Severus despertó sobresaltado, no estaba en su cama y a su lado estaba la última persona con la que hubiera imaginado estar en su vida.

La calma era una de sus virtudes, una calma fingida y estudiada que le había servido para sobrevivir a lo largo de los años.

Pero en ese momento, si Sirius hubiera estado despierto hubiera podido llegar a presenciar un episodio aislado de pánico de Severus Snape.

Sirius dormía plácidamente y Severus se atrevió a mirarlo por primera vez.

Una completa y absoluta locura que a la luz del día no tenía sentido ninguno.

El escalofrío que recorrió su cuerpo y la erección que le provocaba el simple recuerdo eran sobrecogedores.

Habían pasado de los furiosos besos, a las manos abrasadoras por todo el cuerpo, devorándose mutuamente.

Miró sus brazos y apartó las sábanas. Había sido el homólogo a una pelea a puños en el sexo. En sus muslos hematomas con los dedos de Sirius que tardarían en irse si no hacía nada con ellos.

Recordó cómo lo había empujado contra la pared en ese beso lleno de rabia que había mutado en duro deseo; soterrado, espeso, y demoledor.

Cómo Sirius lo había cargado a su habitación sin dejar de tocarlo, de morderlo y apretarlo.

En aquella habitación ambos se miraron, un momento de lucidez que duró un instante, un solo pestañeo que Severus pudo haber usado para huir, pero no lo hizo.

Sino que acarició su cuerpo necesitado volviendo completamente loco a Sirius.

Este arrancó la ropa del pelinegro, jirones negros que no pudieron importarle menos en ese momento. Desnudo, ansioso y furioso. Una mezcla tan nueva como adictiva.

Sirius le devoró de rodillas, tragando hasta hacerlo gemir sin control, atacando su ano a la vez de un modo rudo.

Pero Severus no solo no lo había parado cuando lo había tirado contra la cama, sino que le había ordenado más, mucho más.

Incansablemente Sirius había entrado en él, una y otra vez, agarrándolo tan fuerte que pensaba podría colapsar en ese momento.

El recuerdo de su explosivo orgasmo le hizo jadear tapándose los labios en ese momento.

Sirius se movió sin despertarse y Severus se levantó de la cama, con su cuerpo dolorido, su ano lastimado y la sensación viscosa del semen en él.

Era el momento de irse, no era un cobarde, pero eran cosas de las que era mejor no hablar.

Habían tenido sexo, pero eso no significaba que fueran amantes.

Recogió sus ropas y se escabulló en la mañana rumbo a la chimenea sin hacer ruido.

A un paso de dejar Grimmauld place y recuperar su cordura un grito desgarrador se escuchó.

Tras la inicial estupefacción, la luz llegó a su cerebro.

Draco.

o0o

Narcisa no pudo dormir bien durante toda la noche. Había sido tan feliz de ver a su hijo y verlo tan bien como hacía tiempo no lo hacía.

Pero la conversación que habían tenido la dejó preocupada, era imposible que a Draco no le quedaran secuelas tras lo vivido en Malfoy Manor, pero esperaba que comenzara a sanar una vez fuera alejado de las garras de toda aquella locura.

Se había equivocado, al menos en una parte. Con Potter, Draco parecía feliz, había visto las miradas y pequeños gestos de la pareja. Pero el dolor de su hijo era mucho más profundo, mucho más difícil de curar que simplemente alejándolo del peligro.

En su mundo, al que Narcisa había pertenecido toda su vida, solo había algo que importara: las apariencias.

Un velo que ocultaba todo lo demás sobre una apariencia homogénea, no importaba ser algo, solo aparentarlo. No importaba ser feliz, solo dar la imagen de sentirse digno y completo con lo que uno tenía, siempre mejor que el resto.

Ella nunca había cuestionado ese principio, porque jamás sintió que fuera equivocado.

Era la más hermosa de sus hermanas, la esposa de uno de los hombres más importantes de Inglaterra, madre de un precioso niño, y envidiada por toda la sociedad.

¿Qué tenía que aparentar que no fuera verdad?

Cuando toda aquella perfección se resquebrajó. Cuando se cuestionó todo al ver a su hijo entregado y a su marido orgulloso de ello. Su mundo quebró, su velo de apariencias cayó y ella tuvo que levantarlo de nuevo, al menos hasta que pudiera sacar con vida a Draco de aquello.

Pero ella misma había contribuido a educar a Draco bajo esas mismas directrices, perfección, entereza, y sobre todo, jamás mostrar una debilidad. Draco lo había cumplido a rajatabla, pero bajo todo ello guardaba un gran dolor que pudo vislumbrar esa noche.

Externamente no había habido daño, sin embargo este había sido infligido a un nivel más profundo, donde ninguna poción le llegaría.

Podría ver cómo Draco quería ser amado, pero nunca le mostraron manejarse en ello, como pedirlo y como devolverlo. Solo que él tendría todo aquello que deseara por ser quien era.

Siendo sincera ella misma era inexperta en la materia. El amor no era algo que se enseñara en su familia. La lealtad, la entereza y como siempre, las formas habían sido sus enseñanzas como mujer de una familia sangre pura.

Le pidió que confiara en el tiempo, en el modo en el que había visto en el que Harry le trataba y le mirara. Y por una vez en su vida, le aconsejó que hablara con él. Las reglas entre los de su clase eran claras, pero claramente equivocadas. No habían obrado con sinceridad con el chico, pero no significaba que todo fuera falso, era evidente que no lo era.

Draco se fue sonriendo de su habitación y ella se sentía más esperanzada.

Pedía a lo más sagrado que el amor, aquel que Severus había vislumbrado en los ojos de Potter, ayudara a su pequeño.

Harta de dar vueltas en la cama decidió comenzar el día, fue al baño a asearse como todas las mañanas. Draco y Harry se despedirían de ella antes de marcharse pero era aún demasiado temprano para que hubieran despertado.

Tan absorta en sus pensamientos entró al baño sin prestar mayor atención, desabrochando los botones de su camisón para tomar un baño.

Cuando alzó la vista, con el frente de su camisón mostrando sus pálidos pechos de rosados y pequeños pezones fue cuando se dio cuenta de que no estaba sola.

En la bañera que ella misma iba a llenar había dos jóvenes cuerpos idénticos observándola.

Completamente avergonzada corrió a cubrirse la piel, haciendo que Fred y George se levantaran de los lugares húmedos y jabonosos que habían ocupado hasta el momento.

Narcisa fue incapaz de no mirar la completa desnudez de ambos chicos, y la dureza de ambas entrepiernas.

Como si fuera una única voz ambos hablaron al unísono.

—Ven—dijeron mientras alzaban sus manos en un gesto invitador.

Narcisa no se movió, no podía ir, no debía ir.

Los chicos se acercaban y ella no hizo nada, atrapada por aquella atmósfera húmeda que no había notado antes.

Los cuerpos jóvenes andaban juntos casi pegados por sus caderas como dos siameses, dos siameses demasiado atractivos para ser tan jóvenes.

La mano de uno de ellos, aún no era capaz de identificarlos claramente, acariciaba la piel resbalosa de la cadera de su hermano. Mientras este se estremecía mirándola.

Mano derecha y mano izquierda de los gemelos fueron hasta el inicio del camisón sobre su pecho.

Narcisa no lo había llegado a cerrar. Lo abrieron mostrando lo que ya habían visto, sus pechos llenos y pálidos con ambos pezones completamente erectos en ese momento.

Narcisa no sabía que había dejado de respirar, hasta que tuvo que tomar aire cuando ambos se inclinaron sobre ella y lamieron cada uno uno de sus pezones.

Gimió complacida ante el toque cálido de ambas lenguas a la par, ante los brazos que la rodearon sujetándola y ante sus manos que acabaron acariciando ambas cabezas anaranjadas.

Perdida en un placer que nunca había llegado a experimentar de ese modo, el grito que escuchó creyó que fue el suyo, pero cuando este se repitió se dio cuenta que no era ella.

Su mente salió del vapor del baño y de la lujuria, ese grito era de Draco.

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Draco despertó sumido en una gran tristeza, aún arropado por el sueño no sabía identificar de donde venía esta, escarbando en la maraña de su cerebro dormido solo sabía que le dolía el corazón.

Cuando el recuerdo apareció, este se estrujó dentro de él.

Recordó la noche anterior, como Harry se mostró tan frío como nunca lo había sido con él.

Confirmando sus más profundas dudas e inseguridades, pero como todo lo malo era mucho más fácil de aceptar que lo bueno.

Una parte de él quería que no fuera cierta, que Harry le quisiera por algo más, que Harry le hubiera perdonado el engaño, que viera lo que él era incapaz de ver ya en sí mismo. Alguien digno.

Pero no había sido así y como si hubiera sido condenado se entregó como otras tantas veces hizo con otro hombre.

Aunque Harry nunca se compararía a la vileza del Señor Oscuro, la herida que dejó fue más profunda.

Con uno nunca hubo esperanza pero con el otro esta había sido pisoteada, y Draco sintió que se lo merecía y que Harry finalmente había despertado del falso sentimiento que parecía tener por él.

¿Podía un corazón físico sentir el dolor del alma? Pues en esos momentos sintió como se partía en dos, atravesando su cuerpo haciéndole gemir de dolor.

A su lado, Harry despertó, pero Draco había dejado cualquier tipo de reflexión, el dolor era real y le atravesaba el cuerpo terminando en su vientre que solo podía sostener.

—Draco, ¿qué te ocurre?—dijo asustado el pelinegro completamente despierto y en alerta.

Pero Draco no podía hablar, no podía casi respirar y un fuerte alarido fue lo que salió de su boca.

Haciendo que todos los habitantes de la casa lo escucharan y corrieran hacia allí.

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Después de la noche siempre llega la mañana, y nunca mejor dicho.

Capítulo desde el punto de vista de los Slytherin, el que viene espero que sea 100% Gryffindor, ya veremos.

Snack, hola, ¿qué tal? ¡Cuánto tiempo sin verte!

Cissy eres una milf creo que ahora mismo muy envidiada.

Draco, cosita, ¿por qué todo te pasa a ti?

Gracias por leer.

Shimi.