Narrado por Jacob.


-De acuerdo, Seth tenía razón-, masculló Leah mirando distraída por la ventana,

-lo reconozco, la chica es preciosa, para ser vampiro- añadió.

Seth le había estado hablando de Nessie y Leah juraba y perjuraba que su hermano siempre exageraba cuando se trataba de alabar algo que viniera de los Cullen.

Le lancé una mirada a la loba para que no se pasara de la raya.

-Jake reconoce que mi hermano no suele ser muy objetivo cuando se trata de los Cullen- comentó, bueno ahí tenía que darle la razón, Seth adoraba a esa familia desde siempre.

-A mí se me parece mucho a Edward, aunque tiene los mismos ojos de Bella cuando era humana- replicó Seth,

-sí bueno es bonita, pero joder es un vampiro, a mi me siguen dando repelús- añadió Embry que andaba feliz hurgando en mi nevera buscando algo que llevarse al gaznate, le eché una mirada asesina a Embry,

-Jake yo no tengo la culpa de tus traumas mentales, joder tío qué demonios tienes que tener ahí dentro para imprimarte de un vampiro-, exclamó con los ojos puestos en mí,

Fantástico lo que me faltaba por oír,

-queréis cortarla ya con el temita...por cierto Seth podrías llevar el coche de Bella a su casa, antes Nessie lo dejó aquí- le pregunté,

-está hecho…-, respondió, -de todas formas a mi no me parece nada extraño que hayas imprimado a Renesmee- objetó Seth,

genial ahora me estaba defendiendo…

-Seth...-,

-joder si Charlie la viera, alucinaría-.

¡Charlie!, lo había olvidado por completo. El padre de Bella nada más enterarse de mi vuelta a casa, me había pedido que me pusiera en contacto con su hija, que la localizara donde quiera que estuviera. Quería verla. Pobre Jefe Swan, la extrañaba horrores. Pero acaso podría Bella visitar a su padre. Ahora era un vampiro.

El notaría la diferencia. Y cómo explicarían la presencia de Nessie.

Seth tenía razón era un calco de su padre. Jamás se tragaría que es una hija adoptada de Carlisle, y menos cuando viera sus ojos.

Y si al menos aparentara seis años, podrían explicarle la verdad, pero cómo diantre harían para justificar el crecimiento de Renesmee. ¿Chutes intensivos de vitamina C?, y qué podía yo contarle a Charlie, había confiado en mí, para intentar ver a su hija. Y ahora qué demonios se suponía que tenía que hacer.

Quizás debería llamar a los Cullen y contarles, y que luego Bella decidiera qué hacer con su padre, sería mejor esperar a mañana, ahora tampoco podían hacer mucho.

Embry y Seth se fueron a sus casas después de la cena, Leah se había quedado repantigada en el sofá viendo la TV.

–No tienes sueño…- le comenté, ella empezó a reírse,

-como si tus indirectas funcionaran conmigo, además aguántate, nos dejaste aquí tirados durante seis años, pensamos incluso que estabas muerto tirado por ahí en alguna cuneta, así que ahora me tendrás hasta en la sopa-,

-vaya y eso de fuera resentimientos-, arqueó las cejas y cambió de canal, la empuje a un lado y me senté en el sofá. Si no puedes con el enemigo, únete.

-Creí que ya no estabas resentida conmigo- le dije,

-y no lo estoy, es el placer de fastidiarte lo que me tiene sentada aquí- soltó un risita divertida,

-nada disfruta, estás en tu casa- murmuré,

-muy amable- replicó.

Estábamos viendo una de esas comedias románticas para llorar, aunque ésta era especialmente mala, ni siquiera llegaron a conmoverme.

-Ojala pudiera imprimarme de quien fuera, me daría igual, y estar como tú o Paúl, o Jared- dijo mi amiga, coloqué mi brazo sobre su hombro y le di un apretón, ella apoyó su cabeza en mi hombro.

Sentí lástima por Leah, condenada a ver a Sam durante toda su vida, mientras él era la viva imagen de la absoluta felicidad con Emily. Por qué Leah no tenía también su final feliz. Lo merecía, a pesar de todo lo amargada que pudiera haber vivido, de lo mal que a veces nos lo había hecho pasar. Desde que estaba conmigo, había mejorado su carácter, se la veía más alegre, de hecho lo estaba.

-Agg no quiero amargarte con mis estupideces-,

-no me amargas en serio, Leah no necesitas imprimar a nadie para ser feliz, eso lo aprendí en la selva, eres tú la que tienes que cambiar Leah, todo está dentro de ti, tú decides si quieres vivir amargada o feliz, y no pongas los problemas de tu vida como una excusa, es lo que siempre hice yo. Puedes ser feliz por ti misma, olvida odios y rencores, y sigue con tu vida-,

-y lo ves tan fácil- resopló amargamente,

-es tan fácil, pero tienes que darte cuenta por ti misma, sólo tú puedes hacerlo-.

-Eres feliz verdad, con ella, la chica híbrido- me preguntó,

-Leah no te pases, mi paciencia tiene un límite-,

-hey Mr. Susceptible, no lo digo por ofender, es medio humana ¿no?-, asentí,

-pues eso, un híbrido, como los coches ecológicos-, soltó una gran carcajada.

Esta mujer era imbécil de nacimiento,

-Leah...-,

-vale, vale, pero esa niña ha conseguido romper el tratado más sagrado que había en nuestro pueblo, has dejado a los ancianos sin una razón para vivir- farfulló, ahora fui yo el que se carcajeó.

-Y ahora qué haremos, qué historias contarán a nuestros hijos en los fuegos, bueno a los tuyos desde luego esa historia no, por cierto se puede saber qué demonios vas a concebir tú con la chica vampiro-, me preguntó arqueando las cejas, esta mujer se había vuelto loca,

-Leah quieres dejar de soltar estupideces e irte a dormir, me estoy cayendo de sueño- dije levantándome del sofá,

-vale vale, ya me voy, quizás tengáis vampiros que se transformen en lobos, no mejor aún, lobos que entren en fase de vampiros-,

empujé a Leah hacía la puerta,

-o tal vez un lobo albino-, en ese preciso momento le cerré la puerta en las narices,

-buenas noches Leah- añadí mientras la puerta se cerraba.

Fin de la discusión.

Miré de reojo la ventana, Leah se alejaba hacia su casa, ¿qué iba a hacer con esa loba medio tarada?

Hijos con Renesmee…a Leah se le habían aflojado unos cuantos tornillos ahí dentro.

Un calor me inundó de pronto el cuerpo entero, hacer el amor con ella. Besar largamente sus labios, acariciar cada pulgada de su cuerpo desnudo, aprenderme de memoria todas las curvas de su perfecta anatomía, era insano como la necesitaba…jamás pensé que se pudiera desear de ese modo a nadie. Respiré hondo, decidí desterrar esos pensamientos de mi cabeza. Salí al porche, ya era noche cerrada, exhalé profundamente, una brisa helada me golpeó en la cara, no sentí frió, pero al menos logré calmarme.

Te quiero. Eso había dicho ella.

Me quería, aún me parecía imposible, en qué momento ocurrió.

Me quiere.

Me quiere a mí. ¿Por qué?

Había dicho que ya no estaba con su chico, rompió con él por mí, porque me quería a mí.

Me parecía casi de ciencia ficción.

Estaba hecho a la idea de ser algo así como el eterno amigo que siempre la visita, y era feliz con esa idea, como en las sitcoms de la Fox, el clásico vecino pesado, que viene a contar sus tonterías y al que todos tienen afecto.

En qué momento había dejado de ser Clark Kent para convertir en Superman.

Me senté en las escaleras, puse mi mano justo donde ella había estado sentada, con la banal ilusión de sentir la esencia de su cuerpo aún caliente en la madera. Yo también te amo chiquita y te amaré hasta el último de mis días.


Al día siguiente me levanté como un rayo y fui directo a la mansión Cullen, quería llevarla hoy al instituto, me di una ducha rápida, desayuné unos muffins que había preparado Rachel el día anterior, y me vestí medianamente decente por una vez para variar. Siempre que la veía o andaba medio desnudo o directamente no era ni hombre. Me probé varias camisetas pero todas tenían agujeros o estaban pringadas con aceite de motor, al fin encontré en el fondo de mi armario una camiseta negra, limpia y no muy arrugada.

Me planté mi mejor vaquero. Me situé frente al espejo. Tampoco es que se pudiera hacer demasiado con mi aspecto, pero al menos no se avergonzaría cuando la dejara en la puerta del Instituto. Fui directo al garaje, arranqué la moto y enfilé hacía su casa.

El coche de Douglas estaba estacionado justo en frente del porche de la mansión. Aparqué la moto y me dirigí a la puerta de entrada, Douglas me miró de reojo desde su coche… si las miradas mataran.

Lo siento chaval, me quiere a mí.

Renesmee apareció radiante frente a mí antes de que yo pudiera si quiera tocar el timbre.

-Hola- me dijo, su sonrisa era el paraíso.

-Buenos días- le respondí, le devolví la sonrisa,

-me disculpas un momento, tengo que hablar con Douglas-,

-por supuesto adelante señorita-, le deje pasar y me quede observando la escena. Edward apareció también en el porche, prácticamente se volatilizó delante de mí,

-hey avisa cuando vayas a hacer esas cosas- le comenté, ni siquiera me miraba,

-algún problema- le pregunté,

-no lo sé aún- me respondió, lo observé y luego miré hacia el coche del ex novio de Nessie,

-pasa algo con el chico ese- , el vampiro no me contestó.

En ese momento Douglas salía del coche gritando, ¡!le gritaba a Renesmee!! Nessie intentaba explicarle con calma las cosas, pero ese imbécil no atendía a razones y seguía chillándole como un loco.

¡Cómo demonios se atrevía a gritarle ese estúpido niñato!

Las manos empezaron a temblarme, me temblaba todo el cuerpo, podía sentir el fuego recorriendo mi espina dorsal, quería dejarlo fluir libre por mi cuerpo.

Edward se colocó delante de mí, impidiéndome el paso, me agarró por los hombros, sus manos heladas y férreas sobre mi piel, me quemaban.

-Jacob, Jake mírame, no vas a hacerlo, podrías destrozar a ese crío, ella puede manejar el asunto, Jacob mírame-, oía la voz del vampiro pero no prestaba atención a sus palabras, los temblores se hacían más y más intensos, apenas podía controlar la ira que sentía. Quise darle un empujón al vampiro para que me dejara pasar,

En ese momento Nessie volvió la vista hacia mí, sus ojos me suplicaban,

-no-, lo dijo casi en susurros.

Mis temblores cesaron, me calmé al instante, toda la rabia se consumía en mi cuerpo como el hielo derretido en la roca por el sol.

Edward soltó mis brazos, se hizo a un lado y miró a su hija. Douglas observaba la escena sin saber exactamente qué postura adoptar al respecto.

-Douglas por favor, no quiero que sigamos discutiendo, nos estamos haciendo daño sin necesidad, esto no tiene sentido, ya te dije lo que sentía, pero no puedo hacer nada al respecto, por favor perdóname...- replicó Nessie,

-algún día me darás la razón, ese tipo no te conviene en absoluto tan sólo es un macarra-, la voz del chico cargada de odio, podía entender su rabia, casi tuve ganas de echarme a reír de lo irónico que resultaba la escena.

A mi lado el vampiro esbozó una sonrisa,

-y tú cómo demonios me soportabas-

-por ella-.

Sí, era lógico, supongo que yo también podría aguantar a un millón de Douglas por Nessie. El chico arrancó el coche como alma que lleva el diablo y se alejó de allí, sentí lástima por él. Perderla a ella, no podía entender cómo se podría sobrevivir a eso.

Bajé las escaleras y me reuní con Nessie,

-¿estás bien?- le pregunté, tomé su mano entre la mía, ella asintió y me rodeó con sus brazos, yo le devolví el abrazo. Se paró el tiempo en ese momento.

Alzo la cabeza y me miró,

-anoche también se fue bastante molesto-, comentó distraída mirando hacia la carretera, otra vez me invadió el sentimiento de ira,

-si te dijo algo…- mi voz sonó demasiado brusca, colocó su dedo índice sobre mis labios,

-está dolido, pero se pondrá bien, él es bueno, en serio que lo es- dijo,

-si tú lo dices... ¿pero tú estás bien?-,

-sí-.

En su rostro se dibujó una sonrisa. Se volvió a su padre y le dio las gracias. Gracias por controlar al perturbado del chucho, supongo.

-Creo que hoy llegaré tarde al instituto, va a ser duro estar en clase con Douglas allí- dijo mirando hacia mi moto, su voz sonó tan apenada, me molestaba verla así,

-crees que te tratará mal, puedo tener una conversación con él, mostrarle lo macarra que puedo llegar a ser-,

-Jacob, no bromees con eso-, en realidad yo no estaba bromeando en absoluto, -tuve mucho miedo por él, ¿sabes que no controlas absolutamente nada?- me lo dijo mirándome sorprendida, me rasque torpemente la nuca,

-cierto, no se me da muy bien, pero te tengo a ti-, la tomé por la cintura y la acerque a mí,

-eres mi pequeño pepito grillo, un poco más pálida y como mil veces más fuerte. Si tú estás conmigo, ese tal Douglas permanecerá sano y salvo-, Nessie frunció el ceño,

-¿es esto algún tipo de chantaje Jacob Black?- su voz sonaba como música, era sencillamente delicioso,

-tal vez. Venga te llevo a clases, al menos no te perderás el almuerzo-.

Desde el instituto me fui directo al taller. Había encontrado trabajo como mecánico en el taller de los Newton en Forks. De vez en cuando Mike, el hijo de los Newton, antiguo compañero del Instituto de Bella, me preguntaba por ella. Yo conocía a Mike hacía años, pero nunca fuimos amigos, coincidimos en la época en la que ambos rivalizábamos inútilmente por Bella, cuando el aroma de mi amiga era todavía algo aceptable.

Newton aún estaba interesado en Bella, pobre iluso, y eso que también él se había casado hacía ya dos años, la esposa una tal Jessica, también compañera de Bella en el Instituto de Forks. El chico siempre me preguntaba haciéndose el distraído si yo sabía dónde vivía o si seguía casada con el bicho raro ese del Cullen. Sí, Mike ahora Bella es otro bicho raro Cullen.

Qué le iba a contar, que su amiga ahora era vampiro y tenía una preciosa hija de 16 años.

Aunque me encantaría verle el careto si alguna vez llegara a toparse con la actual Bella Cullen.

Mi excusa de he estado de viaje, funcionó siempre a las mil maravillas, excepto con Charlie, a él no podía mentirle, tendría que hablar con Bella de su padre tarde o temprano.