Con un poco de desesperación, comencé a enviarles mensajes de texto a algunos caídos antiguos en los que confiaba. Me sentía presionado por el hecho de que, en su momento, sentí que alguien acechaba a Nora… que tenía ese deseo de matarla. Pero él o ella me bloqueaban siempre que intentaba indagar en su mente. Un humano no podía hacer eso… En esta jugada entraban los tipos con alas, y los que estaban a falta de ellas también.
Tenía que descubrir de quién demonios se trataba, y tenía que acabar con él rápido. Pero lo primero era lo primero; necesitaba una nueva línea telefónica. Algo que pudiera usar para hacer seguimientos, indagaciones, sin que los arcángeles interceptaran mis llamas. Así que subí al Jeep y fui a la tienda a comprar uno.
Lo compré exactamente igual al que ya tenía; mismo modelo, mismo color. Así, si Nazarach o algún otro lo veía, podría confundirlos. Lo primero que hice fue registrar el número de Nora. Lo segundo, fue llamar a Wren, un viejo compañero.
— ¿Quién es? —Contestó.
—Soy Jev.
— ¿Jev? —Realmente sonaba como si no me recordara—Oh, vaya… ¿Patch? ¿El luchador callejero?
—Ya no seguí con las peleas.
—Pero eres tú… Vaya. ¿Qué se te ofrece? Hace años que no sé absolutamente nada de ti.
—Lo sé, es una suerte que no cambies de número.
—No puedo hacerlo, es malo para los negocios. Pierdo a mis clientes. ¿Qué necesitas?
De acuerdo, aquí vamos…
—Bien, esto sonará un poco descabellado pero… Necesito que me consigas a alguien que esté dispuesto a seguir a una chica humana. A dónde va y con quien, qué es lo que hace, quién entra a su casa cuando está sola, posibles seguidores y acosadores… Tiene que decirme todo.
Se quedó en silencio unos segundos y pude escucharlo remover algunos papeles.
—Creo que tengo a alguien. ¿De cuánto estamos hablando?
—Tú sólo ponle precio, lo pagaré.
—Vaya, vaya. Por eso me gusta hacer negocios contigo. No pones quejas—Dijo, soltando unas risotadas—De acuerdo. Puedes darme quinientos mil dólares. La mitad por adelantado, la otra cuando ya no necesites el servicio. ¿Qué te parece?
—Está bien. ¿Puede empezar esta noche?
—Déjate ver en el Z hacia eso de media noche. Estaré allí cerrando un negocio. Llevaré al hombre que hará el trabajo.
—De acuerdo. —Dije, y colgué.
Recibí un mensaje de texto y lo leí.
*NECESITO UN AVENTÓN. ¿PASAS POR MÍ? –MARCIE.
*¿DÓNDE ESTÁS?
*BOLSA DEL DIABLO.
Dejé escapar un suspiro de frustración y aceleré hasta el otro lado de la ciudad, sólo para ver qué demonios estaba haciendo esta chica en un lugar tan lejos. Confiaba en que Nazarach mantuviera su palabra de darme la noche libre de vigilancia, pero tenía que tomar en cuenta su aviso de que alguien más podría echar un rápido vistazo.
Cuando llegué al lugar, la entrada estaba abarrotada de personas. Me estacioné un poco más adelante para no llamar la atención. Le escribí a Marcie.
*ESTOY AQUÍ, JUSTO MEDIA CUADRA MÁS ADELANTE.
*YA TE VI.
Un par de segundos después, la puerta del copiloto del Jeep fue abierta de un tirón, y el aire cargado de humo y alcohol invadió el cerrado espacio. Ella se sentó sin tener cuidado de cerrar muy bien sus piernas, causando que el diminuto vestido negro mostrara unas tangas color rojo sangre. Desvié mis ojos al frente, moviendo la palanca para cambiar la velocidad y haciendo una larga lista de por qué jamás podría fijarme en alguien como ella. Iba por la número treinta cuando habló.
—Espera—dijo, mirando por el retrovisor.
— ¿Qué pasa, Marcie?
—Me pareció ver…—Una sonrisa petulante apareciendo en su rostro— ¿Sabes qué? Se me ha antojado una bebida. ¿Por qué no entramos y me compras una?
Rodé mis ojos.
—Estoy bastante seguro de que tienes bebidas de sobra en tu casa.
Ella hizo pucheros en mi dirección, batiendo las pestañas como si pensara que tendría algún efecto en mí. No pude evitarlo, dejé escapar una ligera carcajada.
—Te ves realmente ridícula tratando de parecer inofensiva, lo sabías ¿no? —le dije. Pero apagué el Jeep y saqué las llaves, preparándome para bajarme y comprarle su bebida.
Ella bufó.
—Tengo que encontrarte algún punto débil, amigo. —Dijo, luego señaló mi gorra que descansaba en la guantera— ¿Me la prestas? Mi cabello no ha tenido un buen día.
Me quedé en silencio unos segundos, pero luego me encogí de hombros. No es como si realmente significara algo.
—Adelante—le dije. Mis ojos se desviaron a un Neón blanco aparcado cerca de nosotros, y lo reconocí inmediatamente. Joder. —Escucha, entraremos, te compraré la jodida bebida y luego nos iremos, ¿De acuerdo?
Ella se encogió de hombros.
—De acuerdo.
Lo primero que vi cuando entramos al lugar, fue a Scott Parnell a unos metros de distancia. Tenía una guitarra en sus manos y platicaba con un grupo de amigos. No parecían Nephilims, pero debía asegurarme. Cuando le dije a Marcie que iría a hacer algunas cosas y que la vería en el Jeep, vi a Nora. Estaba en la barra junto a Vee, con dos o tres chicos más allá que se la comían con los ojos. Apreté mis puños, tratando de contenerme de ir y romperles la cara a todos ellos. Me enfoqué en la sutil trampa que esta niña me había montado.
—Todo este drama de la bebida es porque sabías que Nora estaría aquí, ¿no?
Ella se encogió de hombros, sintiéndose libre de culpa.
—No tenía ni idea.
Sacudí la cabeza y comencé a alejarme, tratando de identificar a los acompañantes de Scott. Estaba casi seguro de que él tenía algo que ver con la Mano Negra, y su intento de regresar al poder. Sin embargo, no pude llegar a ellos porque un grupo de personas señalaban detrás de mí con una sonrisa y murmurando "pelea", y tuve el leve presentimiento de que mi chica estaba involucrada.
Me giré justo a tiempo para ver a Vee vaciando su bebida en el vestido de Marcie, y luego se desató el infierno. Corrí hacia ellas en el momento en que Marcie comenzó a golpear a Nora y la tiró al suelo, con la ira creciendo sobre mí. Pero luego se desvaneció un poco cuando mi chica le dio un puñetazo en el rostro. Me sentí orgulloso y hubiese sonreído si verla aquí no me hubiese puesto de mal humor. Este tampoco era un buen lugar para Nora. Hizo ademán de abalanzarse sobre Marcie pero la sujeté por debajo de los brazos antes de que pudiera hacerlo.
—Sal de aquí ahora mismo—Le dije al oído, arrastrándola hasta la puerta.
— ¡Voy a matarla! —gritó, presa de la furia.
La gente a nuestro alrededor gritaba "Pelea", pero los aparté y la saqué a rastras, llevándola con Vee. Luego me giré, tomé a Marcie por un brazo y salimos de allí. Sin embargo, cuando estuvimos cerca del Jeep la arrinconé contra la puerta y la fulminé con la mirada.
—Sólo voy a decirte esto una vez, así que presta atención—Le espeté, sintiendo la ira creciendo sobre mí—Vuelves a ponerle un dedo encima a Nora, y te juro, Marcie Millar, que olvidaré que eres mujer y voy a cobrármela.
Dicho eso, abrí la puerta de un tirón y arrojé a Marcie dentro con brusquedad.
