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Varios días después, Glenn anunció que tenía que ir de nuevo a Atlanta para buscar provisiones. Cuando fueron a la ciudad para dejar allí a Ed, pudieron ver con sus propios ojos lo peligrosa que se había vuelto aquella zona. Los últimos mensajes de radio que pudo dar el gobierno durante los primeros ataques de zombis decían que Atlanta era una zona segura, de ahí que la gente fuera hasta allí. Al morir estos, la población de zombis aumentaba por momentos. El grupo de Rick llevaba tiempo pensando en poner señales a la entrada de la ciudad para advertir a las personas, pero nunca habían llevado a cabo esta idea por un motivo u otro.
-Es una locura que vayas allí tú solo –le dijo Damon al asiático-. La ciudad es ahora más peligrosa que nunca y además está Ed, ¿cómo sabes que no te encontrarás con él? Es muy arriesgado.
-Nos estamos quedando sin medicinas –insistió Glenn-. Tengo que ir
A raíz de los últimos acontecimientos, la pelea de Ed con Damon y después con Rick, el material médico del botiquín de primeros auxilios se había reducido considerablemente, algo que era muy preocupante porque implicaba que no podrían curar a alguien si sufría un grave accidente.
-Pero no irás solo –intervino de nuevo Damon-. Yo iré contigo.
-¿Estás seguro de que quieres ir? –preguntó el chico asiático no muy convencido de ello.
-No voy a dejar que vayas solo.
-Pero tienes miedo de que la pase algo a tu novia en tu ausencia –comprendió su amigo su dilema.
A Damon no le hacía ninguna gracia dejar a Elena sola, pero Glenn necesitaba alguien que le cubriese las espaldas y nadie más se había ofrecido a ello.
-¿Sabes? Elena es más fuerte de lo que crees –comentó Glenn mientras se disponía a preparar su equipo para salir-. A veces uno tiene que tragarse su orgullo y reconocer que no puede controlarlo todo, que no puede proteger a los suyos del peligro, que debe dejar que ellos mismo se defiendan.
-Elena es demasiado inocente para este mundo –murmuró Damon, mostrando claramente lo mucho que le preocupaba eso-. Demasiado frágil.
-Yo también pensaba eso de Maggie al principio, hasta que en el ataque a nuestro último asentamiento le voló la cabeza a un zombi que iba directo hacia mí.
-Elena no sabe disparar.
-Maggie tampoco. Casi me da a mí en lugar de al zombi –rió Glenn divertido al recordarlo.
Damon sonrió en respuesta, para luego darse cuenta de un detalle.
-Los has llamado "zombis".
-No comparto la idea de Rick de que debemos sumergirnos en una burbuja de falso bienestar –se explicó Glenn-. Tú mismo lo has dicho antes, eso no es bueno.
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La conversación con Glenn le dio una idea a Damon, quien antes de ir a la expedición, se empeñó en enseñarle a Elena a disparar para que supiera defenderse llegado el momento. Era cierto que la chica ya había utilizado armas con anterioridad, pero eso no significaba que supiese cómo disparar en condiciones a un blanco.
Damon se llevó a Elena a una zona apartada del bosque para asegurarse de que las balas perdidas no hiriesen a nadie y, una vez allí, colocó unas latas de conserva vacías sobre un tronco caído y se alejaron a una distancia prudencial para disparar contra estas.
-La primera lección es muy simple: saber sostener un arma correctamente –dijo Damon colocándose detrás de su novia para ayudarla a tomar una adecuada pose de disparo.
-Me haces cosquillas –confesó ella con una sonrisa divertida al sentir un dulce cosquilleo recorriendo todo su cuerpo debido a la cercanía con el chico.
-Concéntrate, babe –le susurró Damon al oído-. Apunta a una de las lazas y, cuando estás lista, dispara.
Elena giró levemente su torso para apuntar con su pistola la lata que estaba a su izquierda y disparó, pero la bala ni siquiera rozó el objeto.
-Tengo una puntería horrible –se lamentó la joven.
-No, en absoluto –intentó animarla Damon-. Tienes que mejorar la técnica, eso es todo. Y controlar el retroceso del arma.
-¿Y cómo lo hago?
Como respuesta, el chico posó sus manos sobre las caderas de ella y la pegó más a su cuerpo. Con un ligero movimiento, hizo que Elena se colocase de nuevo recta frente a la laza que tenía de frente y le corrigió la postura de piernas y brazos.
-Para apuntar mejor –volvió a susurrar él a su oído-, hay que soltar el aire despacio y luego apretar el gatillo.
Siguiendo sus indicaciones y tomándoselo con calma, Elena volvió a disparar, logrando esta vez derribar la lata.
-¡Bien! –exclamó ella muy emocionada, girándose para unir sus labios con los de su novio para celebrar aquella victoria personal.
Damon correspondió el beso con el mismo entusiasmo que la chica, lo cual solo hizo que se volviese más intenso y que acabasen dándose el lote tumbados sobre la hierba, algo que empezaba a ser una costumbre cada vez que se encontraban solos en el bosque. Como las últimas veces, entre besos y caricias, la pareja de enamorados se metió mano por debajo de la ropa. Damon le dio a la chica un mordisquito juguetón en el cuello y esta se excitó tanto que quiso dar un paso más allá e hizo el intento de desabrocharle el cinturón a su novio.
-Elena… -gruñó él retirándole las manos a la chica con delicadeza-. No podemos hacerlo. No puedo.
-¿Por qué no? –preguntó esta confusa, pues veía que Damon tenía tantas ganas de hacerlo como ella o incluso más.
-Tengo miedo de dejarte embarazada –le confesó su novio-. Este mundo ya es demasiado peligroso y cruel como para condenar a un bebé a él.
Elena sonrió al ver que, pese a tener muchísimos ganas de acostarse con ella, Damon anteponiendo la seguridad y el bienestar de esta y de un supuesto bebé ante sus propios deseos e intereses.
-Te preocupas demasiado, Damon –le dijo la joven acariciándole el rostro con cariño-. Pero adoro que cuides de mí de todas las formas posibles. Aunque eso implique quedarnos con el calentón…
Por un momento, la pareja se quedó mirándose a los ojos en silencio, sumergiéndose en la profundidad de los mismos y viéndose reflejados en estos.
-Retomemos el entrenamiento, ¿vale? –propuso Damon robándole un último beso a la joven antes de ponerse en pie y ayudarla a hacer lo mismo.
Después de realizar unos certeros disparos a objetos inmóviles, el chico quiso complicar un poco más la cosa y comenzó a lanzar las latas al aire para que Elena pusiese a prueba sus reflejos. Los primeros intentos fueron un fracaso, por lo que Damon volvió a colocarse detrás de su novia para indicarle una forma de agarrar el arma con la que tal vez podría serle más sencillo dar al blanco.
-Glenn y tú vais a ir a una farmacia, ¿cierto?
-Así es. ¿Por qué lo preguntas? ¿Quieres que te traiga algo en especial?
-Bueno… Puede que allí encuentres algo que nos ayudaría con nuestro pequeño problemilla –susurró ella con voz traviesa, frotando su trasero contra el bulto de los pantalones del chico.
-Buena idea… -ronroneó él en su oído comprendiendo a qué se refería-. Pero ahora, céntrate en tu objetivo.
-¿Cuál de ellos? –bromeó Elena divertida.
-Las latas. Dispara a las latas.
Pese a la dificultad para concentrarse en el entrenamiento, la chica consiguió luchar contra sí misma y se fijar su objetivo en las latas en movimiento, consiguiendo dar a algunas tras varios intentos.
Regresando al campamento, Daryl les preguntó cómo había ido la clase de tiro y la prometió a la pareja enseñarles algún día a cazar con la ballesta, a crear armas con sus manos y a poner trampas. Ambos estuvieron muy emocionados con la idea y se quedaron deseando que ese momento llegase pronto.
-Damon, es hora de irnos –le dijo Glenn tras despedirse de su novia Maggie.
-Claro, ahora voy –asintió este indicándole con la cabeza a este que fuera subiendo ya al coche para poder hablar a solas con Elena.
La chica le dio un abrazo para darle fuerzas a Damon y a la vez dárselas a sí mismas.
-Prométeme que tendrás mucho cuidado –le pidió ella al separarse para mirarle a los ojos.
-Solo si tú haces lo mismo.
-Te lo prometo.
-Voy a volver contigo –dijo él justo antes de inclinarse hacia Elena para sellar su promesa con un romántico beso-. Te lo prometo.
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Ya en Atlanta, Glenn y Damon tuvieron que dar un largo rodeo para ir a la farmacia, viéndose obligados a entrar en una tienda para huir de las calles porque había demasiados zombis y tenían que encontrar una ruta alternativa, una que les proporcionaría la puerta trasera de dicha tienda.
Después de asegurarse de que el local era seguro, decidieron quedarse dentro un rato para descansar y, de paso, echar un rápido vistazo por si había algo de valor allí.
Mientras revisaba unas estanterías, Damon encontró un colgante muy bonito que le hizo pensar de inmediato en Elena.
-Cógelo –le animó su compañero percatándose del rumbo de sus pensamientos-. A tu novia le gustará.
Damon asintió en silencio y se guardó el colgante en uno de sus grandes bolsillos del pantalón con cremallera para asegurarse de que no se perdiese.
-¿Listo para salir? –le preguntó al asiático, quien asintió afirmativamente-. Ve detrás de mí, cúbreme.
El joven SWAT abrió la puerta trasera con cuidado y miró por todas partes para asegurarse de que no había peligro.
-Despejado, vamos.
Siguieron callejeando y llegaron al fin a la farmacia, encontrándose con que esta estaba casi saqueada por completo y ya casi no quedaban medicinas.
-Coge todo lo que puedas, no selecciones –le dijo Damon a su compañero, quien se entretuvo leyendo los nombres de los medicamentos intentando valorar su utilidad.
Con las mochilas cargadas, salieron de vuelta a enfrentarse a los caminantes, quienes se habían agolpados en un callejón porque se habían producido unos disparos de origen desconocido para los chicos.
