Pairing: Rin x Haru.

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N.A: Después de millones de años, vuelvo por aquí. xD ¡Feliz Navidad! (? Este es vuestro regalo. Okno. xDD Este capítulo no es corto ni largo... ¿Normal? xD ESpero que os gustes, críticas, ideas y cosas bonitas son aceptadas. Insultos no que me deprimo. (?)


-Haru… ¿Pasa algo?

-No realmente…

El castaño no preguntó más, conocía lo suficientemente bien a Haru para saber que algo le pasaba, que algo le dolía, y no era de extrañar, después de todo, acababa de hablar con Rin. Tanto esfuerzo consiguiendo que se evitaran en el festival para nada, dio un largo suspiro e inmediatamente formo una sonrisa para tranquilizar a Haru, de pequeños, solía funcionar, esa sonrisa de "Todo estará bien"… Y aunque ahora le parecía imposible, rezaba porque siguiese teniendo el mismo efecto en de ojos zafiro.

-Rei sigue con Rin-chan, ¿verdad? –Preguntó con un deje de molestia el chico rubio, mientras seguía intentando contactar con el peli-azul, aunque todas sus llamadas eran rechazadas.

-Quizás, cuando me llamó estaban juntos. –Contestó con simpleza Haru, ajeno a lo que preocupaba a Nagisa de que esos dos estuviesen juntos.

-Y eso que le dije que se fuese en cuanto terminaran de hablar…

-Calma, Nagisa, estoy seguro de que sí está allí es por una buena razón. –Aclaró el de ojos esmeraldas, no quería más problemas.

-Sí, Makoto tiene razón, no sonaba como si estuviese muy cómodo con la compañía de Rin. –Contestó el de ojos azules, esbozando una tímida sonrisa que antes se le habría antojado imposible, pero que poco a poco se volvía un acto cotidiano.

-E-Eso significa qué… ¡¿Rin-chan ha secuestrado a Rei?!

-No, no, Nagisa… Creo que has visto demasiadas películas estos días. –Respondió Mako, tratando de aguantar la risa, desde siempre la imaginación del rubio le había sorprendido, el menor sacaba historias fantásticas de cada uno de los sucesos que le rodeaban cuando era pequeño, y parecía que, aunque habían crecido, ciertas cosas que no cambiaban.

-¡Te equivocas, Mako-chan! Tiene todo el sentido… Rei-chan le dice a Rin que él no es hermoso por su carácter árido, pero Rin-chan se enfada, decide secuestrarlo y… ¡Le exige un rescate a Haru para recuperar a nuestro nadador de estilo mariposa!

-Rin no me ha exigido ningún rescate, sólo me ha pedido que nos veamos hoy.

-¿Lo ves, Nagisa? No le ha pedido ningún rescate- ¡ESPERA, ESPERA! ¿¡Te ha pedido que os veáis hoy!?

-Eso he dicho. –Dijo, tratando de cubrir sus dudas con la indiferencia que le había acompañado por años.

-¡Eso es lo mismo que un rescate! ¡Nunca habría pensado eso de Rin, Haru-chan, no debes ceder a sus caprichos! –Reiteró el rubio, cada vez convencido de que su teoría, que era tan descabellada para Makoto, era sin duda correcta.

Ahora ambos, el rubio y el pelinegro miraban a Mako, quizás esperando que se riese de la historia de Nagisa o comentase algo acerca de Rin, aunque él sabía que no era así, podía leer a Haru como un libro abierto, y sabía lo que le estaba pidiendo ahora, un "¿Qué debería hacer?" mudo se leía en sus ojos celestes, en un lenguaje que solo ellos entendían, en cualquier otra situación, él habría sonreído y le diría lo mejor para él. Pero, ¿y ahora? ¿Existía la mejor opción?

Ir a ver a Rin.

No ir.

El castaño siempre había podido ver los problemas de Haru de manera objetiva para decirle que hacer cuando él estaba perdido, siempre había sido así, pero ahora no lo era. No puedes ver algo de forma objetiva cuando tú mismo sufres las consecuencias. No puedes ver algo de forma objetiva sí los que te rodean sufren. No puedes. Su interior le gritaba que Haru no tenía que ir a ver a Rin, que eso le haría daño, que el pelinegro era feliz ahora, que no había que forzar las cosas.

Pero la razón era otra cosa. Sí Haru iba, podría arreglar las cosas con Rin, el dolor desaparecería, ¿No es eso lo que buscaba desde un principio? ¿No era la rivalidad con Rin algo que siempre quiso evitar? Aunque había riesgos de que nada de eso sucediera. Todo tenía sus desventajas y sus ventajas. Él no podía encontrar la solución solo.

-No, Haru. ¿Qué es lo qué quieres hacer tú?

-¿Eh? –Preguntó, quizás algo sorprendido por la actitud del mayor, el rubio hizo lo mismo, no entendía a qué estaba contestando Mako.

-¿Qué quieres hacer? Y no me digas lo que es mejor para todos, dime lo que tú quieres hacer.

¿Qué es lo que quería hacer? Nunca se había preguntado eso. Sí una pregunta como esa se presentaba en su cabeza, "agua, piscina, nadar, caballa" serían la respuesta. Y cuando no fuera así, simplemente le preguntaba a Mako, y él, con su impecable sonrisa, le solucionaba cualquiera que fuese el problema. Pero ahora, el castaño no podía darle la solución, era tan simple como que era algo que él mismo tenía que decidir, eran sus sentimientos los que saldrían heridos o fortalecidos de ese encuentro, era a él a quién le dolía. Tenía que tomar una decisión, tenía que tomarla él mismo. Él sabía lo que quería, pero no sabía lo que era correcto.

-Supongo que iré.- Dijo, finalmente, con simpleza.

Ninguno de los otros dos dijo nada. ¿Por qué? Porque no había nada que decir. Era su decisión, después todo. Apoyarle era lo único que podían hacer. Porque ellos lo habían tenido claro desde el principio, puede que Haru fuera feliz ahora, pero no llegaría nunca a ser plenamente feliz sin Rin. Lo suyo era un amor doloroso, pero necesario, daba igual cuánto daño se hicieran, ello seguirían amándose. Algo como eso no se podía parar, al menos, ellos no podían hacerlo.

-Está bien. –Respondió finalmente el castaño, con su usual sonrisa.- Entonces deberías marcharte dentro de poco, aún tienes que coger el tren para ir allí.

-Esto… Haru-chan, asegúrate de traer a Rei-chan de vuelta, ¿Vale?

-Lo haré… -Respondió el de cabello oscuro, mientras se giraba para irse, aunque antes de emprender su camino, se giró un solo instante, con una de esas sonrisas parecidas a las de Makoto, que nadie se esperaría que él podía hacer.- Chicos, gracias por entenderme…

Tras eso, el de ojos zafiro salió corriendo, probablemente para no perder el tren, pues la estación quedaba un tanto lejos, ya que desde la que tenían en frente no salían trenes con la dirección que él buscaba, mientras le veían desparecer, Nagisa y Mako se giraron, mirándose uno al otro, mientras esbozaban una sonrisa.

-Haru ha cambiado…

-Sí, lo ha hecho, y me alegro… Aunque siempre he estado con él, desde pequeños… Siento que es la primera vez que confía verdaderamente en nosotros.

-Ahora somos un verdadero equipo. ¡Con un Haru tan genial estoy seguro de que ganaremos todos los premios del mundo!

El otro se limitó a sonreír, quizás no pudieran lograr algo como eso, pero estaba seguro de que ahora, Haru daría su máximo cada vez que se tirara a una piscina. Verdaderamente tenía que agradecerle al rubio, si no fuese por él, nunca habrían hecho el club de natación, y Haru nunca habría sonreído de esa manera. Le debían mucho a ese pequeño chico.

-¿Te parece bien si esperamos a Rei-chan en su piso, Mako-chan? Tengo las llaves.

-Em… Claro, supongo que está bien. –Dijo finalmente, no se atrevía a preguntarle porque tenía las llaves.


Era obvio que él no iba a estar ahí, principalmente porque había llegado antes de tiempo, no es que le gustara llegar antes, simplemente era el querer controlar la situación, por eso se había adelantado. Al principio, el cuatro-ojos al se había empeñado en ir con él para evitar que su encuentro con Haru acabara en pelea, pero, obviamente, no le había dejado. ¡Quería un poco de intimidad con Haru! ¿Qué tan difícil de entender era eso? Le llegaba con Nitori como acosador profesional, no necesitaba a otro más.

Suspiró y miró el paisaje, aquel lugar le traía numerosos recuerdos, en la mayoría agradables, pero otros no tanto, como el día de su despedida. Quizás si hubiese arreglado las cosas aquella vez, habría podido conseguirlo en Australia. Se golpeo ligeramente la cabeza, ¿De qué servía pensar en eso ahora? Lo pasado, pasado está, no había forma de solucionar algo como eso ahora. Se apoyó sobre la vieja verja, mientras miraba el reloj, pronto sería la hora cordada, luego se quedó mirando el cielo, ya estaba oscureciendo, no había pensado en que aquel lugar estaba casi abandonado y la iluminación era casi nula, si el de ojos zafiro no llegaba pronto, cuando volvieran no podrían ver nada.

En ese momento un ruido le sorprendió, pero cuando se giró no había nadie allí, desechó la idea de que fuera Haru haciéndole una broma, él no era ese tipo de persona, aunque… ¿Qué tipo de persona era Haru? Casi era imposible conocerle por completo, aunque siempre había creído ser él más cercano a Haru por su extraña relación, se daba cuenta de que no se había molestado en conocer o entender al de pelo oscuro, siempre había dado por hecho que para eso estaba Mako y por eso no había movido ni un dedo. Realmente estúpido. ¿Cómo vas a conseguir que alguien te ame si no le entiendes?

-Rin.

Se giró como un resorte al escuchar esa voz, allí estaba Haruka, con su uniforme, mirándole, con esos ojos que reflejaban el océano, todo parecía normal, pero… No lo era. Los ojos azules siempre le trasmitían algo, un mensaje mudo que aunque nunca entendía, sabía que estaba ahí, pero ahora, no había nada de eso, solo le miraba, como quién mira a una pared.

-Veo que has llegado, aunque te has tardado bastante, ¿no crees?

-La puntualidad no es mi fuerte. –Cortó el moreno, no es que le molestara, pero no había ido para hablar de su puntualidad.

-Ya veo, ya… Dime… ¿Se siente bien nadar con tus amiguitos del Iwatobi?

El otro arrugó la frente. ¿Qué tenían que ver los otros? Creía venir a tratar su problema con Rin, y no quería que metiera a su club en esto, parecía que al pelirrojo se le había dado por hablar de todo menos de lo que realmente tenían que hablar.

-Sí. Mejor que nadar para alguien.

Esa no era la respuesta que esperaba. El Haru que él conocía probablemente no hubiese ni contestado a una pregunta como esa, pero, ah… ¿Qué quedaba de ese Haru? Probablemente, nada. Debería haberlo sabido. Él había destrozado a Haru, había roto una fachada que le había protegido durante años, sin darse cuenta de lo que hacía. El moreno no se iba a quedar callado mirando cómo le humillaba, eso era cosa del pasado. Y el pasado no puede cambiarse.

-Cuesta creer que tú seas el mismo Haru que aquel que dejó la natación por mí.

Lo vio venir, sabía que él usaría eso en su contra, era obvio, pero seguía siendo cruel. Él lo había hecho buscando un perdón y ahora Rin lo usaba para atacarle. ¿A dónde llegaba su crueldad? ¿Dónde estaban sus sentimientos? Se preguntó otra vez como pudo llegar a creer que él tenía un lugar en el corazón de ese chico. Como fue tan iluso. Tan estúpido. Tan infantil. Quizás a eso le llamaban aprender de los errores. Él había aprendido la lección, no volvería a caer ante alguien como él, no se dejaría engañar, no escucharía cosas que nadie decía en realidad. No dejaría que le humillaran.

-¿Estás seguro de que quieres hablar del pasado, Matsuoka?

-¿Matsuoka? ¿Qué pasa, Haru? Creo que es un poco para las formalidades. Después de todo tú y yo no somos precisamente desconocidos.

-Para mí, lo somos. Desde el momento en que juraste no nadar conmigo de nuevo… Te volviste un desconocido.

-No me jodas, Haruka. ¿Tanto te afectó eso? Está bien, te lo explicaré, la verdad es q-

-No hace falta que me expliques nada, no ahora. –El moreno le cortó de nuevo, y el pelirrojo no pudo evitar cabrearse, no sabía bien si porque Haruka no le escuchaba o porque le había dejado con las palabras en la boca, de verdad tenía que hacer esfuerzos agarrarle por el cuello y aclararle las cosas ahí mismo.

-Está bien, ¿Quieres explicarme tú algo, entonces? –Finalmente se decidió por ser mínimamente amable, quizás el moreno quería decirle algo, sabía de sobra que su carácter explosivo había sido culpable de dejar a más de uno sin decir lo que quería, así que está vez se contendría.

-Sí. Quiero que paremos esto.

El otro emitió un suspiro de puro alivio, finalmente el moreno parecía dispuesto a cooperar, tan solo esperaba que ahora que habían decido dejar de lado la estúpido pelea que habían tenido, pudiera recuperar al Haru que amaba, no le molestaba para nada que ahora sus sonrisas fuesen frecuentes, es más, le encantaban, pero las quería solo para él, estaba cansado de que todos pudiesen ver de esa manera a su Haru, solo él tenía derecho a algo como eso.

-Bien, pareces que has entrado en razón. No me molestaría que vinieses a mi cuarto algún día para hablar del tema, ya sabes, le diré a Nitori que se marche...

-No me refiero a eso.

-Joder, no, Haru. No estaba hablando de sexo, al menos no aún, solo decía qué…

-Dios… -El moreno no pudo evitar sentirse ligeramente avergonzado, el no se refería a eso. ¿Qué clase de mente tenía Rin para relacionar cualquier cosa con eso? Respiró profundamente para tranquilizarse antes de decir lo que iba a decir.- Me refiero a lo nuestro, si es que alguna vez hubo algo. Nos hace daño.

-¿Qué estas…—

-Sé que en parte fue culpa mía, me ilusioné demasiado, no supe ver lo que de verdad había. No vi que este amor estaba muerto desde el principio. Me convencía una y otra vez de que todo estaba bien, que ahora podía nadar, que podría nadar contigo, que no había nada malo en eso. Que aunque me hiciese daño después todo sería bueno. Que me querías. Sí, lo sé, era un estúpido y un iluso.

El pelirrojo no podía entender que pasaba. Hace apenas un segundo el moreno había dicho que debían parar esa pelea y ahora quería que dejasen todo lo que había entre ello. ¿Qué acaso ese chico era bipolar? ¿Creía que podía dejarle así como así? No, Haruka era de su propiedad, y no le iba a dejar irse.

-Olvídame. Yo lo haré también. No te necesito, ni tú a mí. Podemos ser perfectamente felices si estamos separados. Porque no nos queremos. Ni tú a mí, ni yo a ti.

Fue entonces cuando Rin lo entendió, cuando vio a Haru girarse para irse. Era él el iluso ahora, malinterpretando las palabras del moreno. Creyendo que todo saldría como él quería, acostumbrado a verle sometido por él, nunca creyó que Haruka pudiese liberarse. No, él creía que Haru no quería liberarse. Se había equivocado, para variar. ¿Pero era Haru lo suficientemente fuerte? Él sabía que no, el moreno se había derrumbado en el momento en el que le venció. No podía simplemente irse y ser feliz, sabía que no aguantaría, que no podría solo.

Y entonces lo vio.

Haru no estaba solo.

Nunca lo estuvo.

Se creyó el centro de su universo, cuando no era ni una parte de él.

Haruka tenía a Nagisa, al cuatro-ojos, y, por supuesto, a Makoto.

¿Quién le había apoyado cuando Haru estaba mal? Ellos.

¿Quiénes habían conseguido que Haru sonriese? Ellos.

¿Quiénes eran un pilar fundamental en la vida del moreno? Ellos.

Ellos habían estado siempre, y él, nunca. Ellos le habían hecho feliz, y él le había destrozado. ¿Por qué no lo había visto antes? Creyendo que Haru solo le tenía a él. Había sido estúpido. Era fácil imaginarse a Haru siendo feliz con ellos, sonriendo, ganando competiciones y torneos. Era tan fácil ver como el moreno se escapaba, como huía cada vez más lejos, sin que el pudiese hacer nada. Dolía.

Y por eso precisamente, por que dolía, no dejaría que pasase. Movió sus piernas tan rápido como pudo, alcanzando al moreno. No iba a escaparse. Le cogió por los hombros y le tiró hacía atrás, él rebotó contra la vieja valla del Iwatobi, que emitió un sonido un tanto desagradable. La escena se volvía a repetir. Otra vez Haru estaba atrapado contra la valla. Otra vez el le tenía sometido. Otra vez le enseñaría quién mandaba.