Bien chicas, este es el final de la historia.
Algunas me pidieron que la alargara, pero como les dije en un inicio, la historia no es de mi autoría y por ello no me parece correcto alterar el curso de esta.
Si bien fue una historia corta, creo que al menos fue bonita, ¿no? Eso me lo dirán ustedes.
Disfruten ;)
Epílogo
Un año más tarde...
-¿Nerviosa? -preguntó Robin.
Regina miró desde su posición en el despacho de David a los invitados que se movían por la galería de arte. Todo estaba en su sitio. La música. La comida. Los invitados.
-Un poco. Nunca había planeado una boda, ni siquiera una informal. ¿Por qué? ¿Tú estás nervioso?
Él introdujo un dedo debajo del cuello de la camisa blanca.
-No me gusta llevar esmoquin ni tener que estar de pie delante de una multitud, pero, aparte de eso, estoy bien.
Regina lo miró de los pies a la cabeza.
-Estás muy bien. Creo que te voy a poner esmoquin más a menudo.
Robin hizo una mueca.
-Prefiero que te dediques a quitármelo.
-Eso lo haremos más tarde. ¿Crees que vendrán tus padres?
Él se encogió de hombros con una indiferencia calculada.
-Supongo que sí.
Todavía se ponía tenso cuando hablaban de Robert o Esmerald, pero los tres habían hecho algún progreso en el último año.
-Creo que se arrepienten mucho de haberte dado esa infancia. Y por lo menos ahora lo intentan.
-Yo también. ¿Crees de verdad que la gente puede cambiar?
-Claro que sí. Lo único que nos limita es el miedo y las fronteras que nos pongamos nosotros.
-Nuestra relación me ha ayudado a entender mejor eso -él se pasó una mano por la barbilla-. Creo que la relación de mis padres es parecida a la nuestra. Después de treinta años, él todavía está loco por ella.
Por fin, después de un año, empezaba a creer en serio que ella lo amaba. Que no se iba a despertar un día y decidir que se había dado cuenta de que él no era como esperaba.
Un par de meses atrás la había acompañado a Savannah a conocer a su familia y había sido un fin de semana interesante. David los había conquistado con su carácter extrovertido, pero Robin les había gustado más. Su padre lo había descrito como un hombre profundo. Su hermana Kristin lo consideraba raro, pero su hermana consideraba raros a todos los hombres que no jugaban al golf ni eran miembros de un club de campo.
Y Regina supo de cierto que Robin empezaba a sentirse cómodo con su relación cuando le pidió que lo acompañara en otoño a Inglaterra a conocer a sus abuelos. Si todo seguía así, tal vez dentro de una década su amor se sintiera lo bastante seguro como para hacer la locura de comprometerse.
-Hablando de relaciones... ¿dónde está la feliz pareja? -preguntó ella.
Robin sonrió.
-Killian estaba nervioso y David ha decidido que debían pasar unos minutos a solas antes de la ceremonia -se tiró de la corbata-. Una ceremonia de compromiso gay que tiene lugar en una galería de arte no es muy convencional. ¿No crees que podían haber elegido algo más vanguardista que un esmoquin?
-Killian quería el esmoquin y David quería complacerlo. Creo que Killian le ha venido muy bien.
-Desde luego. Es mucho más considerado que antes.
-Y me parece romántico que hayan elegido el aniversario del apagón.
-Muy sentimental.
Ella le dio un golpecito en el hombro.
-No seas idiota -sabía mejor que nadie lo romántico y sentimental que era él en realidad. Robin le sonrió.
-Perdona. Nosotros también llevamos justo un año juntos y todavía hay algo pendiente entre nosotros.
-¿Pendiente? -Regina no sabía a qué se refería.
-Sí. Yo te di las fotos, pero tú todavía no has planeado mi fiesta. Y ahora necesito que prepares un evento.
-¿Qué clase de evento? –Robin no era hombre de fiestas.
-Algo parecido a esto, pero quizá un poco más lujoso. En una iglesia y con una fiesta después y mucho baile.
¿Estaba diciendo lo que ella creía? A Regina le dio un vuelco el corazón.
-¿Quieres una boda?
-Sí.
-¿Estás seguro? Es mucho trabajo y, si crees que puedes cambiar de idea luego...
-Nunca he estado más seguro de nada.
-Y supongo que habrás pensado en alguien.
-Bueno, hay una criatura encantadora que me tiene loco de amor.
-¿Y se lo has pedido ya?
-Estoy en ello -él le tomó una mano y se dejó caer sobre una rodilla-. Regina, ¿quieres casarte conmigo?
Ella siempre había creído que eso de arrodillarse para declararse era un poco cursi, pero no lo era. Era tierno, dulce y, si acababa llorando y arruinaba el maquillaje, lo mataría.
-Me encantaría, Robin.
Él sacó una cajita de terciopelo del bolsillo de la chaqueta.
-Será un honor que quieras llevar mi anillo.
Abrió la cajita y sacó un anillo exquisito con un diamante grande en forma de pera.
-¿Te gusta? -preguntó.
-Me encanta -ella se lo puso en el dedo-. Es precioso -tal vez era una materialista, pero siempre había querido un anillo grande y su hombre acababa de dárselo-. Es una roca.
-¿Es tan grande como el de tu hermana?
Regina sonrió.
-Sí. Éste la deslumbrará.
-¿Y es más grande que el de David?
La joven supuso que seguían hablando del anillo.
-Es más grande que el de David. Ha debido de costarte una fortuna.
Robin la abrazó y la besó con ternura en la sien.
-Tú lo vales, amor. Y además, lo he pagado con las fotos tuyas en el baño que he vendido en Internet.
Ella sonrió y le echó los brazos al cuello. Se oyó el clic inconfundible de una cámara y los, dos levantaron la vista justo en el momento en que Killian hacía otra foto.
-Ahora que he fotografiado el final feliz, ¿creen que podemos seguir adelante con esta boda? -preguntó con una sonrisa nerviosa.
Regina se echó a reír y no lo corrigió. Aquello no era un final feliz... aquello era sólo el comienzo.
Hemos llegado al final, espero que esta historia les haya gustado.
Agradezco a las chicas de LPM por la presión al subir capítulos. Sin eso, creo que iríamos apenas en el capítulo 2.
Pronto empezaré a subir otra historia, así que estén pendientes si es que quieren leerla.
Saludos a todas!
