CAPÍTULO X

Pasé los primeros años de mi vida entre cultivos y pasto, jugando con las cosas mas sencillas del mundo; una varita, las mariposas, los insectos y el río. Era un niño tan normal como cualquiera, inquieto, travieso, preguntón y curioso. Nuca fui bueno en la escuela, tendía a aburrirme en clases y ser un dolor de cabeza para cualquier maestro que le tocara lidiar conmigo, pues me encantaba soñar despierto pensando todo el tiempo en las cosas que me agradaban, sin poner atención en lo demás. Cuando volvía a casa debía ayudar a mi padre con las labores de la granja y lo disfrutaba mucho, era casi la mejor parte de mi día a excepción de la noche. Después de la cena, me gustaba correr por los llanos bañados por la luz de la luna y cuando me sentía agotado, me tiraba boca arriba a observar ese manto de estrellas que me cubría.

Siempre me pregunté ¿qué habrá allá?, a mi pequeño cuerpo le recorrían unas cosquillas y el estómago se me estrujaba al pensar que quizás alguien me estaba mirando de vuelta desde muy lejos, sentía la necesidad imperiosa de comunicarme y tomaba mi lamparita de noche, esa que me acompañaba en mis salidas nocturnas, la cubría con mi mano y la destapaba intermitentemente imaginando que enviaba señales a alguien que quizás entendería mi mensaje. Reía imaginando que me contestaban, escuchaba voces imaginarias que me hablaban y resonaban en mi cabeza, diciendo cosas divertidas hasta que escuchaba el grito de mi madre o mi padre que me pedían que me metiera a dormir.

Aguardaba un rato más hasta que viniera la tercera llamada, pero mientras esperaba, soñaba con lo que habría más allá de aquella granja, yo sabía que había algo más que me esperaba allá afuera. Yo sentía que pertenecía a eso que no conocía, era en esos momentos en que me abrumaba la certeza de que no pertenecía a este lugar y eso giraba en mi cabeza por horas, hasta hacerme sentir un ligero mareo que me impedía dormir.

Siempre fue un problema para mí el dormir a la hora que mis padres decían, me era imposible conciliar el sueño a esas horas, mi cerebro me lo impedía pues era apabullado por mil ideas que lo sacudían. Con frecuencia esperaba a que ellos se durmieran para salir de nuevo a ver las estrellas o esconderme en el granero en mi eterno juego de huida y supervivencia. Me gustaba imaginar que era un gran héroe que debía escapar y sobrevivir a la adversidad, por eso tenía todo lo necesario en mi escondite secreto, era mi bunker para sobrevivir al fin del mundo.

Lo que parecían simples juegos infantiles comenzaron a causar problemas sin que yo tuviera conciencia plena de ello, mis padres me veían con recelo y yo desconocía los motivos. Mis constantes noches de insomnio me producían un profundo cansancio en el día, sobre todo para atender la escuela pero desaparecía en cuanto salía de ella. Los maestros comenzaron a decirle a mis padres que era un niño caprichoso y rebelde, que lo único que quería era llamar la atención y que además, podía padecer de algún síndrome de déficit de atención e hiperactividad. Nada extraño para los niños de mi generación, pero menos frecuente en la comunidad en la que crecí, donde la mayoría éramos gente sencilla de campo con poco acceso a la tecnología y la televisión. Mi ansiedad y fijación oral iban en aumento, en clase mordía todo lo que encontraba a mi alcance; tapones de pluma, lápices, hojas y cuanto objeto se interpusiera en mi camino. Comencé a lanzar lápices al techo para clavarlos en el cielo raso, pues no encontraba nada más interesante que eso. La sensación de afilar las puntas y verlos clavarse ahí, era indescriptible, de hecho desarrollé una técnica para fallar lo menos posible, ya debía lanzarlos con cierto ángulo y velocidad para lograr que quedaran ahí. Aquello desquiciaba a mis maestros y uno que otro compañero que fue alcanzado por un tiro fallido o por una bola de papel que no alcanzó el cesto de basura. Otro de mis pasatiempos favoritos, después de comer, salir a tirar en la improvisada canasta de baloncesto que colgaba de la fachada del granero.

Un día decidieron entre todos, que tenía ser tratado por un psicólogo que debía atender mis males. Hasta entonces comencé a entender que lo mío era malo, que lo que yo hacía no era del todo normal o por lo menos eso decía el doctor. Aquello no logró aminorar mi conducta, por el contrario, la exacerbó por completo, el hecho de sentirme un bicho raro me entristeció y molestó al tiempo. ¿Por qué había de ser malo ser como yo era?, no le hacía daño a nadie, por el contrario, antes de hacérmelo ver de aquella manera, yo me consideraba un niño muy feliz.

Finalmente pasó, se reunieron mis padre y el psicólogo en un concilio que determinó el resto de mi vida. Me sentaron frente a ellos y mientras mis padres se miraban con temor, el doctor les animaba con la mirada, haciéndome sentir un terror a lo desconocido. Nunca antes me había sentido tan atemorizado como aquél día, los minutos transcurrían y yo no hacía más que pensar que había hecho algo terriblemente malo para que aquello me estuviera sucediendo. No olvidaré nunca aquél día, yo apenas contaba con siete años y en mi memoria quedarán grabadas a fuego las palabras de mi padre -William… nosotros te amamos mucho hijo y eso no cambará nunca… lo que te tenemos que decir es que… nosotros te deseamos con todas nuestras fuerzas y soñamos con el día en que te tuviéramos entre nuestros brazos… pero tú no naciste de mamá…- Traté de entender sus palabras, de asimilar aquello que me decía, pero contrario a lo que ellos imaginaban, yo sentí un profundo alivio.

No es que no los amara, por supuesto que lo hacía pero eso no borraba la vívida sensación de estarme liberando de un peso de encima. Ahora me sentía libre, pero hubo otro sentimiento que se gestó en mí en ese momento, un profundo dolor que no he podido borrar con nada de lo que he hecho después a lo largo de mi vida y que se incrementó esa misma noche, cuando escuche a mi madre discutir con mi padre y decirle -Te dije desde el primer día que por algo su madre lo había entregado, que por algo lo había abandonado… William no es un niño normal, te lo dije y lo supe desde que nos avisaron que nos lo entregarían. Recuerdas que pregunté si le habían hecho todos los estudios necesarios… yo sabía que algo andaba mal con él… yo lo sabía…- Ella lloraba y él trataba de consolarla, pero yo estaba solo… ahí, sentado al pie de la escalera escuchando su dudas sobre mí y mi procedencia. Quizás sólo tenía siete años, pero en ese momento sentí que me convertía en un hombre, que estaba solo en el mundo y que debía asumir que las personas que debieron quererme simplemente por existir, no lo habían hecho, así que ¿qué valor puede tener un ser humano que es incapaz de generar ese sentimiento primario e instintivo?.

Corrí hasta mi bunker en el granero en donde por primera vez no me sentí protegido y me percaté de que aquél refugio únicamente servía para mis sueños y fantasías infantiles pero no para protegerme de la realidad, de la verdad que ahora me ahogaba el alma. Lloré hasta que los ojos y la garganta me dolieron y mirando por el pequeño ventanal que dejaba pasar los rayos de la luna, me prometí que nunca más lo volvería a hacer, que nunca nadie me volvería a hacer llorar. Aquél lugar me asfixiaba, cada vez se me hacía más pequeño y quería huir de todo, pero tomé consciencia de lo pequeño e inútil que era en aquél momento, así que decidí prepararme desde entonces. Debía alistar mi huida e incrementar mi capacidad de supervivencia para enfrentarme al mundo que me había despreciado desde mi nacimiento.

Desde entonces, nada me importó más que mi sueño de fuga, fui rebelde e ingobernable, tomaba las cosas de mis padres sin permiso o más bien, ya no pedía permiso para nada. Tomaba la computadora de la casa e investigaba en internet todo lo que consideraba me podría ayudar en mi huida, la que preparé tan meticulosamente y a conciencia para que nadie pudiera rastrear mis pasos. Descubrí que tenía una capacidad especial para comprender cosas que a los demás se les dificultaba, aprendí en muy poco tiempo a programar y entender lenguajes complejos, no solamente de computadoras. Aprendí todo lo que consideré útil y que me podría ayudar a sobrevivir, en el camino entendí que en ese mundo virtual podría vivir la vida que deseara y me alejara de aquella realidad que me era cada vez más insoportable.

A los once años emprendí el camino sin retorno de aquella granja, no quería volver y estaba determinado a no hacerlo nunca. Cada vez que lo pensaba, Hot Springs me parecía el lugar más alejado del mundo, no parecía haber un alma cerca o por lo menos a kilómetros a la redonda, de no ser por la escuela yo no hubiera conocido un humano aparte de mis padres adoptivos. Salir de Wyoming no fue fácil pero estaba preparado para eso, estudié todo lo que pude antes de partir y tomar mi camino casi sin rumbo en busca de la verdad… de mí verdad. Ahora sólo tenía un objetivo, saber el por qué, no quería justificaciones, necesitaba verdades y si nadie era capaz de dármelas, las encontraría yo mismo.

Al principio no fue fácil mi tránsito, quizás me enfrenté a muchos peligros pero en mi inconsciencia no lo entendí así. Cuando finalmente llegué a Nebraska, fui acogido por un remanente de una tribu Sioux, pues en cuanto me vieron dijeron que yo era el pequeño búfalo blanco que estaban esperando. Yo pensé que esa idea les había surgido por la bandera de mi estado que se encontraba estampada en mi pequeña mochila, pero ellos insistieron en que no era así, que yo llevaba la marca del búfalo blanco y me contaron la leyenda.

De entre los múltiples rituales a los que me sometieron, se encontraba el de beber una pócima preparada de hierbas y raíces, que decían me haría hablar el lenguaje de los dioses. Ahí comencé a tener las visiones, algo en mí me decía que no eran más que el resultado de los enervantes que suponía estaba consumiendo, pero la sensación de poder y sabiduría que me infundían me hacía hacer caso omiso del posible peligro que corría por consumir ese tipo de sustancias. En un principio todo era confuso, las imágenes y sonidos no eran claros, simplemente eran destellos en mi cabeza que iban y venían sin control. Comencé a recordar que de muy pequeño tenía las mismas imágenes, que aquella canción que sonaba como disco rayado en mi cabeza, la había tenido muy presente cuando era chico. Todo comenzaba a aclararse de a pocos, pero los mensajes en mi cabeza se parecían más a las parábolas de la biblia que mi madre adoptiva me leía contra mi voluntad y que me aburrían o confundían terriblemente. Parecían mensajes cifrados carentes de un significado claro, confusos e incoherentes. Escuchaba palabras, nombre y esa canción que provenía de esa voz que cada día se aclaraba más. Las imágenes eran borrosas y confusas pero comenzaba a aclararse con el tiempo, entre más consumía aquella sustancia, mayor claridad adquiría todo.

El día que estuve preparado huí de nuevo y no porque pensara que tenía que escapar de ellos, simplemente porque ahora sentía que ese era mi destino, alejarme sin que nadie se diera cuenta. No me gustaban las despedidas, no quería tener que dar explicaciones del por qué o a dónde me iba. Ellos me habían hablado de otras comunidades o tribus en el país y una de ella me llamó especialmente la atención, los Navajos eran una de las tribus más grandes. Yo no tenía raíces, estaba en busca de alguna, de un origen y ellos parecían tener muy claros los suyos, lo que me producía una leve sensación de pertenencia. Fue así como llegué hasta Arizona, había aprendido a desplazarme sin contratiempos y sin exponerme demasiado.

Todo lo que los Navajos me enseñaron me dio herramientas para encontrar mi camino, ahora había reunido las fuerzas necesarias para averiguar lo que me interesaba. Ellos me indujeron a buscar mi propio origen a indagar la verdad por dura que pareciera y todo esto me trajo hasta aquí. El lugar en el que ahora me encuentro parece una copia de mi refugio en el granero, igual de pequeño, oscuro y rebuscado, pero en él me siento seguro y he hecho todo lo que ha estado a mi alcance para que así sea, ahora cuento con toda la tecnología y sabiduría para usarla a mi favor. Han pasado varios años a lo largo de los cuales me he preparado y he conseguido comenzar a jalar la punta del hilo para desenredar la madeja. Sé que aún estoy lejos de la verdad, aún no encuentro mi origen pero presiento que estoy cada día más cerca.

Cuando me recuesto en el viejo sofá que encontré entre los restos de una casa desmantelada, miro toda la noche a ese cielo opacado por las luces de la ciudad y siento una profunda nostalgia por el manto estrellado que ahora no puedo ver, pero la sensación de ser observado por algo más allá, prevalece intacta. La pocas imágenes y sonidos que logré recuperar de mi memoria, danzan incesantes frente a mí mientras consigo conciliar el esquivo sueño. Sin embargo esa voz que es lo más claro que conservo, logra hacer lo que nada ha podido hasta ahora, me provee de una extraña paz y tranquilidad que me adormece. Es una voz, un sonido difuso pero cálido y relajante, sé que me despierta un sentimiento adormecido en mi interior y es por mucho el único recuerdo coherente que poseo, el resto son imágenes indescifrables, confusas e irreales. En ocasiones, mientras caigo en el sueño profundo y lucho por abandonar ese estado de vigilia casi permanente de mi cerebro, veo y escucho objetos volando sobre mí, disparos y gritos que me hacen sobresaltar de inmediato y perder el camino que llevaba ganado de sueño. Sé que no tienen sentido, que no pueden ser más que producto de mi atormentada imaginación, pero se tornan tan vívidos que me asustan y lo único que logra aminorar los ataques de pánico que me producen, es tratar de traer a mi mente aquél canto y aquella voz.

Cuando definitivamente no puedo conciliar el sueño, enciendo la computadora y regreso a mi labor de todos los días, a aquello que ocupa el total de mi tiempo y pensamiento. He avanzado mucho en mis conocimientos en la materia, pero no lo suficiente como para superar todos los candados con los que me he encontrado, sé que estoy muy cerca de conseguirlo, sé que falta poco, tengo que encontrarlos y debo hacerlo aunque mi vida se vaya en ello.

Me he convertido en una sombra en la oscuridad de la noche, soy solamente un usuario en la gran telaraña informática, vivo y sobrevivo comerciando intangibles en la red, de vez en cuando salgo a la calle por las noche a dar una vuelta y respirar, comprar algunos víveres y vuelvo a mi refugio a seguir trabajando y aprendiendo. No tengo más vida que eso, no quiero otra cosa más que encontrar la verdad, quizás sólo así pueda permitirme soñar con una vida distinta.

En ocasiones siento que vivo tan desconectado del mundo y que estoy tan desadaptado a mi entorno que corro más peligros por no percatarme de lo que sucede a mi alrededor que por cualquier otro tipo de riesgo. Hoy simplemente estuve a punto de ser atropellado por una camioneta pues mientras camino pienso, sueño y no me percato del mundo que me rodea, quizás yo tuve la culpa, no lo sé, pude haber estado tan distraído que no me fijé que el auto estaba a punto de arrancar o quizás ya estaba en movimiento y yo tampoco me percaté de ello. En ocasiones me preocupa mi falta de atención y es entonces cuando entiendo por qué a mis maestros y padres les parecía cosa importante. Después del incidente, un poco asustado y molesto he vuelto a mi refugio a continuar con mi labor, después de haber conseguido un cúmulo de información que debo procesar y analizar con sumo cuidado, trabajo que me llevará varios días.

Aunque suene increíble, a mi corta edad soy un millonario virtual que cuenta con una pequeña fortuna en "Namecoins", "coins" y "Quarks". Monedas que rigen las transacciones en la red y que son muy difíciles de rastrear, sobre todo las "Namecoins" y de las cuales poseo grandes cantidades irrastreables de dinero virtual que me facilita obtener y comprar información a hackers de todo el mundo. Gracias a esto logré conseguir mis documentos de adopción, mismos que me llevaron al nombre de la mujer que me abandonó, no había más datos que su nombre completo, no había dirección pero sí figuraba la ciudad de procedencia del menor adoptado, Washington D.C. y por eso estoy aquí.

Los documentos que ahora debo analizar, son los que conseguí al seguir el rastro de aquella mujer, mi madre bilógica. Al leer su nombre por primera vez, sentí un cúmulo de sensaciones encontradas, quizás un poco de alegría mezclada con dolor. Creí que de ahí en adelante la búsqueda sería fácil, simplemente ubicarla por nombre, conseguir su dirección y de ahí… bueno a partir de ahí no había decidido que hacer, pero eso quedó en segundo término cuando descubrí que no sería tan fácil como había imaginado, todo comenzó a tomar un tinte más que extraño, parecía haberme encontrado con un callejón sin salida. Toda la información que en algún momento hubiera existido de ella, había desaparecido o estaba clasificada al más alto nivel. Nada de aquello me hacía sentido, ¿por qué un ser humano normal no podía ser rastreado?.

Me encontré con que había sido Agente del FBI y lo único accesible de su información terminaba hasta el año 93, únicamente figuraba el periodo de entrenamiento y posteriormente que impartió clases en la academia de Quántico, no había una fotografía, en donde debía aparecer únicamente se veía un sello de "CLASIFICADO". Sentí una opresión en el pecho cuando leí en la plantilla de personal "Muerta/Desaparecida - 2002. Última asignación: X-Files", A pesar de figurar esa unidad como su última asignación, el FBI negaba la existencia de la misma y por más que busqué y encargué buscar algún dato sobre ella, todo había desaparecido, pero estaba seguro de que por alguna razón aquello aparecía en su expediente clasificado. Ahí me surgieron un millón de dudas y conjeturas, quizás mi madre era una especie de agente secreto o espía y eso daría sentido a mi abandono, aunque no lo justificaba. Si algo de aquello era cierto, entonces por qué razón me tuvo, por qué no mejor abortar a abandonar a un hijo a sabiendas de que no lo quería o le estorbaba en su trabajo.

Nada de aquello aminoraba mi dolor y la sensación de rechazo permanente, pero mi obsesión por la verdad iba incrementándose, ya había comenzado mi búsqueda así que ahora no la abandonaría por nada del mundo, a pesar de que cada pista me generaba más preguntas que respuestas. Pasé días pensando en cómo haría para conseguir más información y fue casi una epifanía cunado viendo un estúpido programa policiaco escuché una frase que me iluminó la mente "sigue el rastro del dinero". Puse a mis muchachos a trabajar en ello, si aquella unidad ahora fantasma, le causaba tonto ruido al FBI, debíamos ser muy cautelosos al buscar información relacionada con esos, por lo que les pedí que cubrieran su rastro y trataran de despistar haciendo parecer todo aquello como un simple ataque para filtrar información de gastos del Buró. Lo que encontraron fue mucho más de lo que esperaba, aparentemente había un registro detallado de gastos de la unidad, llevado con sumo cuidado y detalle por una Agente asignada al área de contabilidad, que por alguna extraña razón guardaba un poco más de información que sólo gastos y costos. Esta es la información con la que ahora cuento y que debo analizar, la mayoría me parece sin sentido pero sé que debe haber algo aquí que me sirva, sólo debo ver con cuidado.

Al realizar una somera revisión me encontré con lo que debe ser datos en clave, pues de otra manera pensaría que aquella mujer estaba loca de remate. Hay anotaciones al margen en cada una de sus cuentas que suenan por decir lo menos totalmente desquiciadas, como por ejemplo X-1568Z487-Hombre Termita o X-1013W911-Súper Soldado, entre otras incoherencias como fantasmas, vampiros, desanguinación o extraterrestres.

Quiero creer que todo aquello no son más que claves por el carácter confidencial de los operativos, aunque para ser eso los gastos son ínfimos, hospedajes en moteles de cuarta, renta de automóviles y pocos alimentos, aunque en algunos casos, aparecen gastos exorbitantes por transportación aérea y cosas por el estilo. Por hoy ha sido suficiente, estoy agotado y el frío de la madrugada le indica a mi cuerpo que ya debe descansar y nuevamente escucho aquella lejana voz que me arrulla, que ahora tiene un nombre pero aún sigue sin rostro.

A escasos metros de donde se encontraba William, Scully conducía la camioneta asignada por el Buró para esta nueva búsqueda, a su lado en el asiento del copiloto Mulder continuaba mirando a su alrededor -Scully, estamos cansados y sabes que no encontraremos nada dando vueltas por las mismas calles sin tener ninguna otra referencia más que la de buscar en un kilómetro a la redonda, hemos perdido todo el día sin sentido. Piensa racionalmente, Kevin nos trajo hasta esta pista pero no tenemos más datos que una dirección IP que ahora brinca de Croacia a México y de Paris a Japón, no tiene ningún sentido seguir buscando algo que es imposible de rastrear.-

Ella sabía que él tenía razón, habían tenido que trasladar a Kevin al hospital pues su convulsiones parecían ser más frecuentes y podían poner en peligro su salud, lo dejaron bajo custodia mientras ellos proseguían con su búsqueda. Aquella dirección IP los había conducido hasta aquél barrio, pero la zona se expandía hasta un kilómetro a la redonda, lo que significaba una búsqueda casi imposible si no se contaba con todo un escuadrón que tocara de casa en casa, lo que además era imposible pues el Buró no les proporcionaría ese apoyo sin saber exactamente lo que buscaban.

Scully detuvo la camioneta en la siguiente esquina, efectivamente estaba cansada, pero no sólo físicamente, la carga emocional de esos últimos días le pesaba sobre los hombros como loza, de hecho aquél cansancio y desconexión les había provocado un pequeño incidente o un casi accidente, al ir tratando de ubicar alguna posible señal que les indicara el lugar que estaban buscando, arrancó sin mirar y casi atropella a un joven que pasaba por el frente del auto, el chico golpeó el toldo de la camioneta en señal de disgusto y con toda razón, ella pensó ene se momento en aquella frase -"Los accidentes o los casi accidentes suceden por alguna razón, todas las cosas pasan por algo."- Pensó en ese momento que eso podía ser la señal para que hiciera un alto en el camino, retomar y recomponer el rumbo.

En el momento en el que Mulder le hizo ver lo infructífero de su búsqueda, le pareció la señal definitiva de alto, debían parar y retomar el camino. Detuvo el auto y apagó el motor, no sabía qué más hacer, un sentimiento de frustración le invadía todo el cuerpo, tapó su rostro con sus manos y se inclinó hacia el volante depositando su frente ahí y comenzó a hablar casi en un susurro, dejando que se materializaran en palabras su miedos -¿Que va a pasar si no lo encontramos? No sé si pueda manejarlo, no sé si estoy preparada para perderlo de nuevo… Estoy cansada pero me siento culpable de sentirme cansada, apenas hemos comenzado con su búsqueda y no tengo derecho a sentir cansancio…-

Mulder la escuchó en silencio hasta ese momento, no quiso interrumpir el fluir de sus palabras hasta que escucho que se recriminaba y no pensaba permitírselo -Dana… tienes derecho a sentir lo que quieras, tienes todo el derecho del mundo a estar cansada, no te sientas culpable por algo tan humano… para seguir buscando necesitas tener la mente clara y el cansancio te impide ver las cosas con claridad.- Alargó su mano y comenzó a acariciar su cabello con pequeños movimientos ascendentes y descendentes, con toda la suavidad y ternura acumulada en su interior. -Déjame manejar, yo te llevo a donde quieras para que puedas descansar.-

Aquella afirmación surgida de sus palabras le parecía llevaban más de una intención, pero estaba tan cansada de pensar que decidió no hacerlo, no quería analizar el fondo de aquello, simplemente tenia unas ganas enormes de tirarse en la cama y cerrar los ojos… no pensar, daría cualquier cosa por evitar que su cerebro continuara trabajando, estaba mentalmente exhausta. Había tenido que dejar para después tantas cosas en que pensar que se la había acumulado la tarea; Mulder, William, John, estar nuevamente envuelta en esa oscuridad que había tratado de evitar a toda costa… tantas cosas que le abrumaban. Finalmente sintió la mano de Mulder acariciar la suya con la yema de sus dedos, levantó su rostro y le dedicó una cansina sonrisa -Está bien, maneja tú.-

Ambos descendieron del auto y cuando cruzaban por el frente del mismo, él la interceptó y la rodeó con sus brazos. Ella se sintió desconcertada en primera instancia pero al sentirlo así, un calor reconfortante la envolvió y se dejó llevar hundiendo su rostro en su fuerte pecho mientras él depositaba un beso sobre su cabello -Todo va a salir bien Scully, te prometo que lo encontraremos.- Ella levantó su rostro y se encontró con sus ojos avellana, él tomó su rostro entre sus manos, depositó un tierno beso en sus labios y la separó para verla nuevamente a los ojos -…te lo prometo.- A ella ese beso le supo más a la firma de una promesa, a un pacto de amigos que a otra cosa y respondió con una sonrisa, afirmando con su cabeza. Él la soltó de entre sus brazos y la acompañó hasta la puerta del copiloto en un acto de caballerosidad que no recordaba haber tenido nunca antes con ella, pero que en ese momento le pareció lo más natural .

Finalmente cuando ambos se encontraban ya dentro del carro, él preguntó con desparpajo -¿A dónde te llevo?- Ella caviló un poco y por su mente cruzó la idea de mantener su paradero en secreto pero estaba tan cansada que ahora le pareció muy infantil -Al hotel donde me estoy hospedando, yo te guío.- Mulder se guardo la sonrisa que se gestó en su interior, una leve sensación de triunfo le recorrió el alma -Quizás no está con él.- Un resquicio de esperanza encontró lugar en su corazón, lo que le animó el alma.

Ella lo fue guiando hasta llegar al hotel y mientras lo hacía él reconsideraba su último pensamiento -Quizás no signifique realmente que no está con él, es posible que simplemente ella está resguardando su espacio… no sería raro en ella.- y de pronto otra idea le nubló la conciencia -¿Y si él la espera ahí? Quizás ese sea su punto de encuentro.- No sería la primera vez que sucediera algo como eso, ellos mismos lo habían hecho en su momento cuando querían mantener sus encuentros en secreto, pero aún no le quedaba claro el por qué debería ella guardar su relación con John en secreto, posiblemente él mismo fuera la causa o lo más lógico, ella había sido recientemente reasignada y eso los convertía, a John y a ella nuevamente en compañeros de trabajo y él sabía perfectamente de las reglas y lo que implicaba quebrantarlas. Finalmente llegaron al hotel, a él no le pareció correcto dejarla en la puerta, un Mulder caballeroso comenzaba a ver la luz ante su propio asombro, aunque en el fondo sabía que esa no era la razón de su nueva faceta de caballerosidad, necesitaba presionar hasta el punto de encontrar la verdad y en eso era un especialista, por lo que insistió en acompañarla hasta el interior mientras ella afirmaba en que no era necesario, toda aquella actitud le parecía por decir lo menos extraña, él nunca había sido así de caballeroso, nunca había tenido ese tipo de detalles con ella, siempre la había tratado como igual, sin miramientos e incluso llegaron al punto en el que ella parecía tener más ese tipo de detalles con él que viceversa, así que ella decidió seguirle el juego, sabía a la perfección que aquello llevaba un trasfondo muy claro y quería saber hasta que punto era capaz de llegar, él simplemente recurrió a su humor característico -No voy a correr el riesgo de que seas abducida, recuerda que cuando estás conmigo ese riesgo se incrementa…- Finalmente ella accedió esperando que solamente la acompañara hasta el ascensor, no creía que fuera necesario más, no creyó que él se atreviera a más, pero la testarudez de Mulder no conocía límites y a ella casi se le había olvidado.

Sin decir una palabra más ella llamó al ascensor y él esperó a su lado, cuando las puertas se abrieron, se introdujo junto con ella. Ella le lanzó una mirada interrogante pero él simplemente se encogió de hombros y le respondió con una pregunta -¿A qué piso?- ella resopló un poco junto con una sonrisa y apretó el botón del piso 10, pero comenzaba a sentir cierta presión sobre sus hombros, no sabía que pensar sobre la actitud de él, no cabía duda de que Mulder no había perdido la capacidad de sorprenderla con su empeño. Además en el ambiente no dejaba de flotar de manera silenciosa el hecho de que no habían pasado tan siquiera veinticuatro horas desde que habían estado juntos en aquél motel y a pesar de que no habían dicho nada al respecto y que a ella le parecía que él había dado por terminado el tema antes de siquiera comenzar, al abandonar la habitación y dejarla sola, no dejaba de sentir cierta incomodidad aún a sabiendas de que la intención de ambos era saber hasta qué punto eran capaces de llegar en ese juego de fuerzas encontradas. Él quería corroborar algo y ella quería saber hasta qué punto era capaz de llegar en su intento. Él continuó actuando como si nada extraño pasara, por el contrario, su actitud era un poco más infantil a cada instante.

Mientras el ascensor continuaba su movimiento, él con cara de niño inocente comentó -Mmm… piso diez… mayor riesgo de abducción Scully… ¿sabías que en los pisos más altos de los edificios es en los que más frecuentemente se reportan casos así?.- Ella sonrió, el comentario le causó gracias pues no dejaba de sorprenderla la capacidad de ese hombre para cubrirse detrás de una broma -Mulder…- pero él prosiguió interrumpiéndola -No, de verdad… yo sé que tú no crees en esas cosas, pero también están todos los casos de fantasmas en los hoteles… creo que no nos tocó investigar ninguno por el estilo, pero te juro que nuestros antiguos expedientes estaban repletos de casos como esos… hay que tomar precauciones… siempre, en los hoteles y sobre todo en las habitaciones más altas… sabías que las habitaciones que se encuentran en…- Finalmente el elevador se detuvo y junto con éste la verborrea de Mulder.

De pronto él sintió que la duda le invadía, ¿realmente quería saberlo?, y si de repente entraba a esa habitación y se encontraba con él ¿qué haría?, en ese momento el juego se le tornó en contra, si ella simplemente lo estaba dejando proseguir con la intención de darle con eso en la cara, de dejarle claro de una vez por todas cuál era su lugar en su vida ahora. Un frío le recorrió el pecho, él había comenzado el juego pero qué pasaría si terminaba siendo el cazador cazado, ¿sería capaz de soportarlo?. Mientras todo esto recorría su mente, no se había percatado de que se había quedado paralizado dentro del ascensor mientas ella ya se encontraba del otro lado, detenida ahí como si el tiempo se hubiera congelado, lo miraba con una sonrisa de Mona Lisa en sus labios y eso lo descolocó aún más, le comenzaba aquedar claro que ella había sido consciente de su juego desde el principio y que ahora lo retaba a proseguir.

Ella sentía un infinito cansancio, físico, mental y emocional, pero todo aquello comenzaba a parecerle un tanto divertido dentro del mundo de sentimientos y sensaciones encontradas de los últimos días y el rostro de él le pareció un poema, vio su cara de pánico, estaba paralizado dentro del ascensor y pensó en darle la estocada final, él inició el juego ahora debía asumir todas sus consecuencias. -¿No vienes Mulder?-

Éste continuaba paralizado dentro del ascensor, las palabras de Scully fueron el motor que impulsó sus piernas, finalmente logró recomponerse y salir de aquél cubo metálico que de pronto le había dado la sensación de sepultura en vida. Ella comenzó a avanzar por el pasillo y él únicamente lograba escuchar los latidos de su corazón, la sensación comenzó a incomodarle, pensó que de un momento a otro podría ser descubierto por aquella fuerte palpitación que parecía retumbar en todas la paredes del pasillo, trataba de controlarse pero cada paso que daba incrementaba el accionar de la máquina de los latidos, no había manera de controlarla -Maldito Alan Poe, maldito corazón delator.- La cita literaria de su mente le causó gracia, quizás era otro de sus mecanismos de defensa y nunca se había percatado de ello.

Ella llegó a la puerta de la habitación, sacó la tarjeta llave y giró su rostro esperando encontrar alguna señal de que el juego estaba apunto de concluir pero en su lugar, se topó con la franca sonrisa de Mulder lo que le pareció un reto, él no aparentaba tener la menor intención de echarse atrás, por el contrario parecía muy divertido con todo aquello, lo que le produjo a ella una leve punzada de disgusto, ¿qué era lo que le parecía tan divertido? ¿estaba tan seguro de que ella estaba jugando con él? ¿estaba tan seguro de ella o era él el que jugaba con ella? Le quedó claro que la estaba midiendo y la retaba, por un momento pensó en ponerle fin a el estúpido juego y mandarlo a volar en ese instante pero eso le dejaría un amargo sabor a derrota, no estaba dispuesta a hacerlo -La curiosidad mató al gato.- pensó mientras deslizaba la tarjeta por el lector. -Adelante Mulder, pasa.-