CAPITULO X

Cenizas

Aún en la oscuridad podía vislumbrarlos, vívido e intenso.

Revivió sus pesares y pérdidas con una sola mirada; regresándolo al inicio y devolviéndolo al final en una dolorosa estocada, rememorando su propia miseria una y otra vez, fueron solo unos segundos, pero la sensación e imagen se había impregnado en lo más profundo de su mente.

Se estremeció al evocar esa difusa noche. La vela iluminando tenuemente el establo proyectando una sombra danzarina en la pared, el aroma al almizcle más dulce que haya percibido antes, los relinchidos y bufidos de los caballos en la lejanía, una tierna voz que murmuraba al aire y ese par de orbes que ahora invocaba en la oscuridad.

Contuvo la respiración por temor a perturbar el momento.

Esos grandes y expresivos ojos verdes lo observaban, centelleando como una esmeralda puesta a contraluz. Un ápice de aquel sentimiento cálido resurgió en su pecho inundando paulatinamente su interior.

Era ella. Era la mujer que lo rescató.

Hanako.

Sintió una punzada lacerante en su interior cuando una hebra rosada resbaló despreocupadamente por su frente, resquebrajando no solo su ensimismamiento sino su infortunada esperanza convirtiéndolo en una simple ilusión.

Su ceño se marcó profundamente al sentirse traicionado por su propia mente… pero por un instante, por más escaso que fuese, pudo sentirlo en su pecho, era la misma sensación inconfundible de esa primera noche entre la penumbra, la calidez, el sosiego, la serenidad, el confortable sentimiento de la dicha, y eso solo provocaba que se enfureciera más. ¿Cómo pudo revivir esos atesorados momentos al verla? No tenía el más mínimo sentido ¿Cómo pudo haber confundido a Hanako con esa… esa mujercita? La simple idea lo llenaba de amargura.

Tenía que haber sido algún tipo de semejanza, tratando de encontrar en esa mujer lo que había perdido, lo que anhelada en la profundidad de su ser. Pero el sentimiento le había parecido genuino, mucho más auténtico que algunas de las tantas veces en las que miró los ojos de Hanako.

¡Por Dios! ¿Qué estaba pensando? ¡Por supuesto que era Hanako! ¡Hanako lo salvó de la muerte! No podía haber duda en su corazón, le debía su vida a Hanako, su Hanako. La mujer frente a él era una simple reproducción ridícula, desgarbada y maltrecha de la persona que amó, esa mujer estaba marchita.

Con sus dedos talló su sien en busca de consuelo que no consiguió.

Soltó un suspiro extenuado y dirigió su mirada hacia afuera del carruaje, observando sin mucho interés los árboles desfilar interminablemente, uno detrás de otro, su cuerpo entumecido moviéndose con cada imperfección del camino. Estaba exhausto, más de lo que debería sentirse, solo había ido a visitar a Kisame, tal vez en busca de algún consejo, despejar un poco su atrofiada mente y como supuso, fue en vano.

Tal vez la estás buscando inconscientemente, aferrándote a sus vestigios─ Había dicho Kisame y podía ser que tuviese razón.

Itachi resopló abatido y cerró los ojos con la esperanza de dormitar lo que restaba del trayecto sin vislumbrar esos ojos verdes.

.

Recientemente había terminado de asear el salón de visitas e iba a continuar con la siguiente habitación cuando tres sonoros golpes a la compuerta principal la alertaron enseguida. Esperó agudizando su sentido del oído, tratando de percibir movimiento en el recibidor y otro golpe resonó.

─¿Es que nadie va a atender? ─gruñó, aun sabiendo que nadie la iba a escuchar en el solitario salón.

Rendida decidió atender ella misma, después le recriminaría a Tsunade acerca del desaprobatorio comportamiento de Deidara, desapareciendo a quien sabe qué lugar y quien sabe cuánto tiempo, mientras que ella -ajena a las tareas de un criado- tenía que no solo encargarse de sus obligaciones, sino ahora, también la de los demás.

─Deidara ─gruñó arrastrando cada sílaba del nombre.

Karin suspiró en cuanto se postró frente a la compuerta, sosegando su furia interna solo para recibir a quien fuese que tocaba la puerta. Carraspeó limpiando su garganta y alisó su mandil.

─¿Sí? ─dijo al abrir el portón de madera.

Detrás se encontraba un joven con traje sastre, no demasiado elegante pero tampoco desgarbado, podría decir con una sola mirada que era de clase alta-media. Quizás tenía alguno que otro negocio en el pueblo más cercano y tal vez, con afanes de expandirse, venía a la propiedad a buscar por el Señor Uchiha para hablar de negocios. No sería la primera vez que ocurriera, recordó.

─¿En qué puedo ayudarle?

─Vengo en busca de una persona ─dijo agitado, quitándose el sombrero, mostrando los cabellos rojizos despreocupadamente peinados─, espero pueda ayudarme, me han dicho que vive en la mansión Uchiha

Karin escudriñó rápidamente el rostro del joven. Se notaba cansado, pálido, demacrado, con manchas oscuras bajo los ojos color aguamarina que la miraban implorando con angustia, esperanza y reticencia, sus labios sellados en una fina línea, dubitativo a continuar, afligido por sus pensamientos y palabras no dichas.

Así que con curiosidad como su mayor motivación, se aventuró a preguntar:

─¿Quién es la persona que busca, Señor?

─Su nombre es Sakura Haruno ¿Ella se encuentra en este lugar?

Karin frunció el entrecejo al escuchar el nombre ser pronunciado.

Sakura, Sakura, Sakura ¿Por qué todos los males tenían que venir con ese nombre?

Karin entrecerró los ojos ¿Vendría por ella? ¿Se la llevaría lejos? pero ¿Quién era ese joven? Según la Señora Tsunade, Sakura había perdido a toda su familia en aquel incendio ¿Quién sería esta persona entonces?

Karin parpadeó repetidamente, debatiendo internamente cuales serían los desenlaces de ayudar al pobre joven a reunirse con su damita, tal vez tendría que indagar un poco más si quería llegar a una conclusión favorable… para ella.

─Así es, Sakura vive aquí

─¿Podría hablar con ella? ─los ojos del joven se abrieron desmesuradamente, todo su semblante permutó en ese instante, su cuerpo recobró vida con la simple afirmación.

Karin arqueó una ceja y relamió sus labios al notar su interesante reacción.

─Pase por favor ─dijo mostrándole el camino hacia la sala de estar a solo unos pasos del recibidor─. ¿Ha sido un largo viaje?

─No ─pausó recobrando el aliento─. Un par de horas a caballo

─Oh ya veo, entonces debe venir del Pueblo de la Hoja

Él asentó la cabeza, se notaba nervioso, lo pudo comprobar al ver sus dedos juguetear con el sombrero entre sus manos.

─Disculpe la pregunta pero ¿Cuál es su relación con su Sakura?

El hombre se tensó ¿Cuál sería la razón? ¿La estaría buscando por alguna deuda? No, no podía ser eso, percibía en su mirada que la conocía y además los Haruno eran una familia acaudalada, ¿Tal vez algún prometido? No, tampoco, ese hombre se notaba adinerado, pero no tanto como para pretender a una Señorita de una familia de la alcurnia de los Haruno, y dadas las circunstancias actuales, ningún prometido tendría beneficio por contraer nupcias con alguien sin dote, reputación ni apellido, a ella no le quedaba absolutamente nada, ni siquiera la ropa que vestía.

─Ella… ─el hombre tragó saliva y pausó un momento como si tratase de buscar las palabras adecuadas antes de pronunciarlas─. Ella es… una querida amiga

─Por supuesto ─sonrió sin creer en sus palabras, era algo en la forma que las pronunciaba que parecía haber algo más íntimo que una simple amistad─, ¿Le puedo ofrecer alguna bebida mientras espera?

─No, se lo agradezco ─sonó impaciente como si en sus palabras hubiese cierto urgencia y eso no le agradó.

─¿A quién debo mencionar?

─Gaara ─dijo y volvió a tragar saliva─, Sabaku no Gaara

─Iré por ella, espere un momento, con su permiso

Karin esbozó una sonrisa antes de salir de la sala de estar, cerrando las compuertas detrás de ella, poco él sabía que detrás de ese simple gesto se encontraba una mofante risa.

─¿Karin? ¿Llamó alguien a la puerta?

─¿Eh? ─Karin saltó por sorpresa─. Ah… eres tu Tayuya

─¿Esperabas a alguien más?

─No ─pausó un momento, mirando de soslayo sobre su hombro─. ¿Podrías hacerme un favor e ir por Sakura?

─¿Sakura? ¿Qué quieres con ella?

─Tengo que pedirle un favor ─una sonrisa de medio lado se formó en su rostro.

─¿Desde cuándo pides favores a la "Señorita Haruno"? ─las últimas dos palabras las pronunció en un tono burlón, imitando con ademanes a la alta clase social.

Karin contuvo una risa que amenazaba con escapar de sus labios y respiró profundamente tratando de calmarse, tuvieron que pasar unos largos segundos antes que pudiera pronunciar alguna palabra.

─Pronto lo sabrás y dile que la esperaré en el despacho del Señor Uchiha

─Karin… sabes que ese lugar es privado, si el Señor te ve…

─Solo hazlo

Tayuya frunció la boca de medio lado pero asintió en afirmación de todas formas. Karin la observó regresar sobre sus pasos, subiendo los escalones hacia el segundo piso mientras ella se hacía camino hasta el despacho del Señor Uchiha al final del pasillo.

Un par de minutos pasaron antes que Sakura entrara. Karin tuvo que clavar sus dientes en su labio inferior para no reír ante la visión patética de la "Señorita". La cofia definitivamente le agradaba, mientras menos tuviese que ver de ella, mejor.

─Ah, Sakura, haz venido

─Tayuya dijo que era urgente

─Lo es

Cuando la risa interna se extinguió, Karin se dio un instante para escudriñarla mientras Sakura se encontraba en el umbral del despacho, parada ahí con esa pose de supremacía, erguida y correcta, la tez nívea, sin ninguna imperfección, asemejando la porcelana más fina que haya visto en su vida; el inocente rostro tan parecido a alguna de esas muñecas en las vidrieras que siempre deseo cuando era solo una niña; aun en la lejanía, se notaba la piel tersa en sus perfectas, delicadas y delgadas manos, mientras que las de ella estaban gastadas del trabajo duro, imperfectas y sucias.

Karin siempre había tenido que trabajar duro para conseguir lo poco que tenía.

¿Por qué tenía que ser Sakura? Aún ahora, cuando vestía ropajes harapientos, sin ninguna posesión ni valor en el mundo ¿Ese hombre venía a buscarla? ¿Venía a rescatarla de una vida de criada? ¿Por qué no podía ser ella?

Si algo había quedado perfectamente claro en el encuentro con el Señor Sabaku no Gaara era que el sentimiento que compartían era mutuo. Sakura amaba o tal vez amó a ese hombre, pero ella también amó, sin pretender que algún día fuese correspondida; se había conformado con su trato amable, alguna esporádica media sonrisa que era dirigida solo para ella y su voz mientras pronunciaba su nombre cordialmente; aún dolía en su corazón, no el haber sido rechazada sino el que se hubiese ido para siempre, el no poder verlo nunca más, sentía cada día su ausencia, el silencio donde antes hacía eco sus palabras, hasta extrañaba escuchar la devoción en su voz que solo oía cada vez que recitaba ese nombre.

Sakura.

¿Por qué tendría que pasar el mensaje a esa mujer que hacía revolver sus entrañas? No tenía ninguna intención de ayudarla cuando su vida había sido tan sencilla y seguiría siendo si se entera que ese hombre había venido a buscarla, Sakura Haruno nunca viviría el "felices para siempre" y de eso se iba a hacer cargo en ese instante.

─¿Qué hacemos en el despacho del Señor Uchiha?

─Tengo que pedirte un favor

─¿A mí?

─¡Por supuesto! ─pausó─. Es sobre TenTen, un muchacho del pueblo ha tomado un interés peculiar y profundo por ella, la sigue mientras hace las compras en el pueblo, ¡hasta el sinvergüenza ha mostrado su rostro en la mansión! ¿Lo puedes creer? La pobre TenTen está tan asustada de salir y confrontarlo, está desesperada

─¿Y cuál es mi papel en el asunto? ─alzó ambas cejas intrigada─. ¿Es peligroso? Si es así yo hablaré con el joven, seguro entrará en razón

─¡No! ─se apresuró a decir negando con la cabeza─. Ya lo hemos intentado, además, la razón por la que le pedía a Tayuya que te buscara es porque… ─suspiró con pesar─. Nosotras no hemos tenido la educación que tu seguramente recibiste, y estaba pensando si podrías ayudarla escribiendo una carta, pidiéndole que no vuelva a buscarla ¿Harías eso por TenTen?

─¿Y estás segura que eso lo detendrá?

─Sí

─De acuerdo ─no hubo duda en su afirmación, al parecer el buen corazón de Sakura sería la que terminara con ella.

─¡Perfecto! ─dio media vuelta, buscando entre los cajones del escritorio alguna hoja de papel─. Y respondiendo a tu pregunta: para conseguir pluma y papel solo había dos opciones, la habitación de Tsunade o el despacho… y siendo sincera, la primera me da más pavor

Sakura rio. Algo de veracidad había en las palabras de Karin, la Señora Tsunade era una mujer amable, cariñosa, compasiva y comprensiva, pero al mismo tiempo, su temperamento era terrorífico, le daba pavor de solo imaginarlo.

Sakura observó a su alrededor. Era la primera vez que entraba a esa habitación, era tan diferente del resto de la mansión que parecía no pertenecer a esta, el cortinaje rojo enmarcando el gran ventanal con terminación en arco por el que se podía vislumbrar un fragmento del jardín exterior a espaldas del escritorio, una chimenea con unos asientos y del otro lado de la habitación una estantería tan extensa como la misma pared.

─Era la colección personal del Señor Uchiha ─escuchó la voz de Karin, como si estuviese rememorando algo.

─¿Era? ─preguntó curiosa.

─Sí, del verdadero Señor Uchiha, el padre del Señor Itachi ─dijo en un tono poco amigable, como si la información fuese de conocimiento abierto

─Oh…

Sakura sintió malestar en su interior ¿Por qué al escuchar el infortunio del Señor Uchiha le provocaba cierta inquietud? Ella había perdido a su padre también y nadie la compadecía ¿Por qué ella tenía que hacerlo con él? No lo sabía, pero lo hacía, y si era sincera, deseaba indagar un poco más en el pasado tormentoso del Señor Uchiha y tal vez descubrir el porqué de esa personalidad taciturna, quizás de esa forma podría comprenderlo mejor, decidida estaba a punto de formular su primera pregunta cuando la voz de Karin rompió con el silencio.

─¡Aquí! ─profirió triunfante, colocando el papel sobre el escritorio, incitando con un ademán a Sakura para sentarse en la silla de cuero─. Ahora, escribe lo siguiente…

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Karin exhaló sonoramente antes de tomar las manijas de las compuertas de la sala de estar y entró con un solo movimiento.

El joven Gaara se incorporó de un salto casi despavorido al notarla; instantáneamente la buscó con la mirada, tratando de vislumbrar alguna presencia detrás de ella o en el pasillo cerca del salón, sin embargo, al pasar los segundos, su semblante permutó tan rápido como llegó, de uno esperanzado y nervioso a uno agobiado, afligido y desconcertado.

─Lo siento

El Señor Gaara parpadeó y frunció el ceño dubitativo, como esperando a que continuara con alguna otra frase que solo una disculpa que podía tener mil intenciones implícitas.

─Ella no quiso venir

─P-pero… ¿le dijo que era la buscaba Gaara? ─Su voz desesperante caló en su tímpano.

─Sí, pero… ─negó con su cabeza con aparente pesadumbre─. Sakura ha dicho que se marche

El cuerpo del hombre se desvaneció en el sofá, como si las fuerzas de pronto se hubiesen esfumado de su cuerpo.

─¿Está segura?

─Lo siento Señor…

El color de su piel se tornó tan pálido que creyó iba a desfallecer en cualquier momento, la mirada aguamarina clavada sobre sus pies; colocó su dedo pulgar e índice entre el puente de su nariz pensativo y un momento después irguió su postura para encararla.

─Tengo que verla, ella tiene que decirlo frente a mi

El joven se incorporó, con las facciones decididas, podía notar en como inhalaba aire llenando sus pulmones, dispuesto a vociferar el nombre de la persona a quien buscaba.

─¡Señor espere! ─él se detuvo tambaleante con ambas manos en forma de puños a sus costados─. Ella sabía que diría eso

El hombre exhaló el aire contenido y con ello el poco brío que quedaba en su cuerpo. Hubo un extenso silencio en un ambiente incómodo y pesado antes que alguno de los dos lo rompiera.

─¿Eso dijo?

─Sí, incluso me pidió que le entregara esto

Karin mostró la carta en su mano en el campo de visión del Señor Gaara, él siguió con la mirada su ademán mientas acortaba distancia entre ambos con parsimonia.

Notó la confusión y desconfianza, sopesando sus pensamientos en su mirada fija sobe el papel; finalmente con un suspiro derrotado el Señor Gaara tomó la carta con pulso tremolante.

Gaara tragó saliva que se había atragantado dolorosamente en su garganta, podía sentir en su tacto la fibra del papel, raspando sus cutículas y cerró los ojos por un momento, tratando de asimilar lo que fuese que estuviese escrito en esa carta y tomando la fuerza necesaria para abrirla; pero ¿Podía confiar en las intenciones veraces de la joven? Hasta hace unas semanas eran felices, planeando escapar y empezar una nueva vida lejos de las responsabilidades de la familia Haruno y ahora ¿No deseaba verlo? ¿Algo además de lo aparente había cambiado en su ausencia? ¿La muerte de su familia le había afectado a tal grado que prefirió pedir el apoyo de un extraño al de él? ¿Algo le habría ocurrido que no podía verlo? O ¿Era cierto que no deseaba verlo? ¿Sus sentimientos habrían cambiado en ese corto tiempo?

Los cuestionamientos solamente incrementaban mientras más tiempo reflexionaba sobre ellos, no podría encontrar la respuesta de esa forma y tal vez la respuesta que tanto estaba buscando se encontrase entre las palabras escritas en ese papel.

Una vez más tragó saliva y exhaló el aire conteniendo en sus pulmones y abrió la carta.

Señor:

Deseo e imploro que se detenga. Lamento el momento que nuestras vidas se cruzaron, su presencia solo me ha traído desconsuelo desde el primer momento y tuve miedo a decírselo en persona, a que sus ojos me miraran de esa forma tan penosa que solo provocaba que me compadeciera de usted nuevamente, así que por favor, Señor, si sus sentimientos por mí son verdaderos, le pido que no me busque más, y le aseguro que de esa única forma, mi vida volverá a ser tan plácida como pueda serlo de ahora en adelante.

Gaara leyó una vez más cada letra, cada sílaba, cada frase en papel, inspeccionando cada trazo, reiniciando la lectura tantas veces como fuera necesario en un esfuerzo por tratar de encontrar alguna divergencia sin encontrarla. Era sin duda alguna la letra de Sakura, él la conocía tan perfectamente como la propia; habrá leído sus cartas centenares de veces, memorizándolas completamente, la forma curvilínea de su caligrafía, los trazos delicados y suaves que parecía como si la pluma apenas tocase el papel y el modo en que dejaba que la tinta se impregnara por más tiempo en sus puntos finales, volviéndolos más gruesos y terminantes.

Sintió escozor en su pecho oprimido, parecía como si su corazón poco a poco se fuese resquebrajando, siendo arrancado pedazo a pedazo en una tortura perpetua, siendo desperdigadas las piezas por sus pies. Se sintió humillado y ridiculizado.

En verdad lo había creído, lo había sentido verdadero, pero solo había sido un juguete para la hija menor de una gran familia, quien se había compadecido de sus más sinceros sentimientos.

De pronto se sintió asqueado de ella y de él mismo.

No supo cuánto tiempo estuvo postrado en ese lugar, con la carta en su mano temblorosa y la mirada perdida en el añejo color amarillento del papel cuando empezó a percibir el repiqueteo del pie sobre el suelo de mármol que rápidamente lo extrajo de sus profundos pensamientos.

Con una simple resolución, Gaara arrugó el papel efusivamente, aventándolo a la hoguera sin remordimientos, observando solemne como el fuego empezaba a comerse entre las llamas incandescentes lo que quedaba de él, consumiéndolo implacablemente junto con sus sentimientos por ella, convirtiéndolo en ceniza.

Dio media vuelta, dirigiendo sus pasos hacia las compuertas, pasando al lado de la joven del servicio.

─Dígale a Sakura Haruno que su mensaje ha sido recibido, no tiene que preocuparse más, no volverá a saber de mí ─borbotó, como si cada palabra le hubiese costado emular más que la anterior, como si en cualquier momento el nudo en su garganta se ciñera hasta apagar su respiración─, ahora si me disculpa, sé dónde se encuentra la salida, gracias

─Deje que lo escolte Señor

Él no pronunció palabra más, no hubo ademanes de despedida ni alguna mirada desconsolada, solo la espalda del Señor Gaara desvanecerse en el camino, sin haber mirado hacia atrás.

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Los pasos de Karin se habían acallado en algún momento mientras atravesaba el pasillo. Se suponía que debía regresar a terminar sus deberes de inmediato, pero no pudo contener su entusiasmo al encontrarse con esa estantería llena de libros, algunos tan viejos como desgastados y otros más contemporáneo.

Posó sus dedos sobre el primer libro que encontró a su altura y caminó en paralelo con parsimonia, disfrutando el trazar una trayectoria con sus yemas, sintiendo los relieves de las letras en algunos lomos, acumulando el polvo en su índice, alborotándolo un poco; al toparse con la pared, dio media vuelta e hizo el recorrido nuevamente hacia el lado contrario hasta el final.

Dio un paso hacia atrás, su mirada contemplaba los diversos colores de los lomos de los libros, se sentía tan vibrante y lleno de vida ese lugar que parecía no encontrarse en la mansión Uchiha, sus pasos seguían fluyendo en reversa, cortos pero seguros, quería apreciar con detenimiento cada parte de la extensa estantería.

¿Hacía cuanto no veía un conjunto de libros tan grande como este? La biblioteca de la mansión Uchiha no estaba dentro de sus deberes así que nunca, desde que vivía ahí, había podido entrar, ni siquiera sabía que existía esa pequeña biblioteca y en la mansión Haruno todas las estanterías eran pequeñas y esparcidas dentro de varias habitaciones, no había una que tuviese alguna colección aglomerada.

El convento había sido el último lugar.

Con ese gran vitral con ángeles pintados en la cúpula en lo más alto del techo, cuando era mediodía la imagen idéntica se pintaba en el piso con ayuda de los rayos del sol, como si estuviese pintado en el mármol también; las estanterías rebosantes de libros, mucho más antiguos que el más añejo de la mansión Uchiha, casi podía sentir en la punta de nariz, el olor del papel desgastado y la madera húmeda en una combinación perfecta, en armonía con el silencioso lugar… el recuerdo parecía tanto tiempo atrás.

Los pensamientos y remembranzas de Sakura se detuvieron al fijar su vista en un libro, en la última estantería justo debajo del techo, ladeó su cabeza hacia la derecha y luego la izquierda inspeccionándolo en la lejanía, no podía lograr interpretar que era lo que le atraía, a simple vista solo parecía ser un libro azul, tal vez era el sentimiento de incertidumbre y curiosidad que afloró en cuanto posó su mirada en el libro, era como si ululara su nombre.

Tomó la escalinata que se encontraba en un extremo de la habitación y la posó con dificultad en el lugar más cercano, subió, cada escalón rechinando y crujiendo a su paso, al llegar al último, estiró su mano, tratando de alcanzarlo, estaba cerca, casi podía rozarlo, solo debía alagar un poco sus dedos y… ¡Sí! Lo tenía.

Al sentir el piso bajo sus pies, escudriñó el objeto superficialmente, cubierta azul con letras foráneas negras que revestían el enmarcado; un extraño símbolo estaba pintado en la tapa: un círculo con tres comas perfectamente alineadas en un triángulo invisible; sopló el polvo de la portada, sintiendo el escozor de un estornudo en la punta de su nariz. En la guarda se leía una dedicatoria con letra fina y elegante:

Para mi querido hijo menor.

No tenía ningún nombre ni fechas, solo la simple dedicatoria escrita al principio. Su mente llena de incertidumbre empezó a sopesar entre pensamientos ¿El padre del Señor Uchiha sería el hijo menor? El libro después de todo se encontraba en su colección personal y era la conjetura con más sentido, pero al hojear las páginas se veía relativamente nuevo, las hojas aún rígida por el uso nulo, sería posible que… ¿Sería la dedicatoria para el Señor Uchiha? No, él era el heredero, por lo que eso significaba que era el hijo primogénito de la familia. Entonces ¿El Señor Uchiha tenía un hermano menor?

Tuvo en todo caso, recordó.

Sakura sintió de nuevo ese malestar en la boca de su estómago. El haberse percatado del hecho la enfermaba, incordiaba, revolvía su estómago sin saber la exacta razón y la realización colisionó con ella cruelmente: la historia del Señor Uchiha se hubiese repetido en la suya.

─¿Qué estás haciendo?

La voz ronca, profunda y ominosa resonó en su mente. El libro se deslizó entre sus dedos tremolantes, colisionando con el suelo en un sonoro golpe que inundó cada pequeño recoveco del despacho.

.

.

.

Continuará...


Hola a todos y todas!

Aquí ando de nuevo subiendo la continuación, este capítulo esta un poco más largo que los demás (de hecho iba a ser muuucho más largo pero decidí que era suficiente, a mi parecer algo tan extenso cansa la vista y la mente jajaja xD y también está que hubiera demorado alguna semanita más)

M.S.R.P..- ¡Hola! Debo decirte que fuiste el único comentario del capítulo anterior jajaja ¡Gracias! Sin ti no hubiese tenido ninguno que responder XD (un poco triste la verdad, pero fue mi culpa por demorar siempre tanto en actualizar) bueno bueno, ahora dejemos eso atrás y vamos a entrar a tu comentario (el más largo que he recibido hasta ahora jaja ntp eso me gusta)

Es igual de chido leerte y ya sabes que mis historias seguirán actualizándose, algunas veces un poco más rápido y otras no tanto, pero ahí la llevo, al menos agarrando el ritmo de nuevo jaja.

El pobre Itachi fue brainwashed por Hanako, él se irá dando cuenta solito de su error en algún momento de la historia jajaja dadas las circunstancias hasta ahora, aunque Sakura le dijera algo, Itachi nunca le creería así que no vale la pena que le diga algo al menos por ahora, y sobre Hanako sin comentarios jajaja no quiero arruinar nada xD

Créeme, a mi también me encantaría que se besuquearan de ya jajaja pero hay una transacción de te odio a morir a morir de amor que no podemos perdernos haha pero tu ntp esta historia dice [Itachi y Sakura] así que eso tendrán. Sasuki para ser sincera me da igual, un poco emo y destructivo para mi gusto pero bueno, en esta historia esta muerto, petateado, enterrado y demás hahahaha xD a mi tampoco como terminó la serie de Naruto -_- tanto esperar para eso fue como: :L a mi me hubiese encantando que terminara Naruto y Sakura juntos, eso parecía que iba a ser, fue la relación que más cambió en la historia, se hizo más profunda y empezaron a haber sentimientos pero no! como ni Sasuki ni Naturo tenían que morir les encajaron lo más evidente xD.

Sobre Kiba, a penas está comenzando así que es muy pronto para decir algo jajaja pero a mi me parece que el más parecido a Naruto es Kiba.

Alguien tenía que ser la villana y ¿Quien más que Karin? jajaja, bueno traté de pensar en los demás personajes que estarían en la historia y cuál sería su trabajo y bueno así me pareció (estuve meditándolo bastante haha) disculpa si no es de tu agrado xD

No te deberías preocupar tanto por el odio entre ellos,como dije antes, es un camino que hay que recorrer pero llegaremos al amor en algún momento, tu ten fe jajajajaja

Espero que te haya gustado el capítulo nuevo y espero también leer tu comentario :)

Uff tremenda respuesta escribí jajajajaja.

Muchos saludos!

Quiero agradecer a M.S.R.P por el hermoso y extenso comentario que dejo, muchas gracias! también quiero agradecer a las personas que se dan el tiempo para leer esta historia y la agregan a sus favoritos y follows, al igual que a esta escritora. ¡Muchas gracias!

Sin más me despido. ¡Hasta la próxima!

Les envío muchos besos, abrazos y apapachos.

¡Adiosin!