¡Hola a todos! Bueno, antes que nada quiero agradecer profundamente a los nuevos seguidores, me alegra ver que hay a quienes la historia los ha atrapado.

Ojalá continúen dejando sus reviews, y bueno, por ahí tengo una deuda con una chica que me dijo que soy cruel porque dejé el capítulo anterior abierto jejeje nena no te enojes, ahorita te dejo un capítulo de más con mucho cariño, deja termino de editar el capítulo 10.

Bueno, aquí los dejo para que lean.


DIAMANTE EN BRUTO

Capítulo 9. Ojos color infierno.

Draco Malfoy, me voy a casar contigo.

A Draco se le nubló la mente, no sabía qué era lo que tenía que hacer, su vida quedaría unida a la primera persona que le señaló como escoria desde su llegada a Londres.

-Bien.- Contestó Draco, acto seguido salió del recibidor.

Hermione quedó estupefacta ante la reacción del príncipe de las serpientes, ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Un "bien" iba a ser toda su reacción?

-Discúlpalo querida, es la emoción prenupcial. – Señaló sarcásticamente Lucius. Se acercó a la castaña y la tomó bruscamente por los hombros, obligándola a verlo de frente.

-Ahora, quiero que por favor tengas palabra, mucho cuidado con decirle al Ministerio lo que está pasando.- Escupió el patriarca de los Malfoy, inyectando de odio cada palabra.

-Suelte a mis padres, es usted quien ¡nunca! Ha tenido palabra.- contestó firmemente la Gryffindor.

-Claro que los voy a soltar.- Dijo irónicamente Malfoy. -¡Jugson!- Gritó el platinado soltando a la castaña bruscamente.

Un tipo torpe salió corriendo de una de las puertas del recibidor. –Dígame señor.- Cuestionó con cierto temor en la voz.

-Trae a los muggles.- Ordenó con desprecio Lucius.

Hermione estaba asqueada con ella misma, con su falta de cautela para resolver los problemas, sin embargo sabía que los Malfoy no le estaban dejando mucha opción, estaban amenazando a lo que más ella quería. Después de un par de minutos Jugson llegó con los Granger a rastras, Jane caminaba difícilmente y a Robert tuvieron que ingresarlo levitando, estaba casi completamente imposibilitado para caminar; al ver eso Hermione quedó convencida de que su decisión había sido correcta, no podía permitir que nada ni nadie dañara a sus padres, ella los protegería aún en contra de sí misma, tuviera que dejar de lado su libertad, su felicidad o su propia vida, ella se encargaría de que ellos estuvieran bien.

-Yo cumplo con mi palabra Granger.- Exclamó Draco cuando entraba otra vez al recibidor. –Padre, tengo que hablar con ella… a solas.- El tono del ojigris era frío, cargado de indiferencia.

-Claro hijo, tienen que planear dónde será la boda y si se servirá champagne o ron.- proclamó a los cuatro vientos Lucius. –Jugson.-

-A sus órdenes señor.- Dijo el torpe hombre casi postrándose a los pies del ex mortífago.

-Vámonos.- Ordenó Lucius.

Una vez que se quedaron a solas Draco caminó alrededor de la Gryffindor, analizando cada uno rincón del cuerpo de la joven, pero no la analizaba a ella completamente, dentro de sí mismo, el principe de Slytherin intentaba adivinar todo de ella, ¿Por qué su comportamiento? ¿Por qué tantos juicios a la ligera? ¿Por qué no dejarlo demostrar lo que realmente era?

-¿Por qué Granger?- Preguntó Draco parándose frente a Hermione.

Como respuesta recibió una sonora bofetada por parte de la chica. -¡Eres un asco Malfoy! ¡Eres la peor de las basuras que han pisado esta tierra! ¡Has echado a perder mi vida, mis sueños, mi carrera! ¡TODO!- Levantó la mano izquierda mostrando el anillo que Ron le había dado como promesa de matrimonio. -¿Ves esto? Esto es el símbolo de mi amor por Ron… ahora has echado todo a perder.- La castaña no pudo másse tiró de bruces y lloró, lloró por ella, por Ron, por sus padres, por la vida que le estaba siendo arrebatada.

-Vaya.- Contestó Draco con una voz de indiferencia. –Va a ser una lástima, Weasley quedará con el corazón hecho pedazos.-

-¡Cállate!- Gritó Hermione desde el piso. –No se te ocurra mencionar su nombre, eres un asco.- Esta vez la voz apenas se escuchaba, la chica estaba ahogándose en sus propias lágrimas.

-¿Ya podremos hablar sobre lo que pasará en los próximos meses?- Preguntó Draco ignorando completamente los lamentos de la Gryffindor.

La castaña asintió intentando tranquilizarse, el platinado le dio un par de minutos para estabilizarse, caminando elegantemente hacia la ventana, permitiendo que el reflejo del ocaso iluminara sus facciones, mismas que estaban cubiertas de total indiferencia.

-¿Qué es lo que va a pasar?- Preguntó la castaña una vez que estuvo recompuesta.

-Poky.- Dijo Draco aún sin moverse de su sitio original.

La elfina apareció vestida con un atuendo de niña pequeña color rosa a juego con un mantel y un delantal blancos. –Llamó el amo Draco.- Dijo ceremoniosamente la pequeña criatura.

-Sí, llévate a los muggles de allá a una de las habitaciones de huéspedes, ponlos cómodos, te quedas a sus órdenes hasta que yo te de nuevas indicaciones.- Ordenó simplemente el príncipe de Slytherin.

-¡Ni siquiera lo pienses!- Gritó ya en un estado de histeria Hermione.

-Tranquila Grager.- Contrarió el platinado con serenidad. –Simplemente irán a una habitación. Los Malfoy somos hombres de palabra.

-¿Conoces el significado de "palabra"?- Preguntó irónicamente la castaña. –Toda tu familia siempre ha sido una familia de cobardes. Mira, tan solo tuviste que recurrir a la amenaza y la crueldad para llegar a ese cargo que tanto anhelas.- Soltó Hermione con resentimiento inyectado en cada una de las palabras.

-Si me hubieras dado tan sólo un voto de confianza no habría tenido que recurrir a esto… no creas que a mí me complace tener que casarme contigo, pero si con ello podré demostrar…- El ojigris cortó ahí la oración, no iba a abrirle todos sus pensamientos a una mujer que claramente no pensaba brindarle por lo menos el privilegio de la duda.

Al notar el gesto del más joven de los Malfoy, Hermione escudriñó el rostro de atractivo joven, y casi pudo ver cómo se materializaban las fuertes barreras que el chico levantaba en su mirada, no dejando a la vista ni una pizca de emociones o de sentimientos. Simplemente impenetrable.

-Ok.- Dijo simplemente la chica. –Que los lleve.- Por alguna extraña razón, quería confiar en él, por lo menor por única vez.

-Igual no estaba pidiendo tu autorización Granger… Poky, haz lo que te pido por favor.- Pronunció Draco volteando a ver a la pequeña elfina que no había perdido un solo detalle de la "conversación" de su amo con la castaña.

- ¿Dijiste… "por favor"?- Preguntó la chica sin detenerse a analizar lo que estaba diciendo, al tiempo que la elfina desaparecía con los padres de la Gryffindor.

-No he dicho que puedes hablar.- Cortó de tajo el joven, de verdad le resultaba molesto que la chica estuviera ahí, el simple hecho de pensar en lo que se avecinaba para ellos le purgaba. –Nos vemos aquí la próxima semana, pon en orden tus asuntos.- Dijo casi mecánicamente al tiempo que se aproximaba a la castaña para tomar su mano izquierda y darle una mirada de desdén al anillo que ésta llevaba en su dedo anular. –Deshaz ese compromiso, ya sabrás cómo…- Ordenó el joven.

-¿Qué?- Interrumpió la Gryffindor.

-Tienes que deshacer ese compromiso Granger, ¿No pensarás que te vas a casar con los dos verdad? Escucha bien… -Comenzó a explicar violentamente el platinado.

-Amo Draco.- Apareció de pronto Poky. –Carina llegó a Poky para entregarle esto.- Anunció la pequeña elfina extendiendo una manita para entregarle al Slytherin un sobre con un sello cubano, en cuanto lo tomó en sus manos, la castaña pudo percibir un cambio en el semblante del chico, pero no supo distinguir qué. –Disculpa.- Dijo el platinado volteando nuevamente a la castaña. –Tengo que atender esto, nos vemos la próxima semana… arregla lo que tengas que arreglar y yo haré lo propio.- Dicho esto el joven se retiró del salón, no sin antes dirigirle una aristocrática reverencia a la contrariada joven.

Una vez en su cuarto, Draco se sentó en uno de los sillones, permitiéndose al fin dar un resoplido de exasperación, ahora sentía un enorme peso en los hombros, y el sobre que sostenía ceremonialmente en su mano derecha no le aminoraba la carga. Dejó el sobre en la mesa y se levantó para pasearse frente a la pequeña mesa varias veces, en cada ida y venida volteaba a ver la carta, como esperando a que se leyera sola o bien hablara y le diera por lo menos un adelanto del contenido, al no notar nada extraordinario abrió el sobre y comenzó a leer.

Draco:

No tienes idea de la nostalgia al leer la carta que me enviaste, cuando me informaste que irías a Londres a hablar con tus padres pensé que era una broma, pero mi corazón se llena de regocijo al saber que no era así. ¿Y bien? ¿Cómo tomaron la noticia? Espero en el alma que la respuesta sea a bien.

Amor, sé que quizá no es la forma de hacerte saber la noticia, puesto que quizá tus planes sean otros y desees que te de más tiempo, pero hay un tema un poco delicado que tenemos que tocar y que forzosamente tiene que ser tratado por los dos, así que, te informo que me estoy organizando para arribar en Londres en por lo mucho tres semanas.

Por favor no te enojes por la inercia de mi decisión pero no puedo dejar pasar más tiempo.

Con amor:

Yanar a.

Draco necesitó leer la carta más de una vez. Era inaudito, en un momento de debilidad, el rubio salió corriendo de la habitación en dirección a la alcoba de su madre, una vez que tocó tres veces la puerta se arrepintió de comportarse como un adolescente en busca del consejo de esa mujer, pero sabía que no tenía otra alternativa.

-Adelante.- Contestó una madura pero elegante voz femenina, una vez que entró, Draco observó a su madre sentada en una silla que estaba a los pies de la cama, se permitió llenar las pupilas con la imagen de su madre elegantemente sentada mientras observaba una pequeña caja de música que a la simple vista denotaba elegancia y antigüedad.

-Madre.- Dijo Malfoy mientras se inclinaba ligeramente para después comenzar a caminar en dirección a su madre, Narcissa dejó la caja musical en su regazo y extendió ambos brazos en dirección a su hijo, quien tomó ambas manos, las besó y se puso de cuclillas frente a su madre.

La mujer observó a su hijo, liberando sus manos del agarre del joven tomó ambas mejillas de su hijo y las acarició, poniendo atención a cada uno de los detalles del rostro de su hijo, una vez observado cada rasgo del platinado preguntó: -¿Qué ocurre Draco?- Su tono era tan maternal que el joven se estremeció, esa mujer lo conocía.

-Madre, hay algo que nos les dije cuando regresé de Cuba.- Comenzó el joven, la mujer hizo el gesto de levantarse y Draco se puso de pie, para ofrecerle su brazo a Narcissa, quien lo tomó y dirigió a ambos a la mesa de té que se encontraba en el balcón de la alcoba.

-Dime hijo… ¿Qué es aquello que hasta ahora te inquieta?- Preguntó Narcissa quien se sentaba ahora en la silla que era ofrecida por su hijo, una vez éste se acomodó en su respectiva silla comenzó a hablar.

-Madre, en Cuba conocí a una chica.- Dijo Draco luego de suspirar.- Se llama Yanara, estudiaba en el mismo Colegio que yo, pero ella se preparaba para otra área, comenzamos una relación hace cerca de 10 meses, y todo iba muy bien, es una chica muy fácil de apreciar.- Explicó Draco mientras observaba el gesto de su madre, que irradiaba una total comprensión. –Quiere venir en 3 semanas, no sé a qué, los últimos 2 meses y medio no tuve en absoluto contacto para poder concentrarme en los últimos detalles para concluir la carrera, aunque seguíamos en contacto por lechuza, ahora no sé cómo decirle que me voy a casar.- Exclamó Draco exasperado, le molestaba rotundamente que cada uno de sus planes se había venido abajo con la intromisión de Granger en su vida.

-¿Qué es más importante para ti, Draco? ¿El Título frente a la sociedad, o lo que sientes por esa chica? Porque a mis ojos es un hecho que sientes algo por ella, el simple hecho de que te preocupe lo que ella siente en torno a tus decisiones y la haces partícipe de ellas, quiere decir que la joven te importa.- Las palabras de Narcissa estaban inyectadas de amor a su hijo, pero en el fondo, la mujer sentía angustia y frustración, ¿En qué momento Draco había permitido que su padre lo sumergiera en fines tan egoístas? ¿Qué estaba pensando Draco cuando decidió que quería ser partícipe de una venganza en contra de Hermione? –Hijo, yo no voy a ser parte de eso que tu padre y tú maquinaron, simplemente de digo a ti que tienes que analizar dos veces antes de tomar cualquier decisión, por muy sencilla que parezca. Tus ojos ya no son los mismos que cuando te fuiste a Cuba, lleno de dudas y de rencor, cuando te vi en el vestíbulo después de un año ya no eras el mismo, algo te pasó en ese Colegio que me regresó a un hombre nuevo, pero a casi una semana de tu regreso me topo con que estás lleno de resentimientos otra vez. ¿Qué pasa por tu mente Draco? ¿Es que piensas que la venganza es la única forma de descargar eso que sientes? Porque, yo solamente veo que te encaminas a lo mismo que lo que juraste dejar atrás en cuanto concluyó la guerra, hijo… Voldemort está muerto.- Los ojos de Narcissa pasaron de la comprensión a la tristeza.

-Madre,- Comenzó Draco sosteniendo la mano de la mujer y depositando un beso en ella. –Ya sé que Voldemort está muerto, y es por ello que me enoja profundamente que la sociedad mágica haya invertido los papeles. ¿Recuerdas cómo eramos los mortífagos? Eramos seres, no humanos mamá, seres que no teníamos ningún tipo de afecto o comprensión a las personas que nos rodeaban, seres que volteábamos a ver hacia abajo o incluso pisoteábamos la dignidad de quienes nos rodeaban, simplemente por ser diferentes a nosotros. Mi molestia y resentimiento parte de que ahora estamos del otro lado de la moneda, ahora son los magos en general, mestizos, sangrepura, todos están siendo despiadados con nosotros, ahora son ellos los que nos cierran las puertas en las narices. ¿Es eso justo? Se supone que Padre y yo fuimos sometidos a un cambio, cambio que ocurrió y tú eres testigo de ello. Si estoy aceptando casarme con Granger, o bien, me hice partícipe de esto es porque quiero ser Ministro de Magia, quiero que la sociedad vea que no soy igual, que cualquier mnortífago arrepentido es capaz de generar un cambio, y al mismo tiempo hacer que ella vea que se equivocó… que no debió iniciar esa absurda ley.- Las palabras de Draco eran decididas, llenas si bien de ira, también de verdad.

-¿A quién le quieres demostrar que eres diferente hijo, a la sociedad… o a ti?- Preguntó Narcissa mientras tocaba tiernamente la mejilla de su hijo. –Quien debe sentirse diferente eres tú. Con eso basta, ya las oportunidades vendrán después. Hijo si lo que quieres es generar un cambio en la comunidad mágica hazlo desde ti mismo, no a través de un cargo estúpido que tú y yo sabemos que está rodeado de apariencias… Pero si aun con lo que te digo sigues empecimado en hacerlo… adelante… pero habla con tu novia, dile la verdad, no le mientas.- Le sugirió Narcissa a su hijo, en el fondo sabía que dijera lo que dijera no iba a hacer cambiar de opinión a su hijo, pero había decidido algo, iba a mantenerse cerca de él. Mientras ella viviera no iba a permitir que Lucius lo envenenara después, había recuperado a su hijo, no a iba a permitir nuevamente que se lo arrebataran.

-Tienes razón madre, tengo que hablar con ella, en cuanto a Granger, ya estoy demasiado adelante para retroceder, aunque me arrepienta tengo que hacerlo.- Dijo Draco seriamente.

-No pierdas tus ojos Draco.- Dijo Narcissa.

-¿Qué?- Preguntó Draco.

-Los ojos son la ventana del alma, no dejes que se pierda tu alma.- Recomendó Narcissa. Esa mujer a veces era extraña para hablar.