Hola a todos los que siguen esta historia. Muchas gracias por sus reviews :) Espero hacer la siguiente actualización pronto (ya tengo varias ideas al respecto) y que este capitulo les emocioné tanto como a mi me emocionó escribirlo.
Saludos. Sus comentarios siempre son bien recibidos.
Disclaimer: Gravity falls y sus personajes pertenecen a su creador: Alex Hirsch.
Mabel recordaba aquel día como uno bastante tranquilo. No combatieron contra ninguna fuerza sobrenatural ni descubrieron alguna conspiración. Sólo caminaron y charlaron, como unos chicos normales y corrientes. Todo podría haber sido perfecto, sin embargo, Mabel no podía evitar sentirse incomoda ante las atenciones de aquel chico.
Nadie en todo el pueblo parecía recordar que ambos fuesen hermanos ni notar las semejanzas en sus rostros, el hechizo les cegaba. Una extraña sensación recorría el cuerpo de Mabel y nublaba su mente, era una sensación muy similar a cuando había hecho trampa en un importante examen de matemáticas, y sabía que en cualquier momento la descubrirían.
La tarde se había vuelto un poco calurosa, causando que ambos decidieran comprar unos helados y sentarse en una olvidada banca. Mabel había visto a Dipper distraerse unos segundos y le había embarrado el rostro con un poco de su helado de vainilla. La chica rió y finalmente limpió, con delicadeza, la mejilla de Dipper. Él la observó con vergüenza y amor, lo que no hizo más que espantar a Mabel. No quería ser vista de esa manera por su hermano, no deseaba su amor. Pero, ¿él seguía siendo su hermano? ¿Acaso tenía él otra nueva hermana? ¿Una nueva familia? No creía que el hechizo fuese tan potente como para darle una nueva vida, pero al recordar el vacío de su cama en la habitación tuvo la sensación de que tal vez se hallaba en una dimensión diferente. Había escuchado las obsesivas observaciones de su hermano acerca de las dimensiones diferentes, los múltiples universos que existían, todos esos viajes de espacio-tiempo de las películas de ciencia ficción.
Todo parecía tan complicado y lo único que el dije parecía indicar era que aquella persona frente a ella era su alma gemela. Sin embargo, si lo analizaba un poco más, un alma gemela no significaba amor verdadero ni eterno, ¿o sí? La cabeza le dolió, nunca había tenido que analizar tanto el romance, ahora ni siquiera se hallaba segura de lo que aquella palabra significaba. «¿Y qué son las palabras? ¿Los significados? ¿Significantes? Todo es tan arbitrario. ¡Oh, no! Me estoy convirtiendo en Dipper».
Ella decidió que lo mejor sería seguir caminando un poco más, se lo hizo saber a Dipper, que se incorporó en seguida con una torpe sonrisa. Era desagradable, pensó Mabel, adoraba esa desagradable sonrisa.
Mientras caminaban en un silencio incomodo por las calles, se encontraron con Wendy. La chica los saludó con una enorme sonrisa, guiñó un ojo a Mabel, le dio un pequeño golpe en su hombro y susurró «suerte».
—¿Qué fue eso? — Preguntó Dipper confundido.
—No lo sé— contestó Mabel con las mejillas sonrojadas.
Por supuesto que lo sabía, Wendy le acababa de desear suerte en lo que para ella, y quizás para todos los demás, parecía ser una cita. Dipper y ella realmente estaban en una cita.
—¿No crees que ella es linda? Es decir, ¿has visto su cabello? Y es tan independiente. Te deben gustar esa clase de chicas y siempre es muy relajada —dijo Mabel con una enorme sonrisa. Todo estaría bien, sólo debía hacerle recordar su amor obsesivo.
—Creo que Wendy es genial, pero tú también eres bastante genial… mucho más genial —respondió el chico, mirando hacia el suelo.
—No soy tan genial. Soy muy dependiente de los demás y siempre habló de cosas sin sentido; pienso que todos deberían vestir con ropas llenas de brillo y dibujos de gatitos, y que todas las banderas del mundo deberían ser rosas y purpuras. Vivo al extremo, desayunó dulces y bebidas energéticas. Podría obligarte a robar un banco, es más, ¡robemos un banco! —. Mabel se quedó sin aire, había hablado lo más rápido posible, mientras hacía una cara de locura total.
—Yo… robaría un banco contigo. Si quisieras saltar de un avión con un paracaídas en llamas, sin duda alguna lo haría —dijo Dipper con una sonrisa que hizo que el corazón de Mabel se acelerará. Era desagradable, tan desagradable que lo adoraba.
—Lo dices porque te gusto. Y te gusto porque soy una chica —dijo Mabel dándose por vencida.
—¡¿Qué… Qué quieres decir?! —. Dipper la observó con horror.
—Oh, ¿se suponía que era un secreto?
—Yo… Bueno, sí, eso creo. Pero… ¿Cómo puedes saberlo?
—Soy una experta en el amor. Además, te conozco bastante bien.
—Esto es un desastre —. El muchacho escondió su rostro entre sus manos, aunque finalmente levantó la mirada para intentar huir del lugar.
—No lo es. Yo… sólo quiero saber porqué te gusto. ¿Es por qué soy una chica? Es decir, podría gustarte cualquier otra…
—No. Realmente no lo creo. Me gusta estar contigo, me hace feliz y… tu sonrisa, me encanta verte sonreír, haces que yo también sonría. Y no creo que pudiese sentir esto por otra persona.
—¿Y si conocieras a alguien más?
—Aunque, alguna vez, otra persona me gustase no sería igual. No creo que sea posible enamorarse de la misma manera. Es algo único.
—¿Enamorarse? ¿Realmente estas enamorado de mi? —preguntó Mabel con sorpresa.
—Sé que nos hemos conocido sólo este verano, pero puedo sentir que te conozco desde hace mucho. Y sé que puedo confiar en ti.
—¿Y si fueras mi hermano? —. Mabel le observó con atención, todo se había salido de control.
—¿Por qué preguntas algo así?
—Sólo quiero saberlo.
—Sería distinto, ya sabes, raro. Si fuésemos hermanos, sería imposible que yo sintiera algo así.
—Lo supuse.
—Te querría, pero no de esta manera. No entiendo tu pregunta.
—Estoy demente, ya te lo advertí —dijo Mabel. No sabía si sentirse aliviada o triste. Él no era su hermano, todo era una confusión de un tonto dije mágico. No significaba nada, pero su pecho había dolido. Una pequeña punzada. No debía ser nada. Nada.
—Y eso me encanta —contestó el chico con todo el valor que pudo juntar en sí mismo.
Dipper le cogió la mano, la chica se hallaba agotada. Tal vez todo era un retorcido sueño. Un sueño que jamás le contaría a Dipper. ¿Qué podría significar soñar con ser amado y rechazado a la vez por un hermano?
—¿Estás bien? No tienes que decir nada. No hace falta —dijo el chico con una triste sonrisa—. Yo comprenderé.
Caminaron un poco más, el sol comenzaba a ocultarse y pronto debían de despedirse. En ningún momento se soltaron las manos, aunque Mabel reparó en ello hasta luego de un largo rato.
—Tu mano es muy cálida —dijo apretando su mano contra la de él. Se sentía triste y no comprendía la razón, no quería comprenderla.
—Supongo que debes irte ya. Gracias por pasar el rato conmigo… también lo siento por ya sabes qué.
—No lo sientas —Mabel se sorprendió a sí misma al pronunciar aquellas palabras—. Me hace feliz saberlo. No tengas miedo.
—No lo tendré —dijo Dipper acercándose a ella.
Fue un ligero beso. Ni siquiera había sido en sus labios, él había besado su mentón, un error de cálculo, algo probable de esperar de Dipper. Pero el corazón de Mabel se había acelerado, sus manos habían temblado y sus ojos se habían cerrado de inmediato. De alguna manera, aquel beso la había tocado mucho más que cualquier otro. Había besado su alma, podría ser el pensamiento más terriblemente cursi, pero así era como lo había sentido. El mejor no-beso de todos los tiempos.
(NA: la narración regresa al presente).
—Ese fue el momento en que Pacifica nos vio. Su cara era de terror completo. Gritó algo horrible que no pudiste comprender, pero yo sí. Decía que éramos unos monstruos. Se lo dijo de inmediato a todo el mundo, pero todos la observaban como si estuviese demente. Era el hechizo, nos protegía. Pero el hechizo no hizo que ella lo olvidará.
—No entiendo cómo pudo saber que éramos hermanos.
—Recién regresaba de un viaje, supongo que por eso no se vio afectada por el dije.
—¿Qué pasó luego? —preguntó Dipper con cierto cansancio en su voz.
—Me marché lo más pronto posible y al día siguiente tu cama estaba otra vez junto a la mía.
—¿Disfrutaste ser hija única por un día?
—Demasiada presión —contestó Mabel con una sonrisa.
—Así que esa es la historia.
—Sí, señor dippingsauce.
—Debió ser difícil cargar con todo eso.
—Supongo.
—Sobre lo de ser hermanos…
—Dipper, no hay opciones. Seguimos insistiendo, pero sabemos que no es correcto.
—¿Qué quieres, Mabel? ¿Quieres ser feliz o hacer lo que suponemos es correcto?
—¿Crees que podríamos ser felices? Sería difícil, muy difícil. Una simple relación amorosa ya es lo suficientemente difícil, pero esto —. Mabel extendió los brazos intentando abarcar todo el espacio entre ellos.
—Quiero intentarlo, estoy seguro sobre…
—No quiero que me lastimes, Dipper.
—No te voy a lastimar.
—¿Estás seguro? Porque yo no puedo prometer nada. Te haré daño o tú me lo harás.
—Estoy dispuesto a arriesgarme.
—Estás loco —rió Mabel con cierta histeria—. Podría soportarlo si fuese alguien más, pero si eres tú… no podría seguir…
—No pienses en el futuro, ¿qué hay del presente? ¿Seguiremos sufriendo porque ambos deseamos estar juntos? ¿Seguiremos teniendo peleas sobre decisiones que nunca tomaremos por miedo al futuro?
—Da igual, ¿cierto? —Mabel se acercó a su hermano, que se encontraba sentado a su lado en la cama—. No importa lo que decida, terminará doliendo.
Ella lo besó. Fue un beso real. Saboreó sus labios lentamente, abrió un segundo sus ojos y miró el rostro sonrojado de Dipper. Le encantaba sentir su aliento y que no existiese distancia que los separará. Eran una sola persona. Mabel insistió con besos más voraces, pudo sentir la lengua de Dipper en su paladar. Todo era un terrible desastre, estaba perdida y no quería ser encontrada. Acarició el cabello de su gemelo y empujó su cuerpo contra el de él. Podía sentirse como un desierto que se debatía entre el incandescente sol y las frías noches de luna. No podía dejar de besarle, incluso saboreó sangre entre sus labios, pero el deseo la confundía y no podía distinguir quien sangraba.
No quería pensar en si todo sólo era una ilusión o un grave error. No importaba si rompían las reglas. Estaban juntos, como siempre había sido, quería sentirse feliz. Inmensamente feliz por finalmente besar y acariciar al chico más increíble que había conocido en su vida. Las preocupaciones y miedos desaparecerían.
Lo abrazó con más fuerza. No quería dejarlo ir. No todavía.
