Este es el otro capítulo, espero que os guste.
Capítulo 10: Sectusempra
Era lunes después de las vacaciones de Navidad. Harry ya se había recuperado y se encontraba bien otra vez. Ron seguía ignorando mi presencia y Ginny me perdonó porque usé como excusa que no podía contárselo hasta que no hubiera venido, obviamente. Bajé las escaleras del dormitorio de las chicas y crucé la sala de Gryffindor velozmente. Salí a los pasillos y me encontré con el conserje, Filch, quien me chilló por ir corriendo, pero lo ignoré. Di la vuelta en la esquina y llegué al Gran Comedor, donde estaban mis amigos. Harry me había contado que Dumbledore había estado desaparecido porque estuvo buscando información sobre la vida pasada de Voldemort, ya que sería fundamental para su destrucción. Me senté y busqué con la cabeza a Malfoy, pero desgraciadamente no estaba allí.
-Dumbledore quiere que vaya a hablar con él después del primer período de clases – anunció Harry.
-¿Para qué? - preguntó Ron con la boca llena de un croissant.
-No lo sé. Cre que ha descubierto algo más sobre Voldemort. Y quiere hablar sobre el supuesto ataque mortífago futuro.
-No es mentira. Draco nos lo dijo – intervine yo.
-Y nosotros estamos seguros de que Draco es una buena persona, por supuesto – añadió Ron irónicamente.
Ginny le dio un codazo a Ron y éste se encogió de hombros. Harry levantó la cabeza y pude ver que miraba a su ex-novia, Cho Chang, hablar con un chico cuyo nombre ignoraba. Ginny también pareció darse cuenta, porque exclamó:
-¿Por qué la miras?
-¿Eh? - preguntó Harry distraído.
-¡No mires a Cho! - gritó Ginny poniéndose roja hasta las orejas.
-¡No la estaba mirando! - replicó él – Solo miraba al chico que está con ella. Parece tener nuestra edad, pero no sé quien es. Ya sabes que yo solo tengo ojos para ti.
-Ew – dijo Ron.
Miré a cada a los dos y me di cuenta de que realmente se veían felices juntos y me preguntaba por qué Ron y yo no podíamos haber sido así. Por qué Draco tuvo que entrar en el medio y poner mi mundo patas arriba.
Harry volvió a levantar la mirada, pero esta vez no fue a Cho Chang. Casi me atraganto al ver a quien miraba. Draco se encontraba de pie en medio del Gran Comedor y lucía aterrado. Miró hacia nuestra mesa y luego se fue corriendo de allí. Harry se levantó corriendo detrás de él, y lo mismo hice yo. Vi a Harry doblar la esquina y subir por las escaleras en dirección a la cuarta planta. A mitad de camino, había una puerta cerrada con una verja y Harry la estaba atravesando.
-¡Harry! - grité.
Este frenó en seco y se dio la vuelta.
-¿Hermione? ¿Qué haces aquí? - preguntó un poco sorprendido.
-¡Déjalo! - respondí – Yo iré tras él.
Sin darle tiempo a responder, corrí en dirección a los pasos de Draco. Había entrado en el cuarto de baño de los prefectos y solo se escuchaba el sonido del agua al caer del grifo. Asomé la cabeza por la puerta y lo vi allí, apoyando las manos en el lavabo. Su jersey verde de Slytherin se encontraba en el suelo. Draco estaba llorando. Pero llorando de verdad. Sus hombros se convulsionaban con sus sollozos. Cogió un poco de agua y se la echó en la cara. Yo me acerqué por detrás, intentando no hacer ruido. Tenía la cabeza agachada y, al levantarla, vio mi reflejo en el espejo. Se dio la vuelta con sorpresa y se limpió la cara con las mangas.
-¿Granger? ¿Qué haces aquí? - preguntó con voz llorosa.
-Draco...
Me acerqué a él, para abrazarle supuse, pero unos pasos resonaron desde la puerta.
-¡Aléjate de ella! - gritó la voz de Harry. Draco me empujó y caí al suelo con un fuerte estrépito. A continuación, sacó su varita y lanzó un hechizo de color azul a Harry. Este lo esquivó y lanzó otro hechizo. Grité para que pararan la pelea, pero no parecían querer escucharme. Dos de los lavabos se rompieron y el agua salía de las tuberías como fuentes. El suelo se fue inundando poco a poco. Harry y Draco seguían lanzándose hechizos. Pensé en usar una barrera, pero eso no los detendría, pues sabían desactivarlas. Draco cayó al suelo esquivando un hechizo de Harry, pero se levantó rápidamente y fue hasta un extremo de la habitación. Entonces, Harry lanzó un hechizo que sonó como ''¡Sectusempra!'', y que le dio a Draco de lleno. Este cayó al suelo duramente. Me levanté rápidamente y temerosa de lo que podría ver. Harry estaba de pie y miraba a Draco como si no se pudiera creer que él había hecho eso. Vi que el agua alrededor de Draco se llenaba de sangre y sentí ganas de vomitar. Entonces, vi que la camiseta de Draco estaba también llena de sangre. Me arrodillé junto a él y le quité la camiseta. Todo su cuerpo estaba cubierto de muchas heridas como hechas por cuchillos y sangraban profusamente. Draco respiraba con dificultad y sollozaba ruidosamente. Pensé en qué podría hacer para curarlo y entonces me acordé: esencia de díctamo. Malfoy y yo habíamos preparada esencia de díctamo para una de nuestras clases de Pociones y habíamos guardado un poco cada uno. Grité ''Accio Esencia de Díctamo'' A los pocos segundos un pequeño bote de cristal apareció volando por la puerta y se depositó en mi mano. Con ayuda de la varita lo vertí sobre el cuerpo de Draco, rezando para que eso fuera suficiente para curarle. Las heridas se cerraron y dejaron de sangrar casi al instante. Vertí el resto del bote y Malfoy pareció recobrar el sentido. Su cabeza se encontraba apoyada en mis rodillas. El agua a nuestro alrededor había dejado de ser transparente para tomar un tono rojizo. Su pelo estaba mojado y se le pegaba a las sienes. Tenía trazos de color rojo en su habitual color platino. Su respiración volvió a tornarse normal al cabo de unos minutos. Entonces me di cuenta de que Harry seguía allí.
-Vete – ordené. Me di cuenta de que mi voz sonaba llorosa y vi que, aún sin haberme dado cuenta, estaba llorando.
-Hermione...
-¿Por qué le has hecho eso? - pregunté.
-Yo...pensaba que te estaba haciendo daño.
-¿Draco? ¡Solo estábamos hablando! De todas formas, ¡eso no te da ningún derecho a lanzarle ese hechizo! ¿Lo has vuelto a sacar del libro del Príncipe Mestizo? ¿No te dije que no lo volvieras a usar? ¡Mira para lo que nos ha servido!
Harry parecía realmente arrpentido. Se dio la vuelta y echó a correr. No sabía decir a ciencia cierta si iba a ir a buscar a algún profesor o si se iba a ir a pensar en lo que había hecho.
Draco había habierto los ojos y se había incorporado. Me miraba un tanto soprendido, y lo pareció aún más cuando vio el agua que nos rodeaba.
-¿Qué ha pasado? - preguntó.
-Harry pensó que me estabas haciendo daño y te atacó. El hechizo que usó te corta como mil espadas a la vez.
-¿Tú me has curado? - Asentí con la cabeza - ¿Cómo?
-Con la esencia de díctamo que preparamos el otro día.
-¿Por qué?
-Draco...
-¿Qué hacías aquí, Hermione? - formuló otra pregunta.
-Te seguí. ¿Por qué llorabas?
Draco se incorporó del suelo y se fue hasta la otra punta de la habitación.
-¡No lo entiendes, Granger! ¡No podemos ser amigos! ¿No te das cuenta? ¡He sido el elegido! ¡El elegido por él!
-¿Él? ¿Te refieres a Voldemort? - pregunté y Draco asintió con la cabeza.
-¡Soy el elegido!
Se levantó la manga de la camisa y pude ver la Marca Tenebrosa tatuada a fuego en su brazo como la palabra sangre sucia en el mío. Me congelé nada más verla.
-Tú y yo no podemos ser amigos, Hermione.
-Pero...
-¡No! ¡Tú sigues siendo una sangre sucia para mi!
Salió corriendo de allí y yo me quedé sentada en el suelo. Una cabellera plateada entró por la puerta.
-Iré a hablar con él – anunció Luna.
La situación hubiera sido graciosa si no fuera por la naturalidad con la que lo dijo, como si Malfoy y ella fueran muy amigos de toda la vida. Me levanté y seguí a Luna hasta una habitación en la que no había estado nunca. La voz de Draco resonó por toda la habitación cuando vio a Luna.
-¿Qué quieres, Lovegood? - preguntó.
-No puedes seguir tratándola así, Draco – anunció Luna.
-¿A quién? ¿A Hermione? - Luna asintió - ¿Por qué no?
-Porque estás pretendiendo que no la quieres. A mí no me puedes mentir, Draco – respondió con su voz soñadora.
Súbitamente, entré en la habitación. Draco fue el primero en realizar mi presencia y Luna se dio la vuelta para verme.
-¿Qué quiere decir con eso, Draco? - pregunté.
-¿Y se supone que tú eres la bruja más inteligente? – formuló él otra pregunta irónicamente.
-¿Qué quieres decir? - volví a preguntar, irritada.
-¡Por que no te das cuenta de lo mucho que me importas!.
-¿Importarte? ¿Así es como tratas a la gente que te importa?
-¿No lo entiendes? Hice ver que te odiaba porque sabía que nunca podríamos estar juntos. Además, verte con el pelirrojo Weasley hacía que me hirviera la sangre.
-¿Desde cuándo, Draco?
-Desde el día en que me pegaste cogí cierto cariño masoquista hacia ti. ¿Comprendes por qué no pude permitir que mi tía te hiciera daño? Ella se dio cuenta rápidamente de la verdad. Cosa que a ti te ha costado.
-Pero... - comencé, pero Draco me interrumpió.
-¿Encontraste la nota, verdad? ¿Aquella en el libro Historia de Dos Ciudades? Era sobre ti, Granger.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? - pregunté en un susurro.
-¿Me hubieras creído? - preguntó él de vuelta, incrédulo.
-No – admití.
-Hay una maldición entre nosotros, Hermione. Entre tú y yo. Cuando parece que todo va a funcionar, que podemos ser aunque sea amigos, algo o alguien se interpone.
-Pero tú y yo no somos buenos el...
-No digas que no somos buenos el uno para el otro, porque de la manera en que yo lo veo, podríamos no serlo para nadie más.
-¿Lo estás diciendo para hacerme daño, verdad? ¿Hacerme pensar que te importo para luego derrumbarme? ¿Dejarme sola?
-¡Maldita sea, Hermione! ¿No te das cuenta de que me importas? ¡Te quiero, joder!
Y entonces me importó una mierda que Draco tuviera la Marca Tenebrosa, mi tatuaje de sangre sucia y que Ron me fuera a odiar aún más a partir de ahora. Lo único que me importaba era que me había dado cuenta de que estaba enamorada de Draco desde aquel día en el partido de quidditch y que nada podría cambiar eso. Draco se acercó hacia a mi y, a continuación, me besó. Fue un beso que me hizo darme cuenta de que nunca había sido más feliz en toda mi vida. Fue un beso que me hizo pensar en cómo algo tan malo podía sentirse tan bien. Un beso que me hizo olvidar que Luna había estado presente durante toda nuestra conversación. Un beso que me hizo sentir viva.
Draco me sujetó por las caderas y me pegó a él y, después, puso una mano en mi nunca y me empujó hacia él para hundirse en lo más hondo de mi boca. Su lengua se movía diestra y sensualmente en el interior de la mía, probando, despertando y degustando cada parte de mi, desde el paladar, el interior de mis comisuras hasta el hueco suave y oculto que había bajo mi lengua. Y todo lo hacía con una sensualidad perezosa que despertaba en mi una sensación parecida a una fiebre, a una fiebre de amor y pasión que inflamaba cada trocito de mi ser.
Draco se separó de mi al cabo de ¿segundos? ¿minutos? ¿horas? ¿días? ¿años? No lo sabía, ni tampoco importaba, solo quería que el beso no acabara nunca. Lucía sofocado pero feliz, y respiraba discontinuamente. Supuse que yo tendría el mismo aspecto. Sonreí hacia él y, entonces, escuché un carraspeo a nuestras espaldas. Me di la vuelta y vi que Luna todavía seguía allí de pie, sonriente.
-Luna...-comencé.
-No, no, Hermione. No tienes que decir nada. Yo sabía que esto iba a pasar en mi interior. Estábais destinados a estar juntos – respondió – Pero creo que debería irme.
Hizo un ademán de despedida con la cabeza y se fue, cerrando la puerta tras ella. Me giré para ver a Draco y vi que este se había separado mucho de mi, sentándose en una silla que había allí. Y me di cuenta de que delante de la silla había un piano. Aprendí a tocar el piano cuando tenía tres años, pues mi padre sabía hacerlo y me enseñó. Draco miraba hacia la nada y, delicadamente, me senté junto a él, apoyando mi cabeza sobre su hombro. Se sobresaltó un poco, pero se recompuso rápidamente.
Sus manos acariciaron el piano con suma delicadeza, como si con nada más que un roce pudiera romperse. Y una de sus manos cogió la mía. Y comenzó a acariciarla haciendo pequeños círculos que me hicieron sentir cosquillas en mi interior. Entonces, yo levanté mi cabeza y deslicé las manos sobre las teclas del piano. Y comencé a tocar una canción: para Elisa de Beethoven. Draco se sentó erguido a mi lado y me observó tocar la canción. Cuando terminé, él sonreía.
-Tocas muy bien – dijo.
-Me enseñó mi padre cuando era pequeña.
-¿Quieres tocar una canción conmigo? - preguntó, inseguro. Me sorprendió ver que Draco se sentía casi tímido, pues ese era el último comportamiento que me esperaba en él.
-¿Sabes tocar el piano?
-Sí. Aprendí cuando era pequeño.
Asentí y me giré de vuelta hacia el piano. Comencé a tocar una canción, Vois Sur Ton Chemin, y Draco se unió a mi al cabo de unos segundos, lo cual fue precioso. Supe en ese momento que esa sería nuestra canción.
Cuando terminamos, Draco se levantó y tomó mi mano.
-¿Quieres ir a dar una vuelta por los jardines? - preguntó.
-¿No te importa lo que piensen los demás?
-A estas horas no puede haber mucha gente. Además, iremos a un lugar en el que no nos vea nadie – respondió encogiéndose de hombros.
Draco abrió la puerta de aquella habitación y salimos al pasillo. No había nadie, excepto la Señora Norris, la gata del conserje. Maulló y, ronroneando, se marchó de allí. Continuamos por el pasillo y bajamos las escaleras hasta la puerta principal. Los jardines se encontraban bañados por una luz anaranjada, propia del atardecer. El clima era bueno, pues no hacía ni frío ni calor. Bajamos una pequeña cuesta y llegamos hasta un montículo, donde Draco se paró y se sentó. Hice lo mismo y me acerqué a él. El sol se estaba ocultando en ese momento. Parecía una media naranja, pero más brillante. Draco sacudió su pelo y miró hacia el sol, también. Apoyando mi cabeza sobre su hombro, como anteriormente frente al piano, miré también hacia el sol. Todo era perfecto en ese momento.
-¿Esto no va a ser siempre así, verdad? - pregunté.
-No. No lo creo. Van a pasar cosas, Hermione – respondió Draco – Cosas malas. Y tú lucharás en el bando de Harry. En la batalla final, estaremos en bandos opuestos. Y solo uno sobrevivirá.
Tragué fuertemente, pues tenía razón. La batalla final se acercaba y estábamos en bandos opuestos, él con Voldemort y yo con Dumbledore.
-Sinceramente – continuó – Prefiero que gane Harry.
-Pensaba que lo odiabas – comenté.
-Y lo hago. Pero si gana Harry, significa que habrán ganado los buenos. Significa que tú habrás ganado.
-Pero tú podrías morir, Draco.
-Hermione – dijo levantando su manga, haciendo que quitara mi cabeza de su hombro - Tengo la Marca Tenebrosa.
-Tus cicatrices son bonitas, Draco.
-No lo son. Y mucho menos esta. Levántate la camiseta – pidió.
Hubiera malinterpretado la situación si no fuera porque sabía exactamente lo que Draco quería ver: la cicatriz de sangre sucia.
Pasó sus dedos suavemente sobre ella y los miraba frunciendo el ceño.
-¿Por qué lo hiciste? - preguntó finalmente en un susurro.
-Quería recordarme que yo siempre sería una sangre sucia para ti, sin imporar el qué – respondí sinceramente.
Draco se veía como si le hubiera dado una bofetada.
-¿No te das cuenta, Hermione? - dijo al cabo de unos minutos en silencio – Yo solo te hago daño.
-No, no lo haces. Puede que me hagas daño, pero también me haces feliz. Tú y yo nos dañamos el uno al otro estando juntos – respondí – Pero tampoco podríamos no estarlo.
-Mi concepto sobre la sangre cambió, sobre todo, aquel día en mi casa – comenzó - Yo ya había comenzado a dejar de llamarte sangre sucia en mi interior, aunque realmente te quisiera todavía seguía llamándote así. Pero cuando mi tía te empezó a torturar, me di cuenta de que la sangre no define quienes somos. Lo hacen nuestros actos.
-Tu tía va a querer matarte – dije.
-Ya lo hace. Pero no puede, porque Voldemort me necesita. Lo intentará después.
-No le dejaré que te haga daño.
-Me gustaría verte intentando eso – dijo con una sonrisa.
Draco se tumbó en el césped. Su cabello rubio tocaba la hierba y sus ojos grises brillaban con la luz anaranjada. Me tumbé junto a él y encontré su mano, que tomó la mía.
-¿Te das cuenta de lo mal que está todo esto, Draco? - pregunté, y él asintió.
Se incorporó sobre su costado y apoyó la cabeza sobre su brazo, yo me levanté un poco y gateé hasta él, sentándome encima suya. Draco enarcó una ceja, pero no dijo nada.
-Voy a intentar ser lo suficientemente fuerte, Draco. Lo suficientemente fuerte para proteger ambos corazones, el tuyo y el mío.
-No tienes que proteger mi corazón – intervino él sentándose, pero conmigo sobre él.
-Sí tengo que. Si tu corazón sale dañado, también lo hará el mío. Ahora se ha unido, ¿no?
-Sí – afirmó él.
Y entonces, me besó.
Dejad vuestros reviews si queréis que Draco se os declare (asjfsdgkfg *-*) - Cris.
