Sesshomaru rodó los ojos con molestia cuando percibió el olor de la embarazada alejarse lentamente de la mansión, Kagome había tardado demasiado en hartarse del encierro y a pesar de no tener sus recuerdos, su personalidad seguía siendo igual de tozuda; la muchacha siempre terminaba haciendo lo que le venía en gana aun pasando por encima de sus órdenes. Al menos tenía la compañía del fiel demonio sapo que lo acompañaba a todos lados, si algo sucedía él aparecería en su búsqueda.

Deseó que Jaken no hubiese aparecido.

El olor de Naraku le penetró hasta el cerebro y alertó a sus guardias, él por mientras se rodeó en un círculo brillante y voló en dirección al río, siendo interceptado en el camino por un centenar de demonios de bajo nivel cuyo plan no era otro sino evitar que llegara a su destino: la sacerdotisa embarazada. Chasqueó la lengua con fastidio y de un movimiento de Bakusaiga los eliminó a todos, Naraku debía aprender que una tontería como esa no impediría seguir su camino, pero entonces apareció frente a él un extraño demonio hediondo a Naraku, ¿otra de sus creaciones? Lo examinó por un instante antes de arremeter contra él. Su apariencia podía ser fácilmente confundida con la de un humano común, con un kimono rosa palo y un cabello largo que le daba vuelta a su brazo y se le pegaba a él como una manga; una peluda cola marrón se enroscaba por su cintura y subía por su pecho hasta darle vuelta al cuello, haciendo la imagen de una extraña bufanda, Sesshomaru pudo darse cuenta de que al final de esta relucían dos ojos, igual de rojos que los de su portador.

—Señor Sesshomaru, un placer coincidir en esta vida con usted, de nuevo.

Pudo darse cuenta de que no era una mujer como al principio parecía serlo, aunque no estaba tan seguro de llamarle hombre. Sesshomaru no se quedó analizándolo, arremetió con su espada hacia él, el extraño ser esquivó el ataque y Sesshomaru pasó por su lado ignorándolo olímpicamente en su burbuja brillante, ahora mismo su prioridad era cierta embarazada que había salido del manto de su protección.

—¡Espere!

La persona fue tras Sesshomaru luego de soltar un bufido de fastidio, aunque este le llevaba cierta ventaja y no se detuvo hasta que estuvo a solo un par de metros del lugar donde Kagome discutía de algo con Naraku, momento perfecto para ver cómo él la envolvía en sus tentáculos y la hacía volar por los aires hacia él. Sesshomaru sintió hervir la sangre de sus venas y casi sin pensar tomó a Bakusaiga con fuerza y saltó en dirección a su enemigo, chocando con la odiosa barrera que tantos problemas le había causado a su hermano en los años de la perla. Naraku se desvaneció en el aire llevándose a Kagome con él. Su cabeza palpitó y sus ojos pronto se tornaron rojizos de rabia, Yako saldría y destruiría a todo aquel que se interpusiera en la búsqueda de Kagome, y él no lo detendría.

—Siempre se va antes de que llegue.

Sesshomaru detuvo su transformación al verlo, y allí se percató de que los amigos de Kagome ya estaban allí, se alegró internamente de que no hubiesen muerto cuando la horda de demonios llegó a la mansión, intentando impedir la llegada del grupo a Kagome antes de que Naraku la tuviese en su poder. Todos estaban mirando en una sola dirección: La persona que se le había presentado minutos antes a Sesshomaru y que éste había ignorado para ir al rescate de Kagome. Sesshomaru lo miró fijamente, parecía resignado, con una mano en su frente mientras negaba. Lo escuchó suspirar y extendió los brazos, su mirada carmesí no se despegaba de los ojos ámbar del demonio perro. Sus movimientos eran gráciles y elegantes, con un tipo de dramatismo que parecía sacado de una obra de teatro, y sus labios pálidos casi amarillos que contrastaban perfecto con su tono de piel oscuro estaban curvados en una pequeña sonrisa.

— ¿Quién eres? —El sapo demonio fue el primero en hablar, recibiendo una pequeña risa por parte del extraño hombre.

—Mi nombre es Nue del veneno, vine a saludarlos y a medir sus capacidades.

—Nue del veneno —Comenzó el monje—, ¿Estás con Naraku?

—No, Miroku, estoy solo, ¿no has visto que se fue sin mí? —Nue suspiró con fastidio—. Ahora deberé hacer el viaje hasta nuestra casa, ¿no te parece eso una falta de respeto?

Sango arrugó el entrecejo, Nue parecía realmente afectado por el hecho de haber sido abandonado en el lugar.

— ¿Eres una de sus extensiones? —Se atrevió a preguntar. Nue hizo una mueca de estar pensándolo.

—No soy una extensión, soy yo mismo. Nací de la unión de distintas sustancias que dieron luz a mi vida. No soy humano, pero tampoco soy un demonio, soy algo mejor.

—Mejor o no, acabaré contigo.

Sesshomaru voló hasta él y en un parpadeo su espada estaba chocando con la espada de Nue, el cual cambió su expresión de orgullo a uno de evidente curiosidad.

—Señor Sesshomaru, sigue siendo tan impulsivo como siempre.

Nue le lanzó un beso.

Sesshomaru pareció enojarse aún más y pronto ambos se vieron envueltos en un torbellino de batalla. Sesshomaru arremetía contra él y Nue simplemente bloqueaba los ataques con su espada, casi parecía divertido por la reacción de su oponente.

— ¿Dónde la tienen?

— ¿A quién?

—Kagome.

— ¿Te importa?

El pequeño grupo que se había mantenido de mero espectador decidió que era momento de intervenir en la pelea, cada segundo contaba y Kagome estaba en mayor peligro en manos de Naraku. Sango tiró su Hiraikotsu, el cual fue esquivado de un salto por parte de Nue.

— ¿Por qué Naraku se ha llevado a Kagome?

—Porque la criatura que se desarrolla dentro de ella es muy importante para Naraku, no te preocupes, Sango, cuando nazca les devolverá el cadáver… Si es que se acuerda.

Nue esquivó por poco el ataque explosivo de Bakusaiga.

—Kagome está donde todos ven y nadie observa. No hay mejor escondite que el que está a simple vista, ¿no les parece?

Nue tocó su estómago y se encorvó con dolor, escupiendo un poco de sangre.

—Parece que debo retirarme, nos vemos pronto.

Y así Nue se perdió en una nube de humo que se creó luego de lo que pareció una explosión, impidiendo que el grupo fuese en su búsqueda. Sesshomaru maldijo y se envolvió en su burbuja de luz antes de salir tras el rastro que dejó a su paso. Sango y Miroku pensaron en seguirlo, pero antes de que Kirara lograra salir tras él ya se había desaparecido de sus campos visuales.


Dos semanas había pasado desde aquel encuentro y habían sido pocas las veces que Sesshomaru había aparecido por la mansión, totalmente enfrascado en la búsqueda de la sacerdotisa embarazada. Kouga se había unido a la búsqueda apenas se enteró de lo sucedido y tenía a toda su manada moviéndose por el país por medio de sus contactos. Sango y Miroku hacían lo mismo, aunque sus contactos eran más reducidos.

—Miroku, ¿qué crees que esté haciendo Kagome ahora mismo? —Preguntó Sango mientras secaba con un paño un plato.

Miroku lo pensó unos segundos antes de contestar.

—No lo sé, Sango, pero realmente espero que Naraku no le haya hecho nada. Y que el bebé esté bien.

—Debimos haber hecho más por ella…

—¿Qué quieres decir?

—Si hubiésemos ayudado más en su memoria, contarle cosas, tal vez Naraku no se la hubiese llevado.

Miroku la miró enternecido, levantó la mano izquierda y acarició con cariño la mejilla de su esposa. Siempre había pensado que Sango era la persona más increíble en el mundo, era fuerte como una roca, pero frágil y dulce, y se entregaba por completo cuando amaba a alguien. A Miroku no le gustaba verla así, con esa expresión triste y las bolsas bajo sus ojos que delataban las pocas horas de sueño que tenía últimamente.

—Cuando la recuperemos nos encargaremos de hacer que su memoria vuelva, y podremos decirle todo lo que queramos. Naraku no se saldrá con la suya, no lo hizo cuando la perla y no lo hará ahora. No dejaremos que gane de nuevo.

Sango acarició la mano en su mejilla con una mezcla de tristeza y alegría.

—Tengo miedo de que no salga bien.

—Yo también, Sango, yo también.


El fuerte olor a putrefacción le penetraba con fuerza la nariz a Sesshomaru, el rastro de Nue se perdía gracias a la combinación de basura y demás cosas que emanaban un olor cada vez menos soportable para el demonio. Llevaba desde hace tres semanas persiguiendo el olor de la criatura con la que se encontraron el día del secuestro, lo siguió desde depósitos de basura hasta que hacía un par de días el olor lo guiaba a un derrame de petróleo que había destruido gran parte del hábitat marina de la zona. Sesshomaru no entendía por qué los humanos se empeñaban en progresar tanto si al mismo tiempo destruían el planeta donde vivían, ahora entendía por qué a Kagome le gustaba tanto ver las estrellas en la época feudal, en su época los grandes inventos empobrecían la naturaleza del planeta y Nue parecía especialmente atraído por ese tipo de situaciones. Le causaba increíble curiosidad saber que tanto rebuscaba Nue en esos sitios donde la vida se desvanecía y los nidos de bacterias eran cada vez más grandes.

—Una falta absoluta de respeto hacer que el gran señor Sesshomaru, dueño de las tierras del oeste, gran demonio, respetado por todos y temido por muchos más; esté pisando este tipo de suelos tan asquerosos… Maldito Nue, ya verá, mi señor Sesshomaru acabará con él —Jaken refunfuñaba entre dientes, esquivando montículos de basura a la vez que se concentraba en tapar su nariz para mitigar el hediondo foco de bacterias a su alrededor. —¡Señor Sesshomaru! Usted se encargará de destrozar a…— Jaken no pudo finalizar su oración gracias al pisotón que su amo le regaló, enterrando la cabeza del pequeño demonio en una pequeña montaña de procedencia dudosa y callándolo al momento.

A Sesshomaru le palpitaba la cabeza dolorosamente, pocas veces le sucedía. El demonio estaba acostumbrado a controlar muy bien lo que sucedía a su alrededor y pocas veces sentía que algo lo sobrepasaba. ¿Qué podía ser tan grande como para intimidar al gran Sesshomaru?, pero ahora, con la sacerdotisa secuestrada, parecía que cada paso que creía dar solo lo guiaba al mismo sitio de inicio: la nada. Tenía a la mitad del planeta buscando a la sacerdotisa, gracias a los años de avance de la sociedad y la integración oculta de los demonios al mundo humano, Sesshomaru logró hacerse un nombre como dueño de unas tierras en Japón y diferentes empresas que aumentaban su fortuna, sin embargo, en el mundo de los demonios seguía siendo el respetado señor de las tierras del oeste, hijo del gran demonio perro jefe. Sesshomaru era grande y lo sabía, entonces, ¿por qué sentía que Naraku estaba un paso por delante de él?

Paso a paso se encontró con una pared de frente, su revisión por el galpón tóxico se daba por finalizada. Dio la vuelta y salió del lugar, de nuevo otra exploración perdida. Parecía que en cualquier instante perdería la cabeza, era como si desde que Naraku se llevó a Kagome, él estaba en una especie de burbuja en la que avanzar era quedarse en el mismo sitio y la vista hacia el pasado se distorsionaba del jabón.

Sesshomaru tuvo un revoltijo de emociones cuando escuchó a la anciana Kaede confesarle del embarazo a Kagome, él tenía días olfateándola diferente, pero gracias a la ignorancia de la sacerdotisa para con su pasado prefirió no decirle nada, para Kagome él no era nadie y no tenía por qué agobiarla con lo que ella significaba para él. ¿Cómo decirle a su mujer que el hijo que esperaba era de suyo cuando ella ni siquiera lo conocía? Todo había sido espectacularmente rápido y difuso, parecía que la noche que la encontró en el bosque desmayada había sido hacía ya muchos años, pero no era así, unos cuantos meses en los que tuvo que reprimir al Sesshomaru que surgía con ella para ser el que todos conocían, Kagome era su mujer y Sesshomaru era simplemente el hermano de Rin.

Rin había intentado consolarle un par de veces sin lograrlo, se había esforzado en demostrar que no necesitaba consuelo alguno pero la pequeña humana parecía haberse apegado a la idea de que él sufría, y no se equivocaba; no del todo. Siempre odió esos sentimientos que su padre desarrollaba por criaturas tan ineptas como los humanos, pero cuando se vio cuidando de una niña y poco después prendado de una sacerdotisa, comprendió qué era lo que su padre veía en esos pequeños seres.

Jaken corrió al interior de la mansión apenas Sesshomaru puso un pie en suelo, el hedor que emanaba el pequeño sapo devolvió a sus deberes a los sirvientes que llegaban para darle la bienvenida a su señor. Lo vio perderse en el interior del edificio y él avanzo a piso lento hasta su oficina, debía ponerse al día con algunos papeles referentes a las empresas dirigidas por demonios aliados que también estaban en la búsqueda de Kagome.

—Señor Sesshomaru —Saludó Kai, un demonio gato de orejas color negro que estaba siempre en la cocina, ayudando a los cocineros y que solía servir la mesa al momento de comer—. La señorita Rin lo estuvo buscando hace unas horas, ¿desea que le notifique que ya llegó?

Sesshomaru asintió y pasó por su lado.

No tenía ni diez minutos sentado frente al computador cuando Rin entró en la oficina, estrellando la puerta con la pared del impulso. Sesshomaru alzó la mirada de los papeles en el escritorio hacia la humana con molestia, Rin sabía que él odiaba que tirase las puertas así que antes de que él dijera algo, prefirió hablar.

—Creo que la encontramos.

Sesshomaru olvidó la razón por la que iba a reprenderla.