Crystal y Jazmin

Era una mañana nublada, propia del invierno que aparecía por esos días en el sur de Francia. El viento traía un aire fresco que hacía bailar las pocas hojas de los árboles y estremecer a los pocos transeúntes que caminaba por la Ville Invisible.

Entre ellos, un joven rubio caminaba presuroso rumbo al hospital que se encontraba bastante alejado de su lugar de trabajo. Aún recordaba la cara regordeta de Mariette, la hija de la dueña de la posada donde él y Rose se alojaban, entrando apurada en la heladería.

-¡Scorpius¡ Debes venir ahora mismo.-Su marcado acento le dificultaba a veces entenderla, pero aquella vez sólo verle el rostro le habría bastado para saber que algo malo había ocurrido.

-¿Qué sucedió? ¿Tu madre está bien?-La miró mientras recuperaba el aliento, sus mejillas rojas por la carrera desde la posada hasta allí.- ¿Le ocurrió algo a Ros…?

-¡Si! Digo, no… Scorpius, ella va a tener a los bebés.- El muchacho se quedó de piedra, procesando aquellas palabras.- ¿Me escuchas? Mi mamá la ha llevado al hospital y me mandó a buscarte.- Ante la poca reacción por parte del rubio la muchacha lo sacudió levemente.- ¡Oye, vas a ser padre! ¡Ve con Rose al hospital! Yo le explicaré al señor Candau. Ahora vete.

Unos minutos después se encontraba corriendo por el pueblo, acelerando cada vez más el paso. Le tomó muy poco tiempo llegar al hospital, aunque a su parecer había sido eterno.

-Rose Malfoy.-La recepcionista lo vio extrañada, probablemente porque traía aún su uniforme de la heladería y su acento británico denotaba que era extranjero. De todos modos la mujer le informó que la señorita Malfoy acaba de ser transferida a la sala de partos.

-¿Dónde está Scorpius?- El sudor comenzaba caer por el rostro de la pelirroja, quien se retorcía con cada contracción mientras las enfermeras preparaban la sala para el nacimiento de sus hijos.

-Ya pronto llegará, cariño. No te preocupes. –Antoinette, la dueña de la posada donde ella y Scorpius vivían, apretaba con fuerza al mano de Rose, tratando de tranquilizarla. Ella se había encariñado mucho con la pareja y había sido el mayor apoyo para Rose en sus últimos meses de embarazo.

El dolor se presentaba cada vez más frecuentemente, al tiempo que sentía que su respiración se agitaba y el temor comenzaba a cernirse sobre Rose.

-Tengo miedo.- Le confió a la mujer a su lado.

-Todo saldrá bien, ya verás que en un segundo todo habrá pasado y podrás abrazar a tus bebés.- Acarició su rostro que se había puesto ligeramente pálido.- Iré a ver si Scorpius ha llegado.- La pelirroja asintió, aunque prefería tener a Antoinette a su lado. Pero no hizo falta ni unos segundos para que el aludido hiciera su aparición.

-¡Rose!-Corrió junto a su esposa y besó sus labio cortamente.- No te preocupes, estoy aquí, contigo.

-Bien, Rose.- El sanador que había estado a cargo de los últimos controles del embarazo se acercó a ella.- Es hora de que tus bebés nazcan.- Asintió brevemente y se preparó para pujar, tal y como le habían indicado unos días antes en su último control.

Scorpius se posicionó a su lado, tomando fuertemente su mano. Antoinette comenzaba a retirarse cuando Rose le pidió que se quedara con ella, por lo que se situó en el otro extremo de la cama y tomó la mano derecha de Rose.

-A la cuenta de tres comienzas a pujar, ¿de acuerdo? Uno, dos, tres…

Y allí comenzó un momento que a Rose le pareció una eternidad, aunque más tarde al recordarlo le parecería menos de un segundo. Pero allí, viviéndolo, sólo podía percibir el gran esfuerzo, el jadeo de agotamiento luego de pujar y un creciente dolor que ni siquiera la anestesia terminaba de disimular. Pero ese era su deber, debía traer a sus hijos a la vida.

Por eso cuando sentía que las fuerzas no le alcanzaban las buscaba de cualquier lado y las concentraba en el esfuerzo de poder alumbrar a sus bebés.

Por eso cuando el dolor le quitaba el aliento, apretaba fuerte la mano de Scorpius y trataba de hacer caso omiso y concentrarse en su labor.

Pronto no distinguía sus gritos de las palabras de apoyo de Scorpius ni de las indicaciones del sanador. Sólo existía ese interminable esfuerzo, ese momento que se prolongaba sin fin mientras Rose trataba de traer una nueva vida al mundo.

Entonces ocurrió. Un grito nuevo rompió el aire. Un llanto jamás escuchado hasta ese momento llenó el espacio y colmó los sentidos de la joven en la cama.

-Una niña.-El sanador acercó el pequeño bulto envuelto en toallas y ella lo tomó con manos temblorosas.

Allí estaba, su pequeña, su bebé. A simple vista se parecía a ella y los pocos cabellos apelmazados en su cabeza brillaban ligeramente pelirrojos.

-Es preciosa-La voz de Scorpius se encontraba junto a ella. La besó tiernamente en los labios y luego fijó nuevamente su vista en su hija.

Pero antes siquiera de poder disfrutar el momento se llevaron a la bebé de los brazos de Rose. Sin saber en qué momento todo se dispuso para un nuevo nacimiento y entonces la pelirroja recordó que aún faltaba un bebé. Justo en ese momento, casi como una recriminación, una fuerte contracción le hiso notar que el trabajo todavía no estaba terminado.

De nuevo el esfuerzo y las gotas perladas que corrían por su rostro. De nuevo el dolor y al presión en la mano de su esposo. Sólo que el agotamiento esta vez era mayor y por lo tanto había momento en que creía que ver a su segundo bebé sería algo imposible.

En esos momento Scorpius se inclinaba hacia ella y besaba su coronilla y le susurraba al oído. Le decía que era una mujer fuerte, que confiaba en ella. Le recordaba su valentía y que pronto todo terminaría y tendrían a sus bebés.

Rose casi se dio por vencida, pero nuevamente un llanto colmo sus sentidos. Un grito lleno de vida, una vida que recién comenzaba. Sus ojos no aguantaron las lágrimas que rodaron abundantes por sus mejillas.

Esta vez fue Scorpius el primero en tenerla en brazos, porque era otra niña. Cuando se la pasó con sumo cuidado susurró al oído de su esposa: "Te dije que romperíamos todas las tradiciones"

Las fuerzas de Rose apenas alcanzaron para reír un poco y contemplar el rostro de su hija, era perfecta. Luego sintió que su calor desparecía de sus brazos cuando una enfermera se la llevó para revisarla. Y lo siguiente que supo fue que el sueño se la había llevado para un merecido descanso.

Abrió los azules ojos, mirando la habitación a su alrededor. Sintió la mano de Scorpius sobre la propia y volteó el rostro hacia la derecha, para encontrarse la dulce mirada de éste.

-Se despertó la Bella Durmiente.- Acarició su rostro dulcemente antes de besar sus labios. La pelirroja soltó unas risitas y sintió la falta de peso en su torso. Alargó su mano hacia su estómago, sólo para sentirlo plano.

-¿Dónde…?

-A tu lado.- Al instante Rose miró hacia el otro lado de su cama, donde dos pequeñas cunas sostenían a sus bebés. Sus ojos se llenaron inevitablemente de lágrimas.- ¿Quieres sostenerlas?

El rubio se acercó a las cunas y tomó a la primera bebé. Tenía unos pocos cabellos lacios de un pelirrojo oscuro y sus rasgos se parecían tanto a los de su madre que podría ser su réplica, excepto por la falta de pecas.

-Hola, hermosa.- Las manos de Rose recorrieron el pequeño rostro, la delicada nariz y luego tomó su manita que se cerró alrededor de su dedo.- Scorpius, aún no tienen nombres.- El aludido pareció divertido por la conclusión de su esposa.

-Por supuesto que no tienen nombre. Si tú te dormiste antes de que pudiéramos discutirlo. -Bromeó el joven mientras tomaba a su otra hija y se sentaba junto Rose en la cama. La segunda bebé tenía cabellos rubios, pero más parecidos al caramelo, no platinados como su padre. Sus facciones eran totalmente Malfoy, pero las pecas rompían esa estructura.-Pero, tengo algunas ideas.

-Yo también… -Miró a su hija en brazos de Scorpius.- Me gusta Crystal, para ella.

-Es muy bonito.- Aprobó sonriente.- Y para esta niña, -Acarició la mejilla de la otra bebé.- Estaba pensando en Jazmin. Como tú eres Rose…

-¿Te gustó el motivo floral?-Respondió en broma.- Sí, es perfecto.

-Entonces, Crystal y Jazmin. –Suspiró mientras perdía su plateada vista en sus pequeñas.-Hermosos como ellas.

Entonces los ojos de Rose se abrieron de par en par:- Scorp, ¿Qué pasó con la tradición de tu familia?

El comentario le resulto cómico:- Creo que quedó claro que no tendremos un primogénito hombre.

-No, bobo.- Golpeo suavemente su brazo con la mano libre.- Recuerdas que me contaste, que en tu familia elegían los nombres de las constelaciones…

-Y mira el nombre que me tocó…- Murmuró por lo bajo.

-Tu nombre es muy lindo.- Refutó la pelirroja, pues realmente lo creía.- Pero, en serio. ¿No deberíamos tratar de seguir al menos esa tradición?

El Malfoy lo meditó por unos segundos: -No, ellas ya son Crystal y Jazmin, no podría llamarlas de otra forma. Por otra parte…- Se acercó lentamente al oído de la joven.- Todavía podemos darles a las niñas un hermanito…-Rose soltó unas risas.

-¡Scorpius Malfoy! Nuestras bebés no tienen ni un día y tú ya piensas en tener otro hijo.- Ambos rieron divertidos.- De todos modos, creo que me gustaría… Leo, si tuviéramos un niño.

-Me encanta.- Besó con cariño a su esposa.- Sólo dame unos años para que Crys y Jaz sean un poco más grandes…

-¡Scorpius!- volvió a golpear al rubio aunque al mismo tiempo reía. Más allá de todo lo que había costado el parto, le encantaría tener un hijo varón. Pero eso se vería más adelante. Ahora disfrutaría de sus hermosas hijas, que comenzaban a reclamar la atención de sus padres.

Hopy, la lechuza color té-con-leche de Rose se posó con cansancio en el alfeizar de la ventana de Albus y golpeó con su pico el cristal frío por la noche de invierno.

Al momento el moreno se levantó y abrió la ventana. Una agotada lechuza se abrió paso en la habitación y se recostó en las piernas de Natalie, que había estado pasando la tarde con su novio.

La muchacha abrió ansiosamente el sobre y dos pares de ojos leyeron presurosos las letras escritas con la prolija caligrafía de Scorpius.

Querido Albus:

¡Dos niñas! Sí, son dos hermosas niñas. Crystal y Jazmin. Son perfectas, nunca las podría haber soñado más bellas.

Crystal es muy parecida a mi madre, es totalmente Malfoy (incluso es rubia), pero tiene las típicas pecas Weasley. ¡Ah! Y sus ojos, son los mismos ojos de Rose.

Jazmin es una réplica de Rosie pero sin pecas, tiene la misma nariz, la misma boca y el cabello es pelirrojo pero un poco más oscuro. Sus ojos son de un hermoso plateado, tu prima dice que son como los míos, pero para mí son más bonitos.

Avísenles en cuanto puedan a Vic y Teddy. Decidimos que tú y Nati serían los padrinos de Crystal y los chicos los de Jazmin.

Espero que todos estén bien por allí, nosotros estamos tan felices… nos parece imposible tener a estas dos pequeñas. Ojalá no pase mucho para que las conozcan.

Nos mantenemos en contacto.

Cariños, Scorpius, Rose, Crys y Jaz