Capítulo 10

Habían pasado 10 meses ya desde que Mina llegara a la mansión Kou, cambiando la vida de Kunzite y Yaten.

Con su manera tan alegre de ser, la felicidad en la mansión había vuelto a reinar, dándole un toque distinto a aquella casona que estaba sumida en la tristeza total.

Kunzite era el hombre más feliz del mundo, pues su esposa era una excelente mujer y madrastra, y Yaten, bueno, era aún más feliz que Kunzite, pues Mina lo amaba con locura.

Cierto día, Yaten salió al patio, encontrando a Mina leyendo a la sombra de un árbol; le agradecía a la vida por aquel ángel convertido en mujer que había llegado a brindarle el amor que no tenía. Con una amplia sonrisa, se acercó a ella.

La rubia estaba concentrada en su lectura, no notando la presencia del chico. Iba vestida con un bello vestido de bolitas y su ya muy tradicional moño rojo ataba en media cola su largo cabello.

- ¿Qué hace mi hermosa Venus?

Al escuchar aquella voz, Mina alzó la vista para descubrir un par de esmeraldas que la miraban con profundo amor.

- Hola amor, estoy leyendo y tomando el fresco.

- Te ves hermosa cuando lees – dijo el platinado, acariciando el rostro de la mujer – y amo ese listón rojo en tu cabello. Te sienta muy bien.

- Muchas gracias – dijo ella ruborizándose, mientras el muchacho se inclinaba para depositarle un tierno beso en los labios.

- Siéntate – lo invitó ella.

Yaten se sentó y se recostó en sus piernas, mientras ella jugaba con su platinado cabello.

- La próxima semana es mi cumpleaños – dijo el chico.

- Lo sé. Te convertirás en un todo un jovencito

- ¿En un jovencito? – el chico frunció el ceño - ¡Soy más que eso y lo sabes!

- Si obvio lo sé – Mina se agachó, rozando su nariz contra la del chico – eres todo un hombre, mi gruñón.

Y lentamente, se fundieron en un beso.

- ¿Ya sabes cómo quieres celebrar? Para que prepare todo.

- Con una reunión con mis amigos de la escuela

- Bien, le diré a Lita que se encargue de tu pastel – dijo ella, tocándole la nariz.

A lo lejos, Kunzite los miraba. Acababa de salir al patio, por lo que no vio el beso, pero pudo observar a su mujer y su hijo hablando tranquilamente.

Se sentía completamente feliz de que fueran una familia; Yaten se había adaptado bastante bien a Mina y ahora verlos en ese cuadro familiar le dio satisfacción.

Con una amplia sonrisa, se dirigió hasta donde los amantes se encontraban.

- ¿Qué hacen las 2 personas más importantes de todo el universo? – preguntó Kunzite.

Al oír su voz, Mina y Yaten abrieron mucho los ojos y de inmediato, el chico se incorporó del regazo de su mujer. Kunzite ya se encontraba junto a ellos.

- Estamos platicando sobre la fiesta por el cumpleaños de Yaten, Querido – dijo la rubia, tratando de disimular. El hombre ya estaba junto a ella, acariciando su cabello.

- ¡Oh! – exclamó el general - ¿y cómo piensas celebrarlo hijo?

- Pues, con una reunión aquí con mis amigos. Mina se encargará de todo – respondió

- Bien, me parece bien. Hijo, acompáñame a la oficina por favor.

- Si.

Ambos platinados se alejaron, dejando a Mina en aquel patio, preguntándose si su esposo los habría visto besarse.

E.I.

Kunzite y Yaten entraron a la oficina.

- Hijo, sé perfectamente que la próxima semana es tu cumpleaños y me apena mucho decirte que no podré estar contigo.

- Esa no es novedad padre – el muchacho tomó asiento – no has estado conmigo desde que cumplí 11 años.

- Hijo, no lo tomes así por favor. No era porque no quisiera, y ahora, con el negocio, sabes que tengo que viajar mucho.

- Lo sé

- Por eso quiero darte adelantado tu regalo.

Kunzite abrió un cajón del escritorio y sacó una insignia. Yaten abrió mucho los ojos.

- Hijo, sé que apenas cumplirás 16 años y que aún no sabes a qué te dedicaras en un futuro. Sin embargo, muy pronto te convertirás en todo un hombre.

Si supieras que ya lo soy – pensó Yaten.

- Cuando cumplí esa edad, yo ya sabía que mi deseo era servir a mi patria. Tu abuelo Soichi me regaló esto, como signo de lealtad a mí mismo y mis sueños. – el general le entregó el regalo a Yaten.

- Padre…

- Ahora te lo doy a ti. Perteneció a tu abuelo, a mí y ahora es tuyo. Sea lo que decidas, hazlo con el corazón. Te amo Yaten y no olvides que esa insignia nos mantendrá unidos para siempre.

El chico platinado no sabía que decir; sabía lo que aquella vieja insignia del ejército significaba para su padre, pues su abuelo también había sido general. Las lágrimas lo estaban traicionando mientras su padre lo miraba con un profundo amor.

Se sentía una basura, pues lo estaba engañando, acostándose con su mujer, pero ¿qué culpa tenía él de haberse enamorado? Simplemente se levantó de su asiento y se fundió en un abrazo fraternal con el general.

- Yo también te amo papá – sollozo.

- Bueno hijo, seca esas lágrimas. Obviamente te depositaré tu dinero de regalo correspondiente, para que te compres lo que gustes y perdóname por no estar contigo otro año más.

- No te preocupes papá y gracias – el chico aún seguía abrazado a su padre.

- Ahora ve con Mina para que vean los detalles de la fiesta.

Dándole un beso en la mejilla, el muchacho salió de la oficina, guardando aquella insignia que su padre le había regalado.

E.I.

El día del cumpleaños de Yaten llegó; el hall y la sala principal de la mansión estaban llenos de coloridos globos y adornos. Mina había contratado una rockola con la cual los chicos pudieran divertirse y los deliciosos bocadillos estaban dispuestos en grandes platones.

Había una mesa dispuesta especialmente para el delicioso pastel que Lita le había regalado al chico y más allá el montón de regalos estaban uno sobre otro.

La casona estaba repleta de chicos de la escuela, pues el joven platinado se había vuelto muy sociable desde que se transformara en hombre, así que además de encontrarse ahí Seiya, Serena, Taiki y Amy, Haruka, Michiru y Kakyuu habían sido invitados.

Rei no fue porque seguía molesta con Yaten.

- Bro, ¡qué ambiente hay aquí eh! – le dijo Seiya, codeándolo – No sé qué fórmula mágica te hayas tomado pero debo decir que desde que cambiaste de actitud las cosas te ha salido de maravilla y tu fiesta es un éxito.

- Gracias Bro – le contestó al pelinegro, chocando sus latas de gaseosa.

- ¡Yaten! Tu madrastra es una gran organizadora de fiestas – dijo sonriente Serena, encantada con todo aquello – Ojalá tu papá me permita contratarla para que organice mi fiesta de cumpleaños.

- Si, de verdad que se lució – agregó Taiki, estrechando a Amy contra sí.

- Qué puedo decir, tengo la mejor madrastra del mundo – respondió el platinado, mientras le dirigía una ardiente mirada a Mina, quien se encontraba a metros de distancia.

E.I.

Mina estaba parada en el umbral de la puerta de la sala principal, observando que estuviera en orden cuando divisó a su hijastro con un grupo de amigos.

Los recordaba, ellos habían sido los únicos invitados por parte de él a su boda.

En ese instante, Yaten volteó hacia dónde ella se encontraba, dirigiéndole una ardiente mirada que ella correspondió. No podía creer que el amor de su vida estaba cumpliendo apenas 16 años.

- Si se siguen mirando así los van a descubrir – escuchó una voz tras ella.

- Lita – dijo la rubia, mirando a su amiga – es que no podemos evitarlo

- Sí pero no están solos. Hay mucha gente aquí.

Ambas mujeres se dirigieron a una sala de estar más pequeña que la sala principal, tomando asiento en el sofá para platicar.

- Y dime Mina, ¿lo hace rico el Bomboncito? – preguntó maliciosamente la castaña.

- ¡Lita! – la rubia estaba escandalizada

- ¿Qué? Si mal no recuerdo, dijiste que "era un Bomboncito Suculento". No me vengas con que te espantas ahora.

- No, obvio no me espanto, y sí, lo hace muy rico – contestó la rubia mordiéndose un labio.

- Ay Mina – la castaña soltó un suspiro - ¿y qué hay de Kunzite? ¿Sigues teniendo relaciones con él?

- Pues sí, es mi esposo…

- Y te metes con el hijo también…

- Si, lo amo.

- Pero, ¿entonces?

- Kunzite es mi esposo y Yaten el amor de mi vida.

- Ay Mina, eso no está bien. Deberías divorciarte.

- No puedo hacerlo Lita – la miró afligida – Estar con Kunzite me permite tener cerca a Yaten.

- Pero estas jugando con los 2…

- No Lita – la rubia se mostró ansiosa – a quien amo es a Yaten. Además, en cuanto cumpla la mayoría de edad me divorciaré de Kunzite para casarme con él.

- Pero para eso todavía falta; él tiene 16 años y mientras te estas acostando con ambos – Lita puso sus manos sobre los hombros de su amiga. Le preocupaba la situación.

- Lita, tú sabes que en el corazón no se manda.

- Lo sé, y te entiendo perfectamente. Mírame a mí, nunca pensé enamorarme de Wanda.

- Si y yo nunca pensé que mi amiga era lesbiana

- No soy lesbiana – se defendió la castaña – recuerda que también me gustan los chicos, así que soy bisexual. Y tal vez, en un futuro, termine casándome con un hombre, pero yo no soy el punto aquí. El punto es ¿cómo harás para mantener esta farsa por más tiempo?

Mina abrió los ojos. No había pensado en eso.

- Mina, si Kunzite se da cuenta ¿qué harás? – la rubia solo la miraba fijamente – o peor aún, si hay consecuencias…

- ¿A qué te refieres? – Mina tragó con dificultad

- A un embarazo. Eres joven y es obvio que Kunzite en algún momento querrá tener un hijo tuyo, ¿qué va a pasar con Yaten?

- No tenemos ni un año como para pensar en eso – le contestó, saliéndose por la tangente.

- Pero en algún momento te lo dirá, porque cuando uno se casa, es lógico que lo haga para formar una familia y a él le gustaría que Yaten tuviera un hermanito.

La rubia resopló.

- O peor aún Mina, ¿Qué tal si quedas embarazada de Yaten? – dijo la castaña con cierta malicia, lo que hizo que la rubia la mirara con espanto – te estas cuidando, ¿verdad?

- Sí – la respiración de Mina era agitada. Lita la miraba con los ojos entrecerrados.

- Pues tu si no me convence demasiado. Espero que si no usas condón, por lo menos estés tomando anticonceptivos o algo.

- Sabes que la hormona me hace daño.

- Bueno, por lo menos espero que estés usando diafragma o espermicidas. Pero, piénsalo Mina, ¿Qué tal si resultas embarazada y no sabes ni de quién es?

Ambas amigas se miraban fijamente; Mina comenzaba a reflexionar en todo aquello que Lita le había dicho.

La verdad era que solo usaba un método rudimentario, el llamado "ritmo", que le había dado resultados desde época de adolescente, pues afortunadamente, sus ciclos menstruales eran muy regulares.

En ese instante, una chiquilla rubia con peinado de coletas y odangos se asomó por la puerta.

- Señora Aino – la llamó

- ¿Si, Serena?

- Ya vamos a cantarle a Yaten Happy Birthday. Acompáñenos para que corte su pastel – la chica sonrió.

- Si claro. Enseguida vamos – la rubia le devolvió la sonrisa.

E.I.

La fiesta llegó a su fin; Yaten despidió a sus últimos invitados mientras Mina lo esperaba en la sala principal.

- ¡Listo! Se fueron los últimos – dijo el chico, abrazando a la rubia

- ¿Te divertiste? – preguntó sonriente Mina

- ¡Mucho! Muchas gracias por organizar esto – le dio un beso.

- ¡Vaya Yaten! Recibiste muchos regalos – hizo la observación la mujer.

- Si, así es – respondió el platinado – pero hay alguien que aún no me da mi regalo.

El chico rodeó a la mujer de la cintura, aferrándola contra su cuerpo y besando su cuello.

- Bueno… si quieres tu regalo, te espero arriba – dijo seductoramente Mina, mientras, soltándose del muchacho, se dirigió hacia las escaleras.

- ¡Pero hay que recoger esto! – dijo entre pucheros el joven.

- Deja eso ahí. Mañana que lleguen Mary y los demás, que limpien – dijo la rubia, dedicándole una amplia sonrisa.


Hola Bombones!

¿Qué creen que le dé Mina a Yaten de regalo? Prometo en el próximo capítulo describir con detalle el "regalito" grrr ;)

Muchas gracias a todos por leerme, gracias a Rogue85, Kamisumi Hirohoshi, Aynatt y Bombón Kou por sus reviewes y saludos a Majho Durán, Srita Kou y Rosalie Rowen por sus comentarios vía Facebook.

Espero que este capítulo haya sido de su agrado. No se olviden pasar por mi página en FB y darle like! Me encuentran como Gabiusa Kou.

No se pierdan el martes actualización de Verdad de las estrellas :D Besos estelares! :*