Capitulo 10:Bienvenida al Inframundo

En el Inframundo los muertos tenían diferentes destinos. Algunos iban al tártaro y eran castigados de diferentes maneras y en distintos grados. Otros, principalmente los héroes, disfrutaban de las comodidades y de la felicidad eterna de los campos Eliseos,e incluso había otros que permanecían eternamente en el río de los muertos, en una especie de limbo. Lo que no cambiaba era que todos tenían que pasar por ese río.

El señor de los muertos había pasado muchas cosas a lo largo de su vida,estaba preparado para casi todo lo que pudiese avecinarse, pero no estaba preparado para lo que iba a encontrarse.

Tras acabar con Cronos para siempre, el trabajo en el reino de los muertos era frenético. No sólo porque durante la guerra ese trabajo había sido descuidado, sino también por las numerosas bajas que ésta habia propiciado. Algunas de esas bajas eran conocidas, y otras no tanto...

Hades llevaba un día en el que lo único que había hecho era dirigir muertos a diferentes estancias. Incluso Macaria estaba ayudando ante la saturación de trabajo, bajo la atenta mirada de su padre.

-Vete a dormir un poco, yo seguiré.-Dijo el dios de pelo de fuego a su hija. La chica tenía ojeras, llevaba horas sin parar y el cansancio estaba comenzando a pasarle factura.

-Puedo hacerlo.- Respondió la jovencita, que se sentía responsable de la guerra que había tenido lugar. Si hubiese sabido controlar entonces su energía, Cronos no habría sido liberado y nada de aquello habría pasado.

-Desde luego que puedes, no me cabe ninguna duda . Pero yo puedo aguantar días enteros sin dormir y tú no,y has estado a punto de mandar a un individuo al tártaro, en lugar de a los Campos Eliseos.-

Macaria frunció el ceño, le fastidiaba reconocer que su padre tenía razón, llevaba un par de horas que no sabía ni como aguantaba en pie.

-Volveré pronto.-Dijo la morena de ojos azules a Hades mientras se marchaba. En el fondo agradecía que su padre la hubiese medio obligado a descansar, lo necesitaba. Se dijo a si misma que solo dormiría un par de horas.

Hades continuó con el trabajo, cuando algo le hizo detenerse. Uno de los fantasmas que se acercaban a él le era muy conocido, demasiado para su desgracia, y aunque no podía evitar alegrarse de ver a ese ser allí, sabía que no todo iba a ser tan fácil. La reconocería en cualquier parte, a pesar de su aspecto muerto y blanquecino. Incluso disfrutó al ver la cara de terror que aquella muerto puso.

-Tú... no... tú no.-Balbuceó la muerta.

Una sonrisa sádica se instaló en su cara.-Parece ser que sí... Estás en mi reino ¿a quién esperabas ver?.- Aunque Hades sabía que de todos los habitantes de aquel lugar, él era al que más temía, y con razón.

La fallecida seguía balbuceando. Se había adormilado los días que había estado dentro del río, pero una vez salió y comenzó a hacer la fila, fue consciente de lo que había sucedido. Sabía que en caso de ver a Perséfone tendría alguna oportunidad, pero cuando vió que Hades iba a ser el encargado de su destino...

La expresión de Hades le dijo todo lo que necesitaba saber. El dios de los muertos la odiaba, y estaba disfrutando de ese momento. Lo que Cyrene no sabía es que el dios estaba librando una batalla interna.

Por un lado disfrutaba de tener a aquella mujer que tantos problemas le había dado allí frente a él, tan vulnerable y con su destino pendiendo de un hilo. Deseaba mandarla al tártaro y ocuparse personalmente de sus castigos. Había hecho todo lo posible por separarle de Perséfone, había hecho tratos con Hécate, había intentado darle una poción a su mujer para que abortase, y la última había sido revelarle a Cronos donde se encontraba Macaria cuando la estaba buscando.

Recordar todo aquello hizo que se borrase su sonrisa del rostro y miro a Cyrene con cara de pocos amigos, el silencio se apoderó del lugar durante unos segundos que a la madre de Meg y Seph se le hicieron eternos.

-Si me vas a mandar al tártaro hazlo ya.-

El señor de los muertos frunció el ceño. Cyrene estaba asustada pero aún así era desafiante. No soportaba a esa mujer,y aunque sus deseos de mandarla al tártaro le consumían,algo dentro de él no le dejaba hacerlo.``Perséfone´´- Pensó el dios. Su mujer tras todo lo que había hecho su madre no tenía trato con ella pero aún asi... ella era su madre, y Seph querría saber algo así. Las probabilidades de que se enfadase con él si actuaba como él quería eran muy altas.

La venganza era muy tentadora,y él no era de los buenos, no era ningún héroe... pero aún asi no podía hacerle eso a su mujer. Incluso se sintió estúpido, y tuvo la sensación de que aquella muerta que tenía frente a él estaba ganando la partida.

-Si no quieres empeorar las cosas será mejor que te calles.- Dijo Hades, y acto seguido llamó a Pena y Pánico. Cyrene vió que les decía algo al oído y desaparecían.

-¿Cómo fue tu muerte Cyrene?.-Preguntó el señor de los muertos.

-¿Para qué quieres saberlo?-

-Es por conversar mientras esperamos.- Dijo de nuevo con una sonrisa sádica.

¿Esperar?¿Esperar a qué?¿Acaso iba a venir Perséfone?¿O debía esperar a que llegase su castigo?

-Seguramente querrás oir que morí entre terribles sufrimientos y agonías, pero no fue así. El barco en el que viajaba camino de Tracia fue atacado por algo... y aunque morí ahogada mi muerte fue dulce. Morí en paz.-

-Por si acaso no descartes el sufrimiento y la agonía.- Dijo Hades. Cyrene iba a replicarle pero vió a su hija caminar hacia ella, y posicionarse al lado de Hades.

-Tú...- Fue lo único que Perséfone acertó a decir al ver a su madre allí.

-Su barco se hundió y murió.Debe llevar dias en el rio de los muertos. ¿Qué hacemos con ella cariño?.- Preguntó Hades a su mujer.

La expresión de la reina del Inframundo era seria. Realmente por sus actos merecía el tártaro, pero no era capaz de mandarla allí. Tampoco consideraba que mereciese los Campos Eliseos. Realmente no sabía que hacer. Miró hacia su marido.-¿Qué harias tu?.-

Cuando Cyrene vio a su hija preguntar a Hades, su esperanza se desvaneció. Perséfone era la única que podía ayudarla, y no tenía mucha intención. Ni siquiera le había preguntado como había llegado alli.

-Perséfone cariño...soy tu madre...-

-¡Silencio!Nadie ha pedido tu opinión.- Replicó Perséfone de manera tajante. Cyrene nunca la había visto así, y un escalofrío recorrió su espalda.

-Sabes que no merece los Campos Eliseos.- Respondió el dios de manera suave, y entonces miró hacia Cyrene y sus ojos se oscurecieron.- Yo la mandaría al tártaro.-

Entonces Hades volvió su vista nuevamente hacia Seph.-Pero tú tienes la última palabra en esto.-

La diosa rubia bajó la vista al suelo decisión no era fácil. Debía ser imparcial, pero esa mujer era su madre. No se sentía preparada para mandarla al tártaro, pero de ninguna manera merecía ir a los Campos Eliseos.

Perséfone levantó la cabeza y clavó su azul mirada en Cyrene.- Permanecerás en el río de los muertos hasta nuevo aviso.- Y acto seguido se dió la vuelta para marcharse, no quería ver el rostro de su madre. Apenas le dio tiempo de oir la pregunta de Cyrene:-¿Por cuanto tiempo?.-

Pero la reina del Inframundo no le contestó y siguió caminando hasta que se perdió de su vista. Hades le contestó:- Quien sabe, pueden ser unos días, unas decadas, siglos...-

Holaaaa! Aqui teneis la llegada y destino de Cyrene en el Inframundo, como habiais pedido por ahi. Para Perséfone es dificil porque no deja de ser su madre, pero ya tiene experiencia en ser la reina del Inframundo...

El siguiente capitulo todavia no lo tengo claro, pero será sobre las cosas que habéis pedido que escriba. Y porsupuesto sigo aceptando sugerencias con los brazos abiertos.

Muchas gracias a todos!

Besos!