10.- Syaw Ftxey o Escogiendo las palabras

Ninguno de los tres había hablado, ni durante el ligero desayuno ni en el vuelo de regreso al Árbol Casa. Ean ni siquiera los miraba, como si hubiera adivinado todo lo ocurrido entre ellos, la noche anterior. Norm se mantenía sujeto a la cintura de Renji, los dedos de los pies firmes en la base de las negras alas de Yoruichi. El ikran, evidentemente, otro Caminante, tampoco hizo comentarios y el flop flop de sus alas se antojaba siniestro.

Norm recargó su mejilla en la fuerte espalda de Renji; olor a hierba, a selva, al agua del río, a tantas cosas. Renji soltó por un momento el cuello de Yoruichi y tomó la mano de Norm, sobre su pecho. Lo que pudiera haber de angustia o esperanza entre ellos, quedó expresado en ese simple apretón de manos y en la cálida mejilla de Norm, entre sus omóplatos, bajo el neblinoso cielo.

Renji contempló el lejano horizonte, cubierto por el monstruoso Polifemo, con su infinito ojo rojo, tan parecido al Júpiter de su propio sol y lo sintió como un hollow amenazante, ominoso, que terminaría por tragárselos. No podría quedarse con Norm. No podía amarlo; antes de reconocer que significaba algo para él, el corazón le dolía anticipadamente, adivinando sus grietas. Yoruichi lo miró con uno de sus cuatro ojos superiores.

"Idiota"

Renji sonrió.

"Cállate. Cuando no eres un gato eres un dragón o una mujer"

"Al menos no ando por ahí haciendo estupideces"

"Al menos, yo me divierto cuando las hago"

"Sí. Es de monos el herirse unos a otros. A pedradas, ¿sabes?"

Renji no necesitaba sermones.

"Supe que la capitana del Onmitsu kido está bastante malherida. Y no fue a pedradas. Ni sus heridas se notan ¿Quién haría eso?"

Yoruichi volvió la vista al frente, silenciada al fin, de forma por demás, merecida. Ean señaló con una mano; el Árbol Casa. El quincy habló:

"Esto es algo triste. Ustedes, no Uno. Cada Arco necesita de su Flecha, Zí, la adecuada, la que debe ser. Si Ean permitirles nikit, no hallar jamás al uno al que pertenecen. No justo ustedes, no justo yo"

Sus largos mechones negros volaban con el viento, la trenza de su sahey'lu, más larga que su propio cuerpo. De pronto, Renji lo percibió; pese a su fuerza y belleza, pese a su aparente juventud eterna, el quincy tenía todas las edades encima. Y se miraba triste ¿De qué había servido entrenarlos como pareja, si no se pertenecían? Si Renji y Norm tenían motivos para sentirse mal, la forma en cómo Ean les hablaba sólo empeoró las cosas. No se trataba de lo sucedido la noche anterior, al fin y al cabo, Renji necesitaba hacer sentir completo a Norm y éste estaba igualmente necesitado de consuelo, no era eso. Meramente, habían "sacado del armario" a Norm, a punta de aletazos y entrenamiento. Pero seguía igual de solo, tanto como Renji. Y a Ean no le gustaba cometer errores, aún sabiendo que nadie es perfecto, por sabio que consiga ser…

Descendieron en un par de giros y Ralu, uno de los jóvenes guardias del primer círculo, cloqueó avisando al resto. La escolta de Jake, en sus gigantescos pa'li, caballos, no tardaron en aparecer; Norm llevaba esa imagen grabada, la fuerza y la gracia desplegada y la amenaza implícita en esa carga.

Él había formado parte de una, cuando la defensa de Pandora, cuando su avatar había quedado herido y no dejaba de maravillarle la coordinación de los guerreros. Ralu bajó de un salto y sonriendo, cruzó su mano por el pecho de ambos.

Kaltxí, oe'ngaty kame ia.

Bienvenidos; los vemos.

Ean bufó, desde la rama en la que estaba posado y todos los Na'vi inclinaron sus cabezas, en señal de respeto, llevando sus manos al pecho. Mo'at apareció sonriente, entre el grupo de guerreros, seguida de cerca por Jake y Neytiri. De un salto, Ean aterrizó con gracia; Jake inclinó la cabeza a un codazo de su mujer ¿Cómo siendo tan pequeño y pareciendo tan frágil, los Na'vi le tenían tanto respeto?

"Primer Cantor"

"Pequeña mía de las Flautas Azules"

"ArcoyFlecha han regresado"

"No de mi mano. No los apruebo"

El desconcierto en Mo'at fue patente, al igual que en el resto del Clan.

"¿Cuáles son tus palabras entonces, Hermoso y Sabio?

"No son uno. El Caminante es un Arco sin Flecha. Uniltirantokx, el Norm/avatar es una Flecha sin Arco. Más sin embargo, no se pertenecen"

Mo'at comprendió y sintió su corazón encogerse. Pero debía mantener su fe en el consejo del chamán.

"¿Qué debemos hacer con ellos, Ean?"

"Han quedado curados de su miedo. Norm/avatar había elegido Arco. Murió y Norm/avatar jamás llegó a cantar"

El asombro de todos y los murmullos fueron apagados a una señal de la Dama Dragón. Inconcebible callar lo que uno siente, imposible ¿Cómo podía decir Ean que estaban curados de su miedo?

"¿Es eso posible?"

"Lo es, para quien no cree en Nuestra Madre, Mo'at"

"¿Quién era Arco para Norm/Flecha?"

Ean miró a todos lados, hasta que se topó con ella. Ftiapi, la comandante de las cazadoras, se acercó, asombrada, a una seña de su mano.

" Ftiapi ' itan"

La mujer apenas si habló, refugiándose en los brazos de Mo'at.

"¿Mi hijo? ¿Te'enzi?"

Ean asintió. Ftiapi se encaró a Norm.

"¿Por qué no lo elegiste? ¿Por qué no lo reclamaste tuyo, Uniltirantokx, Norm/avatar?"

Norm palideció; no esperaba semejante confrontación y no sabía qué decir. Eligió la verdad, las palabras correctas, cuidadosamente.

"No soy un verdadero Na'vi, Ftiapi sa'nok, madre. No me sentía digno de Te'enzi ni del Pueblo"

"¡Él había mirado en ti, Norm skxwang! ¡Él iba a elegirte, a clamarte suyo!"

El llanto de Ftiapi y su ira cayeron sobre Norm como ácido ardiendo. Norm eligió el inglés.

"Amaba a Te'enzi, Ftiapi sa'nok, madre. Lo amaba como a nadie. Quería ser todo para él; te pido perdón por no haberlo reclamado primero, pensé que me rechazaría"

"Él te cuidaba en todo momento. Caminaban juntos, volaban juntos; sólo hablaba de ti y de los hijos que tendrían. Habló con Swizsam y ella aceptó. Estaba orgullosa de ser reclamada por quienes pronto serían ArcoyFlecha, para ser madre de sus hijos. Y tú no cantaste para él, no danzaste para él, no lo cuidaste, ¡no lo reclamaste tuyo!"

Norm inclinó la cabeza a un lado, frente a los gritos y el empujón de rechazo que Ftiapi le había dado. La voz de Ean silenció a la mujer.

"Basta, Ftiapi. Norm/avatar sufrió. Tanto, que hubo que llamar a los Caminantes. Tanto, que Utral Aymokriyä perdió luces. Tu necedad me disgusta. Tu ira no tiene ya razón. 'Itan tuyo, en Eywa, en paz. Nítam, suficiente" -miró al resto de los Omaticaya- "¿Alguien reclama esta flecha perdida?"

Antes de que Renji intentara hacer nada, Ti'hawnu, el hermano mayor de Te'enzi se adelantó.

"Es Zí clamarlo, Ean"

El pequeño quincy bufó.

"Es incorrecto. Tú no Arco"

"Es verdad. Zí, mientras su Arco aparece"

Mo'at intervino, Ean demostrando su impaciencia agitando la punta de la cola.

"Otros Clanes necesitan Flechas para sus Arcos, Hermoso. Omaticaya volar a los cuatro vientos. Hallaremos Arco para Norm/avatar y éste honrará así el nombre de Te'enzi, Ftiapi'itan, el hijo de Ftiapi ¿Estás conforme, Ean?"

Por toda respuesta, Ean empujó a Norm hacia los brazos de Ftiapi y Ti'hawnu.

"Zí. Deber familiar. Hallarle Arco. Aceptarlo en el Clan; que renazca en la canción y en la danza porque duran sólo el giro de una luna. Sin reproches. Eywa se llevó a uno de los tuyos y te entrega otro, Ftiapi; nuestra Madre provee, siempre. No más tristeza"

Acercó su rostro a Norm.

"Sé digno. Cazador, guerrero, Omaticaya. Na'vi. Renace"

Acarició sus cabellos, sonriendo. Y luego, se volvió a Renji y en un instante, lo tuvo contra el piso, su pequeño pié en el cuello, empujando su rostro contra la arena. Pese a sus fuerzas, el shinigami no logró moverse. Aquel diminuto quincy era más fuerte que un arrancar; el poder de su reiatsu lo estaba asfixiando. Byakuya saltó desde la rama trasera donde miraba todo.

"¡Ean Sevin! ¡No! ¡Rojo es nuestro, Caminante nos pertenece!"

El Azulado sonrió, mostrando los colmillos.

"¿Reclamas éste Arco, Caminante Blanco, Byakuya/avatar?"

"Caminante Rojo, Renji/avatar, ngenga taronyu, Ean. Gran guerrero de mi Clan"

"Byakuya'evi, skxwang, fiuh? ¿Reclamas éste Arco?"

Norm tradujo lo más rápido que pudo; joven Byakuya, estúpido, ¿neh? ¿Lo quieres o no? Ean subrayó sus palabras, armando un arco espiritual y apoyando la punta de la flecha en la espalda de Renji; la respuesta era más que obvia. El resto del Clan dio varios pasos hacia atrás; no es lo mismo un arma de madera y cuerda que una espiritual y pesada de reiatsu.

Y un arma inútil se destruye, un Arco sin su flecha apenas es un adorno. Norm intentó acercarse, pero su ahora madre y hermano se lo impidieron, horrorizados.

Por Kami, pensó Kuchiki. Tenía que responder rápido, si reclamaba a Renji, Mo'at le reclamaría a él, por no haberle dicho que Renji ya era suyo. Si no lo hacía, Ean lo mataría. Renji alzó su mano y señaló la boca de Byakuya; quería hablar. El quincy lo soltó, mientras el shinigami tosía y quedaba de rodillas.

"Ean Evin Txantlusam, Oe, Taronyu, Renji/avatar, ti'ran terkup, ätxäla Kuchiki Byakuya, tanhí, tsteu, hawnu, muntxa muiä. 'Tsko, oe 'tsko"

Azul, Hermoso y Sabio; Yo, el cazador, Renji/avatar, El, queCaminaDespuésDeMorir, Reclamo a Kuchiki Byakuya, mi estrella, mi bravura, mi refugio, como MIO. Arco, yo soy su Arco.

La sonrisa de Ean no pudo ser más obvia y tanto Renji como Norm lo comprendieron. Él muy maldito lo sabía, lo había sabido todo el tiempo. El quincy se volvió hacia Kuchiki. Se podría haber afirmado que Byakuya estaba temblando, dentro del avatar.

"¿Aceptas ätxäla, Byakuya, Caminante Blanco?"

Kuchiki cerró un momento los ojos. Mil batallas, desde que derrotara a Renji y honrase su derrota, cuando él había tratado de defender a Rukia con toda el alma, hasta su fé mantenida durante el horror anárquico causado por Muramasa, sin olvidar su cercanía en la Guerra de Invierno. No podía creerlo. Y su nobleza le impedía contestar un sí sin sentido, sólo para salir del paso. Renji no se merecía aquello. Despacio, desató la Ginpaku de su cuello e, inclinándose, limpió con ésta, la tierra del piso que se había adherido al rostro de Renji.

"Srane. Way. Sreu. Renji, ngenga muiä, oe 'swizaw fpi Eywa. Lu,'tsko.'swizaw"

Afirmativo -sí- Cantar. Danzar. Renji, soy honorablemente tuyo, tu Flecha, en el nombre de Eywa. Somos su ArcoyFlecha.

Mo'at juntó sus manos, sonriendo y abrazándolos a ambos.

—Niño tonto ¿Creías que nos engañabas? —acarició el rostro de Byakuya—Te quiero como a mi propio 'itan, un hijo más, que no tuve. Eytukan habría estado orgulloso de ti. Grace te habría amado, por curar nuestro Árbol ¡Neytiri! ¡JakeSully!

—¿Madre?

Palmadas y dos golpes en los muslos. Jake comprendió y Norm también; tendrían que preparar la fiesta del Renacer, para ambos.


Aydell trenzó cuidadosamente el cabello de Renji, con cientos de diminutas plumas blancas. Swizaw hizo lo mismo con el de Byakuya, las plumas de color rojo y marcó el kenseikan con líneas rojas. Ambas cuidaron de mezclar plumaje naranja entre sus trenzas -el estatus de pareja- y los maquillaron con cuidado, a lo largo del cuerpo de los dos, sin dejar de sonreír. Renji supo que no los dejarían ni un momento solos, hasta la noche… pero tenía que hablar con su capitán. Bueno, benditos los idiomas, pensó.

—Kuchiki-sama, yo…

—No es necesario que te expliques, Abarai. Tenías que salvarnos. Y todo esto es culpa de Urahara.

Renji se sintió dolorosamente rechazado, comprendiendo a Ean cada vez más. A lo largo del duro entrenamiento, había aprendido que para sobrevivir, hay que cantar -decir lo que piensas- y danzar -defender lo que dices-. Ean había sabido siempre que él y Norm no eran pareja. El chamán no leía a las personas por presunción, sino por experiencia; desde el primer momento supo que Byakuya era muntxa, suyo. Renji lo adivinó en un detalle nimio; su capitán no era alguien que pudiera ser pasado por alto. Y Ean ni siquiera lo había tomado en cuenta. En esos días pasados, había aprendido a leer las señales implícitas en los gestos que hacemos y más importante aún, en los que dejamos de hacer. Y, en ese sentido, su capitán permanecía impasible siempre…sin darse cuenta de que en realidad, estaba gritando más alto que si cantara voluntariamente. Renji vio su oportunidad.

—Hemos sido amigos y enemigos mucho tiempo, taichou.

Byakuya lo miró, asombrado.

—Eres un subalterno ejemplar, admirable y noble, Abarai.

—Pero crees que sigo siendo un plebeyo, un perro sin dueño que trata de alcanzar la luna, ¿Verdad?

El repentino tuteo desconcertó aún más al capitán. Sin embargo, Byakuya estaba comprometido a hacer lo correcto. Pocos como él, que había roto esa ley tantas veces, comprendían el significado de Zí.

—Esa pretensión te ha ayudado a ir más allá de ti, Renji. Has… salvado mi vida varias veces. Has confiado en mí aunque los otros dudaron. Salvaste a Rukia cuando yo insistía en permanecer ciego y alzaste tu espada contra mí, con tal de defender lo cierto. De ser un perro que quiere alcanzar la luna, creo que ya has llegado más allá. Y no distingo a las personas por su clase; mi hermana tampoco nació noble. Ni mi esposa.

Renji apostó todo, haciendo su voz extremadamente dulce, con mala voluntad intencional.

—Entonces ¿Por qué estás tan molesto, Byakuya'evi, tanhí?

Las chicas rieron, al entender el na'vi, "pequeño Byakuya, estrella mía". El noble miró a todas partes y a ninguna, como lo haría un Na'vi verdadero.

—No comprendo de qué me habla, fukutaichou.

—Sigue fingiendo entonces. Ean no podía matarme, ¿sabes? Somos Caminantes, shinigami, Dioses de la Muerte. Ya estamos muertos. Pero te aterraste cuando me amenazó y te molestaste cuando me fui con Norm a entrenar, por eso estás tan enojado con Urahara —rió, con la franqueza que lo caracterizaba y se golpeó los muslos, señal entre los na'vi de que algo cómico ocurría y las muchachas rieron, sin saber de qué, precisamente. Byakuya habría enrojecido si el avatar se lo hubiera permitido. En vez de ello, le mostró los dientes a Renji.

—Presumes mucho, fukutaichou. Ciertamente, Ean no podía matarte. Y en cuanto a Norm, nuestro deber aquí era ayudarlo…

—En más de diez días, no llamaste ni para saber cómo estaba…

—Tenía los informes de Urahara.

—¿Y? ¿Pensaste que tendría sexo con Norm? ¿Estás celoso?

Renji podía permitirse ser crudo; el entrenamiento lo había librado de muchas cargas. La sonrisa de Byakuya fue sarcástica.

—El Seireitei completo sabe cuál es tu fama, Abarai Renji. No sería cosa nueva.

—Pude haber muerto en realidad; me rompí la pierna, por lo menos, la del avatar, ¿Sabes? Ean me iba a partir en trozos y a dar de comer al Thanator. Mi reiatsu, mi todo, habría ido a formar parte de Eywa y no habría vuelto al Seireitei ¿Preferías eso?

La expresión de Byakuya se endureció aún más.

—Algunos tenemos que morir, en cumplimiento de nuestra misión, Abarai.

Renji alzó su mano y acarició el borde del rostro de Byakuya, sin importarle la presencia de las cazadoras, obligándolo a mirarlo.

—Tienes razón, capitán. Verás, fue increíble estar con Norman; no creo que tengas idea de la diferencia que hay entre hacerle el amor a alguien y sólo tener sexo con alguien. Y si la tuviste, murió con Hisana-sama, con todo respeto –el tono de Renji cambió por completo a la formalidad de siempre- ¿Podría cumplir con una petición mía, cuando todo esto termine, taichou?

—Es mi deber, en premio a tu lealtad —asintió, solemnemente. Lo que siguió fue inesperado, una implosión en el centro de sí mismo.

—Muy bien. Renuncio a ser su teniente; solicitaré ser reasignado a Yamamoto Soutaichou apenas regresemos. Mi trabajo en el Escuadrón Sexto ha sido instructivo y satisfactorio, pero ya no tengo nada que aprender de usted. Y tendré que confesarle a Ean que se equivocó, con respecto al Caminante Blanco, taichou; no sé de dónde ese pequeño chamán azul sacó la idea de que usted y yo… —Renji miró el horizonte, sin dejar de sonreír y Byakuya no pude dejar de admirar su perfil, inhumanamente fiero, y no por ello, menos hermoso—en fin. Doumo arigatou gozaimasu, Kuchiki Byakuya-sama

Renji se puso en pié y acarició la cabeza de Aydell y de Swiszam. Se dirigió a ésta última.

—Cuéntame, VelozFlecha ¿Cómo fue que aceptaste a Te'enzi? ¿Cómo conseguirás un Arco para Norm, si es un tarado?

Swiszam le pegó un coletazo y Aydell soltó la risa. Renji las tomó de las manos y fue con ellas, hacia el lugar de ceremonia, riendo, dejando atrás a un Byakuya desconcertado.


—Hablaste con él.

Renji asintió. Ftiapi seguía trenzando los rubios cabellos de su hijo, con los colores de su familia, amarillo brillante y marrón oscuro, el azul de los Omaticaya y las diminutas puntas de flecha. Su cuerpo estaba ya maquillado en los mismos colores. Renji se haría cargo de sacar su cuerpo humano del enlace y Mo'at trasfundiría su espíritu en el avatar, volviéndolo un Na'vi para siempre.

—No comprendo que vio Ean en él, Norm.

Éste se encogió de hombros.

—¿Qué puedo decirte? Quizá no es el momento.

—Dicho por el hombre que no habló a tiempo.

Norm hizo ojos de espiral.

—Está bien. Fui un idiota y aprendí mi lección. Si mañana me dijeran que puedes quedarte en Pandora, ya te habría elegido y lo sabes… aunque seas un gritón y escandaloso y un acosador sexual. Byakuya no sabe lo que está perdiendo, es un verdadero asno…

Los dos rieron. Norm pegó su frente a la de Renji, un gesto de profundo cariño, aspirando su perfume. Ftiapi gruñó, no la dejaban trabajar bien; Norm se volvió hacia ella y arrugó su nariz y tomó su mano, besándola. Ftiapi lo soltó, riendo con afecto.

—Norm, evi, bonito —besó sus cabellos y fue por más cuentas para el trenzado que faltaba.

El golpe en la cabeza desorientó a Renji. Senbonzakura, fuera de su vaina; el teniente miró aterrado a su aún capitán, dirigirse hacia Norm.

—Doctor Spellman, le agradecería mucho que NO TOCARA a MI Arco, ¿neh?