Los personajes ni la trama me pertenecen.

Hola chicas, una disculpa por la tardanza, pero aqui les tengo capitulo nuevo...


Reclamando a una Inocente

Capítulo 10

Los negros ojos de Alice Brandon echaban chispas. La que fuera amiga de Bella dio un paso adelante y le dio un bofetón en la cara.

—¿Cómo has podido, Bella? —le espetó—. ¿Cómo pudiste casarle así con él?

Un latigazo de dolor hizo tambalearse a Bella, que se cubrió la mejilla con la mano.

—Pero tú le fugaste con Jasper —le dijo tartamudeando—. Dejaste a Edward…

—¡Yo no lo dejé! —su mejor amiga le dijo con rabia—. Edward se deshizo de mí. ¡Me dijo que había encontrado a otra persona y que ya no quería casarse conmigo!

—Pero eso no es cierto. Tú sabes que no lo es. Tú…

Alice entró en la casa, sumida en un mar de lágrimas.

—Jasper me rescató. Yo lo llamé cuando me di cuenta de lo que estaba ocurriendo entre tú y Edward.

—¡Pero no pasaba nada!

—¡Yo necesitaba a Jasper para que te alejara de nosotros antes de que arruinaras mi vida! —se volvió hacia ella y la dejó ver las lágrimas que inundaban sus ojos—. Él también iba a hacerlo —le dijo, ahogada—. Iba a hacerlo la mañana después de aquel baile… cuando os pillé en la terraza. ¡Yo vi tu cara, Bella! ¡Sabía lo que estaba pasando!

Azotada por la culpa, Bella abrió la boca para decir algo, pero las palabras no llegaron.

Alice la fulminó con la mirada.

—Te saqué de allí tan pronto como pude. Tu hermano quería ir a tu habitación en ese momento y llevarte de vuelta a casa a rastras, pero ya era demasiado tarde —su voz se quebró—. Edward llegó al hotel unos minutos después que nosotros. ¡Me dijo que todo se había acabado, delante de mi primo Jacob y de tu hermano, Bella! —le dijo, llorando—. Terminó conmigo sin más. ¡Nunca me había sentido tan humillada!

—Sabes que estás mintiendo, Alice —le dijo Bella, temblando.

—¿Estoy mintiendo? Desde el momento en que pusiste tus ojos sobre mi prometido, te encaprichaste de él.

—Oh, Dios —exclamó Bella.

—Éramos amigas. ¡Las mejores! Y tú me traicionaste de la peor manera posible. Bueno, ahora vas a saber lo que se siente cuando le hieren y te humillan de esa manera, Bella. ¡Estoy embarazada de Edward y él va a volver conmigo!

Aquellas palabras retumbaron en el silencio. Edward estaba en mitad del pasillo, acompañado de Abríana, que contemplaba la escena con la cara blanca.

Alice lo vio de inmediato y fue a su encuentro, arrojándose a sus brazos entre sollozos. Él permaneció impasible; una estatua de hielo con la mirada clavada en Bella.

Él tenía que haber oído lo que Alice había dicho porque sus gritos habían sido los bastante escandalosos como para ahogar el ruido de sus pasos al llegar. Y no lo negaba; no rechazaba a Alice. Sólo miraba a Bella como si esperara que ella dijera algo. ¿Pero qué podía decir ella?

Alice seguía llorando sobre el pecho de Edward cuando Bella logró que las piernas le respondieran. Él le había dicho algo a Abriana en voz baja y la asistenta se había retirado de inmediato.

Cuanto más se acercaba a ellos, más estruendo hacían los latidos de su corazón, que retumbaban en sus oídos como un trueno. Al pasar junto a ellos, Edward le puso una mano en el hombro y ella se estremeció desde dentro.

—No… —le dijo él, en un susurro angustioso.

Ella se detuvo un instante. Lo miró a los ojos, después a Alice, y finalmente volvió a atravesarlo con la mirada. Una pálida sonrisa de impotencia retorció sus temblorosos labios al contemplar aquella patética escena. El hombre, la prometida despechada, la esposa…

—No, por favor —le dijo Edward, apretándole el hombro—. Yo me ocuparé de todo.

«Ocuparse de todo…» ¿De qué iba a ocuparse? ¿De una ex prometida histérica? ¿De una esposa ingenua y estúpida? ¿O de un niño inocente ante el que todo lo demás carecía de importancia?

Bella siguió de largo y se alejó de él. En el dormitorio, contempló su imagen en el espejo. Era como mirar a una completa extraña; una desconocida con el cabello castaño y los ojos grises.

Todo había terminado. Ni siquiera importaban las mentiras de Alice. Lo único que importaba era el hijo que Alice decía llevar en sus entrañas.

El heredero de De Masen.

Ella era la intrusa en aquella relación y tenía que marcharse. Quizá Alice tuviera razón. A lo mejor se merecía lo que le estaba pasando.

Se apartó del espejo y el pánico se apoderó de ella. Tenía que salir de allí a toda prisa.

Abrió el armario. Sacó la primera maleta que encontró y arrojó unas cuantas prendas en su interior. Agarró una chaqueta de lino negro y se la puso encima de la camiseta blanca que llevaba puesta. Entonces buscó el bolso y hurgó en él con manos temblorosas. El pasaporte, las tarjetas de crédito… Todo estaba en su sitio.

Olvidando la maleta a medio hacer, abrió la puerta del dormitorio de un tirón. Todo estaba en calma en el pasillo. Abríana había desaparecido y el estudio de Edward estaba cerrado a cal y canto.

Fuera llovía a cántaros. Paró un taxi y salió de allí para siempre. Como era habitual, el aeropuerto de Linale era un caos, pero Bella consiguió una plaza en el primer vuelo con destino a Londres. Tres horas más tarde salía por la puerta de llegadas del aeropuerto de Gatwick.

La primera persona a la que vio fue a su padre.

—¿Cómo supiste…? —le dijo entre lágrimas.

—Edward me llamó —le dijo y miró a la persona que lo acompañaba.

Bella siguió su mirada y reprimió una amarga sonrisa. La habían seguido desde el momento en que había dejado el apartamento de Edward. Un miembro del equipo de seguridad de Edward había seguido todos sus pasos.

Se arrojó a los brazos de su padre y rompió a llorar.

—No pasa nada, Bella. Ahora estás en casa —su padre le dio una palmadita en el hombro—. Vamos a buscar el coche.

Estaban llegando al vehículo cuando Bella le preguntó por Jasper.

—Está bien —le dijo su padre—. Por lo menos, ha aprendido algunas cosas gracias a esa absurda escapada. Tomar algo que no le pertenece puede ser emocionante en el momento, pero los errores siempre pasan factura.

Bella se preguntó si estaba hablando del dinero o de ella, pero no quiso saber la respuesta.

—¿Dónde está ahora?

—Está en una de esas caras clínicas de rehabilitación. Edward lo ha pagado todo.

Bella se quedó boquiabierta.

—¿No lo sabías? Pensaba que Edward le lo había dicho.

—¿Por qué?

—Tu hermano ya estaba metido en líos cuando pasó lo de Alice —dijo su padre con tristeza—. Yo soy el culpable. No debería haberme empeñado en convertiros en lo que yo quería que fuerais. Jasper le debía un montón de dinero a una gente de la peor calaña. La idea de tomarlo «prestado» del préstamo de Swan's tan sólo fue el comienzo de sus problemas. Aquella estúpida idea se transformó en una absurda venganza contra mí. Lo demás ya lo sabes. Se fugó con Alice a Australia y la vida le dio una buena lección. El gran amor de tu vida no es siempre el más sano y conveniente. Pero no creo que haga falta que te lo diga.

Bella guardó silencio. No quería pensar en las locuras que había cometido con Edward. Sólo quería volver a su hogar y hundirse en su propia miseria el resto de sus días.

Pero las cosas no iban a ser así de fáciles. El teléfono estaba sonando cuando entraron en la casa.

—Es Edward —le dijo su padre, ofreciéndole el auricular.

Bella apretó los labios y entró en la cocina. No quería hablar con él… nunca más.

Volvió a llamar al día siguiente, pero ella también se negó a hablar con él.

—Le debemos mucho, Bella —le dijo su padre, insistiendo.

—Yo no. Yo ya le he pagado mi deuda —dijo, sabiendo que él debía de haberlo oído.

No volvió a llamar esa semana y Bella le odió mucho más por ello.

Y siguió odiándole más y más, alimentando ese odio con furia y desprecio, hasta que él se presentó en su puerta una tarde cualquiera.

Bella sintió ganas de golpearlo, tal y como había hecho Alice con ella. Serio y calado hasta los huesos, la miró con ojos feroces.

—¿Puedo pasar? Y antes de que contestes… —añadió con gesto sombrío—. Te aconsejo que dejes de mirarme así, o yo me encargaré de que así sea.

Bella vio que hablaba muy en serio. El fulgor verde de aquellos ojos así lo decía. Él estaba dispuesto a cumplir la amenaza.

La joven levantó la barbilla y sus verdes ojos lo acribillaron con destellos de fuego. Un desafío en toda regla…

—No sé qué te hace pensar que puedes presentarte aquí y empezar a darme órdenes —le dijo con rabia—. Pero déjame decirte que has perdido todo el derecho a…

Edward dio un paso adelante y Bella se vio obligada a retroceder, dejándole entrar.

Él cerró la puerta tras de sí. Agobiaba por su intimidante cercanía, Bella dio un rodeo, entró en el salón y se paró en el extremo más alejado, justo al lado de las llamas del hogar. Él se detuvo en la puerta.

Bajo la tenue luz de aquel lluvioso atardecer, parecía más alto y corpulento. Las líneas de tensión que surcaban su frente antes de la llegada de Alice volvían a marcar su rostro.

—Has perdido peso —le dijo, dejando claro que la observaba con atención mientras ella hacía lo mismo.

—No, no es así —dijo Bella y cruzó los brazos.

—Y pareces… cansada… ¿No puedes dormir, cara?

—Oh, ¿quién sino tú podría hacer un comentario tan arrogante? —le respondió, cortante.

Para sorpresa de Bella, él hizo una mueca de dolor.

—Sí, probablemente —suspiró y levantó una mano—. ¿Puedo quitarme el abrigo? Aquí… hace calor.

Bella hubiera querido decirle que la visita iba a ser muy corta y que no hacía falta que se molestara, pero finalmente apretó los labios y asintió.

Le observó desabrocharse los botones hasta descubrir el elegante traje que llevaba debajo. Edward el hombre de negocios…

Él miró a su alrededor, buscando una percha donde colgarlo.

—Dámelo —le dijo ella y fue hacia él.

Sus dedos rozaron los de Bella cuando el abrigo cambió de manos y él cerró unas de las suyas alrededor de la de ella. Un témpano de hielo… Edward la soltó de inmediato.

Sin mirarlo ni un momento, Bella agarró el abrigo y lo llevó al recibidor. Cuando regresó al salón él estaba junto al hogar, de espaldas a la puerta. Estaba mirando una foto de ella cuando tenía dieciocho años. Era la foto de su graduación. Se la había hecho Alice.

Ella también le había hecho una a su amiga, pero Jasper la había quitado, según le había dicho su padre.

—¿Cómo está? —le preguntó Bella con un nudo en la garganta—. Quiero decir, Alice.

—Está bien —se volvió hacia ella—. Ha vuelto a Londres con sus padres, Isabella.

—J… Jasper ha salido de rehabilitación —se apresuró a decir ella.

—Sí, lo sé. Isabella…

—No volverá a casa. Éste es un pequeño pueblo comercial donde todo se sabe. No puede presentarse por aquí como si nada, así que va a quedarse con un viejo amigo en Falmouth… Van a hacer un viaje por el mundo, con la mochila a la espalda… Él quiere… encontrarse a sí mismo. Por lo menos hay algo bueno en todo esto. Mi padre por fin se ha dado cuenta de que ha sido demasiado duro con él, así que…

—No hay ningún bebé, Isabella.


Que intenso… y que malota Alice, si jejeje aquí Alice no fue la niña buena ahora veamos como termina por que el siguiente capi es el gran final…. Y mañana lo tendran!