HOLA DE NUEVO!. Antes que nada, mis disculpas por demorarme más de lo acordado. La realidad es que lo tenía escrito pero encontré muy pocos momentos para ponerme a pasarlo. Como verán, no es tan largo como el anterior, de hecho este capítulo abarcaba también el próximo que subiré, pero como no terminé de pasarlo y, ya la culpa me mataba por tardarme tanto, decidí cortarlo y aunque sea se entretengan un poco en la espera :).
Ahora a lo importante:
Reyna: Muchas gracias por la paciencia y los mails :) espero que lo tuyo esté marchando de diez. Sé que dije que me iba a pasar, de verdad tengo muchas ganas de leerlo, es que, como te dije, no tengo tiempo ni de pasar el mío. Pero ya pronto... o eso espero ^^. Espero que te guste este capítulo, no es muy largo como el otro, y lo más interesante no llegué a ponerlo, pero bueno... algo es algo. Espero con ansias tu review y... TU MAIL! :D saludos.
ricitos de menta: Bueno... cuando leas el capítulo quizás hubieras preferido que no volviera de las vacaciones jajaja. Espero que te guste y muchas gracias por el rev! :D
NTde LUPIN: Eso se llama ser spoiler jajajaja. No en realidad... aún no sé bien qué hacer la situación. QUE BUENO QUE TE GUSTE, espero te siga pareciendo entretenido! Gracias por el rev.
fatty73: ¿Cómo matar a Ron? Pobrecito, es tan encantador. Creo que lo amo. La verdad es que, en cuanto a los psicólogos que son, y si.. creo que un amigo es básicamente uno que no cobra jajaja. No tendrá los mismos conocimientos, pero la habilidad básica de escuchar, la tienen seguro. Espero que te guste el chap. Saludos!
raan89: Muchas gracias por tu sincero comentario. Que bueno que te haya atrapado!. Si bueno, a mí también me gusta salir un poco de la rutina de lo que yo también escribo, por eso este mix raro de madurez e infancia vigente. Espero que no te desepcione el fic... por lo pronto, nos leemos!. Muchas gracias por el rev!. Saludos.
Rocidito Azul: Infaltable como siempre tus revs. Muchas gracias por seguir aguantándome :D... Me encantan tus disertaciones, creo que ves la vida de una manera muy experimental. Me gusta que veas cosas tan humanas en esto que, como se lo llama, es ficcional... y digo me gusta, porque me considero un poco así yo también. Creo que somos algo afortunadas porque, somos capaz de tener los pies en la tierra y la mente en las nubes. Y somos felices de una manera que sólo entienden las personas soñadoras y sensibles como una. Yo por mi parte, vivo en las nubes... pero intento bajar algunas de esas partículas esponjosas para vivir a mi manera en la tierra. Se nota que eres parecida por cómo ves los escritos, aplicado directamente a lo que nos rodea. Por eso y porque lo compartes conmigo, muchas gracias!. Itero, me encantan tus reviews, espero no me prives de ellos. SALUDOS! y gracias!
miel-tonks: ESTAMOS TAN CERCA DE QUE LO VEAS jajajajajaja.. Espero no te desilusione esa parte. Quizás esperes mucho drama y en realidad... yo lo veo más humano. En el próximo capítulo o en el otro, no sé bien, creo que me entenderás. Muchas gracias por el rev. SALUDOS!:)
GabriellaGroff: Bueno, qué decir de tu review, amiga? Ha sido una radiografía. Muchísimas muchísimas gracias por lo que escribiste. No me considero tan genial, pero si en verdad te ha gustado todo lo que dices, no me importa si escribo bien o mal... nada mejor que servir para entretener. Espero que te siga sucediendo lo mismo a lo largo del fic y... te pido me lo hagas saber en tus reviews!. Que, no sé si te lo he dicho, pero ME ENCANTAN jajaja. Muchas gracias. Saludos!
pottershop: Otra radiografía!. Muchas gracias... Me gustan los análisis que haces.. hay algunas cosas que a veces pongo entre lineas (o eso creo) y las lees enseguida. Eso me gusta mucho!. Y que, además, lo disfrutes, pues genial!. Como siempre, gracias por escribirme, no me olvido que hace bastante tiempo me dejas tus comentarios y que, siempre me han gustado muchísimo. Espero que te suceda lo mismo con el fic en adelante!. Que disfrutes el capítulo y... nos leemos en la próxima! SALUDOS!
J0r: Muchas gracias!. Como verás no falta muy poco... en este capítulo se acercan bastante.. creo que están muchísimos más conectados... Espero tu opinión, muchas gracias!
Karla123: QUE BUENO TE GUSTE!. Espero disfrutes este capítulo y lo que sigue. Saludos!
Carla: Odio cuando pasa eso con los fics jajajajaja. QUIERO DORMIR, no quedarme como zombie frente a la pc. Pero que bueno cuando algo tan potente te atrapa. Que bueno que haya sido con algo mío!. Muchas gracias por compartirlo y, espero tu opinión sobre este. SALUDOS
sonia martinez: Tarde un poco no? Lo siento mucho, pero ahí va. Espero poder subir el otro el domingo... de ser así.. NOS LEEMOS!. Muchas graccias.
AHORA SÍ. A DISFRUTAR... MUCHAS GRACIAS POR TODOS LOS REVIEWS. ME EMOCIONAN TANTOS COMENTARIOS, Y TODOS TAN GRATOS... MUCHÍSIMAS GRACIAS.
PARA USTEDES:
Capítulo 10: Cada vez
Ginny despertó agitadamente. No entendía qué era lo que la había despertado, pero sabía que no podía ser bueno. Acto seguido, miró hacia su costado y no vio a Liam ni a Harry. Se horrorizó con sorprendente brusquedad y se paró de sopetón.
-¡Harry!- gritó dirigiéndose a la puerta.
Al cruzar el umbral chocó contra algo sólido y repentino que, entre la confusión, fue incapaz de entender qué. Perdió el equilibrio y, hubiera caído, si unos grandes brazos no la hubieran rodeado. Estaba oscuro y casi no entendía la situación. Su cuerpo se quedó suspendido en el aire, una fracción de segundo, como un hilo. Luego sintió trastabillar a su salvador.
Ambos hicieron algunos malabares para equilibrarse, y una vez estables, se miraron. Los ojos de la pelirroja, ya adaptados a la nueva oscuridad, distinguieron la conocida figura de Harry, abrazándola.
-¿Liam?- preguntó más con los ojos que con palabras.
-Está durmiendo- la tranquilizó. Viendo que aquella respuesta no era suficientemente explicativa para ella, continuó- Me despertaron sus quejidos y pensé que tendría hambre, asique bajé a la cocina y lo alimenté- se encogió de hombros, ayudándola a incorporarse de a poco- Luego, sólo se quedó dormido. Recién lo dejo en la cuna- ella asintió, más tranquila.
Ginny sonrió incómoda, a modo de agradecimiento, y dio media vuelta. Comenzó a caminar en dirección a la cama. Harry se quedó allí parado, en el umbral, esperando dilucidar qué haría ella.
Ginny, al no sentir los pasos del morocho tras los propios, volteó confundida. Se miraron a la distancia. Ginny volvió a sonreírle y luego se acercó a él. Se colocó en puntas de pie y besó su mejilla.
-Que descanses.
Luego se encaminó a la cama y se acostó.
Harry vaciló unos instantes. Ahora era distinto, no había ningún niño entre ellos y, hasta donde recordaba, no habían compartido una cama a no ser que tuvieran dobles intenciones. Dubitó unos segundos más y luego caminó con cautela, hasta el otro lado de la cama. Se acostó de lado, mirando a la pelirroja, ella le daba la espalda, tranquila.
Harry, observó entonces su silueta. La oscuridad se hacía presente, pero pequeños y débiles reflejos lunares, se colaban por la ventana, recortando la figura de la pelirroja contra la pared. Notó que aunque estaba vestida con aquel jean, y la remera de breteles que él le había seleccionado aquella mañana, su mirada se detuvo en el único punto desnudo de su cuerpo; su brazo, que reposaba tranquilo, sobre el perfil de sus caderas. El brillo de la luna se reflejaba en su tersa piel, dotándola de un extraño tono petróleo.
Sus observaciones continuaron su curso natural, cuando la mirada se detuvo en la parte alta de sus glúteos y piernas. Tenía una figura excepcional, aquello no lo negaría.
Sintió cómo, la energía emanada por su cuerpo, lo arrastraba hacia ella. Veía su piel desnuda y se sentía incapaz de no acercarse a rozarla. Parpadeó unos segundos, como en un trance, pero aquello no sirvió.
Ella movió suavemente la cabeza y sus cabellos se corrieron, dejando a la vista esmeralda, un hermoso y sugerente hombro desnudo.
Fue imposible para Harry, evitarlo por más tiempo. Extendió el brazo con cautela, directo hacia ella. Las yemas de sus dedos se deslizaron suavemente sobre la pecosa piel.
Ginny, sorprendida, contuvo instintivamente el aliento y abrió los ojos. Fue consciente de que aquella porción que estaba siendo sutilmente abarcada por él, le ardía, y la sumía en un arrebato sordo y enloquecedor. Intentó no moverse ni respirar, para que su torpeza no la denunciara.
Harry parecía extrañamente concentrado en su quehacer. Recorría su brazo como quien explora una ladera, como quien tienta la arena antes de sentarse en la orilla.
Luego, su brazo le resultó insuficiente. Observó su hombro y, como jugando con sus poros y sus pecas, subió suavemente las caricias hasta el hueco de su clavícula. Para el morocho estaba claro, que aquello merecía observarse con atención. Sus delicadas lineas solían perturbar su mente aquellos últimos días.
Ginny, atenta a cada reacción de su cuerpo a la cercanía de su amigo, comprendió que él estaba deleitándose con la espontánea manera en que las caricias, erizaban los insipientes bellos de la pelirroja. La tensión erótica entre ambos, podía ser cortada con el filo de un papel. Era magnífica la forma en que su cuerpo reaccionaba, estremeciéndose involuntariamente.
Ginny interpretó una pequeña brisa en el costado de su nuca; cuando entendió que se trataba de la respiración de él, retenida por el creciente deseo, una urgencia inminente comenzó a gestarse en la baja zona de su cuerpo. No entendió en qué momento, pero él ya estaba casi pegado a su cuerpo.
Harry continuó observándola con detenimiento y estupefacción. Lentamente, con sus suaves yemas, recorrió el sendero del deseo; empezando por su hombro, deslizando pausadamente por su brazo, y continuando el tortuoso y exquisito recorrido, por sus caderas y piernas.
Ginny cerró los ojos para mayor sensación. Se mantenía inmóvil para que él no dudara en continuar bajo ningún concepto. A Harry se le escapó un susurro, ronco y cargado de necesidad de cercanías.
-Tienes una piel maravillosa, Ginevra- dijo con un tono de voz que denunciaba su fascinación y se creciente lascivia.
Harry se imaginó el sabor de aquella piel,y casi juró sentir cómo su boca se llenaba de saliva. Era un hechizo del cual no podía escapar. Sabía que algo anormal le estaba sucediendo cada vez que la veía últimamente, y cada vez con mayor frecuencia. Lo preocupante era que la potencia con la cual lo abordaba esa locura, era cada vez más incontenible.
-A ella le encantan tus caricias- le susurró aún con ojos cerrados, haciendo alusión a la piel que acariciaba con destreza.
Fue todo el permiso que Harry necesitó para seguir adelante. Su deseo le pedía a gritos que se olvidara de las formalidades y la elegancia, y le desgarrara la ropa de una vez. Pero se contuvo a fuerza de voluntad, convenciéndose de que tenían toda la noche por delante. Además, pensó, Ginny era un plato que merecía degustarse con paciencia, y disfrutarse a luz prendida. Ella lo impulsaba a querer recordar cada detalle, a saborear cada textura.
Ginny no sólo lo sentía y disfrutaba. Ahora comenzaba a necesitar cierto exceso y cierta precipitación. Hizo un leve movimiento de cuello hacia el costado, para escucharlo mejor, y dejó al descubierto una gran porción de su cuello y nuca. Esa nueva porción de piel lo hizo descontrolarse a un nivel impensado, llevando sus dedos en aquella dirección.
-Apuesto que además de maravillosa, sabe exquisitamente- susurró con anhelo.
Y en otro movimiento, hundió sus labios en la tersa piel.
Aquello le supo a ambrosía. Era un manjar suave y carnoso, casi delirante. Mordía vanamente sus pecas, intentando degustarlas. ¿Cómo había vivido tantos años sin aquella merienda? Ginny tenía, a lo largo de su cuerpo, el alimento necesario para que una persona viviera cada estación del año con golosa generosidad.
Sintió arder su mano al palpar la continuación de su cuello. Su otra mano pedía a gritos que la dejara participar de aquel banquete, y sin hacerse rogar, Harry comenzó a tantear su cintura, apretándola con suavidad. Sentía cómo Ginny se encogía de curioso placer, permitiéndole continuar.
Su mano se atrevió a hurgar bajo la remera y nadó unos segundos en su chato vientre. Aquella piel lechosa e indiscreta lo enloquecía sólo al tacto. Quería morderla, quería abarcarla entera.
Luego, su vientre no le alcanzó; su mano inició una ruta ascendente y furtiva hacia la pequeña prominencia de sus pechos. Al llegar a él, y ella sentir su tibieza, gimió inconsciente mientras se dejaba malear sin barreras.
Por instinto, Harry pegó sus caderas a las de ella, sintiendo lo acolchonado de su trasero. Suspiró con dificultad entre su cuello.
Ginny, ansiosa de mayor contacto, se pegó más a él, inclinándose hacia adelante y empujando su virilidad con sus propias nalgas. Harry se separó de su cuello, jadeando casi con locura.
-Ginny...-suspiró.
Ella asomó sus labios por sobre su hombro, y tomó su rostro, acercándolo, para sumirse en un beso al mismo nivel pasional de la situación. Harry se exasperó entonces, y en un rápido movimiento, la despojó de su remera, sin detener casi, el beso, ni la fricción de sus caderas.
Harry soltó brevemente su boca para comenzar a surcar su espalda, mientras sus manos intentaban torpemente abrir el jean de la pelirroja. Desesperada, ella misma se lo desabrochó.
Tras aquella muestra de permiso, Harry adentró su mano en la bragueta y comenzó a acariciar, sobre su ropa interior, el pequeño valle.
Ginny se retorció levemente, desesperada, anhelante, deseosa de contacto. Pero él no parecía querer dominarla hasta no sentirla gozar primero. Las hormonas del morocho se revolucionaron de súbito al entrar en ella y medir la calidez de su interior. La sentía estremecer a su lado, veía la embriaguez que ella sentía, en sus rasgos. Lo alocaba saber que podía provocar las más bajas sensaciones en aquella criatura, tan pura a sus ojos. Adoraba verla gozar, quizás más de lo que adoraba gozar él mismo.
Ella lo sentía mover su mano naturalmente, en su interior, como si lo hiciera a diario, con la soberbia de creer que su gozo le pertenecía. ¡Dios! Claro que le pertenecía el gozo, si la estaba volviendo loca. Y no sabía cuánto más iba a aguantar, porque la fricción trasera de su erección, y la interna de sus manos, la estaban despojando de su cordura lentamente.
-Harry...
Él comenzó a besar su desnudo cuello. Harry se movía y la ubicaba justo en su miembro, pero no había contado con la desesperación de ella, y su adorada fricción. Se frotaba en su mano como si nunca nadie le hubiera dado amor. Tampoco contaba con su sumisión. Y justo antes de que él acabara, tan sólo sintiéndola moverse delante de él y entre sus manos, acabó ella, en sus brazos. Ambos jadeaban atolondradamente, buscando algo más que oxígeno, algo más que el ritmo normal de sus latidos.
Harry la volteó levemente hacia él, luego de unos segundos, para observarla de frente. Miró, deleitándose, que su rostro estaba cubierto con pequeñas partículas de sudor. La vio respirar como agónica, con los ojos cerrados. Cuando los abrió, se miraron. Ella acertó a sonreír con cierta vergüenza.
Harry, sin hacer caso, retomó la acción. La besó primero en los labios, luego poco a poco descendió. Se entretuvo en sus pechos, mordiéndolos con suavidad. Pero Ginny no estaba dispuesta a continuar con su pasividad; tomó entre sus manos la erección, jalándola con cierta brusquedad.
Harry se arqueó levemente con deleite. Susurraba incoherencias, se encogía en sus manos, y luego volvía a morder sus pechos.
Pero algo los detuvo...
El teléfono sonó estruendosamente, como reprenda interna, y reproche ajeno. Ambos se detuvieron, mirándose.
-No es nuestra casa- le dijo, intentando persuadirla, y luego atacó su cuello.
-Pero... es tarde...- se dejó vencer unos segundos- Harry, le dije a Herms que me avisara- lo separó. Él asintió, resignado, y se hizo a un lado. Ella levantó el teléfono.
-¿Hola?- respondió con voz somnolienta.
-Ginny, soy yo- dijo la voz agotada de la castaña.
-¿Cómo está Ron?- se preocupó, separando a Harry de encima suyo, para darse vuelta y tapar su semi desnudez.
-Bien. He estado sin saber nada como hasta las tres de la mañana, pero hace una hora me dijeron y, luego pude verlo. Está bien- confirmó- fue sólo un susto. No obstante, parece que lo tendrán aquí demorado al menos hasta la tarde. Quieren hacerle estudios de rutina por si acaso.
-Bueno. Envíale nuestros saludos, ¿si?
-De acuerdo. ¿Liam?
-Duerme.
-Bueno. Tú, ¿dormías?
-Si, no, bueno...- pareció incómoda- Descansaba.
-¡Qué raro! Pensé que estarías hace media hora, arreglándote para ir a trabajar.
-¿Por qué? ¿Qué hora es?
-Son casi las seis.
-¡Mierda! Debo irme... ¿Vas a venir?
-No, quiero quedarme con él. Está despierto. Pero hace unos minutos llamé a Molly y dijo que iría a buscar a Liam. Supongo que demorará una hora.
-¡Mierda!
-Quizás Harry pueda quedarse hasta entonces, ¿sigue contigo?
-Ahora veré. ¡Oye!, esta noche vendré a ver a Ron, ¿si?
-Bien. Adiós, y ¡Gracias!- cortó.
Ginny volteó para ver a Harry, mientras se tapaba los pechos con su remera arrugada.
-Debo irme- se excusó.
-¿Tan temprano?
-Es lunes, Harry. Todos los lunes...
-Si, ya sé. Pero pensé que trabajabas como a las nueve- Ella no dijo nada- ¿Hoy desayunas con Jack?- preguntó con cautela. A ella le sorprendió aquella pregunta.
-No, ¿por qué preguntas?
-Pues, tu dijiste que lo hacían a diario.
-Si, pero... lo arreglamos antes. No hablo con él desde el sábado, y sabes cómo fueron las cosas.
Ginny le dio la espalda y se sentó. Abrochó su corpiño y se ató el pelo con apremio.
Harry se quedó observando sus movimientos, sin entender bien qué impulso lo obligó a pasa suavemente su dedo, por la columna vertebral de ella, dibujando su recorrido. Siguió su camino desde la nuca, hasta el nacimiento de su trasero. A Ginny le recorrió una deliciosa electricidad, y recordó que su vientre aún clamaba por las sensaciones del morocho.
-¿Cómo estaba Ron?- le preguntó él al pasar, continuando con su recorrido. A Ginny le costó salir de aquel sedante natural.
-Bien. Por suerte no ha sido nada. Esta tarde lo trae Hermione.
-¿Vendremos a verlo?- ella se giró por encima de su hombro, para mirarlo.
-¿Tú quieres venir?
-Quiero venir contigo- le dijo, casi a modo de corrección, sin quitar la vista del dibujo que hacían sus dedos.
-De acuerdo- asintió, algo sorprendida.
Ginny aguardó los segundos necesarios para guardar aqyella caricia en su memoria sensitiva, y luego se puso de pie. Harry observó la silueta de su cuerpo a contraluz; era hermosa. Más que hermosa. Era tortuosamente adictiva.
Se calzó la pequeña remera, se colocó la camisa que había dejado prolijamente sobre el respaldo de la silla, y recordó su cremallera, aún abierta. Algo avergonzada, la cerró en lo que fue un intento de pasar el movimiento, inadvertido.
Harry se puso de pie, detrás de ella. Al sentirlo, ella se giró para enfrentarlo.
-¿Podrías quedarte con Liam? En una hora viene Molly.
-¿Tengo que quedarme solo?- preguntó como en una mueca infantil.
-Debo ir a trabajar- se excusó. Él se cercó un poco más, como desafiante, a lo que ella retrocedió apenas- ¡Y antes...!- continuó explicando mientras él avanzaba pausadamente, como un felino al acorralar a su presa- ...antes- titubeó retrocediendo- ...debo pasar por casa; ducharme, cambiarme...- explicó.
-...escaparte- alzó las cejas, agregando como al pasar. La terminó de acorralar contra la pared.
-No me escapo de nada, es mi deber.
-¿Trabajar es tu deber? No; trabajar es tu necesidad, tu pantalla. ¿No podrías faltar hoy?- dijo, como dejando escapar en la pregunta, una especie de propuesta indecente subliminal.
-¿Faltar al trabajo?- preguntó tontamente; su cercanía la mareaba. Su cuerpo no la tocaba siquiera, pero su rostro estaba muy cerca del propio, y sus palabras le sabían a hermosa confusión.
-Claro que al trabajo- asintió él, sonriente. Luego la miró con fijeza- mira cómo me tienes... es de desalmada, irse en un momento como este.
Sabía a qué se refería. Sus cuerpos no estaban pegados, pero estaban cerca. Ella sentía que emanaba su entrepierna, casi como podía sentir el calor de la propia. Por si tenía alguna duda, él bajó su mirada hasta la erección que se dejaba ver entre su ropa. Ella lo imitó, inevitable. Al levantar la vista, sus miradas se cruzaron. Ella reconoció, aún en la oscuridad, la nube que enturbió sus ojos verdes; era el deseo. Del más profundo y carnal. Y era consciente de que los propios, debían de verse igual.
-Tú no eres una desalmada, ¿verdad, Gin?- intentó persuadirla, ahora con un tono de voz serio.
-No puedo faltar al trabajo.
-¿Por qué no?- la desafió, ahora pegando su cuerpo a ella, haciéndole sentir aquello que lo atormentaba a él, hasta extasiarlo.
Ginny dejó escapar un suspiro, siendo incapaz de retenerlo. Harry disfrutó de aquello, mucho más de lo que se imaginaba que podría. ¡Qué vulnerable era ella a su tacto! ¡Qué ansias tenía de desnudarla!
-No puedo- respondió casi en un gemino, entrecerrando los ojos- Jamás falté al trabajo.
-Si que puedes, ¿te enseño?
-Harry...- se quejó.
-No sabes lo que se siente- se susurró en un ronroneo- cuando lo descubras, te encantará- dijo con un tono que casi aseguraba a Ginny, la existencia de un mensaje subliminal.
En un momento de claridad, ante aquellos calores mentales y corporales, ella lo miró como renovada, y luego miró su erección.
-Sé cómo se siente eso- replicó con una sonrisa.
-¿Y no te encantó?- Ginny se quedó mirándolo, intentando dilucidar si decirle la vedad era lo adecuado.
-No puedo faltar al trabajo, no importa qué tanto me excites- él sonrió complacido.
-De acuerdo- la soltó- ¡Ve a trabajar!- Cuando Ginny estuvo por avanzar, él la acorraló de nuevo- Pero nos vemos a la tarde ¿no?- la apremió con la mirada, explicándole qué clase de recibimiento la esperaría. Ella asintió.
-Claro.
-De acuerdo- volvió a abrirle paso. Ella tomó se cartera de la silla y luego se paró frente a él.
-Adiós- sólo le dijo.
Se quedó unos segundos y luego avanzó en dirección de la puerta. Harry la tomó del brazo y la acercó a él. Con una mano en su nuca y la otra en su cintura, la acercó a él y se hundió en sus labios. Se demoró en cada caricia que le hacía con su lengua. Cuando se separaron, ella estaba aturdida y extasiada. Se miraron y él le sonrió.
-Ve. Que tengas buen día.
-Tú también- dijo.
Se volteó nuevamente para irse, y él le dio una nalgada suave y sonora. Ginny soltó un gritito de sorpresa, y sonrió.
-Nos vemos a la tarde- agregó él cuando vio su cuerpo desaparecer tras el umbral. Ella se detuvo, volviendo tres pasos atrás.
-En realidad... ¿no ibas a venir a la oficina? ¿No querías el dinero?
-¡Lo había olvidado! Bien, entonces... nos vemos en unas horas- ella sonrió.
-¿Sabes dónde trabajo?- él sonrió con autosuficiencia.
-Te escucho cuando hablas. Voy al profeta y, supongo que la oficina de la editora, es la tuya- dijo con sarcasmo.
-Perfecto- le guiñó un ojo y se fue.
Ginny apareció en su aparamento. Se bañó con una rapidez que sólo el apremio lograba, y se vistió en un segundo. Sólo se demoró en arreglarse el cabello adecuadamente, y luego pintarse.
Tomó sus llaves, su cartera y salió de su casa, sin siquiera percatarse que la luz roja de su contestador, titilaba imperturbable. Jamás salía sin revisar sus mensajes, pero claro, jamás salía tarde... pensando en el cuerpo desnudo del morocho, amigo de su hermano.
Ginny estaba sentada frente a su enorme escritorio, en su extensa oficina. Reiteradas veces pensó en que aquella oficina era más grande que su propio cuarto, y pasaba más horas que en él también. Podía traerse una almohada y ahorrarse el tiempo del viaje. Aunque también sabía que aquel era el primer paso para volverse una adicta al trabajo. O quizás, el primer paso ya lo había cumplido y era el de tener una pareja tan trabajadora como ella, y no tener ningún hijo como plan a futuro. Si, podía decirse que iba por buen camino de convertirse en una de esas.
En aquellas disertaciones deambulaba, cuando su celular sonó. Ginny atendió con apremio, pensando en Hermione o Ron.
-Ginevra Weasley, ¿diga?
-¿Dónde estás?- Era Jack, y estaba enojado. Más de lo habitual.
-En la oficina, ¿qué sucede?
-¿Cómo que qué sucede? Estoy sentado aquí como un idiota, esperándote hace una hora. ¿Qué haces allí?
-Pues, entré a las ocho hoy.
-¿por qué no me avisaste?
-Porque no habíamos arreglado nada, y tú estabas en tu estúpida postura de no hablarnos.
-¿El hecho de que te llamara anoche, no es indicativo de que pensaba hablarte?
-¡Anoche no me has llamado!- se quejó.
-Si hubieras estado en tu casa, me habrías atendido, y si no hubieras pasado la noche afuera, habrías visto que te dejé un mensaje.
-¿Estás dudando de mí?
-¿Estás sintiéndote culpable?
Pareció la voz de su conciencia. ¡Si! Quiso gritarle. ¡Me siento culpable de desear a otro! ¡Me siento culpable de que, estando contigo, no me caliente como me caliento sólo de pensar en él!
-No pasé la noche en casa- confesó.
-Lo sé. Es claro.
-¿No me vas a preguntar por qué?
-Querría hablarlo en persona. Iba a aprovechar para aclarar algunas cosas- dijo apenado, y luego retomó algo más recriminador- Pero estoy sólo en la cafetería. ¿Con quién quieres que hable?
-Quiero que me preguntes, sin importar las formalidades. Podemos discutir por teléfono.
-No, no hablaré de tu infidelidad así.
-¿Infidelidad?- se sorprendió.
-Luego me lo aclaras, no tengo interés en amargarme ahora. A la noche lo hablamos.
-No. Esta noche no puedo. Tengo planes.
-Entonces luego que se descongestione tu agenda, vemos. Adiós- le cortó.
-¡AH!, Desgraciado- le gritó al auricular justo cuando tocaban la puerta y entraba su ayudante, a la oficina.
-Lo siento- se excusó.
-No, adelante.
-Te dejo las fotos que sacó Matt. Creo que la de Clarisse es la mejor, pero tú decide.
El joven de veinte años se quedó unos segundos mirándola. Estaba enamorado de su jefa desde que era pinche del columnista astrólogo del diario, hacía dos años. Ahora había ascendido y no sólo fue ubicado con la hermosa pelirroja, sino que ella le enseñaba su propio oficio cada vez que podía. Eso claro, siempre advirtiéndole con sus dulces palabras: "Si me prometes que no me serrucharás el piso, te enseñaré cómo colocar esta nota en un cuarto de hoja, y hacerlo parecer más interesante" y luego le guiñaba el ojo, y ahí caía nuevamente enamorado de ella.
-Bueno- le dijo- ahora las veo.
-¿Estás bien?- le preguntó, señalando el teléfono.
-Si, gracias. Dile a Morrison que te de también sus negativos. A veces saca mejores tomas que Matt.
-De acuerdo- se fue.
Ginny suspiró. Estaba exhausta, y recién empezaba su día. Jack la ponía de malas. ¡Que ganas tenía de mandarlo al demonio! Después de todo, podía iniciar su cambio así. Aunque el mismo Harry le había dicho que ése no era el modo.
Debía concentrar su cambio en ella, "Pero ¿cómo?" pensaba mientras miraba sin ver, las fotos de las distintas modelos. Se detuvo en una que llamó poderosamente su atención. No por el atuendo, no por la toma, sino por Clarisse. Johnny tenía razón, esa era la mejor foto. Pero lo era por su semblante. Y el cabello le ayudaba y mucho. ¡Eso era! Su cabello. Esa misma tarde haría algo con él.
La puerta de su oficina volvió a abrirse. Ella levantó la mirada y se encontró con la de Harry. Al parecer había entrado sin permiso, porque Johnny no le había avisado de su presencia.
-¡Harry!- se puso de pie.
-Buen día...-sonrió amanecido, con una inocencia que le sentaba un tanto ajena.
-¿Llegaste bien?
-Sin problemas- soltó, acercándose con las manos agarradas en su espalda- Molly te mandó saludos.
-¡Gracias! ¿quieres un té? ¿O algo?
-Bueno. Si es café mejor- sonrió.
Ginny rodeó su escritorio y pasó a su lado, en dirección a la puerta. Harry tomó suavemente su brazo, idénticamente a como lo había hecho aquella mañana. Ella lo miró, al volverse, algo contrariada.
-También quería otra cosa- susurró con cautela, como pidiendo permiso.
-Dime.
Él se quedó mirándola como debatiéndose entre pecar y no pecar. Se acercó a ella, sintiendo su respiración en los labios, ya algo acelerada. La miró fijamente en la cercanía. Miró sus labios, sus ojos, su nariz. Él se acercó apenas como para besarla, cuando tocaron la puerta, llamando su atención. Johnny entró dándoles tiempo sólo a separarse, pero Harry aún la agarraba del brazo.
-Lo siento- dijo por segunda vez aquella mañana, algo consternado.
-No, está bien, pasa John- se soltó sutilmente del agarre.
-Creo que debo dejar de entrar así.
-Johnny, está bien- lo tranquilizó, sonriéndole con complicidad- Él es Harry, un viejo amigo de mi familia- lo señaló- Harry, este es John, mi mano derecha.
-Un gusto- sonrió el morocho por mera cordialidad. Estaba harto de irrupciones. ¿Qué debía hacer para estar a solo y tranquilo con ella? ¿Casarse?
-Aquí te dejo los negativos, pero dice Matt que no pierdas el tiempo porque Morrison se equivocó y usó un lente gran angular. En mi opinión eso no fue lo peor...- opinó con libertad- Se ha equivocado de filtro. Utilizó uno luz día- Ginny hizo una mueca de descontento.
-De acuerdo. Por lo pronto, la de Clarisse me ha gustado mucho, tienes buen ojo- lo festejó.
-Gracias.
-Debo pedirte otras dos cosas- él joven asintió, gustoso- Pídele a Mike que se haga un espacio para verme a mí, antes de las cuatro. Si puede ser luego del almuerzo, mejor.
-Entendido.
-Y, ¿Podrías traerme un café para Harry?
-No, mejor no- acotó el mismo- Ya no tengo ganas.
-Como quieran. Ginny, estaré en la oficina cualquier cosa.
-Gracias- lo despidió. El joven cerró la puerta y ella se volteó a mirar a Harry- ¿Cambiaste de pare...?- él la tomó por la nuca y la besó con cierta desesperación. Ginny fue sorprendida y al principio peleó por terminar su frase, pero luego sólo se dejó besar.
-Lo siento- acotó él, una vez terminado el beso y ya más tranquilo- Me descontrolé- ella lo miró unos segundos y luego rió.
-¿Qué te sucede hoy, Harry?
-Es que...- bajó la mirada- Verte trabajando e impartiendo órdenes, me excitó un poco- sonrió infantil. Ella continuó riendo.
-Bueno... A lo que nos compete- fue hasta su escritorio y abrió el segundo cajón- No sé qué tipo de ropa acostumbras a comprar, pero...- sacó un manojo de billetes- son cinco mil libras. Con esto tendrías que poder comprar hasta en las mejores tiendas de Londres, y aún alcanzaría.
-Gin- sonrió- No necesito tanto.
-Tú llévalo- se lo dio.
-¿Y si me roban?
-Me lo pagas igual- sonrió.
-Ten- Harry separó algunos billetes y le devolvió el manojo- usaré sólo quinientos.
-Lleva mil, por si acaso.
-De acuerdo- miró el dinero y se quedó pensando- Entonces... te veo a la tarde.
-Vuelvo a las cuatro- asintió.
-Bien.
-Si llama Ron o Hermione, ¿puedes llamarme al celular?- él asintió.
-Adiós, y gracias.
-Adiós- le sonrió.
