MELANCOLÍA
X: FUGA
Apartamento en Atenas
Cecilia se levantó a la mitad de la noche, y no se pudo volver a dormir. Canuto también estaba bien despierto, gruñendo en voz baja hacia la puerta de su habitación. La chica se frotó los ojos, y tomó a Canuto para ponerlo sobre su regazo. El perro le lamió la cara, y se acomodó sobre ella.
La chica suspiró.
-Ay, Canuto, ¿qué estoy haciendo?- dijo ella, acostada boca arriba, con sus brazos extendidos sobre su cabeza, con una expresión mortificada- no puedo ser así. No me gusta la compañía de nadie… ¿porqué no me molesta la de él?-
Canuto hizo un extraño ruido, como un aullido sordo.
-Ya sé, él es muy agradable- le respondió Cecilia, sonriendo levemente y pensando precisamente en el santo de Géminis- ya sé todo eso. ¡Ese se el problema! Tienes poco tiempo de conocerme, pero sabes que no soy la persona más sociable-
-Ruuufff… rufff…-
-Bueno, tal vez tienes razón. Él tampoco es la persona más sociable del mundo- dijo ella, algo pensativa- quizá por eso se me hace tan agradable. Es lindo que te comprendan, ¿sabes? Saber que alguien más ha pasado por algo parecido- se aclaró la garganta- pero quizá también por eso debería dejar de verlo. No es justo para él que yo sea tan antisocial-
-Rufff…- volvió a ladrar el perro, y después sacó la lengua y movió la cola.
-¿Cómo te atreves a decirme eso?- dijo Cecilia, entrecerrando los ojos- por supuesto que no me gustó ese abrazo. Estaba en una posición vulnerable, y no estaba pensando bien, ¿sabes? Aunque debo admitir que se sintió lindo, sus fuertes brazos y su aroma a…- sacudió la cabeza- no, no, ¡deja de pensar en eso!-
-Grrrr…-
-No me gruñas- dijo Cecilia, frunciendo el entrecejo- además, sabes que él tiene una vida muy complicada. Ataques y peleas, dioses y todo. Yo soy extraña a esa vida-
-Grrrr… rufff-
-Eres bastante molesto cuando te lo propones, ¿sabías?- siseó ella.
Cecilia puso los ojos en blanco. No le gustaba admitirlo, pero parecía que Canuto tenía razón. Ella disfrutaba el tiempo que pasaba con Saga. Hacía que su día fuera mucho más alegre. Era como si lo conociera de antes. Suspiró.
-Ruuuffff…- volvió a ladrar Canuto.
-Lo sé, lo sé- dijo Cecilia, mientras que acariciaba a Canuto- no me hagas sentir peor, Canuto. Buenas noches-
Y, tras sacarle la lengua al perro, se cubrió la cabeza con las mantas de su cama.
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Templo del Patriarca
Horas antes
Shion cruzó los brazos cruzados y asintió levemente al escuchar el relato de Afrodita y Death Mask. También estaba presente François, ya que el chico había escuchado del ataque a una de las chicas del Santuario, y había decidido quedarse ahí mientras los santos investigaban, en caso de que necesitaran su ayuda, y para poder llevar el reporte completo a Poseidón.
El santo de Piscis había dejado a Evelyn sana y salva en su habitación en el doceavo templo, dormida y vigilada por Lydia, mientras él había subido a reportar al Patriarca lo que había sucedido en el museo. Death Mask, por su parte, subió rápidamente a reportar lo que había logrado hacer que confesaran los dos hombres.
-Gracias por informarme- dijo Shion, aclarándose la garganta, tras haberlos escuchado a los dos- solo puedo decir que no me gusta nada esta situación-
-A mí tampoco, maestro- dijo el santo de Piscis, con una expresión mortificada. Pasada la adrenalina, realmente estaba preocupado por lo que estuvo a punto de pasarle a Evelyn- ¿qué vamos a hacer?-
-Todos sus ataques han sido así- dijo Shion, pensativo- siempre atacan primero, y después vuelven a atacar con mayor fuerza, en grupo y en varios puntos distintos. Quizá deberíamos proteger a las chicas, sobre todo porque claramente están atacándolas a ellas-
-Con todo respeto, no podemos seguir trabajando a la defensiva, maestro- dijo Death Mask, cruzándose de brazos- tenemos que atacarlos antes de que nos ataquen a nosotros-
Shion se quedó pensativo.
-No podemos dejar a las chicas solas- dijo Afrodita- debemos hacer que estén acompañas siempre que salgan de los Doce Templos. Y estar en contacto vía cosmo si alguien tiene un problema o es atacado-
Shion suspiró.
-Bueno, lo consultaré con la señorita Athena- dijo el Patriarca- mañana a primera hora haremos una reunión para concretar un plan- suspiró- mientras tanto, asegúrense de que Fatima y Evelyn estén a salvo, igual que las demás-
-No necesita decirme, maestro- dijo Death Mask, tronándose los nudillos.
-Yo avisaré al señor Poseidón- dijo François, frunciendo el entrecejo- estaremos preparados en caso de un ataque al templo de Poseidón, y estaremos listos para asistirlos en caso de que lo requieran-
François y los dos santos dorados se inclinaron y, tras ello, se retiraron del templo. Tan pronto como la sala del trono quedo vacía, Shion se quedó pensativo. A decir verdad, él estaba muy preocupado, tenía miedo de que se sucediera una nueva tragedia como la de hacía un par de meses. Sacudió la cabeza, y se dirigió hacia su habitación. Tenía mucho que pensar hasta la mañana.
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Templo de Piscis
Al mismo tiempo
Era la primera vez que Lydia entraba a la habitación de su maestro. Al menos con su permiso. Hacía unos minutos que ella lo había regresar de la ciudad, en silencio y con una expresión furiosa. Evelyn iba con él, cabizbaja y asustada. En un principio, Lydia pensó que ambos se habían peleado, o algo peor, y la chica se había ido a su propia habitación para darles privacidad y no molestarlos. No pasó mucho tiempo cuando Afrodita la llamó, y le pidió que cuidara de Evelyn, que se había quedado dormida, mientras él subía al templo del Patriarca a dar un reporte.
La chica estaba cruzada de brazos, apoyada en la puerta, aún sin decir nada, pensando en que era lo que había pasado para que su maestro estuviera tan furioso. Suspiró sonoramente.
Lydia realmente esperaba que no fuera nada malo. Tenía poco tiempo de conocer a Evelyn, pero le caía bien. La verdad era que le tenía mucho cariño a su maestro, y le daba gusto que por fin hubiera encontrado a alguien que lo amara de verdad. Contaba a Afrodita como uno de sus hermanos. Suspiró.
No conocía a Evelyn. Había escuchado el relato de Mu, de como Afrodita la conoció en Egipto, y cuando fue a verlo al hospital con el maestro Shion, cuando estuvo herido. Al final, supo quien era, pero al final nunca había charlado con ella. Su maestro se ponía muy sobreprotector con ella. Esa hubiera sido una buena oportunidad para charlar. ¡Qué lástima que estuviera dormida!
Mientras pensaba todo aquello, vigilaba con su cosmo los alrededores. Afrodita y Death Mask estaban aún en el templo del Patriarca; Liliwen y Camus estaban en la cocina del templo de Acuario. No parecía haber nadie más.
Escuchó pasos en el pasillo del templo de Piscis, y la chica se apresuró a salir de la habitación de su maestro y ponerse en guardia. Se detuvo en el pasillo y se relajó al ver que se trataba de Saga. El gemelo se detuvo y la miró también. Por un momento, Lydia se asustó: recordaba lo que Aioros le había dicho, que Saga fue controlado por Ares y lo atacó. Dio un paso atrás.
-Saga- dijo ella en voz baja.
-Buenas noches, Lydia- dijo el gemelo mayor- voy a pasar al templo del Patriarca. Tengo algo importante que decirle al maestro Shion-
-De acuerdo- dijo Lydia, dispuesta a darle la espalda.
Saga la miró. Recordaba cuando, una de las primeras veces que la vio fue cuando tuvo que pedirle disculpas por haber ordenado la muerte de sus padres (y la suya) cuando estaba siendo controlado por Ares, más o menos en el mismo tiempo que Aioros había huido del Santuario con la recién nacida Athena. Igual que la diosa, Lydia había sido salvada casi de milagro.
-Lydia- dijo Saga, haciendo que la chica diera un respingo- ¿Evelyn se encuentra bien?-
-¿Eh?- dijo Lydia- sí, ella está bien. Mi maestro me dejó cuidándola-
-Muy bien- dijo Saga, y se volvió hacia la salida del templo de Piscis, mientras que la chica lo miró alejarse.
Lydia se encogió de hombros al ver al santo de Géminis. Le parecía extraño que fuera el mejor amigo de su hermano. Ambos eran totalmente diferentes. Y Saga tenía esa extraña expresión de tristeza. Recordaba muy bien una ocasión, cuando Saga le confesó lo que había hecho, y ella lo había atacado inconscientemente por el coraje que le provocó, haciendo que incluso Aioros tuviera que detenerla. Ahora tenía la misma mirada: una mirada llena de arrepentimiento, como si esperaba que le reclamaran lo que había hecho.
-Saga- dijo Lydia antes de que pudiera contenerse. El gemelo se detuvo y se volvió hacia ella. Lydia acortó la distancia entre ellos dos, hasta detenerse justo frente a él.
-¿Qué sucede?- dijo Saga, alzando las cejas.
-Creo que nunca me disculpé contigo- dijo Lydia en voz baja, algo apenada por lo que iba a decir- cuando te ataqué la otra vez…-
-¿Uh?¿Cuándo?-
¿De qué estaba hablando la chica? No recordaba ninguna vez que Lydia lo hubiera atacado. El santo de Géminis solamente alzó las cejas.
-Cuando recién llegué al Santuario, y fuiste a pedirme disculpas. Me enojé mucho y… creo que hice crecer un rosal a tu alrededor- dijo Lydia, y Saga sonrió levemente al recordar aquello- lo lamento mucho, Saga-
Saga sonrió benévolamente.
-No te preocupes, fue un error. Le pasa a cualquiera- dijo Saga, encogiéndose de hombros. Lydia sonrió también.
-Gracias- dijo ella también- supongo que todos en algún momento perdemos el control y cometemos algún error, ¿verdad?-
Saga parpadeó. No sabía si eso había sido a propósito o casual, pero Lydia solo le sonrió y regresó a la habitación de Afrodita, para seguir vigilando a Evelyn. Saga sonrió levemente, y siguió subiendo hacia el templo del Patriarca.
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Recinto de las amazonas
Shaina se aseguró de que la pequeña Ava se fuera a dormir. Era demasiado pequeña, y como que aquello le había disparado el instinto maternal de alguna manera. Suspiró, y sacudió la cabeza repetidamente, mientras que se quitaba la máscara para prepararse para irse a dormir también.
Gruñó en voz baja. Estaba sentada al borde de su cama, con su mano sobre uno de los costados de Ava: la pequeña no podía dormir sola. Ya era muy tarde, y se dispuso a acostarse junto a su alumna, para que no tuviera miedo y pudiera dormir bien.
Marín le dijo que esa niña había hecho que se le calentara la matriz, y Shaina le había metido un zape bien dado.
De pronto, Shaina sintió un cosmo cerca del recinto, y frunció el entrecejo. ¿Qué hacía François todavía ahí? Ese chico le revolvía las hormonas como si fuera una licuadora. ¿Porqué rayos insistía en aparecerse a cada rato en el Santuario? Ella estaba muy bien sola, muchas gracias. Desde ese fiasco con Seiya, Shaina había decidido no volverse a enamorar de nadie, se había jurado solemnemente no volver a caer por ningún chico, pero ¡vaya que François se la ponía difícil!
Shaina suspiró. Pero por otro lado, no podía dejar de pensar en aquella ocasión, cuando el chico le había besado el dorso de la mano y le había dicho algo. No podía recordar exactamente qué, pero estaba segura que era algo en el tono de que era increíble. Y cuando le decía mademoiselle…
Sacudió la cabeza. Una parte de ella se moría de ganas por salir a verlo de nuevo. Pero no, no podía salir del Santuario tan tarde.
Suspiró otra vez, y abrazó a Ava, quien sonrió en sueños y se ovilló al lado de ella. Shaina sonrió también y cerró los ojos, intentando ignorar el cosmo de François, hasta que éste desapareció.
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Templo del Patriarca
Tan pronto como Death Mask y Afrodita salieron, Saga entró a ver a Shion. Antes de bajar la escalinata hacia su templo, el santo de Piscis miró de reojo a Saga, pero no dijo nada al respecto, cosa que el otro agradeció enormemente.
-Buenas noches, Saga- dijo Shion en un tono cansado. Ya había pasado la media noche, y se encontraba bastante fatigado por los eventos del día- ¿en que te puedo ayudar?-
-Lamento mucho la hora, maestro- dijo Saga, inclinándose respetuosamente- no pretendo molestar, solo quisiera pedirle un favor…-
-Dime- dijo el Patriarca en voz baja.
-Yo quisiera… creo que ya estoy listo- dijo Saga, pronunciando con cuidado cada una de las palabras- para que me regrese mi cosmo, quiero decir-
Después de que esos dos sujetos habían atacado a Cecilia, Saga había tomado casi de inmediato la decisión de ir con Athena y pedirle su cosmo de regreso. Había sido una suerte que los enemigos a los que se había enfrentado no tuvieran cosmo. Si no hubiera sido así, no hubiera podido hacer nada contra ellos. Habría muerto, y Cecy también. No podía hacerle eso a su familia. Y de pronto, esa idea de que algo malo le pasara a Cecilia le pareció completamente impensable. Hasta ese punto, sabía muy bien que sentía un gran y genuino afecto por la chica. ¿Qué clase de afecto? Aún no estaba muy seguro. Pero lo suficiente para decidir que no volvería a arriesgarse a que suceda algo así.
Shion parpadeó, pero sonrió.
-¿Estás seguro?-
-Sí, maestro- dijo Saga- la verdad es que… creo que no sirve de nada seguir lamentándome por lo que paso. Casy… ella no hubiera querido que me comportara así-
Shion iba a decir algo, pero se interrumpió al sentir el cosmo de Athena detrás de él. Ambos se volvieron hacia ella. La joven diosa venía caminando hacia ellos, con una enorme sonrisa en sus labios. No se detuvo, sino que llegó hasta donde estaba Saga, casi chocando contra él, y abrazándolo por la cintura. Al principio, el chico se asustó, pero casi de inmediato sonrió y la abrazó de regreso.
Shion tuvo que aclararse la garganta cuando menos tres veces para que Athena soltara a Saga.
-Ya sabía que ibas a venir hoy, Saga- dijo la joven diosa, abriendo sus manos y mostrándole en la palma de su mano el brillo de su cosmo- lo he cuidado muy bien todo este tiempo-
Saga asintió levemente, y Saori encendió su cosmo. Un pequeño haz de luz surgió de la mano de la diosa y se dirigió al santo de Géminis, quien sonrió al recibirlo, y respiró profundamente. Todo su cuerpo se sentía mucho mejor al estar en contacto con su cosmo, mientras que sentía su antigua fuerza regresar a él. Se sentía como levantarse de la cama tras haber tenido una buena noche de sueño.
-Muchas gracias, señorita Athena- dijo Saga, inclinándose, con la comisura de sus labios torciéndose en una sutil sonrisa.
La joven diosa solo sonrió al ver a Saga alejarse. Una vez que se quedaron solos, se volvió a Shion.
-Espero que Saga esté bien, señorita Athena- dijo el Patriarca.
-Su duelo aún no termina, Shion- dijo ella, con una sonrisa llena de cariño en dirección al sitio por donde el santo dorado había salido- pero va por el camino correcto-
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Terrenos fuera de la Prisión del Santuario
Madrugada
La amazona caminaba en círculos alrededor de la enorme prisión del Santuario de Athena. Hacía varias horas había visto a Death Mask acudir a dejar a un par de prisioneros. Sonrió levemente y se tronó los nudillos. Se lo merecían los malditos. No se imaginaba quien había sido tan estúpido como para atacar a la chica de uno de los santos dorados.
Se cruzó de brazos y miró al cielo. Sonrió. Anika realmente odiaba esas noches de rondas, la dejaban completamente exhausta para sus actividades del día siguiente, pero sabía que al menos podría pasar la mañana durmiendo. Además, le gustaba mirar las estrellas, sobre todo gracias a que el Santuario estaba tan alejado de la ciudad.
La chica se ajustó los protectores en sus hombros y suspiró. Aún faltaban tres horas para que amaneciera. Anika había visto que Shura de Capricornio estaba patrullando los alrededores en el mismo sector del Santuario. Rió levemente como adolescente. El serio santo dorado le caía muy bien, a pesar de que era el amor platónico de al menos dos de sus compañeras. Se encogió de hombros y siguió caminando.
De pronto, sintió algo extraño. Un cosmo agresivo, que claramente no pertenecía a los santos de Athena, pero era demasiado discreto. Abrió los ojos desmesuradamente. ¡Era claramente un cosmo enemigo!
La chica comenzó a encender su propio cosmo para dar la alarma, cuando sintió que la tomaron por la espalda. De un manotazo le tumbaron la máscara de su rostro, y con la otra mano le cubrieron la boca, al mismo tiempo apretando su cuello. Anika intentó librarse con su fuerza, pero el enemigo también usaba su cosmo para inmovilizarla: no podía respirar, no podía gritar o encender su cosmo.
-¡Rápido!- escuchó decir al hombre detrás de ella- ve por ellos, tenemos solo un par de minutos antes de…-
Cada palabra que decía el hombre, su voz se volvía más y más lejana, conforme Anika iba perdiendo la conciencia. Con su mirada nublada, alcanzó a ver cuatro personas caminando a un lado de su atacante. Sus rodillas se doblaron, y su cuerpo cedió.
-¿Ya sacaron a los cuatro? Vámonos de aquí- dijo el hombre, soltándola y dejándola caer al suelo.
Anika intentó respirar, pero al intentar hacerlo, su garganta dejó escapar un sonido agudo, como si aún le estuviera comprimiendo su cuello. Dio dos o tres respiraciones similares, sumamente ruidosas, que hizo que el hombre que la había soltado, notando que seguía viva, regresara a ella.
-Ustedes adelántense- dijo el hombre, deteniéndose y volviéndose hacia la chica- me faltó acabar con esta basura-
La chica fue levantada del suelo por algunos segundos, y el hombre volvió a apretar su cuello. Casi de inmediato, se escuchó un golpe seco, y Anika volvió a caer al suelo, su atacante la había soltado de nuevo dando un alarido. Alguien había golpeado al hombre. Antes de perder la conciencia, la amazona alcanzó a ver un brillo dorado.
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Terrenos del Santuario
Poco antes
Shura de Capricornio estaba terminado su ronda y esperaba pronto irse a dormir, y dejar la misión a los santos de plata. Misty y Dante se habían encontrado con él hacía unos minutos, y ninguno de los dos reportaba alguna novedad. El chico se rascó la cabeza. Ya había terminado por esa noche, mejor se iba a dormir.
De pronto, sintió un pulso de cosmo. Alguien intentó contactarlo. Una de las amazonas que estaban haciendo la misma ronda. Levantó la vista. Ni Dante ni su compañero se habían dando cuenta. El cosmo de la amazona no se alcanzó a encender, pero iba desapareciendo poco a poco.
-No…- dijo Shura, teniendo un mal presentimiento, y se apresuró a correr hacia el cosmo, que estaba peligrosamente cerca de la prisión del Santuario.
Había un hombre alto y corpulento, que estaba asfixiando a la amazona, y usando su cosmo para silenciar el de la chica. Shura frunció el entrecejo y se apresuró a correr hacia el sujeto, golpeándolo y haciéndolo soltarla de pronto. La chica cayó pesadamente al suelo y no se movió más. El hombre intentó huir, y lo logró, aunque antes de que lo hiciera, Shura lo había atacado y le había cortado un brazo. Tan pronto como el hombre dio un alarido, desapareció.
Shura se mordió el labio. No le agradaba la situación. Alguien se había metido en el Santuario. En ese momento tenía cosas mas urgentes que atender. La amazona estaba tumbada, respirando agitadamente y haciendo un ruido extraño, como si tuviera la garganta inflamada y le fuera difícil inspirar aire. Mientras que Misty se dirigía a la salida más cercana del Santuario, y Dante se aseguraba que no hubiera nadie más cerca, el santo dorado hizo que la joven herida se volviera boca arriba. Se quitó su capa, la dobló rápidamente y la puso bajo los hombros de la amazona, haciendo que la chica extendiera el cuello, cosa que la hizo respirar un poco mejor. Levantó la mirada hacia la prisión.
-Me pregunto…- comenzó a decir Shura
-¿Señor Shura?- dijo Dante.
-Corre al recinto de las amazonas- dijo Shura en un tono serio y sombrío- avisa a Marín lo que pasó, y dile que venga inmediatamente-
Dante asintió, y salió corriendo hacia donde se le indicó. Shura se volvió a la chica, quien ya respiraba mejor, y comenzaba a recuperar la conciencia. Cuando lo hizo, la chica intentó incorporarse, pero Shura la detuvo.
-No te muevas- dijo Shura- intenta recuperar tus fuerzas primero. ¿Puedes hablar?-
La chica intentó decir algo, pero solo un sonido siseante surgió de su garganta. La chica se cubrió el cuello con la mano. De pronto, abrió los ojos desmesuradamente, e intentó hablar de nuevo.
-No te esfuerces- dijo Shura en un tono firme, pero amable- quédate tranquila-
Anika sacudió la cabeza, y nuevamente intentó decir algo. Señaló desesperadamente la prisión del Santuario, y después le mostró cuatro de los cinco dedos de su mano derecha. Shura alzó las cejas.
-¿Cuatro?¿Cuatro qué?- dijo Shura, alzando las cejas, intentando entender que era lo que Anika le estaba intentando decir- no entiendo…-
La chica volvió a señalar la prisión, y luego mostrarle los cuatro dedos. Shura miró la prisión. ¿Qué había pasado el día anterior? Death Mask había llevado a dos prisioneros a las celdas. ¿Eso significaba que…?
-¿Cuatro prisioneros escaparon?- dijo Shura.
La chica asintió, y se frotó la frente levemente. Y fue ahí cuando se dio cuenta. Su reacción fue tan repentina, que Shura se sorprendió también, pensando que había sido alguna otra cosa. Al sentir la piel descubierta de su rostro, Anika recordó que no tenía puesta su máscara, y su rostro se enrojeció de vergüenza y de preocupación. Shura se dio cuenta también, y le puso las manos en los hombros.
-Lo sé, tranquila- dijo el santo dorado- hay cuatro prisioneros escapados, y casi mueres por culpa de ese sujeto. Tenemos cosas más importantes de que ocuparnos en este momento. No creo que te debas poner la máscara de nuevo- añadió, al ver los ojos de la chica sobre el artefacto de bronce- no puedes respirar adecuadamente, y la máscara lo va a hacer más difícil. Debes esperar a que la inflamación disminuya-
Anika bajó la mirada, y Shura la soltó, y extendió su mano para tomar la máscara de bronce. Alzó las cejas al darse cuenta que esa amazona era la que había repartido las máscaras hacía un par de días, cuando habían presentado a los nuevos aprendices. Anika tomó la máscara y le sonrió. La palabra gracias se formó en sus labios.
-De nada- dijo él en voz baja- esperemos a Marín, ella se asegurará que estés bien-
Mientras esperaba, Misty regresó.
-Malas noticias, señor Shura- dijo el santo de plata- cuatro prisioneros escaparon de la prisión apenas hace unos minutos-
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Prisión del Santuario
Poco después
Death Mask estaba lo siguiente de furioso. No solamente lo habían sacado de su cama un par de horas antes de que amaneciera, sino que lo había sorprendido la noticia de que las dos personas que Afrodita había atrapado atacando a Evelyn habían escapado, junto con otros dos prisioneros.
-¿Quién rayos escapó?- ladró Death Mask, muy enojado.
-Los dos prisioneros que trajo el día de hoy- le respondió Misty- y otros dos prisioneros anteriores. Un hombre llamado Erick, a quien encerraron hace mucho tiempo-
Death Mask hizo una mueca. Recordaba muy bien los nombres y crímenes de todos los prisioneros. Erick había sido el médico quien había cooperado en Catania para mantener a Shun drogado para que no pudiera huir o dar su ubicación. Eso no le gustaba nada.
-¿Y quien más?- dijo el santo de Cáncer.
-Un hombre inglés llamado Henry Northumberland- dijo Misty.
Death Mask gruñó. A Mu no le iba a gustar nada aquello.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Ya es martes, y está es una actualización muy muy tempranera. Muchas gracias a Guest y Just me por sus reviews. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.
Abby L.
