La Energía ni se crea ni se Destruye, solamente se transforma - Principio de la Conservación de la Energía

Mulder había pasado buena parte de su vida rodeado de fotos de cadáveres, escenas del crimen y testimonios aterradores de las mentes más enfermas del planeta y aun así, no podía evitar sentir pánico de aquellos papeles.

Los experimentos, las pruebas, las abducciones, los métodos… los resultados. Todo perfectamente documentado. Se estremecía solo con pensar en aquellas personas pasando metódicamente a máquina todos aquellos informes a pesar de la barbarie y la inhumanidad que se escondían tras sus palabras.

Las conclusiones de los experimentos no dejaban lugar a duda. Para detener la colonización se necesitaba algo más que un arma poderosa que pudiese destruir a los supersoldados, se necesitaba una medida tanto o más poderosa para evitar que se siguiesen reproduciendo. Dos búsquedas paralelas y complementarias con un único objetivo final y común

Preservar la especie humana

Durante años el Sindicato se había esforzado en esconder las pruebas, necesitaban el secretismo para concentrarse en su objetivo, habían evitado más preguntas mientras buscaban respuestas, respuestas que ellos nunca llegaron realmente a comprender y ahora se revelaban generando miles de nuevas preguntas.

Necesitaban a un híbrido, un humano más humano que humano que tenía que tener dos requisitos básicos, tener la mutación que le permitiese activar ese ADN residual y extraterrestre que todos poseemos y tener la mutación de ciertas proteínas especiales que eran capaces de generar una energía superior y necesaria para controlar a la suma perfección ese ADN inactivo.

Estuvieron cerca algunas veces y con Gibson Prise creían que lo habían conseguido pero se habían quedado casi a la mitad. Si hubiesen tenido más tiempo para perfeccionar el proyecto… pero el proyecto había sido cancelado. No habían tenido tiempo de explorar toda la lista de posibles candidatos y el Sindicato no sobrevivió a la osadía de su traición.

Mulder pensaba en ello mientras caminaba hacia aquella cafetería grasienta del super donuts, acariciando inconscientemente el papel que llevaba en el bolsillo, el resultado de los análisis, la prueba definitiva de que tenía la mutación de la que El Fumador había intentado adueñarse en una mesa de operaciones, era capaz de activar el ADN residual.

En el coche, descansaban los últimos informes que habían robado hacía unas horas. En ellos, los nombres de sujetos que contenían la otra mutación; las proteínas especiales, las superproteínas

Aunque ellos todavía no lo sabían, el nombre de Dana Scully figuraba en esa lista

Eran las cinco y media de la tarde cuando el teléfono resonó en todas las habitaciones del piso de Scully y sintió que el corazón aceleraba para descolgar el auricular antes que ella.

Llevaban demasiado tiempo sin ningún contacto, sin ninguna transmisión de datos. Demasiado tiempo sin una llamada de Mulder, a estas alturas ella ya no sabía que esperar ni qué pensar; la próxima llamada podría ser la que le dijese que estaba bien y a salvo o la que le dijese que le habían encontrado muerto. Definitivamente. Podría ser Mulder, o Frohike, o el forense de algún remoto pueblo al sur de Kuala Lumpur…

Descolgó el teléfono con precisión y respiro hondo antes de contestar

-Scully

-Hola, buenas tardes soy Ainsley Hayes y le llamo de la compañía del gas

O también podría ser Ainsley Hayes de la compañía del gas.

Soltó todo el aire de sus pulmones en un gesto exasperado y de alivio a la vez y hecho un vistazo fugaz hacia el intercomunicador para comprobar que William seguía durmiendo

-Solo le robaré unos minutos, es para hacerla una encuesta para la mejora de nuestros servicios ¿la pillo en mal momento?

¿Mal momento? Nah, el padre de mi hijo está desaparecido en algún lugar de quién sabe dónde con un desconocido asesino internacional intentando parar la exterminación de la vida humana mientras yo intento colaborar a desenmascarar a los replicnates infiltrados en el FBI a la vez que cuido de un bebé de 5 semanas ¿Mal momento? no creo que exista una palabra que defina lo malo que es este momento

Pero en lugar de decir todo aquello simplemente murmuró un "" y colgó el teléfono.

Cuarenta días, aquella noche se cumplirían exactamente cuarenta días desde que Mulder se fue y su vida volvió a dar un giro de 180 grados.

Su vida había dado tantos giros de tantos grados en los últimos años que si lo pensaba bien necesitaba biodramina para poder contemplarlo en condiciones

Y ahora volvía a estar sola. Se arrodilló pesadamente en el suelo al lado del teléfono y sin ningún motivo y con todos los motivos del mundo, Dana Scully comenzó a llorar tan desconsoladamente como sus pulmones le permitieron.

Quizá pasaron unos minutos o quizá fueron milenios enteros cuando unos golpes secos en la puerta la hicieron contener la respiración un instante. Se levantó rápidamente y cogió el intercomunicador secándose las lágrimas y peinándose el pelo todo lo que pudo, si llamaban a la puerta en lugar de tocar el timbre era porque se trataba de alguien que la conocía y nadie que la conociese debía verla en aquel estado.

Una cosa era que no tuviese control sobre su vida y otra muy diferente que los demás lo supiesen.

Una segunda ráfaga de golpecitos retumbaron a través de la puerta y una vez más Scully respiró hondo antes de actuar y abrir por fin la puerta del apartamento

- Hola Dana…

Y todo se quedó suspendido en el aire en un segundo interminable, exactamente el tiempo que tardó John Doggett, con el café ardiendo en las manos, en percatarse de los ojos rojos e hinchados de Scully; idéntico tiempo al que tardó ella en reconocer a sus espaldas a Skinner y los pistoleros solitarios. Mirándola.

Se dio la vuelta rápidamente dejándoles la puerta abierta para que pasasen y se refugió en el baño para lavarse la cara. Lo último que necesitaba ahora era que pensasen que se estaba derrumbando, suficientemente vigilada estaba ya con su eterno guardaespaldas taciturno Joshn Doggett

Se secó la cara frotando con la toalla un poco más fuerte de lo necesario para igualar el color rojizo de sus ojos a toda la piel esperando poder disimular un poco la hinchazón de los parpados y se miró al espejo intentando normalizar su respiración.

-¿Alguna noticia?- lo preguntó conforme atravesaba el salón con dirección a la cocina sin prestar mucha atención a la respuesta, sabía que si hubiese habido alguna noticia ya se lo habrían dicho, sin embargo, antes de llegar a su meta notó algo realmente inusual; todavía nadie la había contestado. Se giró bruscamente y volvió a preguntar esta vez un poco más fuerte - ¿Hay alguna noticia? ¿Melvin?

-No – fue más un murmullo que una palabra- nada

A veces le llamaba Melvin, aunque nunca en público, ni siquiera delante de los otros pistoleros, quedaba demasiado maternalista y poco profesional pero en aquellos momentos a Dana Scully la profesionalidad le importaba aproximadamente lo mismo que el abastecimiento de almejas siberianas en Nueva Zelanda. Quizá un poco menos

Necesitaba que en aquel mismo momento, en pleno salón inundado de testosterona que Frohike que desviaba la mirada, la mirase a los ojos y le dijese la verdad sabiendo que no hay nada más para poder seguir respirando, al menos, otras veinticuatro horas y si para eso tenía que llamarle "Melvin" desde luego que lo haría

El único problema era que Melvin la había contestado con un murmullo y sin mirarla a los ojos. Ninguno la miraba a los ojos

Algo iba definitivamente mal

-¿Qué está pasando?- con ese tono de voz calmado y firme que la caracterizaba. No pidiendo, exigiendo

Un suspiro de Walter Skinner, un carraspeo de Langly un cruce de brazos de Byers y Frohike y Doggett que la miraron por primera vez y a la vez a los ojos.

-He dicho que qué está pasando – la misma firmeza pero sin calma alguna y quizá más volumen del conveniente

Oyó a lo lejos un característico sonido metálico. Debía haberse dejado el interfono en el baño y al parecer William se había despertado.

En un movimiento resuelto se dio la vuelta y desapareció por el pasillo que conducía a las habitaciones dejando un leve murmullo a sus espaldas.

Por dios eran hombres hechos y derechos –la mayoría- y dos de ellos incluso con entrenamiento militar y federal, si no había noticias ¿qué era lo que no se atrevían a decirla?

Ni siquiera era plenamente consciente de sus movimientos y las paredes pasaban alrededor suyo como en un sueño tremendamente realista. Se abalanzó sobre la cuna y cogió a su hijo como había hecho tantas otras veces, con más instinto que cuidado y arrullándole suavemente volvió al salón.

-…hay un plan B, que hay que poner en marcha y…

-… es lo mejor, dadas las circunstancias…

-… ya han pasado más de veinte días…

-…no es más que una medida preventiva…

-…creo que voy a necesitar una botella de güisqui…

O habían iniciado una partida de "Tabú" sin ella o simplemente pretendían que se enterase de algo con los cinco diciendo incoherencias al mismo tiempo sin siquiera poder distinguir quién estaba diciendo qué.

Excepto lo del güisqui, estaba bastante segura de que había sido Frohike

-Shhhhhhhhhh. ¿De qué estáis hablando?

Las paredes se volvieron elásticas, flexibles y el suelo parecía haberse vuelto gelatina haciendo de mantenerse en pie toda una proeza. El aire se endureció, se volvió sólido, asfixiante e imposible de respirar. Sudores fríos comenzaron a recorrer la espalda de Scully desde el cuello y una leve sensación de mareo se adueñó momentáneamente de su mente.

Llevaba demasiado tiempo sin dormir sin nada demasiado concreto a lo que agarrarse y una vocecilla molesta en lo más oscuro de sus conocimientos médicos se empeñaba en repetirle una y otra vez las estadísticas sobre la depresión post-parto.

Cualquiera que no la conociese pensaría que estaba al borde de un ataque de pánico o de nervios o de agotamiento o de todo lo anterior junto

-¡Puede alguien por dios explicarme qué demonios está pasando!

Era fuerte, podía enfrentarse a los problemas, dejarse un trozo de alma en cada nuevo bache del camino pero se volvería a levantar, el problema es que había perdido la perspectiva, no podía seguir enfrentándose al problema porque no sabía cual era el problema exactamente, no podía seguir andando porque no era capaz de ver el camino.

-Llevamos semanas sin saber nada de Mulder y de Mónica, ni una llamada, ni una transmisión, nada. No podemos seguir esperando

-¿Qué significa eso?

Byers salió de detrás de las espaldas de Skinner como un niño que sale de un armario en el que ha estado escondido, titubeante y ligeramente cabizbajo con unos papeles en la mano

-Estos son vuestros nuevos números de la seguridad social, pasaportes, un carnet de conducir, tarjetas de crédito con un saldo lo suficientemente amplio y una dirección de internet a la que solo podrás acceder una vez y con la clave que tienes escrita al lado. Tenemos un par de amigos que… - Langly ladeó la cabeza mirando al techo y le dio un codazo – bueno, accederás a una base de datos temporal en la se te dará una dirección y unas instrucciones básicas, cómo llegar allí, antecedentes… Es todo totalmente seguro

-No

-Dana…

-¡No John! No me iré sin hablar con Mulder primero

Una vez más Skinner se adelantó hacia deliberadamente despacio, intentando aparentar un mar de calma, como intentando convencer a un perro rabioso de que no mordiera

-Scully, por lo que sabemos Krycek podría haberles tendido una trampa

-¡Pero no lo sabemos, no sabemos que ha pasado!

-¡No podemos arriesgarnos a intentar averiguarlo! - si no han podido pararlos no nos podemos permitir esperar a que den el siguiente paso, no sé qué es lo que quieren ni por qué pero si tienen interés en William hay que protegerle. Tienes que protegerle

-Cómo podréis localizarme. Cuando Mulder vuelva, como podrá localizarme

Sabía la respuesta antes de hacer la pregunta pero necesitaba hacerla de todos modos

-No podrá. Es una pérdida aceptable

-¿Una pérdida aceptable? ¿Aceptable para quién John? ¿Para ti?

Los ojos azules de Doggett se volvieron imposiblemente pequeños y glaciares. Echaba de menos a Mónica increíblemente, más de lo que hubiese cabido esperar pero a él no le estaban pidiendo que la abandonase sin mirar atrás.

No, no era en absoluto aceptable. No para Dana Scully que les dio la espalda a todos y se dejó caer pesadamente en el sofá. Estaba mal, todo estaba tan mal.

No era así como se suponía que debería ser pero era lo único que les quedaba por hacer. Al menos de momento.

A veces se miraba de reojo a aquella mujer que había sido su compañera durante meses y le costaba reconocerla. No podía ser que aquella mujer que le devolvía la mirada con los ojos arrasados por el sueño y las lágrimas fuese la misma mujer que había visto luchar con una fuerza sobre humana el último año, la misma que, según expedientes bien documentados había combatido y salido victoriosa en tantas batallas perdidas de ante mano; Duane Barry, el cáncer, el asesinato de su hermana, Emily… ¿Dónde estaba ahora esa mujer, toda esa fuerza desbordante que parecía haberse ido extinguiendo poco a poco en el último mes?

Observó en silencio como Dana entrelazó los dedos de sus manos y miró hacia la ventana probablemente intentando encontrar una respuesta en algún lugar, algo que le explicase por qué estaban dejando de luchar. Era algo que él mismo necesitaba, encontrar un motivo al margen de todos esas excusas racionales y estúpidas que le decían que estaban haciendo lo mejor.

La estaban pidiendo que hiciera las maletas y desapareciera. Que rompiera su promesa más sagrada y se fuera dejando atrás a Mulder

-Otra vez- murmuró Scully en un tono casi inaudible y John supo a qué se refería. Como se dio por vencida y le abandonó en un ataúd de madera

El sofá cambió y se amoldó a un nuevo peso sobre sus cojines y Scully notó una mano rugosa y familiar entre las suyas

-Si Mulder vuelve - la voz de Frohike parecía a punto de estallar en un mar de lágrimas- te encontrará, no sé como pero sé que lo hará.

Scully apretó la mano de Frohike entre las suyas y le miró a los ojos con una honestidad tan desgarradora que Melvin no pudo evitar que una lágrima furtiva se escapase rodando por su mejilla sin ningún permiso

-Volverá

"Y me encontrará". No lo dijo pero Doggett lo escuchó perfectamente. Esa era la fe de Dana Scully. Ahí estaba. En esas palabras. Esa era la energía que la mantenía en pie. Que Mulder la encontraría

Al fondo del local plagado de ventanas desde las que se podía contemplar la extraña imagen del amanecer sobre la interestatal había una mesa ligeramente apartada. No se podía decir que fuese un rincón un rincón pero sí que estaba en un rincón.

Algo es algo

Mulder empujó la puerta con un leve suspiro y casi se sintió decepcionado cuando no sonó ninguna campanita anunciando su entrada. A sus espaldas, Mónica sujetó la puerta y dudó unos instantes antes de seguirle.

Totalmente estúpido. Habían quedado con Krycek en aquel lugar y ni siquiera sabían si Krycek seguía siendo Krycek o solo una réplica alienígena, mortífera e invencible. Estúpido ni siquiera arañaba la superficie

Caminaron entre por el pasillo que formaban las mesas y el largo mostrador del local en dirección a esa última mesa del rincón siendo perfectamente conscientes de que si se equivocaban sería el último error que cometerían, escapar de un supersoldado era extremadamente difícil pero dar la vuelta corriendo por aquel estrecho corredor y pretender llegar a tiempo a la puerta para poder escapar era meramente una absolutamente irrealizable.

Con la ropa rasgada, gastada y sucia, su duro semblante habitual cubierto por una incipiente barba y numerosos cortes rasguños y un bigote de sangre seca procedente de la nariz y su mano derecha negra de pólvora y sangre seca debajo de las uñas Alex Krycek -o su replicante- contemplaba una caja de docena de donuts intentando decidir cuál era digno de ser sacrificado el primero a favor de su vacío estómago. Ni siquiera levantó la mirada cuando la figura de Mulder se materializó casi de repente al otro lado de la mesa

-¿No eres ya mayorcito para hacerte esa escabechina afeitándote?

-No tanto como tú para seguir siendo tan gilipollas, Mulder

Un par de metros por detrás, Mónica Reyes permanecía de pie esperando una señal, cualquier tipo de prueba que le asegurase que aquello que se sentaba en un localucho de carretera devorando Donuts era realmente Alex y no un vulgar y letal sucedáneo replicante pero todo lo que obtuvo fue una media sonrisa de Mulder antes de que ambos se levantasen y comenzasen a andar hacia ella sin olvidar la caja de Donuts; no sabía si era prueba suficiente pero por si acaso no demasiado rápido pero desde luego no lentamente se dirigió a la salida y desde allí al coche sin volver la vista atrás. Se sentó en el asiento del conductor apoyando la cabeza contra el volante e hizo un esfuerzo consciente por relajar todos los músculos de su cuerpo.

Estaba tan tensa que tenía la sensación que se partiría en dos si intentaba moverse. No era la duda de si ese era realmente Alex o no, ya ni siquiera era la carga de un Apocalipsis en cuenta atrás respirándole en la nuca era toda una sensación global de que no estaba haciendo nada bien. Quizá nunca debería haber venido en primer lugar aunque tampoco estaba segura que las cosas hubiesen sido completamente diferentes de haberse quedado en Washington. Estaba claro que Krycek y Mulder compartían cosas que ella ni siquiera se acercaba a intuir; sabían cosas, tomaban decisiones y hasta veían cosas que ella ni siquiera sospechaba que existían. Lo mismo pasaba con Mulder y Scully, no había tenido muchas ocasiones de verles juntos y menos en acción pero no necesitaba hacerlo, les precedía su reputación y un increíble ratio de casos dados por imposibles por otros agentes resueltos como aval, Skinner ni siquiera confiaba en ella realmente y John… John había conseguido bandearse con Scully y los Expedientes X bastante bien durante el pasado año ¿Dónde encajaba ella en esa ecuación? ¿por qué parecía ella la única que se movía en aquella guerra sin cuartel sin llegar a entender contra qué y cómo estaba luchando? Era como volver al instituto y convertirse de repente en la alumna más retrasada de la clase

Si caían del cielo unas orejas de burro y aterrizaban sobre su cabeza ni siquiera se sorprendería

Se incorporó y respiró hondo abriendo bien los ojos ¡¿Qué demonios había visto Mulder en ese Alex Krycek que le aseguraban que no era un supersoldado y que ella no era capaz de ver?!

Se abrió la puerta del copiloto dando paso a Mulder segundos antes de que una de las puertas traseras cerrase tras Krycek y la caja de Donuts medio vacía, ambos obviamente en medio de una conversación a la que ella, una vez más llegaba tarde

Se dijo a sí misma que por lo menos todavía servía de chofer

-…¿fue eso lo que les dijiste a lo supersoldados para que te dejasen salir?

-Les prometí que les metería algo gordo y duro por el culo- levantó la mirada desafiante dirigiéndola al espejo retrovisor – suerte que llevaba granadas para todos

Y fue en ese mismo momento instante, en el que cayó en la cuenta. Cuando los ojos de Alex la perforaron desde el espejo retrovisor y le vio comerse medio donuts de un solo bocado mientras hacía chistes sobre cosas duras y gordas.

Su brazo izquierdo.

Seguía sin tenerlo

Aunque los supersoldados hubiesen perfeccionado su sistema de "reproducción" y ya no necesitasen tres meses sino unas horas para convertir a un humano en un replicante, no hubiesen podido evitar que en la transformación su cuerpo se regenerase como el de Billy Miles en aquel hospital y el brazo de Krycek definitivamente no se había regenerado.

-¿Dónde vamos?

Se sentía un poco más lista y bastante más segura de sí misma, casi podría decir que se sentía a la altura de las circunstancias y de sus compañeros de viaje. Casi

Mulder apartó la vista de la carretera y se recostó en su asiento volviendo la cabeza hacia la ventanilla

-A Washington DC- casi parecía que se lo había susurrado al paisaje y esbozó una sonrisa tímida- No hay nada como el hogar Dorothy, no hay nada como el hogar

Durante meses, casi años, tras la muerte de Luke, John Doggett se despertaba siempre desubicado y preguntándose por qué Luke no había ido a despertarle dando saltos en la cama como de costumbre. Con los años, Luke siguió yendo a su cama a despertarle dando saltos aunque en aquellas ocasiones John sabía que no eran más que sueños, felices y reconfortantes pero solo sueños, en cambio, desde hacía un tiempo, meses quizá aunque no parecía tanto tiempo, había dejado de soñar con Luke por las noches y buscarle por las mañanas al despertar.

No sabía como había sucedido pero su hijo ya no era el centro de su universo y casi se sentía terriblemente culpable por ello

Caminó unos pasos más por la calle húmeda y tranquila de la tarde y empujó la puerta de aquel establecimiento de cafés europeos y zumos exóticos que hacía años que no frecuentaba. Avanzó entre las mesas observando los sutiles cambios que el tiempo y las reformas habían dejado en el paisaje y se sentó en una pequeña esa redonda que estaba casi vacía

-Hola Barbara

En otro tiempo la hubiese besado entre los aromas fuertes de los cafés antes de sentarse y quizá la habría acariciado su larga melena rubia a través de la mesa

-Hola John

Le sorprendió la calma y la textura de su voz como si no la hubiese escuchado antes y se dio cuenta de repente que probablemente así era. Al igual que el viejo café que exhibía granos de café de distintos olores y sutiles cambios de colores en el mostrados y un viejos molinillos metálicos en las estantería de las paredes su mujer también habría sufrido sutiles cambios.

Para empezar ya no era su mujer

-He pedido un par de cafés mientras esperaba a que llegases ¿solo con mucha azúcar?

Asintió ausente con la cabeza antes de contestar

-Como en los viejos tiempos

Como en los viejos tiempos pero ahora las oscuras lámparas de pared habían dado paso a unos pequeños y luminosos fluorescentes y sus ojos que una vez fueron extremadamente risueños y más tarde inmensamente tristes ahora eran simplemente dos fuentes de cansada tranquilidad.

-Me llamó Roselyn la semana pasada – no le sorprendía en absoluto, Roselyn siempre había parecido más hermana de Barbara que suya – quiere que vayas a verla

-Podía haberme llamado ella

Bárbara frunció ligeramente el ceño evidenciando arrugas que antes no estaban ahí.

-¿Habrías hablado con ella?

Probablemente no, ambos lo sabían. John nunca se había llevado bien con su hermana, por nada en especial, incompatibilidad de caracteres suponía y desde que se divorció podía contar con la mitad de los dedos de una mano las veces que la había visto.

-Claro, hubiese hablado con ella.

Ambos sabían que era mentira pero lo dejaron pasar aprovechando la interrupción del camarero con mandil a rayas rojas que traía los dos cafés en una bandeja.

Bárbara cogió la taza caliente de café con ambas manos y se la llevó a la boca

-Creo que deberíamos enterrar a Luke

Sus palabras sonaron extrañas y ajenas ante sus propios oídos. Por supuesto no hablaba literalmente, hacía años que tenía las cenizas de Luke en una caja en la balda superior de su armario y Bárbara lo sabía pero cuando ella apoyó la taza de nuevo en la mesa y cogió su mano entre las suyas curtidas por la jardinería supo que ambos tenían lo mismo en mente

Era hora de dejarle marchar

-Conozco un sitio precioso en la costa oeste

Doggett asintió y contuvo las ganas de llorar por su hijo una vez más.

Había una extraña expresión reflejada en la cara de su exmujer. Resignación tal vez, pena y alivio incluso. Contuvo la respiración unos momentos perdido en la profundidad de la mirada de la mujer que tenía delante y comprendió en algún lugar escondido y fundamental en su corazón que aquella mujer ya no era la misma mujer de la que se enamoró hacía tantas vidas y que probablemente el tampoco fuese el mismo.

Comprendió instintivamente algo que quizá siempre había sabido. El dolor extremo cambia a las personas, las transmuta en algo diferente y las personas en las que ellos se habían convertido nunca se enamoraron la una de la otra.

Dio un gran sorbo de ese café denso y amargo que había echado tanto de menos en el último mes. Pensó en Mónica Reyes y en Fox Mulder, desapareciendo en la noche hacía más de un mes. Pensó en Dana Scully, doblando la esquina de la calle 53 mientras se alejaba.

Y se preguntó cuándo dolor les quedaba a los dos por pasar y en qué personas les convertiría.

En frente del apartamento de Dana Scully había unos pequeños jardines pertenecientes a otro bloque inmobiliario en lo que apenas nadie solía reparar. Eran recargados e incómodos, plagados de árboles frondosos y rosales puntiagudos que limitaban su uso a un mero y ostentoso ornamento de la comunidad de apartamentos.

Como adheridos al material rocoso de uno de sus impolutos bancos, cuatro hombres se apiñaban sentados, embelesados mirando a algún punto espiritual perdido en el muro de ladrillo que había al otro lado de la calle. No hablaban ni se movían y apenas sí parecía que respiraban, incluso un niño pequeño que apenas levantaba dos palmos del suelo había llegado a probar suerte tirando a sus pies una moneda, esperando que fuesen algún extraño cuarteto de mimos.

Ni siquiera por esas se movieron

Melvin Frohike, Ringo Langly, John Byers y Walter Skinner seguían presas de un creciente pánico y un profundo pesar.

Aquella misma mañana se habían plantado en casa de Scully acompañados por Doggett y habían insistido una y mil veces en la necesidad de tomar medidas: habían comparado los pros y contras hasta la saciedad mientras la obligaban a hacer las maletas y habían repasado el procedimiento mil veces más mientras recogían lo imprescindible.

Lo habían conseguido

Hacía un par de horas Dasa SCully se había alejado con su hijo y el coche lleno de maletas sin despedirse ni mirar hacia atrás, pero todos estaban seguros que serían incapaces de olvidar mientras viviesen su semblante imposiblemente serio y la mirada más triste del mundo con la que les había obsequiado antes de meterse en el coche.

Lo habían conseguido pero no se sentía, ni mucho menos, como una victoria sino como todo lo contrario

Querían pensar que habían hecho lo correcto. Sabían que habían hecho lo correcto pero se sentían completamente perdidos.

Hacía veinte minutos que John Doggett se había levantado liberando algo de espacio en el banco y había murmurado que tenía algo que hacer ,y ahora todo parecía indicar que el siguiente en salir de aquella catatonia inducida sería Walter Skinner, pero más allá de ese hecho eran incapaces de saber qué sería lo siguiente. Había una colonización que parar y no tenían ni puñetera idea de cómo se suponía que debían hacerlo sin Mulder "y" sin Scully.

No podrían hacerlo, estaba claro

Morirían todos los seres humanos del planeta y sería por su culpa, porque a pesar de todo no tenían ni la más santa idea de qué era lo que harían a partir de entonces, qué camino seguir, que elecciones tomar. ¿Permaneces en ese bando hasta que los supersoldados llegasen para exterminarles?

Un coche negro apareció en la lejanía de la calle sorprendentemente desierta, avanzando despacio por el carril de la derecha hasta pararse casi delicadamente en frente del portal de Scully.

El mundo se sacudió y dio un par de vueltas y tres volteretas mortales desde los jardines de la calle 53 y por primera vez en horas, los cuatro hombres parecieron recuperar a la vez torpemente el control de sus músculos, como accionados por un resorte invisible.

Contra todo pronóstico anterior Frohike fue el primero en hablar cuando los ocupantes del vehículo salieron a la acera.

-Jo tíos, Mulder nos va a matar

Y Langly contestó con el pensamiento que llenaba la mente de todos

-Y Scully nos diseccionará en trocitos muy, muy, muy chiquititos

Al otro lado de la calle, Mulder, Krycek y Mónica entraban en el portal de enfrente visiblemente cansados arrastrando los pasos.

Quizá esperar sentados en aquel bando a que los supersoldados llegasen para exterminarlos no era tan mala idea después de todo.