Yuri era una persona que se frustraba fácilmente. Era como inflar un globo y tirarlo dentro de una habitación llena de alfileres. Hicieras lo que hicieras, tarde o temprano explotaría.
Las competencias venían pesándole en la espalda hace rato.
Acostumbraba siempre a ganar, sin importar el rival. Fue por eso que no obtener ningún oro (aún llegando al podio) no podía mostrarse conforme con los resultados. Demonios, no entendía que pasaba, entrenaba día y noche sin parar, había crecido y parecia no ser suficiente.
No era un chico paciente así que le enfermaba no entender que le faltaba para ganar. Cuando le preguntaba a Yakov, le decía que tenía que dejar el teléfono y entrenar más. Tonterías.
Si le preguntaba a Lilia, ella callaba o le ignoraba y le exigía continuar el entrenamiento. Por un demonio.
Finalmente, su abuelo le decía que debía descubrirlo él mismo. Le frustraba pero jamás se enfadaría con él.
Inclusive Mila parecia saberlo y la muy bruja no quería abrir su estupida boca. Odiaba que por ser mayores que él se empeñaran con hacerle quedar como un bebe que no sabia nada de la vida.
El punto era que todo era culpa de ese canadiense salido de lo más recóndito del infierno. Maldito sea, no lo soportaba. No solo no le agradaba, si no que le ganaba en cada competencia.
Venia llevándose el oro en absolutamente todo y eso lo tenía enfermo de furia. No podía evitar su cara de decepción, enojo y tristeza cada vez que tenía que subir al podio un escalón más abajo que él. Con esa estupida sonrisa de mierda, y ese aire burlón. Con ese ego que parecía no querer bajar de las nubes, la confianza desbordante. Le odiaba. Con toda su alma.
Mas cuando ese imbecil mal nacido osaba a tratarlo como si fuese una mujer. Dios santo, tenía tantos insultos para él. Siempre tenía que tragárselos porque Lilia no le dejaba maldecir en voz alta.
La mujer conocía el carácter del patinador. Sabia que Nikolai jamás presenciaba el mal genio de su nieto; al no tener una figura materna, era difícil educarlo de grande, pero al menos la respetaba y hacía caso a sus exigencias. Claro que con Yakov era otra historia.
En una de esas, la mujer había dejado solo al hada rusa. Ella nunca entraba al vestidor con él, por supuesto, pero le esperaba afuera. Podía verse exagerado, pero si algo le pasaba al menor, Yakov corría todos los peligros. Y ella quería evitar contratiempos estupidos.
Volviendo a la situación, Lilia se fue un momento al baño de mujeres que quedaba del otro lado del pasillo, avisándole al menor antes.
El ruso entro a los vestidores, aprovechando que la mayoría estaba con la prensa, frustrado con la medalla de plata. Se la había dejado a su entrenador porque no quería siquiera verla.
Se deshizo de la trenza que adornaba su cabello y se quitó la parte superior del traje mientras buscaba su remera. Sin saber que alguien lo observaba con una sonrisa socarrona.
-Vaya, vaya- dijo, sobresaltando al menor que se volvió hacia él sorprendido- que linda gatita, ¿no te dijeron que este era el vestidor de hombres? No puedes estar aquí, princesa- dijo ensanchando su sonrisa.
-Tch, no me jodas, no tengo ganas de perder el tiempo con un idiota como tú- siseo enojado, a la vez que le daba la espalda.
Gran error.
Jj no borro su sonrisa ni un segundo mientras se acercaba lentamente al rubio que estaba de espaldas mientras buscaba algo en su bolso.
- Oh vamos, ¿no te alegra verme? Después de todo siempre te abro la puerta y te dejo pasar, soy todo un caballero- dijo en voz más baja, rozando sus dedos con la cintura del menor.
-!¿Que mierda crees que...?!- no pudo terminar de gritar que sintió como una mano tapaba su boca. El canadiense se acercó aún más.
- Shhh gatita... no queremos tener problemas ¿verdad?- le susurró bajito al oído.
La situación era comprometedora. Jj estaba detrás de él, tapándole la boca con una mano mientras la otra descansaba en su cintura. Tenía rostro a un lado del suyo. Sabia que si se daba vuelta, vería su estupida sonrisa orgullosa. Quiso removerse cuando sintió la mano del mayor moverse a su vientre.
-No te pongas inquieta princesa... sabes que quieres esto tanto como yo- susurró pegado a su oreja mientras inspiraba profundamente para retener su aroma lo más posible.
Yuri podía sentir su aliento caliente y eso le ponía nervioso. Su mano se movía cada vez más abajo y estaba paralizado. Como aquella vez en su escuela.
- Vaya, vaya... ¿lo disfrutas? No te veo luchar cariño- susurró con voz ronca mientras pasaba su lengua por la oreja del menor, haciendo que este temblara ante la sensación desconocida. El canadiense se apoyó aún más sobre el trasero del rubio, haciéndole notar que comenzaba a excitarse.
Delineó el elástico del bóxer lentamente e introdujo su mano en el interior, rozando levemente la intimidad del ruso.
Yuri respiro profundo, tratando de tomar aire de donde podía, tenía sus manos sobre la de Jean que estaba en su boca, tratando inútilmente de apartarlo.
Cuando parecía que el mayor iba a pasar a la siguiente fase, se escucharon pasos fuera del vestidor, que hicieron que el canadiense se separara del ruso por fin, no sin antes decirle algo más.
- Nos vemos más tarde, preciosa- se alejó sin antes regalarle una sonrisa coqueta.
Cuando Yuri se quedó solo, sintió ganas de vomitar. Vio su parte inferior semi despierta y se odio a si mismo. ¿Como pudo permitir eso? ¿Por que no se movió? En ningún momento le pasó por la mente disfrutar ese acto. Estaba paralizado de miedo.
No importaba cuantas veces intentarán de abusar de él, siempre se quedaba de piedra sin poder hacer nada. Otros chicos entraron a cambiarse y el rubio se apresuró a terminar de colocarse las prendas.
Sabia que Lilia debía estar esperándole afuera, pero se tomo un momento antes de salir. Dentro de los vestidores había baños, así que se encerró en uno de los cubículos y rompió en un silencioso llanto. Odiaba todo. La estupida medalla de plata, sus esfuerzos en vano, al imbecil de JJ, sus traumas de la infancia. Todo. Odiaba todo. No era la primera vez que el canadiense osaba a molestarlo de esa manera, insinuándosele, pero jamás había llegado tan lejos.
En su cabeza no podía dejar de pensar en lo solo que se sentía en realidad. En lo horrible que era ser él. En lo mucho que llegaba a odiarse.
Dentro de su cabeza estaba gritando por ayuda.
Pedía a su madre que donde sea que esté, le enviara un ángel. El que sea.
Luego de quedar segundo en la segunda competencia antes del grand prix, vio como Katsuki quedaba primero, Georgi segundo.
El programa del ruso era bueno, pero sus gritos de terror mientras páginaba, sumado al extravagante maquillaje, llegaron a alterarlo. Mila se reía junto con otra patinadora mientras lo veían por televisión.
También se hubiese burlado, de no ser porque estaba ensimismado pensando en el programa del japonés. Era distinto a las otras veces, había mejorado.
Mientras pensaba en las posibilidades, Mila lo interrumpió, como siempre.
- Oi que rompió con aquella bailarina con la que siempre subía fotos. Ahora está con otro chico¿Sabias eso Yuri?- volteo divertida hacia él.
-¡Cállate, vieja bruja!- exclamó golpeando la mesa. ¿Que mierda importaba a él la vida amorosa de ese idiota? Sin embargo, miro su programa, eran compañeros después de todo.
- Rayos, está llorando en serio- comentó sorprendida la pelirroja.
-¿En serio?- acotó con sarcasmo. Siempre lo hacía en las practicas desde que había cortado con esa zorra. Porque Anya era una maldita zorra. Había jugado con él.
Se mantuvo cerca de Georgi para ganar seguidores y hacerse más famosa, cosa estupida porque ya tenía demasiada fama sin él.
Mientras el programa continuaba, se veían gestos en la cara del Georgi que denotaban que realmente sufría.
-Casi puedo oír su voz de terror- comentó perturbada Mila sin dejar de mirar la pantalla.
-Esta demasiado metido en la actuación- continuó él. Pero había dado una actuación memorable. Quedando segundo.
Bueno, no le duró mucho hacerse el interesado en su vida, pues olvido ver su programa libre. No era por desestimarlo, pero realmente le valía mierda. No lo sentía un rival. Lo que no se perdió, fue el programa de katsuki.
¡Un flip cuádruple! Un maldito flip. No lo había clavado, pero las rotaciones habían sido suficientes. No pudo ocultar su cara de sorpresa.
Y el beso que se dieron al final, frente a las cámaras y la audiencia le colmaba la paciencia que no tenía. No entendía el tupe de Viktor de andar a los besos y abrazos todo el día.No lo entendía.
Vio como posaba con su medalla de plata y las palabras en la entrevista.
-Ahora que Yuri puede hacer un flip cuádruple, sé que ganara la Copa Rostelecom y clasificara al Grand Prix Final. Espero con ansias ir a Rusia como su entrenador- alardeaba el peliplata feliz, junto a un avergonzado japonés.
Como para añadir cizaña al fuego, Mila se volvió burlona hacia él- ¿Oíste eso?-
Furioso, partió la cuchara de plástico con la que había destruido su almuerzo mientras veía el programa.
-Te haré borscht en Moscú... maldito cerdo-
Ni bien piso su tierra natal y vio a sus fans, se escabulló hacia la salida. Al respirar el aire helado de su hogar, vio a su abuelo salir del auto. No lo pensó que salió corriendo hacia él y se le colgó en un abrazo. El pobre anciano gimió adolorido. Cierto, su espalda. Se montaron el vehículo, había extrañado mucho el aroma del mayor y quería pasar tanto tiempo con él como pudiera antes de tener que volver a irse lejos.
El camino en auto fue tranquilo, mientras comía su comida favorita y le hablaba a su abuelo sobre Japón y el katsudon que había probado. Paso la tarde con su adoración y en la noche volvió al hotel, donde se encontró a Viktor siendo entrevistado en el hall del lugar. Le preguntaban sobre su futuro en el patinaje y el peliplata no daba respuestas.
-... veo mucho potencial en Yuuri Katsuki. Quiero que se centren en su participación-
¡¿ah?! No era justo que dijera eso, ¡él también participaba, era su maldito debut!
- Si Yuuri posee tanto carisma, ¿no te gustaría enfrentarlo un día en la pista?- acotó una periodista.
Viktor sonrió, enigmático, logrando extrañar a Yurio. Cuando el mayor notó su presencia, lo uso para distraer a la prensa de aquella pregunta.
-¡Vaya, es Yuri!-
Todos se dieron vuelta y lo rodearon también. Maldito viejo.
Se acercó a él y lo rodeó con uno de sus brazos.
-¿Vieron el programa corto que coreografié para Yurio?- pregunto con su estupida simpatía. Sin ganas de soportar estupideces, tiro el café que el mayor sostenía al piso y le espetó-¿hasta cuando te creerás el mejor de Rusia? Esta competencia es mía-
Y contrario al resultado que esperaba, la sonrisa de Viktor se ensanchó.
Se escapó de ahí y en el camino se encontró con Katsuki en el ascensor. No fue un encuentro muy importante, pero reafirmaba sus ganas de ganarle al tenerle de frente.
En fin, debia concentrarse en la competencia.
Solo dos habían clasificado para la final:
Un tal Otabek Altin y luego, Christophe Giacometti. Del primero no sabia absolutamente nada, solo que había quedado tercero en Grand Prix una vez.
El competiría con JJ, Seung Gil Lee, Michelle Crispino, Emil Nekola y Yuuri Katsuki.
Mientras las presentaciones pasaban, trataba de ignorar a JJ. Ese imbecil no se le acercaría de nuevo.
Durante la presentación de Nekola, vio como el canadiense se le acercaba a Viktor. Por increíble que pareciera, el ruso mayor se mostraba disgustado con la presencia de ese patinador. No era estupido y había visto la manera en la que este veía a Yurio, como le molestaba y se aprovechaba de él.
Viktor conocía al rubio. Bajo esa actitud irritante, se encontraba un niño asustado. Y JJ no hacía más que molestar. Se mantuvo cerca del menor las veces que Lilia y Yakov se alejaban, para que el canadiense no se le acercara de mas.
Para cuando la presentación del cerdo termino, Yurio se acercó a la pista. Se regocijó internamente al ver la mirada sorprendida del japonés al verlo con su traje de Ágape. Necesitaba ganarle.
-Apartate, cerdo-
Sin embargo, estaba nervioso como la mierda. Escuchaba a Yakov y a Lilia cada vez más lejos, se sentía perdido y mareado. Necesitaba la presencia de su abuelo. ¿Donde estaba? ¿porque no fue a verlo? El sudor bajaba por su frente y los latidos de su corazón lograban taparle los oídos.
Fue al escuchar los vítores de la gente ante el puntaje del japonés que reaccionó. Katsuki se volvió hacia él.
-¡Yurio! ¡Davai!-
¿QUE DEMONIOS? como si fuese poco, Viktor hizo lo mismo y comenzaron a saludarlo. Oh no, ni modo. Se dirigió furioso hasta la pista. No se sentía tan mal como para necesitar el apoyo de nadie.
Cuando su programa comenzó, no podía sentir su ágape. Estaba irritado e incómodo, tanto así que falló su primer salto. Un axel triple. No había fallado ese salto en un año. Maldijo internamente.
Trató de serenar su mente y resolver los errores a medida que se deslizaba, necesitaba hacerlo todo perfecto a partir de ahora.
"He puesto sangre, sudor y lágrimas desde aquella humillación" pensó, recordando su estancia en Japón"solo me falta experiencia".
Continuó su programa, clavando todos sus saltos y mejorando la secuencia de pasos en gran medida. Al finalizar su programa, el público y sus fans aplaudieron y gritaron, lanzándole peluches y banderas. Entre todas las cosas que le lanzaron, una vincha con orejas de gato termino en su cabeza. Sus fans reían y gritaban enternecidas.
Puso cara de hastío, mas al ver como JJ estaba esperándole en la salida de la pista mientras aplaudía mirándole a los ojos. Claro que su cara de odio eterno camuflaba los nervios que le abrumaban cada vez que se imbecil ponía su mirada en él. Si fuese un gato, se le hubiese crispado el cuerpo y le hubiese arañado la cara hasta dejarlo irreconocible.
-¡Oh! Las damas primero- dijo, haciéndose a un lado dando una reverencia. Maldito canadiense hijo de puta. Lo ignoro bajo la mirada atenta de Lilia a la vez que un escalofrío le corría por al columna. Ojalá no tuviese que volver a cruzarlo en su vida. Su mirada altanera también venía con una complicidad oculta de la cual no quería formar parte.
Se puso su música en el teléfono para no escuchar la estupida canción de jj en su programa. Maldito narcisista.
El idiota había roto su propio récord, haciéndole chirriar los dientes. Claro, eso no se comparó con lo que ocurrió a continuación.
Viktor tuvo que volver de urgencias a Japón y ahora él y el cerdo estaban con el mismo entrenador. Aún se preguntaba porque Yakov había aceptado eso.
- Yuri- le llamó el mencionado- tu abuelo está afuera-
Emocionado, salió sin preguntar. Se subió al auto con él y vio que tenía una bolsa que emanaba un aroma delicioso.
-Abuelo, creía que no te sentías bien- dijo preocupado el rubio.
-Come y calla- le respondió el anciano mientras le entregaba la bolsa de piroshki. El rubio, que jamás le contradecía, le hizo caso.
Oh santo cielo.
-¡Tiene cerdo, huevos y arroz! ¡¿Y este piroshki?!-
-Son de tazón de cerdo- respondío energético Nikolai.- espero que se ayuden en el programa libre, Yuratchka- dijo, palmeando su cabeza.
El menor sonrío sonrojado y feliz. Su abuelo no había asistido a la competencia para prepararle eso. No había palabras para describir lo mucho que le amaba.
Con nueva confianza infundada por su abuelo, le hablo a su entrenador antes de salir a la pista.
-Oye Yakov,cambiare mis saltos, haré dos en vez de cuatro en la primera mitad-
-¿y seis en la segunda?- le preguntó anonado, a lo que él asintió- ¿quieres morir?- le preguntó preocupado.
- Solo así podré derrotar a JJ y a Yuri- dijo con seguridad. Yakov no le reprochó. Sabia que a pesar de ser terco, el rubio no se arriesgaría con algo de lo que no está seguro, así que lo dejo ser. No iba a hacerle caso si se negaba de todas formas.
Una vez en la pista, escucho los vítores de la gente. Se habían incrementando más que cuando el resto había patinado, al parecer, tenían muchas expectativas sobre él. Bien, obtendría su primer oro como senior.
Allegro appasionato in B menor comenzó a sonar al son de sus movimientos. Una pieza intensa y difícil de ejecutar.
Clavo los saltos de la primera mitad, y para el segundo ya se sentía cansado. Aún así, eso no lo detuvo. Clavo todos sus saltos, enfocándose en todas las veces que el imbecil de JJ se había burlando de él por no llegar al oro. Le mostraría quien mandaba.
Mierda. Cayo de rodillas al hielo cuando hubo finalizado, Lilia lloraba mientras su ex marido la consolaba y Nikolai aplaudía orgulloso. Había superado sus propios límites. Al ver los resultados, se vio clasificado para el Grand Prix final. Lo había logrado.
El programa del cerdo había sido nefasto. Fue un milagro que haya calificado para la siguiente fase. Le habia dolido a él mismo ver sus fallos, casi estuvo por darle ánimos. Claro que el canadiense le interrumpió, diciéndole que también esperaba su apoyo, el cual no pensaba darle.
Aún así no lo necesitó, el hijo de puta volvió a ganarle.
Quería patalear, llorar y romper todo. Pero aunque no lo admitiera en voz alta. Estaba preocupado por el cerdo, que corrió a toda la competencia con abrazos porque extrañaba a Viktor.
Cuando se hubo cambiado, salió a buscarlo en la fría noche rusa. Lo encontró frente a la carretera, sumido en sus (seguramente) depresivos pensamientos. Se acercó y lo mando a volar de una patada.
-Allí estabas, tazon de cerdo. Tuve que buscarte- si eso quiso ser un reproche, le salió más suave de lo normal.
-¿Yurio?- lo reconoció el japonés desde el piso.
-¿Que creías que hacías?- continuó- dabas repelus. ¿Y ese programa libre? Puedes excusarte diciendo que te fue mal porque no estaba Viktor, pero yo, que estaba en plena forma, conseguí una marca personal ¡y me derrotó JJ!- dijo frustrado- ¡No tienes derecho a sentirte peor que yo!- le lanzó una bolsa, sonrojado- toma, será tu cumpleaños ¿no?-
Yuuri abrió la bolsa- ¿piroshki?-
-cómelo- soltó , mirando a otro lado.
-¿Aquí?- le miro dubitativo.
- ¡Que comas!- dijo con la poca paciencia que tenía. El mayor se paro y comenzó a comerlo ante la cara expectante de Yurio.
-Tiene arroz dentro... y cerdo... y huevo ¡es tazón de cerdo!- exclamó fascinado.
-¡Si!Los hizo mi abuelo ¿No está rico? - dijo con un leve sonrojo en sus mejillas, mientras mostraba una adorable sonrisa.
-¡Si! Delicioso- continuó comiendo el japonés.
No supo de donde salió ese gesto de compañerismo que le atacó de repente, pero se sintió mucho mejor al verlo más animado. No le caía mal y no tenía nada contra él. Era el mejor rival que había tenido desde que comenzó a patinar.
- Oye, Yurio- comenzó Yuuri- Hay... ¿hay algún problema con JJ?-
Se puso pálido. -¿De... de que hablas?- no quería sonar nervioso, pero no quería que nadie supiera acerca de eso. Le daba pánico y furia pensar en ese imbecil.
-Bueno, no quiero meterme- dijo tranquilo- pero he visto cómo te mira y molesta, además de que a Viktor tampoco le agrada que este cerca de ti, y eso no es muy normal en él... no debes contarme nada, pero si algo llegara a pasar... puedes decírnoslo y te ayudaremos-
-¡Ya ya! ¡Que te haya convidado piroshkis no te hace especial, cerdo!- dijo mirando hacia otro lado para que no se viera su sonrojo- aún así... lo tendré en cuenta- susurró mas para él mismo que para su acompañante, que por supuesto, le había escuchado.
¡Bueno bueno mis amores! ¿Sorprendidas de que actualice un viernes? Yo también. No pude evitarlo, welcome to the madness me hizo tan feliz que quise subir un capítulo en compensación por tanta felicidad.
También quiero aprovechar para aclarar que si, welcome to the madness será incluido en este fic, ya estoy trabajando en eso❤️
Hoy a sido una excepción, seguiré actualizando SOLO LOS MARTES (o cuando pueda, en esta plantaforma). En fin, el capítulo que viene si, al fin. "Barcelona"❤️nuestros amores se conocen, les recomiendo estar preparadas para el fluffy❤️
En fin, nos leemos el Martes linduras, que tengan un lindo fin de semana💕✨
