*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
No me gustan los guapos
Capítulo 10: Las ventajas de un buen trato
Después de pasar el resto del sábado con Edward, Isabella quedó de comer con él el lunes para ponerse de acuerdo en la "estrategia" que iban a seguir para conseguirle una cita decente con un chico "normal".
Acordaron dejar de llamarles feos, porque si bien el entorno natural de Bella era de tipos guapos, no había necesidad de encasillar al resto en "feos", así que acordaron que el resto serían llamados tipos normales o simplemente pretendientes. Aunque para Edward eran "los otros" o "el enemigo".
Al terminar de comer, Edward había acompañado a Bella al edificio donde estaba su oficina porque ahí tenía su auto. Se habían tardado cuarenta minutos en despedirse y al final se dieron un abrazo y un beso en la mejilla, que dejaron a Edward aún más contento.
Bella se sentía más tranquila porque ahora sabía más sobre Edward y le había gustado su sinceridad con todo lo que le preguntó, así que no borró la sonrisa de su cara en lo que quedó del día.
Por su parte, Edward estaba emocionado, como un niño pequeño que acaba de recibir el regalo de cumpleaños que más deseaba. Tras despedirse de Bella se fue directo al parque, se sentó en la banca donde la había visto por primera vez y gritó emocionado, tan fuerte, que hasta un policía se acercó a ver si todo estaba bien.
Al llegar a su apartamento, fue directo a su computadora, ya tenía algunas ideas y cosas avanzadas por su presentimiento de que Bella aceptaría el trato, así que aprovechando que su excitación le quitó el sueño, se puso a trabajar en algo que le serviría para su comida con Bella el lunes.
El domingo, por supuesto, ninguno pudo descansar. Bella estaba nerviosa, se encerró en su departamento y no salió más que a su terraza a tomar algo de aire. Pensaba que se estaba arriesgando demasiado porque, en definitiva, no veía a Edward solo como un amigo. Trajo consigo el pedazo de la camiseta de Guns n' Roses todo el día. Lo apretaba, lo olía, lo veía, se tapaba los ojos con él, hasta cuando se bañó, colocó el pedazo de tela en el lavamanos, cuidando que no se fuera a mojar.
¡Bella, estás jodida! Sabes que ese tipo te gusta, demasiado. Y ahora lo vas a ver más. ¿Cuándo dejaste de pensar?
Edward, en su apartamento, también estuvo inquieto todo el domingo. Salió a correr y a pasear a su perro (después de hablar con Bella había decidido retomar sus rutinas de ejercicio y olvidarse de su plan de cambio de imagen). Siguió pensando en lo que hablaría con Bella y cosas que podrían servirle para ayudarla-sin ayudarla a conseguir sus nuevas citas, porque en el fondo sabía que solo quería estar cerca de ella y hacer labor para enamorarla, no emparejarla con algún tipo por ahí.
Por supuesto todo el día trajo la bufanda de Bella, se la ponía al cuello, la amarraba en un brazo, la enrollaba en su cintura, la hacía bolita y recargaba su cabeza en ella para instantes después girar un poco a olerla.
¡Bella, Bella! Confío en que te darás cuenta de que valgo la pena y olvidarás eso de salir o no con alguien de determinado tipo de aspecto físico.
Sin saberlo actuaban igual. Nerviosos, ansiosos, emocionados, con dudas, pensando en el otro…
.
BELLA CONSTESTA EL MALDITO TELÉFONO
Era un mensaje de Rosalie. Bella había ignorado su teléfono toda la mañana, en parte porque lo había dejado en silencio, pero también porque su mente estaba en otra cosa…en una persona, en Edward. Cuando se le ocurrió tomarlo vio el mensaje y las 15 llamadas perdidas que tenía en su celular.
¡Mierda! Me va a dar un sermón por no contestar.
Estaba marcando el teléfono de Rosalie cuando tocaron el timbre. Por un segundo, pensó que podría ser Edward, pero inmediatamente se dio cuenta de que era imposible porque no le había dado su dirección, así que fue hacia la puerta preguntándose quién podría buscarla en domingo.
—Se puede saber, ¿por qué estás desaparecida? Te hemos estado buscando todo el día. —Entró Rosalie a la sala apenas abrió la puerta. Tras de ella, Alice y Emmett en comitiva.
—¿Qué pasa? ¿Por qué están todos aquí?
Mmm… Probablemente ya saben que acepté el trato con Edward y ahora van a intentar convencerme de no hacerlo.
—Es sobre tu acosador —dijo Rosalie en un tono que Bella no pudo identificar.
—Te traemos información —agregó Alice antes de sentarse.
—Así es. Siéntate —habló Emmett mientras le extendía un folder con papeles.
—¿Qué es esto?
—Ahí lo tienes todo, cada detalle… ¡Resulta que tu jodido acosador es prácticamente un maldito príncipe azul! —gritó Rosalie sorprendida.
Bella sonrió, dejó el folder en la mesa de la sala y se levantó hacia la cocina.
—Y, ¿por eso vienen todos? —agregó mientras abría el refrigerador para tomar una botella de agua.
—¿No vas a ver la información Bella? —Alice estaba extrañada por la actitud de su amiga.
—Chicos, les agradezco mucho su preocupación —respondió mientras salía de la cocina y bebía un poco de la botella de agua—. Pero no necesito… En realidad, nunca necesité, esa información para tomar una decisión.
Todos la miraron extrañados y se sentaron en la sala ocupando cada uno de los sillones.
—Ayer vi a Edward. Hablé con él. Sé quién es y qué hace. Y acepté el trato. Así que ahora que es mi amigo, espero que ninguno lo llame acosador, ¿de acuerdo? —dijo sin pausa y con un tono firme pero tranquilo.
Silencio.
—¡Ah! Alice… —pero no pudo continuar porque su amiga la interrumpió.
—Bella, te juro que no sabía nada. Me acabo de enterar con el informe que trajo Emmett.
—Tranquila Alice, sé que cualquier cosa que le hubieras dicho a su amigo, no lo hiciste con ninguna mala intención. Claro, espero que la próxima vez seas más discreta en lo que respecta a mi ubicación, pero no te preocupes. —Aclaró Bella mientras Rosalie y Emmett se miraban confundidos por la actitud de Bella.
—Entonces… —Rosalie dudaba sobre qué decirle.
—Entonces nada… Conocí a alguien y somos amigos (no mencionó nada del trato, ya no era relevante para ella en ese momento). No pasa nada más, así que todos a actuar normal. Emmett, te agradezco el tiempo para la investigación, y les repito que agradezco su preocupación, pero todo está muy bien… Más que bien. —Dándoles una gran sonrisa todos entendieron que el tema del "acosador" estaba cerrado.
.
¿Recuerdas esa sensación de descubrir los regalos de Navidad?
¿Recuerdas esa sensación segundos antes de tu primer beso?
¿Recuerdas esa sensación en la parte más alta de la montaña rusa a punto de caer?
¿Recuerdas esa sensación de estar a metros de tu grupo favorito durante un concierto?
¿Recuerdas esa sensación de la primera vez que viste un atardecer en la playa o en la montaña?
¿Recuerdas esa sensación cuando tu mejor amigo/a te dijo que eras su mejor amigo/a?
...
Pues sí… acepté el trato y de pronto todo se convirtió en un jodido sueño, en una espiral de emociones que no podía describir…
.
El lunes comieron juntos. Llegaron muy puntuales. Se saludaron con un beso y un abrazo como si no se hubieran visto en meses y de no ser porque Bella recibió una llamada diciéndole que la necesitaban en la oficina, quizá se habrían quedado toda la tarde.
Edward aprovechó para presentarle un pequeño y sencillo software (por algo había logrado venderle una aplicación a grandes empresas de computación y tecnología) en donde irían registrando todo lo referente al trato, los datos de las personas, lugares, experiencias, para que, llegado un punto, el programita les presentara a los mejores prospectos para que Bella eligiera con cuál podría salir más.
Claro, lo que no le dijo fue que fuera cual fuera la información de los tipos, el resultado ya estaba precargado y si Bella hacía uso de esa opción, aparecería una foto de Edward.
El mismo martes empezaron la "Operación Buscando Opciones para Bella"…
Apenas llegar a su oficina, Bella recibió un mensaje en el celular…
¡Buenos días Bella!
¿Te parece si empezamos con el pre-registro?
El mensaje estaba acompañado de una fotografía de Edward con un hombre de unos cuarenta y cinco años que tenía un mano con el pulgar levantado en señal de aprobación.
Bella sonrió al teléfono y antes de que pudiera contestar, recibió otro mensaje:
Es Antonio, el portero de mi edificio. Creo que está fuera del rango de edad, pero me parece un buen tipo, quizá lo podrías considerar ;)
Antonio siempre veía salir a Edward del edificio pero, esa mañana, al notarlo especialmente contento, le dijo que le daba mucho gusto verlo así. Edward no lo pensó más y decidió tomar la foto. Le dijo que sonriera para la cámara de su teléfono porque se la enviaría a la persona responsable de estar tan feliz y el hombre hizo una seña de aprobación con su pulgar.
Bella volvió a reírse frente a su teléfono, y respondió:
Buenos días Edward.
Sólo por ser una persona que conoces podría considerarlo, pero espero que tus criterios no sean tan laxos :)
Segundos después, respuesta de Edward:
Créeme que no permitiría que cualquier persona se acercara a ti.
Bella suspiró y se puso a atender los pendientes que tenía en la oficina. Aunque Edward le parecía encantador, se había hecho el firme propósito de controlar sus instintos de arrojarse a él y mantenerlo como amigo. No quería involucrarse en otro tipo de relación con él por miedo a encontrarse de nuevo con una mala experiencia, aunque lo deseaba demasiado.
Poco antes de la hora de la comida, Edward le envió otro mensaje:
¿Cómo ha estado tu mañana? Si ha estado bien, la puedes terminar mejor… y si ha estado mal, la puedes arreglar…¿Cómo?...
¡Ven a comer conmigo! :)
Bella suspiró de nuevo con el mensaje. Definitivamente le iba a costar demasiado estar tan cerca de Edward pero, lo intentaría porque tenerlo lejos tampoco era una opción. Ya no.
¿A dónde?
Segundos después el teléfono de Bella comenzó a sonar. Sin embargo, se quedó paralizada por unos segundos sin poder contestar. Se puso nerviosa. Era una simple llamada, pero las manos comenzaron a sudarle y sintió una pequeña taquicardia creciendo en su pecho.
—¿Bella?... Está sonando tu teléfono…
—Alice… no te escuché entrar…
—Otra vez… lo noté… pero ni siquiera escuchaste tu celular, ¿estás bien?
—Sí, estoy bien, gracias.
—Mmm… no me convences mucho Swan… ¿Salimos a comer?
—Eemm… No, debo enviar algunas cosas por mail… Mejor nos vemos en la noche, ¿si?
—Está bien, pero algo te pasa… Y tendrás que contarme tarde o temprano. —dijo retándola con la mirada mientras salía de la oficina.
Bella tomó aire. Había reaccionado como adolescente ante la llamada de Edward.
¡Dios! Esto es demasiado. Ni siquiera me invitó a su cama como para ponerme así. Solo era una invitación a comer Bella. ¡Contrólate ya!
Tomó su teléfono y le llamó a Edward, quien respondió al primer tono.
—Perdona Bella… ¿Te interrumpí en algo? Me pareció más práctico llamarte, pero…
—No, no… Está bien. ¿En dónde comemos?
Esa tarde comieron juntos. Pero no platicaron mucho sobre la búsqueda de pretendientes para Bella, más bien pasaron el tiempo hablando de cómo había estado su día y algunas trivialidades de la vida.
Cuando cada uno regresaba a su oficina a trabajar, lo hacían con una gran sonrisa, no dejaban de pensar en el buen rato que habían pasado en la comida y se preguntaban ¿qué pensaría el uno del otro?
Ya entrada la noche, Bella pasaría por Alice para ir a cenar, como habían acordado, pero no pudo evitar el impulso y le mandó un mensaje a Edward.
¿Ya terminaste de trabajar o eres workaholic?
Segundos después:
En absoluto. Soy de los que trabaja para vivir, no de los que vive para trabajar :)
Hay cosas más importantes, por ejemplo: ¿Quieres ir a cenar conmigo?
Edward sabía que estaba arriesgando demasiado. Quería pasar todo el día con ella. Saber qué hacía, cómo se sentía, qué pensaba. Habían comido juntos y ahora la invitaba a cenar. Era una necesidad. No lo podía evitar.
Bella recordó su regla de no cenar con cualquiera e inmediatamente supo que a Edward no iba a poder negarle un invitación. Y no quería hacerlo, pero...
Lo siento. Hoy ceno con Alice. Tenemos que platicar de muchas cosas, incluyendo la complicidad de tu amigo en tu "casi-acoso".
Edward respondió:
:(
Y si... ¿cenamos y luego te llevo a casa de tu amiga para que platiquen?
Te prometo que como rápido para que tengan suficiente tiempo.
¡Aaaahh!... Edward eres irreal, no puedes ser tan… así…
Se molestó por tener que negarse. Había sido un lindo detalle ofrecerle cenar y después llevarla con Alice, pero sabía que estar con Edward podría tomarle más tiempo y seguramente terminaría olvidándose de Alice.
Le debo la cena desde antes de ir a Forks, me mataría.
Pero podemos comer mañana, ¿te parece? Esta vez invito yo :)
Instantes después:
De acuerdo. Entonces, que pases linda noche Bella.
Por cierto, si crees que hay una posibilidad de que mi amigo sea asesinado por una hermosa mujer y su amiga, ¿me podrías avisar?. Es mi amigo y es mi socio, nos convendría poder arreglar algunas cosas antes. :)
Segundos después recibió otro mensaje:
Aclaración: la hermosa mujer eres tú y su amiga, Alice, no quiero que haya confusiones. Ahora sí, hasta mañana Bella :)
Si piensas en mí durante tu noche de chicas, siempre puedes mandarme un mensaje o llamar, esta línea está 24x7 lista para ti.
Bella comenzó a reírse cuando recibió el mensaje y en ese momento entró Alice.
—Hey, ¿por qué tan contenta?
—Alice, ya iba por ti.
—Sí, claro… ¿Te estás mandando mensajes con Edward? —preguntó en un tono como de periodista chismosa.
—¡Alice!
—¿Qué? Eso es lindo. La verdad es que todo lo que ha hecho me ha parecido de lo más romántico, aunque Rose se enoje.
¡Y eso que no lo sabes todo mi querida Alice! Si lo supieras morirías en este instante.
—Por cierto, ¿nos va a acompañar Rosalie o solo iremos tú y yo? —preguntó Bella mientras tomaba sus cosas.
—Nos va a alcanzar más tarde. Quería ver a Emmett porque tu primo se va mañana de viaje y regresa hasta el domingo.
—Ok. Entonces, vamos.
.
Habían decidido cenar en el apartamento de Bella. Alice sabía que esa era la única forma en que su amiga no escaparía para evadir algún tema o alguna pregunta o, al menos, le sería más difícil hacerlo.
—Y bien…
—¿Qué?
—¡Cuéntame todo sobre Edward! A mí no me engañas, sé que esa cara de niña boba, tu sonrisa todo el día y tu actitud no es sólo porque, cito: "conocí a alguien y ahora es mi amigo" —dijo haciendo comillas al aire con los dedos y tratando de imitar a Bella.
Ambas comenzaron a reír. Estaban en la sala, sentadas en el piso sobre los cojines, bebiendo vino tinto y con algunos bocadillos. No iban a poder desvelarse porque debían trabajar al día siguiente, pero Alice no había soportado más y quería platicar con ella.
—Alice, estoy enloqueciendo.
—Amiga, ¿apenas te das cuenta? —trató de bromear.
—Alice, hablo en serio.
—¿Por qué Bella? Es verdad que te veo muy distinta, pero no enloquecida. Te ves muy contenta con tu "amigo" Edward. —al decir amigo utilizó otro tono de voz que Bella no pasó desapercibido.
—Me gusta Alice, me gusta demasiado. Y no es solo atracción física, lo sé, lo siento. Es todo, es simpático, considerado, romántico, inteligente… Cada vez que lo veo quiero besarlo.
—Y se puede saber… ¿Qué esperas para hacerlo?... Bella, nunca habías dudado en cosas así, cuando un tipo te gustaba simplemente coqueteabas, se acercaban y si te convencía hasta terminaban en la cama, no solo en un beso. ¿Por qué ahora es distinto?
—No lo sé… En parte creo que es porque tengo miedo a que termine siendo como todos los tipos guapos con los que he estado…
—¿Unos patanes, presumidos, pagados de sí mismos, que se creen dueños del mundo y no pueden entender el concepto de monogamia?
—¡Ay, Alice!... básicamente sí, lo que has dicho.
—No conozco al chico, pero no parece entrar en esa descripción.
—No, ¿verdad?
—No. Y, entonces… creo que deberías de dejar de preocuparte y disfrutarlo más. Se ve que le gustas, él te gusta. Te ha buscado, te cae bien, ya aceptaste que sea tu amigo, y bueno… hasta ahora todo pinta bien, no sé por qué te estresas sin sentido.
Bella quería decirle lo que había pasado con Jacob y que, aunque lo odiaba, sentía que le había afectado más de lo que pensaba, pero no se atrevió.
Poco después llegó Rosalie, pero ya era bastante tarde y debían descansar para trabajar al día siguiente, así que solo platicaron un poco de cómo iba todo con ella y Emmett y Alice les propuso organizar una cena para que conocieran a Jasper.
¡Ah! Jasper, olvidé platicar con Alice de él. Tendré que buscarla después o insistir con Edward para conocerlo.
.
Al día siguiente el primer mensaje que recibió Bella fue antes de salir de su casa.
¡Hola HM! Solo quiero saber si debo esconder a mi amigo de un posible atentado contra su vida o si aún tendré socio por un rato.
Bella siempre sonreía con los mensajes de Edward y el recibir uno tan temprano la había alegrado.
Sí, buenos días Sr. Cullen, ¿cómo está usted? Qué amable en preguntar.
¿HM?
Minutos después:
Lo siento. Fui un patán. Muy buenos días Señorita, espero que haya descansado. HM es una abreviatura para Hermosa Mujer. Ayer hice referencia a usted de esa manera y me pareció adecuada aunque un poco larga, por eso solo lo dejaré en HM.
Bella estaba tomando su bolso y sus llaves para salir, pero se detuvo a responder:
Gracias por el cumplido caballero, aunque HM me parece un poco genérico, no quisiera pensar que es el típico hombre que llama a una mujer guapa porque no recuerda su nombre, así que creo que negociaré con usted las siglas que debemos adoptar cada uno.
Edward se preocupó un poco con la respuesta, no quería que pensara que era precisamente ese tipo de sujetos que se refiere a las mujeres como "guapa", "hermosa" o "linda" por no recordar su nombre. Así que respondió en seguida:
¡Jamás sería porque olvido tu nombre BELLA! Debes saber que sería más fácil olvidar el mio. Así que, por supuesto acepto negociar nuestras siglas o apodos en la comida de esta tarde. Espero que hayas platicado suficiente con Alice, porque hoy no voy a dejar que vayas a comer con ella si algo quedó pendiente. Tienes una cita conmigo.
Bella no pudo responder porque debía atender una llamada desde París mientras iba de camino a la oficina, así que Edward se quedó un poco ansioso.
Como había hecho el día anterior, le mandó una fotografía que se había tomado con un chico de la oficina haciendo también una señal de aprobación con el pulgar. Pero tampoco tuvo respuesta.
¡Tengo que aprender a calmarme! Ella no va a estar disponible el 100% del tiempo para ti Cullen, tiene un trabajo… igual que tú, así que respira y espera con calma su respuesta. Además, vas a comer con ella.
.
Comieron juntos ese día y durante las tres semanas que siguieron volvieron a hacerlo, por lo menos, cada tercer día, aunque la segunda semana lo hicieron de martes a viernes. En realidad platicaban de su día, más que de cosas relacionadas con la búsqueda de citas para Bella, pero ninguno lo echaba de menos.
Sobre las siglas o apodos, no habían llegado a un acuerdo.
Habían pasado, para Edward, por: Eddie (muy "de mamá"), EC (muy simple), Cullen (demasiado formal), Acosator (él insistía en no ser acosador, al menos no completamente), Cuasi (por la joroba que había pensado usar), Gordito o Bolita (por su pancita, que estaba en proceso de bajar), y un par más por los que estuvieron riéndose gran parte de la tarde.
Para Bella, habían descartado de inicio "Hermosa", "Guapa", "Linda" y cualquier otro adjetivo de este tipo, no en su uso normal, pero sí como apodo o forma de llamarla, así como "Princesa" o "Muñeca", así que las propuestas para ella habían sido: BS (muy simple), Bells (muy infantil), Jefa Swan (muy policiaco), Bella-Marian (como la había llamado Carlisle cuando la conoció), Bella Anti-Guapos (ya habían acordado no hablar mucho de guapos y feos).
Y como ninguno les había gustado, pero se la habían pasado riendo mientras discutían el punto, decidieron hacer algo, quizá no tan novedoso, pero que les podría funcionar. No tomarían un apodo o siglas definitivas, sino que las irían cambiando. La condición era que debían ser parejas famosas y cada uno tendría su día para proponerlo. Así, si en algún momento encontraban algo que les gustara lo suficiente, podría adoptarlo como definitivo.
Además, Edward ya se había hecho la costumbre de mandarle todos los días un foto de un posible "pretendiente" saludando a la cámara.
Bella se dio cuenta de que cada vez que salía a la calle se debía fotografiar con la primera persona que encontraba y que no estaba haciendo precisamente un "primer filtro" porque le mandaba de todo: el señor del carrito de hotdogs, un policía, un vendedor de globos, un señor en un supermercado… Aunque, para ser sinceros, a los tres días dejó de fijarse en el acompañante y comenzó a enfocarse únicamente en Edward.
Hacía caras graciosas, ademanes, usó un bigote falso, lentes de gran aumento, se ponía playeras con frases y en una ocasión hasta se puso una joroba falsa como le había dicho alguna vez. Bella moría de risa. Era tan tierno. Miraba su sonrisa, sus ojos, su cabello despeinado, a veces con su barba, otras mostrando todos sus dientes o sacando la lengua.
¡Dios! Edward es increíble.
Se lo negaba todos los días, pero quería tener un novio como él.
A veces, Bella le respondía el mensaje con una foto haciendo alguna cara o alguna señal, normalmente de desaprobación de las opciones que le mandaba, aunque era más como pretexto para seguir la conversación con él.
No pararon de mandarse mensajes, especialmente los fines de semana, que de alguna manera habían estado evitando para verse. Sin saberlo, ambos le daban la vuelta a la tentación de estar juntos, sin ninguna presión de tiempo o espacio y terminar cediendo a su deseo de besarse.
Sin embargo, un día Edward le propuso ir a su apartamento a revisar los avances de la "estrategia" para conseguirle cita con un tipo normal. Y ella, aunque dudó al principio, aceptó. Lo cierto es que moría por conocer el lugar en donde vivía y no iba a desaprovechar la oportunidad.
.
Era sábado, habían quedado después de la hora del desayuno, pero Bella no había podido probar bocado de los nervios y llegó muy temprano al lugar. Se estacionó afuera del edificio donde vivía Edward en su BMW. Estaba imaginando cómo sería su apartamento mientras escuchaba algo de música y trataba de relajarse cuando lo vio.
¡Te odio Edward Cullen! Hasta en ropa de deporte te ves increíblemente sexy. Definitivamente ya recuperaste tu cuerpo… y con ese sudor… —¡Maldita sea, tengo que encender el aire acondicionado! —se gritó mientras oprimía el botón del aire, pero en ese momento unos golpes en la ventanilla la asustaron y gritó saltando un poco en su asiento.
—¿Bella?
Era Edward, manteniendo su trote afuera del auto de Bella y con un lindo perro pastor alemán a su lado que movía la cola mirando a Bella mientras sacaba su lengua.
Bella abrió la ventanilla, recuperando la respiración y tratando de recobrar la compostura.
—¡Hola! —lo saludó sonriendo y de inmediato volteó hacia el perro—, ¿es tuyo?
—¡Hola! Sí… Pensé que nos veríamos más tarde. ¿Me equivoqué de hora? —preguntó Edward preocupado.
—¡Ah! No… En realidad, se me hizo temprano… Bastante temprano, pero…
No terminó de hablar porque Edward le dedicó su sonrisa favorita antes de invitarla a pasar a su apartamento.
—Perfecto. Nada de temprano. Llegas justo a tiempo para desayunar con nosotros. —Detuvo su trote, oprimió algunos botones del reloj que traía en su muñeca y tomó de la bebida rehidratante color amarilla que traía en la mano.
¡Joder! Esto... es... dema...siado. ¿Lo está haciendo a propósito? Estoy a punto de inundar el coche por babear y por otras cosas más…
—Ven. —Le dijo mientras abría la puerta de su auto y le daba la mano para bajar.
El perro comenzó a olerla y a mover la cola animadamente mientras ella pensaba en qué debía hacer. Precisamente en ese momento se hizo consciente de su otra regla de no desayunar con cualquiera y claro, Edward no era cualquiera, pero no sabía en categoría entraba porque quería algo más que su amistad, sin duda.
¿Será que el perro huele lo nerviosa y excitada que estoy al mismo tiempo?
—Hey, ven Amigo. —Escuchó decirle al perro y los tres cruzaron la acera para entrar al edificio.
Bella estaba muda. No sabía qué decir. Apenas entrar al edificio reconoció a Antonio, el hombre de la primera foto que le había mandado Edward cuando empezaron su estrategia y se dieron los buenos días, tras una presentación muy breve.
En el elevador, Bella comenzó a sentir aún más calor. De reojo miraba a Edward sudado, con su camiseta pegada a su cuerpo, sus brazos velludos bastante formados, con ganas de tocarlos.
Como si presintiera que ella lo observaba, Edward tomó de nuevo de la botella con líquido amarillo haciendo, evidentemente, más fuerza en el brazo cuando lo dobló, provocando que sus bíceps saltaran juguetonamente frente a Bella.
El perro se había tranquilizado, al parecer se había cansado del paseo y estaba echado en el piso del ascensor.
Gracias a Dios llegaron. Con tantos nervios Bella no se había fijado ni en qué piso estaban hasta que salieron y se encontró con las letras PH afuera de la puerta a donde se dirigía Edward.
¡Penthouse! Claro. No me lo imagino en el piso 8, todos sus vecinos estarían muertos nada más toparse con este hombre.
—Pasa. —Abrió la puerta y se hizo a un lado para que Bella entrara, seguida de su perro—. Siéntate o ponte cómoda, estás en tu casa… ¿Quieres algo de tomar?
—Eh!... un jugo, si tienes. Por favor.
—Claro. Naranja, arándano, piña, tomate…
Bella levantó las cejas sorprendida por la variedad y Edward lo notó.
—No todos son naturales, pero me gusta tener varios por si se necesita. —Y le guiñó el ojo.
—Naranja está bien. —respondió mientras se sentaba en la sala.
—Estás muy callada Bella, ¿estás bien? —le sirvió el jugo y se lo entregó.
—Sí, estoy bien. Quizá un poco… Es que… No esperaba verte tan temprano…
—¡Ah! Bueno, yo tampoco, pero me gusta… Claro, ahora estoy algo sudado y no es la mejor forma de verte, pero me alegra tenerte aquí...
¡Maldito! Sudado… no es la mejor forma de verme… Claro que no… Me provocas… Quiero tocarte y besarte en este mismo instante… Control Swan, control…
—Gracias.
—Si me das unos minutos me doy una ducha rápida y te veo para desayunar, ¿sí?
¿Ducha? ¡Cállate Cullen!
—Claro. —dijo mientras tomaba de su jugo para disimular su nerviosismo.
—Bueno, estás en tu casa. Puedes pasear, ver y tomar todo lo que quieras. Estoy contigo en unos minutos.
—Gracias.
¿No sabes decir otra cosa Bella? Gracias, gracias… ¿Puedo ver y tomar lo que quiera? ¿Eso dijo? Nadie dice eso cuando te invitan a ver una casa, y menos la primera vez. Así que, veamos que tienes Edward-Extremadamente-Caliente-y-Sexy-Cullen.
Bella comenzó a caminar por el apartamento. Era bastante amplio, predominaba el color blanco con algunas paredes de color, ventanales, muebles modernos y con pocos adornos, la cocina cien por ciento de acero inoxidable, bastante amplia para ser el apartamento de un hombre (al menos, no era lo que Bella acostumbraba a ver).
No se animaba a caminar hacia donde estaban las habitaciones, aunque tenía mucha curiosidad. Vio al perro al fondo del pasillo y se acercó para ver si tenía su propia habitación o algo así, pero la llevó hacia una pequeña terraza en donde se veía que acababa de tomar agua.
Bella retomó el camino de regreso pero al escuchar ruidos en una de las habitaciones, no pudo evitar voltear rápidamente y vio a Edward.
¡Me quieres matar Dios! Este hombre podría ser modelo de los modelos de la agencia. Mira nada más…
Edward acababa de salir de la ducha, tenía una toalla amarrada a la cintura, el cabello mojado y el pecho cubierto con una ligera capa de agua. Cuando estaba a punto de quitarse la toalla, Bella volteó al pasillo y caminó apresurada a la sala. No quería ver. No porque no hubiera visto a un hombre desnudo antes, sino porque… ¡era Edward! Si con ropa la atraía tanto, con una toalla había estado a punto de entrar y lanzarlo a la cama, no se imaginaba qué hubiera hecho si lo veía desnudo.
Pasaron unos minutos más y Bella logró calmar su respiración mientras terminaba su jugo y disfrutaba la vista de NY.
—Ya estoy aquí —dijo Edward al salir mientras el perro se acercaba de nuevo—. Parece que también le gustas.
—¿También? —preguntó Bella extrañada.
—Ven Amigo, ven aquí… —el perro se puso a un lado de Edward mirando a Bella—. Amigo, te presento a Bella, Bella este es Amigo.
—¿Nombraste a tu perro Amigo? ¿Estás loco? —preguntó Bella riendo—. ¡Hola Amigo! —y se agachó para acariciarlo—. ¿Sabías que tu dueño está loco y te ha puesto de nombre Amigo?
Bella escuchó la risa de Edward detrás de ella.
—Tiene su razón de ser Bella. Se lo puse porque así todos lo querrían desde el principio, aún sin conocerlo.
—¡Qué tontería!
—Claro que no. Piénsalo. El solo hecho de decirlo por lo menos te genera cierta empatía… Es más, he pensado que a mi hijo le voy a poner Mi Amor.
—¿Quééé?... Primero habrá qué ver que dice la madre de tu hijo… —dijo Bella riéndose.
Ahora mismo lo sabré…Aunque no sea del todo verdad que le pondremos así a nuestro hijo.
—Tiene que escuchar mi argumento.
—Edward, no porque todos le llamen Mi Amor significará que lo quieren. Solo será su nombre y le arruinarás la vida, sobre todo la adolescencia.
—Dilo.
—¿Qué?
—Te voy a demostrar mi punto. Me voy a presentar contigo, pero actúa como si fuera verdad, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —aceptó Bella una vez que se recuperó de la risa y tomó aire.
—¡Hola! ¿Cómo te llamas?
—Isabella, ¿y tú?
—Soy yo, Mi Amor.
Bella trató de contener la risa, pero no lo pudo evitar y soltó una gran carcajada mientras Edward levantaba la ceja en señal de que debía continuar con la fingida conversación.
—Ok, ok… —reaccionó Isabella—. Mucho gusto Mi Amor.
Al decir esto Bella se quedó seria. De alguna manera sí había algo en esas palabras que la dejaron pensando, sobre todo porque se las había dicho a Edward que le sonreía dulcemente.
—Mucho gusto.
—Bien, bien. Entiendo tu punto. —Alcanzó a decir Bella antes de perder el control.
—Ya ves… Lo mismo pasa con Amigo… ¿verdad Amigo? —decía Edward mientras acariciaba al perro y no dejaba de mirar a Isabella con una sonrisa.
Algún día me lo dirás aunque no esté ni cerca de ser mi nombre Bella.
Gracias!
