paso que daba, cada vez más apresurados, eso no le agradó mucho a la danesa, pero lo que pareció acabar con su paciencia fue cuando le preguntó qué planes tenía y la menor no le contestó, ya que sujetó su pequeña muñeca y tiró de ella, obligándola a detenerse.
La mayor tiró más de ella hasta tenerla a unos dos pasos de distancia, y la isleña solo logró quejarse por la brusca acción de la danesa.
— ¡Hey!, ¿Qué mierda te sucede? —Gruñó molesta la albina.
— Vamos a hablar —Sentenció sin despegar sus ojos celestes de los purpúreos de la menor, le observaba con seriedad y firmeza. La albina solo tragó saliva y se encogió un poco—. ¿Qué mierda te pasa a ti, Ice? —La pregunta descolocó por completo a la albina, ¿Qué hacia Dinamarca reprochándole?
— Yo pregunté primero.
— ¡Me importa una mierda! —Su grito hizo brincar a la menor hacia atrás, pero la rubia se apresuró a tirar de ella aun más cerca, acortando casi por completo la distancia—. Te la has pasado cortante e ignorándome. Exijo respuestas. Ahora.
