Buenas noches chicas! ¿Cómo va este principio de semana? Bueeeeeeno, pues a ver si lo animamos un poco con estos dos...a ver cómo avanza hoy la cosa...

Lo sé, lo sé, diréis vosotras...pues avanzar, avanzar...avanza despacio. Sí...pero es que son unos pesaos...qué les voy a hacer... ;)

Que disfrutéis...


Cap 9. El regreso

POV Bella

El lunes volvía a tener clase con el último curso, la clase de Edward. No esperaba que ocurriera también hoy, pero de nuevo faltó a mi clase, y era a la única hora a la que había faltado. Anoté la falta y decidí que hoy no podía dejar de hablar con Alice.

Prefería hacerlo con ella y no directamente con Carlisle, que era realmente su tutor legal. Edward era el hijo del hermano mayor de Carlisle, que había muerto siendo su hijo muy pequeño, y desde entonces había sido su tío el que había tomado su tutela. Si, vale, no pude resistirme a leer su expediente. Uno de los mejores del colegio.

Alice estaba con Emmett en la sala de profesores.

—Hola Bella.—Alice me sonreía haciendo aspavientos con la mano, como si le doliera.— ¿Qué tal la sesión de exámenes del fin de semana?

—Va…no ha sido para tanto.—la miré y entonces me puse muy seria y con los ojos entornados…—Sólo han sido 127 exámenes…

—¿127?.—preguntó Emmett.—¿Quién no se ha presentado?.—Vaya, eso es cálculo mental y lo demás…¿como sabía eso?.—Doy clase a los mismos grupos que tú, Bella. No es que tenga poderes mentales.— miró a Alice y le guiñó un ojo. Alice le ignoró. – Y yo he tenido que corregir 128, así que…dime, ¿a quién le vas a echar hoy a los perros?

Mira tú por dónde, ya no tenía que sacar el tema…

—Pues no me le he podido echar a los perros, porque tampoco ha venido hoy.

—Ah, entonces no sería para escaquearse del examen…

—Eso dímelo tú.—y miré a ambos.— Porque el próximo día que venga, voy a echar a los perros a…Edward.— Esperé sus reacciones.

— Ah, bueno…—y siguieron a lo suyo.

¿Cómo que ah, bueno?

—…Bueno, no me vais a contar que le pasa. Porque sólo falta a mis clases...

Entonces, al decirlo en voz alta, la respuesta vino a mí como si hubiera estado frente a mis narices todos estos días. Y la verdad es que lo había estado. Sólo faltaba a MIS clases. Y yo sabía por qué. Mis temores se hacían realidad.

Podía notar la sangre latiendo en mi cara. Oh Dios, estaba tan avergonzada… ¿Cómo narices iba a explicar aquello?¿Qué iba a decir a Alice, que además era mi mejor amiga?

Me mordí el labio y levanté la mirada. Pero la expresión que vi en los rostros de Alice y de Emmett no era en absoluto la que esperaba. Parecían estar casi tan incómodos como yo.

—Bueno, Edward…—comenzó Alice y miró de reojo a Emmett pidiendo ayuda.

—No te lo tomes a mal Bella, Edward es bastante rarito.—¿que no me lo tomara a mal? ¿Yo? Pero si era yo la que había casi acosado a su sobrino.— No le hagas mucho caso…y por favor, no te ofendas.

—¿Qué?.—no sabía ni que decir. ¿De qué no tenía que ofenderme? ¿De que un chico me tomara por una pervertida, con motivo, y no quisiera ni cruzarse conmigo?.— ¿De qué no me debo ofender?

—Edward piensa que.—Alice hizo una pausa para subir las manos y simular comillas con sus dedos.— "tus métodos de enseñanza no se ajustan a las expectativas que tiene de esta asignatura en particular" y cree que se podrá preparar mejor por su cuenta, con lo que vendrá a tus clases únicamente para los exámenes.—Esperó mi respuesta, tanteando mi reacción…

Ja…mi reacción. Ni el mismísimo Conde Drácula sacarían de mí una gota de sangre en ese momento. Ni siquiera creo que exista la palabra para describir mi reacción. Alucinada, anonadada, flipando…Sí, bueno, flipando estaría bien.

Me había sentido fatal durante casi una semana, pensando que era la peor persona del pueblo porque tenía aterrorizado a un chico de 17 años por habérmelo comido con los ojos (vaya, ¿yo acababa de pensar eso?). Y resulta que lo que no le habían gustado eran mis métodos de enseñanza…

—Vamos que cree.— Emmett iba a rematar.— que has empezado bastante mal, que has dado muchas confianzas y que la falta de disciplina que eso va a suponer hará de tus clases algo insoportable para quienes estén verdaderamente interesados…Y que no avanzaréis en nada…que no aparezca en la SuperPop (revista para adolescentes que apareció en los años 80).

Ahí se me descolgó del todo la mandíbula.

—Se lo ha explicado a Carlisle y éste ha intentado convencerle, pero Edward es el tío más cabezota que conozco, y cuando se le mete algo en la cabeza...

¿Qué le había contado todo eso a Carlisle? ¿Que era una blanda? ¿Que mis métodos arruinarían todas las posibilidades de mis alumnos? Comencé a notar como toda la sangre que había desaparecido hacía unos segundos, me subía ardiendo a la cara. Iba a explotar de ira.

—¡Pretencioso repipi estirado, será cabrón!.— ups…¿había dicho eso en voz alta?. Inmediatamente cerré los ojos y apreté los puños fuertemente. ¿Acabas de llamar cabrón al sobrino del director?

Alice me miró sorprendida y Emmett empezó a reírse a carcajadas.

—Por favor, por favor, por favor.—mi voz era casi un susurro de pura vergüenza.— Haced como si no hubierais oído eso. — Abrí los ojos ligeramente para mirar a Alice.

Ahora los que se reían a pleno pulmón eran los dos. Genial.

Tendría que ir a hablar con Carlisle. ¿Y qué es lo que iba a decirle? Sin duda me echaría una bronca primero, me hablaría sobre las necesidades de disciplina, el peligro para el desarrollo de las clases de un acercamiento excesivo de la figura del profesor al alumno…Dios, la que se me venía encima.

Debieron notar mi preocupación, porque dejaron de reírse. Bueno, Emmett seguía, aunque intentaba disimularlo sin mucho éxito.

—No te preocupes Bella.—Alice apoyó su mano helada en mi hombro. Ya estaba acostumbrada.—Carlisle nos pidió que tanteáramos al resto de tus chicos antes de darte el sermón, para contrastar las apreciaciones de Edward.— vaya, mi cara debía ser un libro abierto.— y se alegra mucho de haber comprobado que todos los cursos están contentísimos contigo. — oh, buenas noticias por fin.— En ninguno ha habido señal alguna de que te hayan perdido el respeto o de que estés descontentos con tus clases. De hecho, nos han comentado que se alegran de que por fin alguien les empiece a tratar como adultos, o al menos, lo más parecido a un adulto que se puede tratar a un niño …Y eso me lo han dicho personalmente.—Alice me guiño un ojo. Sabía cómo animarme.

Se me pasó la mal leche. No me había equivocado al pensar que me habían tocado unos chavales estupendos. Con alguna excepción, claro.

—Sí Bella, no te preocupes.—Ahora era Emmett quien me animaba.— Edward entiende otra relación profesor–alumno completamente diferente a la que tú planteas. Para él un profesor debe estar en otra escala, en otro nivel. Para él representa un modelo de cómo los conocimientos que vas adquiriendo se van aplicando en tu vida, influyendo en ella, dándote otras perspectivas, moldeándote. Y parece que no le gustas mucho como modelo.—sonrió. Sí, eso también me ha quedado a mí claro como el agua.

Entonces Emmett hizo algo…extraño…Me miró, intenso, muy intenso. Sus pupilas parecieron agrandarse y por un instante quedé hipnotizada en esa mirada, inmóvil, me atrevo a decir que indefensa. Tras pestañear repetidamente, sacudí la cabeza intentando salir de ese sopor. Emmett seguía mirándome sonriendo.

—Aunque a mí me parece que estás muy bien.—dijo recorriéndome con la mirada. Y no pude evitar echarme a reír. Es un cara dura…

—Gracias Emmett, no sé qué haría sin ti.—me hice la adulada y fue mi turno de echarle los tejos. Suspiré.— Ay…si no estuvieras casado…—me acerqué a él contoneándome y le sorprendí dándole una colleja. —Caradura, como se lo diga a tu mujer…

—Ya bueno.— miro hacia la mesa de la sala donde un grupo de compañeros charlaba.— Si no te sobraran los admiradores por aquí, me lo pensaría.— sonreí y giré la cabeza para comprobar que Jacob estaba allí. Rodé los ojos.

—Vale chicos.— dije dirigiéndome a la puerta y cogiendo a Alice de un brazo y a Emmett de otro.— Os habéis ganado un café.— Que tomaría yo sola, claro, porque, según me había contado Alice el primer día que pasamos de compras en el centro comercial, su familia seguía una dieta especial

Guau, no daba crédito. Al día siguiente a primera hora, cuando entré en clase, unos minutos antes de que sonara el timbre, sentado en su pupitre en la última fila, estaba Edward Cullen.

—Hombre, Sr. Cullen, qué sorpresa.—soné bastante cínica…¿no quería formalidades?.—No esperaba verlo por aquí. Es todo un honor.— Con todo lo que me habían contado Alice y Emmett, estaba convencida de que no le vería hasta las evaluaciones, por lo menos en mi clase.

Estaba mirándome serio mientras le hablaba. Pero su mirada era intensa, como la de la última vez. Y la primera. En realidad, la única. Y, como entonces, me invadieron esas corrientes tan intensas, esos nervios asfixiantes. Se apoderó de mí un deseo, un anhelo, una necesidad…¿de qué en realidad?, ¿de acercarme?, ¿de tocarle?…No podía responderme, no lo sabía. Dios, realmente, estaba enferma. Vuelve, Bella.

Cuando terminé de "saludarle", bajó la mirada y sonrió levemente.

—Srta. Swan yo…—su voz me hizo olvidar por qué estaba enfadada, porque, como esa vez, todo lo demás dejó de existir, el espacio entre nosotros, el tiempo que tardaban sus palabras en abandonar sus delicados labios…y todo volvía a empezar, corrientes, calor, ahogo. —Siento mucho haberme comportado así el otro día y haber faltado a sus clases. No volverá a ocurrir.

Apenas prestaba atención a lo que acababa de decir. Solamente escuchaba, como si fuera una preciosa melodía, su voz. Era un reconfortante placer para mis oídos, varonil y grave, pero dulce, como un ronroneo. ¿Habría de verdad algo que no fuera atractivo en este chico?

Recordé que se estaba disculpando y volví a prestar atención. Parecía de verdad avergonzado. Menuda bronca le tenían que haber echado. Volvía hecho un corderito…Pobre.

—Vale Edward.— adiós formalidades.— ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que no te gusta de mí?.—Vi cómo me miraba y levantaba las cejas. — Venga hombre.— mi tono era mucho más suave ahora. Me apoyé de espaldas en mi mesa.— Dime lo que sea que no voy a morderte.— esto le pareció divertido, porque levantó una de las comisuras de su boca a modo de sonrisa.—Ni voy a coger una depresión por lo que puedas decirme. No vas a ser la primera persona a la que no le gusto.—ahora parecía algo enfadado.— Pero soy tu profesora y no te queda otra que trabajar conmigo este año, así que.—suspiré.—hagámoslo lo más fácil posible.

— No hay nada en ti que no me guste.—hizo una pausa. Torcí la boca. Odiaba lo que me estaban haciendo sentir esas palabras, odiaba cómo me había sonado eso…y en esa voz, puro terciopelo. Pero seguía pareciendo enfadado.— Simplemente no estaba preparado.— su enfado había desaparecido y hablaba más bajito.— Pero ahora lo estoy.

Y sonó tajante. Tan seguro de lo que decía que ni a mí me quedaron dudas de que era cierto.

Este chico hablaba con más aplomo que muchos de los adultos que yo había conocido. Definitivamente, era muy maduro. Claro que, hasta este momento, no recordé que realmente hablaba con un adolescente, voluble e inconstante. Nadie podía asegurar cómo reaccionaría al instante siguiente…

—De acuerdo. Pues bienvenido entonces. Pero prepárate.— ¿quería disciplina? ¿quería mano dura? Allá voy, pequeño…Intenté poner cara amenazante.— porque os voy a meter tanta caña que no vas a poder pensar en otra cosa…—intenté bromear para terminar la conversación de la mejor manera posible.

Sonrió y bajó la vista a su mesa de nuevo. Dijo algo para sí mismo, algo como "Si ya no puedo pensar en otra cosa…", pero no estaba segura, porque en ese momento sonaba el timbre y comenzaba la clase.


Mmm...bueno, parece que Edward se lanza un poco...ESO ES CAMPEÓN...DANOS CARNACAAAAA... ¬¬...Bien...mmm...saludos de la deslenguada que hay en mí...

Beso

P.