Solamente diré que este capítulo se me fue de las manos y que Hadrien es un maldito desmadre XD Saludos a todas mis bellas lectoras OwO9

Capítulo 120

Los chicos y sus crisis existenciales

Siendo un viernes por la noche, lo menos que deseaba era ser abrumado por tontería y media; y eso se traducía en no querer nada que ver con cierto grupo de chicos. Lamentablemente la amenaza de que esos tres vendrían a visitarle le causaba tanto repelús que lo mejor era aceptar el trato que le ofrecieron.

Así que con semblante aburrido esperaba a que esa sesión de videollamada diera a lugar.

—¡Buenas noches, Daiki! —saludó animadamente el autor de la fastidiosa idea.

—¿Para qué demonios querías hacer esto, Hadrien? —Aomine simplemente tenía ambos codos descansando sobre la mesa con cara de sueño.

—¿Qué? ¿Hay algo de malo con que quiera hablar contigo, my friend? —dramatizaba el alemán. Incluso tenía abrazado un peluche para darle más feeling a su actuación.

—Contigo siempre hay que esperarse lo peor —el segundo en entrar a la conversación fue Leo.

—¿Y entonces, para qué nos has citado ahora? —terciaba el italiano.

—Vamos a hablar de cosas de hombres —agregaba el peli vino. El resto miraba desconcertado el asunto—. Ya se acerca San Valentín, ¿y saben lo que eso significa, no?

—Chocolates y cartas de amor —respondía el castaño.

—¿Un mundo rosa y lleno de parejas que se aman?

—En parte, pero hay algo más —decía felizmente Hadrien—. Sé que tú sabes a lo que me refiero, Daiki.

—De igual modo no tienes novia, así que ni al caso.

—Conseguirme una novia para el siguiente fin de semana no es problema para mí —sonrió triunfal—. Si hice esta reunión es por ti, Daiki.

—¿Ah? ¿Por mí? —el resto estaban igual de patidifusos.

—Así es. Como buen amigo que soy, estoy aquí para darte consejos... Después de todo, sigues sin probar uno de los placeres más sustanciales al que el ser humano es capaz de acceder.

—Debí suponer que iba a sacar este tema —suspiraba el danés.

—Se nota que ha estado...a dieta —mencionaba Marko.

—¡Cállate! ¡No me hagas recordar esas tristes cosas! —lloriqueaba.

—Suenas como si no lo hubieras hecho desde hace años...

—Desde diciembre —le aclaraba al castaño.

—Los tuyos reciben un nombre: Ninfómana —agregaba casual Leo.

—Han sido dos meses muy duros. ¡Si no fueran unos malditos vírgenes entenderían mi dolor!

—Al punto, idiota —chasqueó la lengua el moreno.

—Primero empecemos por las causas de que seas un perdedor —a Aomine le irritaba lo serio que el tío se ponía diciendo semejantes cosas—. ¿Por qué sigues siendo un mustio como estos dos? De ellos lo cacho, porque son de mentalidad anticuada, pero tú…

—¡Oye! —reclamaron a la par.

—Entonces, ¿por qué no lo has hecho hasta ahora? —-interrogó con suma curiosidad.

—Por diferentes razones... —habló con cierto recelo. No le agradaba la idea de ventilar su vida íntima pero Hadrien era hostigoso y obstinado como nadie—. Una de ellas por ejemplo es que la chica quería que fuera "especial y romántico", como lo pintan en las historias cursis que pasan por la tele.

—Pásales el número de estos dos idiotas y estará feliz —sonrió vilmente el alemán.

—Con otra estuvo a punto, pero su hermano llegó en el peor momento posible —agregó torciendo el ceño.

—Me ha pasado y es horrible. Comprendo tu dolor, viejo.

—Sí que has tenido experiencia, ¿eh? —señalaba Turletti burlonamente.

—Una simplemente terminó...algo así como que conmocionada y se desmayó —ahora esa experiencia le daba gracia, en ese entonces no tanto.

—Mmm... Eso jamás me sucedió.

—¿Por qué será...? — siseaba el buen peli blanco. Estaba insultándole claramente.

—¿Qué me estás insinuando Leo cabrón?

—Así que todos tus intentos fueron frustrados por una cosa u otra —Austerliz prefería ignorar a su querido amigo—. Supongo que por algo debió de haber sido.

—No me salgan con esas tonterías ustedes dos —regañó Zabeck—. Ahora por su mala suerte será un fiasco en su primera vez —agregó con cansancio.

Todos guardaron silencio y suspiraron a la vez. Ese hombre era demasiado hasta para ellos.

—¿Estás insinuando que él llegará a la siguiente base este 14 de febrero?

—La pregunta es estúpida, Marko... ¡Pues claro! Es el mejor día para ello —asentía una y otra vez, con esa frescura y descaro que él sólo poseía.

—¿Y si Axelle no quiere y usa su taizer?

—Leo, ¿no es más fácil que le digas a Daiki que no quieres que toque a Axelle?

—Lo que quiere decir es que debe considerar los sentimientos y deseos de Axelle. Si ella no quiere hacerlo con él, tiene que entenderlo.

—¿Ven? Por esa mentalidad de vírgenes siguen sin ser estrenados —era curioso que él fuera el que masajeara su frente y no los otros dos que le decían cosas coherentes y aceptables—. Vamos, dudo que Axelle le haga el feo a Daiki y más con todo lo que han pasado juntos. Sólo debe saber convencerla por si le da la duda.

—¿Cómo es que siguen llevándose con él siendo como es? —preguntaba Aomine a esos dos.

—Su hermana nos dijo que siguiéramos siendo sus amigos sin importar lo que hiciera —respondió Leo muy seriamente. De Hanah todo era posible.

—¿O es que tú no quieres hacerlo, Daiki? —el peli azul maldecía el descaro que ese hombre poseía. Podía preguntar lo que fuera sin inmutarse.

—Tsk...Nunca dije que no. Sólo que ella es...complicada... —ladeó su mirada sólo un poco, quería ahorrarse el ver la sonrisa de satisfacción del alemán.

—¿A quién estás metiendo a la conversación ahora? —curioseaba el italiano. Aunque las dudas quedaron resueltas de inmediato en cuanto apreciaron que se trataba de cierto pelirrojo.

—¿Para qué demonios me has hecho unirme a esto, eh?

—Kagami, como otro mugijato que eres, debes escuchar esta plática. Te hará más hombre.

—Lo que me faltaba —Aomine gruñó ante el nuevo invitado.

—¿Ah? ¿Pero qué rayos? ¡Yo no soy un mujigato! ¡No me comparen con ese perdedor!

—¿En qué sentido dices eso? Puede significar muchas cosas.

—No, eres tú el que le da muchas vueltas a las palabras, Hadrien —replicaba el castaño.

—No me digas que tú y... —las doradas pupilas del alemán se dilataron por la sorpresa—. Así que fue una dulce Navidad, Taiga... Haces que me sienta orgulloso de ti —le faltaba nada para soltar la lagrimita por la comisura de sus ojos. Estaba hinchado de orgullo.

—¡¿De verdad?! —exclamaba incrédulo, Turletti.

—Ah sí que era sobre "ese tema"... Parece que no únicamente dentro de la cancha soy mejor que tú, Ahomine —arrastró cada palabra con saña pura para que el moreno se cabreara más de lo que debía. Y que le sonriera tan cínicamente, no mejoraba las cosas.

—¡Jamás podrás ganarme en la cancha, idiota!

—Pero sólo allí... Taiga ahora ya es todo un hombre y no necesita esta charla motivacional.

—De igual modo ya tengo que irme —la mirada de esos cuatro chicos se enfocó en el trasfondo de Taiga. Se escuchó el ruido de una puerta siendo abierta así como una voz muy familiar.

—Espera...esa voz es de...

—No creo que esa sea la cuestión, Marko. Pasan de las diez...

—¡¿De verdad no tiene nada de descaro?! —Aomine lo veía y no lo creía.

—Demuéstrale que puedes llevar la Zona a otros ámbitos —ese último comentario hecho por Hadrien hizo que las orejas se le pusieran rojas a Kagami; sin mencionar que cerró la lap con violencia, cortándose la comunicación.

—No puedo creer que...Bakagami...

—Cuando lo pruebes estarás igual que él, Daiki —mencionaba alegremente el alemán.

—Cuando se entere Himuro... —Marko de pensarlo se moría de la risa.

—Sí, sería una pena que alguien le dijera dónde está su hermanita en estos momentos.

—¿A quién...le estás mandando un mensaje, Hadrien? —el danés sospechaba pero quería tener fe en su amigo.

—Si yo no me divierto, él no tiene derecho tampoco. De esto se trata la amistad, chicos.

—Idiota...¡Himuro está en estos momentos en mi departamento junto con Kai!

Todos podían contemplar al fondo a cierto chico descender a toda prisa, hablando muy rápidamente por celular y luciendo notoriamente cabreado. Lo siguiente que oyeron fue la puerta siendo azotada.

—Bueno, prosiguiendo con nuestra charla —tosió, llamando la atención de todos-. Hay alguien que sin duda nos dará un buen consejo.

—Daiki, Leo, Marko, Hadrien, muy buenas noches —los tres primeros se quedaron como piedras y el cuarto le saludó cordialmente.

—Sé que no hay nadie más que se preocupe por la Generación de los Milagros como tú, Akashi.

—Debo admitir que me has tomado por sorpresa con esta propuesta.

—Imagino que eres un hombre muy ocupado.

—En realidad acabé todas mis tareas hace un par de horas. Sólo estaba un poco ocupado hablando con Lia.

—La buena Lia. Imagino que su relación va viento en popa.

—No podía ser de otra manera, Hadrien —soltó con naturalidad—. No hay ningún aspecto que hayamos descuidado.

—Una pareja plena y feliz en todos los aspectos existentes —los otros tres no sabían si pensar bien de sus palabras o continuar con la paranoia de que ese hombre poseía experiencia en otros ámbitos y se los hacía saber se manera sutil.

—Justamente —sonrió lleno de confianza—. Daiki, exclusivamente puedo aconsejarte que tengas paciencia. Axelle puede ser muy caprichuda y si la presionas demasiado sacarás su peor lado. Sé sutil pero lo suficiente claro para que entienda lo que quieres sin sentirse presionada u obligada —recomendó sabiamente.

—Eso quiere decir que tú... —Aomine estaba sintiéndose el excluido de sus ex compañeros. Todos parecían haber hecho lo que a él se le acreditaba desde años por ser un pervertido; pero el león no es como lo pintan.

—No quiero escuchar esto —Marko literalmente se taponeó los oídos. El trauma aún estaba en él.

—En esta vida se tienen numerosas y gratificantes experiencias que el ser humano debe sobrellevar. Te invito a que amplíes tus horizontes, Daiki.

—¡¿No es más fácil que me digas que sí?!

—Bueno, habiendo ofertado mi consejo, me marcho —Seijuurou se despidió tranquilamente. El resto estaban trastocados.

—Esa Lia es toda una traviesa... Supongo que no pudo resistirse a Akashi y su Ojo del Emperador.

—Creo que no se pudo resistir a otra cosa... —hablaba el peli azul sin pelos en la boca.

—Akashi tuvo suerte de que le tocara experimentada —mencionaba con envidia pura Hadrien.

—¡Deja de decir esas cosas de MI HERMANA! —Turletti al fin había explotado.

—Me sorprende que Taiga no haya sido una víctima—-Leo acariciaba su mentón, pensativo.

—¡Ahora pasemos a nuestro siguiente invitado de la noche!

—¡¿Aún hay más?! Danos un respiro, Hadrien —Marko se arrepentía de haber entrado a ese chat.

—Ha-chin~ —esa vocecilla fue reconocida de inmediato por todos. Murasakibara había aparecido—. Mine-chin, Turle-chin, Au-chin, hola~

—A este paso faltan Kise y Midorima —el italiano trató de respirar y quitarse las ganas de ir a Hokkaido a golpear a alguien.

—¿Algún consejo para nuestro novato?

—Ummm...Cómprale un ramo de fresas con chocolate. Eso siempre pone feliz a mi madre.

—Colmar a una chica con presentes es bueno. Y considerando que a Axelle se le llega por el estómago es una idea brillante.

—¿Mine-chin, estás nervioso por no saber qué darle a Dai-chin?

—Él sabe lo que quiere darle, pero no sabe cómo hacerlo —Hadrien y sus oraciones con doble sentido.

—Siempre puedes comprarle cosas que ella quiera para que así tenga lo que le gusta... También puedes darle chocolates, todos los aman... Mi madre dice que una mujer siempre será feliz si el hombre a quien ama le expresa sus verdaderos sentimientos. Ser honesto es el mejor regalo de todos —versó tranquilamente. Incluso estaba comiendo una barra de chocolate.

—¿Ves? Es lo que de dije Daiki. Tú sólo llega y dile lo que quieres hacerle.

—No creo que Murasakibara se refiera a lo mismo que tú... —Turlettii temía de que el peli morado terminara siendo corrompido por su querido amigo.

—Muchas gracias por tu tiempo, Atsushi. Con esto Daiki no meterá la pata.

—No olvides decirle que se ve bien y abrirle la puerta a donde quiera que entren —el gigantón se despidió con tan lindos y sabios consejos.

—Monstruo, aléjate de él. No lo contamines con tu perversión.

—Marko, Marko... ¡Uno de mis propósitos de Año Nuevo fue enfocarme en llevar a Atsushi por el buen camino para convertirse en un hombre de verdad! Conseguiré a alguien que le quite toda su inocencia —proclamó con su llama interna encendida y ese espíritu de lucha incomparable.

—¡¿Qué clase de propósito es ese?! —vociferaba el moreno.

—Tengo tres años para lograrlo, así que déjenlo en mis manos, chicos.

—¡No digas cosas como esas viéndote tan serio! —le llamaba la atención el italiano.

—Como sea, ¿ya hemos terminado? —el moreno quería simplemente largarse.

—No, todavía nos quedan invitados célebres esta noche —por alguna razón parecía ser el anunciador de un popular show nocturno.

—Me voy a arrepentir…¿pero de quién se trata en esta ocasión? —interrogaba Turletti, cruzándose de brazos.

—¿Moto-kun? —los celestes ojos de Leo se abrieron ante la sorpresa. Su amigo había arrastrado al joven a esas conversaciones que no le competían por su edad. Y Hadrien solamente sonreía.

—Daiki, Marko, Leo. Buenas noches —saludaba animosamente el castaño—. Debemos darnos prisa antes de que mi hermana nos vea o nos asesinará.

—Entonces apresurémonos… ¿Qué consejos le das a nuestro novato que es incapaz de hablar sobre intimidad con su pareja?

—¡Maldito bastardo! —aulló el moreno. Es que quería tenerlo allí en frente para golpearlo como se lo merecía.

—Comunicación. Las parejas deben tenerla en todo momento, para que así expongan desde sus temores, gustos, cosas que no le parecen y claro, hablar de temas un poco más serios —versaba el buen Motoharu—. Mira a mi hermana y Ryouta, gracias a la mala comunicación, malos entendidos y que él sea como un playboy incapaz de desairar a sus fans, termina la mayor parte del tiempo golpeado y sin esperanza alguna de que su relación pase más allá de un beso y apretón de manos.

—Tiene razón en lo que dice —felicitaba Marko.

—La comunicación es lo más importante en una relación y más cuando estos temas llegan.

—Qué triste caso el de Kise… Otro que estará a dieta por tiempo indefinido, teniendo todo un banquete por delante —suspiró con empatía. Quedaba más que claro lo que había sido importante del sermón del pequeño castaño.

—Además, con Axelle se puede hablar de cualquier tema. No creo que haya problema alguno —se cruzó de brazos, sonriente.

—Gracias por tu tiempo, Moto. Tú también elabora tus planes para este 14 de febrero. Nunca sabe lo que puede pasar —le guiñó el ojo en total complicidad con el chico y este sencillamente le hizo la señal de haber cachado su indirecta antes de desconectarse.

—Pienso prohibirte que tengas cualquier tipo de contacto con Moto-kun y su familia —sentenciaba seca y fríamente el danés.

—…Decir cosas como esas teniendo al hermano prácticamente en frente, es muy osado o muy estúpido…—susurraba Marko.

—Sabes que este día tarde o temprano va a llegar, Leo —le decía fijamente a su cabreado amigo—. Y dejando esto a un lado, continuemos que todavía quedan sabios consejos nocturnos.

—¡Túuu! —Aomine se levantó de su asiento en cuanto contempló la burlona sonrisa de ese gemelo. Ese mismo que había estado coqueteando con su novia y la de todos los demás.

—Él es tan sabio como yo, Daiki. Seguramente sus palabras te serán de gran ayuda—el moreno simplemente retomó su sitio y trató de no volver a sulfurarse.

—Pobre de Axelle, tener que soportar los errores de un inexperimentado como tú —suspiró con cansancio y le miró con clara lástima—. Pobrecilla. Necesita a alguien que sepa de esas cosas.

—¿Qué nos sugieres para este caso, Ryuusei?

—Ya es mayor de edad, así que podemos llevarlo a un buen club nocturno. Ya sabes, para que se dé una idea de lo que va a suceder y lo que debe o no hacer —mencionaba con cierta burla y seriedad. Los otros sabían que él era igual a Hadrien en todos los aspectos.

—Su iniciación…—lentamente una sonrisa socarrona se fue delineando en sus labios. No únicamente había meditado la idea, sino que le había gustado—. Conozco un par de buenos sitios en Tokio a los que podríamos llevarle.

—¡No vas a llevarlo a ningún lado! —vociferaba el italiano.

—Axelle los asesinará si se entera de que obligaron a Daiki a ir a un sitio como ese. Y su muerte no será linda ni rápida —les notificaba el danés. Esos dos parecían estárselo pensando.

—¡Están locos si piensan que voy a acompañarlos a algún sitio!

—…Aburridos…—espetaron ese par en sintonía.

—Eres un caso perdido, Aomine —Ryuusei parecía haberse rendido a la falta de cooperación del peli azul.

—Por eso necesitaba ayuda externa. Pero veo que incluso así será complicado.

—¡No, tú sólo quieres fastidiarlo y exponerlo ante todos!

—Marko, estás en el mismo barco que ese virgen, así que cállate o te llevo a ti al club nocturno.

—¡No creas que se me ha olvidado lo de la subasta! —replicaba el castaño, claramente muy enfadado.

—Jajajaja…¡La subasta! Ya no recordaba eso, Marko. Qué buenos tiempo los de la preparatoria.

—¿Qué fue lo que hizo? —curioseaba el gemelo.

—Estábamos en el liceo, en un festival estudiantil. El evento de nuestra clase fue subastar a las chicas y chicos más populares de la escuela para recaudar fondos. Claramente yo fui el maestro de ceremonias y me encargué de todo —sonrió feliz y lleno de regocijo de conmemorar esa buena etapa de su vida—. Y claro, Marko era de los más populares, así que le pedí su ayuda.

—Pues no suena nada grave —comentaba Aomine para el italiano.

—¡Es que eso no fue todo!

—Y como las ventas estaban algo flojas, propuse una nueva opción a las compradoras. Obviamente todas quedaron complacidas y las pujas fueron más numerosas y más altas.

—¡No sonrías mientras cuentas tu fechoría, maldito Hadrien!

—¿Quién pensaría que la inocencia de las personas podrían alcanzar semejantes precios? —soltó angelicalmente, como si lo que hubiera hecho no fuera moralmente mal visto. Y claro, una cabronada—. La de Marko se llevó el mejor precio de todos y la chica estaba muy emocionada por cobrar su premio.

—Yo…lo hubiera asesinado…—mascullaba Daiki. No le sorprendía que Hadrien hubiera hecho semejante perversidad, sino que aun siguiera con vida siendo como es.

—¡El idiota nunca me dijo nada de la verdadera puja! Así que cuando fui a encontrarme con la chica…lo siguiente que supe es que fuera a alcanzarla a casa de sus padres, porque no iban a estar en casa y que le diera una hora para prepararse…

—¿Sabes la cara de vergüenza que puse cuando regresó la chica exigiéndome que le devolviera el dinero a causa de que no le habías cumplido? —bufó—. Me hiciste quedar mal, Marko. Eres un mal amigo.

—¡¿Mal amigo?!¡Me vendiste sin remordimiento alguno!

—Así que esto estabas haciendo, idiota —ahora la escena era más divertida. Haruma había aparecido y estaba dándole a su querido hermano un poco de su amor. Lo estaba asfixiando con su brazo alrededor del cuello.

—Asesínalo y te ayudaremos a ocultar el cuerpo —profesaba Marko.

—Esta conversación nunca pasó —secundaba el moreno.

—Cualquier consejo que este imbécil les dé, no funcionará —sentenciaba el menor mientras jalaba a su despreocupado doble por el piso, sin condolencia. Terminando así la plática con él.

—Te hace falta un hermano así, Hadrien —decía vilmente el danés.

—Creo que nos queda alguien más antes de terminar, Daiki —el moreno suspiró. Ya era hora de que esa locura cesara al fin.

—¿De quién podría tratarse? —cuestionaba Leo.

—¿Qué significa todo esto, Takao? —ese rostro se mostró ante todos, dejándoles patidifusos.

—¡¿Midorima?! —si Daiki se enteraba que incluso alguien como él estaba en la misma liga que el resto, su orgullo de hombre se iría contra el piso.

—Midorima. Buenas noches. Le he pedido a Takao que te uniera a nuestra charla, espero no te moleste.

—Claro que me molesta, Zabeck. ¿Crees que tenemos tanto tiempo libre como todos ustedes? ¿Y qué significa todo esto, Aomine, Turletti, Austerliz?

—Estamos aquí contra nuestra propia voluntad —mencionaron los aludidos.

—¿Entonces? Hagamos esto rápido que tengo cosas que atender.

—Si me dices que esas cosas se relacionan con Amaya-chan te dejo ir sin más —mencionaba cantarinamente Hadrien.

—Es demasiado tarde para visitarla —contratacaba el peli verde.

—Midorima, solamente por mero trámite… ¿Disfrutaste tu Navidad?

—Por supuesto que sí —le respondió de inmediato al alemán. Aunque muy seguramente cada quien hablaba de un tema en específico.

—Siendo claros…¿pasaste a siguiente base?¿Anotaste un home round?¿Te interesa algo más que el basquetbol?¿Disfrutaste ese período que va de las 9 pm a las 3:00 am que los japoneses aman en esas fechas navideñas? —el bombardeo de preguntas no se hizo esperar y Shintarou no sabía ni por dónde empezar; estaba claro que sabía de lo que él hablaba.

—¡¿Oye, cómo demonios sabes algo como eso si no llevas ni un año en Japón?! —Daiki flipaba. Hadrien sabía datos innecesariamente sexosos sobre el mundo nipón.

—¿Qué…es ese período? —se animaba a cuestionar el italiano con recelo.

—Cuando tengan novia y estemos en Navidad, se los contaré —sonrió resplandeciente, como mil soles.

—¡Claro que NO, idiota! ¡No todos somos como tú! —le gritoneó al alemán, notoriamente apenado y rojo como un tomate.

—Otro ñoño que no pasa de tomar la mano de su novia —mencionó totalmente decepcionado—. Supongo que eres de los clásicos conservadores que hasta el matrimonio…Puff… ¿Sabes que las mujeres y hombres que tienen esa mentalidad son desdichados en su intimidad y se arrepienten de no haber tenido una vida plena?

—¡¿Eres consejero de parejas o qué?! —exclamaba Aomine.

—¡Y TÚ has tenido una vida demasiado plena! —criticaba Marko.

—Ignorando a ese idiota. ¿Cuál es la razón de todo esto?

—Daiki, otro perdedor como tú que no ha probado las mieles del paraíso terrenal —casi sonaba a vendedor de productor por TV, mostrándole el producto en cuestión.

—No existe nada de malo en llevar las cosas con calma e irse conociendo poco a poco. De esa manera cuando estén preparados las cosas fluirán de manera natural sin apresurarse ni obligar a la otra parte a hacer algo que no desee. La comunicación y comprensión son muy impor….—y podría haber seguido dando su sabio y magistral consejo, pero Hadrien lo sacó de la llamada a posta.

—Vele el lado positivo, estás mejor parado que Midorima y a este paso Atsushi será un hombre hecho y derecho antes que tú.

—Eres un pequeño bastardo, ¿lo sabías? —le hacía saber que querido amigo el italiano.

—Bien, con esto hemos terminado, espero que todos los consejos de tus queridos amigos te hayan servido y puedas encaminar tu vida, Daiki —mencionaba con orgullo Hadrien.

—¡Claro que no, idiota! —le objetaba.

—Buenas noches a todos, Aomine-kun, Marko-kun, Leo-kun, Hadrien-kun —esa voz hizo que todos se callaran y casi brincaran de sus asientos. ¿Cómo era posible que ese chico estuviera allí y fuera el quinto miembro de la videollamada?

—¡¿Tetsu, qué demonios…?!

—¿Él era el último…? —Marko pedía respuestas al único que sabía.

—Lo invité, pero me dijo que estaría ocupado con Satsuki-chan —canturreaba Hadrien.

—En realidad me desocupé antes de lo esperado y me uní a la plática —comentó casual, bebiendo su amado batido de vainilla.

—¿Desde cuándo estás allí, Kuroko-kun? —interrogaba Leo para cerciorarse.

—Desde que la conversación dio inicio, pero creo que no me notaron —relató sin darle mucha importancia. El resto estaba conmocionado y sin creérselo; no lo notaron y juraban que jamás estuvo su ventanita de vídeo junto con las demás.

—Ah, vaya cosas…—soltó con nerviosismo el castaño.

—Pero ya que estás aquí, dale un buen consejo a tu amigo y rival de la secundaria —pedía Hadrien.

—…Aomine-kun, si fueras un poco más decidido no tendríamos que escuchar los penosos consejos de los demás, ni tampoco todos se enterarían que sigues en tan precaria situación —suspiró lánguidamente, enfocando su vacía mirada en Daiki—. Recuerda que Axelle-kun odia a los indecisos y poco hombres, y ambas cualidades ya las tienes en este preciso momento.

—¡No acepto que alguien como tú me diga algo como eso!¡Tú ni siquiera has hecho nada con Satsuki!

—…Fue una muy excelente Navidad, llena de regalos y gratificantes experiencias. No hay nada como probar cosas nuevas que se disfruten en pareja —sonrió tiernamente. Prácticamente emanaba un aura brillante y angelical alrededor.

—¡E-Espera…!¡E-Eso se puede malinterpretar de muchas maneras, Tetsu!

—¿Las seis horas de Navidad, no? —hablaba el buen Hadrien.

—No sabía que los extranjeros estuvieran al tanto de esas seis horas, Hadrien-kun. Me has tomado por sorpresa —agregó con cierta complacencia.

—Desde que llegué a Japón es lo que más he querido experimentar, pero tuve que ir a casa a pasar las fiestas allá. Quizás el siguiente año cuando ya tenga a alguien por aquí.

—Acabo de buscar qué es eso…—y al parecer Leo también vivió esa misma curiosidad. No sorprendía que estuvieran en shock tanto por el significado escondido tras esa cifra como por la manera en que se aplicaba a Kuroko.

—¡¿Seis horas?! —Daiki miraba con estupor a su fresco amigo. ¿De verdad había hecho eso con su amiga de la infancia? Ahora comprendía mejor por qué la peli rosa ya no le molestaba como siempre ni nada.

—Kuroko, te subestimé durante tanto tiempo, así que te pido disculpas… No cabe duda de que eres un cazador como yo y el resto de la Generación de los Milagros —soltó campante.

—Ha sido un placer poder ayudarte, Aomine-kun —y con esa frase en el aire esos tres continuaron sumidos en su inconmensurable estupor, uno que no iba a desaparecer al menos en un par de días. De lo que uno se enteraba cuando se hacen pláticas motivacionales; por lo que estaba claro que ninguno de esos chicos quería repetir esa experiencia nunca más.