Hola!
Kami, Matt y Mello están de vuelta (H)
...XD
lo sé, me demoré (para variar u.u) pero los aseguro que valió la pena la espera ;)
bueno, cuento corto...
Disc: Mello es increíblemente sexy con esa motocicleta, créanme, lo sé, y Matt con su voz de artista de elite y su guitarra acústica es demasiado como para ser verdad... u original. Así es, no son míos, sino que son de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba (creo que ahora sí lo escribí bien XD), los cuales mataría de un ataque al corazón si supieran el lo que convertí a este par...
Música: les parece que me repito el plato? la razón es sencilla: amo estos grupos :D
R.E.M. con la canción Why Not Smile... no, esperen, no es R.E.M., es un cover XD pero bueh, que quieren que haga, no está en youtube la original...
http:// www. youtube .com / watch?v=XlG2W8YpzdE (sin espacios, Link próximamente en mi profile ;)
Bob Dylan (sangre nueva XD) con la canción Like a Rolling Stone (la cual... adivinen, no tiene nada que ver con los Rolling Stones XD)
http:// www. youtube .com / watch?v=TxF99-dnfwU (nuevamente, sin espacios, formato en 45 RPM... gran sonido)
no se imaginan lo que me costó elegir la banda sonora para este chap... espero sinceramente que sea de su agrado :)
bueno... fic!
10. celebración y un regalo de más
Matt, aún aturdido, permaneció unos minutos más con la cajetilla en la mano y sin decidirse a fumar. Ya se había acostumbrado a las poco habituales muestras de buena voluntad por parte del rubio motociclista, pero esto era demasiado. Es decir, el hecho de que le diese de esa forma algo que sabía que le gustaría, por más que para él fuera desagradable, era extraño por definición.
Finalmente, sin embargo, el incitante aroma del buen tabaco fue más fuerte que su extrañeza, por lo que llevó uno de los cigarrillos hacia su boca y lo encendió. Era aún mejor de lo que había esperado.
Casi inspirado, tomó su guitarra y comenzó a improvisar, sentándose en la cama con aire soñador y parando cada cierto rato para dar una calada aún más profunda al cigarro. Pero sólo en ese momento logró descifrar el significado de las palabras de Mello.
Oficialmente, y a partir de ese minuto, tenía veinte años. Y no notaba nada diferente en realidad.
Dejó la guitarra a un lado, distraído, y contempló sus zapatillas. Por alguna razón, los veinte años siempre le habían parecido fascinantes y lejanos, un número inalcanzable y digno de "los mayores", y resultaba que ahora él, Mail Jeevas, alias Matt, tenía veinte. Y el resultado era decepcionante, es decir, nunca esperó un gran cambio o alguna especie de transformación, pero a lo menos esperó sentir algo… especial, lo cual no era el caso. Seguía siendo el mismo niño que fumaba a escondidas en el baño y que hacía de la música su vida por más que el mundo se interpusiera en sus sueños de éxito y reconocimiento.
Se dejó caer de espaldas en la cama, algo deprimido. De no ser por los cigarrillos, pensaba, definitivamente se hundiría. Luego le agradecería el gesto a Mello de alguna forma.
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Sin una palabra, el pelirrojo se sentó en la vereda al lado de un muy distraído Mello, quien sólo notó su presencia luego de un insistente escrutinio y un elocuente carraspeo. Le miró un rato en silencio, pero al pasar los minutos comenzó a incomodarse. Retiró la vista.
— ¿…qué?— preguntó con algo de brusquedad. Si le iba a preguntar respecto a eso de los cigarrillos…
—No estás bebiendo. — comentó Matt, lo cual dejó al motociclista perplejo. Hasta ahora no lo había notado, pero apenas el pelirrojo lo hubo mencionado sintió esa sensación de ansiedad en el estómago que había comenzado a asociar de forma desagradable con la abstinencia.
— ¿…no deberías preocuparte de tus propios asuntos?— le espetó. —es tu cumpleaños. Vete a algún bar o algo.
—sí, eso es lo que haré… cuando abran los bares. ¿Has visto un reloj últimamente?
El rubio iba a contestar, pero decidió cortar por lo sano e ir a buscar sus fieles botellas de whiskey. Al menos, ellas no le molestaban. Sin embargo, luego de rebuscar un poco en el compartimiento de la motocicleta, destapar la botella semivacía y sentir el penetrante olor del alcohol, no pudo evitar arrugar la nariz con desagrado. Por primera y probablemente única vez en su vida, la resaca le impedía tomar más a la mañana siguiente.
Observó el líquido y agitó levemente la botella, escuchando el tentador sonido de este contra las paredes de vidrio, pero la sola idea de que el whiskey le pasara por la garganta le provocaba náuseas. Qué extraño, dividido entre las ganas de beber y la necesidad de no hacerlo.
Frustrado, devolvió la tapa a su lugar. Ahora tenía el doble de sed, pero debía reconocer su derrota. Se apoyó en su motocicleta, con la botella aún en la mano, como resistiéndose a la idea de dejarla en su lugar, y miró a su alrededor con aire aburrido, hasta que se encontró con Matt, quien se abrazaba las rodillas mirando al cielo. Parecería un niño, o al menos se habría visto bastante infantil, de no haber tenido el cigarrillo en la boca.
En ese momento el pelirrojo se volteó, mirando al motociclista con aire inquisitivo. Este se limitó a mantener su expresión neutra, pero Matt casi habría podido jurar que una sonrisa luchaba por asomar en sus altaneras facciones. Finalmente, Mello apartó la vista, pensando en qué no daría por ser tan simple como ese joven que, con un par de cigarrillos y una guitarra, era capaz de ser feliz.
—Te ves bastante infantil, ¿sabes?— comentó distraídamente. El pelirrojo continuó observándole, extrañado.
— ¿…es un halago?— bromeó, luego de una pausa. El rubio rió ligeramente, pero había algo diferente en aquel gesto. No era esa risa despectiva o burlona de siempre, si no que, pensaba Matt en ese momento, era tal y como debería ser una risa: simple y feliz. Le sonrió a su vez. Qué no daría por ser así de fuerte, que a pesar de todas las cosas malas que le habían pasado y los eventos desafortunados que había sobrevivido, era aún capaz de alegrarse de vez en cuando.
—no precisamente…— replicó Mello. —con una cara así, no te dejarán entrar a ningún bar. Voy a tener que celebrar por los dos, según parece.
Ambos volvieron a reír, algo más relajados. El rubio, finalmente, volvió a su lugar junto a Matt, mientras este dejaba escapar el humo hacia el cielo en forma de argollas. Mello observó unos minutos los aros de humo deshaciéndose en el aire sobre ambos, mientras un par de transeúntes miraban con interés las vidrieras de una tienda cercanas, probablemente pensando en el desayuno.
— ¿…vas a tomar o no?— preguntó el pelirrojo, señalando la botella que Mello aún conservaba. Este la miró con el entrecejo levemente fruncido.
—no estoy de humor.
Matt alzó una ceja con incredulidad. —yo creo que tienes resaca y nada te pasa por la garganta.
—Yo creo que no es de tu incumbencia…— comenzó el rubio, pero el músico le interrumpió.
—Claro que lo es, ¿cómo celebraremos sin un par de vasos de ron?— Mello no supo cómo replicar aquello, por lo que optó por el silencio. El pelirrojo, por su parte, se limitó a sonreír. —creo que es mejor que guardes eso por ahora. Después de todo, es mi cumpleaños y no me haría gracia que terminases igual de ebrio que ayer antes incluso de que se haga de noche.
—Bien, sólo por eso. — dijo el rubio a su vez, levantándose una vez más para dejar la botella de vuelta en la motocicleta. Al menos, de esa forma, encubría el hecho de que si tomaba un trago de lo que fuera, lo poco y nada que hubo comido el día anterior terminaría fuera de él. Matt, por su parte, lo sabía, pero aún así prefirió pensar que era un buen gesto de Mello por la fecha.
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Ambos caminaban en silencio, cada uno metido en sus pensamientos. Matt, como siempre, llevaba la bolsa con el almuerzo, que en realidad consistía en las sobras de lo que llevaban en la motocicleta y un par de cosas compradas en una tienda de las cercanías del motel. El dinero comenzaba a escasear, para variar, y el pelirrojo empezó a considerar seriamente el trabajar el día de su cumpleaños. Es decir, lo estaban necesitando, sobre todo considerando que sólo tenían un par de bolsas de papas fritas y caramelos baratos como almuerzo.
Así que buscó con la mirada algún buen sitio, pero al ser el "pueblo en mitad de la nada" (así le llamaba a falta de nombre) un lugar tan pequeño, no pudo hallar ninguno que le convenciera sinceramente.
—oye Mello, ¿has estado aquí antes?— le preguntó finalmente al motociclista. Este se quedó pensativo unos minutos, pero respondió sin vacilar.
—creo que una vez. ¿Por qué?
—nada, estaba pensando en dónde podría conseguir un buen local.
El rubio le observó con extrañeza. — ¿trabajar en tu cumpleaños? Me tomas por sorpresa.
—no soy tan vago como parecer creer. — Matt le sonrió antes de proseguir. —es parte del trato. Después de todo, dudo que dejaras de conducir si fuese tu cumpleaños.
Mello alzó una ceja, como poniéndolo en duda, pero no replicó. Prosiguieron con su silencioso vagabundeo por unos minutos, hasta que, sorpresivamente, llegaron a un enorme espacio vacío. De alguna forma, el pueblo terminaba repentinamente, y sólo veían el desierto y un par de cactus allá delante. El pelirrojo se volvió a su acompañante, mirándole con expresión neutra.
—…no es precisamente la "civilización", pero te agradezco el gesto. — comentó, pensando en lo que el rubio le hubo dicho el día anterior. Este le miró con mala cara.
— ¿Y qué más esperabas en medio del desierto?— replicó, exaltado. —No hay nada más en un par de kilómetros, de hecho, no hay nada hasta California. Pero si quieres seguir, buena suerte. Quizá te parezca mejor celebrar en la frontera entre los estados, y así, de paso, me libro de tus idioteces.
Dicho esto, se cruzó de brazos y dio media vuelta, seguido de Matt luego de una pausa y una última mirada al vacío.
—oye, lo siento en verdad… pero al menos ponte en mi lugar un segundo. Estoy a kilómetros de mi hogar, en medio de un racimo de casas que se hace llamar pueblo, se me agota el dinero y es mi cumpleaños. ¿Qué harías tú en mi lugar?— se situó a un lado del motociclista, quien resopló enfadado antes de replicar.
—No molestaría. — dijo sencillamente, acelerando el paso. El pelirrojo le imitó, logrando darle alcance nuevamente.
—ni que fuese tan grave... ya dije que lo sentía, así que no tendrías que…— se detuvo, como considerando algo. Finalmente, esbozó una sonrisa y comenzó a reír. Mello le observó intrigado.
— ¿…qué mierda te pasa ahora?— preguntó luego de un rato, perdiendo la paciencia.
— ¡Claro, tendría que haberlo sabido…!— el pelirrojo hizo una pausa, respirando hondo, mientras el motociclista alzaba una ceja con fingida indiferencia. —Esta es algo así como tu buena acción del día…— Mello volteó y le observó con expresión neutra, pero se veía a las claras que exigía una explicación. Matt procedió a hablar, con una animada sonrisa. —estás siendo considerado con alguien que no seas tú, eso es nuevo para mí. Creo que mereces algo a cambio, es decir, con eso de los cigarrillos, definitivamente no creo que seas un amargado.
—…no gracias. No tengo buenas experiencias con tus… "compensaciones". Además, definitivamente eres un niño. Un caramelo y ya estás feliz…— se detuvo, notando a último minuto que el pelirrojo le había arrancado una confesión bastante denigrante. Este, por su parte, le dio una amistosa palmada en los omóplatos.
— ¿ves? Un par de horas y ya ni siquiera lo niegas…
—Ve y gana dinero. — lo cortó el motociclista, cruzándose de brazos y señalando con la cabeza un local cualquiera de una calle lateral. Matt se encogió de hombros y fue hacia allá, pero antes de entrar se volvió hacia el rubio.
—ve y compra un almuerzo, odio tocar con el estómago vacío…
—No gastaré más dinero por ahora. — dicho esto, señaló la bolsa de papel en la cual llevaban las bolsas de comida chatarra. El pelirrojo miró sus alimentos con el entrecejo fruncido.
—por favor Mello… si me va mal…
—ni uno de los dos comerá en un par de semanas. Ahora dame una de esas…
Rebuscó unos segundos en la bolsa que Matt llevaba entre los brazos, sacando una barra de chocolate enterrada por entre las bolsas de papas fritas. Sintió ese vuelco en el estómago por culpa de la abstinencia, pero al desgarrar la envoltura y morder un trozo apresuradamente logró mitigar el síntoma.
Finalmente, ambos traspusieron el umbral, hallándose en un destartalado negocio, no obstante de un tamaño lo suficientemente aceptable como para albergar un buen público. No había escenario, pero Matt, mientras mascaba una papa algo rancia, decidió que podrían improvisar uno de alguna forma.
De pronto, un potente silbido le sobresaltó, y al voltear notó que Mello estaba solicitando atención con un chiflido. Inmediatamente, de entre las sombras del mostrador surgió el dueño, con quien el rubio intercambió algunas rápidas frases con aires de gran negociador, mientras Matt se limitaba a observar el lugar y evaluar la acústica, pero pronto su mente se alejó de todo aquello, observando el desierto paisaje por la ventana.
La verdad, aquel pueblo en medio de la nada tenía de ciudad lo que Gallup de país, es decir, nada en realidad. Era sólo un racimo de casas apiñadas alrededor de un desvío de la ruta principal y, si no se equivocaba, de una estación de ferrocarriles. Sacó un cigarrillo más (de los baratos, los otros sólo los usaría en caso de extrema necesidad), y mientras fumaba observaba las montañas, que tan lejanas le habían parecido en un principio, pero que ahora se alzaban como una barrera entre el pueblo y el mar.
Sin poder evitarlo, suspiró. Extrañaba el mar, le gustaba ver las olas golpeando los bancos de arena y los roqueríos, todo lo contrario a la permanente quietud del desierto. Todo aquello le era bastante familiar, los fines de semana sagradamente viajaba con amigos hacia algún lugar cerca de la costa, y desde niño el mar le había parecido relajante y perturbador en cierta forma. Muchos le tildarían de extraño, pero el hecho de no poder controlarlo le fascinaba tanto como le repelía…
— ¡eh, oye!— un codazo en el brazo le trajo de vuelta al presente, cortesía de un muy molesto Mello. —despierta pelirrojo, tenemos unas horas antes de tu… espectáculo. — el tono aburrido y autoritario del rubio irrumpió de golpe en sus ensoñaciones, por lo que dio un respingo. Al voltear, notó que el motociclista le observaba directamente con esos ojos claros y una mueca de leve molestia: probablemente llevaba un tiempo llamándole.
—ah, claro. Lo siento. — le sonrió a modo de disculpa, mientras Mello le observaba con una expresión extraña.
—tú…— hizo un ademán curioso, el cual si Matt no le conociera lo suficiente como para saber que era imposible, casi habría parecido una intención de posar una mano en su hombro para confortarle. Sin embargo, fuera lo que fuese, desistió a los pocos segundos —…estarás bien.
Se situó a un lado del joven, observando las mismas montañas con expresión abstraída. El día ya declinaba, y el pelirrojo realmente sentía que había sido el cumpleaños más calmo y normal de su vida. Sin embargo, luego recordó que él y Mello irían a pasar un buen rato por las estrechas calles del minúsculo pueblo, por lo que aún quedaba tiempo para arruinar lo que se encaminaba a ser un día tranquilo y sin incidentes.
Soltó una leve risa. Desde que se había topado con el problemático motociclista no habían hecho más que meterse en problemas, es decir, más del doble de los que se metería en caso de andar solo. La verdad es que siempre se había considerado una especie de imán para los problemas, o más específicamente, para la gente problemática, y el hecho de llevar tantos días viajando con un peligroso pandillero sólo lo confirmaba.
Y de pronto, hizo el cálculo de rigor. Frunció el entrecejo y contó una vez más, y un par de veces más, para asegurar el no haberse equivocado. Finalmente, se volvió hacia Mello, quien aún observaba cómo las montañas se teñían progresivamente de un brillante color dorado rojizo.
— ¿Te digo algo extraño?— comentó, por lo que el motociclista se volvió hacia él. —llevamos una semana viajando. Justo hoy son siete días.
—…sí, supongo que es extraño…— musitó distraídamente, alzando la vista unos segundos para calcular por sí mismo. — ¿…y qué?
—no lo sé, es decir, ahora sí me siento en deuda. — siete días completos soportando a alguien sólo por buena voluntad. Definitivamente, y dijera lo que dijese Mello para rebatirle, Matt sabía que el rubio era una buena persona en el fondo.
—en ese caso, más te vale ganar mucho hoy.— esbozó una sonrisa mientras lo decía, algo tensa del lado izquierdo de su rostro por culpa de la cicatriz, que lejos de ser un trofeo de guerra como lo veían la mayoría de las personas con las que se habían cruzado (la anciana de la primera posada en la que se hospedaron, el acaudalado dueño del hotel El Rancho o el administrador del motel en el cual se hallaban ahora), o algo de lo que avergonzarse (los pandilleros de Alburquerque y mucha gente que le veía con lástima), era sencillamente una prueba de que ese tipo que imponía tanto a primera vista era sólo otro ser humano.
—sabes que siempre lo hago. — comentó finalmente Matt, correspondiendo el gesto y volviendo la vista una vez más hacia la ventana. Y ambos se limitaron a contemplar cómo el vacío desierto de Mojave, habitado por cactus, autopistas y líneas ferroviarias, cambiaba lentamente de color gracias a los ahora oblicuos rayos de sol.
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— ¿Estás seguro de que no sabes tocar armónica?— preguntó una vez más, preocupado y rasgueando las cuerdas de su guitarra, comprobando que estuviesen afinadas. Mello le observó con cansancio.
—no. Y aunque lo hiciera no volvería a subir a un escenario contigo. Ese era el trato. — le recordó, ante lo que Matt suspiró con desánimo. —y además, es el nieto de tu jefe provisional, no puedes sacarlo así como así…
Sentados en la vereda frente al local, esperaban a que la gente (si es que había, pensó el pelirrojo) comenzara a salir de sus hogares a buscar diversión. Sin embargo, el guitarrista estaba algo nervioso, ya que como condición para admitirle, el dueño del local le obligaba a tocar junto a un armonicista de no más de doce años, por lo que tendrían que esforzarse bastante para hacer algo decente. Con el mismo ánimo, se dispuso a responder al comentario del motociclista.
—no lo sé… ni siquiera le he escuchado tocar esa maldita armónica…
—Si estás tan inseguro, ¿por qué no lo haces tú y de paso dejas de quejarte?— el pelirrojo le observó con las cejas alzadas.
— ¿Cómo crees que me vería con una armónica atravesada en la boca mientras intento tocar una guitarra?— volvió la vista hacia su instrumento, mientras fruncía el seño ante una cuerda que, definitivamente, no tendría que haber sonado de aquella forma.
—Algo más ridículo de lo usual, supongo…— el rubio se encogió de hombros, pero Matt tomó una bocanada del cigarrillo que sostenía y lo expulsó en su dirección con expresión malhumorada. Maldito motociclista sarcástico.
—Tómalo en serio, ya viste que no es gracioso estar allí arriba…— Mello tosió por culpa del humo del cigarrillo, pero intentó mantener los ánimos bajos. Después de todo, no le haría gracia reventarle el labio al pelirrojo una vez más, menos aún en su cumpleaños y completamente sobrio.
—…de acuerdo…— carraspeó. —si no te doy… apoyo moral, no habrá dinero, así que…— se levantó con rapidez, carraspeando nuevamente. Puto humo de cigarrillo. —voy a dar una vuelta en la moto. Nos vemos en un par de horas, y más te vale estar ensayando con tu "nuevo compañero" cuando vuelva.
En un principio Matt se encogió de hombros con indiferencia, mientras Mello caminaba hacia el vehículo aparcado allí cerca. Pero cuando oyó el rugido de la motocicleta al encenderse, se le ocurrió una idea bastante interesante.
Así que se levantó apresuradamente y se precipitó hacia donde el rubio comenzaba a acelerar. Cuando este le vio acercarse, se detuvo y se quitó el casco, observando con indiferente curiosidad al pelirrojo que en aquel momento se detenía sin aliento junto a él.
— ¿…necesitas algo?— preguntó finalmente. Matt se tomó su tiempo, pero respondió apresuradamente.
— ¿me… me enseñas?— Mello no demudó la expresión, sin entender ni una palabra. El pelirrojo decidió reformular su petición. —a manejar la moto… ¿qué dices, me enseñas?
El rubio se enderezó completamente en el asiento, entornando los ojos. —tú mi moto no la tocas. — le recordó. —pensé que había quedado claro.
—Por favor, ¿quién sabe cuándo eso puede ser útil?— se acercó lentamente al vehículo, conciente de que si no tenía el suficiente tacto Mello sería capaz de pasarle por encima con su motocicleta.
—No, es mi última respuesta. — desvió la mirada, dispuesto a colocarse el casco una vez más, pero Matt le sujetó de un brazo. El rubio le observó con una mueca de advertencia, pero el pelirrojo no desistió.
— ¡vamos, sé que te haría gracia enseñarme!
—no.
—en serio, no se nada de motos… soy un completo ignorante en ese sentido…
—con mayor razón…
—…tómalo como tu revancha por lo de ayer… recuerda, lo de las chicas…— le interrumpió Matt, completamente entregado a su causa. El rubio bajó la vista, considerándolo, y finalmente asintió secamente.
—de acuerdo. Pero harás todo lo que te diga sin quejas.
—bien. — replicó el pelirrojo, bastante emocionado. Le daba curiosidad el poder dirigir ese vehículo que, hasta el momento, era todo un misterio para él. Sin embargo, Mello aún tenía una condición más.
—pero, si algo le pasa a la moto mientras tú la conduces, no sabrás nada acerca del tabaco de aquí a San Francisco. Sólo como advertencia. — el pelirrojo, quien se apresuraba a montar tras el motociclista, se alarmó visiblemente ante tal condición, pero definitivamente estaba dispuesto a arriesgar su vicio por ese pequeño capricho.
—está bien. Estoy dispuesto. — dicho esto, se acomodó en el estrecho espacio entre Mello y el respaldo del asiento con cierto aire de superioridad. Después de todo, ¿qué tan difícil podría ser?
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— ¡Acelera si no quieres que te arranque los dedos con las cuerdas de tu propia guitarra!— gritó el motociclista, rozando la histeria cuando Matt casi se vuelca por octava vez consecutiva.
— ¡¿quieres que me mate?!— preguntó este a su vez, intentando acomodarse sobre el asiento una vez más.
— ¡Prefiero eso a que le raspes la pintura!— se apresuró hacia el lugar, apenas unos metros más lejos del punto de partida, acomodando la correa de la guitarra del pelirrojo (la cual conservaba casi en calidad de rehén). Las cosas iban no sólo mal, sino que pésimo, y Mello consideraba seriamente el abortar toda esa estupidez antes de que su querida motocicleta sufriera más daños de los ya provocados por el descuidado pelirrojo.
—Bien, lo siento… ¡pero todo esto es demasiado complicado!— frustrado, golpeó ligeramente el manubrio, provocando que la rueda delantera virara hacia un lado y el vehículo oscilara peligrosamente. El rubio se adelantó instintivamente para sujetarla.
—no es complicado. Tú eres el problema. — suspiró, mientras se retiraba despacio hacia atrás, las manos aún alzadas hacia la motocicleta. —te lo voy a explicar por última vez. Y cuando digo última, quiero decir última. ¿Entendiste?
Matt asintió una vez, decidido. No dejaría que ese maldito vehículo le ganase tan fácil. Evidentemente asustado por la integridad de su motocicleta, Mello dejó la guitarra a un lado y volvió a posicionarse a un lado del pelirrojo, tomando el manubrio, mientras el motociclista frustrado observaba por sobre su hombro.
—primero, la tomas con firmeza. Es como los caballos: sienten el miedo…
—Mello… ¿te fumaste algo?— preguntó el músico, frunciendo el entrecejo. El rubio giró, observándole con los ojos entronados y expresión amenazante, por lo que Matt juzgó conveniente mantener la boca cerrada.
—…como decía… sujetas el manubrio con fuerza, así. Pásame tus manos. — echándose hacia delante, el pelirrojo permitió que el motociclista le tomara de sus muñecas y posicionara sus manos en el manubrio, pasando uno de sus brazos por su cintura. —con más fuerza hombre, que parece que ni tú te lo crees.
—te gusta esto de estar al mando, ¿cierto?— comentó Matt, algo ofuscado aún e intentando tomar bien la dirección con el cuerpo del rubio obstruyéndole un brazo.
— ¿Tienes algún problema con eso?— replicó a su vez Mello, mirándole con actitud desafiante. El pelirrojo suspiró, desistiendo.
—no, nada.
—bien, entonces…
Pasaron cerca de dos horas repasando lo fundamental del manejar una motocicleta, además de varios viajes de práctica, en los cuales el rubio cedió su puesto tras el manubrio a un nervioso Matt, quien por poco logra que ambos se estrellen en una zanja a un lado del camino.
Sin embargo, luego de varios infructuosos intentos, un par de golpes entre amistosos y violentos y muchas maldiciones por parte de ambos, el pelirrojo al menos era capaz de sostenerse un par de minutos en la motocicleta.
— ¿quién lo diría? No lo haces mal, Matt. — comentó Mello, observándole descender con torpeza del vehículo.
—…aún así, prefiero mi camioneta. — trastabillando y sintiéndose entumecido, llevó al vehículo donde su dueño, prometiéndose jamás desafiar al motociclista a enseñarle algo otra vez. —bueno, gracias de todas formas.
—Sí, claro. — dijo a su vez el rubio, bastante agradecido del hecho que su motocicleta estuviese en perfecto estado. —pero no esperes que vuelva a pasarte el manubrio. No confío en ti.
—Como digas. — replicó el pelirrojo. —pero al menos la próxima vez que te emborraches en algún bar de quinta tendrás que cederme la moto.
—…buena esa. — admitió Mello, pasándole la guitarra mientras ocupaba su lugar acostumbrado tras el volante. Matt, como siempre, le siguió mansamente, sentándose tras él y asegurando la guitarra en su lugar. —pero no esperes más regalos por hoy. Me has hecho pasar suficientes malos ratos por un día.
—Otros días han sido peores…— comentó el pelirrojo, acomodando los goggles contra sus ojos. Eso no era mentira, es decir, los primeros días habían sido especialmente duros, sin mencionar la poderosa tendencia del rubio a conseguir golpes y cicatrices nuevas, y los problemas que sus respectivos vicios les habían provocado. Todo un fastidio para algunos, pero por alguna razón ambos eran capaces de tolerarse a pesar de todo.
El motociclista echó a andar el vehículo, mientras su acompañante se preparaba mentalmente, como siempre, para afrontar la velocidad, aunque ya casi le parecía algo habitual. Era sorprendente cuánto había cambiado su rutina desde que se había hallado un día solo y perdido en medio de la nada, sobre todo por influencia del infatigable Mello, quien había resultado ser bastante agradable si eras capaz de tolerar las toneladas de sarcasmos implicados. Para variar, era incapaz de saber lo que este pensaba exactamente, pero prefería pensar que realmente sentía algo parecido.
—…es extraño, ¿cierto?— comentó en voz baja. El rubio se volvió, extrañado.
— ¿Qué cosa?
—no, nada… es decir, aún es poco tiempo y…— se detuvo, intentando ordenar sus ideas. El motociclista, aún sin comprender, esperó no sin cierta reticente curiosidad. —…bueno, te estimo.
El aludido le observó por sobre el hombro con algo de dureza, pero no se sintió capaz de iniciar su discurso acerca de la conveniencia. Algo, indudablemente relacionado con el incidente de la pasada noche, le contuvo de soltar una respuesta cortante, por lo que mantuvo silencio unos minutos.
—…tienes razón. — comenzó, escogiendo con cuidado las palabras. —definitivamente es extraño.
Sin más, volvió la vista al frente, mientras se colocaba el casco precipitadamente, ansioso por acelerar, mientras Matt intentaba adivinar si se refería a su comentario o al hecho de que él también le estimaba.
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Faltaban escasos minutos para entrar a escena, y el pelirrojo boqueó impresionado al ver la gran cantidad de público que, de alguna forma, se había presentado en el local. Miró nervioso a un lado, encontrándose con el rostro lleno de confianza de Mello, quien alzó los pulgares sin mirarle siquiera para darle apoyo moral. Claro, pensó con amargura Matt, mientras volvía la vista al frente, para él era muy fácil. Él no saldría a tocar con un chico sin experiencia alguna, sino que permanecería tranquilo en su rincón.
Como notando su molestia, el motociclista soltó una risa despectiva. —por favor, no me digas que tienes miedo. Eso sólo haría peor la imagen que tengo de ti.
—no, no es eso… es sólo que ¡es un niño, por favor! ¿Crees que podrá tocar en forma decente? ¡Es decir…! ¡Ahora tengo que elegir una canción que le acomode!
—oye, tómalo con calma. Para este trabajo tienes que acomodarte a las circunstancias, y si no lo haces no tendremos dinero para llegar a ninguna parte.— replicó el rubio con sequedad, y echándole una mirada de advertencia al músico, que a todas luces quería decir que de otra forma su rostro no volvería a ser el mismo a base de golpes. —y además, todo el mundo parte desde pequeño con estas cosas… ¿no te habría gustado que al principio te hubiesen dado una oportunidad? ¿A qué edad comenzaste?
Matt alzó las cejas. ¿Mello, intentando ser empático? Sin embargo, pronto desechó la idea. Probablemente sólo le agradaba llevarle la contraria. ¡Vaya niño! A pesar de ello, decidió ignorar el hecho y responder.
—Bueno… yo empecé a los ocho. — Observó detenidamente al rubio, esperando la repetida cantinela de "¿en serio? ¡Eres todo un genio!" pero definitivamente no se esperó la natural respuesta del motociclista.
—ah. — musitó, encogiéndose de hombros. —bien por ti.
Algo extrañado, y levemente herido en su amor propio, el pelirrojo prosiguió con su discurso. —sí… y compuse mi primera canción a los diez…
—No me interesa, ¿sabes?— le cortó Mello, suspirando. —estamos hablando de lo que pasa aquí y ahora. Ya te lo he dicho, no me interesa la triste historia de tu vida.
—…eres un verdadero bastardo, ¿sabías eso?
—y tú eres un niño. Uno caprichoso y mimado. No tendría por qué alabarte o algo. Y además, no es nada especial. Jimi Hendrix comenzó a los catorce, y te aseguro que fue mil veces mejor guitarrista que tú.
Ante eso, Matt admitió su derrota. No sólo por los contundentes argumentos del motociclista, sino por el inesperado ingreso de Jimi Hendrix a la conversación. Probablemente Mello no lo supiese, pero pocos meses antes su banda le gritaba con alegría que sin lugar a dudas sería el próximo mejor guitarrista de la historia, justo después de su gran oportunidad sobre el escenario. Y, también, justo antes de perderse en la frontera con México. En muchos días no le había pesado, pero una vez más la melancolía de saberse tan lejos de sus amigos le pesó.
—oye… no te lo tomes tan a mal. Aún puedes ganarte unos dólares…— alzó la vista, encontrándose con que Mello le observaba detenidamente.
—ah no… no es eso. No te preocupes, algo ganaré. Es sólo que…— sin embargo, no pudo proseguir al ver la expresión del motociclista. Es decir, se estaba esforzando en ser más o menos agradable, y él lo arruinaría con sus sentimentalismos. En ese momento, se sintió patético. Durante días le había estado hablando de sus dramas, a su juicio bastante penosos, para descubrir que el rubio tenía ya los propios. Y aún así…
— ¿…ajá…?— Mello alzó una ceja, esperando lo que seguía, pero el pelirrojo renegó con la cabeza.
—no, no es nada. Mejor iré a ver a dónde se metió ese niño.
—como quieras.— se encogió de hombros y se reclinó contra la pared, mientras Matt pensaba en que, por más que fuese su cumpleaños, eso no le impedía hacer algo bueno por aquel motociclista que, a pesar de todo, le había hecho un lugar en su motocicleta.
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—…y ya sabes, cuando comience el coro tú…
—Sí, sí lo sé…— le interrumpió el chico con cansancio, ante lo que el pelirrojo puso mala cara. Vaya insolente. Pero intentó recordar lo que Mello le había dicho, y efectivamente casi pudo reconocerse en el preadolescente que en ese momento soplaba su armónica con aire aburrido, tal y como él lo había hecho alguna vez con su guitarra antes de salir al escenario de su colegio junto con un par de chicos mayores.
—bien. Entonces, haremos lo mejor posible. ¿Bien?
—Me parece…— definitivamente, ese chico era bastante parecido a él cuando adolescente, sobre todo en lo irreverente e irrespetuoso. Se sentó a un lado del chico, ante lo que este le observó con una mirada cargada de desconfianza. Ante esto, le sonrió con simpatía, pero no alcanzó a decir una palabra agradable antes de que el rubio motociclista llegase a ver cómo iba su inversión.
—llevándose mejor, ¿eh?— musitó con aburrimiento, mientras ambos músicos le miraban con idénticas muecas de desdén. —así es mejor. El trato es setenta y treinta, setenta para nosotros y treinta para ti. — dijo, señalando con la cabeza al muchacho. —y luego nos iremos a…
—Quiero cincuenta y cincuenta. — le interrumpió el chico, dejando al motociclista perplejo. Matt hubiese reído, pero el comentario le dejó tan sorprendido como a Mello.
—Oye niño. — comenzó el rubio, algo molesto. —somos dos. Estamos viajando y necesitamos ese dinero más que tú…
—eso tú no lo sabes. — le volvió a interrumpir, y el pelirrojo percibió el peligro cuando Mello apretó los puños y compuso una mueca amenazadora.
—tú no tienes el derecho de…
—sí lo tengo. Es mi trabajo también.
—mira, tu abuelo nos…
—no tendrías por qué hacerle caso.
—setenta y treinta, no me harás ceder.
—cincuenta y cincuenta, es lo justo.
—dije que no.
—es mi última oferta, si quieren tocar aquí tendrán que atender a mis reglas.
— ¡mira, niño…!
—sesenta y cuarenta. — interrumpió Matt. El chico le miró con extrañeza, y Mello le echó una mirada de advertencia, pero el pelirrojo prosiguió como si nada. —es lo justo, necesitamos el dinero y tú también tienes derecho a una buena parte. ¿Cómo quedas con eso?
—…me parece bien. — respondió el muchacho, esbozando una sonrisa al fin. Sin embargo, el rubio le observaba con verdadero enojo.
—tú, maldito pelirrojo imbécil. Ven aquí. — sintiéndose extrañamente como un chico regañado, Matt siguió al motociclista hacia un rincón apartado. Este se volvió y le miró con aire amenazante. —dijimos que yo me encargaría del dinero. Ese asunto no te compete, no es parte del trato. Así que mantente al margen de esto, si sabes lo que te conviene.
—Mello, sé razonable. — el joven se sorprendió cuando Matt le sonrió con algo cercano a la burla. — estás discutiendo con un adolescente, no ganarás nada con eso.
El rubio intentó replicar, pero el pelirrojo le dio unas palmadas en el hombro antes de volver a un lado del chico. Mello le siguió con la mirada, mientras nuevamente esa incómoda sensación de abstinencia se hacía presente. Al parecer, a pesar de todo, la necesidad de beber era más fuerte que su voluntad, por lo que caminó hacia la barra para pedir un whisky. Después de todo, tal y como hacía unos minutos, Matt tenía algo de razón. Quizá tenía un problema… pero, mientras tomaba un trago y sentía que esa sensación desaparecía, notó que aún no quería dejar de hacerlo. El día en que apareciese algo que reemplazara el alcohol en su vida, quizá lo haría, pero mientras ese momento no llegaba, sencillamente seguiría esperando… con un par de botellas de whisky al lado.
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Respirar, exhalar, respirar, exhalar… Matt no sabía por qué estaba tan nervioso esa vez, pero sí tenía más que claro que en el momento que dejase de pensar en su respiración comenzaría a hiperventilar. El chico junto a él, sin embargo, parecía bastante tranquilo, y logró que se sintiese algo ridículo. Es decir, era el mayor, debería dar el ejemplo de cómo comportarse sobre el escenario… pero al parecer terminaría siendo él quien recibiría lecciones de profesionalismo de aquel muchacho.
Alertado por el escrutinio, el chico volteó hacia Matt, quien inmediatamente se esforzó por esbozar su calmada sonrisa. —vaya, que manejo tienes. ¿Cómo te llamas?
— James. —dijo en voz baja y volviendo el rostro. Al pelirrojo esa actitud le parecía bastante familiar, por lo que le dio unas palmadas en la espalda.
—James entonces. Si eres bueno en lo que haces no será sólo hoy tu momento, habrá más oportunidades. Y si alguien, quien sea, trata de impedirlo, siempre puedes darles un golpe en la mandíbula para que cierren la boca. —el chico le observó con un ligero asomo de sorpresa, ante lo que Matt sólo acentuó su sonrisa.
— ¿Cómo sabes que no quieren que yo…?
—sólo digamos que lo sé. —le cortó el mayor, tomando su guitarra por el mástil mientras el muchacho le observaba agradecido. —ahora vamos y demostrémosles qué tan buenos somos.
Bastante más confiados luego del brevísimo diálogo, ambos músicos salieron de su rincón, a un lado de una precaria tarima que haría las veces de escenario. Como ya se le hacía habitual, Matt se acomodó en una vieja butaca y comenzó a afinar su instrumento, mientras la gente le observaba con curiosidad mal disimulada (después de todo, su flameante cabello rojo le señalaba como alguien que claramente no pertenecía a la ciudad) y el chico, James, se sentaba en una butaca similar. Al alzar la vista, el guitarrista se encontró con la clara mirada de Mello, quien le dirigió un ademán con la cabeza antes de volver su atención a su vaso de whisky. Vaya, ni un día había durado su abstención, pensó el pelirrojo mientras le devolvía el saludo, pero al menos lo había intentado.
Miró a su compañero, quien asintió con expresión concentrada. Ya estaba todo dispuesto, sólo faltaba poner algo de música al asunto. Comprobó con algo de desagrado que el micrófono era pésimo, pero ya no había tiempo para conseguir uno nuevo. Carraspeó y lo tomó, esperando que al menos los amplificadores fuesen decentes.
—hola…— dijo con algo de timidez. Su voz resonó claramente por el lugar, haciendo que todo el mundo voltease a mirarles ya sin ningún reparo. Dudó un segundo, pero prosiguió con valentía, sin comprender del todo el extremo nerviosismo que le embargaba. —bueno, de seguro que conocen a este chico, es de aquí y es un armonicista de lujo, doy fe de eso. —el muchacho se sonrojó levemente ante el cumplido (después de todo, sólo habían ensayado juntos una vez), pero correspondió sonriente al respetuoso aplauso que le dedicó el público. Esperando a que los aplausos se apagasen, Matt notó la mirada escéptica de cierto motociclista de la barra, que miraba divertido el conmovedor discurso. Por alguna razón, le quedó claro que Mello sabía exactamente por qué el chico le había causado simpatía, tal y como él había logrado ver la raíz del descontento de James. —nosotros vamos a tocar Like a Rolling Stone, de Bob Dylan, y esperamos que les guste.
Dicho esto, acomodó la guitarra sobre sus piernas y repasó mentalmente las notas, mientras su respiración se agitaba de nuevo. Notó que, después de todo, no era el hecho de tocar lo que le provocaba tan sensación, sino que algo en la canción misma le hacía sentirse intranquilo. Algo le recordaba, quizá la melodía se parecía a algo que había oído en condiciones poco favorables, o alguna otra cosa… renegó con la cabeza, intentando despejarse. Luego se preocuparía de eso, ahora tenía un deber que cumplir. Tomó aire antes de comenzar a rasguear las cuerdas con fuerza, sin tener una idea de lo que pasaría horas más tarde esa misma noche.
—Once upon a time you dressed so fine, you threw the bums a dime in your prime… didn't you? ...
Desde el público, Mello alzó la cabeza con brusquedad, lamentando profundamente no haber estado prestado atención. De todas las canciones de mundo, pensó con amargura, tenía que ser precisamente aquella. Inmediatamente una chica rubia y seria se le apareció en la memoria, diciéndole todas esas verdades que nadie más se había atrevido a encararle, o que quizá a nadie más le había importado hacerlo.
— How does it feel? How does it feel? to be without a home…— y en aquel momento Matt lo comprendió, ya que no era precisamente un momento lo que le recordaba aquella canción, ni era un mensaje subliminal en la melodía. Era la letra, el mensaje que entregaba, lo que le provocaba aquel desasosiego. Y lo entendió del todo cuando, al volver la vista al público una vez más, se encontró con aquel par de ojos azul verdoso y ese rostro marcado por el fuego y un pasado lleno de culpa, expresando tanta o más confusión y sorpresa que el suyo propio.
Mello dejó como sin darse cuenta el vaso de whisky en la mesa, mientras oía aquella triste historia de la chica que lo tenía todo, pero que por un impulso irrefrenable había terminado en la calle, sola, vulnerable. Demasiado bien conocía esa historia, demasiado bien sabía cómo se sentía ir de un lado a otro como una piedra que rueda sin control. Y el pelirrojo le estaba enrostrando aquellas verdades en la cara, tal y como Halle en ese lejano invierno de Detroit hacía tantos años. Y ahora lo sabía, que no habría vuelta atrás y que todo aquello que esa chica le había dicho era verdad, pero no había podido aceptarlo por culpa de aquellos que sostenían los mismos hechos pero guiados por motivos diferentes. Halle lo había hecho porque le quería, pero aquellos ancianos del orfanato sólo lo hacían por considerarle un peligro. Un peligro de quince años.
Y ahora, que veía a Matt notar las mismas cosas que en aquel momento cruzaban por su mente, no pudo evitar preguntarse en qué categoría estaría aquel joven.
— …As you stare into the vacuum of his eyes. And ask him do you want to make a deal? How does it feel?... — Matt se sentía inquieto, eso era innegable, por ser incapaz de retirar la mirada de la del rubio motociclista, pero en aquel momento su voluntad debía concentrarse en no perder el tempo de la canción. Después de todo, esta vez no estaba solo en el escenario, y no podía decepcionar al chico junto a él que hasta aquel momento llevaba una perfecta ejecución.
Se sobresaltó al notar que la presión que ejercía contra las cuerdas de la guitarra se hacía incierta, y sólo eso logró que apartase la vista del joven. Nunca, en los años que llevaba como guitarrista, había perdido la concentración de aquella forma, y se reprochó internamente por ello. Debía terminar esa canción por todo lo alto, además de que sentía el deber moral de acompañar a James en aquel solo que habían improvisado hacía pocos minutos.
Por alguna razón inespecífica y difusa, al romperse el contacto visual, Mello se sintió… extraño, quizá era la palabra que buscaba. Se volvió hacia la barra, ignorando el resto de la interpretación, y tomó su vaso, sintiendo una imperiosa necesidad de beber.
Intentando que su voz no vacilara, Matt continuó cantando y tocando con valor. La gente le observaba y animaba, había logrado ganarse al público y sobre todo estaba ayudando a aquel muchacho que recién había conocido, pero no pensaba en nada de eso. A medida que la letra avanzaba, notó que a pesar de que esta hablaba de temas similares y de lo que él mismo pensara, Mello no estaba tan perdido como aquella chica de la canción. Ese motociclista agresivo y hosco aún no había caído tan bajo, intentaba liberarse de todos aquellos prejuicios que e mundo en general le achacaba por ser como era y verse como se veía de peligroso, a pesar de sí mismo tendía a hacer el bien. Y estaba seguro que lo lograría, que sería así de libre como quería, ya que si algo sabía hacer el rubio era obtener lo que codiciaba.
Era una persona realmente admirable. Y no pudo evitar volver a pensar aquello que se le había ocurrido hacia horas, ya que él no estaba seguro de poder ganar una lucha contra el mundo. Le gustaría, sin duda alguna, ser así de fuerte, ya que aquellas luchas mezquinas de su adolescencia parecían ridículas en comparación, esas discusiones con la anciana de junto por sus fiestas parecían insignificantes. Él, por más que pensase que su vida había sido lo suficientemente difícil, jamás podría resistir aquellos kilómetros llenos de vivencias que Mello había elegido como su camino.
—How does it feel? How does it feel? To be on your own…With no direction home…Like a complete unknown…Like a rolling stone?
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Los minutos pasaron, la gente salía y le felicitaba, el dueño del local se acercó y le aseguró una enorme parte de las ganancias, James musitó un ligero "gracias" con la cabeza gacha, para luego correr hacia el fondo de la sala, en donde, supuso, se hallaba su casa… pero no fue capaz de demostrar verdadera alegría. Por alguna razón, Matt estaba realmente distraído, y sólo quería ir a dormir. Se sentía mortalmente agotado, y cuando su jefe por un día fue a contar las ganancias, se permitió un suspiro desanimado y un bostezo, estirándose para sacudirse la modorra y volver al motel por sus propios medios.
Sin embargo, un ruido como de vidrio contra madera llamó su atención, y al volverse a la barra se encontró con que Mello jugueteaba con aire aburrido con un vaso vacío de whisky. Cuando el rubio alzó la vista, le sonrió y se acercó al lugar, sentándose a un lado y tomando otro vaso, para luego servirse una pequeña cantidad de sidra.
— ¿qué tal un brindis? —sugirió, agitando el vaso. El rubio le miró unos segundos sin cambiar la expresión, pero finalmente devolvió el gesto débilmente.
—por el dinero del almuerzo de mañana. —bromeó, chocando el vaso.
—por la gasolina para llegar a San Francisco. —respondió el pelirrojo a su vez.
Ambos bebieron en silencio, mientras una rockola comenzaba a sonar y la gente retomaba sus conversaciones y lo que había estado haciendo antes del espectáculo. Comenzó una canción bastante tranquila, y Mello guardó silencio, escuchando.
— ¿cómo se llama esta canción? —preguntó finalmente. Matt alzó la vista, recordando.
—vaya, la gente quedó inspirada. —rió. —también es de Bob Dylan, se llama "Forever Young". No pensé que te gustaran estas canciones, son igual de viejas que "In A Gadda Da Vida"…
Mello no replicó, cerrando los ojos mientras tomaba un poco más de whisky. El dueño del local les había regalado un par de botellas esa tarde, de las que el rubio había dado cuenta rápidamente, de hecho, ya llevaba más o menos la mitad de la primera.
—…bueno, ¿nos vamos…? —preguntó Matt, luego de una pausa. Sin embargo, el rubio le observó con extrañeza.
— ¿no irás a celebrar? —el pelirrojo alzó las cejas, sin comprender. —es decir, feliz cumpleaños…
—ah, claro. —rió, sorprendiéndose de su distracción. Por poco olvida que ese día era su cumpleaños. —sí, creo que sí lo haré. ¿Te animas?
—sí, sí… — replicó Mello con indiferencia, apurando e whisky y levantándose. —bien, ¿dónde vamos?
—no lo sé… caminemos un rato, luego decido.
Se encaminaron a la salida, sin muchas ganas de comentar lo que hubo pasado por sus mentes hacía unos minutos, y concentrándose en la botella semivacía de whisky uno y en encender uno de los cigarros caros el otro.
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Con algo de reticencia, después de todo el alcohol no era precisamente su fuerte, Matt tomó un sorbo del ron que, gracias a un oportuno diálogo acerca de su cumpleaños con el motociclista, le habían dado de cortesía. Se volvió, mirando distraídamente a Mello metiendo una bola tras otra en la mesa de pool con habilidad envidiable. Y mientras frotaba un trozo de tiza contra la punta del taco, el rubio le devolvió la mirada, desafiante.
— ¿Qué, te animas? —preguntó, volviéndose para meter dos bolas de un solo tiro. El pelirrojo se encogió de hombros, tomando un sorbo más de su trago antes de replicar.
—no sé jugar… y me ganarías de todas formas. —el rubio se volvió una vez más, apoyándose contra la mesa y con un asomo de sonrisa.
—no discuto eso, pero de todas formas deberías intentarlo.
—estás con ánimo de profesor hoy, ¿cierto? Primero lo de la moto y ahora esto…
—esto es diferente. No romperás nada, y voy a reafirmar mi autoestima. —dicho esto, le ofreció el taco con el que estaba jugando. Matt se levantó finalmente, tomándolo de sus manos y se plantó frente a la mesa.
— ¿y ahora qué? —preguntó, observando las bolas que quedaban diseminadas por la mesa. Mello dio un ligero resoplido despectivo.
—Serás idiota… —se acercó a la mesa, colocándose a un lado del levemente ofendido pelirrojo. —mira, ¿ves esa? La bola negra con el número ocho. —la señaló. —Esa, como supongo y espero que te imagines, es la bola ocho. Quien la echa primero, gana. ¿Entendiste?
—de acuerdo… —murmuró Matt, observando la gran esfera negra. Le recordaba a esos juguetes que, supuestamente, leen tu suerte. — ¿y debo golpearla con esto?
—Esa es la idea… —le felicitó con fingida admiración Mello, ganándose una mirada de reproche. Finalmente, y decidido a demostrarle al rubio que era capaz de ganarle en su propio juego, Matt se concentró en la bola y se agachó a la altura de la mesa, con el taco en posición para golpearla.
Pero cuando finalmente empujó la vara de madera contra la esfera, la punta se resbaló por un costado, golpeando otra bola, de color blanco con una banda naranja y logrando meter sin embargo la ocho en el agujero de la esquina al moverse la otra esfera unos centímetros hacia el lado. Pero no alcanzó a celebrar su triunfo cuando Mello, sin hacer ningún esfuerzo para disimular, comenzó a reír de forma harto desagradable.
— ¿Qué te pasa? ¡La metí con esa otra…!
— ¡realmente no tienes una idea! —le interrumpió el rubio, intentando contener las carcajadas al notar que las personas del bar le observaban con curiosidad. —tienes que darle a la ocho… pero con la bola blanca, imbécil.
Algo enojado por el evidente aire de superioridad de Mello, Matt se enderezó y se cruzó de brazos, apoyándose en el taco. El rubio, finalmente, respiró hondo y alzó las cejas, obviamente desafiándole a decir algo en su contra, mientras sacaba la negra esfera y la dejaba nuevamente en la mesa.
— ¿y, querrás que te enseñe o no? —preguntó finalmente, satisfecho al parecer por el mal rato que le había hecho pasar al pelirrojo. Este, admitiendo su derrota, suspiró y asintió. —bien. Ven aquí.
Se agachó a un lado, tomando el taco y apuntando a la bola blanca con expresión concentrada. Matt, a su vez, se agachó también y observó la bola. De alguna forma que no se explicaba, Mello deslizaba la madera entre sus dedos como si fuesen una especie de máquina, y supuso que tenía que ver con la forma en la que lo tomaba. Tomó nota mental.
—todo es matemáticas. Mira, si golpeo la bola de esta forma, es decir, desde la izquierda, irá hacia la derecha, donde parece no haber nada. — Matt asintió, pero no supo decir dónde entraba eso de meter la bola ocho en todo ese rollo de las matemáticas. —aún así, con la suficiente fuerza, pasa esto.
Con seguridad, golpeó la bola con fuerza, haciendo que rebotara contra el panel de madera del borde de la mesa y girara en ángulo directo hacia la ocho. Y eso no fue todo, ya que al salir despedida la bola hacia delante, golpeó dos más, las cuales fueron a parar a las dos esquinas respectivamente, mientras la negra caía en el hoyo de al medio.
—y así, pelirrojo, es como se gana el juego. —concluyó orgullosamente, volviéndose hacia Matt, quien le observaba con las cejas alzadas.
—sí que disfrutas esto de ser el que sabe, ¿cierto?
—me alegra que lo hayas captado.
Se miraron mutuamente unos segundos, ambos agachados aún frente a la mesa.
—mierda, necesito un trago. —musitó Mello, recordando que no había bebido prácticamente nada en todo el día. Le ofreció el taco a Matt, quien lo tomó e inmediatamente sacó las tres bolas de los hoyos para practicar.
Pasaron varios minutos, en los que el pelirrojo pasaba por los más diversos estados de ánimo según acertaba o fallaba, mientras Mello le dictaba instrucciones cada tanto y bebía un vaso tras otro. Y en el momento que, finalmente, Matt logró que la bola ocho quedara en una de las esquinas, lanzó una exclamación de triunfo.
— ¡toma esa, pelota imbécil! —gritó, eufórico.
—sí, sí… no te emociones tanto, lo haría en menos de la mitad del tiempo que tú. —le respondió Mello, ante lo que el pelirrojo le miró con una ligera sonrisa.
—si sigues bebiendo como una esponja, lo dudo.
— ¿me estás retando? —preguntó el rubio, con una risa despectiva. —apuesto aquí y ahora que te ganaría incluso borracho.
—acepto. Si gano me dejarás comprar más cigarrillos caros. Y nos hospedaremos en donde yo elija.
—sólo una. —replicó Mello. El músico pensó detenidamente, pero optó por lo imprescindible.
—de acuerdo, los cigarros.
—bien. Si yo gano gastaremos el dinero de los cigarros en vodka. Del bueno. —aclaró, inclinándose hacia Matt con aire amenazante. Este le tendió una mano.
—sin trampas. —advirtió el pelirrojo, mientras estrechaban manos. Ante esto, el motociclista rió con burla.
— no las necesito.
Un par de horas y varios tragos más tarde, Matt suspiró con desesperación. El marcador no podía ser más funesto, ya que sin ir más lejos Mello había metido todas las bolas de la uno a la siete, aún cuando las dos botellas de whisky que les habían regalado ya estaban más que vacías. De hecho, cuando había metido la seis, había comenzado a mirar con codicia evidente la de ron que estaba sobre la barra.
Miró la inocente bola negra con expresión suplicante. Dudaba que lo lograse, después de todo, no había podido meter ninguna en todo el juego, pero aún así, y fuera lo que fuese que intentara lograr Mello con aquella mirada burlona mientras daba cuenta finalmente del ron de su cumpleaños, no se rendiría sin pelear.
Así que, concentrándose, se agachó frente a la mesa, apuntando cuidadosamente a la bola blanca. Podía golpear la ocho, de hecho, si la golpeaba bien sería capaz de meterla limpiamente en la esquina izquierda. Así que se arriesgó… y falló por unos centímetros.
Bufó con desánimo, dándole la espalda a la mesa, y le hizo una reverencia irónica al rubio, sorprendiéndose sin embargo cuando Mello le miró con las cejas alzadas, extrañado.
—metiste la trece. —señaló, ante lo que el pelirrojo quedó aún más confundido. El motociclista se apresuró a aclararlo, no sin antes rodar los ojos desdeñosamente. —golpeaste la ocho, rebotó y metiste la trece. Te toca otra vez.
Matt volteó, aún extrañado, y vio que efectivamente la bola trece estaba dentro de uno de los agujeros. Sonrió. Ahora tenía otra oportunidad.
Pero al agacharse, notó que algo andaba mal. Desde su posición, no podía ver la bola ocho, completamente tapada por culpa de una verdadera barricada de esferas. Se levantó, mirando perplejo a la inocente bola negra. Esto definitivamente no podía ser legal.
Notaba la mirada del rubio pegada en él, por lo que decidió hacer como si nada pasara. No le daría la satisfacción de burlarse de él otra vez. Pero debía admitir que no podía golpear la ocho, ya que aún no comprendía todo eso de las matemáticas y el pool. Así que, frustrado y resignado a lo inevitable, golpeó la bola blanca de cualquier forma, haciendo que rebotara contra el panel de madera… después de lo cuál rebotó en un ángulo perfecto y golpeó la bola ocho, la cual, a su vez, rodó a toda velocidad hacia la esquina derecha, entrando sin problemas en el hoyo.
Mello por poco deja caer la botella, mientras Matt no daba crédito a sus ojos. Había metido la bola ocho y la bola trece, es decir, había ganado el juego de forma automática. Escuchó al rubio maldecir por lo bajo, así como el sonido del vidrio estrellándose contra la barra. Y al volver la vista, notó que el rubio le daba la espalda, al parecer bastante resentido por haber perdido.
—Oye, vamos… —comenzó el pelirrojo, pero Mello le interrumpió.
—suerte de principiante. —gruñó, tomando un sorbo de ron. —no tendrás tanta la próxima vez.
—hey, sólo es vodka. Y no te afecta en nada que me compre un par de cigarrillos…
El motociclista no replicó. Matt, suspirando, se acercó y se sentó a un lado, mirando el altanero perfil del rubio con seriedad. Mello se volvió con lentitud, fulminando al joven con la mirada, pero este mantuvo su expresión neutral.
—esa es una actitud bastante inmadura, ¿sabes? — dijo, ante lo cual el motociclista lanzó un resoplido desdeñoso.
—mira quien habla ahora de madurez…
—oye, no digo que yo sea todo un adulto, pero al menos si pierdo no hago berrinches como un chico.
El rubio se mantuvo un momento en silencio, ordenando su argumentación. —mira, no me provoques, ya que sabes que te irá mal si lo haces.
—ya no me asustan tus amenazas, ¿sabes? — continuó desafiándole Matt. —por más que lo niegues, sé que tienes claro que tengo la razón esta vez. Solamente intentas que deje de sacártelo en cara, y eso es lo que haré. No tengo ganas de discutir, intento pasarla bien al menos hoy.
Mello continuó observándole, impresionado ahora. A pesar de su apariencia infantil y sus comentarios aparentemente sin sentido, el pelirrojo tenía un algo que le impedía tratarle como a un menor. Después de todo, a pesar de los tres miserables meses que tenían de diferencia, tenían la misma edad ahora, y pensaban además de forma más o menos similar, por más que sus formas de expresarlo fuesen diferentes. Matt, sin lugar a dudas, era bastante más diplomático.
Apartó la vista, tomando un trago más de la botella. —de acuerdo. Hoy no discutamos más. Sólo porque es tu cumpleaños, ¿de acuerdo? — le ofreció el ron al pelirrojo, quien rápidamente cambió su expresión seria por una suave sonrisa.
—bien. Por los veinte, ¿no? — sirvió un par de vasos, anteriormente llenos de whisky, y le ofreció uno al motociclista, quien lo tomó sin queja.
—Por los veinte.
Chocaron vasos por segunda vez en el día, pero cuando finalmente dejaron los vasos nuevamente en la mesa y se hizo el silencio entre ambos, Mello sintió la necesidad de decir algo más. Después de todo, tres meses eran tres meses, y el seguía siendo el mayor.
Así que carraspeó, llamando la atención del pelirrojo. —veinte, ¿eh? Bueno, no sé si lo habrás notado pero… no son muy diferentes a los diecinueve. No es una edad muy importante, y de hecho dudo que tenga alguna importancia. Es decir, es más importante cumplir los dieciocho, eso es obvio, e incluso es más importante cumplir los dieciséis…— Matt le observaba con interés, como si le encontrara algún sentido a la inútil palabrería que, según él, estaba soltando. Sin embargo, se obligó a proseguir. —bueno… el caso es que ahora eres más hombre que antes… no, espera, eso es a los dieciocho… pero de todas formas estás más cerca de los veinticinco, y por eso mismo, de los treinta.
El pelirrojo asintió, mientras Mello pasaba una mano por su cabello, incómodo. Se le estaban agotando las ganas, y hay que decirlo, la inspiración para continuar, pero ya que había comenzado, debía terminar.
—y los treinta sí son importantes…todo el mundo espera que para ese entonces sientes cabeza, ¿no es así…?— se detuvo. Claro, eso era lo que la gente le decía, pero no era precisamente lo que él pensaba. —…pero no es necesario dejarse llevar por eso. Es decir, esa gente muchas veces se apresura, y termina arruinando su vida. Son un grupo de idiotas, que se preocupan más de lo que opinen los demás antes de lo que sientan ellos mismos. Nunca serás feliz de esa forma…— recordó a ese hombre borracho que, en un bar de quinta, se había encontrado cuando él mismo hubo cumplido los veinte. Su propio cumpleaños había sido bastante deprimente, sobre todo cuando ese hombre le insinuó que se estaba haciendo viejo para andar soltero, que lo mirara a él, que era un hombre de éxito, para luego terminar sollozando en su hombro que había terminado arruinando su vida. —y aunque te digan que tienes que apresurarte, no hagas caso. Ni siquiera tienen claro lo que ellos mismos quieren, por lo que no tienen el derecho de decirte lo que deberías querer. Ni siquiera yo. Has lo que quieras, no me hagas caso. Estoy divariando, y he tomado bastante.
Hubo un silencio, en el que Matt miró al rubio mientras este tomaba de un trago lo poco que quedaba en su vaso, lo que sin duda consideraba una salida digna. Vaya sí que se había explayado.
—vaya, gracias Mello. Eres grande. — dijo, con una sonrisa y pasando un brazo por sus hombros. El aludido, sin embargo, rió con escepticismo.
—por favor, esa ha sido la reflexión más ebria que has escuchado en tu vida.
—es verdad. — reconoció Matt, sin dejar de sonreír. — pero al menos fuiste sincero. Y no sólo son gracias por el discurso, ¿sabes? — con esto, Mello volteó a mirarle con interés. — este día ha sido en verdad movido, y me he dado cuenta que en todo el día no he pensado en Linda.
El rubio motociclista, sin comprender, continuó observándole, mientras el pelirrojo suspiraba con melancolía. ¿Era eso bueno o malo?
—me he dado cuenta que cada vez que pienso en ella me deprimo… y tú eres la única persona que ha logrado sacármela de la cabeza por al menos un día. Gracias por eso.
Matt continuó sonriéndole, en verdad agradecido. Mello no supo que hacer, así que apartó la vista y se sirvió un poco más de alcohol. Sin embargo, mientras alzaba el vaso, volvió la vista hacia el joven.
—de nada, supongo.
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Ya era en verdad tarde. Mello no tenía una clara idea de la hora que era, pero sí sabía que eran por lo menos las tres de la madrugada. En ese caso, hacía dos horas que había renunciado a la botella, sobre todo cuando notó que, por más que el whisky no le gustara, para Matt con el ron era otra historia. Y con la sidra.
— On the day I was born…! — se sobresaltó ligeramente, pero luego de unos pocos segundos de reflexión recordó que al pelirrojo le había dado con cantar desde hacía hora y media. —…The nurses all gathered round!
El rubio le miró, mientras Matt comenzaba a subir la voz. Vaya rockero escandaloso, aunque ahora que lo pensaba incluso sobrio le daba por cantar de vez en cuando, sobre todo esas canciones del siglo pasado. Le golpeó la espalda, intentando hacerle callar, pero el joven continuó como si nada.
—She could tell right away, I was bad to the bone! ¡Ta-ra-ra-ra-ra-ran…! —fingía tocar una guitarra imaginaria, por más que tuviese la suya aún colgando de la espalda.
Mello desistió finalmente. A pesar de ser más de las doce, aún no daban por cerrada la celebración… aunque, ahora que lo pensaba, dudaba seriamente que Matt recordase siquiera que estaba de cumpleaños.
— ¡Mello, yo creo que tú eres malo hasta los huesos! — dijo, volviendo a pasarle un brazo por los hombros. —George Thorogood and the Destroyers, gran banda blues rock, single de 1982.
—créeme, no podría importarme menos. — suspiró el motociclista, tomando el vaso de ron como para dar un sorbo, pero desistiendo nuevamente. Uno de los dos debía permanecer sobrio para llevar al otro al motel, y lamentablemente debía ser él al menos por esa vez. Por más que hacía rato que ya no estaba realmente sobrio.
Matt, sin embargo, era caso a parte, ya que tomó el vaso que el rubio acababa de descartar y lo bebió de un trago. —oye, no te reprimas por mí… ¡estamos celebrando!
—estás celebrando, Matt. —le aclaró. El pelirrojo resopló con aburrimiento.
—vaya, y yo que pensaba que ya no estabas tan amargado… sigues siendo el mismo bastardo que en Nuevo México.
—por favor Matt… ambos estamos pasados de tragos, más que ayer si se puede, y no me haría gracia tener que hacer una escena como la de ayer. Ya te dije, no me provoques.
Al parecer, la sensatez del pelirrojo se mantenía intacta por más tragos que bebiera, por lo que se mantuvo en silencio un momento. Sin embargo, como si se hubiese olvidado del asunto, comenzó a tararear otra canción que, por alguna razón, Mello pudo reconocer.
— In-a-gadda-da-vida honey, don'tcha know that I love you? In-a-gadda-da-vida, baby, don'tcha know that Ill always be true…?
—esa es… ¿in a gadda da vida, supongo? —el pelirrojo se volvió con una gran sonrisa.
—sí… vaya, ¡lo recuerdas! — comenzó a reír. —Iron Butterfly, en… 1968…—continuó riendo, por más que Mello estaba convencido que la situación no era tan graciosa.
—…ya nos vamos. Suficiente celebración. — dijo el rubio, sintiéndose levemente extrañado al tomar al pelirrojo del brazo para arrastrarlo al motel. Usualmente, él era quien era llevado a la rastra, por lo que ser de cierta forma el responsable era una situación completamente nueva.
Sin embargo, las cosas fueron ligeramente diferentes a cuando Matt le hubo llevado el día anterior, ya que apenas se levantó de la barra y tuvo que soportar el peso del joven músico, sintió que su cuerpo se ladeaba inevitablemente.
Trastabilló hacia un lado, pero se mantuvo de pie. Dar un paso era cada vez más penoso, pero aún así lo intentó con valor. Derecha, izquierda, derecha izquierda… Matt se echaba hacia un lado, pero sabía por experiencia propia que si caía al suelo no sería capaz de levantarle, así que tiró de él para mantenerlo avanzando.
Matt veía pasar las luces de los semáforos como tuviesen algún tipo de estela, ya que cada vez que vacilaba al caminar veía un borrón brillante en donde debería ver un punto de luz. Sólo dos veces en su vida había tomado tanto: la primera a los diecisiete, su primera e inolvidable borrachera y posterior resaca, y la segunda la noche antes de hallarse en Nuevo México sin posibilidad de transporte. Se preguntó cuántas veces se habría emborrachado Mello, pero al preguntarle el rubio le ignoró olímpicamente.
—oye… ¿no me escuchas? Te digo que cuantas veces te has emborrachado…
—No sé, perdí la cuenta…— replicó el motociclista distraídamente, demasiado ocupado intentando no dejar caer al alto pelirrojo.
—ah… pero… ¿por qué tomas tanto, entonces…?
—no lo sé… para olvidar algunas cosas, creo…—Matt le observó detenidamente, mirándole extrañado.
—pero no funciona, ¿cierto? — Mello se detuvo, volviéndose hacia el músico. Suspiró.
—no siempre…
—Ah… debe ser duro, entonces…— el motociclista asintió, aún distraído. —me gustaría… poder hacer algo.
El aludido rió con amargura, mirando a Matt, quien había bajado la vista con pesadumbre. —no hay nada que hacer, no te preocupes. Concéntrate en caminar, apenas te aguanto.
—de acuerdo…
Ya veía el brillante aunque parpadeante cartel del motel, por lo que Mello apresuró el paso dentro de sus posibilidades y las de su aún más ebrio compañero. El pelirrojo intentó mantener el ritmo, pero las palabras del motociclista y sus propias reflexiones a lo largo del día se repetían una y otra vez en su cabeza, por lo que tropezó muchas veces. Quería decir algo, hacer algo para hacerle las cosas más fáciles, pero no se le ocurría nada.
Finalmente, el rubio abrió la puerta con dificultad, intentando al mismo tiempo mantener a Matt de pie. Le llevó a la cama, ya que por algún azar del destino le correspondía ese derecho aquel día.
—bien, ya está. Intenta mantenerte de lado, no me haría gracia que te ahogaras. — intentó retirarse hacia atrás, pero terminó sentado en la cama, sujetándose la cabeza. Vaya mareo de mierda.
Matt, por su parte, se sentó a su lado, meciéndose suavemente de lado a lado. Intentó hablar, para darle las gracias al rubio, pero de su boca no salieron palabras, así que el silencio se prolongó por unos minutos. Mello, finalmente, se levantó para dirigirse al sofá, pero el pelirrojo logró balbucear un par de palabras.
—Mello… tú eres… admirable. Eres… una gran persona.
El rubio motociclista no se volvió, sino que permaneció de espaldas al joven que, en ese momento, le observaba con una vacilante y somnolienta sonrisa. Suspiró, alzando la vista hacia el techo.
—No tienes… una puta idea…—murmuró, asegurándose que Matt no fuese capaz de oírle.
El pelirrojo, sintiendo su resistencia ceder, se echó hacia atrás, cerrando los ojos un segundo. Sentía los goggles clavándose en su rostro, por lo que se los sacó apresuradamente y los tiró hacia un lado. Abrió los párpados con dificultad una vez más, sorprendiéndose al ver que Mello le observaba aún de pie junto a la cama. Había algo raro en su expresión, por lo que le miró con extrañeza.
— ¿…qué…?—intentó preguntar, pero notó que su lengua se movía con torpeza. El rubio no cambió su expresión, pero respiró honda y pausadamente unos segundos.
—hace un rato me preguntaste si… podías hacer algo. — Matt asintió, con la boca levemente entreabierta y luchando por poner atención y no dormirse aún.
El motociclista se agachó a su lado, y el pelirrojo le siguió con la mirada. La situación era extraña en extremo, y Matt realmente no tenía una idea acerca de lo que pretendía el rubio con todo aquello. Sin embargo las cosas pronto se volvieron aún más curiosas.
—…hay algo… pero no sé si querrías hacerlo. — el pelirrojo abrió los ojos de par en par. Mello, él, no podía estar refiriéndose a eso…
—Mello… yo… Linda…— balbuceó, incoherentemente, pero no pudo decir nada más cuando el rubio se detuvo a escasos centímetros de sus labios.
—lo siento Matt. Por favor, no me odies por esto…— el pelirrojo intentó rechazarle, pero fue inútil. Mello era con diferencia más fuerte que él, y sujetó sus muñecas contra la cama, para luego silenciarle con su boca.
Matt se quejó, intentando revolverse, pero el rubio le mantuvo en su lugar. Ya poco le importaba ayudarle en algo, sólo pensaba en zafarse de la bizarra situación. Y aún más cuando notó, no sin cierto estremecimiento, que comenzaba a ceder.
Cerró los párpados con fuerza…
Y al abrirlos, respirando agitadamente, notó que un brillante rayo de sol entraba por la ventana.
Todo había sido un sueño, una jugarreta de su subconsciente. Pero vaya sueño.
Se levantó precipitadamente, ignorando el mareo. Eso había sido… inesperado. Paseó su mirada por la habitación, alegrándose de haberla encontrado vacía, ya que no tenía idea de qué cara le pondría a Mello cuando apareciese.
Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo, ya que la puerta se abrió con estruendo y el rubio motociclista apareció en el umbral, tomando una lata de cerveza.
Al notar que Matt le observaba con los ojos abiertos de par en par, Mello alzó las cejas con indiferencia. — ¿Qué? ¿Necesitas algo?
El pelirrojo renegó con la cabeza, bajando la vista. Sólo había sido un sueño, un par de escenas bizarras sin ningún real significado y sin relación alguna con la realidad. Sólo eso.
—toma. —oyó, antes de recibir una lata de cerveza en su regazo. —lo mejor para la resaca es tomar un poco más, así la ahogas.
Matt volvió a asentir, sin prestar mayor atención, pero abriendo de todas formas la lata y dando un sorbo. El rubio le miró con extrañeza.
—no tomas seguido, ¿eh?
—No, no es eso…— de pronto, sin embargo, al pasar la lengua por los labios resecos, sintió algo extraño. Porque si no se equivocaba, él no había tomado whisky la noche anterior…
Miró a Mello con expresión conmocionada, ante lo que este alzó las cejas con aún más extrañeza.
—anoche… ¿qué pasó? — preguntó, ante lo que el rubio rió despectivamente.
—Sí estabas ebrio…— comentó despreocupadamente, pero Matt continuó mirándole con escepticismo. Con un suspiro y evidente molestia, el motociclista procedió a explicarse. —nada de otro mundo. Bebimos, casi te caes tres veces de camino hacia acá, caíste en la cama y te desmayaste, mientras yo me iba a termina la noche al bar en que estábamos. Eso es todo, acabo de llegar.
—yo tomé… ¿whisky? — preguntó el pelirrojo una vez más, frunciendo el entrecejo. Mello bufó con impaciencia.
—por favor, no soy tu madre, no puedo ir pendiente de lo que tomas o no. — replicó, volviéndose. —más te vale estar despierto y listo en diez minutos, llevamos tres días atascados aquí y tenemos que seguir el viaje.
Dicho esto, el rubio salió de la habitación dirigiéndose a la motocicleta, dejando a Matt aún confuso mientras tomaba un trago de cerveza.
... :D
hagan sus apuestas: real o mentira?
ni siquiera la autora lo sabe... no, de hecho, sí lo sé, pero eso no quiere decir que no le ponga misterio al asunto, no?
...XD ok, ahora viene mi parte favorita de la vida y del mundo y de todo y sus sucursales:
Reviews!
o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o
:)
Hola!
bueno, muchos reviews, una gran respuesta...
en dos palabras: lo sé
es terrible andar sin internecs... pero al menos sirve para despejarse... y bueno, yo me llevo un cuaderno para e(no! no estudiar!)scribir y dibujar XD
para las próximas vacaciones, yo creo :P
jaja la verdad es que al principio la historia de Mello era bastante más vana de lo que es ahora... como que no sé, le salió algo interesante ahí...
y un soplete... la verdad es que era algo así al principio O_O pero me pareció mejor que su propia moto le hubiese hecho algo
en el chap 8... no, Mello no tiene su cicatriz :B es un chico normal(mente sexy XD)
jajajaja hagamosle un altar al santo motociclista virgen XD yo me pongo con las velitas :D
y las chicas... tienen nombres de canciones de los ochenta XD y en sus historias encontrarán el amor... excepto Carrie XD (Europe)
bueno, esperando haberlo contestado todo, me despido :P
que andes bien y los piropos más uno
Adieu!
Suby-chan
Hola!
como ya dije una vez, aquí y en los ochenta, Mello es Mello XD
jajaj y el romance... no sé si esto cuenta XD... pero buehh, algo es algo (y yo amé escribirlo, espero que te haya gustado)
bueno, esperando que te haya gustado la continuación ^^
que andes bien
Adieu!
lelelelelele
Hola!
vivan los de la generación nuestra en fanfiction! :D
y bueno... wow, gracias ^^ se hace lo que se puede y me alegra que te guste mi forma de escribir :)
:O catalana también! vaya, como que los europeos igual tienen en cierta forma el monopolio de ff XD jajajja
^^ gracias por el comentario! hace ilusión :3
:O no he leido ese fic! lo leeré, he andado sacandole jugo a las pags con potencial de tener MxM y es bueno compartir fics ^^ gracias!
jajaj ta bien, mientras mas review, mejor la conversa :P
y Mello, presidente!... bueh, ya se esta actualizado, y pronto habrá más chaps
y bueno, beshos para ti también y saludos y que andes bien :D
Adieu!
Kika Us-Chan
Hola!
jaja, te acuerdas que te dije algo... o no era sobre esto... XD ok, no lo recuerdo, era tarde jajaja
pero bueh, ahí conversamos eh :3
espero que el chap te haya gustado y que los detallitos no te pasen inadvertidos ;) (ojo, importante contar los detalles)
bueno, que andes bien :D
Adieu!
br0kenztar
Hola!
jejeje, me alegro que te haya gustado este chap también :D
y sobre los dos fics a la vez... escribo uno, escribo el otro, y pronto Mello será presidente en los ochenta O_o
XD no, mentira. Aún no se roba mi sanidad mental
y esfuérzate y no tengas pena! las historias deben llegar al fin... tómalo como un premio :D
y sobre el club antiensayos... pronto seremos los suficientes XD
bueno, que andes bien y que este chap te haya gustado también ^^
Adieu!
MissBelovedLilith
Hola!
... estás en un campus... internado? en Londres?
...eres maga??? O_o
XD ok, ignora mis comentarios freaks...
y sí, sé lo que es tener los computadores a la mano y no poder usarlos... es una tortura D:
bueno, espero que este chap te haya animado... o algo XD
y gracias por reviewisar! :D y que andes muuuy bien
Adieu!
DarkFayry 0612
Hola!
y bienvenida al rincón feliz! :D
jajaja sobre la santa castidad de nuestro motociclista favorito...XD sólo digo que tenía "otras cosas" en la cabeza :B
jajaja sobre el gesto de amor... no, mejor no digo nada ;) sorpresa
y Matt... es Matt XD nuestro rockero de acendencia irlandesa favorito... y vamos, que quien se resiste XD
jajaja seh, a Mello no le va muy bien con las mujeres en este fic :B
(y eran los ochenta, las cosas era un poquito más conservadoras que ahora... y Matt es bastante "progresista" XD)
y Mello+alcohol = a peligro latente D:
pero al menos hora se sociega :3
y como la respuesta a la respuesta de la respuesta XD...
eso se va a notar (lo de la falta de afecto) pero mejor mantengo mi bocota cerrada...
y bueno, todas amamos a Mello y sus accesorios 3 pero en lo personal me parece lindo sin su cicatriz y TODO UN HOMBRE con su cicatriz *¬*
...pero me desvío del tema XD
y sobre el flashback... pronto, no sé exactamente en cuantos chaps, pero que va, va sin duda
y bueno... la verdad es que Mello con su ajustada ropa de cuero y una motocicleta más que sexy... ya nos deja con la presión bastante alta XD
y espero que la parranda te haya gustado... y tu opinion sobre si fue verdad o no :D
buajaja, nadie lo sabrá...
XD bueh, que andes bien
Adieu!
abril
Hola!
ooohhh sí! ha llegado la hora de los reviews!!! 8D
ok, en orden:
1. sí que lo es. Matt es un promiscuo :O (en Chile, es lo que llamamos un poncio... solo que bien bueno está el poncio al menos esta vez XD)
es... jaja cómo describirlo... en verdad cree que hay cosas más importantes en esta vida... pero eso le juega un poco en contra (ya viste lo "caballero" que es XD)
, Matt tiende a pensar bien de las personas, y por eso hace cosas buenas :3
es verdad pero... no se digamos que las chicas... hmm se creyeron el cuento XD y por eso... bueno, Mello es brutalmente sincero. Y pasó lo que pasó
Mello también se me aparece a veces XD y aún las cosas no estan muy claras con respecto a él, pero pronto lo estarán...(mirada misteriosa, Mello suspira con cansancio)
y... OMFG!!! tienes el tomo 13??!! yo lo deseo con toda mi alma... te envidio sanamente! y lo encontraré... aunque sólo lo vendan en méxico... lo encontraré...
bueno, que andes muy bien y sigo amando tu frase del final!
Adieu!
YAAREELAA
Hola!
jeje, sangre nueva XD
bueno, me alegro que te haya gustado el fic :D es una idea en constante progreso y por eso me gusta a veces recibir la opinión de personas que no llevan tanto tiempo siguiendolo :)
y sobre el estilo que le gusta a Matt...
es un nostálgico, en pocas palabras, porque amaría ser de la generación de woodstock... pero con su grupo es todo un Slash ;)
y la moto de Mello! exactamente, es una Harley, más exactamente una Knuckehead Chopper, como la famosa "Capitán América" de Easy Rider (sólo que negra, sin la bandera de .)
sobre el chap anterior:
seh, Matt es un niño en algunos aspectos... pero bastante adulto en otros ;)
eso se verá más adelante, pero aún así conviene tenerlo en cuenta
y Mello... es Mello, más sarcástico que amargado eso sí (como se diría en Chile: weno pa la talla el hombre XD)
jajaja seh, ya lo había pensado antes... algo anda mal XD me condenarán por terrorismo jajaja
y me encanta que te guste Ac7Dc! los verás seguido por estos lares ;)
y que andes muy bien y nos leemos luego ;P
Adieu!
o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o+o
UFF! muchos reviews :D Kami es feliz
bueno, ya se acabó la programación en la tele, así que mejor me voy despidiendo eh?
y acepto apuestas de todo tipo, sobre todo de las consignas "quien ganará en el próximo juego de pool?", "Matt necesitará llevar a Mello en la motocicleta algún día?", "Mello cumplirá su promesa y le comprará los cigarrillos a Matt?", y sobre todo, la más importante: "ES MELLO REALMENTE VIRGEN??"
XD sí, lo es, pero se me olvidaba una pregunta no?
"real o mentira?"
hagan sus apuestas, el juego está abierto ;)
bueno, que anden bien y cosas locas, y tenganme paciencia, porque mi compu está con virus y tengo que usar el de mi madre... quien no siempre me lo presta... D:
Adieu!
PD: este chap tiene un total de 28 páginas de word sin contar las notas de autora ni los reviews... CHAN!
