Naruto se tomó unos minutos para revisar sus correos y su celular. Al revisar se acordó de que tenía unas cuantas citas pendientes con unos clientes que siempre están interesados en el servicio que ofrece su empresa y otros que quieren ser sus socios. Pero su empresa va muy bien de capital que no necesita a terceros dentro de su compañía, además Hinata tenía la otra parte en esta.
Lo que más le llamó la atención fueron las constantes llamadas y mensajes de Sakura que decían lo siguiente:
Naruto soy yo, eso la sabes perfectamente. Necesito hablar contigo, llámame.
Te llamo y llamo y no contestas. ¿Qué pasa?
Leyó el tercer mensaje:
En serio que estoy harta de tus desplantes y si no te comunicas conmigo lo vas a lamentar.
Naruto soltó el celular por unos segundos. Esa estúpida. ¿Quién se cree que es? A él no le gustaba que lo amenacen y menos una ex amante. La muy idiota no lo conocía, de ser así no estaría insistiendo en lo mismo. Su felicidad con Hinata no la perdería por nadie y destruiría a quien se meta entre los dos. Gaara no se quedaba atrás.
No permitiría que ella se enterara de sus secretos y si tenía que volver a ser el mismo de hace años y sacar de su camino a ese par de imbéciles, lo haría. Siempre ha podido con todo lo que se atraviesa en su camino y él pensaba llevárselos por delante. No por nada había llegado lejos y su futuro estaba tomando el camino correcto.
Leyó el último mensaje:
Querido... supe que te casaste y no me invítate a la boda. Que malo de tu parte. Esa Hinata debe de ser una joya para que hayas decidido casarte. Yo que pesaba que no eras de esos. En fin... No me importa que lo hayas hecho, igual podemos seguir siendo amantes.
Ya estaba al tope con tantos problemas que amenazaban su felicidad. Por un lado, el tema Gaara y por otro la insistencia de Sakura. Ya era hora de poner un alto a la situación.
Mientras sus pensamientos se hacían más profundos, no se dio cuenta de la presencia de Hinata en la habitación. Al verla, sonrió. Hinata lo hacía olvidar sus problemas y más con ese camisón o pedazo de este, que dejaba por demás a la imaginación. Tanto tiempo esperando que sea su mujer y por fin la tenía donde quería. A su lado. Él sabía que tal vez lo que Hinata sentía por él era simplemente atracción, pasión, aún no había amor por parte de ella. Eso lo entristeció un poco, pero estaba seguro que con el tiempo lo lograría.
―Naruto. ¿Que sientes por mí? ―preguntó ella de repente.
La verdad es que esa pregunta lo tomó desprevenido y no sabía que responder.
―Sabes que te quiero mucho ―fue lo más sincero que pudo. Aun no tenía el coraje de decirle que la amaba y no sabía con exactitud que lo detenía. Tal vez el miedo a ser rechazado…
―Sé que me quieres ―pero la verdad no era eso lo que quería escuchar.
―Entonces... ¿A qué viene la pregunta?
―¿Me quieres como mujer? ―Se atrevió a seguir.
Él sonrió y le pareció que a pesar de los años seguía siendo tan ingenua. Ella no tenía experiencia con los hombres, pues de ser así, sabría la repuesta que era tan obvia.
Se levantó de la cama y se acercó hasta quedar frente a ella.
Hinata se sintió intimidada. La diferencia de tamaño era muy evidente, y eso la hacía sentir vulnerable. Naruto era un hombre en todo esplendor. Guapo, fuerte, decidido y sabía muy bien como conquistar a una mujer y ella reconoció que perdió ante él.
Alzó una mano y le acarició la mejilla hasta bajar la mano por su cuello con delicadeza. Ella cerró los ojos al sentir su tacto. Estaba tan hipnotizada que no se dio cuenta que él poco a poco la conducía hacia atrás. Hasta que su cuerpo chocó con la pared.
Abrió los ojos y lo miró. En estos encontró deseo y eso la alentó a tocarlo, a ser atrevida. Se sentía deseada. Capaz de despertar los deseos de un hombre como Naruto.
―Sabes que sí. De no ser así, no estaría loco por estar dentro de ti, de pasar días enteros haciendo el amor contigo ―habló besando su cuello y recorriendo su cuerpo con sus manos.
La levantó y ella enroscó sus piernas alrededor de su cintura. Después de un par de besos y caricias atrevidas, recargados contra la pared, la penetró.
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Sakura había terminado de ponerse la ropa interior y se disponía a ponerse una bata azul transparente, cuando el timbre de su apartamento sonó y supo de inmediato quien era. Corrió hacia la puerta y lo recibió sin ningún tipo de vergüenza.
―Pasa. Te estaba esperando ―dijo con una sonrisa en los labios.
―Ya lo creo ―afirmó viéndola de pies a cabeza.
―¿Te gusta lo que ves? ―Preguntó con picardía y segura de sí misma.
―No vine para esto Sakura. Vine a dejar las cosas en claro porque parece que no me entendiste la última vez ―hablaba mientras pasaba a la sala.
La verdad era que el departamento de Sakura era muy bonito y refinado. Lo había heredado de sus padres. Fue lo único que le quedó después de la ruina de la empresa y, por lo tanto, era su único patrimonio.
―Esa vez, entendí que estabas de mal humor y que no hablabas en serio ―lo siguió.
―Las cosas están claras. Ya todo ha terminado, si es que hubo algo.
―¿Por qué? ―Exigió.
―Sabías que esto no dudaría mucho tiempo. Yo nunca te engañé y te dejé las cosas claras. No te prometí nada que no pudiera cumplir ―estaba perdiendo la paciencia.
―No lo entiendo. Tú y yo somos muy buenos amantes y nos entendemos bien.
―Sí. Pero ya no. No quiero volver a verte y espero que lo entiendas ―dijo dirigiéndose a la salida.
Sakura no podía dejar que se marchara y la dejara. Así que se abalanzo hacia sus brazos, tratando de detenerlo.
―Naruto. Yo te amo. Eres lo que más me importa ―no podía perder la oportunidad.
―Ven y te demuestro cuanto ―se quitó el sostén y sus pequeños y redondos senos quedaron al descubierto.
Naruto no podía creer con que loca se atrevió a meterse.
―¡Ya basta! ―le gritó soltándose.
―Hay otra mujer, ¿verdad?
―Eso no es de tu incumbencia ―dijo alterado.
―Sí que lo es. Lo sabía. Hay otra mujer ―estaba histérica.
―Voy a depositar dinero en tu cuenta y espero no volver a verte.
―Entonces, ¿es verdad? ―lo acusó.
―¿De qué hablas?
―Te casaste.
Eso sí que lo dejó sin habla unos segundos. ¿Cómo supo esa loca de su relación con Hinata? El mensaje que le envió a su celular, pensó que tal vez eran suposiciones de ella y que no sabía nada, pero se equivocó.
―Sí. Si es verdad y se quién es. Hinata ―sonrió de manera retorcida.
―¿Qué sabes? ―Ahora sí dio pasos hacia ella, mientras ella retrocedía. Por su rostro se dio cuenta que estaba en un territorio peligroso y eso no la asustó, más bien la alentó a continuar.
―Pensé que nunca te casarías, que no eras de eso ―hizo una mueca de desagrado, mientras se ponía de nuevo el sostén.
―No has respondido a mi pregunta ―esta vez la agarró de un brazo.
―No importa cómo me enteré. Lo importante aquí, es que es cierto.
―Sí. Y no te quiero ver cerca de ella.
―Pero si eso es lo que quiero. La quiero conocer y hablar especialmente de ti.
Eso sí que no le gusto. La agarró por el cuello con ambas manos.
Su paciencia tenía un límite y Sakura la rebasó toda. Pocas personas sabían lo peligroso que podía llegar a ser cuando perdía la paciencia.
―Suéltame.
―Te lo vuelvo a repetir por si tu pequeña cabecita no entendió. Te quiero lejos de Hinata y de mí, de lo contrario te juro que lo lamentaras ―amenazó soltándola.
Salió del apartamento azotando la puerta.
Sakura aun podía sentir sus manos en su cuello cuando se marchó. Aunque la amenazara, no haría lo que él quisiera. Claro que conocería a la tonta y destruiría ese matrimonio.
Por lo que vio en su mirada, se dio cuenta que estaba loco por ella, estaba muy enamorado de la sosa esa. Eso la llenó de rabia y odio. Las cosas no se quedarían así.
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Nunca se habría imaginado que a su salida del departamento de Sakura y a unos pasos del estacionamiento, se encontraría otra vez a ese tipo, no le dio buena espina. Sabía que no era casualidad encontrarse con él.
―Pero a quien tenemos por aquí ―dijo una voz detrás de Naruto.
―¿Fuiste tú verdad?
―¿De qué hablas? ―fingió no saber nada.
―Hablaste con Sakura ―aseguró con rabia.
―Sabes que sí. Siempre he sabido todo de ti.
Y era verdad. Cuando eran amigos, uno sabia lo del otro. Aprendieron a conocerse como hermanos y más Gaara que siempre estuvo pendiente de Naruto.
¿Cómo una relación de amistad pudo acabar tan mal? Ellos sabían muy bien la repuesta.
―¿Qué es lo que quieres para dejarme en paz?
―Sabes porque estoy aquí.
―Por venganza, ¿verdad?
―Así es ―admitió.
―Eso pasó hace años y no fue culpa mía. Lo sabes.
―¡Claro que lo fue! Yo estuve ahí y lo recuerdo perfectamente como hoy ―gritó fuera de sí.
―Esto no conduce a nada. Esto es absurdo, este empeño tuyo no lo traerá de vuelta.
―¿Cómo puedo perdonar que me hayas quitado lo único que me quedaba?
―Estaba fuera de sí, todos lo estábamos, no sólo fue mi culpa ―se defendió.
―Claro que fue tu culpa. Todo por tu obsesión. Éramos tus amigos y te enseñamos como sobrevivir en este mundo de mierda ―lo tomó de su camisa.
La rabia que sentía Gaara en ese momento lo consumía. Quería terminar con la vida de Naruto, como él acabó con la suya.
―Me echas la culpa a mí. Pero todos estaban en contra mía. No quise hacerle daño Gaara, yo también lo consideraba un hermano ―se soltó de su agarre.
―Le quitaste la vida esa noche. Y mírate ahora, estas vivo, viviendo muy feliz y mi hermano muerto, ¿y me dices que lo olvide? Te voy a destruir, como hiciste con nosotros.
Se marchó. Sabía que las cosas no estaban yendo por un buen rumbo. Tenía que pensar con calma y seguir el plan fríamente, como lo había planeado. Este no era el momento de su venganza.
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Las amenazas de Gaara aun sonaban en su cabeza. Después de tanto tiempo otra vez sus demonios querían salir a la luz y la verdad era que tenía miedo. Miedo de un futuro sin Hinata. Si ella se enteraba de que era un asesino lo odiaría y lo rechazaría. ¿Por qué tuvo que dejarse llevar? Era un chico entrado en la adolescencia. Se juntó con pandillas, se drogaba y para colmo también un asesino.
Hiashi, siempre trató de protegerlo, de que siguiera los pasos del bien. Pero fue demasiado tarde. La primera vez que él se enteró de sus andanzas fue cuando tenía 16 años y había caído preso.
Esa vez hubo una pelea entre pandillas de diferentes barrios y por supuesto que él estuvo ahí. Fue su primera pelea. Todo estaba en contra esa noche. No sólo había bebido y peleado, también se había drogado. Las cosas no fueron fáciles para él.
Cuando combinaba ambas cosas, su carácter se volvía más agresivo. No había nadie que lo parara.
Esa noche se sintió libre por primera vez, libre para hacer lo que quisiera y el resultado no fue lo mejor. Tomó un bate y peleó junto con su pandilla. Las cosas no resultaron bien. La policía llegó y agarraron a algunos, los demás escaparon. Naruto no tuvo suerte y fue apresado.
Aún recuerda la cara del padre de Hinata al ir a la comisaria. Estaba decepcionado del muchacho. Era normal que un chico a su edad se divierta, pero no de esa forma.
Al llegar a la mansión no le dijo nada y lo dejó que fuera a su cuarto sin dejar que la pequeña Hinata lo viera. No pudo decir nada al respeto, pues las palabras no salían. Sabía que no se merecía el cariño de Hiashi, ni el de Hinata.
Después de lo sucedido se alejó más de Hinata, aunque la cuidaba de lejos. Ella no se merecía ser parte de los malos caminos de él. Sabía que Hinata lo quería, lo respetaba y admiraba. Si ella descubría los pasos en los que andaba, se decepcionaría de él y con justa razón.
Esos pecados lo van a seguir el reto de su vida. Pensó que todo su pasado estaba enterrado y con mucha tierra por encima. No era así. Su felicidad y la de Hinata pendían de un hilo y todo por culpa de sus errores y demonios propios.
Tal vez debería de volver a ser el mismo Kurama de esos años e impedir que todo saliera a la luz. Porque si de algo estaba seguro es que Hinata no lo vería con los mismos ojos.
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―Perdón no te vi ―dijo la mujer que chocó con ella.
Hinata estaba tan ensimismada en sus pensamientos, cuando decidió correr un poco por el parque a ejercitarse. Había comido mucho en esos días y todo era por culpa de Naruto, que la hacía comer hasta no poder y más sus rollitos de canela que tanto le gustaban. No se podía quejar de él, trataba de que se sintiera cómoda, que se acostumbrara a ser su esposa en todos los sentidos y no podía negar que le encantaba y más cuando hacían el amor casi toda la noche.
―Sakura ―susurró sorprendida.
―Disculpa, ¿nos conocemos? ―respondió fingiendo.
―Soy Hinata. Fuimos compañeras en el mismo salón de clase un par de veces, pero no pasamos mucha palabra ―dijo con una sonrisa sincera.
Sakura no podía creer que fuera tan tonta. Claro que sabía muy bien quién era y su plan dio resultado. Chocó con ella a propósito y funcionó.
―Ya me acuerdo. Claro que sí. Cuanto tiempo Hinata ―tenía su máscara de hipocresía puesta―. ¿Por qué no vamos y tomamos un café y así conversamos de nosotras? Siempre es bueno volver a ver a los que fueron alguna vez un compañero de pañales, por así decirlo ―agregó.
―No tengo nada que hacer y ya que mi esposo está trabajando… Me haría bien distraerme.
Sakura aplaudió para sus adentros. Ya había mordido el anzuelo. Se haría su amiga, conocería todo de ella. Era la mejor manera de destruir a su enemiga y rival. Nada le impediría cumplir sus planes y quedarse con Naruto. La muy tonta no sabía nada, no tenía idea de lo que le esperaba...
